domingo, 13 de noviembre de 2016

Perros orinando



Se subió las bragas con dificultad por su gran y regordete trasero pálido, su cuerpo aún se encontraba levemente mojado por la ducha. Buscó ropa cómoda entre calzones tirados, platos sucios acumulados y un olor a orine de gato, esto último culpa de Sabina, su gata. Entre montañas de indumentaria y desorden encontró una sudadera gris y un buzo azul. Sin colocarse la tortura, su sostén, se observó en el espejo antes de salir. Aun tenía morado el pómulo izquierdo. 
Salió de su casa a pasos lentos como un niño cuando quiere llegar tarde al salón luego del recreo, con las manos en los bolsillos. Su caminar le suena a una guitarra. 
Unos perros empiezan a fastidiarla.  
Los ladridos eran un dolor de cabeza, cómo balas que eventualmente oiría sino se apuraba. No vivía en zona santa. 
En una esquina de la calle por dónde vivía, hay zapatillas de nylon colgadas entre dos postes de instalaciones de luz. Frente al poste izquierdo y urinario público de los consumidores del negocio,  se encontraba una casa verde, con matices oscuros en la parte inferior hechos por los perros callejeros, que cómo artistas pintaban, estos canes orinaban. 
“Toc-toc”, tocó la ventana.
La ventana se abrió y ella dejó un par de monedas en ella.  Se oyó otro “toc-toc” y unos ladridos la empezaron a fastidiar. Cogió su encargo y caminó, al ritmo del “toc-toc” y con un encendedor en la mano se fue alejando hasta llegar a dónde fuera una desconocida con olor a orine de gato en un barrio de perros.  
Tres tipos de tez morena fumaban frente a ella. Sentados de ropas holgadas, gorras, uno que otro tatuaje y con sonrisas perturbantes. Reían como hienas por todo, se veían irracionales. Le mueven la cola cómo perros juguetones. Ella lo entiende y se sienta a su lado. Esta vez no la golpearán. 
Sonriendo empieza a unirse a ellos en humo. 
Siente ganas de bailar, escucha trompetas dónde no las hay. Sus compañeros ríen con ella y la invitan a bailar. Pierde la noción del tiempo, entre más empieza volar. Solo recuerda volver temprano a casa, tiene una gata que alimentar.
Entonces, escucha un pequeño riachuelo, cuando se da cuenta, está cubierta de orine de perro. 

domingo, 6 de noviembre de 2016

Demonios internos - Capítulo 16

Metida de pata 

Sí que éramos unos idiotas, realmente habíamos metido la pata. Me encontraba aterrada frente a lo que parecía el inminente fin de aquella deidad en la que habíamos depositado todas nuestras esperanzas, suspiré y pensé que quería ver a mi papá. La muerte debe estar cerca, tengo miedo. “Yo salía con tu padre”, escuché pero no la veía. 
Solo observaba petrificada, con el pantalón mojado de orina, a Vladimir sangrando contra aquel ángel, el cual era un verdadero demonio. Tenía miedo. 
-No quiero ni una queja de esto.
El perro infeliz se había ido derrotado, Vladimir le negó la ayuda que pedía desesperado. Sabía que había personas crueles en el mundo, pero ese infeliz….me hervía la sangre de saber todo lo que paso su hija, lo estúpido que su padre. No entendía el por qué traer niños al mundo, si los iban tratar de esa manera. A mi mente llegó la imagen de mi padre. 
-¡Vladimir, no podemos quedarnos sin hacer nada! –Reclamó Enrique. Era el más afectado con el tema del ángel. – ¡Zelig puede matarla!
-¡No pidas que nos quedemos sin hacer nada! – Esta vez era Linda, la indignada y me sentía igual, pero no podíamos contradecir a Vladimir, no quería que me pasara lo que a Diego. Pero era extraño, él no parecía dejar pasar por alto algo como eso. 
-No me interesa… –Fue tajante al hablar. Se nos había olvidado que era un demonio. – No diré más. 
Todos asentimos, mientras el susodicho salía del estudio, “¿Por qué no la quería ayudar?”, me pregunté. Me sentía frustrada. “No se supone que es su trabajo, maldición…”
-Eso es un problema…-Dominic rompió el hielo. Nos encontrábamos solos y callados desde que se fue. 
-¿Por qué?-Linda lucia molesta, pero a la vez confundida. “¿Esperamos mucho de él?”, me pregunté. – ¡Me siento demasiado frustrada! –Gritó. ¡No es justo!
-¡Al demonio Vladimir! –Enrique alzo la voz. – Nosotros podemos hacerlo…
En ese instante entró Vladimir de regreso al estudio, todos sentimos un escalofrió de terror. Lo pude notar  al ver sus rostros, sentía que éramos hermanos. Él se había cambiado la ropa, se veía muy arreglado.
-¿Vas a salir?- Pregunté, “¿Por qué lo hice, si no me importaba?”, me consulté. De seguro los nervio me traicionaban. 
-Tengo una cita –Respondió- Deberían conseguirse una novia, a ver si así me libro más rápido de ustedes.
Era un completo demonio resentido. 
-Que gracioso –Comentó Enrique, realmente está dispuesto a ir contra Vladimir, “¿Tanto odiaba a ese tal Zelig?”, pregunta estúpida. Había olvidado lo que paso entre ellos. 
Vladimir salió de su casa, en ella quedamos  solo nosotros. Realmente podía cambiar tanto en un instante, deje eso de lado mientras nosotros estábamos en una reunión.
-Nosotros salvaremos a esa chica – Indicó Enrique, el nuevo líder, mientras nos separaba en dos grupo. No podía evitar sentir un mal presentimiento, pero estaba tan emocionada – Yo iré con el marica a buscar al tipo. Lizbeth, Akemi y Linda, tienen que ir tras Vladimir e informarnos todo lo  que haga. Él no puede enterarse.
-Enrique, haz olvidado que te enseño telecomunicaciones – Dominic tenía el ceño fruncido. Sacó una libreta y empezó a anotar – Daté por jalado en el ciclo.
-¿Eh?
-Muy bien –Interrumpió Linda –Nosotros lo haremos- Dijo poniendo su mano al medio.
-Vladimir nos expulsara después de esto. – Continuó Dominic poniendo su palma también.-Incluso nos puede matar.
-Salvaremos a Antonia…– Enrique coloco su mano también.
-Vamos hacer nuestro mejor esfuerzo – “Que idiota soy, pude decir tantas cosas pero dije lo más estúpido”, me dije levemente sonrojada. 
En fin Enrique se veía muy confiado, él no retaría a un ángel a menos que tenga una oportunidad, él debe ser la llave maestra, pero ¿qué poderes tiene Vladimir?  Ahora que lo pienso, solo es fuerte, Kotomi puede curar, Albus cambia de forma… Entonces…La ultima mano que se colocó encima, fue de Lizbeth con su mano libre hizo un seña de paz y amor, estamos juntos en esto.
Vladimir se encontraba en centro comercial, sentado en una banca. Yo  me encontraba con Linda y Lizbeth observándolo de lejos. Yo usaba un polo y short del mismo color y unas gafas de sol. Linda iba parecida pero usaba una camisa gris y pantalón negro, con gafas también. Lizbeth iba con un vestido corto negro y gafas también. Dominic nos dijo que parecíamos “las ángeles de Charle” antes de irnos, algo de razón tenía, incluso nos tómanos una foto antes de salir. “Creo que la pondré en mi portada de Facebook”, me dije, gustaba mucho esa foto. 
-Una chica….- Linda me sacó me mis pensamientos, Vladimir se acercó a una chica, era algo alta, su cabello era marrón casi rubio, sus ojos eran caramelos y tenía expresión algo triste, su ropa era algo casual un polo oscuro y una falda gris. Su expresión me recordó a la muerte. “Creo que estaba de moda los colores oscuros, bueno nosotras éramos espías ¿no?”, reflexioné un poco.-Comenzaron a hablar…
-Tal vez sea una demonio o una ángel –Respondí, Lizbeth negó con su cabeza.
-Lo dudo, los demonios y ángeles de esta zona solo son tres: Zelig, Kotomi y Vladimir –Respondió Linda – Jane y Albus solo vinieron a visitar a Vladimir.
-¿Entonces? Es una chica humana…
-No me sorprendería, te lo dije antes los demonios también tiene necesidades. Puede que él…-Linda se sonrojo –Debí traer mi cámara…
No lo dudé y golpeé a Linda, sus lentes salieron volando, por mi acto tan inteligente no pudimos ver lo que decían, pero “¿Por qué se le salía lo pervertida en un momento así?”, pensaba. Ellos se comenzaron a alejar, mientras Linda se colocaba sus lentes de nuevo, Lizbeth  sacó su celular y escribió un mensaje. “Cómprame un juego nuevo para el PSP , de preferencia de pelea”
-Lizbeth eres una genio – Alagó Linda, la chica le guiño un ojo, yo aún no entendía  el por qué. Note que la tienda de video juegos estaba a nuestro costando, inmediatamente. Su celular vibró.“Ok , te espero en una hora en centro comercial.”
Lizbeth frunció el ceño ante la respuesta, eso significaba que tendríamos que buscarlo. Fue un buen intento, de verdad me sentía una completa inútil.
-Recién te das cuenta.
Observe a todos lados, estaba preocupada. Luego lo recordé. 
-Debes enseñarme como te metes en mi mente.
-Es sencillo, piensa en mí y me empezaras a escuchar , por cierto búscalo en el pequeño parque que está a la espalda del centro comercial.
-¿Cómo sabes que estarán ahí?
-Hay tenía sus citas con Kotomi….
“¿Cómo sabía todo eso?”, me consulté, él había dejado de hablar. Después de decirle a mis compañeras donde podrían estar, fuimos hacia allá. Me sorprendí bastante Vladimir estaba con Jane, Kotomi y la chica bajo un árbol ¿Comiendo?
-¿Debe ser una ángel? –Cuestioné mientras Linda los observaba – Llama a Enrique y pregunta cómo van. De seguro solo está de visita. Espera tengo una idea, Lizbeth llama a Enrique – Dije entregándole mi teléfono, Lizbeth frunció el ceño.
-Akemi, no eres muy inteligente ¿no?- Comentó Linda, mientras la muda suspiraba. “Plop que idiota”, comenzaba a considerar que Diego tenia razón a veces. 
-Jiji –Reí tímidamente, realmente era estúpida, cogí el teléfono –Disculpa.- Me disculpe con Lizbeth y llamé. 
-Estamos con el Sr. Díaz, el padre de Antonia, según lo que tenemos: Ella vive con Zelig al igual que una de sus seguidoras, pero es contradictorio. Va contra las reglas salvar a alguien que no es puro ¿No recibió ningún castigo?
-No tengo la más mínima idea.
-El señor nos dio fotos de Antonia, ahora te mando algunas. El viernes será el día, hay que prepararnos. Deja a Vladimir –Enrique cortó al instante me mando las fotos.
Vi las fotos, era una chica muy atractiva pero guarde mi celular Vladimir y amigos se habían ido a quien sabe dónde. 
-Vamos a regresar –Dijo Linda.
Regresamos  pero no tocamos el tema para nada, Lizbeth saldría con Vladimir por su juego y para discutir que haríamos debemos estar todos. Tenía un mal presentimiento, pero todo estaría bien. Cerré los ojos sentada en el sofá, habían sido días demasiado sofocantes. 
Abrí los ojos en mi cuarto.
-Vaya sí que te han hecho mierda –Dijo él mientras me cambiaba las ropas, estaba demasiado cansada –Fue estúpido pelear contra una llave maestra, ninguno de ustedes tendría oportunidad excepto mi llave, pero es una persona pacifica a diferencia de ustedes. Sarta de idiotas.
-¿Qui es tu llave?- Pregunté duras penas, mientras sentía como me colocaba mi pijama. Estaba recordando lo de aquel día. 
-Es bastante notorio. 
Mis ojos se entrecerraban, aunque ya estaba curada mi cuerpo aún se sentía herido, unas lágrimas brotaban.
-Soy débil…
El tomo mi espada y la blandió.
-Me tomó por sorpresa que tú fueras hija de la chica muerte. 
-¿Qué?
-Todos los somos –Respondió mientras la guardaba, pudo notar un hilo rojo en sus dedos –Es nuestro secreto, chica payaso. –Me guiño el ojo, mientras salía por la ventana de mi cuarto
“¿Ese hilo rojo era sangre?”, pensé. Era imposible. 
-Eso es….-Mi voz se apagó, mis ojos se cerraban….
Sentí una cálida sensación en mi frente antes de caer profundamente dormida 
En ese instante desperté, me había quedado dormida en el sofá de la sala de Vladimir, a mi lado estaba Linda con un libro porno, lo sabía porque solo leía sus dichosos lemons. Vladimir ya estaba en casa con Lizbeth, quien jugaba entretenida en su PSP, Enrique estaba parado en frente de Vladimir.
-Despertaste justo a tiempo- Me susurró Linda.
Vladimir se acercó a Lizbeth y le entrego un sobre, esta lo vio con una pequeña mueca de confusión lo guardo. Luego se disponía a ir a su habitación pero Enrique le cerró el paso.
-Sigues con lo mismo –Comentó Vladimir, con un notorio fastidio.- Creo que has olvidado tu lugar, humano. 
-¿Por qué no quieres hacer nada?- Preguntó, manteniendo al margen -¿Cómo planeas que nos quedemos de las manos cruzadas?
Cuando nos reunimos, acordamos intentar convencer una vez más a Vladimir si no tendríamos que hacerlos nosotros. Parece que seriamos nosotros.
-¿Qué crees que puedes hacer? –Preguntó con una pequeña sonrisa en los labios –Nada… son humanos, su miserable existencia no rival para una deidad. 
-¡Entonces cuando nos salvaste, tampoco era tu problema! –Enrique comenzaba a perder los papeles, nosotros solo escuchábamos.
-Cuando entrenamos  te lo dije muy claro ¿no?- Enrique se confundió por un instante- No dejes que la fuerza se suba a tu cabeza. Solo eres un simple humano. 
-¡Al demonio las reglas!- Gritó- Como puedes estar tranquilo sabiendo lo que paso, pasa y pasara esa chica.-Noté el fastidio de Vladimir, era raro verlo asi.-¿Qué tanto miedo le tienes a las reglas?- Pregunto , ya cansando de pelear, era obvio iríamos solos -¿Qué te aterroriza tanto demonio?
-No volveré a ser castigado por una estúpida humana.  
Me costaba asimilar lo que dije… ¿Lizbeth era la culpable que no quiera ayudar a Antonia? Estaba algo confundida cuando observe a Lizbeth, ella le arrojo el PSP a la cara de su hermano y salió corriendo de la casa, inmediatamente Dominic y Linda fueron tras ella.
-Cobarde…- Dijo Enrique mientras que Vladimir se iba a su habitación.
Esa noche, Lizbeth no regreso con Vladimir según me conto Linda se empezó a quedar con ella, los días pasaron el taller de teatro estaba vacío. Todos abandonamos a quien una vez nos salvó.
Finalmente llego el viernes, un día antes del día pactado para ir a la mansión del ángel Zelig.
-Ella es Antonia –Enrique nos mostró la foto.-Según Dominic el mejor momento es de noche, sus siervas son cinco en total.
-Akemi, ella no es la chica que salió con Vladimir –Dijo Linda comparando la foto de su celular y la que tenía Enrique.
-Es cierto, entonces Vladimir estaba….
-Ya no importa –Cortó Dominic –Estamos solos en esto.
-Esperen un momento –Linda se acomodó los lentes mientras se mordía un dedo – Antonia fue violada, entonces Zelig, rompió las reglas para salvarla…
-Es cierto- Linda tenia razón -¿Qué castigo sufrió?- Pregunté.
-Sería como el de Albus –Respondió mi duda Enrique – Eso quiere decir que sus poderes se sellaron y se está humanizando.
-Vladimir también debe tener el mismo castigo-Agregué rápidamente. -Yo lo vi sangrar- Recordé lo que pasó la noche que pelee con Diego, no era un sueño era real, él estaba sangrando.
-¿Si están en las mismas condiciones? ¿Por qué evitar peleas , ambos podrían ser vencidos por nosotros?-Dominc tenía razón , Lizbeth solo permanecía callada.
-No debe querer perder más poder – Respondió Enrique, mientras que Lizbeth bajaba la mirada, bueno era de esperarse vivió varios años de su vida con él, como su hermano y enterarse que se arrepiente de haberlo hecho, debió dolerle. 
Habíamos olvidado su verdadera naturaleza. Él no sentía nada. Solo era su trabajo. 
-¿Podemos matar a Zelig?- Linda preguntó observando a Enrique, él era el más interesado en eso.
-Lo mataremos y liberaremos a todos sus esclavos.- Respondió Enrique, con un extraño brillo en los ojos.
-No es bueno arriesgar –Agregó Dominic –Evitemos contacto con el ángel, aun no estamos seguros. Aunque Vladimir se esté humanizando sigue siendo muy poderoso.
-Yo puedo acabar con Vladimir –Respondió Enrique – En varias ocasiones me contuve con él, si puedo con Vladimir puedo con Zelig.
-Vaya, eso es excitante –Comento Linda, inmediatamente todos la observamos….-No, no quise decir eso, es decir…. No me miren así –Se avergonzó rápidamente, me sentía extrañamente bien, nunca pensé que ella podía estar en ese tipo de situaciones.
Esa noche quedó todo claro, noté que Enrique debía ser la llave maestra o un completo idiota. Tenía sentido era el de más confianza de Vladimir y podría matar al ángel que hace mucho lo hizo sufrir tanto.
Regrese a mi casa y me acosté pensando, esa noche seria larga algo grande nos esperaba, me pregunto si….
-Diego, ¿Estas ahí?-Pensé. 
-No te enseñaron que la noche se hizo para dormir….
-Jaja, ¿Quería preguntarte algo?
-Adelante….
-Si Kotomi te prohibiera hacer algo, ¿La desobedecerías?
-Pues… ¿Quién es el exiliado aquí? Igual le haría caso le debo mucho y lo que siento por ella es muy fuerte. Incluso más que ella. 
-Le eres muy fiel a pesar de estar expulsado.
-Aunque me duela en el alma no poder estar a su lado, ni siquiera verla. No la desobedeceré….
-Te envidio….
-¿Por?
-Esa devoción, su manera de pensar. Siento que es la correcta.
-Mi manera de pensar, es la de un cobarde. No puedo darle cara por mi falta.
-No creo que sea asi, bueno. Buenas noches te dejo descansar.
Estaba por desobedecer al que una vez me salvo, apunto de traicionarlo pero yo sé que es lo correcto.
Llego la hora, estaba en la casa de Linda junto a Lizbeth, las tres listas para nuestro objetivo. Las tres llevábamos ropa distinta, Enrique nos recomendó ir cómodas; Linda estaba con un traje asustado de color negro. Lizbeth usaba ropa normal pero con guantes negros y yo usaba un buzo con mi florete en la cintura, como cuando pelee con Diego.
-¿Listas? -Dijo Linda – Enrique y Dominic están afuera.
Ambas asentimos y subimos al auto con los chicos, había llegado la hora. Salvaríamos a Antonia aunque Vladimir nos expulsara, esa chica no merecía tanto. Nos separamos en tres grupos: Enrique y Dominic, Linda y yo; y finalmente Lizbeth vigilaría a Zelig, ya que era la más sigilosa.
El camino fuera rápido Enrique conocía perfectamente el lugar, entramos sin problema. El ambiente era algo cálido había unas cuantas chicas como mucamas.
-Ella es Antonia –Indicó Linda, el momento llegó.
Regrese a mi realidad, Zelig había desaparecido, él iba contra mi, Lizbeth se interpuso en el camino. Habíamos metido la mata. Fuimos unos completos imbéciles. 
Entonces, aquel relámpago lo atravesó en el brazo. Lizbeth empezó a llorar, de sus labios un leve gritillo ahogado se escapó. 
-Jaja - Zelig reía. Él era el verdadero demonio. 
-Ni creas que me dolió- Sonrió mirando a Lizbeth, luego a mí. Yo estaba petrificada. Estaba por perder la noción. Solo veía a Zelig coger del cuello a un Vladimir derrotado.




Chicos… metimos la pata.