martes, 26 de septiembre de 2017

La caracol

Este cuento participo y fracaso en los Juego Florales 2017-1 de la Universidad Privada del Norte, bajo el seudónimo de Izusaake.

Camina lento como el mar y se balancea como balsa a la derriba, está llena de alcohol como de pescados el bote. “Hay que cantar un poco”, se dice a sí misma buscando su celular. Faltan un par de horas para que entone el gallo y se da cuenta que no tiene cartera. La discoteca de mala muerte del Jr. Camana se llevó su maquillaje, su dignidad y su cartera con dinero, celular, fotos de su hijo y demás. 
-¡La mierda!- grita. Entonces, su ira se convierte en agua.- Lo que faltaba… ¡mamá!
Llueven sus ojos y garua en la plaza San Martin. Su madre vive en Suecia hace ya varios años, ella vive sola con su pequeño.  
Es la madre de Ernesto en Facebook, la más tierna y pervertida contigo en Instragram; y, no usa twitter tal vez porque no lo entiende o no puede obtener una atención congruente a las anteriores. Su mente aspira a ser famosa, cada día actualiza sus benditas historias de red social. Baila, canta, cuenta chistes y saluda a sus fans, si la sigues te seguirá y hasta te mandara saludos en sus actualizaciones. 
Su exmejor amiga la llamó caracol. Nunca supo el por qué hasta que el padre de su hijo le fue infiel con cuanta golfa, como ella las llamó, se cruzaba en su camino y ella misma se lo explicó. Estudió Ciencias de la Comunicación con esperanza de ser actriz, y no encontró empleo más que para jaladora de cables y los puestos buenos, de fama solo se daban con felaciones. 
“Estrella eres lenta y babosa, pero lo segundo lo eres el doble”, recordó molesta. Ella la había llevado a ese antro llamado Casona. Era la peor amiga del mundo, más ahora que no estaba.  
-¡No soy ninguna caracol estúpida!- gritó escondida de la garua.- ¡Ojala se te muera tu mamá, Gianella!
A sus 22 años pensó en ir a un casting porno, pero entro en razón a los minutos de llegar al susodicho lugar donde se realizaba. Se dedicó a camarógrafa, salió un par de veces con famosos casados con fe que un ampay la hiciera saltar a la luz pero no, solo fue querida de algunos por semanas o solo una noche, dependía que tan buena fuera. Ellos eran audaces y ella una caracol.  
Planeó regresar a la disco, en su brazo aún estaba el sello de entrada. Aun recordaba a las personas con la que estuvo. “Nos podemos divertir más”, recordó con su cuerpo escarapelado, ahora se sentía una gallina pero ella era aliancista.  No le quedaba de otra. 
Se tapó la cabeza con las manos, era dramática, aunque las gotas no eran tan grandes. Aquellas calles de regreso eran bulliciosa, habían personas ebrias peleándose en lo que parecía la esquina de los bares. Llegó hasta la puerta pero no la quisieron dejar entrar. 
-Chicas solo entran gratis hasta la media noche, flaca. – dijo una señora obesa con un chaleco de seguridad. 
-¡Acabo de salir!- se excusó. 
-¡Circula noma, flaca!
“Vieja horrorosa”, gruño internamente. Solo le quedaba esperar a que algunos de esos chicos salieran con sus cosas o en el peor de los casos que la llevaran a su casa. Recordaba claramente que uno de ellos tenía un carro. “Sobretodo babosa, caracolito”, volvió recordar. Realmente la odiaba, ese apodo era tan cruel como ella, lenta. 
-¿Qué haré?- se preguntó.
Se sentó al lado de una vendedora ambulante de cigarros y chicles. “Piensa Estrella, piensa”, se dijo.  No podía tomar un taxi a casa y pagarlo allá porque todo su efectivo estaba en la cartera. “Podría ir a un cajero y sacar dinero”, consideraba viendo una pelea entre ebrios.  Se había estresado tanto esa noche que ya ni siquiera se sentía ebria.
-¿Estrella Palma?- le preguntaron. Alzó la mirada y vio a un tipo de aspecto desaliñado.- ¿Qué tal? Bueno, soy Ernesto Salaverry.
Era un alto como una palmera, con el cabello despeinado de la misma manera. Su tez era clara y su rostro estaba lleno de vello. “Que pastrulazo”, se dijo al verlo. “¿Salaverry?”, ese era el apellido de su hijo y del hijo de mala madre del padre de su principe. 
-Mi nombre es Sandra, se está confundiendo de persona.- respondió.- Estoy esperando a mi novio está en el baño. 
-Jaja, lo siento. Debe dar miedo que un desconocido te hable.- dijo rascándose el cabello.- Tengo mi auto en la cochera a la vuelta. Soy novio de Gianella. 
-Esa perra… - susurró. “¿Cómo Gianella sabía que ella estaba ahí?”, se preguntó. De seguro era una mentira y la quieran secuestrar y violar. Se negó mentalmente a ir con él y luego respondió.-  No iré contigo. 
-Entonces déjame llamar un taxi.
-Llámala y pásamela- dijo. El chico no estaba nada mal y si confirmaba que era su novio. Por fin podría vengarse de ella, de seguro lo podría seducir, al menos besarlo. 
Gianella fue su mejor amiga hasta su cumpleaños. La muy borracha beso a su saliente de ese entonces y no bastó con eso. Entre risas empezó a contar las intimidades de Estrella y cosas que ni siquiera habían pasado en realidad. A la mañana siguiente todas la llamaban Caracol. Ella nunca le dio cara y así se terminó todo. Al par de meses Estrella salió embarazada y tomaron caminos separados. 
Ernesto tomó su teléfono y marcó el número en cuestión. Estrella lo miraba de pies a cabeza y era como los chicos que le gustaba. Ese porte de vagabundo era extrañamente atractivo. Le recordaba al idiota del padre de su hijo, eso le bajaba puntos.  Irónicamente la garua paró al oír la voz de examiga al teléfono. 
-¿Estrellita? ¿Estás bien?- escuchó.
-¿Estrellita?- repitió.- Sí. ¿Cómo sabias que estaba acá y que no tenía como volver? Tú tienes mi cartera, maldita envidiosa… 
-¡Estoy en mi casa, estúpida caracol!- respondió.- En fin. Ve con Ernesto, por favor.
-¡Caracol tu abuela!- gritó y cortó la llamada. No tiro el teléfono porque recordó que era ajeno. Se sintió levemente aliviada que podría confiar en aquel extraño. 
Caminó a su lado unos segundos en silencio. Era extraño que de pronto las bulliciosas calles parecieran un cementerio. Notó que el tipo sacaba unos cigarrillos y bajo la mirada para observarla. Ella era una cabeza más baja que él. 
-¿Gustas?- consultó.
-Sí, tengo frio.- respondió. 
A los minutos ya se encontraban la cochera. Estrella aun dudosa entro al auto y segundos después ya lo habían arrancado. La noche era fría y solitaria. Ella observaba las calles por la ventana y notaba asqueada las similitudes de su ropa con damas de noche. “Estrella nunca más te vistas así”, se dijo. 
La ella de hace un par de años llevaba el cabello más largo y no usaba vestidos tan cortos. Suspiró y observo de reojo al chico de su lado. 
-¿Cuánto tiempo llevas saliendo con esa arpía?- consultó. Estaba aburrida.
-Jaja, no mucho en realidad.- respondió.- Mi madre también se llamaba Estrella. Murió hace varios años, cuando yo era pequeño.
“¿En qué momento le pregunte eso?”, reflexiono internamente. Luego recordó a su pequeño, se moriría dos veces si llegara a morir y dejar a su bebe solo. “Me he descuidado mucho”, se dijo mirando al chico con compasión. Parecía un buen tipo. 
-Tu mami es una ratita.- dijo sonriendo. Esperaba ser mandada al demonio ya que no le agradaba lo que había imaginado si su principito se quedaba solo. 
-Estrella en inglés es Star. Star al revés es Rats. Y en español es rata.- respondió.- Mi mamá también decía ser un rata, pero era algo lenta. 
“Que incómodo”, pensó. No era tan única y diferente como esperaba ser. Le daba risa sentir que reflexionaba por el temor de perder a su bebe. 
El crepúsculo aparecía y Estrella se encontraba como una atea en la iglesia escuchando historia de un huérfano que soñaba con ser escritor. Que para colmo de males no la dejaría en su casa, sino en la de Gianella. Suspiró resignada, sonriendo y asintiendo cada locura del aparente drogadicto. 
-En la novela que escribí. Yo regresó al pasado y salvo a mi mamá de morir.- comentaba alegremente.- Con eso mi vida en el futuro mejora y pues mi vida cambiara. 
-Te afecto mucho lo de tu madre…Siento terror de pensar en dejar solo a mi bebe. 
-Él también debe tener miedo de perderte.- respondió.- ten cuidado cuando salgas de noche. 
-Gracias. 
Era un buen tipo. En la puerta se encontraba Gianella. “Mejores amigas por siempre”, recordó al verla. Esa estúpida, realmente la extrañaba. Bajo del auto de la mano del amanecer. Ella estaba con su pijama de pandas con ojeras y un rostro de temor.
-¿Estas bien?
-¡Que no me ves estúpida! 
-¡Deja de insultarme, Caracol!- respondio. 
Ernesto las miró sonriente y regresó a su auto. Les alzo la mano y empezó alejarse. Estrella le alzó la mano feliz. Era un buen tipo. Se sentía gradecida. 
-Que fría eres con tu novio.
-Es un buen tipo.- dijo sonriendo.- pero no es mi novio. 
-¿Cómo?- preguntó desconcertada.
-¿No te diste cuenta? 
-¿De qué?
-Se llama Ernesto Salaverry Palma… ¡Como tu hijo!- Gianella rodó los ojos levemente enojada.- ¡Eres una estúpida Caracol! Pero eres el triple de babosa. 




-¡Que te pasa tarada!
-¡Él solo vino para evitar que te echen sal cojuda! 
Un escalofrió acompaño aquellas palabras que retumbaban en su mente y miro hacia el autor que se alejará. Gianella, la abrazo y suspiró. Era mejor que no se entere. Después de todo era lenta y babosa, su mejor amiga era Estrella, la caracol.  
  

jueves, 21 de septiembre de 2017

Conejo negro - Capítulo 2

Rosa Rodas

Rímac, Lima. 
3: 16, martes 9 de Setiembre.
Era de madrugada. No estaba cansada, ni si quiera un poco. Había leído hace mucho que las personas más inteligentes sufrían de insomnio. Se amarró el cabello en un enorme moño, el cual parecía un gran papa y usaba lentes para la lectura. Desde pequeña tenia problema con las letras chiquitas y al momento de cocer también le afectaba. 
Suspiró y tomó las impresiones. Había sido un día duro para Allison, a veces sentía que todos sabían sobre ella y sus dibujos, y otras que era una jodida paranoica. Tal vez si estaba loca y por algunas casualidades se creía bruja. “Hago máscaras, disfraces por hobby y debes en cuando hago brujería dibujando”, se dijo así misma.  
Ojeo la portada de los documentos. “Magia y hechicería en Lima del Siglo XVII. El Caso de Rosa Rodas”, leyó. 

            “Brujo/a es aquella que por sus proceder diabólico deliberado se esfuerza en conseguir las cosas”, Jean Bodin de la démonomanie des Sorciers Libro publicado en París en 1580, uno de los pensadores más notables de toda Europa, había publicado unos años antes su famoso tratado sobre La República por lo que había ganado el respeto para opinar sobre las brujas a quienes culpaba de todos las adversidades que ocurrían. 

Recordó que hace unos días había leído en Google que algunas brujas se alimentaban de carne humana para mantenerse joven y también para adquirir los poderes de quienes se comían.  Ella consideraba que era estúpido, pero si ella podía hacer mal a otros por qué no ese monstro o lo que sea que fuera no podía ser alguien como ella. 
Además durante la tarde había conversado de aquello. Sentía que debió dejar la Historia y volverse periodista o tal vez policía y ser una detective de estilo de serie norteamericana. 
-¿Desde cuándo andas tan interesada en los asesinatos?- consultó Felipe.- Creo que te regalaremos un caldero para tu cumple, loquita.
-Jaja, nos va embrujar, huevon- apoyó Alfred a la broma.- Recuerdo que mi hermano decía que su suegra era una bruja, si quieres te paso su face. 




-¡Púdranse, idiotas!- respondió ella.- Solo es curiosidad. Además, ¿No es interesante una tesis sobre magia?
-¡Una historiadora por naturaleza!- exclamó Alita.- ¿Qué se siente saber que terminaras enseñando en un colegio por un sueldo mínimo? 
-¡Váyanse a la mierda!
Luego de varias risas, ella habló. Gabina se sacó el gorro dándose aire. 
- Fue tortura y quemada, al menos eso dice la documentación.- dijo.- Pero hay rumores e incluso crepypastas sobre ello, es la leyenda urbana más famosa en internet.- Gabina sonrió al notar la atención de todos.- Diego de Valle y Hermoso, desapareció la noche de su titulación y solo quedó su dedo. 
-¿Quién es Diego de Valle?- consultaron los chicos.- ¿Solo su dedo?- Alejandra dejo de sentirse cómoda con aquella conversación, apenas hace una semana se encontró el dedo, de Juan Rincón, el tercer desaparecido en mes. 
Entonces, ella, Allison tragó saliva. 
-Son solo leyendas urbanas… seguro lo pusieron por los recientes acontecimientos. – atinó.
-No, esos crepy llevan alrededor de siete años en la red, se crearon al año que se publicó la tesis.- respondió Gabina.- Se dice que Rosa no murió y se vengó de quien la hizo pasar por ese infierno. Algunos dicen que sigue viajando por el mundo y odia a todos los hombres. 
-Slenderman, Jeft the killer y ahora Rosa la bruja o mejor dicho a the wicht….- agregó Piero.- Fumas mucho para pensar en eso Gabina. 
Entonces, la madera de su escritorio se retumbo. Viajo de a regreso a la realidad y notó a su escritorio chichar. 
Tomó su celular, el cual había vibrado y distraído esas remembranzas. “Descansa, cojuda. Te amo un montón”, era de Alita. Pensó que sería hermoso que ella fuera Sin cara, claro solo seria. Ya que, ya habían hablado por teléfono con él y era un hombre con voz de carnero degollado, cada palabra de él le había parecido un yanto agonizante. 
Suspiró, se rascó el trasero ya que la trusa de encaje le picaba y continúo su lectura. Esa noche no tenía ganas de confeccionar nada. 

                    La presente tesis está basada en el estudio del juicio a una hechicera (Rosa Rodas). Juicio llevado a cabo por el Tribunal de la inquisición de Lima entre 1650 y 1665. Este documento está ubicado en el Archivo Histórico Nacional de Madrid. La técnica que emplearemos para el estudio del caso será un aspecto de la microhistoria, es decir, haremos uso de ella como marco teórico referencial para reconstruir el imaginario colectivo de Lima de mediados del siglo XVII. 
                    Del expediente encontrado, podemos hallar un hilo conductor en la mentalidad de la época que nos llevará a vislumbrar los usos y costumbres de un sector de la población en Lima virreinal. Nuestro propósito es dar una mirada retrospectiva al mundo oculto de la hechicería en este determinado periodo de tiempo; ver la influencia de la iglesia dentro del imaginario y el poder que ésta representa frente al pueblo a través de algunos procesos judiciales; ello nos llevará a observar la vida en las Cárceles Secretas en el transcurso temporal de nuestra investigación y a plantearnos la reproducción de ciertos elementos de largo alcance. 

-En pocas palabras la iglesia era una mierda desde el comienzo.- dijo dejando los documentos a un lado.- Rosa Rodas solo fue una víctima de la época. 
Se tiró en su cama pensativa. “Si ella era una víctima de la sociedad… ¿Yo que soy?, ¿Realmente soy un monstro?”, se preguntó. Frente a ella estaba el techo azulino matizado por las sombras, de niña siempre tuvo miedo de mirar al techo  ver a las sombras moverse. 
Cuando tenía cinco años tuvo una extraña pesadilla: se encontraba durmiendo cuando su techo se rajo, seguido de caer poco a poco en pesados, ella se asustó y desde arriba vio a una mujer horrenda gritarle cosas extrañas. No lo había olvidado ya que esa horrenda mujer tenía la cara de su madre, de hecho ella pensaba que era ella. 
-¿Cómo será?- preguntó estirando las piernas, comenzaba a sentir el cansancio. 
Se visualizó a si misma caminado por un Lima colonial, observó a todos lados: carretas, carruajes, personas elegantes. Le encantaba aquel vestido extremadamente largo y el escote que parecía resaltar sus escasos senos. Soltó un par de carcajadas, luego se tapó la boca para no despertar a nadie, era tonto pensar en cosas así de femeninas y aún más pensar que sería de la nobleza. “Claro la hija de un panadero”, su pequeña fantasía clasista había animado su madrugada. 
Recordó a Gabina durante la tarde del día que terminó hace unas horas. “He visto que eres muy rencorosa dibujando, jajá”, escuchó en su mente. Debía controlar mejor sus reacciones, ella le atemorizaba, deseaba patearle la cara y terminar con esa sangrona sonrisa. Entonces, su teléfono vibró. 
-Descansa conejo. –leyó acompañado de una foto de un conejo negro de orejas caídas. Era Usagi, el conejo mascota de Sin cara. Se quedó mirándolo uso segundos y sin desearlo se le escapó una sonrisa.-Veamos cómo te va esto…
Se levantó de golpe y cogió la máscara de Frank el conejo. 
Su amistad con el rival económico inicio como unos mensajes a su número de pedidos: “¿Cuánto presupuesta una máscara de cuero con parches metálicos?”, “¿Es preferible la silicona líquida o la tradicional en barra?”, luego intercambiaron números personales y sus conversaciones se volvieron más fluidas. Sin embargo, nunca hubo un interés de conocerse mutuamente, al menos en persona no. 
Sin cara hacia honor a aquel seudónimo, ya que en su cuenta privada de Facebook no había fotos de él que no fueron probando diversas máscaras, mucho menos contactos familiares y su nombre era ‘Sin cara’. Por otro Allison, no le dejo sus cuentas privadas por desconfianza, pero a diferencia de él, ella en su tienda virtual vía Facebook publicaba fotos de ella de vez en cuando. 
Aquel misterio le atrajo a entablar una amistad con él. “Mi conejo se llama Usagi”, recordó.
Con una sonrisa en el rostro se tomó una foto usando la máscara del conejo, se bajó un el polo de pijama mostrando la línea oscura entre sus senos, deseaba fastidiarlo un poco, y se la mandó escribiendo: “Buenas noches”, escribió, a los segundos su celular sonó nuevamente.
“Sino fueras lesbiana estaría excitado.”, soltó unas carcajadas y dejó su teléfono a un lado. Entre mucho que conversaban le había comentando lo que sentía por su amiga y lo que sucedió entre ellas. 
-Si tan solo tú fueras ella.- se dijo.- Creo que te mandaría fotos más provocativas. 
Acomodó las impresiones en su escritorio, observó con desgano su habitación desordenada. Allison no tenía ganas de continuar leyendo por esa noche, sentía que necesitaba contarle a alguien lo de sus dibujos pero era una tontería. Esas cosas nunca salían bien. 
Se soltó el cabello  y se acomodó en su cama. Esa noche no trabajaría, solo le hacían falta tres mascaras del pedido de la cosplayer. 
“Necesito las máscaras de cada miembro de Anteiku, del anime Tokyo Ghoul para mi presentación en un evento.”, recordó. Originalmente pensó que sería más sencillo. Eran nueve personajes y solo le faltaban dos. 
Las noches de insomnio eran las más largas  más cuando uno debía levantarse temprano. Cerró los ojos antes de mirar su techo azulino, no le agradaba ver el techo antes de apagar las luces. 
A la mañana ya se había levantado y realizado sus quehaceres. Ese día no iría a clases, aprovecharía en terminar el pedido para el fin de semana entregarlo. Debía encontrar la mejor manera de decirle a su padre que saldría un sábado por la noche al centro, sin que este se volviera loco. Además, tenía ganas de ir a una fiesta.  Dentro de media hora dejaría de atender en la panadería y retomaría sus confecciones. 
-Encontraron hace una semana el dedo del tipo y ahora salen con que es otra persona…- escuchó a su padre renegar.- Son una mierda los medios. Seguro fue un ajuste de cuentas con algún tipo bien colocado.
-Tranquiló, pá.- Atinó a decir.- Ese cuerpo ya lo deben haber tirado al rio, pronto aparecerá. 
-¡No es eso!- gritó.- Son cuatro personas desaparecidas y no hace nada. 
-¡Vamos, se te va subir el azúcar!- dijo tratando de masajearle la espalda.- Por cierto… este fin de…
-¡Ni se te ocurra decir que vas a salir!- cortó.
-Jaja, vamos. Solo entregaré un pedido y estaré con Alita.- respondió.- ¡Vamos!- insistió, su papá nunca demoraba de dos pedidas antes de acceder a algún permiso.
-Es muy peligroso, hija…
-No te preocupes, ven a recogerme sino.- agregó.
-Déjala, es joven y quiere divertirse.- intervino doña Roció.- Si te da miedo, puedes contratar un taxi que la traiga. Mi compadre taxeada de amanecida los fines de semanas, él te puede hacer la carrera.
-Es que es peligroso…
-No te preocupes, pá.- respondió, no le desagradaba la idea de que fuera alguna posible nueva mamá, la suya era una mierda.- Yo lo llamaré hoy, para que confirme. 

Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima. 
17: 35, jueves 11 de Setiembre.
Había terminado su pedido hace unas horas y había llegado a clases, tarde para variar, y la dejaron pasar. Decidió invertir su tiempo en algo productor y saco sus impresiones. 

                Dentro de la sociedad limeña del siglo XVII, los comportamientos, expectativas y funciones de las mujeres en la sociedad colonial, estaban normados por las leyes de la corona que se encargaban del control social. De esta manera, quienes transgredían el orden, recibían todo el peso de la justicia. Los maestros del humanismo permitían a las mujeres saber, pero privadamente, confinadas a las paredes de su hogar. Para ser ejemplar y digna, la doncella no debía ir a convites, toros, justas o torneos, ni tampoco danzar.

-Que mierda vivir en aquella época- se dijo. El viento corría agradable, el ambiente extrañamente no olía marihuana, y aquella coca cola que bebía era extremadamente deliciosa. 
Se acomodó el cabello y continúo. 

                 Tanto en España como en América, la imagen de la bruja corresponde a un estereotipo, que por lo general está dado por la clase dominante, en ella se combinan el sexo, el daño y el poder. Se pensaba que las mujeres debían permanecer lejos del poder, es decir, privarla de su autonomía con respecto a los hombres; concepción sustentada en su naturaleza débil, pues eran consideradas moral, intelectual y físicamente inferiores a los hombres; sujetas a pasiones e incontrolables apetitos e identificadas con el mal. 

-Yo hubiera convertido sus penes en sapos.- dijo.
-¡Sabia que eras rencorosa!- escuchó.  




Se sacó los lentes y se cruzó de brazos molesta. Le irritaba un poco la voz de Gabina y mucho más si era cuando la sorprendía. 
-¡Es de mala educación interrumpir a otros mientras leen!- dijo.- A veces quisiera golpearte. 
-¡Ya, tranquila!- junto las palmas de la mano, como si fuera a orar, y se disculpó.- ¿Cómo vas, ya llegaste al aquelarre?
-No, he estado ocupada. 
-¡Rayones!- se hizo para atrás.- Quería escuchar que opinabas sobre eso. He notado que te gusta mucho el tema.
-¿Qué insinúas?- preguntó. Allison frunció el ceño, realmente tenía ganas de golpearla o peor aún, dibujarla. 
-No tienes que exaltarte, solo quería consultarte algunas cosas.- se defendió.- veras, quiero hacer mi tesina sobre Rosa Rodas; sin embargo, no tengo un enfoque preciso. 
Eso explicaba por qué sabía tanto del tema, o que era buena pasando desapercibida. 
-¿Entonces?
-Quería que me ayudaras. Si lo sé, soy una horrible persona.- dijo.- Pero, dame una mano y también te ayudaré eventualmente. Entre brujas nos ayudamos, jaja.
-¿Qué querías que te digas?- suspiró. Resultaba ser más una drogadicta bruta a tal vez una suspicaz cazadora de brujas. - Explícame lo del aquelarre.
- El aquelarre es la forma genérica de denominar a la agrupación o reunión de brujas y brujos para la realización de rituales y hechizos, en escritos cristianos como actos de invocación y adoración a Lucifer.- respondió colocándose las manos en la cabeza en forma de cachos. 
-¿El sabbat?- Allison recordaba haberlo leído antes. El diablo solía manifestarse en forma de carnero, también eran rituales en las que jóvenes vírgenes se convertían en brujas, siendo fornicadas por el animal. 
-¡Exacto!- respondió.- Como la religión judía santifica el sabbat como día de descanso obligatorio, algunos gobernantes cristianos de la Edad Media buscaron relacionar el descanso prescrito por la religión judía con la actividad satánica y brujeril. Es decir si no descansabas eras bruja. 
-¿Y qué tiene que ver con tu proyecto?- consultó. 
-Según alguna odas sobre Diego de Valle y Hermoso, Rosa tuvo un aquelarre en el cual maldijo a Lima, a Diego y todo hombre que se metiera en el camino de una wicca. – explicó la chica del gorro entre sonrisas. 
-¿Wicca?
-A eso quería llegar, conejita.- respondió.- Mi proyecto va sobre la comunidad wicca peruana, tomando el caso de Rosa Rodas. Una wicca inculpada de bruja y convertida en una por la sed de venganza. 
-¿Cómo encontraras textos sobre eso?- Consultó.- Wicca sino mal recuerdo son las brujas medicinales, entre comillas. Ya que, en realidad era medicas naturales. 
-¡Por eso te di la tesis!- respondió.- Somos brujitas que desean investigar sobre eso. 
Ella era una estúpida, pero Allison se sentía más estúpida de pensar que ella sabía sobre aquel extraño poder que tenía al dibujar. 

domingo, 3 de septiembre de 2017

Saana - Epilogo

 Ahora es tu nombre

Apenas paso una década y se sentía agobiada. Ella observaba el mar con un sonrisa en los labios, desde pequeña amaba la naturaleza y era lo único que pudo rescatar de su maldición. “Ya solo faltan 90”, se dijo. Carol se habia convertido en una nostálgica fatalidad. Se sentía mal cada que una nueva vida la acompaña, para su mala suerte experimentaba eso al menos tres veces al dia.  
Era verano y sus amigos se encontraban divididos por el mundo, experimentando lo bello de vivir. Sentia algo de envidia, pero con el tiempo aquellos sentimientos desaparecían y se llanaban de ternura. Algo que habia olvidado decirle Micaela era como combatir aquel odio por su empleo. Al final lo averiguo por cuenta propia, necesitaba amor.
Karen habia estudiado Educación inicial y era la actual subdirectora de su antigua escuela. Se iba casar el próximo año con su novio, un profesor universitario de Literatura.  Jean era ese profesor. Él terminó con Crystel, luego de tres años de relación, y continúo con sus estudios. Publicó tres poemarios y ahora era un decente universitario. Se conocio nuevamente con la profesora de inicial en la presentación de us tercer libro: “Arde mi amor”
Cesar se casó nuevamente y trabaja en una gran empresa de confitería. José a su tercera carrera por fin se convirtió en un cineasta independiente, felizmente su novia fue exitosa con su novela “La chica muerta” y actualmente trabajan juntos. Crystel era abogada, seguía soltera y era feliz. 
Yue se habia reencontrado en varias ocaciones con Sebastian, incluso este ultimo le habia prestado un libro de sus preferidos, Sword art online, él insistia que ella debía volver a creer en el amor.  
-Si que te hizo caso, Sebas- dijo Carol al verla entrar a un hotel de la mano con quien menos esperaba. 
En la actualidad,  ella habia regresado a China por negociosos. Su tia la apoyo en estudios, además de sus trabajos como maestra de Taulo y cocinera en su chifa la convireron en una administradora profesional.  Luego de amistarse con su madre, ella realmente era muy feliz.
-Quien diría que ese par seria pareja- se dijo al verlos. Los dos desnudos en una cama.- Ese tipo desagradable tiene suerte. 
Diego habia ingresado al Conservatorio de música y le habia ido demasiado bien.  Se amistó con su hermana y toco cumbia selvática en su boda, se habia hecho de una banda con sus compañeros de estudio. Le iba tan bien que viajo a China a conocer, con ganas de comer gato no espero comer un pedazo de luna. 
Diego y Yue se gustaron y comenzaron a salir. A Carol le daba nauseas verlos desnudos en un hotel. Aunque admitia que eso de ser omnipresente le era bastante genial. Entonces, aquel teléfono sonó. 
-¿Qué paso?- contestó el funesto aparato. Diego lucia agobiado, la estaban pasando bien. –No jodas… ¿Embazaste a Saana?
 -¿Saana?- se preguntó Carol. – Ese par…
De regreso a su querido Perú, los buscó con la mirada. Debes en cuando ella hablaba con ellos, como con los demás. Se le permitia interactuar entre los vivos, pero no vivir con ellos. Los demonios que habitaban la tierra eran agradables pero arrogantes, a veces tenia que amenazarlos y los angeles eran literalmente idiotas. 
Preferia mil veces tratar con ellos, aunque la olvidaran eventualmente. 
Saana era profesora y Sebastian, medicó. Aun eran novios, sin planes de casarse. Hasta que Saana salio embazarada. 
-Me parece haberte visto antes- escuchó Saana, ella comenzó acercarse. Vestia un kimono lila, era el festival Matsuri.- ¿Tú? ¡Rayos!
-No lo creo –Respondió sonriente.
-Es raro hoy en sentido eso mucho. –Agregó Sebastián. El vestia normal, no habia cambiado mucho. Ahora era un hombre de 27 años.- ¿Carol? ¿Cómo has estado?
-Hacen una linda pareja-Comento marchándome.- ¡Felicidades!




-¡Carol!- Gritó Saana antes que ella se desvaneciera y se llevara aquellos recuerdos con ella.- Se llamará Akemi…
-Seré su madrina simbolica. 
-Hasta luego, amiga-Les escucho decir mientras retomanaba su camino de la mano como si nada pasara. Ella los ve besarse. 
“No puedo evitar imaginar a un chico desinteresado por el resto que camina por una pista observando a una linda chica que parece muerta en vida, siendo apunto de ser atropella”, se dijo. “Es una tonta historia, pero es nuestra historia. Si vuelven hablar de mí en esta que sea en lo que me convertiste. En dios.”, una sonrisa se dibujó en su rostro.
-Hasta que nos volvamos a ver, amigos míos…