jueves, 19 de enero de 2017

El mundo, según Lunática - Capítulo 8

Hyuna

Habían pasado dos semanas desde que peleé con Galia, una semana desde que Grillo desapareció y media desde que desaparecí yo. Mi mente se sentía pacifica a pesar de todo. Cada que cerraba los ojos, aunque sin ver nada más que sombras, podía reconocerme después de mucho. 
Santos Sotomayor Manrique, Oráculo. 
Todo empezó aquella noche, mientras estaba perdido entre mis pensamientos. Acababa de pelear con Lunática por su novio, no toleraba que fuera una buena para nada, estúpida para ser exactos. Entonces, ella me hablo. Se presentó como la mejor amiga del Oráculo y como quien me fastidiaría hasta aceptar lo que ya había aceptado. Su aspecto era encantador, incluso podría haberme enamorado de ella, hasta que supe que le patinaba la cabeza y que tenía pene. Luego de cumplir su capricho de conocerme, ella desapareció. 
“Tú eres yo y yo soy tu”, recordé el cliché típico de personas duplicadas, reencarnaciones y algún otro tipo de forma de entender a dos personas que se unían.  Era seis personas las que cargaba: sus sentimientos, emociones, sueños, temores y deseos, pero tenía mis propias ideas claras por sobre las de ellos. Erika, Fausto, Juancarlos, Kiyoshi y Giancarlo eran parte de mí, Oráculo. Suspiré, ese estúpido… el anterior antes de mí. 
-¿Qué sucede doctor?- El regordete sonreía, estaba seguro, aunque no lo viera en ese momento.- No moriré sin luchar, sé de qué modo será y lo evitare cuanto pueda. 
Acabamos de burlar su muerte.
Los tipos que nos seguían, salieron corriendo despavoridos cuando Giancarlo casi muere atropellado. El chofer bajó de auto preocupado y nos dio un aventón a modo de disculpa por los problemas ocasionados, “demasiado amable para ser limeño”, pensé. Nos dejó en la Av. Caquetá, Lunática conocía proveedores de drogas conocidos de Grillo en ese sitio. Escuché de José Manuel que los tipos de aquí se aprovechaban muchas veces del estado de los consumidores y les robaban o violaban. Yliana comentó también que ya no recurría a este sitio por experiencias parecías.  
-Un gusto conocerte en persona Oráculo.- dijo Lunática. Caminábamos con Giancarlo y Felipe, Cafeína, buscando al Grillo, esta última indico que su cuerpo se encontraba cerca. Oí a Galia hablar con Yliana y posiblemente también empezaría a buscarlo. Grillo era estimado por un buen grupo, la comunidad de drogadictos decentes del centro limeño. - No puedo creer que este idiota sea un contenedor de querubín. 
Sabía que ella envidaba eso. Y más de saber que no me interesaba en lo absoluto. 
-Jaja, no debes sentirte así.- Comentó el gordinflón de apariencia islámica en el espejo.- Predecir el futuro no es nada bonito. Sobre todo cuando sabes cómo morirás.    
-Pero no tienes que recurrir a algo para estar en ese maravilloso lugar…
-Ser un hombre loco tampoco tiene algo de lindo- agregó la sexy exescritora desde el espejo, Galia no la escuchaba solo los querubines la percibíamos. Yo no hablaba, me sentía increíblemente incómodo con la situación.- Santos deberías decirle quien eres.-La ignoré. Galia no podía escucharla a menos que se drogara.- Su cuerpo estaba pasando los mercados, antes de la carretera de la panamericana. 
Galia estaba a mi lado derecho ayudando mi ceguera, al izquierdo el desquiciado exescritor con tendencias homosexuales y finalmente no tenía ni idea en qué posición avanzaba Giancarlo. 
-Cafeína dice que su vida real tampoco es linda. – Lo escuché romper una envoltura, de seguro ya estaba comiendo algo el barrigón. – Esta zona es picante, no deberíamos avanzar más. 
No recordaba sentir tan fatigoso desde aquella ocasión en una reunión familiar, era el cumpleaños de mi sobrina cuando se me ocurrió llevar a Galia a mi casa. Llegamos temprano para no hubiera nadie, en jóvenes precoces de apenas 15 años era la oportunidad perfecta. Tuvimos sexo durante un par de horas y luego nos bañamos. El verdadero problema fue que mi madre llegó mientras nos encontrábamos en la ducha. Nunca había visto tan colorada a Galia, era un jugoso tomate que deseaba morder. “Nunca más me bañare contigo. ¡Qué vergüenza!”, su voz era ligeramente más chillona en ese entonces. 
Suspiré. 
Me jodia saber que mi madre recurría a la Av. Caqueta para las compras y en este momento me encontraba en ella. Sentía que era un niño esperando que le dieran todo y en realidad era un viejo de 24 años, con fe de que su mamá lo encontrara como cualquier crio perdido en un mercado. Era como un mocoso berrinchudo y caprichoso que esperaba mucho de otros y creía merecer todo cuando en realidad me hacían falta un par de nalgadas. 
-Estoy viejo para esto…
-¿Qué pasa doctor?- respondió Giancarlo.- Yo estoy en mis dulces 46 y me siento de nueve. 
-Yo en mis 23- dijo Galia.- Y en busca de chambelán.  
-Yo creo que ya pase los 50, he publicado ocho libros, tengo dos hijos y pude ser novel de literatura hasta que me volví loco hace dos años. 
“¿Qué necesito para dejar esto?”, me dije. Abrí los ojos. Estábamos por cruzar un puente peatonal en un cruce de calles que desconocía, no podía confiar en mi imaginación. Dudaba demasiado de mí, era una persona rota. Retazos del que alguna vez fue Santos Sotomayor, mi esencia se sentía pérdida. Deseaba deshacerme de lo que era. 
Era feliz estando solo en Pucusana, alejado de todos y esperando mis días para morir. 
Cafeína me tomó del hombro, ella me causaba repulsión a pesar de lo hermosa que se veía. Era una clara imagen de lo retorcido de las personas. 
-Pronto te sanaras… solo necesitas ser paciente. 
-¡Tú me das asco!
Solté intempestivamente. Todos se detuvieron a mí alrededor, sentía las miradas de desprecio pero no los veía a ellos en realidad. Galia no tenía idea de lo que pasaba, pero sentía desaprobación en su mirada, ella sabía que estábamos con Cafeína también. Las aureolas que los coronaban eran similares, nosotros éramos un grupo de apestosos podridos.  
Suspiré, la exescritor con una arroba al final, ya que me costaba diferenciarla,  sonrió, pero no respondió más. El resto del camino fue silencioso, el sol gritaba su enojo para conmigo en calor. Sentía que me pudría por fuera tanto como por dentro. La vida era complicada, no había gracia en vivirla. 
-Crucemos por la pista. Si ese puente se cae ustedes podrían morir también. 
Oráculo era consiente que la muerte lo asechaba como el feroz cazador armado de una escopeta, lo acorralaba cual conejo, ciervo o algún otro animal indefenso. “Estúpido Grillo”, pensé. El tipo nos había metido a todos en un dilema, andar por donde estábamos no era tierra santa. ¿Qué podrían hacer un ciego, una enfermera con problemas de drogadicción  y un regordete agonizante contra algún delincuente?  Tristemente el poder del Oráculo ya parecía ser mío, nos seguían por detrás como depredadores acechando la cena, de seguro Galia se veía apetitosa.   
-Que rica estas flaca. 
Unos tipos drogados nos empezaron corretear. Lo sabía porque estaban en espejo, tenían formas raras como sombras, recordé las que vi en Pucusana.  Quise acercarme pero no podía moverme el miedo a que eso no sea real me impidió hacer algo. Entonces ya no vi nada, solo sentí un par de golpes. 
Había salido del espejo sin querer, mi mente perdió la concentración.  
Cruzamos la pista de doble sentido corriendo, estaba siendo jalado por Galia, él tropezó. Éramos inútiles. 
-¡Dame todo lo que tienes concha tu madre!
-Ustedes…- escuché. “¿Cafeína puede pararlos?”, me pregunté. 
-¡Déjame!- era Galia.  
Mi mente era un rio de recuerdos, que recorrían cada pasaje de mi pasado y presente según avanzaba en la misión en la cual me encomendaba a mí mismo. Recordé a una lunática cantar cada mañana fuera de vivienda en Pucusana. Luego a una joven y bella novia que no estaba lista para casarse, de cual muchos me comentaron que había tirado con su amigo Juan, era mi novia. Y finalmente un gordito con aura musulmán llorando y gritando que no deseaba morir. 
Estaba pasando y no lo podía detener. No sabía dónde estaba ni que le hacían. Solo empecé a sentir dolor, en mi cara y estómago. Mis piernas no reaccionaban. 
Tenía miedo. 
Los tipos escaparon, Felipe, Cafeína, los había ahuyentado.  Escuchaba carros, pero mis piernas temblaban sentía sensaciones raras. No me podía mover, mi cuerpo temblaba, aun se sentía adolorido y no había hecho nada. 
-¡Párate estúpido!
La voz de Cafeína se escuchaba lejos. Estaba perdiendo el sentido, Galia me tenía de un brazo, pero no lo sentía.  “No quiero morir, no quiero morir, no quiero morir…”, escuchaba. Concebía lagrimas bajar por mis ojos, mi pierna derecha dolía creo que me había torcido el tobillo, la mitad de mi cuerpo se sentía apoyado a algo duro. 
-¡Giancarlo!
Lunática sonaba preocupada, parecía que ya no estaba a mi lado. Casi no podía distinguir su voz.  Entonces, a un solo sonido.
-¡No! 




Parecía que el transito seguía su curso a pesar de la persecución. No escuchaba nada más que voces perdidas en mi mente. Nunca sentí tanto miedo como en ese momento. Sus sentimientos se conectaban con los míos, por esos segundos vi su vida pasar antes mis ojos. Un gordito fanático de los power ranger, se convertía en un adolecente con problemas de erección. Sentía los labios de su esposa besándolo, los de sus dos hijas en mis mejillas, los labios de un tipo aparentemente mayor del mismo sexo también, su piel era suave como la de Galia. 
No solo eran memorias de él las que llegaban a mi mente como fechas verdes que me penetraban y se volvían parte de mí. Me sentí mareado, nombres y voces me atormentaban en ese momento. 
-¡Toma su aureola!- escuché.- ¡Por favor! No quiero perderlo así… 
Aquellos parecía una súplica. 
Caminé de frente en la oscuridad. Poco a poco volvía el sonido. Escuchaba bocinas de autos, llantos. “¡Llamen a la ambulancia!”, “El conductor de mierda se fugó”, suspiré. Me arrodillé. Extrañamente sabía que estaba ahí.
“Santos…yo quiero pasar mi vida entera contigo. Sonare estúpida pero quiero atenderte cuando estés enfermo, cuidar de ti, quiero estar siempre para ti. No me importa lo que pasé te encontraré”, escuché. Aquel recuerdo de hace varios años. El día que hice el amor con Galia por primera vez. 
Me vi frente a él. Frente a mí. Yo yacía en el suelo y me veía parado al frente también. Yo sentía su miedo y él el mío. Este vínculo extraño me hacía derramar lágrimas como una garua limeña una noche fría de verano. Nunca me gustaron los velorios, me llenaba de terror recordar a mi abuela en el ataúd e imaginar algún día ver a mi madre ahí.   
-No quiero morir…
-Lo sé. – respondí. “Yo tampoco quiero morir”, quise responder. 
-Pensé que lucharía más, al menos un día más. 
Abrí los ojos con facilidad. Su esencia se desvanecía dejando solo era una aureola color blanco. Sentía que se lo debía a él, a Galia, a José Manuel, a Yliana, a Cafeína y a mí mismo. Aunque ninguno de ellos me importaba, ni yo mismo. Su imagen me aterrorizaría todas las noches. Un hombre de 46 años que lloraba por su vida, tanto como yo lloraba los días de melancolía cuando no me sentía a gusto con mi vida y soñaba son volar lejos. 
-Tú eres yo y yo soy tú- dije. Fue lo único que se me ocurrió, mientras mi mano pasaba por su cara. 
-Disculpa por no ser del todo since... 
Tomé la aureola.
Vi cosas en pocos microsegundos: vidas, conocimientos, amores, recuerdos bellos. Pero ninguno era más aterrador de que me viera a mí mismo. Mis recuerdos, sueños volvieron a mí junto a vidas pasadas de contenedores de querubín. No fue tan malo después de todo. Noté una sonrisa al fondo de todo. “Te quiero Erika”, “Kiyoshi deberíamos escaparnos de casa”, “Juancarlos no nos podremos casar esta vez… tendré un hijo con alguien más”, “Te encentrare de nuevo Faust”. 
Eran un par de mentirosos. 
Ellas lloraban. Galia en el piso al lado de él y Cafeína a mi lado.
-Te dije que te encontraría de nuevo e incluso antes esta vez.  
Sentí un dolor cabeza horrible y luego entre el pánico de los vecinos de la zona vi a Galia por última vez al lado de Giancarlo. Era peligroso para ella, yo encontraría a Grillo solo. Ahora podía. 
Ella fue retenida como testigo, mientras levantaban el cuerpo.   
-Era tu pareja… siempre fui tu pareja desde hace seis vidas, Hyuna. 
-Si. Éramos Hyuna y Oráculo.- respondió. Ella se cambió el nombre a Cafeína.- Bueno ya no. Ahora solo será Oráculo y Lunática. Jajá.
-Giancarlo y yo éramos novios, desde hace mucho tiempo… siempre odio verlo morir. 
Recordé que Ribeyro era gay y mucho se decía que salía con un tipo. Era Giancarlo. No era mi mejor amiga, era mi pareja. Esposa, amante, novia, esclava durante el pasado y ahora pretendía ser mi amiga. Sonreí al darme cuenta que tenía poder de decisión, ella era consiente que había escogido a Galia. 
Ahora yo era el Oráculo. 




Luego volvía a mi pasado continuo, mi presente, y me preguntaba. “¿Por qué hago esto?”, odiaba ese tipo, pero odiaba aún más lo me había pasado. “¡Santos, dónde estás!”, “Santos”, “Por favor, no te vayas tu tampoco”, había corrido tanto como, aquella vez de niño que me escape de casa y mi madrina me encontró y regreso a casa. Dejé a Galia atrás. 
Descubrí cosas interesantes de una semana viviendo solo apunta de limosnas. Hay personas buenas aun, hay personas que son una mierda y luego estaban los del espejo.  En dos ocasiones fui golpeado por drogadictos, una de ellas con Lunática, comenzaba a odiar a esos tipos fanáticos del poder. Estúpidos que se creían la última chupada de un mango, cuando en realidad no eran más que la pepa. 
Siempre fui un tipo nervioso. Con miedo a caminar solo por las zonas picantes de mi distrito y ajenos. Me atemorizaba que un encapuchado me tomará por la espalda y me robará el celular que a mi madre tanto le había costado comprar. Solía ser víctima de vendedores ambulantes con pinta de malandrines que me vendían caramelos con una cara que vocifera de: “Compra o te meto punta, causa”, yo compraba de manera estúpida.
Ahora me encontraba solo caminando por lugares poco religiosos, acompañado de mi bastón y de una tipa que podía susurrarme cosas al oído, aunque no estuviera en el espejo y parecía haber sido el amor de mi vida hace mucho. Galia me había perdido hace cuatro días, a su novio ya hace una semana y la cordura creo que era la próxima. Ese día en el que acepté y indudable destino encontré el cuerpo del muy idiota Sr. Novio.
Un par de veces salve a pobres drogadictos a punto de morir a manos de cuervos. 




Era divertido toparme con cuervos.  
La primera vez tuve miedo pero Cafeína tomó a uno por el pecho y este se esfumó en plumas dejando un arma peculiar: Katanas, cuchillos, flechas, etc. Ellos nos servían. Había aprendido a predecir el futuro tomando en cuenta las cosas que aprendí de mí mismo.  Era incomodo estar al lado de Cafeína, sabiendo que ella o mejor dicho él se acostaba con mi viejo yo y aún más que me ayudara a salvar a su reemplazo.  
Me aterraba la idea de no saber a dónde me dirigía, pero mojaría aún más mis pantalones de poder observar el lugar.  Las calles de Piñonate no eran santas, muchos menos las zonas por las donde andaba. Las recordaba con desiertas, sucias, con paredes pintarrajeadas y olor a marihuana y estaba seguro no habría cambiado del todo.
-Estamos cerca.- Escuché. Hacia frio, llevaba cuatro días con la misma ropa. Era el quinto o sexto punto de zapatillas que al que llegábamos. La fachada del ciego apelaba a pseudobondad de aquellas lacras de la sociedad. –Ella debe estar mal… No debiste dejarla así. 
Era irónico que Cafeína se preocupara por su competencia. Ahora más que nunca me había dado cuenta que no dejaría que Galia se hundiera en ese mundo como su actual novio. 
-Ella me volverá a encontrar. Sino yo llegaré de nuevo a ella. 
Más tarde esa noche llegue a casa de Yliana, ella me dijo que Galia me buscaba. Hace cuatro días había entregado a Grillo a un tipo amable que me ayudo. Pero su mente era lo más complicado de encontrar, ya que perdida en espejo no sabía por dónde empezar. 
Me di cuenta que mis ojos veían una mentira producto de drogas, pero eran capaces de ver más allá. El poder del Oráculo que me pertenecía era lo soñado por varios adictos a la magia de las drogas como Lunática.  Esa noche dormiría en su casa, era más cómodo que las bancas de calle. 
-¿Qué pasa, hermano?- Preguntó traviesa. En otra situación no hubiera dudado tal proposición. “Ignora a Lalu, yo te daré algo de diversión”, me dijo cuándo le comenté lo que había sucedido. Ella empezó a decirle Lalu, por la lunática, según ella era novedoso. 
 “¿Por qué está haciendo eso?”, me dije. En el pasado siempre que quise hacerle algo, ella se negaba. Ya no éramos jóvenes precoces, pero sentía algo malo en ella. La situación se convertía en algo sumamente incómodo. 
Active mis ojos falsos, ahora podía hacerlo cuando quisiera. Me alegraba en el fondo que las veces que mi madre me gritaba que la tele me arruinaría la imaginación se equivocara. Entonces aquella elfa empezaba a desnudarse… 
-¿Qué pasa? No te provoco nada… ¡Soy poca cosa para un querubín! ¿Es eso?- Entonces, empezó a alterarse. Ella también sabía lo que era. Me pregunto si es que Galia también lo sabría… tenía miedo a que solo se acercara a mí por ello. 
Su aureola era oscura con pequeñas y escasas chispas de un fuego purpura. Su olor era una mescla de vinagre, orégano y orine de siete días de guardado. Los dos mundos que la rodeaban no eran circulares, sino más bien ovalados y de un extraño naranja. “Son personas podridas doctor”, regresó a mi mente. Ella estaba podrida.
-Tengo sida… ¡Soy una perra sidosa, Santos!
Poco a poco de forma pavorosa se desvanecía aquella imagen de la elfa regordeta. Un cuerpo desnudo y pequeño; una barriga llena de estrías y con un tatuaje de pluma al lado del ombligo; cabello corto, rubio cenizo y maltratado; ojos rojos coronando bolsas inmensas de ojeras escondimos detrás de un cristal;  cicatrices como hilos rojos por el 70% de su cuerpo; y un inexistente brazo derecho.  La elfa que imaginaba nunca fue así.
Mi mente no la recordaba así. 
-Soy como una cucaracha.- Una lágrima se asomaba, reflejada en la luna de sus gafas, se abría camino entre sus mejillas y encontraba su fin en la cicatriz de su boca. -Repulsiva y aborrecida.
Me temblaba el cuerpo. Mis manos sudaban. Mis ojos se enrojecían ocultado lágrimas. Aquellas chispas indicaban que su tiempo se agotaba, tal vez unos cinco años o dos; su color purpura oscuro eran señal de impurezas en su cuerpo, por la intensidad estaba infectada su alma; la aureola tenia fisuras, era la pérdida de su brazo; el repulsivo olor de orina con orégano era evidencia de gusto por la comida y penes sucios dentro de ella.
-¿Te doy asco a ti también? – Consultó poniéndose de pie. Negué con la cabeza y la seguí. Prefería ver todo como era en el espejo, que a la realidad- Me alegra haberte ayudado. 
Tomé su delicado rostro y observe la aureola que la coronaba. Entonces, empezaba la película. Le sonreí ocultado lo que vi.  La imagen de la elfa regreso a mí, su brazo me perturbaba, apenas hace unos momentos no estaba ahí. Yliana había cambiado mucho durante esos ocho años que nos perdimos. Yo era ciego; ella era manca, sidosa, de vida limitada. Comenzaba a creer que no me había equivocado tanto en mi vida como creí.  Le sonreí y limpie esa lagrima, lo que había visto me gustaba. 
-Te irá mejor de lo que piensas… hermanita lame culos. 
-Jaja… gracias hermanito lame culos-Suspiró. Deseaba decirle lo que había visto pero ella me insistió que no- Recupera el culo de Galia, estoy segura que extrañas ese sabor.- Empezó a reír ante de mi sonrojo.- Gracias Oráculo. 
-¿Por qué hiciste esto?
-Cafeína me dijo que luego de esto algo mejoría… disculpa mi egoísmo.- Se limpió las lágrimas en los ojos.- ¿No me puedes decir qué viste?- Consultó.
-Pues… ¿Conoces a Joma en persona?
-Si… Lo conocí en el velorio de Giancarlo. Lloró mucho.  
-Mantente alejada de él. – suspiré. Giancarlo y José Manuel eran buenos amigos. 
- Deberías ir con Lalu. No quiero meterme en sus asuntos pero tú sabes el problema que tiene con las drogas y lo terrible que se debe sentir de perderte. 
Volvería a ella pronto así como con mi familia. Tan pronto como encontrara el alma de su estúpido novio.  Y más estúpido yo por buscarlo, más estúpida Cafeína por ayudarme a encontrarlo. La vida era una estupidez, una estupidez divertida e interesante.  No lo había notado hasta entonces, pero le debía las gracias a Galia por salvarme de mi mismo.  
Ella era mi lunática. 


jueves, 12 de enero de 2017

Demonios internos - Capítulo 18

Nunca dejaron de ser amigos 

-¿Qué significa esto? – Pregunté con temor a la respuesta. Recordé muchas cosas, muchos sueños. Era un dolor de cabeza. 
-¿Qué paso esta vez? –Preguntó mi papá. Me ignoraba como siempre. – ¿Qué haces con mi hija?
-¿Por qué tan serio?- Preguntó la muerte. Era una batalla entre preguntas que todos ignoraban. –Akemi, tu padre es un idiota.- Asentí, era un completo idiota. Y me senté en mi cama al igual que mi papá. – Sebastián a tu hija le gusta un demonio. 
-¿En serio?- Me miró. 
-Jaja, en que mal concepto la tienes…-Sonrió con ironía. – Es un buen chico. Él mejor de las deidades a mi cargo.  Es divertido pero es doloroso verlos a ustedes crecer, tener familias… 
-Jaja, me alegra no pasar por eso – “¿Realmente este idiota es mi papá?”, me pregunté. Era cruel, ahora las cosas iban teniendo sentido. Ella frunció el ceño mientras que mi papá sonreía, pero luego se esfumó -¿Te enteraste lo de Gianella, tu hermana?
-Sí, luego hablaremos de eso. –Respondió.- Bueno. Fui traviesa. 
-¿Cómo?- Pregunté. – Ya entendí que se conocen, que salían, que tú te convertiste en la muerte, pero…
-Fui traviesa Akemi, hice que te pelearas con el hijo del rival de tu papá.- De pronto me sentí llena de ira.- Manipule todo por saber quién ganaría. 
- Ella. No hay forma de que yo pierda contra Diego – Agregó. Mi papá era muy arrogante, demasiado para mi gusto – Hablando de eso Yue y él, no lo esperaba. 
-Jugué con el destino, use mi poder e hice que la próxima generación peleara-Sentí un escalofrió eso era y odio. 
-¿Ganaste? 
-Yo perdí… 
-Estas castigada.
“¿Qué?”, me castigaba por una estupidez. “¿Qué te pasa papá?”, pensaba aún más furiosa. Estuve a punto de morir, esa estúpida había hecho todo para su entretenimiento. Me jodia tanto que jugaran con mi vida. Solo quería un poco de paz. 
-Eres un asco como padre, mi querido Sebastián. –Escuche la voz de la muerte.- Conoce un poco mejor al idiota que tienes como padre. Yo me encargare de todo lo demás. Nos vemos. – Comenzó a caminar hacia la puerta.- Este año celebraré mi cumpleaños. Te espero Sebas. 
Ella se desvaneció en ese instante, quería respuestas, quería saber que pasaba, pero tenía algo más importante. Vladimir. 
-Debo irme. – Dije. 
-Que incomodo –Comentó. – Demonios, me siento de 17 de nuevo. 
-No tengo nada de qué hablar contigo.
-Lastima, yo si –Respondió. Se levantó y cerró la puerta. Como cuando me portada mal y hablaba conmigo, me hacía entenderlo solo para castigarme luego. – Y como padre reafirmo mi autoridad obligándote hablar. 
-¿Qué relación tienes con ella? –Pregunté -¿Por qué solo así recuerdas que soy tu hija? Quiero saber todo.
-Muy bien, pero yo también quiero saber todo.
Pasaron varios minutos mientras conversábamos. Él me contó todo sobre Carol, mamá, Diego y todo el juego de muerte por el que pasaron. Me sorprendí que él era casi igual a mí. Yo le conté todo, cuando lo necesité y cuándo me ignoro. 
Sentía ganas de llorar por primera vez sentía que le importaba, él reía  y se burlaba de mi pero se sentía tan bien. 
-Bueno dejando de lado que soy un asco como padre- Sonrió ante eso. -¿Por qué no vas por tu demonio? Solo recuérdale yo ya maté a uno antes. 
-No eres un asco, no mucho. –Él rio, yo también. –Si fuera mamá, tu irías. 
-Tu madre era mi talón de Aquiles. –Respondió – Diego y Yue fueron los únicos en notarlo. Igual les gané. La sociedad denigra a la mujer desde tiempo inmemorables, no quería que seas así. Pensé que serias fuerte… 
-¿Cómo mamá?
-Jaja…– No sé porque le dio un ataque de risa; sin embargo, a él le parecía divertido – Saana estaba perdida, consideraba un milagro de cómo había llegado tan lejos. Felizmente saliste a mí y lo lograras. 
-Ya perdí…
-¿Aun no lo intentas?
-Es imposible. 
-No hay peor cosa que la que no se intenta –Respondió. Colocó su mano en mi cabeza y dejó sobre mis piernas aquella katana roja. 
-Entiendo que es importante, con esa peleaste ¿no?
-Con esa conocí a tu madre…
Me quede sin palabras por un instante. Él sonreía, “Una sonrisa es la mejor manera de afrontar situaciones, aun si son falsas”, recordé. Me sentí afortunada de tenerlos como mis padres. Dos personas que lucharon por no ser la muerte y lo lograron.  
-Tuviste una vida emocionante. 
- Lo más emocionante que recuerdo fue…- Me volvió a mirar.- cuando me entere que Saana estaba embarazada –Dijo. – Nos tuvimos que casar….-Acaba de destruir mi infancia, fui no deseada. –Formar una familia no era un juego. Pero mi mayor emoción fue tenerte entre mis brazos cuando apenas tenías minutos de nacida. Ganaras y sino… el trato de los miserables de te impide morir asesinada. Estoy seguro que regresaras viva.  
Me quede sin palabras, mucho soñé con esto. Al menos si le importe. Cogí una fotografía que había tirado, éramos mamá, papá y yo. Me sentía fuerte nuevamente.




-¡Sebastián! – Esa voz era muy conocida. Mi madre. 
-Mamá, hola…- Ella también de seguro era otra persona. No sabía cómo hablarle. 
-¿Qué le haces a mi hija?- Preguntó indignada, mi papá solo seguía riéndose –Me llamo Karen preguntando por un extraño sueño, luego grito al darse cuenta que no era un sueño.- ambos sonrieron.- ¡Demonios que viejos estamos!
-Vaya, vaya entonces somos todos –Dijo papá –Akemi, no pierdas tiempo. Al menos muere dignamente.
-¿Qué? ¿Akemi a dónde vas? ¿Cómo que morir?-Mamá estaba molesta y alterada, nunca pensé que estaría en una situación así.- ¿A dónde vas?
-Confió en ti –Dijo mientras abrazaba a mi mamá por la cintura – Si todo sale bien dame un abrazo al regreso. – Mamá estaba molesta, no creía que me deje salir – No pierdas tiempo, quiero darte un segundo hermanito hoy. 
Me sonrojé y sentí un poco de asco. Papá no paraba de reír mi mamá tenía un ataque de nervios, estaba sonrojada. No dude la oportunidad tome la katana de mi papá y salí corriendo hacia la casa de Linda, hace un rato me había enterado también que la casa de Vladimir se había incendió, ellos tenían la moral mucho más bajo que yo pero tenía que ir.
Mi motivo era decirle lo que sentía. Cerré los ojos y lo vi en sus últimos momentos nuevamente. Vladimir me decía algo, algo que también vi en visiones a mi papá. 
-Amor significa protección…
Solté lágrimas. Recordé a Diego y su inmenso poder. Papá se convierto en un payaso por cuidar a mamá. Enrique amaba a su novia y se volvió fuerte por ella…. Ellos quieren protegerlos. “La vida es cada sorbo de aire.”, esa voz que Carol colocaba en mi cabeza era la de mi papá, recuerdos de él cuando lucho contra ella. Solo buscaba diversión pero sentía que me había ayudado.   
La muerte era una mujer estúpida e infantil.  
Toqué la puerta, Linda me abrió y entré inmediatamente, el ambiente aun estaba tenso, respiré hondo antes de hablar. No estaba segura de como terminaría esto. 
-¡Debemos salvarlo!– Mal comienzo, todos me ignoraban –Debemos ir por él… nos esta esperando.
-¿Cómo estas segura?- Preguntó Enrique-Todos vimos lo mismo, aunque estuviera en este mundo Zelig ya lo debe haber matado.
-Solo el ángel de la muerte-“Quien pudo ser tu madre”, escuché. -puede acabar con demonio o ángeles – Respondí. – Vladimir aún está aquí y él lo tiene prisionero. 
-Te entiendo Akemi- Dijo Linda – Pero no podemos hacer nada, tú experimentaste una pelea contra ese mostro.
-Acabo con todo- Agregó Enrique –No podemos. Fue nuestra culpa desde el principio.
-Solo nos matara y todo el esfuerzo de Vladimir será en vano –Estas vez intervino Dominic, recordé que él era el hijo de la deidad de papá, realmente no era como papá lo describía. Lizbeth seguía en la misma posición de como la deje  y Diane no estaba presente.
-Se van rendir antes de luchar –Dije, estaba sola ellos habían perdido toda esperanza. –No hay peor cosa que la que no se intenta. 
-No queremos perder la vida que nos dio…
Era suficiente. No los conocía, era extraños con miedo pero no podía culparlos. Suspiré y caminé hacia la puerta, iría sola si era necesario. 
-Yo ire…
Un silencio aterrador invadió el departamento de mi amiga, voltee inmediatamente. Esa voz era débil, suave, un poco sombría pero linda. No era de Linda y mucho menos de Dominic o Enrique y Diane estaba en otra parte. Todos veíamos a la misma persona.
-Lizbeth…-Todos estábamos atónitos.
-Déjense de tonterías – Dijo nuevamente levantándose de la esquina donde estaba- Akemi, yo iré contigo.
-Yo igual –Esta vez era una voz más femenina. Observé Diane entrar a la habitación – Él me salvo, debo pagárselo de alguna manera.
-No perderé un hermano de nuevo –Agregó la hermana del demonio acercándose junto a mí.
-No hay oportunidad –Agregó Enrique –Pero, yo también iré.
-Debemos estar juntos- Dijo Linda, no sé en que momento todos se recuperaron, una vez más. Lizbeth había sido la heroína de la noche. 
-Vaya, sabía que tenías una linda voz, primita. –Escuchamos a la puerta abrirse, Jane y Kotomi entraron ambas lucían serias. –  Buscábamos a chicos valientes para ir por mi primo, yo le dije a Kotomi que aquí no habría nadie pero parece que me equivoque. 
Papá tenía razón. Solo se necesitaba esperanza. 
-La señorita Carol acabara con nosotros si peleamos entre nosotros.- El ángel de lentes ya no caía tan mal.- Yo tomaré el riesgo, ya que los ángeles tenemos preferencia sobre los demonios. Cuento con ustedes por favor. 
-Bueno vengan con nosotras. Tengo uniformes para ustedes. 
Cuando sacamos los uniformes eran como los de sus siervas, la observamos interrogantes pero nos dijo que ahora le pertenecíamos y serían sus reglas, no me agrada ser tratada como un objeto pero necesitábamos de ella. Me gustaba  el uniforme el short negro pegado el polo negro y la pequeña armadura negra. A Linda le quedaba perfecto, mucho mejor que a  mí, Lizbeth se venía agraciada, Diane estaba avergonzada.
-Lizbeth te ves tan tierna – Dijo Linda acercándose a ella.
-No soy tierna…
Salimos de la habitación ya listas, los chicos estaban igual pero era un pantalón, todos teníamos una insignia en el hombro.
-¿Qué es?- Pregunté, era un escudo en el medio una llama negra con dos espadas blancas cruzadas. 
-El símbolo de la casa Anderson - Respondió Lizbeth – Jane es prima de Vladimir.
-Pero Vladimir no usa el símbolo – Cuestionó Linda.
-Lo dejo de usar cuando sellaron su poder –Respondió Lizbeth, mientras esperábamos a Kotomi y Jane.- Además tener una hermana humana no le hizo mucha gracia a sus otros familiares. Jane era la única emocionada y es la más odiosa.  
Nos preparamos y nos encaminamos hacia el rescate, me sentía optimista. Charlar con papá me había ayudado tanto, hasta cierto punto lo admiraba nuevamente. Kotomi llevaba un traje sastre blanco, camisa abierta, cabello suelto. Junto a ella estaba Bryan, su mano derecha desde la partida de Diego, era el único de sus chicos que la acompañaba. Jane con el mismo traje que ayer, realmente me gustaba ese estilo: terno sastre negro, camisa blanca afuera del pantalón, corbata aflojada y lentes celeste. “¿Por qué vestían tan formales?”, me pregunté. 
-Jodidamente sexy –Escuché a Enrique referirse a Jane, sonreí  cuando vi a Linda golpearlo. Sin nada más que decir salimos en marcha.
Llegamos rápidamente, fue menos una hora. Noté que nos esperaban: habían tres chicas afuera. Las seguidoras de Zelig eran cinco y su llave maestra. Ahora que lo pensaba su llave maestra no estuvo la última vez. Ella quemó la casa de Vladimir entonces. 
No entendía bien las reglas impuestas por Carol, pero los ángeles tenia preferencias sobre los demonios. Por eso Kotomi se enfrentaría a Zelig, tal parecía que todo el orden establecido de las cosas cambiaron con el nombramiento de Carol en el ángel de la muerte. 
-Las tres de afuera son mías – dijo Lizbeth.
-No puedo interferir –Agregó Jane – Kotomi, confió en que puedas manejarlo… Los esperare.
- ¡Hai!
Estacionamos cerca, cogí la katana. 
Sentía un gran alivio en mí la primera en salir e ir fue Lizbeth. Ella era sorpréndete, rápidamente llamó su atención. Entramos sin problemas, todo era silencioso, demasiado. Nos separamos en dos grupos: Linda y yo buscaríamos a Vladimir, mientras que Kotomi , Bryan , Dominic y Enrique irían por Zelig. Pero antes de separarnos las luces se apagaron. Habíamos caído en una jodida trampa, mi corazón empezaba a latir más rápido. “¿Asustada ratoncito?”, escuché. Si lo estaba. 
-Zelig….
-Vaya, Kotomi así que eras tú. – Zelig estaba al medio de la habitación. 
Sin dudarlo lo rodearemos… en un descuido nuestro un rayo se lanzó contra Kotomi, ella retrocedió siendo golpeada por este.  Zelig se había convertido en ese rayo. Le dio un golpe en estómago y dos más en la cara. Sus lentes de rompieron, ella tambaleaba.  Una chica apareció detrás de ella y le propinó una patada en la espalda. Nosotros nos habíamos quedado estáticos. 
-¡Mierda! –Grité. El ángel me vio a los ojos y nuevamente con las manos formó un rayo. Nos separamos, pero el rayo lo impacto contra Kotomi. No no consideraba rivales a nosotros.
Éramos unos inútiles. 
-La tengo – Informó la chica, le había colocado los grilletes de la cadena en ambas manos. Nuestro ángel lucia cansada, no le habían dado ni un pequeño chance a defenderse.  La cadena se contrajo hasta dejarla inmóvil de pie contra una de las columnas, Zelig sonrió. 
-Estas cadenas son…-Kotomi estaba impresionada y herida. No pensabammos que seriamos derrotados tan pronto.- Ningún humano deberías tocarlas, excepto…
-Una llave maestra- Respondió Zelig – Ahora tú serás parte de mi diversión. Creo que los coleccionare.  
La chica estaba distraída, sino hacíamos algo todo sería en vano. “No los puede matar. Si ella aparece estará acabado”, él tenía razón. Suspiré. No lo dude ni un segundo más, ataque a la llave maestra, esta me sonrió y comenzamos a pelear. Zelig no interfirió como sospeche. Ella también tenía el poder de esa armadura de relámpagos al momento que la toque con la katana pensé que me quemaría pero, la empuñadura no era metal pude cortarla, ella retrocedió, era la única contra ella. Lizbeth peleaba afuera y el resto iba contra Zelig.
-Inútil – dijo Zelig golpeando en el estómago a Dominic, los relámpagos de su cuerpo lo desmayaron, Bryan cayó después. Solo los dejaba inconscientes. 
No me di cuenta como, pero Lizbeth había aparecido y arremetió contra a la chica con una patada, ambas tomaron distancia.
-La pequeña demonio –Susurró –Disfrute mucho al entrar a tu cuarto…
-Akemi ayuda a los tortolos- dijo – Esta zorra es mía. 
Le hicé caso inmediatamente, me costaba pensar que ella era la niña de la historia que me contó Linda, la pequeña que perdió todo hace mucho y que Vladimir adoptó, era una chica de 17 años, no soltó ni una sola palabra durante nueve años de su vida en luto a su hermana y hoy  rompía ese silencio por salvar a su hermano. Una gran motivación pensé mientras iba por el ángel.
-Interesante…- Zelig jugaba con Enrique y Linda cuando llegué –Me sorprende que sigas de pie, dime ¿Cuál es tu nueva esperanza?
-Eso no te importa- Grité cortándolo por la espalda, pero no tuvo ningún daño- Mierda – Me golpeo con patada.
Sentía tres costillas rotas nuevamente. Éramos los tres contra él, Lizbeth por otra parte contra la llave, suspiré y nuevamente ataque, Linda se sorprendió pero luego me siguió.
-No puedes matarnos…
Nuevamente lo corté pero no tenía ni un rasguño detrás de mí Linda lanzo tres cuchillos contra él, pero los desvió con un manotazo y se lanzó contra nosotros, cubrí su patada con mi katana pero cogió a Linda del cabello y lanzó contra una de las paredes, algo parecido a lo de Bryan que no podía moverse por los escombros, Antes que impactara Enrique saltó cubriéndola del impacto con su cuerpo.
-Tienes razón chica payaso… no puedo matarlos pero si torturarlos. 
-¿Chica payaso?- Me sacó de cuadro saber que él también conocía eso. Sabia de quien era hija.
-No deberías sorprendente. Todas las deidades en la tierra conocen a los 10 miserables y familias. – Sonreía- Tu escaparas pero ellos se quedaran aquí hasta que se suiciden de la desesperación. 
Di un respiro y nuevamente ataqué. Él jugaba ni siquiera usaba la fuerza que uso contra Vladimir, no tendríamos oportunidad de buscarlo, tenía miedo de nuevo. Enrique se levantó junto a Linda me apoyaron al atacar. 
-Akemi anda por Vladimir. Nosotros lo pararemos. –Dijo Linda 
-¿Que? No podrán solos –Respondí. “Llegaré pronto”, suspiré. Eso no haría mucha diferencia.- Un amigo más nos ayudará. Es muy fuerte. 
- Esta bien… debemos liberar a Kotomi. Al menos una oportunidad tendremos.  
Ambas nuevamente atacamos, pero esta vez no hubo piedad. Pude esquivar su ataque pero me cogió del cuello y golpeo contra el suelo. Linda recibió un rodillazo. 
-Se acabó –Dijo alzando su puño, yo estaba en el suelo.
Cerré los ojos; entonces, vi una luz. Me creí muerta hasta que escuché voces y un viento fuerte. Abrí los ojos y era de noche. “¿En qué momento me mataste?”, preguntó. “Planeaba preguntarte lo mismo”, ambos se sonreían. Entonces abrí los ojos y escuché vidrios romperse  el ataque nunca llegó, pero abrí mis ojos al escucharlo.
-Ellos eran amigos, y tu jodias porque te invitaba a salir.–Esa voz era Diego, estaba delante mío deteniendo el ataque de Zelig con dos katanas cruzadas – Que esperas para irte.
-Tal vez si salga contigo.- Mi papá y su papá eran amigos. Sonreí. 
-Lárgate, busca a tu amo –Dijo retrocediendo a mi lado –Yo me encargo.
-¿Qué haces aquí?-Esa era Kotomi.
-Mira cómo te dejaron… –Respondió – Siempre quise patearle el trasero a un ángel. 
Nuevamente tuvimos una visión. 
-Hey ¿sigues vivo?- Preguntó papá pateando a ese demonio en el suelo.
-Dime que ganaste-respondió levantándose con dificultad, papá respondió negando con la cabeza –Que chipi eres.
-¿Por qué lo ayudas?- Preguntó Carol molesta. Siempre fue tan guapa, creo que incluso más que mamá.
-Si supongo, pero me cae muy bien.
Ahora lo entendía bien, a pesar de eso, ellos nunca dejaron de ser amigos. Sin dudarlo me puse de pie. Él estaba listo para pelear. 
-Diego, hermano casi muero –Bryan habló – Tardaste demasiado.
-Jaja, eres de lo peor dando indicaciones
-Que interesante – Zelig extendió sus alas junto con su extraña aura de relámpagos, sus cabellos se alzaron – Una llave maestra, un oponente digno al menos duraras más que ella. 
-¿Llave maestra?- Escuché los murmullos de todos.
- Escuche que la llave maestra de Kotomi era un corazón bendecido-Lizbeth regresaba con pequeñas herida pero viva, “¿ella venció a la llave maestra de Zelig?”, me pregunté. Diego silbo alzando su par de katanas.
– La chica del corazón maldecido, la famosa hermana del demonio, Lizbeth Anderson.- Le sonrío.- La llave maestra del demonio Vladimir. 
-Somos los dos contra él.- Ambos se miraron y luego voltearon hacia Zelig. Algo extraordinario parecía estar por ocurrir. 
Inmediatamente guardé mi katana y salí en búsqueda de Vladimir. Escuché los gritos de Kotomi, pidiéndole a Diego que se vaya, pero seguí adelante. Ellos dos podrían detenerlo, al menos un tiempo. Se veía extraño, más relajado. 
Lizbeth y Diego contra Zelig, tenía miedo por ellos pero no había marcha atrás. No hay peor cosa que la que no se intenta. 

jueves, 5 de enero de 2017

Saana - Capítulo 22

Payaso y arlequín 

Un par de bombardas, música de regueton, salsa y una que otra bachata; ternos de colores negros, azules y grises; vestidos de todos los colores y tan cortos que a los padres de aquellas chicas les daría un paro de ver como se les veía hasta a el alma a sus niñas cuando bailaban, sobretodo el regueton. 
La noche tan especial para Jennifer apenas comenzaba. Los invitados habían llegado desde las 10 p. m. La quinceañera saldría aun a la madia noche, en las mesas los jóvenes ya degustaban sangría y otros bocaditos. El PALACE era un reciento de tres pisos; en el primero estaban los del servicio, en el segundo seria la ceremonia y en el tercero era para la fiesta.  
En una mesa estaban el grupo de Valeria y Flor junto a Saana, quien desesperaba buscaba a Sebastián, se sentía avergonzaba por lo que había ocurrido ese día.  “Se mi novio”, recordó. Su papá lo odiaba, los había encontrado borrachos en las calles por el centro comercial y en casa la grito. No le exigió que terminaran; ya que, la última vez ella terminó atropellada.
Saana llevaba un vestido negro en corsé hasta las piernas un poco más arriba de las rodillas, Flor uno lila con tirante y Valeria de color blanco e idéntico al de Gutiérrez. Entre las amigas del mismo grado bebían la sangría, Saana pro 
Por otro lado de la sala estaba José sentando con Cecilia esperando a Diego y más allá el resto de invitados como familiares y otros amigos, incluyendo al profesor Richard, su novia Marcela entre otros.
En un dos por tres la música iba bajando, el maestro de ceremonia se acercaba al medio de la pista de baile. Empezaba a sonar el Danubio azul, la media noche se había presentado. Las chicas para el ritual de las 15 velas y los chicos con 15 rosas también, mientras que la quinceañera llegaba.
-Ya se acaba el tiempo, baja al primer piso-Indicó Yue, con un traje de mesera. Su hermana de igual manera estaba con una charola en mano.
En el primer piso se vivía un pequeño caos en la cocina entre chef y ayudantes, por otro lado los meseros empezaban a subir más bocadillos y licor. Tener un piso para adultos y otro para los jóvenes era complicado.  
A los minutos llegaba la quinceañera y subían hasta el piso final para la ceremonia. Meylin aprovecho el descuido y llego a la cocina, comió un poco y saco un arma, tenía un poco de miedo. Sacó su máscara y se cambió de ropa. 
-¿Qué hace una chica tan bella como tú aquí tan sola? –Escuchó una voz femenina preguntar.- Que ropa interior más sexy. 
Meylin se tapó inmediatamente. 
-Sebastián…-Dijo pensado que era pero se había equivocado. Una chica de cabello rubio, vestido rojo y con el rostro pintado la apuntaba con un arma, la cual era de juguete pero la Long no lo sabía. - ¿Qué? 
-Tus ojos no te engañan.-Dijo Sebastián entrando a la habitación también. De terno negro, con la camisa morada y con la misma sonrisa escalofriante de su amiga.- ¿Cómo va todo cariño? 
-Mierda…- Dijo Meilyn al darse cuenta que estaba en problemas. 
La ceremonia había comenzado.
Saana al igual que el resto de chicas le emocionaba cosas como esta, mientras que otros, los chicos exactamente, esperaban que empezará la fiesta de una vez. El rito duro un aproximado de una hora.La quinceañera fue por su cambio de vestido. Después de unos cuantos minutos la celebrada junto a sus amigos subieron al tercer piso donde sería la fiesta para chicos, mientras los mayores festejarían en el segundo piso. 
Pero una vez que llegaron no había absolutamente nadie solo estaban las mesas decoradas de color celeste con una roja blanca en cada una. Habia un chica en el balcón mirando la hermosa luna llena. Con un short negro corto, polo negro, cabello plateado y con una arma en la mano. “Esa es….”, pensaban raramente sincronizados Saana y José.
-Yue…
-Hagamos esto rápido…-Dijo Yue entrando a la sala, apuntó hacia Jennifer.- Quiero amarren a Sebastián y Saana; y, me los entreguen.  
-¡Quién eres y quien te has creído para venir así!-Grito Jennifer muy indignada de lo que pasaba. Estaba tan furiosa que no notaba que su vida corría peligro. 
Yue se sentó en una silla sin dejar de apuntarle. En un descuido en que la chica quiso reclamar Yue disparó. Era un arma real, se escucharon gritos. Unos corriendo hacia las puertas, pero estaban cerradas.
-Saana, Sebastián…   
-¡Para Yue!-Exigió Saana.- Te daré mi rosario, este es mi talento.
“Quiere a Sebastián porque es el payaso…lo había olvidado”, entre tantas emociones que había tenido para con él. Había olvidado la decepción que tuvo al enterarse.  Si usaba su talento contra ella, la premonición de la peliplateada la delataría y el talento de Karen necesitaba contacto visual. 
-Mira quien apareció….perfecto, ya tengo la carnada para Sebastián-dijo Yue sin dejar de apuntar a Jenny, mientras todos estaban inmovilizados.- ¡Tira el rosario aquí.
“¿Qué pasa con Saana?”, se preguntaba entre cuchicheos. “¿En qué está metida esa tipa?” Solo unos cuantos sabían la situación y no podían interferir. Palabras como: roja, terruca, etcétera se empezaron a murmullar. 
-Por favor, paremos esto –Dijo sacándose el rosario. 
Saana bajo la espada por temor que le haga algo a las personas que no tenían nada que ver.
-No me retrases más. He venido preparada para tus habilidades.- Empezó apuntar hacia ella.-  Él llegara pronto. 
-Tanto te duele que Sebastián prefiera a Saana que a ti –Increpó Valeria sin temor alguna a lo que hiciera Yue. José la miro con una cara de mierda. “¿Qué hace esa estúpida?”, se preguntaba. –Debes quererlo mucho para hacer esto…
Yue apuntó hacia Valeria, al notar retroceder un poco a Valeria, ella sonrió. La belleza oriental que se hacía llamar Luna, sacó su espada haciendo un corte a la nada, José empezó a aparecer con su Kurikara en manos.
-Olvidas que mi talento es la premonición…-Comento irónica. José se desvanece nuevo apareciendo  al lado de Saana sin mascara también. Suspiró, ahora él también padecía la situación.   
-¿Qué son ellos?-se escucharon entre las voces…
Era casi milagroso que nadie gritara, pero la realidad era distinta.  Las deidades habían utilizado sus poderes. El final se acercaba y no podía permitir que el resultado se retrasara más. Detrás de Saana, escondida Micaela y la deidad guía de Yue, de nombre José también, observaban. 
“José, tú también…”, pensaba Valeria incrédula al ver el poder de José. Este último se maldecía internamente. El rosario de Saana era su talento, el de él había quedado prácticamente la descubierto, su espada mantenía su poder.
-¿Tienes algún plan?-Preguntó José observando a Saana tan incapacitada como él.- Predice nuestros movimientos. 
-No…pero debemos hacer algo lo que sea...-Respondió Saana muy preocupada.- No nos queda de otra. 
Se sacó el rosario del cuello, se mordió el labio inferior. José también regreso su Kurikara a su estuche. Ambos solo podían rendirse. Estaban acorralados. 
-Muy bien todos, menos ustedes dos-Indicó a José y Saana-Márchense hacia la esquina de allá.
En ese instante el ascensor empieza a sonar. Yue no quitó la mira hacia Saana, era el momento que estaba esperando.  Se tronó el cuello y con la mano libre se colocó su máscara.  Desde el comienzo de todo, ese crio que vio llorando había sido su principal rival. 
-Buenas noches, damas y caballeros. ¿No se suponía que esto era fiesta? –Dijo Sebastián saliendo del ascensor con una chica en brazo derecho cargada y en la otra su Benihime. – Empecemos con la diversión…jaja 
De terno color negro y camisa morada, con el rostro pintado y enorme sonrisa en el rostro. El payaso había llegado a la fiesta, dispuesto a iniciar la hora loca. Notó a Saana y José acorralados, la situación era tan como la predijo. 
-Entrégame tus talentos Sebastián. – Sonrió debajo su máscara.- Has sido mi único dolor de culo durante este año. Hagamos esto por las buenas.
-No recuerdo habértela metido por el culo… 
Dejo el bulto en el piso. Se deshizo del saco, cual película se lo tiro a una chica cerca. Recordó que era uno de los agarres de Luis. “Sebastián por fin llegaste…pero aun si no podrás”, se resignó Saana observando tan confiado.
-Tengo todo a mi favor. Perdiste.-Respondió apuntándolo con el arma –Sabes me caías muy bien. Tal vez te hubiera dejado que me la metas, niño. 
Se sentía confiada.  
-Siempre que te tenía loca. -Bromeo Sebastián muy relajado muy todos los invitados observaban, de pronto le saco la bolsa a la chica. -¡Sorpresa!-Exclamo colocando su espada en el cuello de esta. 
Inconsciente, desnuda, atada y con una variedad de moretones y cortes en el cuerpo. Así se encontraba su hermana menor. 
-¡Hijo de puta!- Gritó Yue bajando el arma los nervios se apoderaron de ella completamente al observar a su hermana desmayada frente a ella y en manos del payaso, este mismo la cogió del cabello y la levantó.-No te atrevas a tocarla hijo de puta- Gritó alterada.- ¡La mataré! – Apuntó a Saana nuevamente. 
- No me importa. – Le sacó la lengua y sacó un muñeco de brujería, vúdu con forma de Saana, este tenía múltiples cortes y agujas.- ¡Vamos! Hazme el favor preciosa… dame el arma y collar.  
Yue sin pensarlo lanzó el arma por la ventana, ni muerta se la entregaría, y se acercó a Sebastián aun asustada y preocupada. El tiro parecía haberle salido por la culata. “Es demasiado bajo….eres una mierda”, se dijo a si mismo José incapacitado de hacer algo, quería salvar a Meilyn pero no podía dejar que Yue se saliera con la suya
-¡Déjala cobarde!-Atinó a gritar.- ¡Eres una mierda Sebastián! 
-Por favor déjala-Pide de rodillas Yue. Él ya tenía su collar. 
Una sonrisa se dibujó en su rostro, sacó una pistola. Lanzó a Meilyn contra su hermana y le disparó tres veces, entre risas y carcajadas. Yue desconsolada recogé a su hermana que aún estaba inconsciente. Desangrada. 
-¿Era de verdad?- Preguntó desconcertado.- No soy Sebastián, señor pez. -Inmediatamente desconcertó a José. Amaba ese poder. – No soy su novio, señorita llorona. Soy la muerte. 
 –La mataste….-Susurró al no sentir el pulso-Eres un, eres un…-No pudó completar al sentirse ese dolor tan profundo… “Meilyn, Meilyn… no me dejes. Siempre nos cuidamos una al otra… ¿no? por favor resiste...”, pensaba sin  poder soltar una sola palabra. La desesperación se apoderaba de su mente, se sumergía en un mar de agonía. Habían compartido 21 años de su vida juntas. Y cuando ella fue elegida para ese destino. “Estamos las dos juntas en estos… no morirás. Te convertirás en el verdadero ángel que eres”, sus sollozos aumentaron, sus mejillas se tornaron rojas. 
-Que mal sentido del humor, querida Yue.- La tomó por la cabeza, divertido. Si Yue era un ángel, él era un demonio. 
-¡Ella era la única que tenía!- Gritó haciéndolo para atrás, empezó a intentar golpearlo sin éxito. Él predecía cada golpe. -¡Eres de lo peor !-Continuaba gritando mientras atacaba, pero Sebastián solo sonría evitando los ataques. Él había ganado. –Ella era mi única familia…. No teníamos una al otra…
Odio y dolor. Nunca paso por su mente que eso terminaría asi para ella. 
-¿Realmente parecía tu hermana, no? – Le dio una patada al estomago y tomo distancia. Notó a Jose acercarse hacia el cuerpo, Saana fue ayudar Yue. Los invitados se quedaron observando extrañados.- ¡Señores todo es parte de la hora loca y el olor a marihuana en el aire! ¡Esto no es real! 
Entre cuchicheos su manipulación tuvo éxito. Ahora debía largarse. 
Del ascensor sale una versión femenina de él, con el mismo maquillaje, cabello rubio con dos colitas caídas a los costados y un vestido rojo. Entre saltando alegremente hacia Sebastián.
-¡Lamento la demora pudin! - Dijo la arlequín abrazando a su payaso.- La chica está en el ascensor. ¿Te divertiste mucho sin mí, pastelito?
Meylin estaba atada e inconsciente en el ascensor. Completamente desnuda, con la cara pintada y frases en el cuerpo como: “Zorra oriental”, “Mi hermana me chupa la concha” entre otros improperios que sacaron de sus casillas a la mayor. 
-¡Tu perra! – Gritó al arlequín furiosa. - ¡Te mataré Sebastián a tu perra tambien!
-Oh… preciosa-Comentó arreglándose el pelo, tomó una de rosas de las mesas y se la dio. – ¿Yue con esa boca besabas a tu madre? Vamos… ¿dónde está tu sentido del humor? Jaja –Bromeaba.
En ese instante José se acercó a liberar a Meilyn. La liberó, esta lo abraza mientras que Valeria observaba.  El momento se pierde cuando la menor notó que había sido usada.  Gerson en realidad era Alem, uno de los enemigos de su hermana. Saana empezó hacer bajar a los invitados, notó que las palabras del payaso los habían confundido. “¿Una nueva habilidad?”, pensó. 
-Me las vas a pagar… esta humillación nunca te la perdonare…
Dio un par de piruetas. Esta vez pelearía enserio, el kung fu tradicional era su especialidad, no había forma de ser derrotada por una faja azul en wushu. Ella intentaba golpearlo, patearlo pero él predecía todo, no hacia esfuerzo. Un par de veces bostezo para humillarla aún más. El talento de la premoción ahora le pertenecía. En otro lado de la habitación, luego que Saana logró evacuar a la mayoría, finalmente se acercó a José que estaba con Meilyn.
-Gerson eres la peor mierda que me he tirado.- Se puso de pie, notó con gracia que su ropa estaba cerca y empezó a cambiarse. Cogió el vestido de Saana contra su voluntad y limpio la cara.
-¡Malcriada!- Recriminó. 
-Me llamo José –Dijo el chico sacando su kurikara de su funda, cogiéndola en posición como si fueran dos espadas –Saana llévate a Valeria y los que faltan. Ayudaré a Luna.-Indicó mientras iba contra el payaso. Ella solo asintió, notando que no se refería a él como Sebastián a pesar de que lo acaban delatar.  




-Bebe, creo que estamos en problemas –Comentó payasa preocupada.- ¿Ya estará todo listo? 
-Solo cúbreme, en este momento no hay nadie que me paré- Respondió.-  Espera, anula a Saana. 
-¡Oh! Cierto.
Aquellos poderes de manipulación de Saana serían un dolor de cabeza. Meylin va al lado de su hermana, está la abraza por unos segundos, hasta que ven a la arlequín y el payaso mirarlas con una sonrisa. 
-Ya verás perra… 
Meylin deseaba venganza. José deseaba pulverizar a golpes al payaso. Yue deseaba ambas cosas. Y el payaso, solo deseaba largarse de una vez, tarde o temprano alguien se daría cuenta de lo que pasaba. 
-Eres de peor- Dijo Yue ya más tranquila.- Pero ya se te acabo la suerte.  
-Eres lo más bajo de todo… –Agregó José igual de molesto.- Tu eres por mucho el peor de todos. 
-Eso depende desde el punto de vista – Dijo Sebastián acercándose al balcón –No he matado a nadie. Aún. 
En un dos por tres, como una ladrona. Rosario tomó a Saana por la espalda, le colocó una bolsa en la cara y la tiró al suelo. Inmediatamente corrió al lado de Sebastián. Con una sonrisa pícara lo abrazó. Las gemelas y José se preparaban para pelear. De cualquier forma no podían ganar, pero ya había pasado mucho tiempo.
-Fue un gusto…Yue te ves hermosa llorando a luz de la luna y José… bonito traje–Comentó Sebastián lazándose del segundo piso juntó a su arlequín. 
“¿Se suicidaron?”, pensó Saana levantándose. 
Era un par de lunáticos, desequilibrados mentales. “Mr. J ¿Qué haremos esta noche?”, recordó aquella clase del taller de teatro de los sábados. Una extraña sonrisa se posó en sus labios, se sentía raramente feliz. 
-Rosario… 
Rápidamente José y Yue se fijaron en el balcón y notaron varios colchones en esa ubicación y una minivan que se marchaba. Tenían aliados y se habían salido con la suya. La mayor suspiró, la menor lagrimeo y el último se tomó la cabeza desesperanzado. 
Aquel vehículo iba toda velocidad entre gritos y loquería.
-¡Dejen de hacer tanta bulla que nos detendrá el patrullero!- Gritó Luis, cual chofer furioso de caricatura. No tenía brevete y si su papá se enteraba que tomó la van se iba meter en un grave problema y en un peor si lo detenían.  
-Buen trabajo Yliana, justo a tiempo. Tú también Luis. Gracias.- Dijo el payaso desordenándose el cabello.- Sobre todo tú, Rossy.
-Gracias a ti. Nunca olvidaré este día–Dijo Rossy sacándose la peluca y soltándose el pelo-Fue divertido. Me alegra llevarme estos recuerdos conmigo. Se acercó a Luis y a Yliana y les dio un abrazo.- Nunca hemos hablado mucho, pero fue muy divertido chicos. 
-Fue un gusto ser parte de The Clowns – Agregó Yliana.- Bueno onii chan, esto termina aquí. Cuando seas la muerte, trata de darme una muerte decente. 
-Tomémonos fotos.- Reprocha antes de que ser terminaran de cambiar.- Recordemos este día.
-¡Pero no la tomen mientras manejo!- Entonces una sirena empezó a sonar.- ¡La puta madre, Rosario luego las tomas!
Esa noche terminó con el fin de Luna. Ya solo quedaban Diego/ Chalo, Sebastián / Joker, Saana/ Xena, José/ Alem y finalmente Carol / Joshi. 
El fin del año escolar estaba cerca tan solo estaban a una mes del gran final, Sebastián por sus notas se daba el lujo de faltar al igual que varios del aula de Preparatoria. Aunque este faltaba por no darle cara a Saana, sabía que el fin de este juego estaba cerca. Por otro lado la fiesta de promoción también lo estaba. “No quiero que termine este juego……”, pensaba frustrado el chico echado aun en su cama a pesar de la hora. 
Lo había olvidado. Ahora tenía novia.  
Durante aquellos días finales en lo que Rosario hacia sus maletas, Diego se preparaba para el final buscando como vencer a Saana, Sebastián y José; y, estos tres últimos trataban de ignorar el final en todo lo que se pudiera.   
Los días tal vez pasaban más rápidos, o era solo una impresión; sin embargo, José aún seguía confundido, solo quedaban los cuatro. El payaso traicionó a las gemelas Luna “¿Por qué Diego no me haría eso?”, se preguntó. El tiempo siguió su curso, Saana empezó a desesperar no sabía nada de Sebastián desde el quinceañero de Jennifer. 
Las horas empezaban la cuenta regresiva, era viernes sangriento, día de la fiesta de promoción del aula de José, aunque el tiempo iba más rápido de lo normal, el chico parecía muy emocionado, algo aun lo atormentaba tal vez el estrés de lo que había sucedido o el temor de una traición por parte de Diego.
“Espero convertirme en un gran actriz….jiji GRACIAS POR TU AMISTAD MI MR.J Nos vemos te quiero mucho”, leyó, suspiró, dio una mirada al cielo oscuro y sonrió. Tomó su casaca y salió de casa. Él iba ser su pareja de promoción y ella la de él. Eran amigos, eran hermanos.
-Bye, bye Rossy.- Suspiró. Esa noche le quitaría su talento a José. La próxima semana terminarían el colegio, la que le seguía seria su promoción y el tempestuoso final de aquel malévolo juego de azar entre deidades. La muerte se aproximaba y era uno de ellos.  
Y finalmente en un par de horas, los alumnos bailaban el vals con sus padres, luego con sus parejas y para concluir las fotos del recuerdo.  Unas sombras se acercaban-
-Sebastián…-Dijo Saana a fuera del local. Ella también había ido.- ¿Qué haces aquí?
Tenía una capucha negra, pantalones del mismo color. Cualquiera que lo viera observaba a un pandillero.  Ella llevaba un buzo rojo, capucha morada. 
-Ya deberías saberlo. Tú también me jugaste sucio, pastelito. 
- No quise hacerlo.- Suspiró y se acercó a él. La música de la fiesta sonaba fuerte.- ¿De verdad quieres ser la muerte?
-No me agrada la idea de perder.  
Entre reguetones y salsas la fiesta continuaba su rumbo. Cecilia era pareja de promoción del chino, Raúl. José había ido con su prima, notó a quería Valeria con un  tipo que desconocía. Cecilia salió a tomar aire y corrió a nuevo a la fiesta.
-¡Sebastián está afuera con un tipo y le apunta con una pistola!- Gritó cerca a los baños donde se encontraba José. 
“¿Una trampa?”, pensó. 
-Saana me dijo que vendría a encontrarse con él…
La voz de la Valeria y esa mirada acusadora lo confundía. No podía dejar a su amigo, estaba seguro de que él intentaría defender a Saana. Se metió al baño y busco la presencia necesitaba, Valeria entro al baño detrás de él y en un chasquido fugas fueron hacia allá. Él llevaba su kurikara, ella solo iba ayudarlo. 
-Lo siento José este es fin del camino –Dijo Cecilia.
Llegaron dispersos hacia el lugar. Un callejón oscuro a apenas a unas cuadras del recinto donde estaban. José notó que Valeria lo siguió y se molestó. 
-¡Chipi!
No tuvo reacción. Todo se volvió demasiado lento para él. Eran cuatro disparos seguidos, Sebastián y Saana no estaban en ningún lado.  “Hasta aquí llegue…No puede ser”, pensaba escupiendo sangre. El piso amenazaba con darle un beso y la gravedad lo empujaba a sus labios. La muerte dolía una respuesta que siempre busco. 
-¡No!
Se quedó congelada. 
-Tengo dos talentos. Siempre he podido leer tu mente.- Suspiró.- Odio mucho la hipocresía y durante este año he vivido rodeada de ella.   
-¡Aléjate!  
Valeria se interpuso entre ellos. Pero de un manazo fue mandada a volar, comenzó a sangrarle la nariz. Diego se agacho y cogió la kurikara. 
-Cuando me contaste sobre tu hermana supe que debía ser esto.- Abrió la empuñadura de la espada y sacó un sobre.- La carta que te dejo. Gracias José fue divertido.
Entonces, chaqueo los dedos y desapareció. 
Valeria corrió de nuevo hacia él, comenzaba a llover. Tomó su celular y llamo a una ambulancia. 
-Solo te amaba a ti…
-Idiota, eres lo mejor que me paso-Dijo Valeria abrasándolo.- Resiste vendrán pronto. ¡Ayuda! ¡Ayuda! 
-Te dejo un rato solo y ya metes la pata…- Sebastián llegó al escuchar los gritos de su compañera, Saana se tapó la boca para no gritar, estaba aterrada ante lo que veían.- Esto es tan estúpido, como que no te pueda curar con el talento de Incognito. 
“Sebastián tú… ¿qué te paso?”, pensó José al observar a Sebastián cambiar su vista le juega una mala pasada observando a un niño llorando acercarse junto a un payaso diabólico llorando. “Acaso este realmente eres un niño llorando”, se preguntó mientras este se agachaba, cogió con la otra la mano un poco de la sangre de José embarrándosela en los labios, sonrió. 
-¿Qué cuentas?-Preguntó.
-Que te ves muy feo, huevón… 
Sebastián estaba llorando.