jueves, 29 de junio de 2017

Saana - Capítulo final.

Mucho gusto, soy Carol 

Sus ojos estaban completamente vidriosos, sus mejillas eran dos tomates mojados por lágrimas. Él la tena del cuello, pero su mano se atrevía a continuar estrangulándola. Ella comenzó a sonreír, había deseado mucho aquellas palabras. Por instante recordó cada momento a su lado. “Eres el amor de mi vida”, “Mi Carito mía de mí”, suspiró.  
-Se acabó el tiempo- escucharon. 
-Lo siento, se terminó – respondió Sebastián.- Al final no pude ayudarte a salvarte.  
-¿Gané?-dijo Carol aun incrédula de lo que ocurrió, en el instante que Sebastián iba a terminar con ella.- Demonios, no pensé que acabaría así. 
-Realmente lo siento mucho…
-Felicidades Srita. Carol usted ha salido triunfante del juego de la muerte- Declaró Demetri.- Es la ángel de la muerte. 
-¿Qué tiene de lindo?- respondió el payaso sin ninguna pisca de gracia.- ¡Como la puedes felicitar!
-Jaja, me alegra saber que no te burlas de todo, Sebas- respondió ella recomponiéndose.- ¿Planeabas sacrificarte tú? No es propio del nuevo tú, lo puedo esperar de mi Sebas, pero de ti no. 
-¡Mierda!-Gritó Sebastián aun incrédulo, sentía que le acaban de robar su victoria – ¡Es que perdí ante ti!-dijo tratando de calmarse- Felicidades.
-Gracias-respondió Carol observándolo tranquilo nuevamente.- Mucho gusto, soy Carol Arana, la muerte. Creo que podríamos ser amigos. 
Sebastián suspiró. 
-Mucho gusto, Sebastián Gonzales.- respondió, ambos se dieron la mano. Él se acercó a Diego, quien aún estaba en el pasto descasando. Su cuerpo estaba completamente adolorido. -Hey ¿sigues vivo?- Preguntó Sebastián pateando su cuerpo. 
-Dime que ganaste-dijo Diego levantándose con dificultad, Sebastián respondió negando con la cabeza –Eres un inútil, siempre pierdes contra esa mujer… 
-Bueno, tú también perdiste contra mí, una emo que se corta.-dijo Carol. Ella sentía una extraña sensación de paz en ella. El cielo era hermoso y ella se sentía parte de él.  Tan pura que no sentía rencor por nadie. -¿Por qué lo ayudas?- preguntó.
-Si supongo, pero me cae muy bien  –dijo Sebastián mientras lo ayudaba a ponerse de pie –Nadie ha muerto en realidad, así que sería estúpido estar molesto- agregó.
Comenzaron abrirse camino entre la oscuridad hacia donde se encontraba el resto. Durante la ruta, Demetri explicaba que los talentos eran uno con Carol. Ella era dios en la tierra, y su dura misión apenas comenzaba.  “El efecto de calidez nunca se había manifestado tan rápido”, se dijo Demetri recordando el como el odio de su corazón hacia sus contrincantes desapareció luego que Micaela ganará. 
A los minutos, ya habían llegado con todos. La luna los iluminaba a todos y se miraron con cierta incomodidad, sobretodo Diego. 
–Tranquila hay vienen – dijo Micaela tocándole levemente el hombro, señalo a Demetri junto a Carol. –Pueden empezar con sus dudas –dijo una vez que llegaron todos.
-¿Por qué todos siguen vivos?- Preguntó Diego recostado en una esquina.- Es un poco raro para mi… pues soy el culpable de mucho. 
-Este juego, no es un castigo –respondió Gabi –Dios no castiga, él enseña.
-¿Enseñar?-Cuestionó Diego con gesto gracioso- ¡Que gran explicación!  
-No te preocupes, yo me encargaré que tu si mueras.- respondió Carol sacándole la lengua.- jaja. 
-Basta Carol –Dijo Sebastián, comenzaba a sentir miedo de tenerla cerca.- ¿Qué pasara ahora con nosotros?
-Sebastián…..-Dijo Demetri sonriendo.- Cuando te conocí, no era más un miserable que odia todo lo que era inferior a ti por un desamor. Ahora eres distinto a antes. Se resume en que el corazón de todos se purificó. 
-Ser una muerta en vida es duro, pero lo superaste con ayuda de ese ser especial, sabes a lo que me refiero. –comentó Micaela mirando a Saana.- Todos son mejores personas que ayer, excepto Carol. Ella no solo es una mejor persona, es una deidad. 
-Entonces…- dijo Carol.- Espero me recen a diario, chicos. 
Ocultar su dolor le era imposible. Más que una victoria era una gran derrota, esa noche la sentenciaba a perder todo. 
-Tienes hasta el nuevo año para disfrutar tus días en este mundo, luego tu existencia será borrada de todos tus seres queridos y personas que conocías –Indicó Micaela. –Durante 100 años recolectaras las almas de los muertos y administraras la estancia de otras entidades en la tierra.  
-Una vez terminada la sentencia los talentos te abandonaran y durante un año no existirá la muerte, en lo que se escoge a una nueva.–Agregó Demetri –Que se repartirán buscando a las personas más miserables de aquella época.
-Qué triste…- dijo Diego.- Realmente es horrible. 
-Los participantes  que algunas fueron miserables rencarnaran- Dijo Demetri- Para ser deidades y guiar a los nuevos miserables hacia su salvación.
 -Una vez cumplido esto. Sus almas serán libres de ir al cielo.-Agregó Margiory- o donde se sientan más cómodos.  
-Que consuelo…- sonrió.- al menos los volveré a ver… no lo se. Deberiamos ir al cine en un grupo. 
-Eres oscura y aterradora como un demonio- Dijo Diego acercándose a ella. Una vez cara a cara le sonrió.-  Lo harás bien…
Entonces el objeto de valor de Diego se desvaneció.  Ambos se dieron la mano. Un rosario de madera apareció en la mano de Diego luego del apretón. 
-Gracias. Mi nombre es Carol.
-Ágil y sabia como la luna –Dijo Yue asiendo el mismo acto que Diego, le dio la mano a la muerte. – Trata de muera sin mucho dolor, ¿Si? –Agregó colocando el collar que significaba tanto para ella.- Lo harás bien, soy Yue. 
-Eras la más fuerte… gracias, voy Carol.- Un rosario de madera acompaño a Yue luego de alejarse. 
-Demente y excéntrica como una payasa diabólica –Dijo Sebastián sacando el collar – Trata de mentir cuando vayas a llevarte a alguien, mi vieja amiga.-Agregó acomodándole sus vendas rojas.- Siempre serás muy importante en lo que será de mi vida, incluso si desaparecer. Siempre serás una parte importante de mí. 
-No deberías decir eso frente a tu novia. Jaja, siempre eres tan desconsiderado. – Respondió riendo.- Sabes no creo que fue mentira la primera vez.
-¿Por eso ya no quisiste usar el nombre “Akemi”?- consultó apenado.- Lo lamento.
-Jaja, no te preocupes.- sonrió.- Ahora el nombre es tuyo. Haz que nuestra pequeña Akemi sea feliz. 
-Felizmente Saana olvidara esto. Le pondré Akemi, como nuestra pequeña. 
El silencio de la noche los acompañaba. De pronto todos desaparecieron y estaban ellos dos. Solos en un momento que no deseaban compartir. Por fin eran libres uno del otro. No había rencor ni uno ni en el otro. 
-Fuerte y sagas como un zorro –Dijo Crystel sacándose el collar – Exprimita, no puedo creer que fueras tú. –Agregó.
-Jaja, mi Crys. Gracias. 
Cada talento se fundía con Carol, como cada objeto lleno del cariño de cada miserable se perdía y un rosario de manera lo acompañaba. Solo quedaba un lazo entre los 10, un lazo espiritual, un verde que representaba el compañerismo y su amistad. 
-Poderoso y frágil como un cristal –Dijo Jean mostrando el libro. –Prométeme que no dejaras que nadie se suicide. Al menos no incinerada  –Agregó colocándole viendo como desaparecía el último recuerdo de ella.- Soy Jean, quiero morir como un héroe para tu Crys.
-Jaja, yo me encargaré de eso exprimito.- sonrió con tristeza.- Soy Carol. 
-Sumisa y peligrosa como una gata –Dijo Karen sonriendo observo su encendedor. – Mi novio es un idiota, pero él tuyo lo era más. Siempre te envidie por nada, Arana. –Agregó.- ¿Cómo fuiste capaz de estar con el idiota de mi primo?
-¿Jesús? ¿Eres prima de él? – Consultó sorprendida.- Bueno con el tiempo mejoran los gustos. Deja a Maldad, no te conviene. 
-Lo sé. Gracias por todo, Arana. 
-Inteligente y veloz como un tigre –dijo José. – Pues, no tengo nada que decir. Qué bueno que por fin se superaron. ¡Ese idiota estaba demasiado dolido! –Agregó.
-Jaja, siempre quise que dejará de ser tu amigo. – Respondió.- Soy Carol, espero ahora seas tan buen amigo mío como de él.
-Jaja. Bueno a él lo quiero más. 
-Linda y hábil como una diosa –Dijo Cesar. – Bueno, quiero que mi hija muera feliz. Haz lo que quieras conmigo.
-me recuerdas a mi papá- respondió.- ¡Rayos! Eres el único que me está provocando llorar. 
-Él debe estar orgulloso de ti.- dijo.- Eres una buena personal, soy Cesar.
-Gracias, yo soy Carol. 
-Frágil y hermosa como una rosa, siento mucha envidia de tu belleza.-Dijo Saana tocando su rosario, aquel que ella tenía. – Cuídalo mucho. Yo también cuidaré de él.  
-Lamento lo de la llamada… Creo que pudimos ser amigas. Bueno hermanitas por ese tipo.
-Jaja. Un gusto antecesora. Soy Saana Gutiérrez.
-Gracias, el gusto es mio Saana. Soy Carol Arana, la ex de tu novio.
-Todo esta consumado…….-Dijeron a un solo sonido los jueces.
-Somos libres.-dijo Crystel abrazando a su novio
-Todos olvidaran los sucesos del juego. Mañana cuando despierten esto nunca habrá pasado, solo Carol recordaras todo –Indicó Micaela, quien fue el anterior ángel.
-¿Qué pasara con ustedes?-Preguntó Saana.
-Somos libres de seguir con nuestra vida,-Respondió Víctor.- Por fin. 
Demetri y Micaela se abrazaban. Sebastián notó que ellos tenían algo. Eran como él y Saana. Sonrió estúpidamente para su gusto, todo había terminado. Vio a Carol y luego Saana. 
-¡Valeria!-Grito José al ver como se desmayab. Luego cayó Meylin. -¿Qué pasa?-Preguntó.
-Los que han estado involucrados ya empezaron a olvidar. Ustedes serán los siguientes…-Dijo Demetri.- Disculpen todo. Es justo y necesario. Lo siento por todos, realmente lo siento. 
-Hey Sebastián, la próxima vez si te partiré la cara –Dijo Diego sentando.- Fue divertido ser rivales.  
-No seré tan flexible la próxima vez –Respondió Sebastián, observando a Saana acercarse a él.- Me apena olvidar todo. 
-No recordaremos nada ¿No?- Dijo Yue acercando a Sebastián.- ¡Tu mocoso!- Lo tomó del cuello.- ¡Haz sido un dolor de culo!
-No podemos dejar los resentimientos atrás…-Dijo Sebastián asustado.- ¡Vamos Yue!
-¡Jodeté!- gritó pateándole la entrepierna.- ¡Eso es por tus bromas de mal gusto! ¡Por tu desinterés! ¡Por todas tus irresponsabilidades y dolores de cabeza que me ha provocado! 
-¿Estas bien?-Dijo Saana acercándose a él, junto a Yue que se arrodillaba a verlo. -¡No era necesario que lo golpees también fuerte!
-No te preocupes, aquí tu medicina. -Agrego sonriendo y lo besó delante de Saana.- Eso es por toda tu ayuda payacito. Eres un gran amigo. 
-¡Como te atreves! –Dijo Saana molesta. Carol empezó a reir. – ¡No toques a mi novio! –gritó exaltada.
-Tranquila niña, no te quiero hacer daño –Respondió Yue.
-¿Niña?- dijo Saana –Tenemos la misma edad.
-Jaja, gracias pero tengo 21 pequeña niñita –Respondió Yue en son de superioridad.
Aquella noche soñaron. Soñaron con una gran aventura a un mundo distinto al que conocieran, con una belleza tan absoluta que tenía que ser un sueño. Donde una chica mediomuerta se enamoró de un payaso, que no podía olvidar a una ángel que lo dejó herido. Donde un rebelde amigo del payaso estaba enamorado de una chica buena, pero era seducido por la gemela de la luna.  Y la otra gemela herida por su familia no sonreía hasta que conoció al payaso. Una linda gatita que le gustaba aquel payaso, quien tenía una prima cantante y su novio era un poeta con miedo al fuego. Donde también conocieron a un padre, que buscaba lo mejor para ellos. Y un demonio acompañado de un ángel volvieron a sonreír. 
 -¡Sebastián! , levántate vas a llegar tarde –escuchó una voz femenina muy familiar el joven entre sueños.
-¿Qué haces aquí?-Preguntó Sebastián acurrucándose entre las frazadas.
-¡Levántate!- Dijo nuevamente la chica –Soy tu novia y mientras lo sea no llegaras tarde de nuevo.
-Es la clausura, no molestes –Respondió tapándose con las sabanas –Si ese es el caso, terminamos – Dijo cerrando nuevamente los ojos, sintió como la chica se alejaba.
-¡Eres un idiota!-Grito lanzándose sobre él – ¡Eres muy cruel!-gritó nuevamente lazando al frazada al suelo.
-Jaja, era broma –Respondió Sebastián jalando a Saana a la cama con él-Ven acompáñame a dormir –Dijo abrazándola.
-Tenemos que ir a la clausura de la escuela –Dijo Saana levantándose –Además, Adrián me encargó que no quemaras tu libreta. –agregó con una sonrisa malévola.
-Está bien –Respondió Sebastián levantándose. “Es raro tener novia”, se dijo mirándola.- te amo. 
Una vez listo fueron a la clausura del año escolar en su escuela. Sebastián se colocó un jean negro y una chompa roja, mientras que Saana estaba con un polo azul y un pantalón blanco. Llegaron tarde a la ceremonia, como era de esperase. Había un gran escenario y el directo se encontraba sobre él hablando. 
-A sido un gran año para todos, muchos logros, amistades, triunfos –Decía el director, mientras todos escuchaban atentamente. “Gordinflón”, susurró Sebastián observándolo – A nuestros chicos de 5°, nuestras queridas las dos promociones. Muchos éxitos. –Continuo –Ya sin nada más que decir, doy por clausurado el año escolar. Feliz navidad y próspero año nuevo.
Luego de una oleada de aplausos para el director. Por fin había terminado el año escolar. Tal vez el año más tedioso de todos. Sebastián y Saana fueron a buscar a sus amigos. El profesor Richard los observo y sonrió. “Todo va bien con ellos, que gusto”, se dijo. 
-Disculpa, Gonzales nos podemos tomar una foto –Pidió una chica deteniendo a Sebastián, este asintió mientras que Saana algo fastidiaba buscaba sus amigos dentro de la escuela. Notó que Diego con su guitarra, también estaba tomándose fotos al igual que José y casi todos los chicos.
-Esas niñas de primero son…-dijo interrumpida
-Lo sé –Dijo Valeria tocándole el hombro a Saana- Todas las niñas de primero, están aprovechando para tomarse fotos con los chicos más guapos de quinto. Lo raro es que se toman fotos con ellos –Agregó sonriendo. 
-Al menos no está con su guitarra tocándole a un grupo de niñas –agregó Cecilia fastidiada.- Ese idiota…
En las aulas los profesores también aprovechaban en dar algunos últimos consejos a sus queridos alumnos que pronto los dejaban. La transición de niño a hombre se daba para ellos, al menos esos sentían los maestros. Sebastián entró buscando a Karen en el colegio. 
-Dios dame fuerzas, lo hare le pediré una foto- Se dijo así misma Karen en su casillero- Pero necesito motivación –Agregó sacando algo blanco de su casillero –Solo un poco…
-Decomisado –dijo Sebastián quitándole un pequeño blanco con el polvo.- ¡Rayos pensé que solo fumabas! 
-¿Quién te has creído idiota?-Gritó Karen molesta.
-Lo siento Kabi, pero no te lo devolveré –dijo dándose media vuelta.- Considéralo un regalo para mí. 
-¿Kabi? pero. Yo pensé que tu…-Dijo Karen incrédula-Lo sabias…
-Era divertido pelear contigo.- Respondió Sebastián – Ya que hablamos de esto. Tu novio me cae mal. 
-si…-Dijo Karen aun incrédula, no reacciono hasta ver que se iba. –Oye sebas…. ¿Nos podemos tomar una foto?
-Tú también…, jajá claro –Respondió.
El día ya llegaba a su fin, la clausura de un año lleno de tantas sorpresas estaba por terminar, se acercaba la navidad y el nuevo año. El sol se ocultaba por ya casi por completo y Saana regresaba a casa con su novio. Habían pasado la tarde en casa de José con los otros chicos de quinto. Sebastián y amigos habían repetido el baile del aniversario y bebieron un poco, como despedía. 
-Oye te has tomado fotos todo el día –Reprocho Sana con un puchero.- Encima haz tomado y no me gusta besarte con ese sabor. 
-Jaja, no fue mi culpa- Respondió.
-Bueno yo tengo 23 cartas de amor –Dijo orgullosa.-Chicos de primero y segundo, no eres el único que tenía admiradoras. Lo raro es que yo soy de 4° y tengo más cartas que las otras. Es lindo el otro año tendré mi club de fans –Explicó Saana.  
-Creo que te recogeré, el próximo año –Dijo Sebastián continuando con el camino-Por cierto el 24 saldremos con todos. Creo que iremos a Arenales. 
-Ojala no sea una trampa –Dijo Saana deteniéndolo – Siento como hubiéramos pasado por mucho antes de esto. No sé cómo explicarlo, pero siento que tenemos un lazo aún más fuerte. Y yo también quiero una foto contigo.




Sebastián solamente la beso, él sentía lo mismo no sabía cómo explicarlo, pero algo sucedido ese año que los había cambiado para siempre.
-¡No me voy a poner eso!-Dijo Sebastián, habían pasado tres días de la clausura, en plena víspera de navidad. 
-Oye está lindo, por favor hazlo por mí –Dijo Saana con un gorro navideño. Sebastián frunció el ceño asintiendo.
Habían quedado en encontrarse allá, cada uno iría por su cuenta ya que la puntualidad no era virtud de muchos. Saana y Sebastián llegaron rápidamente viendo a José, Valeria, Diego y Cecilia esperar en la entrada.




-¡Jajá!- Las carcajadas de Diego y José se escucharon casi en toda la ciudad. -¿Qué te paso?-Preguntó José conteniendo ola risa, Sebastián llevaba un polo blanco navideño y un gorro azul con un como en el medio, parecía un afeminado coreano. –Amigo mío has perdido toda la dignidad –Agregó. 
-JAJA, ahora también eres coreanito –Gritó Diego riendo.
-Tu puta madre –Respondió Sebastián alzándole el dedo medio. “Que tanta dignidad puedo perder este día”, pensaba observando a la nada. “Pero, ¿quien es ella’”, se preguntaba al ver una chica de cabellera blanca y larga junto a una chica idéntica pero con el cabello más corto y una señora entrar a otra de las tiendas. 
-Te arrancare los ojos…-Escucho la voz de Saana detrás de él. Tragó saliva y con temor volteo a ver a su novia molesta.
-¿Cuándo se volvió tan pisado?-Preguntó José riéndose, al ver las disculpas que pedía.
Pasaron casi todo el día en dicho lugar, luego de regresar a casa de un día bastante agradable por más que fue el centro de atención con su llamativa ropa.
La media noche llegaría pronto, apenas media hora quedaba de víspera. Sebastián y su hermano terminaban de preparar las cosas para la cena. Sus padres, atendían al pavo en horno. 
-Oye llego esto para ti…-Dijo Adrián entregándole un sobre. 
-Para Sebastián Gonzales y novia, tenemos el agrado de invitarlos a nuestra boda-Leyó Sebastián antes de abrirla. – Quien diría que se casaria…
 A 20 minutos, en su cuarto echado sobre su cama leyendo poesía comenzó a sonar su celular. No le agrada la navidad, pero a ella sí. “¿Cómo te ira?”, se preguntó Jean observando su techo. Entonces, contestó. 
-Alo, Crys.  
-Alo, amor, ¿cómo estás?-Contestó Crystel. Ella se había terminado de bañar para cenar en familia. 
-Bien, feliz navidad adelantada –Dijo riendo –Mis papás me prestaran su cada de playa, ¿quiere venir conmigo?-consultó Jean.
-Claro, me encantaría –Respondió Crystel sonriendo.“No sé qué paso pero me siento  tan feliz, este año me dejado muchas nubes mentales pero estoy feliz de ello siento que fin soy feliz realmente”, se dijo tocándose el pecho.-Te amo, ¿sabes?
A escasos quince minutos, el enrollado de cerdo ya estaba listo. Ambos estaban cambiados y listos para brindar y cenar. 
-Papá, te llamo Nicol. Dice que la otra semana llega al país –Dijo una hija picara.
-¿Nicol?-Preguntó confundido.- ¿Quién es?
-Tu novia de la universidad, me dijo que no tenía donde quedarse y bueno yo….
-Jajá, está bien no hay problema –Dijo notando las intenciones de su hija. – ¿Cómo consiguió tu numero?
-La agregué a Facebook ayer. 
Pasaron un par de minutos y el Grinch no se quería bañar. Estaba cansando y tampoco le gustaba la navidad. Suspiró con su guitarra en mano y con ganas de tocar. 
-¡Diego ya báñate! –Gritó una señora que sabía muy bien que su hijo no quería terminar el colegio aun.- ¡Apura o te sacó la mierda!
-Ya mamá –Respondió Diego fastidiado dejo su guitarra en una esquina, su celular vibró –Cecilia…-Dijo abriendo el mensaje. “Feliz navidad bonito….”, leyó sonriendo.- ¡Quiero mi shampoo de bebe o no me baño, má!
Mientras Diego peleaba por su shampoo, Karen conversaba con sus padres. Ya sentados en la mesa con champán en mano y la cena listara para ser servida. 
-Karen, este año que vas a 5°. Quiero hacerte un regalo especial.-Dijo su padre - La casa de playa será tuya este verano. Confió plenamente en ti. Sé que no me decepcionaras. Cuando empiecen las clases quiero verte estudiando. 
-No lo hare papá –Respondió Karen aun incrédula. “Gracias”, se dijo conteniendo un poco su emoción. 
Por otro lado en una casa cerca aquella escuela. Unas peliblancas conversaban mientras preparaban su cena. 
-Tía Ohhany, ya está listo el pavo –Dijo Meilyn colocándose los guantes.- Yue, ayúdame. 
-Ten cuidado –dijo  Yue poniendo la mesa. “Hace una semana llego la tía Ohhany de Hong Kong y no has puesto pata arriba. Me alegra saber que a pesar de todo aún tenemos familia”, se dijo recordando el problema de con su padrastro y su hermana menor. 
-¡Hermana!-Gritó Meilyn pidiéndole ayuda.
-Chicas hoy la luna tiene una hermosa sonrisa –Dijo la señora.- Yue, quiero que mañana busques donde estudiar con tu hermana. Yo me encargaré del chifa.
 -Gracias tía. 
A solo cinco minutos de la media noche Carol había terminado de vestir a sus hermanas y ella misma. Suspiró y las abrazo fuertemente. Sentía que el tiempo había pasado demasiado rápido. 
-Hija por favor saca el champan la falta poco. –dijo su madre.
-Si, mamá –respondió Carol haciendo lo pedido por su madre.-Luhana, Gianella ya vengan para cenar –Dijo observando el árbol de navidad. 
-Apura hija…-dijo su padre llamándola.
“Lo siento y te perdono”, recordó sonriendo nuevamente. Iba ser duro pero no le quedaba de otra, cuando todo terminará tendría su recompensa. “Me esforzare mucho en este deber que obtuve. Ustedes serán mi recompensa”, se dijo entrando al comedor de su casa-Feliz navidad.
-Feliz navidad –Dijo Sebastián abrasando a su padres y hermano.
-Feliz navidad- respondieron, mientras que Adrián iba a la cocina por la cena y su padre lo ayudaba.
-Quiero volver a entrenar…- pidió.- Necesito regresar al wushu. 
-Está bien. Siempre quise que lo retomaras- respondió su madre sonriendo. -¿No la vas a llamar? 
-Lo planea hacer más tarde –respondió hasta sentir el sonar de su celular. 
-Contesta que esperas-Dijo su mamá yendo a la cocina a ayudar con la cena. 
-Hola amor, feliz navidad –se escuchó Saana a través del teléfono. 
-Feliz navidad, ¿Qué tal vas por allá?-Preguntó.
-Mi madre me obligo a ponerme el  kimono y no me gusta –Respondió con una voz de tragedia.
-Jaja, ya ves que se siente –Respondió por como lo obligo a vestirse hace unas horas –Me gustas mucho oír tu voz…
-Jaja, tonto ai shiteru…
Se escuchó a alguien tocar la puerta en casa de José. Él mismo fue abrirla  tranquilo, su hermana había salido y sus padres estaban en una reunión, todos salieron apenas terminó la cena navideña y claro él también tenía planes.
-Hola –Dijo Valeria entrando-Feliz navidad…
-Hola, feliz navidad –respondió.
-Mis padres me dieron permiso hasta las tres. ¿Y tú?-Preguntó sentándose en el sofá.
-Los míos están en una reunión y Margiory en una fiesta, ¿vamos con ella? –Propuso sentándose a su lado, aun que le dolía saber que era su primer y ultima navidad juntos ya que Valeria tenía la beca ganada en ella escuela y en 15 de enero viajaría a Estados Unidos.
-No, no quiero ir con ella –Respondió Valeria-Esta noche es nuestra…- susurró al oído de José.
-Te extrañare mucho-Dijo apenado, ella se sentó sobre él alzándole la mirada.
-Te amo…..-Dijo suavemente besándolo.
La noche de navidad, una noche de paz y amor. Una época donde solo existe el perdón y el amor. Seas un anciano, un adolecente, un joven o adulto, en navidad todos somos niños nuevamente, por más que las creencias sean destinas, solo en esta época todos se unen como uno. Esa noche 10 personas cambiaron su vida y una de ellas se convirtió en dios. 
-Feliz navidad, mis amigos –Dijo Sebastián observando el cielo oscuro, con mucho humo por los juegos artificiales y una hermosa luna llena rebosante.
-Feliz navidad- escuchó. 


jueves, 15 de junio de 2017

Demonios internos - epilogo

Mi día especial 

Estaba agotada. Nos encontrábamos trabajando en un restorán trabajando, una de las estupideces de Vladimir.  Me sentía contenta con vida. Hoy era un día especial para mí.  
-Te extrañaremos mucho por aquí- escuché a Enrique, quien lavaba los servicios. Yo era camarera. – Me da gusto todo haya salido bien para ti payasita. 




-Jaja, seguiremos siendo amigos.- respondí. 
Habían pasado seis meses desde que Antonia se convirtió en hermana de Vladimir. Las cosas habían cambiado; llegaron dos chicos a nuestro club, me declaré a Vladimir y fui rechazada,  yo solo era una amiga para él. Me dolió y lloré dos semanas, luego entendí que la única persona que le importaba era Lizbeth.  Aposté con Linda que ella sería su novia, cuando fuera mayor.
-¡Akemi necesito que entregues esto a la mesa cuatro!- gritó Linda, me tenía que apresurar. 
-¡Enseguida voy!
Empecé a salir con Diego, luego de tres meses de llorar por él, nos convertimos en novios. Rara vez veía a Carol, a menudo en mi casa. Con el tiempo empecé a tenerle cierto afecto, ella era una buena persona víctima de su cruel destino. Odiaba que bromeara con ser mi madre. Ella me había visto el nombre, era como una suerte de madrina mía.  
Linda y Enrique son pareja, llevan dos semanas saliendo. Supongo que pronto les llegará el día especial también. Jane regresó a Francia, Kotomi siguió con su camino como ángel guía y hoy también es el día especial de Diego. 
-¡Cuidado amor!- me sonrojé. Aun no estoy acostumbrada a tener un novio. 
Los chicos de la ángel también están trabajando aquí por hoy. Hoy no solo es nuestro día especial, es también el cumpleaños de la muerte. Y por ser especial, hoy servimos a ella. 
Mi papá y mamá están con los padres de Diego en una mesa, en otras otros conocidos de ellos. Los miserables que estuvieron al lado de Carol cuando se convirtió en la muerte. Ella es una bella persona, siento un poco de envidia de no poder recordar esto. 
Soy feliz pero quiero llorar. 
-Parece que no deseas que acabe el día.- siento un escalofrió, él que me habla es Vladimir.- Fue divertido payasita. 
-Gracias…
-Lamento lo que paso con nosotros.- respondió.-  No te preocupes por esto, cuando mueras llegaras a mis terrenos en el infierno, ellos también estarán ahí. 
-Siempre fuiste muy malo consolando amigo mío.- respondí.
Hoy es mi día especial. Hoy soy libre de Vladimir y este paranoico mundo entre el paraíso y el infierno.  Hoy retomó mi vida normal y feliz. Perderé mis recuerdos y empieza mi nueva vida. “Dios no castiga, enseña”, recordé. Si papá tenía razón. 
-Gracias por todo Akemi. De verdad gracias. – dijo.
Se apagaron las luces, es hora de cantar el feliz cumpleaños. Todo son risas. Desearía no olvidarlos, pero es parte de la vida dejar el pasado atrás. Fui feliz compartiendo mi vida con ellos. 
La cara de la muerta esta estampada contra el pastel. Mi padre es el payaso mayor, yo su payasita. Los extrañare a todo. Rio para no llorar. 
-Los quiero mucho, amigos.
El día terminó y la vieja yo con él. Gracias Vladimir. Cerré los ojos mientras me colocaba el rosario de madera. 
Hace un año me había unido al club de teatro. A veces deseaba volver pero el tiempo no me lo permitía. “Malditas responsabilidades”, pensé. El trabajo no me daba tiempo y las tareas tampoco. Hoy acepte ir con Linda y Enrique al aeropuerto, Linda iría a visitar a sus padres, estaba súper aburrida ese par se molestaban y trataban de ocultar algo tan obvio que era aburrido desmentirlos. Terminaron un total de 14 veces y estaban a nada de que sean 15. 
-Odio tipos como esos- dijo Enrique, varios chicos se quedaron observando a Linda quien llevaba un vestido morado, algo corto con unas botas largas.- Se quedan mirando como idiota… ¿Acaso nunca han visto una chica linda?
-¿linda?- Linda se sonrojo, creo que vomitaré. Ni yo ni Diego éramos tan cursis. 
-Sí, una pelirroja que esta por ahí…creo que- Se debutó al ver la mirada fulminante de mi mejor amiga- Ah ¿Qué? ¿Creíste que eras tú?
Linda subió al avión, sin despedirse. Era de esperarse Enrique era un idiota. Él subió en el tres tras ella.
Caminé por el aeropuerto, iba llamar a Diego para pasear un poco. Entonces, una chica se me acercó. Era pelirroja y llevaba una trenza con unos mechones de cabello y el resto suelto, de seguro era extranjera. 
-¿Estas perdida?- Pregunté. Ella se quedó mirándome por varios minutos. 
-Sí, disculpa –Respondió con una pequeña sonrisa, era una chica muy hermosa, su cara era tan fina y delicada, sus ojos eran verdes, llevaba cerquillo- ¿Dónde puedo encontrar la Universidad Nacional?- dijo. Yo estudiaba ahí, que raro.
-Está cerca, yo estudio ahí- dije sonriente -¿Cuál es tu nombre?
-Emilia Kamashiro – Respondió, mientras acomodaba sus cabellos.- Soy novia de Vladimir Anderson. ¿Lo conoces?
-Akemi, mucho gusto.- respondí, quien diría que Vladimir tenia novia.  Aun recordaba cuando me rechazo en un ensayo, era de esperar que no le gustara. Debía sospechar que le gustaban extranjeras. – yo te llevó. 
-El gusto es mío, payasita. 
-¿Cómo? Jaja, es mi viejo apodo. 
-Sí, Vladimir me hablo mucho de ti. 
Extrañamente una lagrima se deslizo por mis mejillas. Ese hombre era un monstro sin sentimientos, me alegraba saber que le llegue a importar. 
-¿Qué si? Bueno. Yo te llevó.
-Gracias.

domingo, 11 de junio de 2017

Los locos si van al cielo

Este cuento participo y fracaso en los Juego Florales 2014-2 de la Universidad Privada del Norte, bajo el seudónimo de Izumi Eien.

-¡Mefistófeles! – Gritó desesperado, mientras perdía por completo la movilidad de sus brazos. El fuego blanco de ese infierno lo consumía por completo. Lágrimas de sangre se deslizaban sobre sus mejillas. Estaba desesperado. -¡Mefistófeles!- Chilló nuevamente una vez más antes que los serafines lo callaran nuevamente. 
“¿Cómo fui a parar aquí?”, se preguntó. “Malditas competencias”, se recriminó. Estaba muerto en vida, custodiado por ángeles. En el infierno no había fuego, todo era blanco. La nada absurda tomaba un color y era algo sin dejar de ser nada.  
Sorprendido ante la invitación, Fausto Reinhardt, aceptó gustoso el nuevo reto. Juegos florales, era el nombre del evento. Nuevamente pondría su creatividad a prueba y era una buena oportunidad para aumentar su ego. Fausto era un hombre de gustos sencillo: Alcohol, tabaco y placentera compañía. Un hombre sin preocupaciones más que no sean de qué trataría su próxima novela.
Junto a un buen trago, con algunos habanos tal vez era suficiente para llegar hacia ese lugar, donde sus sueños eran realidad. Rendido ante el placer que podría darle esa sensación mientras tomara el rol de padre, monje, o lo que el carajo quisiera. Él era dios cuando escribía, ese poder lo complacía. 
“¿Por dónde comenzar?”. Se preguntó. Tal vez una buena infidelidad, dos cuerpos famélicos de placer carnal, que se unen en una oscura noche pecaminosa. Animales deseosos de sexo, carente de sentido común. Se vuelven, dejando a sus esposas en casa. Sus niños en la escuela. Mientras se penetran uno después del otro.
-¡Fausto!- escuchó la exclamación de quien era su esposa. La única mujer que conocía que le tenía celos a libros, el alcohol y cualquier objeto inanimado al que él le diera más interés que a ella. - ¡Me tienes harta!- Gruñó histérica ante el poco caso que le daba su actual esposo. 
-Deja de joder mujer- respondió aturdido, había perdido la concentración- No ves que estoy ocupado. 
-¡Siempre estas ocupado!- Recriminó una vez más- ¡Hasta cuando seguirás con lo mismo! 
“Bah”, son solo tonterías que lo desconcentraban. 
Largo a su mujer por décima segunda vez. Realmente no entendía porque se casó con ella o porque seguía con ella. Tal vez solo era pereza de terminar una relación de tantos años, que se fue deteriorando como su deseo por ella. Ya no era esa sexy mujer que conoció años atrás. Ahora estaba gorda, seguro producto de sus hijos, pero ya no le provocaba nada. Ya no lo inspiraba, había convertido en una carga, un bulto, una masa de carne deforme para él, que además de joderlo le quitaba su dinero para todo. 
-¡Algún día me largare y note quedara nada!- Poco le importaba, siempre escandalizaba con lo mismo. 
Ahora debía continuar, pero la infidelidad era un tema muy tocado. No podría ganar con algo tan cliché. Tal vez algo de maltrato matrimonial, claro podría escribir de cuando su esposa le puso agujas en el café o cuando él escondió una rata muerta en su cartera. “¡Cuando amor!”, había olvidado que era un romántico empedernido.   
Una tragedia romántica, de las que ya están pasadas de moda. Un amor que se convirtió en odio, de seguro Margarete se molestaría con él, si supiera que escribiría algo como eso. Dos bobos adolecentes enamorados del sexo rabo del otro. Ambos sedientos de sexo, él como un demonio, sometiéndola con sus juegos sucios , mientras que ella como el más puro ángel dispuesto a pecar, se deja llevar por sus bajos instintos. Histéricos, desnudos, irracionales pero juntos. No, eso tampoco… 
Después de tantos juegos sucios ese ángel se convirtió en un cerdo. Antes de cazarse que pensaba que la muerte de un familiar era el peor mal del mundo, pero la mujer casada era lo más cruel, oscuro y maquiavélico que existía. 
Nada de lo que escribía lograba convencerlo, tal vez sus habanos no eran muy buenos. ¿Qué pasaba con él? Trato de descansar, de seguro luego podría continuar, aunque no contaba con mucho tiempo, en tan solo siete días se darían los dichosos juegos florales.
Las horas se convirtieron en días, los que pasaba Fausto encerrado tratando de concentrarse. Escribiendo y arrugando hojas de papel, ya habría exterminado un par de bosques. Ninguna idea lo satisfacía, es que acaso ya se había inventado todo. Trata de concentrarse, su consumo de tabaco aumento, pero no le sabía a nada. El licor parecía agua en su boca. Nada de lo que usara podía lograr despertar esa sensación. Nada lo hacía regresar hacia ese lugar, hacia  ese mundo. Tal vez la bruja de su esposa lo había maldecido. 
Durante esos cuatro días, ella lo había dejado. Ya no recordaba porque, pero poco le importaba. Su situación actual era demasiado repugnante.
Los próximos dos días, la comida ya no lo llenaba, el licor seguía sin saberle a nada más que ha agua, los habanos eran como el humo de un palito de fosforo recién soplado. Su vida entera dependía de lo que escribía, al perder eso perdía todo. La desesperación se hacía omnipresente cual dios, en su vida. Un escritor que no podía escribir no era nada.
Devoró cuantos libros encontró en su hogar, intentando recuperar ese sentido pero nada le funcionaba, era un búho sin alas. Todo lo que se le ocurriera estaba hecho. Fausto estaba acabado. Orate, desesperado, histérico.
-Fausto – comentó con la última de sus obras en mano- Fausto – volvió a hablar, mientras un hilo de saliva bajaba por su barba.
Despojado de toda brillantes, de toda esperanza y completamente sumergido en un mar rojo de desesperación. Con todas sus fuerzas dio un grito al cielo. Que yacía después de su techo.
-¡Mefistófeles! , ¡Mefistófeles!
Llamo desesperado, completamente desesperado. Sus ojos rojos productos de la droga que fallaba al hacerlo llegar a ese lugar, ya no era dios. Ya no era nada. Y solo pensaba en Deux ex machina
-¡Mefistófeles! ¡Te ofrezco nuevamente mi alma!
No obtuvo respuestas, lanzó el viejo libro contra suelo. Se cogió de los cabellos y los jalo con tanta frustración e ira hasta arrancárselos. Lagrimas descendían por sus mejillas.
-¡Mefistófeles!
El repugnante silencio lo aterraba, completamente alterado cogió el  bolígrafo con el cual escribía, sin dudar lo clavo en su brazo, un hilo de líquido carmesí se deslizo por su brazo. Fausto lo siguió hacia el libro.
-¡Aparece Mefistófeles!
Se sentía completamente estúpido, era demasiado absurdo discutir con un libro. Completamente irracional, en qué demonios se había convertido…
-¿A qué tanto alboroto, que se le ofrece Sr.?- Escucho de pronto. Volteo a todos lados, seguía completamente solo en su estudio.
¡Insólito! La piel se le escarapelo por completo. No era posible, tal vez su esposa había hecho un pacto con él, nunca había sido lo suficientemente creyendo como que el diablo le apostara algo a dios con él. Ya estaba desvariando completamente.
-¿Mefistófeles? – Preguntó aterrado, no era posible. 
- Comienzas a ser un fastidio…
Inconscientemente sus pantalones se mojaron, por ese instante volvió a ser humano antes recaer nuevamente en la desesperación. Sumergido en un mar de incoherencias, vio pequeños ángeles rodearlo, que no deseaban que cayera en el juego de Mefistófeles, él nunca había sido tan romántico como para creer en esas hojas. Pero sus ojos lo engañan. 
Ella lo miro asustada. “¿Por qué su esposo la llamaba así?”, se preguntó. Se alejó aterrada. Tomó una lámpara para marcar distancia. Sus ojos estaban desencajados, se veía desesperado. 



-¡Llévame hacia ese lugar!- Exigió, los ojos de Fausto estaban completamente desorbitados, esperaba ansioso la respuestas - ¡Te daré lo que sea!
Chocó su cabeza suavemente sobre el pecho de su esposa y rogó, rogó tanta veces como fuera posible. En cada idioma que conocía, aunque fueran dos, él se escuchaba en 15 dialectos distintos. 
Esa voz no dejaba de desconcertarlo. En un ataque de cordura saliendo corriendo del estudios. Su casa estaba completamente sucia, desordenada. Las paredes se hacían más pequeñas. En la cocina un fuego negro comenzaba a arrasar con todo a su paso, salto entre las llamas y logro tomar un cuchillo de cocina, comenzó atacar a los alados.
-¡No juegues conmigo, Mefistófeles!- Grito iracundo, mientras cortaba a los pequeños ángeles que lo rodeaban.
Los cuerpos de los alados se convertían en ciempiés rojos que comenzaban a rodearlos. Los piso sin piedad alguna. Se tiro al suelo y comenzó a matarlos también.
-¡Soy Fausto Reinhardt, el mejor escritor de esta época! ¡No me dejare manipular por alguien como tú!
-Esta vez no, Fausto, esta vez no. Ahora tú me perteneces.- escuchó.
La puerta del hogar del orate escritor fue tumbada por sacerdotes vestido de rojo que se acercaban hacia él y las llamas negras que comenzaban a rodear por completo el lugar.
-¡No creas que será tan fácil!
Con el cuchillo en mano, fue contra los sacerdotes. Sin ni siquiera dudar corto el cuello del primero, salpicando sangre  negra sobre su rostro. El otro sacerdote lo golpeo con el mango del hacha en la cabeza.
-¡Mefistófeles! –Gritó al caer contra el duro piso de su sala. El fuego negro se convertía en fuego de verdad, los ciempiés no eran más gatos destripados que se metían a su casa, los sacerdote eran bomberos…ambas imágenes de lo que veía y lo real se juntaban en su cabeza. Su esposa estaba tendida sobre el piso sobre una sábana de sangre, los ojos desorbitados y el pecho abierto.- ¡Mefistófeles!
Fausto había perdido ante Mefistófeles y no había Margarete que lo salvara. De ese largo mar al que lo mandaban. A ese infierno blanco, donde las llamas eran suaves para evitar que se lastimara y sus brazos habían sido inmovilizados. Custodiado por serafines que lo drogaban para no salir de ese mundo, al que tanto quería ir. Donde él era dios y hacia sus sueños realidad.
-¡Mefistófeles!- Gritó.
-¡Cállate loco!