martes, 31 de octubre de 2017

Dulce o muerto, epifanía de un mujeriego.

Acariciaba un rechoncho trasero pálido, le encaban grandes y claros como la nieve pero ese no le gustaba. No era liso, él sentía pequeñas erupciones cada que pasaba su mano. Consideraba nauseabundo aquello, pero su acompañante lo había satisfecho en cada antojo que había tenido, no podía quejarse.
Entre sabanas naranjas, colchón de cuero y con la luz apagada observaba la película porno que habían imitado hace apenas minutos. Eran aproximadamente las diez de la noche y era hora que ella se vaya. Arleth había  faltado a clases, no por la diversión que acaba de tener, sino más bien por un fantasma del pasado la acosaba. Su ex había ido de visitar a su Univ. y no tenía ganas de verle la cara, afortunadamente Bruno la había llamado. 
Se habían agitado más de lo normal, pero no negaban lo bien que se la pasaron. Arleth se levantó y empezó a buscar su ropa, sabía que Bruno pasaría la noche ahí y no planeaba quedarse con él. Bruno tenía novia pero no estudiaban en la misma universidad, así que él hacía de las suyas. 
-Alexis con tus amigos riendo y tú aquí buscando tu ropa- comentó.- Deberías usar calzones más chicos.- agregó con el ceño fruncido, no le gustaba cuando ella usaba calzones de tía. 
-Deja de joder…- respondió.- Pobrecita tu flaca
A Bruno eso no le importaba más que una papa, la había pasado bien y era lo único que importaba. Esa mañana temprano había ido a casa de su novia y también habían tirado. Durante la tarde por fin había logrado besar a la prima de su amigo. Y finalmente terminó su día teniendo sexo con Arleth. Sentía que había roto su record de polvos, dos con su novia y tres con quien se subía el bluyín.



Él se quedó viéndola por unos segundos y recordó como hace un momento había estado montado sobre ese derrier granoso. “Fue un día de sexo”, se dijo. Observo de reojo a su acompañante terminar de arreglarse. Faltar a clases de economía por cogérsela había valido la pena aunque ella se hubiera ido sin despedirse. 
-Que malagradecida- dijo recostándose nuevamente luego de escuchar el portazo. 
Seguía a muchas blogger de sexo y todas concordaban en que se debía agradecer luego de tener el acto sexual. “las peruanas son cholas sin cultura”, se decía cada que alguna chica no le agradecía por el placer. La única que no debía agradecerla era Tatiana, su novia de cabello crespo, actitud chabacana, piel clara y rellenita. 
Con ella era distinto porque era su novia. Ambos no debían agradecer porque sabían cómo satisfacer al otro. Bueno, no del todo. Ya que Bruno era consientes que entre sus gustos ella podría darle todo desde besos negros, gargantas profundas, sexo anal pero nunca podría con una. A él le gustaba la variedad, y la única que tenía ella era ser venezolana.
Parpadeo los ojos pensando en Tatiana, la primera vez ella lloro y dijo que le dolió como mierda pero que no lo sacara. Era la primera vez que estaba con una primeriza. Suspiró.
-Su trasero es maravilloso- comentó. Le agradaba la idea de ser novio de una extranjera y una que estuviera tan deliciosa. Rememoró aquellas piernas preciosas, una cintura deliciosa y senos pequeños, pero suaves. – Venirse en ella es ir a las estrellas. 
Recordó cuando salió con sus amigos hace algunos años. Apenas comenzaban a emigrar venezolanos a Lima y estaban por todos lados. La arepa les gustaba sobretodo porque eran chicas guapas las que las vendían. 
Bruno caminaba por la Plaza Dos de mayo acompañado del bullicio de algunos carros y vendedores ambulantes. No le agradaba caminar por esas calles solo, su madre siempre le decía que era muy peligroso. Y la verdad no era tan diferente de noche las caras de las personas que la transitaban parecían mascaras de jalowín, como las de la película La Purga. 
Se detuvo en seco y se preguntó que hacía por ese lugar y a esa hora. Lo meditó durante varios segundo y al minuto le restó importancia. Se detuvo en el paradero de autos que iban hacia el Rímac, espero unos minutos esperando buces que vayan a casa. Reviso la hora en su celular y eran las 25: 67… 
Luego de tirar y recoger su teléfono, lo reviso de nuevo, una y otra vez para estar seguro. Intento recordar que estaba haciendo antes de llegar aquí pero su mente seguía en blanco. Cruzó la pista hacia donde vio personas, ya que no le parecía seguro estar en el paradero solo al costado de baños públicos donde se decía que la gente se drogaba. 
No había notado que aquella plaza tenia forma de pulpo, por sus diferentes salidas y el pseudoparque al medio de ellas.  Rodeada de edificios antiguos que parecían caerse en cualquier momento. Su madre tenía razón, era un horrible lugar.
-Oe papi no tienes pa mi pasaje….- escucho a un tipo que se le había acercado. De gorra negra, polera azul, bluyín desgastado y un par de tajos en la cara.- Un sol pe…
Sin dudarlo le dio un sol, que un parpadeo eran caramelos de limón y el tipo se sacó la cara. Un niñato de 11 años le había robado o pedido dulces.  Entonces, lo notó. Estaba soñando. 
Hace un rato había tenido sexo de jalowín con Arleth. Él iba pasar la noche en ese hotel porque no quería irse de fiesta pero tampoco quería torturar a sus pobres oídos con el cantar de su familia que andaba en plena noche de canción criolla. 
Más tranquilo se puso a pasear. Una vez que sabía que era un sueño podía tomar el control y divertirse un rato. Agradeció internamente que no haya tenido alguna parálisis de sueño y decidió subir a algunos de los edificios del lugar. Eran de madera y parecía que adobe. 
Le daba risa el chillar de cada escalón de manera del que subiera. Llegó al segundo piso del edificio de la esquina. Entró y todo estaba oscuro. Había un moreno gigante y de piel azul que lo saludaba con la mirada.
-bienvenido Sr.- dijo. 
-Gracias.- respondió Bruno. 
Vio sillones color rojo y mesas de restaurante de comida rápida de color plomo. Había algunos viejos sentados en ella con tenedores y cuchillos esperando la comida, decidió sentar en alguno de los sillones y el moreno azulado se acercó a entregarle los respectivos cubiertos. 
-Si gusta tenemos sillones rojos a dentro también.- dijo.
-¿Por?- consultó él. 
-Algunos prefieren comer rojas en privado- respondió.
Bruno ignoro lo que aquel moreno le decía. De hecho pensó en hacer que le explotará la cabeza ya que después de todo era su sueño y él tenía el poder. Espero unos minutos y aparecieron meseras que fueron hacia las mesas plomas. “Definitivamente es sueño”, se dijo al ver a las chicas tan hermosas. Podría jurar que cada una de ellas eran extranjeras. 
Su emoción aumento al ver que ellas se desvestían y subían sobre las mesas echadas. “Es un burdel”, se dijo emocionado. A los segundos llegaron algunas adolecentes vestidas de colegialas. De hecho algunas si lo eran, niñas de nueve años entraban a otra habitación. Una de ellas subió al sillón con él.
 Bruno no respondió, era un sueño. Nadie lo juzgaría por acostarse con una niña, de hecho le excitaba aquella idea. La niña comenzó a desvestirse y él tuvo una erección casi inmediata. Su cuerpo era pequeño delicado y blanco. La pequeña se echó de espalda sobre él. Su pequeño trasero se veía apetitoso. 
-Párate- ordenó. – quiero que lo chupes primero. 
Ella no respondió y solo se paró. Bruno observo de reojo a todos lados y notó algo extraño. Aquellos viejos que estaban con las meseras no se las estaban tirando. Literalmente uno de ellos se estaba comiendo sus senos. Otro ya le había arrancado un brazo. 
Sintió algo de asco, pero él estaba por violar a una niña y todo era un sueño. Llamó al moreno azulado y le pidió ir a un lugar privado. Él los condujo hacia una parte más adentro del edificio.  Y los dejo solo.
Bruno se bajó los pantalones y tomó a la pequeña. Desertó que se la chupara porque notó que no tenía lengua, pero el resto estaba en su lugar. La tomó de espaldas y empezó a lamerle el ano para no embarrarse el pene de sangre cuando empezara. Lo desconcertó que supiera a chocolate. 
Era extraño la textura de su cuerpo era piel humana; sin embargo, parecía estar hecha de algo comestible. “Si existieran en la vida real, valdrían una fortuna”, se dijo. La cargo y colocó en cuatro frente a él. Lincy Acosta, una bloggera que sería decía que el mejor sexo anal se hace de perrito. De seguro al despertar tendría una gran erección, consideró ir a buscar a Tatiana antes que vaya al cementerio cuando despertara 
Segundos antes que pudiera meterla comenzaron los disparos y se distrajo. 
-¡Así que eres mañoso, concha tu madre!- escuchó.- Se cagaron la los tenemos. 
-¡Corran!- empezaron los gritos. Era un operativo.
Solo en sueños la policía nacional podía ser tan efectiva de llegar a dos segundos que se la metiera. Pensó en hacer que se derrumbara el edificio o en matar a los policías y seguir con su primera violación infantil, ya que esa noche de sueños planeaba violarse cualquier cosa que pesara más que un pollo.  
La niña de chocolate se levantó y empezó a tirar las cosas. Estaba buscando hacer ruido para salvarse. Bruno al notarlo la tomo del cuello y empezó a estrangularla. 
-No te iba comer de la forma que pensabas, mocosa de mierda- dijo. En un descuido el cuerpo de la niña cayó y él se quedó con la cabeza. –Mierda…
No había sangre pero la mocosa estaba decapitada. Era un sueño muy extravagante, pero ahora debía encargarse de los policías. Luego le pediría al morena otra niña, tal vez una mesera extranjera y un transgénero también. El límite estaba en su imaginación. Se escondió detrás de algunas repisas de color gris. De hecho noto que toda la habitación era gris menos el mueble. 
Extendió su mano hacia la puerta para abrirla como la fuerza de Star wars, pero la puerta seguía cerrada. Se extrañó al ver que no podía hacer nada. Abrió el sofá rojo y notó que era un hueco. Aprovecho en esconderse y vio a los policías entrar a su habitación. Bruno se preguntaba porque no podía controlar nada. 
Optó por empezar a pellizcarse las manos para poder levantarse pero no pasaba nada. Suspiró y vio de reojo a los policías con una bolsa negra que derramaba sangre.  “Ya comienza a parecer pesadilla”, se dijo. Espero que los policías de traje azul, ya que los recordaba verde, se fueran. 
En la noche se empezó a escuchar una tonada rara, parecía que algún saxofonista de jirón tocaba afuera.  Ni bien perdió de vista a los azulados salio del sofá y abrió las ventanas. No debería haber problema en lanzarse y a los segundos lo hizo. Pensó que volaría pero se fue de cara contra el suelo, su nariz empezó a sangrar y le dolían los huevos.
-¡Mierda!- empezó a gritar.- ¡Mierda, mierda, mierda! Que estúpido sueño…la puta madre. 
Entonces las personas que caminaban por ahí le empezaron a lanzar monedas. “Vaya, ya luzco muy patético”, se dijo y se levantó. Le dolía todo y no sabía cómo despertar. Tenía esperanzas que lanzarse lo despertaría antes de caer y era la primera vez que experimentaba un dolor de sueño. 
-Bueno siempre hay un plan b- dijo acercándose a otro de los edificios. Notó que era uno más iluminado que el anterior. Lástima, ya que él deseaba tirarse el trasero de una niña de chocolate. Hasta una instancia se imaginó hacerle sexo anal mientras se iba comienzo su cuello, descabezarla eventualmente pero pensó que sería una experiencia única. 
Subió a duras penas las escaleras. 
Al llegar tocó la puerta y le abrió una señora de edad mayor. Era una abuelita. “No, tirarme abuelas no”, se dijo al entrar. Aunque no descartaba ver alguna abuelita con todo en su sitio y sin arrugas como para considerarlo. De hecho pensaba que si encontraba alguna abuela como la tía Mai de la última de Spiderman valdría la pena. 
-¿Qué te paso, hijo?- dijo la señora con un vaso de agua.-¿Cómo te llamas, qué paso?
-Me llamó Bruno.- respondió. 
-¿Bruno?, ¿Y dónde vives?- preguntó.- No deberías andar por aquí en noche de brujas. 
-Del Rímac, Pizarro.- respondió.- ¿Por qué? 
-Hijo, no estás en tu mundo.- Aquello le provoco un escalofrió a Bruno.- Este es el reino de las brujas y hoy es su noche también…
-¿Qué quiere decir abuela?- Preguntó.- Esto es un sueño.
-Sí, es un sueño. Un sueño de brujas. – Respondió pasando su mano por su cabello blanco y largo.- Como te lo explicó… existen personas con habilidades especiales, son las brujas… ellas están llenas de poder. Los sueños de ellas no son solo sueños, sus sueños llegan aquí y se vuelve realidad. 
-Me están cojudeando…
-Lo que pasa es que a veces ese poder se transmite…-Se tomó la cabeza.- Yo era la amante de un hombre brujo… una noche no me bañe después de tener sexo con él y fui a parar aquí. Sus poderes se quedaron en mi a través de sus fluidos. 
-¡Vayasé a la mierda!- gritó.
Se levantó a los segundos empezó a caminar hacia la puerta. Solo era un sueño y no importaba.
-A mí también me engañaron… Yo no quería que me llevará pero me engaño.- dijo un anciano que andaba en otra habitación. 
Bruno lo observo de reojo y se quedó helado.  Hace algunos años el padrastro de su madre, quien vivía con ellos, se mudó con una de sus ilegitimas hijas y la familia de Bruno no supo nada de él durante los próximos dos años. Hasta que un día se les ocurrió sacar una partida de nacimiento del abuelo y notaron que figuraba como fallecido.
-¿Abuelo Gaudencio?- preguntó. Se veía más horrible que la última vez que lo vio. Se encontraba sucio, ya no tenía nada de cabello, a sus arrugas se le agregaron verrugas y uno de sus ojos no tenía iris. Tenía un corté en la cara. -¿No estaba muerto?- Le costaba la idea de saber que su abuelo estaba vivo.
-Esa hija de puta de la Nelly… me engaño. Me hizo trabajar, me metió en un asilo. Yo no quería irme pero ustedes me abandonaron.- dijo molesto. Bruno suspiro, cuando no ese viejo los culpaba de lo que le pasaba. 
-¿Es tu nieto, Gaudencio?- preguntó la abuela.- En el asilo que lo metieron una de las enfermeras era bruja y un 31 de octubre se acostó con él. Algunas enfermeras aburridas de los ancianos tenian la mala costumbre de darles vinagra a los ancianos y acostarse con ellos. 
-No puedes ser…- dijo Bruno. 
-Aun no acaba el día de las brujas.-  respondió la anciana.-  Aun puedes buscar a la bruja con la que te acostaste y pedirle que te regrese.
-Pongamos que sea verdad… ¿Cómo sé que me están ayudando y no me comerán como a esas chicas del otro edificio?- consultó. Su abuelo se sentó en el sofá y no le dijo nada. La otra anciana me miraba.
-Ese edifico fue el sueño de alguien. Las personas de adentro también…- respondió.- Gaudencio también intento escapar de aquí y no pudo. Él lleva solo dos años aquí, yo estoy hace 15 años. Aun eres joven tu puedes ir, encontrarla. 
Bruno lo pensó y aun no entendía la situación. Solo era un sueño, un maldito sueño. 
-Si logras salir de aquí… mañana cuanto te levantes pensarás que es un sueño también.- dijo la anciana.- Inténtalo nada pierdes. Sino para mañana ya estarás muerto… así son las cosas cuanto tienes sexo con una bruja en jalowín. Dulce o muerto. 
-¿Dónde puede estar?- preguntó.
- Por lo general están en estos edificios. Cada vez que entres a uno se rotan. Uno de esos es sueño actual- respondió. 
-¿Este de quien fue sueño?
-No, lo sé. Pero de este los atrapados aquí hicimos nuestro hogar.- explicó.- Cuando salgas es poco probable que vuelvas aquí. Suerte. 
Salió del edificio sin despedirse de su abuelo. Le daba pena que muriera violado por una enfermera bruja, pero siempre le cayó muy mal. Debía pensar en su escape. Observo el centro y aún era de noche. 
Optó por investigar un poco y se fue por uno de los caminos. Si no sé equivocaba, porque era pésimo en orientación, debía estar yendo hacia la Av. Colonial; sin embargo al correr por esa calle regreso de nuevo al medio. 
-Genial…- dijo. Solo podía entrar a los edificios y rezar encontrarla.  
Fue al tercero. Era un total de 13 edificios por revisar. Subió las escaleras de madera y tocó la puerta. “La próxima vez que vea a esa perra de Arleth se lo hare por el culo sin saliva”, se dijo. Abrió la puerta un moreno azulado. 
-¿Ya no he estado aquí?- preguntó Bruno.
-No, señor. Bienvenido- respondió el moreno. 
Nuevamente estaba en el burdel de las mesas grises y sillones rojos. Pensó en irse, pero no podía desperdiciar la oportunidad. Así que pidió una habitación de sillón rojo. “Is piqui pribibli qui vuilvis”, repitió burlón y se acomodó en su sillón. Espero ansioso. 
A los minutos llego una adolecente, no era tan pequeña como la anterior pero también le servía esa. Sin perder más tiempo se bajó los pantalones y tomó la chica dulce sin lengua. La sentó sobre él primero y cuando acomodaba su pene para violar su trasero.
Operativo.
Nuevamente se escuchó bulla en la parte de afuera. Y la chica empezó a lanzar cosas para hacer radio. Bruno molestó la tomó de la cintura y la lanzó por la ventana por la cual él se había lanzado la vez anterior. Pensó que el sueño era uno incompleto en la que el brujo se había levantado antes de poder violar a alguien y por eso era en vano que lo intentara. Se escondió detrás de unas sillas y espero que todo acabara.
Salió por la puerta y vio todo destruido. El moreno azulado tenía tres disparos en la cara. Los viejos que estaban en las mesas grises eran cerdos muertos literalmente… en la mesa yacían restos de las chicas que se comían. Era un sueño muy bizarro para alguien.
Sin perder tiempo fue corriendo hacia el otro edificio. Trato de pensar en cosas que le gustaran a Arleth para salir de ahí tan pronto como pudiera. Llego de pronto a un jardín con muchas tortugas. 
El lugar se veía muy amplio y soleado como para que estuviera dentro de una edificación. Suspiró y no había nada interesante. 
-¡Chicho! ¿Qué haces aquí?- escucho. Era Luis, un viejo amigo de él. – Oe deja a mis tortugas follador de mierda.
-¿Luis?- se dijo al verlo.- ¿Eres brujo o estás muerto por snu snu?
-¿Qué hablas, wey?- dijo.- Estamos con los chicos. 
Era imposible. Así que Bruno llego a la conclusión que uno de ellos soñaba y el resto era pura imaginación del soñador. Vio a sus viejos amigos de los primeros ciclos jugando con tortugas. 
Él había llevado cursos con Arleth en los primeros ciclos. Eso explicaba que podía ser un sueño de ella. 
-Luis, siempre me llegabas al pincho- dijo y fue con Arleth, dejándolo con la tortuga en las manos. 
Se sentía de terror ver la evolución que habían tenido todos. Brandon tenía un cuerpo atlético hasta que conoció a Tania y ahora ambos eran una pelotitas. Arleth tenía el cabello negro y largo, cuando se acostó con ella hace unas horas llevaba era rubia y ligeramente más corto. 
-Arleth… regrésame a la normalidad.- pidió.
-¿Qué hablas, huevon? – preguntó. Le dio la espalda y se acercó a Alexis. Bruno sentía pena que en sus sueños, ella aun estuviera con él. 
-Bruja de mierda, regrésame… por tus fluidos vaginales de mierda estoy aquí.- la tomó del brazo molesto y la jaloneo. 
Entonces de un par de golpes de Alexis, Bruno cayó al suelo pastoso, espantando a las tortugas que andaban por ahí.
-¡Que chucha le hablas así a mi flaca, concha de tu madre!- gritó Alexis comenzándolo a patear. 
-¡Oe cálmate!- pidió Luis agarrándolo. Bruno se levantó molesto y vio a Arleth. – No sé qué pasa pero, somos amigos todos. Tranquilos. 
-¡Deja de soñar y regrésame! – Gritó.- Hace un rato teníamos sexo y ahora estas soñando que sigues con ese tarado. Cachuda de mierda.
-¡Ya te cagaste!- dijo Alexis. 
-Oe vete…- dijo Luis agarrando al iracundo.- No te quiero verte morir aquí. 
Bruno suspiró y buscó la puerta por donde había entrado. Al divisarla cargo a Arleth y se fue corriendo. La tiró por las escaleras para que callera y cerró la puerta con Alexis corriendo tras ellos. Bajo las escaleras rápido evitando caerse y tomó a la chica en él suelo. 
-Arleth, sácame de aquí…
-¿Qué te pasa, huevon?- preguntó.- ¿Dónde estamos? Por qué me secuestras…
-Te lo explicó rápido. Estas dormida, eres una bruja, tuvimos sexo y ahora estoy aquí.- dijo.- Según he averiguado tengo hasta el amanecer para evitar quedarme atrapado aquí.
-¿Qué te has fumado?- preguntó. 
Pasaron varios minutos en los que discutieron sobre todo lo que pasaba. Arleth no entendía a qué se refería y mucho menos con lo de ser una bruja. Pero luego de escucharlo tantas veces decidió darle la razón, con suerte se podría deshacer de él. 
-¿No has pensando qué yo puedo ser parte del sueño de alguien más?- preguntó.- Porque no se de lo que hablas… si alguna bruja como les dices sueña conmigo es otra Arleth, que es distinta a la perra con la que tiraste. 
-Mierda no lo había pensando.- respondió.
-Que tan mal me puede haber dejado Alexis para acostarme con un cabeza hueca como tú. 
-Pero no tienes recuerdos de ser una bruja… tal vez no lo eres- dijo molestó había perdido el tiempo buscándola.- Pero solo contigo me acosté…
-¿No dices que tienes novia?- preguntó.- Seguro ella.
-No lo había pensando, de hecho no me bañe luego de estar con ella.- dijo.- luego lo hice contigo. 
-Ojala le de sífilis a la verdadera yo, por cojuda.- respondió. 
Luego de conversarlo Arleth decidió ayudarlo a escapar a modo que volvía a su propio sueño. Finalmente optaron por ir al quinto edificio, abrieron la entrada y al caminar había un campo de flores. 
-Sabes… si tienes flaca no deberías hacerle eso.- dijo mientras caminaban.- Sé que no tengo derecho si mi otro yo se acuesta contigo pero no deberías hacerlo.
-Ella me quiere así- se excusó.- Y a ti te sacaron los cuernos por pensar así. 
-Puedo ser cachuda, pero mi yo de ahora es feliz.- respondió.- En cambio tu…solo perderás a esa flaca.  
Aquella puerta no era la correcta y fueron a un sexto edificio. Bruno solo pensaba en deshacerse de Arleth pero no podía aun. En aquel edificio había una fiesta donde volvió a encontrarse con sus amigos y una segunda Arleth. Salieron apresurados pensando que alterarían las cosas en el sueño de alguien más.
Finalmente caminado por las calles antes de ir a otro edificio, el sol comenzaba a salir.
-Ya me cague…
-No creo.- respondió su amiga.- No solo es noche de brujas, es dia de los muertos…
-¿Qué pasa?- Preguntó.
- Estas más que muerto.- sonrió.- Hubiera querido que recapacitaras…
De un momento a otro Arleth se sacó la cara y lo miro con desprecio. Era Tatiana. 
Parpadeo tres veces y de pronto todo era oscuro se levantó de infarto y su celular vibro. Trató de recordar pero todo se iba esfumando de su mente. Solo sabía que había hecho algo mal. 
Reviso su celular y eran las 11 p. m. solo había dormido una hora. El mensaje era de Tatiana. Su contenido era más decepcionante de lo que había sido aquella aventura. 
-Bañate bien. Cuando despiertes estarás soltero.- leyó. -Feliz noche de brujas y dia de los muertos, muerto. 

jueves, 19 de octubre de 2017

El mundo según Lunática - Capítulo final

Estrellas verdes

“Que estúpido”, pensé. Era un niño en su primera aventura, la primera que sentía disfrutaba. Era un soñador buscando a una princesa mendiga; un ciego, a una enfermera; un drogadicto, a su preciado aserrín blanco. Y en realidad solo era alguien que había metido la pata en más de una ocasión, más de las que podría recordar. En contexto llevaba equivocándome desde hace algunos ciclos. 
Lo más reciente, tal vez fue subestimarla. Y el de ella, subestimarme. 
No recordaba con claridad la última vez que pise Pucusana. Creo que había sido mi ruta desde la farmacia en la plaza de Armas hasta mi casa de aquel entonces, era de noche y algunos turistas se encontraban en parque conversando... otros iban directo al malecón a ver el mar. Cuando era niño solía encantarme aquella vista, pero esa noche aquella magia se había perdido. El mar olía mal, el frio me congelaba incluso los órganos internos y cada pescador durante la noche parecían ladrones. 
“Es sorprendente como funciona la imaginación de uno”, me dije o más bien recordé. Me visualice de noche en alguna playa desconocida junto a ella, mi viejo amor. 
Bajamos de carro y sentía la penitencia. Percibía algunos rayos de sol, escasos pero los sentía. Estire mi bastón, no deseaba ver mi híperrealidad, prefería llegar aquí tal como me fui, como un ciego. “¿Cuánto ha pasado?”, me pregunté. Mi mente daba vueltas como hámster en una rueda. 
-Son 16 pasos hasta el mercado, luego bajamos 24 hasta la municipalidad- dije. 
Alguna vez escuche de alguien, tal vez Cafeína, decir que cada estrella que veía representaba un sueño, una aspiración. Recordaba que esa noche el cielo estaba más oscuro de lo habitual. No vi ninguna estrella, en esa tenebrosidad no era más un zombie, que una persona. Me daba risa pensar en lo estúpido que era cuando llegue. 
-¿De verdad?- dijo José, con un tono incrédulo que solo en él me provocaba risa.-No jodas, huevon. ¿Cómo sabes eso?
-Los memorizaste… es cierto tu andabas ciego por aquí.- agregó Yliana.-  Diría que eres muy inteligente, pero solo un cojudo se quema los ojos. 
La última vez que vi el mar en realidad, me pareció muy feo y de mal gusto para quien lo creo. El color verdoso del plantón lo hacía ver nauseabundo y la decoración de botes de paseo y pesca lo lucia como alguna de aquellas calles horribles de la ciudad, de las peligrosas para ser exacto. Recuerdo que pensé que si algún día fuera dios. El cielo de la noche seria verde y el mar naranja. “Un adolecente”, era lo que era. 
-Quería vivir como un ciego decentemente.- respondí. De hecho me enorgullecía no haber dado pena, al menos las primeras semanas sin dolor, porque era un infierno el dolor.  
-En realidad como un huevon que se quemó los ojos.- respondió la elfa. Yliana solía ser muy cruel con aquel tema. Creo que era influencia de Lunática. 
Mi ego aumentó cuando escuché a Yliana y José Manuel sorprendidos, pues era de esperarse, no cualquiera podría recordar la cantidad exacta de pasos a todos lados. Trate de inhalar fuerte para luego superar, no debía distraerme tan rápido. Debía encontrar a Lunática lo antes posible, evitar que haga alguna estupidez e internarla en un centro de rehabilitación si era necesario. De hecho consideraba que este sitio no dejaba pensar a uno con claridad.  
-¿En serio?- reconsultó el gordito. 
-Son 32 pasos de frente para llegar a la plaza de armas, 15 más y estarás frente al mar, en el malecón.- respondí.- No debe estar lejos, es pueblo es pequeño. Si nos separamos tal vez cubramos más terreno. 
Habíamos llegado hace unos minutos. La brisa marina llenaba nuevamente mis pulmones, ese extraño olor a pescado, mar y excremento de perro me era demasiado nostálgico, pero tan satisfactorio. Eran una mixtura de sentimientos encontrados, sentía que regresaba como un héroe, cuando en realidad no regresaba muy diferente a cuando me fui. “Hasta que vuelvas a ser el patán que todos queremos”, recordé. “Parece que ya lo soy”, respondí internamente. Este pueblo fue mi hogar solo por algunos meses, pero realmente sentía como si hubieran sido años. 
El sol era bajo, lo recordaba más caluroso. Debía ser el invierno o el clima reflejaba lo que sentía en estos momentos.  
-¿Y dónde chucha puede estar?- preguntó la hiena.- ¿Dónde vivían?
-Por el terminal pesquero.- respondí.- Pero dudo que este ahí. 
Recordaba que aquel día que vi el espejo por primera vez fue en el boquerón. Un extraño escalofrió recorrió mi cuerpo, ese lugar era perfecto para un suicidio, lo sabía porque también lo había pensando alguna vez. Los ojos me habían salido barato a lo que pasaba por mi mente en aquellos días. No era bueno recordar lo doloroso, más tratándose de mí, a veces podía ser muy inestable, incluso como la nueva persona que era aún podía sentir arder mis quemaduras arder. 
“¿Qué hubieras hecho, Giancarlo?”, me pregunté. Aquella habilidad de querubín era algo inútil para lo que necesitaba en este momento. Solo era un buen espanto de cuervos. 
-¡Habla pe reconcha de tu madre!- aquel gritó, me distrajo. José perdía la paciencia rápido o es que yo divagaba mucho hoy. 
De seguro lo segundo. 
-Perdón… la nostalgia. 
Los lleve directo al malecón, el pueblo era pequeño. No estaba tan lejos de casa, pero me asegure de perderlos entre los ambulantes hippies que vendían sus chucherías, de seguro ellos buscarían por su lado. 
Caminé un poco más rápido. A pesar no ser verano y tampoco un día festivo o feriado había una buena cantidad de personas en las calles. Recordaba que eran 22 pasos a casa y seguir la ruta hacia el terminal pesquero, el olor a pescado me indicaba que me acercaba. Si no mal recordaba los ambulantes de este lado vendían desde postres hasta ceviches frescos de hace una par de horas. 
Debía cruzar la pista y sentí que alguien me tomó del brazo. Creo que notaron que iba cruzar. Era lo que adoraba de este lugar. 
-Lo ayudó joven- escuché. Era la voz de una persona mayor. 
Las personas aquí eran más amables que en Lima.  
En teoría me debía encontrar en casa, aún tenía las llaves. Pero no deseaba entrar. “Viví con ella, ella tuvo acceso a todas mis cosas”, me dije. Cabía la posibilidad que hubiera sacado algunas copias de mis llaves. Caminé unos cuantos pasos a la derecha hasta sentir las mesas, él vivía ahí todo el año. Me preguntaba cómo le habría ido en ese tiempo, le había tomado cariño. Suspiré. 
-¿Tío Grau?- pregunté en voz alta. 
Segundos después, no tuve respuesta. “Tal vez se encontrara en el mercado”, me dije. 
-No esta…- escuché. De seguro era algún comensal. 
Caminé alrededor de 32 pasos sigua la izquierda, del otro lado del antro del tío Grau, siguiendo el camino de hacia el salón Blanco, un restaurant emblemático de por aquí que se encontraba en toda aquella esquina. Olía a madera vieja y añeja, el único dolor de cabeza eran los escalones en los pasos 27 y 31. No entendía la gracia de esas minigradas.
En solo 15 pasos más llegué hacia el restaurant el Boquerón. Olía a jalea de maricos acompañado del fuerte olor a mar. Me detuve un momento para sentir la brisa del choque brutal entre agua y rocas. Sentía que disfrutaba más de este lugar que otras veces. 
En nueve pasos más había llegado. Escuchaba fuertemente las olas reventar contra las rocas y el olor a mar era más intenso, un extraño olor a agua de mar posada y a cangrejos que no sabía cómo describir exactamente. 
Una ola reventó y sentía las gotas de mar en mi rostro. 
-¿Vendrías a Lima conmigo?- pregunté. Fue lo que escuche esa noche y pronto la vi, aquella persona sin rostro que me salvo de mí mismo.  
-No lo sé…- escuché.- ¿Qué tienes para ofrecerme?
Mi mente se quedó en blanco. Voltee pero no sabía si estaba al frente o atrás, izquierda o derecha. Estaba seguro que era su voz, deseaba reaccionar pero me sentía petrificado. Era demasiado buena para seguirme sin que lo notará, aquel día que decidí ir con ella pasó igual. 
-¿Lunática?- consulté apenas recobre el control de mi cuerpo. - ¿Eres tú?
“Qué clase de pregunta para más estúpida”, me dije. Era obvio que era ella.  Mi desesperación aumento cuando deje de escuchar, cuando empecé a sentirme como un loco que hablaba solo.  “Tal vez se fue”, pensé. No pude contenerme más y…
-¡Galia!- grité empezando a correr. No me importaba el escándalo, aunque debía abrir los ojos me negaba. Algo en mi me decía que no era necesario que los abriera. -¡Galia!
Empecé a dar algunos pasos torpes, mi pies salpicaban el agua empozaba en el asfalto debido al boquerón. Debía encontrarla. “Siempre voy a encontrarte”, aquella voz me motivaba aún más. Mis ojos amenazaban con lagrimear. 
“¿Por qué siento esto?”, me pregunté. Sentí un nudo en estómago, no eran mariposas, en realidad parecían cuervos queriendo salir. Mi cuerpo se escarapelaba con cada paso que daba, mis oídos parecían diferenciar cada número del sonido que escuchaba. 
“Nuestra historia es la de unos mentirosos, algún día nos diremos la verdad”, aquella voz era de Cafeína. Fueron un par pasos más antes de caer, me había tropezado con alguien, supuse que era ella. Puse mis brazos antes de caer, de pronto sentí aquel calor familiar… pero mi boca podía moverse. Sentía como si ardiera en fiebre bajo un hermoso sol veraniego, aunque fuera invierno. Mis sentimientos explotaban, se regeneraban y volvían explotar. Mi corazón era un fénix que deseaba salir. 




-¿Y cómo has estado?- escuché. 
-¡Rayos! No esperaba eso- dije.- No pensé en que decir cuando te alcanzara…
-¡Ay! Eres un idiota…- respondió. Su voz era algo quebrada y resentida. Entonces sentí un puñete en mi mejilla, me había dolido mucho pero seguía petrificado - Pues tú fuiste quien se fue… me dejaste con el cadáver de alguien a quien estimabas… Creo que “lo siento”, estaría bien. 
-Eso lo deberías decir tu…me viste la cara de idiota un buen tiempo.
Atiné a responder, me había dolido el golpe pero hasta cierto punto lo merecía. Entonces la vi. Abrí mis ojos a esa ilusión, aquel estado mental del que ella se enamoró y del cual quería salvarla. Era ella, mi lunática y sus ojos lloraban. 
-Bueno…hola, Santos.- dijo. Me levanté y la deje levantarse. Se limpió los ojos- ¿Cómo te ha ido? 
-Pues quedé ciego, una lunática me acosaba y me devolvió la vista de una forma ilícita.- respondí. Intentaba no sonreír pero me era inevitable, sentía que la había buscado tanto y estaba al frente. No me explicaba cómo, pero estaba perdidamente enamorado de ella, al tenerla tan cerca mi corazón explotaba, mi mirada quemada me daba calidez en vez de arder, mis palabras desaparecían y nuevamente lo confirmaba. Amaba cada una de sus virtudes y defectos sobretodo ellos que la hacían tan especial.- Gracias, Galia. 
-Lunática me gusta más.- dijo ayudándome a levantarme.- ¿Desde cuándo lo sabias? Tuvimos una gran aventura, aunque cambiaras de compañera al final. 
-José Manuel me lo dijo…ese día en Jirón- respondí. Aquello parecía un reclamo, pero no podía decir nada. Inicie esta rara odisea solo, luego ella me salvo y mis últimos pasos hasta volver con ella fueron gracias a Cafeína.- ¿Cambie de compañera? Me regresaste como a una mascota a su familia.
-Jaja, si de echo eso fue divertido.- agregó riendo.- Tus padres estaban muy preocupados. Cuando te vi, quise golpearte primero para quitarte lo estúpido. Pero algo en mí, hizo que te quisiera ayudar… disculpa por no ser del todo sincera contigo. 
Aquello me dio terror. Ese reencuentro fugas con ella y esas palabras fueron las últimas que escuche de Cafeína. Mi aventura aun no terminaba, me tocaba ayudarla.  No quería ser directo, porque sabía que lo tomaría mal y no deseaba hacer las cosas mal con ella. 
Ella finalmente me tomó del brazo. No dijimos ni una sola palabra en la que íbamos a la que solía ser mi casa, luego nuestra y actualmente de ella. 
La guitarra retumbaba, el cajón acompañaba y un par de cucharadas iban creando armonía, las mesas lloraban y el piso bailaba. “Cada domingo…”, sonaba y ella bailaba torpemente, su compañero en la guitarra era talento desperdiciado en los salones de clase de matemáticas. Era extraño, la sensación en mi cuerpo iba rugiendo a modo que deseaba saber si realmente bailaba mal como pensaba o lo hacía tan bien como recordaba. 
Sentía que el mundo no daba puntada sin hilo, mi vida me hizo perder la vista y lamentarme no verla, pero me permitía escucharla. De cierto modo veía cosas que no veía antes y lamentaba lo perdido. Suspiré.
“Cada domingo a las doce saldré a la ventana  para esperarte como antes después de la misa. Y en la esquina solitaria voy a ver a mi alma que espera tus pasos, buscando mis brazos y...”, presumía de su gran voz. Cantaba tan bien que sentía envidia de no verla en toda su gloria y agradecía no haberme hecho alguna estupidez en los oídos. “…sin tu sonrisaaa”
No solía gustarme el bullicio. Su voz iba acompañada de palmas y coros que en vez de aportar solo estropeaban su melodiosa voz. 
-Tú eres mío y yo soy tuya…- repetí.- Es raro no dejar de pensarla…
-¿Cafeína?- consultó Yliana.- Es natural, eres el único en casi un ciclo que no la eligió a ella.  
-¿No te da miedo que alguien manipule tu vida?
-No… es decir, sé que me molestaría si algún idiota se le hubiera ocurrido que mi brazo se atorara en la máquina envolturas y me dejara como estoy, o que se le ocurriera que me acostara con alguien que tenía sida. Pero, no puedo vivir con miedo a lo que pasara- explicó.- Tu amigo me quiere levantar y no tengo miedo de comérmelo y dice no tener miedo de mí. 
-Sí, contigo fueron muy perra.- respondí. La noche era fría, bulliciosa pero indescriptiblemente hermosa. La sentía así desde un antro de mala muerto al lado de una manca con sida y escuchando a un profesor drogadicto e irresponsable cantar al lado de una enfermera lunática con tendencias suicidas. – volveré luego. 
Caminé acompañado de la briza marina. “La locura hecha persona”, recuerdo esa frase en la descripción esa foto ridícula de ella con una maleta y riendo a carcajadas, que hacían evidentes sus problemas mentales. Kelly era una chica normal. Siempre me burle de aquellas frases de internet donde describían que la mejor mujer estaba loca. 
Y sigo dudando de aquello, pero no puedo negar Lunática con sus cambios de ánimo era encantadora. Lloraba y reía con facilidad que la envidiaba, era perfecta. Tan completa y compleja, que estaba seguro que era más lista, linda, atenta y mejor persona a lo que pudiera aspirar a ser.  
“Debes echarle más azúcar al café. Por eso eres tan amargado.”, recordé aquel desayuno. No me dejo caer pero tampoco me levanto. Me dio la fuerza suficiente de darme una oportunidad. La elegirá a ella una y mil veces, aun si ella no lo quisiese. Lo que hizo por mí, realmente nunca podré agradecerlo como se debe.  Mis ojos arden. 
Escucho las olas chocar contra las rocas. “Tal vez la necesito más de lo que ella a mí”, me digo sintiendo la brisa marina. Estoy en el boquerón del diablo y solo me queda meditar. Ya que, declararme sería estúpido. Solo la alejaría y ella apenas terminó con su novio.  Tal vez deba conformarme con evitar que le pase algo malo. 
-¿Qué haces acá?- escuche.- No me digas que aun quieres morirte. 
-Aun me debes un helado.- le respondí. Era extraño, algo en mi ardía fuertemente y me causaba dolor. Era dolor parecido al que sentí al llegar aquí pero me cautivaba. Era como si mi corazón quiera saltar directo al suyo. 
-Aquí termina nuestra pequeña aventura, Santos.- la escuche acercarse y sentarse. Supuse que estaba cerca alguna banca.- Cuando llegue aquí me dije que este lugar era precioso y luego te vi. Casi vomito. 
-Jaja.- reí. 
-Luego te seguí un día entero. Dabas pena, tanto que tuve que hablar a la vieja loca de tu madre- explicó.- Al día siguiente cuando te vi llorar en la noche, me preguntaba cómo era posible que lloraras con los ojos quemados.- suspiró.- Fue entonces cuando quise ayudarte, pero también tenía miedo. 
-¿Miedo a qué?- consulté. Sentí como se paró nuevamente. 
-Miedo a que alguien más manipulara mi vida. No quería aceptarlo…pero esa loca me aterro cuando lo dijo- respondió, traté de entenderla pero me era imposible. “¿Ella había venido con alguien?”, me pregunté.-  De hecho fui algo estúpida también. Ahora entiendo cuando dijo que no podría ser del todo sincera contigo. 
-¿Qué pasa?
-Jaja, lo siento. Debo ser más directa. – escuché otro suspiró.- Tenía miedo a que se me imponga enamorarme de nuevo de ti. Fuiste un idiota la última vez…pero tal vez verte hecho mierda me cautivo y al final ella tuvo razón. Tu…tu eres mio y yo soy tuya.
-No…
Parecía una broma de mal gusto, de hecho las piernas me temblaban. 
-Siempre nos reencontramos, no importa la forma. Parece que tenemos un amor muy fuerte, ¿eh?- dijo tomándome las manos.-  No seas idiota, soy yo. ¿No lo sientes como yo? Soy el recipiente de Hyuna, Cafeína. 
Mis piernas comenzaron a tambalear… mi ojos garuaban contra mi voluntad. Mi corazón estaba por estallar. Era ella… era imposible. Es que acaso todos me habían visto la cara de idiota en estos días. 
-No puede ser… no puedo procesar tanto…
-Jaja…- rio.- Siempre he estado tres pasos adelante, cabeza hueca. Como supongo tú también, quise ir en contra de lo que se me impusiese. – Entonces me abrazo.- No soy Cafeína y tú no eres Oráculo, pero te amo más de lo que ella lo ama a él. 
-Jaja…no puedo creerlo y mis malditas visiones…- dije respondiendo al abrazo.- Yo vi que te destruías y no quería permitirlo, ahora me siento un idiota.
-Yo tampoco podría dejarte caer… aunque no sepa cómo hacerlo. Estaría ahí para ayudarte… mi corazón exploto al verte en ese estado tan deprimente, pero no quería aceptarlo- explicó y la fuerza del abrazo aumenta. Sentía que ella quería dejarme sin vida.- Continúe con mi vida hasta que te volví a ver…fue perfecto para mi convertirme en tu lunática. No me importa si la vida esta impuesta, yo deseaba poder salvarte.
-Yo también deseaba salvarte…incluso si hubiera tenido que renunciar a esto.- respondí. – Eres odiosa pero adictiva, no puedo decir más que me gusta todo de ti. 
-¿Te gusta mi cabello?- preguntó. Entonces la vi, era Lunática y no lucia como Cafeína. 
Era una conspiración del destino o algún estúpido que no tuviera nada mejor que hacer. Pero fuera cual fuera la situación, me enamoraría de ella nuevamente una y mil veces. Aquella noche era distinta a cuando lo perdí todo, el cielo era verdoso y lleno de estrella. Aquella noche volvía a ser un soñador, había recuperado todo y sobre todo a ella. 
-Me encanta. 




El destino era un idiota, pero era buena onda. 
Ambos perdimos el camino y lo reencontramos al reencontrarnos. Éramos personas nuevas que conocieron una vida pasada, ambos estábamos aquí y ahora y sentíamos lo mismo. Era inútil negarnos u ofuscarnos. 
José e Yliana desaparecieron del bar cuando regresamos, el tío Grau nos felicitó, sobre todo a mí por dejar de hacerme el difícil, aunque en realidad era al revés. Ella había estado viviendo ahí y trabajando cantando en el antro. 
Aquella noche recordé lo que era vivir con ella. Su jugo de zanahoria era desastroso como las veces que lo había tomado. Su obsesión con Grillo no era más que un mero capricho. Cafeína llego a ella un mes antes de que me encontrara, ambas me vieron la cara. No importara la vida ella y Oráculo se reencontrarían y se volverían amar, no importaba como fuera. Apenas entendía lo que ellos sentían. 
-Creo que me podría quedar a vivir aquí… de hecho pensaba dejar mi Cv en la posta.- dijo.- No pensé que llegarías tan pronto, asumí que mi encantadora suegra no te dejaría solo. 
-Me preocupa que dirá la mía, cuando se entere. – respondí, recordaba que su madre me odiaba.- ¿Por qué las drogas si eras un contenedor de querubín? 
-Te estabas demorando…pues que lo haya sido no significaba que tuviera un acceso predilecto, contigo fue por la pérdida de tu vista. Bueno y ahora como querubín entras sin problema.  
-Yliana dijo que casi te violan…
-Eso fue adrede...- empezó a reír estúpidamente, yo me sentía ligeramente molesto.- Quería experimentar y pues le dije dónde estaba…
-Creo que iré a dormir. – respondí. “La primera pelea”, pensé.- No planeo sufrir en ese sofá nuevamente. 
-Yo tampoco planeaba que lo hicieras…




Su piel era muy suave, con apenas tocarla me estremecía. Mis cuatro sentidos restantes amaban todo de ella, y yo era adicto a ella. La verdadera droga que me llevara a un paraíso era ella. 
Aquella noche fue maravillosa. 


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martes, 10 de octubre de 2017

Saana, la chica muerta



Dedicado al que fue el amor de mi vida, aunque no sea del todo cierto.  El concepto del amor de mi vida fue cambiando durante esos cortos cinco meses de transición del final de la escuela. Al teclear muchas palabras sin sentido fue donde me di cuenta de todo a mí alrededor, el gran amor de mi vida fueron mis años escolares. 

Nunca considere la posibilidad de que mis amigos llegaran a formar una gran parte de mí. Yo al escribir y crear Saana, pensaba en ese desamor que se llevó una gran parte de mí, que incluso hasta el día de hoy nunca supe más de ese yo. 
Saana no es más que la fusión de mis fetiches amorosos, un personaje que amo y amare con todo mí ser, incluso hasta el día de mi muerte. Saana es la historia de unos amigos que crecen juntos, hacen nuevos amigos y desean con fervor ser héroes como Goku, Naruto, Kirito. 

Saana es el amor que nació para mis eternos amigos, que aunque el tiempo y las circunstancias no separen siempre los amare a cada uno de ellos, porque estuvieron para mí cuando creí que mi vida había perdido todo y fueron ellos los que me dijeron intenta escribirlo. Sin ellos, tal vez no sería tan feliz como lo soy ahora.  

Gracias a ellos, a mis maestros y a estos cinco años, los cuales fueron los mejores de mi vida, gracias a quienes soy quien hoy en día. Con ellos y ese tiempo estaré eternamente agradecido.

Mi querida Saana no es más que una historia pretenciosa de sueños de chicos que desean ser héroes, encontrar el amor, ser algún protagonista o simplemente la historia un tipo que dejo a sus amigos por su novia, hasta que su novia lo deja, cae hasta lo más bajo y es salvado por su entorno. 



Gracias a ellos y a mi juventud. Gracias por todo, Saana. Estaré eternamente enamorado de ti


Por: Giancarlo Sesarego






domingo, 1 de octubre de 2017

Viejo pendenciero

Este cuento participo y fracaso en los Juego Florales 2017-1 de la Universidad Privada del Norte, bajo el seudónimo de Darea.

Son las seis de la mañana, mientras caminaba hacia la bodega del chato, ese cajamarquino de apariencia de duende que se burlaba de él, pero que a la vez lo engreía con cigarros, cual mocoso de cuatro años con dulces. Todo sea por eso 30 o 90 céntimos que le daba, no importaba con tal de poder conseguir ese mal que lo había convertido en lo que era, que a su vez era lo que él consideraba el amor de su vida. 
Recordó que su padre siempre le decía, que para realizarse como hombre debía tener: Estabilidad económica, una familia y salud. 
-Ese viejo estaba cojudo- se dijo. Había tenido todo eso y fue una pérdida de tiempo y dinero. 
Todos los días se tenía que levantar temprano para poder planchar su camisa y pantalón, ya que la vaga que tenía por mujer no era capaz de hacerlo y su hija, “¡Ay como no me salió hombre, carajo!”, se lamentaba. Bien dicen, “el mundo da vueltas”, y pobre de ella.
Siempre andaba bien vestido en sus años de pichón, porque aunque trabajaba en Caquetá, cada vez que vendía algo se vendía a mí mismo, ya que con un guiño o con una sonrisita levantaba la venta y hasta a la casera esa noche. Eternamente la camisa bien planchada y la raya del pantalón bien marcada, nada de esos jean´s ya que son puras mariconadas de esos rockeritos, según él. 
Terminan sus ocho horas de trabajo y va cerrando su negocio, porque a nadie lo explota, ni siquiera él mismo.  Entre más rápido sale, puede ir con su familia más pronto.  “Si claro cómo no”, se dice rumbo a su viejo barrio con nombre de fruta.  Las Peras, dónde su nombre ya no es Víctor Sánchez, sino “Viroco”, por el ojo virolo.
Se reencontraba casi a diario con sus amigos del barrio después de trabajar. Percy, quien quería ser testigo, pero cada que podía se mandaba sus copas y se convertía en Catilo.
-Pobre cojudo, si supiera que solo beben por él por sus papelones.- dice esperando al duende cajamarquino. 
-¡Oe ahora hablas solo!- escuchó. Era Elmer, el popular chato cajamarquino que esperaba.- Chamare Viroco ya muérete. No sé para que vives… 
-Jaja… ¿Qué pasa causa?- responde. – Me acordaba cuando este era un barrio de verdad no está huevada de ahora. 
El paradero cinco del Ermitaño de Independencia, su barrio. Cada día después del trabajo allí es a donde llegaba. Y los fines de semana también ya que su mujer veía los fines de semana a la bruja de su suegra. 
- Que seguro por esa vieja concha de su madre estoy cagado con ella, porque cada que veo a mi hija no le veo ni un parecido conmigo, pero ya que chu…
-¿Ya para que vives? – responde burlón el bodeguero de menos de 1m 60 cm.- Estas cagado, encima cachudo. Me das pena Viroco. 
 -Me pregunto cómo es que me cago, porque solo recuerdo habérmela tirado una vez, que se me ocurrió hacer mataron y deje unos cuantos toros por aquí. –Refunfuñando suspiro.- Es una huevada chupar tanto, a veces no te acuerdas si diste o te dieron. Pero ya que, aquí soy el bravo… no importa si eras billeton o guapeton, cuando tienes buen habla cualquiera cae.

-¡Quien va caer contigo viejo huevon!
Se dice que punto débil de la mujer es el cuello, “¡No, mentira! Su punto débil es la oreja, porque por mas misio que sea o tan feo que prefieran besar a una cucaracha que a ti, si tienes buen habla la tienes calata en tu cama, apunta bien sobrino”, se dijo. “¡Un versito chico nada más! De seguro pensara que es tuyo, apréndete un par de poemas noma y van cayendo, caliéntale esa oreja que puede convertir a la más distinguida dama en la peor zorra que puede existir”, agregó. 
-¡Debí ser profesor del arte del amor! Porque realmente son pocos los que saben cómo seducir a una mujer, yo he tenido mujeres por montones. 
-Ni tu mamá te quiere, Viroco y vienes aquí a hacerte pasar por Don Juan. 
“Entre ellas incluso puede estar tu mamá, porque cuando uno está ebrio no sabe dónde entra, culo es culo a final de cuentas mientras no sea el tuyo no pasa nada”, le responde mentalmente nada más. Elmer es un cajamarquino buscapleitos y a ningún padre le gusta que su hijo le falte el respeto. 
-Aquí, en una paradero antes está el burdel de Panchita, esa tía maneja buen billete aquí y a que no adivinas quien era su macho, tan macho que se tiraba a su hija y a la vieja a la vez. 
-Jaja. 
“Sé que algún día pagare por lo hijo de puta que soy, pero la vida es una carajo. Ya tengo todo lo que decía mi viejo que era necesario para ser feliz y fue aburrido.”, recordó. Su vida antes era reconfortante hasta las enfermedades de nombre que ni él conoce lo atacaron. 
Las luces siempre estaban apagadas por esa zona, el paradero cuatro siempre habia sido la zona de Panchita, la tía: rubia teñida, un buen par de pechos, trasero no tanto pero ya que el resto lo compensaba. Siempre que llegaba los fines de semana, ese era su segundo hogar, siempre lo mantenía y los muchachos lo sabían por eso venían con él, porque les hacía alguno que otro  descuento y según su humor y como la tratara, hasta gratis los dejaba.
Panchita tenía una hija, Belen, era bien guapa la morena. Ella estudiaba en el San Martin del distrito del mismo nombre. A pesar de ser chibola aun ya le entraba a la huevada, se refería él, había un tío que siempre la recogía en su Volkswagen rojo, tenía plata el desgraciado.
Ese sábado, Pipo, el che del grupo, vivió 6 años en argentina y regreso más maricon. En aquella bienvenida, Viroco estaba con Panchita, a los minutos apenas vio al Che ocupada con ella, buscó las escaleras, revisó mi ropa y estaba bien, buscó entre mis papeles uno de esas hojas de poemas que arrancaba de vez en cuando de libros y lo memorizo. 
-A veces me pregunto cómo que esos poetas no tienen fama hasta que se mueren… me imagino que al menos tiraran mucho. Ya que debe ser patético que otro tire con lo que tú haces y tú te mueras de hambre.- dijo.
-Jaja, a los poetas no les gusta tirar. – agregó Elmer, sentía que de vez en cuando era entretenido escuchar a ese viejo senil. 
Subió por las escaleras y llegó hacia la cocina, no tenía nada para comer y con el hambre que se manejaba. Se quedó un toque más preparándose y se fue a buscarla. Belén, estaba en su habitación, estaba en calzoncito noma, parecía que hacía calor. 
-Señor Victor, ¿Qué busca?- preguntó. Bien que sabía lo que buscaba Viroco, pero hacia la tonta. Le respondió que se había perdido, ella sonrió por su torpeza, aprovechó en preguntarle por el tío del Volkswagen y respondió.- Es mi amiguito- “si un amigo que le llevaba como 20 años”, se dijo aunque él que se la quería tirar tenía la misma edad o incluso más. 
Belencita se paró y comenzó a guiarlo hacia abajo, pero la retuvo en la cocina, pidiéndole un vaso de agua. Aunque a comienzo se negó, la muy hija de su madre también quería, si no se hubiese cambiado al menos. Pero una vez ahí le preguntó nuevamente por el tío, ya con un poco más de confianza le respondió que sí, siempre le compraba sus cosas y ella salía con él. “¡Hija de Panchita tenías que ser!”, se gritó internamente. 
Le recitó ese versito, no recordaba si era del chileno o el trujillano, pero… ¡Ella se lo sabía! Debía cambiar la estrategia rápido. En otra situación hubiera perdido, pero cuando ya tienes cancha en esto, solo debes seguir la corriente.
-¡Si, claro ese mismo!- respondió. 
Las cosas con Belencita, fueron más rápida de lo que pensó. Aunque siempre sea visto como el enfermo, el mañoso. La verdad es que ellas son iguales o peores y cuando sabes hacerla, pues la haces nada más. 
-Pobre de mi mujer, que más de una vez la han llamado de Acho para un cachuelito de toro. Pobre esos tipos, que creen que por tener dinero tienen a las mujeres a sus pies, si tan solo supieran que ese dinero que les dan, ellas se lo dan a sus maridos de verdad. He vestido las marcas más caras, sin gastar ni un centavo.- dijo orgulloso.
-Y ahora eres un pobre y triste huevon. Me das más penas Viroco- respondió el cajacho. 
-Puedo estar ya viejo, puede que me traten de huevon esos chicos de hoy, riéndose de Viroco, el borrachito más necesitado. Pero al verlos a ellos, me veo a mí en mi juventud, la diferencia que a su edad, ya había vivido mucho más.
-Ya estas senil Virico. 
-Ellos se burlan de mí, yo me burlo de ellos. Ellos se creen los más vivos, metiéndose en tonterías, yo me creo el más vivo, porque me he metido con sus viejas. Ellos se siente cool en sus mototaxis alquiladas, yo fui cool en autos ultimo modelos del cachudo.
-¡Ya lárgate no te quiero escuchar más!- lo largó. Cada que se exaltaba aburría. Viroco era un viejo alcohólico esperando el momento de morir.- ¡Viejo pendenciero!