viernes, 28 de octubre de 2016

Saana - capítulo 20

Soy tu mejor amiga

Era sábado y se encontraba en la escuela. Cansado y agobiado, había sido una mañana agitada. Ir un sábado a ayudar con los preparativos para la fiesta de despedida daba asco. Más aún que cuando iba contra su voluntad, en unas escasas semanas todo terminaría. 
Observo a Saana con sus amigas a lo lejos. Deseaba irse pronto. Entonces, la vio llegar. Saana también la vio.
-¿Qué te has hecho, Rosario?- Preguntó Sebastián. 
-Dime Rossy. Un nuevo look. – Le sonrió y se sentó a su lado. – He tomado muchas decisiones nuevas en mi vida. Deseaba mostrarlo. 
-Te queda bien el negro. – Su cabello castaño había desaparecido, le costaba verla así. No era la esencia que recordaba.  Vio a Saana algo celosa y sonrió.- Ehmmm
-¿Sacarle celos?- Consultó.
Días antes todo había sido un caos. Perdió a su prima, ganó aliados y todo parecía desvanecerse en aquel pedazo de cielo, unas suaves nubes era lo más parecido a las piernas de Rosario. 
“Recuerdo que mi papá era distinto… siempre me dijo que a una chica no se le debía tocar ni con el pétalo de una rosa, que los principios estaban por encima de todo. Que nunca dejara de ser yo misma”, reflexionaba la chica al observar a su papá, con un agudo dolor en el pecho. 
-Xena, no quiero matarte solo entrégame ese rosario-Pidió Cesar, tras su pasamontaña había desesperación y preocupación. No tendría otra oportunidad, pero si alguien pasaba por ese lugar… la historia seria otra. 
-Eso dejo de ser opción….-Se escuchó la voz del demonio, aquel a los otros miserables le temían. Diego apareció ante sus ojos junto a José con su máscara y otra chica cubierta con un velo morado. Saana sintió curiosidad al verla. 
-No sé si alegrarme de verlos –Comentó Saana. No se cubrió el rostro, ellos ya sabían quién era ella. La chica maldita de la habitación 408. 
-La chica muerta… eso no me lo esperaba.- Habló José, bajo su seudónimo de Alem. Debía tener cuidado de ser descubierto. 
-El exceso de confianza es malo… ¿Dónde ese novio metiche tuyo? 
Saana no respondió. Inmediatamente Diego, sacó su arma y apuntó contra el padre de familia. Sin dudarlo disparo, la chica a su lado ahogó un grito, José ni se inmuto. Sin embargo, aquel disparo no le hizo ni un pequeño daño. Como un vagabundo metódico, así había vivido él. Atrapado  en la monotonía para mantener a su hija, despedido de todos lados y sin una carrera; aceptando cada limosna. Esa había sido su vida. Pero, ya no más. 
- Invulnerabilidad… -Dijo Diego guardando su pistola. Tomó la mano de aquella chica, que parecía un cachorro callejero a poco  de ser atropellado por algún auto. 
Sin perder el tiempo, Incognito se arrojó contra Chalo, este último tomo distancia pero fue cogió del cuello, José le dio una patada, la cual terminó doliéndole a él mismo. En ese instante Saana tomó distancia y consideró marcharse, era su momento; sin embargo, no podía dejarlo ahí solo.  A lo lejos notó a sus amigos, no sus compañeras que habían escapado sino, aquellos que sabían de su martirio. 
-Yliana… ¿Cómo va todo?- Preguntó Yue, quien acaba de llegar  junto a Meylin, su hermana. Habían tomado un taxi hacia ese lugar. Notó que Saana los observaba.
-Relativamente mal… el estorbo ha recibido una golpiza y acaban de llegar los malos-Comunicó Yliana con cierta emoción, era como una serie en vivo, a las gemelas Luna-¿Qué paso con Sebastián?- Preguntó.  
-No creo que venga- Respondió Meylin, siguiendo a su hermana que iba contra Incognito. Ambas se colocaron sus máscaras y con sus katanas gemelas. 
La batalla se torna más complicada para los participantes, pues la fuerza de Cesar era incomparable, para unos chicos, sin contar que su talento lo hacía prácticamente inmortal, mientras que una chica asustada no podía creer la bestia que era su papá, las primeras en caer fueron las gemelas Luna, seguido de Saana. 
-Meylin… dame tu espada-Pidió Yue reincorporándose. Acaba de obtener un nuevo poder, no podía  perder así. 
Meylin solo asiente entregando su espada, Yue observa a Saana levantarse ambas se dan una mirada muy fría, por más fuerte que sean las diferencias tenían un enemigo en común,  por otro lado José y Diego meditaban que hacer, este último estaba confiado. José se preguntaba cómo parecía que jugaba con la mente de a quienes enfrentaba. Diego y Chalo eran completamente distintos para ser la misma persona. 
-¿Creo que ahora soy más fuerte?-Comentó Diego golpeando en el pecho a Cesar, ya había activado el talento de la fortaleza que le arrancó a Jean. Aquel poemario de una artista que ardió en llamas. 
Cesar retrocede un poco sacándose la camisa rota que llevaba para luchar mejor, mientras José y Diego se realineaban. Meylin había dejado a su hermana, quien ahora estaba al lado de Saana, quien era la única descubierta e uniformada. No quería imaginar si alguien la reconocía, ya era un milagro que con el disparo nadie hubiera hecho escándalo. 
-¿Qué tenemos aquí… a Batman y Robín?-Se escucha una voz acercarse, voltearon ante la llamada y era quien todos esperaban.  
-Demoraste mucho….-Comentó Meylin, al lado de Yliana, observando de lejos. 
-Hasta que apareciste Guasón….-Respondió José al comentario de Batman y Robín, mientras que Sebastián seguía de largo a hacia Cesar. “¿De verdad es Sebastián?”, se preguntó. 
-Sabes… hay una chica a la que acabó de desmayar y se parece mucho a ti- Mintió con una sonrisa, aquel poder era lo que necesitaba. El adulto flaqueo ante lo que escucho. Él no podía saber cómo era él en realidad, pero si tenía razón... Su hija, pero no tenía sentido. Él no sabía que él tenía una hija. Su mente se volvió un caos. Entonces, Diego sonrió. 
En ese instante, Yue corrió desde hacia atrás contra Cesar, pero fue detenida por Sebastián, quien contuvo sus espadas gemelas con su Benihime. Ella se quedo mirándolo con desprecio, tras su mascará. 
-Es un duelo entre caballeros. Por favor, que nadie interrumpa –Pidió Sebastián dejando su espada en el suelo. Ya no la necesitaba para usar su poder. Se había vendando las piernas, para que nadie que supiera la historia de sus vendas rojas, lo reconociera. 
-Me parece bien….un combate cuerpo a cuerpo.
Los demás se quedaron observando por un momento. “¿Nos están ignorando? Que pendejo, Sebastián”, se dijo Diego. Cesar tronó los nudillos, mientras que Sebastián sonrío muy confiado, el tiempo comienza a ralentizarse. Intercambiaron golpes la pobre hija de Cesar, no aguanta más empieza acercarse, Yue detiene a Saana, José y Diego, quienes querían interferir. 
-Te pateare el culo- Habló el payaso, y Cesar se cubrió la retaguardia, recibiendo una patada a la cara- Tienes cara de culo, mi buen amigo.- Agregó. 
-Tienes fuerza…-Respondía escupiendo algo de sangre por su labio reventado.-¿Eres deportista?
-Vago de vocación, payaso de profesión. 
En un instante, casi un parpadeo. Sebastián volvió patear la cara de su rival. Cesar cayó algo mareado, ya en el piso Sebastián empezó a patearlo sin piedad. Solo un par de carcajadas, adoraba su nuevo poder. Era más útil que las ilusiones. Evito pensar mucho, ya que como él había la posibilidad que alguien tuviera otro poder de manipulación. 
En ese momento aquella chica, sale del anonimato y corriendo. 
-¡Deja a mi papá!
Sin perder el tiempo, Diego va contra ella. Estaba esperando algo como eso, por fin la persona de los pensamientos de Incognito, aquella a quien adoraba, su hija.  Él había perdido a su esposa el día del parto, desde entonces fue madre y padre para ella. Su adoración, su princesa. 
-¡Luna!-Gritó Sebastián, indicándole que evite que Diego se acerca a la chica.- Esta fiesta se está tornando divertida. 
La chica Luna logra detener de a Diego, la pelea empieza de una patada por parte de ella. El contrincante de la chica pierde el equilibrio, ella como tigresa blanca, no duda en continuar su ataque, de un par de ganchos logra tirar al suelo al joven demonio. 
-Entrégame el talento- Exige el payaso, colocando su espada en la yugular de Cesar.- No lo hagamos más difícil… jaja.
-¡Lárgate Ximena!-Gritó Cesar al observar que su fin estaba cerca, se confio demasiado y había perdido; había defraudado a su hija y a sí mismo.
En ese momento Alem, su amigo, aparece detrás de Sebastián y lo le pone la espada en el cuello. Entonces, se da cuenta que no había nadie sobre Cesar. Estaba siendo sometido por Saana nada más. 
La chica corre junto a Cesar para escapar, Saana los persigue para no perder la oportunidad; ya que, Cesar estaba desarmado pero también es detenida por Sebastián. 
-No creo que quieras esto pastelito…- Dijo, dejando escapar a Cesar e hija. - Amor consideramos una retirada- Pidió Sebastián observando a Luna, al notar que eran tres contra ellos dos.
-No es mala idea-Respondió la chica empezando correr dejando a Sebastián solo, por otro lado Yliana y Meylin también ya se habían marchado. Saana lo miro por un momento extrañada. Esas facciones le eran familiares. 
-Con estos amigos para quiero enemigos –Comentó irónico Sebastián al notar que estaba solo contra ellos tres. No contó a Saana, porque sabía que ella no peleaba.- Y bien chica muerta… Somos los dos contra el mundo.  
-No me digas así… chico payaso. 
-Jaja
Sebastián alza su espada contra, al menos debía asustarla. En ese mismo instante una voz femenina se escucha mientras, que Sebastián alzaba su Benihime la cuello de Saana es apuñalado por la espalda.
-Tu eres culpable de la muerte de Jean….-Dijo Crystel mientras removía su espada de la espalda de Sebastián. No era un corte letal. 
-Crystel…- Respondió- ¿Es en serio? No puedo creerlo.
-No tienes idea lo que me duele hacer esto. 
-¿Qué tal un truco de magia?- Respondió conteniendo la risa. Adoraba su nuevo poder engaña mentes. 
-¿Cuándo la activaste?-Preguntó Saana algo confundida. Sebastian estaba sentado en el suelo algunos pasos más atrás. 
- Nunca la desactive.- Respondió, él tan solo había detenido a Saana y puesto a descansar.
-Cuando apareció la hija de Incognito-Respondió Sebastián, reflexionando hacia donde pudieron haber escapado. Con esa pintura llamaría mucho la atencion-Esa chica es mi pase al talento de Incognito-Concluyó marchándose, con una ademan en mi mano-Por cierto aún están en la ilusión, aun durara unos minutos. No se maten sin mi. -Agregó para dar tiempo a su escape.
Durante unos segundos, por calles de Fiori que nunca en su vida había pisado se detuvo. Se sintió estúpido, su hija no estaba.  Frente a sus rivales. “¿Dónde está Ximena?”, se preguntó. 
-Mierda…-Dijo Cesar preocupado, pues no tenía como defenderse, estaba cansado, y lo que le preocupaba más aún era su hija.
-Di tus últimas palabras-Decretó Diego acercándose a él para acabarlo.- Puedo perdonarte la vida, pero entrégame tu talento. 
-Deja a mi hija fuera de esto… Por favor. 
-Si…-Afirmó José, pues Diego lo ignoraba completamente. Recordó a su hermana y una carta de despedida de ella, antes que se casara y dejara de vivir con su familia. 
-Me llegan al pincho los dramáticos como tú… Violare a tu hija por culo tantas veces que se le caerá la caca de caminar. 
-Jaja….. No puedo creerlo. Jajaja, de verdad: ¿Crees que morirás? Eres muy divertido como para dejarte morir –Comentó Sebastián, dejando a Ximena en el suelo. Estaba desmayada.  Apenas hace unos minutos la encontró y la hizo dormir. Notó que su nueva habilidad era demasiado útil. 
-Alem, ese es tuyo. –Delegó Diego.
-¿Crees que puedas pelear a la par conmigo?-Preguntó Sebastián sacando su Benihime. Aunque fuera solo de finta, era necesario que nadie supiera donde estaba su talento actualmente. – Si no te importa, yo quiero bailar con amante de culos. 
-Bien… –Aceptó sin chitar, Cesar tomó una distancia prudente y cambiado de lugar con Sebastián.  Era un duelo de rostros pintados y al lado un duelo de máscaras. Las calles estaban silenciosas, tanto que daban miedo. 
-¿Por qué tan serio?
Sebastián se lanzó contra Diego, ambos chocan espada y retrasen al mismo tiempo, por otro lado José es ataco brutalmente por Cesar quien era de un solo golpe logro marearlo. Se enfrentaba a alguien mayor y estaba en desventaja por obvias razones. En un instante se cayeron las espadas y nuevamente Sebastián y Diego iban a los puños. 
Pasaron tres o tal vez cinco minutos, en los que Diego llevaba la ventaja, esquivaba cada golpe y conectaba ganchos hacia el cuerpo de su rival. Sebastián estaba sorprendido, tal parecía que no era el único que tenía un pasado deportivo. 
En un instante la estupidez de un corazón roto e iracundo se hizo presente en plena tensión de batalla. Crystel había cogido a la indefensa chica y colocado una navaja en su cuello. 
-¿Tanto te importa esta chica?-Pregunto Crystel.- ¡Dime Sebastián! 
-¿Qué?- Saana estaba cerca y quedó boquiabierta. Siempre pensó en aquella posibilidad, pero le fue tan difícil creer.
-¡No lo soy! – Respondió a modo de grito, con una sonrisa notó como los presente dudaban. “¿Sebastián? Imposible…”, susurraban sus mentes. Incluyendo la de su prima. – Mi verdadero nombre es Inocencio- Bromeó. 
-¡Déjala!-Rogó a gritos su padre, Cesar, dejando solo a Sebastián, corrió por su hija.
-Tarado…-Dijo Sebastián deteniendo a Diego y a José solo.
La venganza  contra Sebastián  y Diego era la motivación de Crystel mientras que la Cesar era el proteger a su hija, el único familiar que le quedaba ,Sebastián dejo la lucha aun lado mientras que Saana observaba horrorizada lo que sucedía con su prima. La situación era problemática para él. Al menos ya había dispersado la duda de su identidad. 
-No me queda de otra… - Todos lo observaron dubitativos.- Esta es mi arma secreta…
-¿Qué planeas?- Cuestiono Diego intrigado. “¿Qué escondes? Dimelo…”, pensaba. 
-¡Auxilio!- Empezó a gritar.- ¡Rateros! 
En aquel momento de confusión, el payaso empezó a correr contra su prima, la cual aún estaba en shock. Dio un pequeño salto de una patada dejó libre a la prima de Cesar. En aquel momento las puertas empezaron a sonar. Las personas se acercaban, Sebastián cogió a la chica y corrió aun gritando. 
Los miserables de aquel juego empezaron a correr, debían separarse. Saana corrió hacia el centro comercial, ella estaba descubierta.  Cesar siguió a su hija. Diego y José también… sin embargo en un descuido de quien también escapaba… sonó un disparo.  
-Déjame decirte que tu estas más buena que la quemada – Comentó Diego atravesando a Crystel por la espada y José cortándola en cuello por delante. Ya estaba casi muerte por la bala. – Coge su anillo. 
-¿Cómo lo sabes?- Preguntó.
-Ya la he enfrentado antes…
“Al menos te veré pronto Jean…..”, pensaba tirada en el suelo. “Es el fin… Sebastián, cuando seas la muerte… llévame a donde vayas a llevar a Jean. No pierdas tu esencia primito”
Sebastián corría con la chica en brazos, se lamentaba  su decisión apresurada, pero su prima había perdido la razón. Era entendible después de lo que había sucedido; sin embargo, evitar que su prima haga una locura le había costado mucho. Había perdido a Cesar durante el camino. 
-¡Por aquí! – Escuchó una voz femenina. No eran ni Yliana, ni Yue, menos Meylin. Definitivamente no iría por aquí. - ¡Aquí idiota! 
Se detuvo a observar detenidamente. “¿Rosario?”, se preguntó. “Definitivamente por ahí no”, se dijo y empezó a correr nuevamente de frente. Hasta que lo alcanzaron con una bicicleta. 
-Perdón señorita… ando ocupado. Estas chicas de hoy en día no se violan solas. – Comentó.
-No seas idiota y súbela. – Dijo su mormona amiga molesta- ¡Sebastián!- El mencionado se preocupó, ya no podía engañar mentes, había usado mucho ese poder.- ¡Me harté!- Grito tirándole agua al a cara, la tempera empezó a caer…
-Bueno…
-¡Sube tu también! 
Y como una escena de película se alejaron.
-No deberías hacer esto…- Estaba preocupado por ella.
-Soy tu mejor amiga… y tú eres el único que ha estado solo en esto. – Ella empezó a reír.- Además, no me divertía tanto desde que me escape de mi casa y dormí en la tuya. 
-No me hace gracia…
-Jaja, que poco sentido del humor para un payaso. – Empezó aumentar la velocidad conformé iban acercándose a su casa.- Y bien… es la primera vez que secuestro a alguien. ¿Qué haremos con ella? ¿La cambiaras por el talento del tipo?
-Sigues siendo la misma- Lo atacó la nostalgia y se recordó asimismo hablando con ella hace mucho, cuando ella era una pagana. Como cuando era pareja y eran emo y bruja.- Mi brujita. 




Abrió los ojos y estaba sobre sus piernas. La miro fijamente y sonrió. Seguía siendo ella, pero él no. Ya nunca volvería a ser el tipo que fue su pareja, ahora solo eran amigos. De esos que se besaban de vez en cuando.
-Se mi arlequín, Rossy. 

jueves, 13 de octubre de 2016

Saana - Capítulo 19

Una patada en las bolas

Nuevamente se repetía el ciclo semanal, el lunes llegaba en un día tétrico de garua, una gran tensión se sentía en Saana. Sus compañeras habían olvidado Karen, su existencia desapareció de la realidad y solo era un recuerdo entre las almas desdichadas que sería la próxima muerte.  
Las primeras horas transcurrieron uniformes hasta el receso, la campana se volvía un dolor de cabeza para los chicos del último año que sabían que esos sonidos ya eran contados. Saana salió de su aula esperando a Valeria y a los demás,  muy tranquila notó a Luis y Yliana sentados en una equina del patio comiendo ambos un salchipapa. 
-¿Ha venido Sebastián?- Preguntó Saana.
-Para faltando ese huevón… 
-No vendrá toda la semana –Agregó Yliana al notar la cara de extrañada de Saana.- Creo que ha tenido problemas. 
-¿Por qué?-Insistió Saana.
-Dicen que su novia esta embarazada - Respondió Yliana algo fastidiada.- La peliblanca está bien buena. 
-No son novios….-Dijo Saana molestándose también. Sabía que le decía eso para molestarla. 
-Al menos Yue si lo ayuda y no se queda parada como un estorbo.
Por otro la realidad era mucho más siniestra de lo que podía ser un embarazo prematuro.  Se encontraban caminando por calles del Callao, el distrito pesquero del Perú, no solo conocido por el mar y su amplitud, sino más bien por lo peligrosa de sus calles.  Se decía que cada semana se moría alguien ahí. Lo peor que podía pasarte era que te intente robar y no tuvieras nada que robar. 
-¿Esas vendas?- Preguntó la chica luna, observando las vendas rojas de su aliado. 
-Eran blancas cuando las compré. 
En aquel tenebroso lugar a plena luz del día, vivía Demetri, este conversaba muy tranquilo con José, quien era otro juez, hasta que ambos notaron la presencia de dos chicos frente a ellos. Se encontraban fuera dela casa del psiquiatra compartiendo una cerveza. 
-Sebastián…-Dijo Demetri no muy sorprendido.- Pensé que nuestra cita era aun dentro de un par de semanas. 
-Yue…-Continuo José sonriendo.- Espero que me hayas traído tu deliciosa sopa wantan.- Ella llevaba una mochila grande. 
-Dicen que tienes un talento. ¡Lo quiero!–Exigió Sebastián 
-Yue… por favor ve con José a la otra sala –Pidió Demetri abriendo una puerta de su casa.- Y espero si hayas traído esa sopita. 
Sebastián desenvaina su Benihime, pero nota que Demetri vuelve a tomar asiento. Se encontraban en su patio. Se acomodó los lentes mirándolo, por un instante regreso unos meses en su mente y vio nuevamente a ese niño intentando reencontrarse. La mente humana siempre le había fascinado. 
-¿Crees realmente que me vencerás?-Preguntó Demetri cruzando las piernas.- Escuche de tu madre que has vuelvo a entrenarte… 
De regreso en la es escuela, se daba un examen sorpresa en las aulas de quinto y preparatoria. Por estas épocas diversas universidades y academias llegaban buscando un futuro alumnado. 
-Bueno, chicos el mayor puntaje de las tres aulas recibirá un premio especial, esfuercen mucho y resuelvan la prueba con total honestidad.- Explicaban los tutores con una rara coordinación se da inicio al examen.
En  la casa de Demetri, Yue combatía ferozmente contra José, mientras que Meylin observaba fijamente el gran esfuerzo que hacia su hermana. Yue era faja negra en tres variantes del kung fu, su especialidad era sanda. Sin embargo, su contrincante quien no parecía muy habilidoso le daba demasiados problemas, 
-¿Para que deseas más poder?-Preguntó Demetri, algo aburrido de Sebastián.- No tienes intenciones de perder tu vida por ser la muerte. Deberías darle solo el talento a esa chica y seguir con tu rutina. 
Sebastián asiente con la cabeza. Era como un perro corriendo tras un vehiculo, no sabía que haría si lo obtenía. Sus impulsos le habían salido caro y ahora solo estaba seguro de una cosa. No dejaría que Diego ganará y José pagaría lo que le había hecho a Carol. Lanzo su arma a un lado y alzo los puños. Colocó su pie pierna izquierda atrás y alzo el talón. Era la posición de pelea que recordaba. 
-Peleare contra una faja azul de kung fu… 
Hacia frio en la calle, él salía muy abrigado. Había sido una semana dura en el trabajo, no era nada rentable trabajar haciendo taxi en un vehículo alquilado. Detrás lo seguía una chica de aproximadamente 15 años, con un uniforme escolar a medias. 
-Papá, ¿A dónde vas?-Preguntó una chica, saliendo detrás de él. Hoy era el día libre de su padre; sin embargo, se iba ir en vez de pasar la jornada con ella, incluso, iba faltar a clases.   
-Tengo cosas que hacer, tranquila regresare en la noche –Respondió Cesar, cerrando la puerta de la casa. 
La chica de cabello negro y ojos del mismo color, observaron a su enigmático padre irse caminando. Había tomado muchos baños durante la semana, sabía que su papá debía tener problemas. Cada que estaba estresado se bañaba mucho.
El año escolar estaba por terminar. El mes de noviembre encontraba su fin durante esa semana, sin darse cuenta el tiempo los echaba de la escuela. Los planes de fiesta de promoción y demás aumentaban, esa semana entera Sebastián había faltado. Cuando llegó el lunes nuevamente, luego de una semana de fracaso intentando vencer a su psiquiatra. Sebastián se formó en lo que serían sus últimas audiencias semanales. 
-Buenos días alumnos –Saludó el Director en plena formación. -Por fin tenemos los resultados del examen que dio las aulas de quinto A, B y preparatoria y nos complace decir que todos los resultados fueron mejores de lo que esperábamos. –Seguía con su discurso. 
“¿Qué puedo hacer?”, pensaba José recordando una conversación que tuvo con Diego. “La Debilidad de las gemelas luna es la menor”, recordó a su amigo fumando un cigarrillo. Se encontraban en casa de él, sentados en el colchón viejo que estaba en su intento de estudio. 
-Si lo he notado, la mayor es la actual novia de Sebastián – Respondió José sentado junto a él.
-Sebastián está muy metido en este juego, no me sorprendería que él fuera uno de los participantes que aún quedan- Dijo Diego mientras exhalaba el humo. –En fin nuestra próxima víctima son las gemelas Luna, su talento de la premonición nos será muy útil para acabar con el resto.-Indicó Diego botando la colilla del cigarro. Tomó otro y miro su techo lleno de marcas. -Enamoraras a la menor…. y cuando esté completamente enamorada de ti la usaremos para destruir a la mayor –Explicó Diego levantándose del colchón.- Lo haría yo, pero será muy evidente… En cambio contigo, Sebastián sacará cara por ti. 
-¿Qué?-casi grito José-¿Por qué yo?-Cuestionó.
-¡Diego!,  ¡Ha venido Cecilia a buscarte!  -Se escuchó la voz de la madre de Diego que venía desde el primer piso.- ¡Apura animal! 
-Bueno, me tengo que ir con mi novia, piensa que es más importante una chica o el resto de infelices que existen- Concluyo Diego bajando las escaleras. 
José no dejaba de recordar esa conversación, observaba a su novia muy tranquila mientras el director continuaba con su aburrido discurso. Si él ganaba la perdería, no solo a ella sino a toda su familia también. 
Pero, tenía ese estúpido sentido moralista que no le permitía escapar. Se sentía estúpido en la posición en la que se encontraba. Extrañaba aquellos días que solo se preocupaba por el capítulo semanal de Naruto.  
-Bueno sin nada más que decir, el primer lugar ganará una beca en la universidad Complutense de Madrid en España –Dijo el director causando el asombro de los estudiantes. Muchos no lo creían, pero era cierto. - ¡Y el mayor puntaje y ganadora de la beca es nada más y nada menos que Valeria Escalante! -Dijo muy emocionado el director. 
Todos los de su salón saltaron como locos, aplaudiendo a su amiga mientras José tan solo observaba preocupado, todos la saludaban en mucha algarabía fue al medio del patio donde se encontraba el director, Este la saludó y abrazó mientras, le entregaba el micrófono.
-De verdad muchas gracias, aun no lo puedo creer estoy muy contenta…. ¡Gracias a todos! – Agradecía Valeria, mientras que José tan solo observaba sin saber qué hacer.
Sebastián observo a José con algo de lastima. Las imágenes de Carol en su cabeza le hacían hervir la sangre. Suspiró y buscó un momento de emoción y se escapó de la escuela. Se sacó la camisa y se puso un polo, se dirigió hasta el paradero de buses. Buscaría a Demetri de nuevo. 
Los minutos pasaron, en la escuela, ya era hora de salida, todos los alumnos salían. José iba con Diego como de costumbre, pero era detenido por Valeria y Saana.
-¿Sabes que ha pasado con Sebastián?- Preguntó Saana. Ella estaba segura de haberlo visto temprano. 
-No soy su niñero –Respondió José de mala gana. Necesitaba hacer algo pronto. Era demasiada presión.  
-¿Qué te pasa?-Discrepó Valeria.
-Estoy harto que piensen que se todo de ese tipo… incluso, tú te preocupas más por el que por mí…-Respondió José, era el momento que estaba esperando. Su única oportunidad, la única que podría aprovechar. 
-Que tienes….-Dijo Valeria muy apenada de lo que escuchaba. No entendía que pasaba. Ni siquiera la había felicitado por su beca. 
-Sera mejor dejar todo aquí, estoy harto de ti-Concluyó José marchándose. Diego lo siguió con una sonrisa. Todo iba de acuerdo al plan. 
Valeria se quedó sin palabras al escuchar las duras palabras de José, mientras que Saana la abrazaba, poco después llevan Rosa y Flor al notar lo afligida de Valeria.
-José, ¿Estás bien?-Preguntó Cecilia al observar la dura escena. Los había seguido.  
-Fue lo mejor- Agregó Diego jalando a Cecilia  de la mano.
Mientras tanto, Valeria caminaba junto a Saana y el resto de sus amigas, aún estaba muy triste trataba de ocultarlo pues, había ganado una beca en una excelente universidad y lo iban a celebrar.
-¿Sigues insistiendo? –Cuestionó Demetri al observar a Sebastián entrar con su espada en su mano. “Una semana entera ha intentado derrotarme, pero siempre comete el mismo error”, se dijo a sí mismo. Levantándose-Hoy es tu ultima oportunidad -Sentenció Demetri levantándose.
-¿Por qué no me has atacado mientras aun podías?- Preguntó Sebastián algo ya confundido una semana entera había tratado de vencerlo, pero le nunca le había regresado el golpe. 
-A Saana le tomo 15 días, a Diego tan solo tres. –Dijo Demetri-Son los únicos que han obtenido dos talentos. 
-¿Saana también?-Cuestionó Sebastián.- ¿Qué talentos son? 
-Averígualo tú. Por otro lado… tengo un talento que encaja como anillo al dedo con tus ilusiones… –Explicaba Demetri- Cuando me venzas conseguirás un talento al que llamo: Jugando con tu cerebro. 
-¿A qué te refieres?- Preguntó. 
-No te he dicho nada- Afirmo Demetri riendo. “Un control perfecto de la palabra, una manipulación de mentes.” 
-Cierto… ¿Por qué no me has atacado mientras aun podías?
En ese momento, nuevamente Sebastián se lanzó con pasos planos contra Demetri. Yue entró al patio y los observo por un momento. Acaba de terminar con José, su deidad, y tenía un segundo talento. Los vio tan entretenidos que salió, estaba cansada. Su nuevo poder era una sombra, atravesaba personas, muros a su voluntad. Estaba ansiosa de usarlo. 
Sebastián abrió su Benihime, sacó una foto de la empuñadura.  Demetrio lo observo sonriendo.  Sebastián lanzo la espada y guardo la foto en su bolsillo.
-Es el objeto al cual esta aferrado tu talento… la foto que le tomaste a esa desconocida sin que se dé cuenta. Por la que estas metido aquí. 
-Ahora muéstrame tu talento… 
El psiquiatra saco un rosario de madera de su bolsillo y se lo mostró. Se abrió la camisa, dejando a si mismo solo con el bivirí que llevaba bajo. Yue entró nuevamente, se sentó a mirar junto a su hermana. “Esos movimientos de nuevo”, se dijo. Era wushu, el arte militar, notó que Sebastián tenía habilidad y maestría que solo se adquiría con el tiempo. Pero su cuerpo estaba oxidado. 
-¿Crees que puedas conseguir un trabajo como maestra?- Preguntó Meylin viendo a su hermana, observar con tanta pasión pelear a su rival.- Yo puedo encargarme del chifa. Después de todo aún no tenemos la licencia. 
-Mey, cuando gané estarás sola. 
Un silencio incomodo las invadió. Habían pasado por mucho juntas, hasta que Yue fue elegida por deidades para servir al entreteniendo de estas mismas, como una participante de este juego por la capa de la muerte. El cual parecía una sátira más retorcida que los programas reality basura de la televisión.  
Sebastián peleaba ignorando a las gemelas Luna. Demetri había empezado a responderle, le era complicado posicionarse. Su contrincante a pesar de pelear de forma libre era bueno, tenía la suficiente calle como para pararlo. Se sentía estúpido de practicar pelea y estar perdiendo contra un amateur. 
-Te patearé. 
“¿Qué?”, se preguntó cubriéndose inmediatamente de una patada que nunca llegó. Demetri aprovecho su baja en la guardia y le propino un golpe al estómago. La fuerza del adulto lo dejó sin aire, Sebastián se encontraba en problemas. “Era obvio que no patearía, pero le creí”, reflexionó levantándose. 
-Usa tu talento. No tendrá sentido esto. 
Durante esos segundos empezó a sonar el ritmo de una lambada, el celular de Yue interrumpía la pelea. Por ese pequeño instante pararon. 
-¿Si?- Contestó.- Yliana ¿Qué paso?, ¿Incognito?- Un miserable miembro de ese juego maligno, había aparecido y de seguro estaba tras Saana. -Voy para allá –Cortó el celular.- No mueras Sebis. 
Aquel comentario lleno de furia al mencionado. Sabía que lo había hecho para fastidiarlo, pero debía entrar en razón. Karen había muerto y el necesitaba ese poder. Yue fue saliendo de la casa de Demetri, dejando a su compañero con una sonrisa. 
-Que empieza la hora loca…. 
Todo se volvió un cuarto de espejos. Demetri sonrió observándose a sí mismo con pintura de payaso, sus dientes se veían amarrillos. Sacó una navaja de su bolsillo y observo a todos lados.   
Mientras eso ocurría por las calles de Fiori, cerca al centro Comercial Plaza Norte un grupo de chicas que planeaba un pequeño viaje de verano iban averiguando detalles sobre los buses. 
Saana y sus amigas habían sido atacadas por Incognito, quien buscaba el talento de Saana. Cubierto tras un pasamontaña y con una navaja en mano intercepto a las escolares. Debía ser rápido antes de que llamara mucho la atención. 
-¡Xena, dámelo y me iré! – Exigió.
-Incognito…. Pelearé contigo pero déjalas a ellas- Pidió Saana. De su mochila sacó su máscara. Las chicas atrás empezaron a gritar por ayuda. Luego salieron corriendo una por una. 
Saana considero salir corriendo también, pero las pondría en peligro a ellas también. Cerca de esas calles a lo lejos una chica observaba asustada. Sabía que la situación económica en su casa no era buena, pero le dolía ver a su padre robando a escolares de su edad. 
-¿Qué te paso papá?-Se preguntó observando asustada, cómo atacaba a un grupo de chicas.
La pelea apenas iniciaba entre Saana y Cesar mientras que dos personas. Saana tomo distancia de su maleta sacó el encendedor de Karen y se concentró. Llevaba tiempo practicando con sus nuevos talentos. El de su vieja amiga y el que le arrebato a su maestra. 
-No puedo moverme…- Saana sonrió. Entonces, tomó su rosario del cuello y lo señalo con él. El cuerpo de Cesar se llenó de un inmenso dolor. Finalmente metió su mano al bolsillo de su falda- No sabía que tuvieras varios.- Sacó una estampilla de un santo, era la que le regalo su tía cuando le dieron de alta. 
-Dame tu talento- Pidió Saana.- No puedes moverte, tus sentidos solo sufrirán y ahora dejarás de respirar…- “Que poder para más cruel”, recordó la posesión que sufrió Tobi en la pelea contra el demonio. Ahora ella tenía ese poder.
-¡Basta papá!
Aquellas palabras hicieron remecer a Saana. Ese tipo tenía una hija…     
Durante ese descuido perdió el contacto visual, Cesar logró moverse contra ella le lanzo una piedra al rostro.  Detrás de ella dos figuraban se manifestaban ante ellos. Saana sabía que eso se pondría aun peor. De todas las personas que había conocido, solo había temido de su padre. Hasta que conoció a ese demonio de seudónimo Chalo. 
Ya no quedaban espejos, estaba cansado y se observaba a sí mismo frente a un espejo.  Entonces, todo empezó arder a su lado. Estaba perdiendo contra Demetri, quien jugaba con su mente. Finalmente había reconocido que peor tenía el psiquiatra chalaco.
-Controlas mi mente…
-Si controla tu mente…
Entonces, se vio a sí mismo entre fuego, vidrios y desesperación hablándose. La imagen del Joker le hablaba con una sonrisa zorruna.  Se vio a si mismo con Saana al lado, con Carol. Una vez más rio. }




-Rompe el orden establecido… no todo tiene que tener una razón. 
-Si…- Se respondió. 
Sus hombros empezaban a sangrar. Notó que mientras conversaba en su mente, había un humano, disfrazado de deidad que intentaba matarlo, aquel que le brindaba terapia y ayuda por 100 soles la hora. 
-Ya lo entendiste…- El payaso le sonrió. 
-La vida es un chiste, pero soy el único que le ve la gracia. 
El tiempo se esfumo. No sentía nada más que no fuera su voz, podía ver una navaja ir contra su pecho. Parece que estaban por propinarle el golpe final, pero no le importaba. Se dio cuenta que todo le importaba un carajo.
Todo menos ella. 
O ellas.  
-Perdiste Sebastián… me has decepcionado- Escuchó a Demetri. – Vaya. 
-Jaja  
-Es pudo ser muy doloroso ilusión –Indicó Demetri sosteniendo la espada de Sebastián que había desechado en un principio, la cual se dirigía a lo más preciado para un hombre. Sus cojones.
-Lo es.
Entonces, aprovecho el descuido y le pateo literalmente: las bolas.  Tomó el rosario de su cuello, sacando la foto de su bolsillo. La observo unos segundo y luego la rompió.
-¿Esto afectará mi talento de ilusiones?- Preguntó. No mostraba expresión alguna. Tal vez solo la del cansancio y una leve satisfacción de patearle las bolas a su psiquiatra. 
-No, ahora tus dos talentos están en algo más importante. – Se paró aun con mucho dolor.- Esas vendas. 

domingo, 2 de octubre de 2016

Demonios internos - Capítulo 15

Antonia 

Desperté en mi casa, noté que estaba con mi pijama, parecía todo un sueño, pero lo que sucedió ayer era una realidad inevitable. Le arruiné la vida a Diego, perdí más o igual de lo que perdió él. Fui salvada por Kotomi. Quería olvidar todo, fue una noche espeluznante. “¿Qué pasara con él?”, me pregunté. 
Me levante de mi cama, noté una carta en la mesa de noche, la cogí y leí. "Te traje a tu casa, tu ropa ensangrentada está bajo tu cama. Si, si es lo que piensas yo te cambie de ropa ayer.”, suspiré ruborizada. Era una jodida idiota. “PD: Te creció a el pecho”, ahora solo deseaba golpearlo con todas mis fuerzas. “PD2: Ven a mi casa al medio día, Vlad. Anderson."
Me sonrojé inmediatamente, no sé porque pero observe mis senos. Salí de mi cuarto, eran las 11 a. m. Me metí a la bañera y me di un baño, demoré 30 minutos, aun me quedaba media hora, tomé desayuno y fui a la casa de Vladimir. Mis padres estaban en el trabajo y mi hermano entrenaba artes marciales chinas ese día. 
El camino era algo largo, pero él pagaría el taxi hasta allá así que no me queje.  
Él tenía una gran casa tan solo para Lizbeth y el mismo, ahora que lo pensaba tenía varias habitaciones. Según lo que sabía a veces se quedaban a dormir ahí. Luego de unos 35 minutos llegué, toqué el timbre. Linda me abrió, estaba con una blusa rosa y un pantalón morado, su cabello amarrado. 
Dentro vi a Lizbeth en pijama al igual que Vladimir, apenas tomaban desayuno. Enrique estaba con una camisa blanca y un bluejean junto a Dominic, siempre muy formal.
Omar y Tamara se encontraban en una habitación según lo que me dijo Linda, quien por cierto me ofreció ir a escucharlos con un vaso.
-Que fastidio- Comentó Vladimir- Vienen tan temprano, levantarse el domingo es pecado. 
-¿Por qué?- Preguntó Enrique, aun sentía vergüenza al tenerlo cerca, le respondí de una manera horrible en mi ira y aun no me disculpaba con él.
-Jaja, para empezar…- Dijo poniéndose a de pie, al notar llegar a Omar y Tamara- Los felicitar por este tiempo a mi lado.
-¿Qué?- Dominic y Enrique, fueron los primeros en reaccionar –Ellos….
-Omar, Tamara fue un gusto haber compartido tanto con ustedes- Dijo mientras, ellos parecía aun en shock.-Ambos se conocieron hace mucho, pero ninguno se correspondió.
-No, pero aun no estamos listos….-Omar parecía deprimido.
-Eso, lo decido yo –Respondió Vladimir – Se les extrañará por aquí… 
Vladimir regreso a su habitación al igual que Lizbeth, me gustó mucho la pijama de Lizbeth tenía un toque punk. Esa chica tenía buen gusto, para su edad lucia tan tierna, si no fuera una mocosa engreída le aplastaría los cachetes. Regresando de mi pensamiento, observé a Linda.
-¿Qué sucede?-Pregunté, mientras observaba a la pareja algo afligida.
-Ya no los volveremos a ver por aquí…
-¿Qué? –No sabía nada sobre una posible libertad, pero -¿Cómo?
-Ya no son los mismos que era cuando llegaron aquí. En el caso de ellos teniéndose uno al otro, su vida dejo de ser miserable.-Respondió-Ya no tiene por qué seguir a un demonio, ya pueden seguir con su vida. 
-Entiendo –Atiné a responder, aun confundida –¿Son los primeros de Vladimir? ¿Qué pasara con ellos?
-No ha habido más, pero los que siempre los quedamos somos los mismos –Respondió con algo de frustración. Sus manos formaron puños llenos de cierto autodesprecio, el cual distinguía en sus ojos semividriosos –Siempre llegan otros, pero se van. Solo quedamos Enrique, Dominic, Lizbeth y yo.-Noté que el tema la afectaba mucho, en mi caso apenas iba unos meses, tengo entendido que Omar y Tamara iban ocho o 14 meses aquí.- Incluso tú te iras antes.
Vladimir y Lizbeth salieron del sus habitación, el largo día paso más rápido de lo que pudiéramos esperar. Consideré mucho esa idea de irme como ellos; sin embargo, otra imagen recorrió mi mente, anoche después de la pelea con Diego. Cuando Vladimir me trajo a mi casa, cuando cogió mi espada… “¿Sangre?”, pensé. 
-Lo han hecho bien –Dijo Vladimir, mientras Omar y Tamara se acercaban a él –Los lazos con sus amistades no se perderán, recuerdos con cada uno de ellos quedara presentes en sus mentes.
-Gracias- Dijo Omar inclinándose, sus voz se quebraba en cada palabra –Muchas gracias.
-Gracias por cambiar nuestras vidas, por darnos una segunda oportunidad –Gritó Tamara con el llanto en la garganta, al igual que su pareja.
-Cuando se coloquen estos rosarios –Dijo sacando unos rosarios de madera-Al caer la noche perderán todo recuerdo, sobre mí, los trabajos y todo lo que tenga que ver con los demonios o ángeles. No obstante sus buenos recuerdos con sus amigos, siempre estarán presentes.
Ambos asintieron colocándose los rosarios, que una vez en sus cuellos desaparición, nosotros los despedimos. Era triste, aunque no recordaran nada sobre nuestras aventuras, si podrían llamarse a sí, aun seriamos amigos. Pero la confianza, esa unidad se perdería. Ellos dejaban de girar alrededor de Vladimir, para girar en otro a sus propios mundos, y buscar sus futuros.
Regresé a casa, la noche había caído como un manto oscuro. Me encerré en mi cuarto y recordé el día, para este instante Omar y Tamara habrían olvidado todo. “¿Yo quería recibir esa unción y ser libre?”, me pregunté, no sabía esa respuesta. Pero…
-¿No sabias sobre la unción?- Esa voz… en mi mente acaso era la muerte…- Si lo soy, quería probar si esta conexión servía para algo más.
-¿Ahora tengo que escucharte en mi mente?- No era ella. Era él. 
-Jaja, si me tuvieras en frente, estarías temblando.- Era Diego. 
-No le veo lo gracioso.
-Vamos, tú no eres la expulsada.
-¿Qué eres un ángel o un demonio?
-Soy humano, varón y con un gran pene por si te interesa. 
-¡Idiota!
-Soy la llave maestra de Kotomi, cuando ella llego a este mundo, un pequeña cantidad de su poder se selló en una llave por la muerte. Esa llave debía tenerla un humano de su confianza, esa llave es la única que le permitirá volver a su mundo. El cielo. 
-¿Por qué tú? Incluso intentaste herirla. 
-Es difícil que yo encuentre una unción. Soy su pasaje de largo plazo aquí en el mundo de los vivos. Y ahora que estoy exiliado ella estará aquí un buen tiempo asegurado.   
-No sabía nada sobre eso, por eso tienes una parte de su poder…
-Que brillante deducción. Por si no lo entiendes lo dije con sarcasmo. En fin tengo mejores cosas que hacer.
-¡Espera!
No obtuve respuesta alguna, fue extraño conversar con Diego, pero él hablaba en mi mente y yo en la suya. 
-¿Estas con alguien Akemi?- Escuché a mi padre. Apagué la luz y lo ignoré. 
Solo deseaba descansar. 
Pasaron tres días y aun no me acostumbraba a la idea de que Omar y Tamara ya no estaban más. Pudé hablar un par de veces con ellos, parecían los mismo; sin embargo, ya no pertenecían al taller, eran personas normales, solo mis amigos. En el fondo los extrañaba, ellos eran parte de ese grupo de subnormales que me cambiaron. 
Continúe mi camino al taller, cuando entré note que todos estábamos juntos, era algo extraño coincidir que todos estuviéramos en el mismo lugar. Debido a nuestros horarios.
No me di cuenta pero detrás de mí entraron cuatro chicas. Eran muy lindas todas: altas, de tez clara, cabello castaño claro y ojos preciosos. Definitivamente eran extranjeras. Incluso, sentí un poco de envidia de sus bellas figuras. 
-Vladi, Vladi, Vladi…- Dijo una de las chicas, su cabello era corto, color azul cielo. Sus ojos eran rojo cielo de brujas, su vestimenta era simple un short negro con una polo lila con un diseño de sastre- ¿Cómo te ha tratado la vida, primito?




-Que feo verte…- Respondió con una sonrisa arrogante. - ¿A qué se debe la desagradable sorpresa?
-Jajaj, que mal educado primito- Comentó con ironía, acercándose a él- Se te pegan las costumbres humanas.
Esa chica era una demonio, su prima. Un familiar de Vladimir, realmente no me espere eso. 
-¡Oh!- Se acercó con ternura a Lizbeth –Has creído mucho mi pequeña prima humana – Agregó, mientras aplastaba los cachetes de Lizbeth, sabía que alguien pensaría lo mismo que yo. Yo también quiera hacerlo.
-Bueno, que tienes que decirme… 
-Es privado, querido –Respondió la prima de Vladimir.-Para los siervos de Vladimir, soy Jane Anderson, prima de este bueno para nada.
No sabía que los demonios tenían familia, pero de algún lugar debía haber salido Vladimir, consideraba preguntarle a Diego, en fin él si deseaba escucharía esto o yo escucharía lo que él piensa, me gustaba esa conexión, pero me gustaría más con otra persona, no con ese cretino. 
Dentro solo quedaron Lizbeth, Vladimir, Jane y una chica llamada Fabiane.
Sentía que las cosas se complicarían, tal vez sería porque últimamente han aparecido muchos demonios y ángeles. Albus, Kotomi, Onna y Jane, quien sabe cuántos más.
Los próximos días se tornaron, extraños tenía el temor de recibir la dichosa unción y ser libre, perder estos recuerdos. Estos amigos, tanto me había afectado…
-Dudo que la recibas pronto….
-¡Cállate!
-Estaba aburrido, además es económico hablar contigo.
No le respondí. 
Era sábado, estábamos en la casa de Vladimir, para ser exactos en su oficina. Durante la semana él nos citó este día, según escuché había un hombre que lo había descubierto. Él bromeo con matarlo pero, su mirada era distinta, realmente parecía un demonio cuando se tocaba el tema, desde la visita de su prima cambio un poco pero ahora más evidente, incluso Linda se dio cuenta. 
Por otro lado intenté saber lo de la llave maestra, raramente conversaba seguido con Diego, tal vez era mi amigo, pero él mencionaba seguido que me mataría, no me sentía segura. Noté que teníamos ciertas cosas en común, su padre también era distante con él, por otro lado su madre tenía una gemela, me pareció graciosa ya que por instante lo confundían con su primo. 
Regresando a la actualidad, el ambiente era tétrico, Vladimir estaba en frente de aquel hombre de blanca cabellera, su cuerpo era decadente, estaba sucio y la luna de sus gafas rajadas. Me parecía familiar.  
Nosotros estábamos con los rostros cubiertos excepto Lizbeth.
-¿A qué has venido?- Preguntó Vladimir, algo estaba mal. “¿Por qué Vladimir se comportaba así?”, me pregunté. No solía tratar así a los que llamaba sus clientes. 
-Sé muy bien todo lo que hacen, sé que no es humano… -Estaba comenzando a arrodillarse –No sé qué hacer…solo quiero pedirle un favor.
-Lo sé. 
Vladimir mantuvo silencio mientras, el tipo se tiraba al suelo, se estaba humillando, pero Vladimir aun lo miraba con desprecio.
-Por favor….yo quiero.
- Quieres que vaya con tu hija y la haga mi sierva. No estoy interesado. 
-¿Cómo tú?-El hombre estaba aterrado.
-Seguí el caso –Respondió –Fuiste con Albus y Jane por el mismo pedido… Haz viajado por todo el mundo buscando a alguien que lo haga. 
-Por favor…
Una chica de apenas 17 años tal vez, hija de un importante senador en acensó, próximo a lanzarse a la presidencia de su país. La mayor de dos hermanas, tranquila, suave, bondadosa pero débil. Sin carácter alguno.
Las elecciones presidenciales estaban cercas, el candidato tenía problemas en la competencia, su hija mayor fue descubierta en un bar con unos amigos, algo normal entre la juventud. Pero, en una campaña el más mínimo detalle te hunde. “¿Cómo puedo tener una hija tan estúpida? Me estas hundiendo”, le gritó feroz. “Eres una vergüenza de hija”
Palabras duras de un orate, los días continuaron, la joven se sentía de peor solo su hermana menor la entendía. Tal vez era mucha mala suerte…Aquella noche ella saldría con una amiga. Salió de su casa, sin antes despedirse de su papá. Quien la desprecio una vez más. Entre lágrimas buscó a su amiga, eran las 11 p. m., paso por una zona muy oscura, notó que era seguida. Pero, antes que pudiera reaccionar fue atrapada y golpeada la metieron a la maletera de un coche y se la llevaron.
Apenas reacciono cogió su celular buscando un escapé, marco rápidamente a la única persona que ella pensaba que la ayudaría, pero su padre nunca contesto, pues no le interesaba lo que quisiera la inútil de su hija.
La sacaron de la maletera estaban en un garaje, ella estaba asustada.
-Por favor déjeme ir…- Rogó. 
Ellos no respondieron, uno se fue dejándolo solos a ella y al tipo que la había atrapado.
-Sí que eres linda….
El tipo comenzó acariciarle la piel, comienzo a tocar lugares distintos mientras ella trababa de defensa, fue golpeada contra el suelo. Le arranco toda la ropa. Empezó a golpear esa piel tan dulce y suave propia de su edad hasta que del dolor no pudiera defendersé. 
-Deténgase por favor… Yo soy virgen. 
-Eso lo hace mucho mejor.
Ella sintió un dolor terrible, la peor experiencia de su vida, sentía que la partían por la mitad y con brusco movimientos la destrozaban por dentro. Mal recuerdo de su primera vez. 
-Me duele….
-¡Calla y grita mi nombre!
Sátiros con el cerebro en el pene. 
Ella no respondió, recibió golpes por su desobediencia, su mente se nublada, no sabía cuanta veces la había violado, pensó que todo terminaría hay pero su amigo llego.
-Veo que empezaste sin mí…. Los chicos llegaran en un rato
La mente de joven se nublo, llegarían más…
Vagina. 
Boca. 
Culo. 
Una noche aterradora continuó, fue violada en cada forma que podían imaginarse, la pobre solo gritaba “Papá”, “Alguien sálveme”. Su pesadilla duro tres días más, su padre, ni nadie vinó a salvarla. Luego de esos días la dejaron tirada pensándola muerta.
A duras penas se levantó y regresó a su casa, su hermana la llevo al hospital, estuvo interna una semana, pero a su padre parecía importarle más su campaña. Ella lo ignoró pero aún tenía un temor….Un mes después de aquello, su peor temor se cumplió. Estaba embaraza.
¿Qué tan mal se vería que la hija del futuro presidente quedara embaraza por una violación?
Ella no se esperaba lo que se le venía, ella fue al hospital para un chequeo sin esperarse lo que se aproximaba, quedo dormida mientras escuchaba a su padre.
-Le sacaremos ese engendro.
Mis piernas temblaban ante lo que escuchaba narrar a Vladimir. 
-¡Para!- Grito aún más desesperado, era tan horrible todo, note a Linda afligida, tanta crueldad contra alguien.
-Espera llegamos a la mejor parte- Respondió. 
Al despertar…Todo está conforme. Sin embargo, había consecuencias. No podría volver a engendrar un niño.  Algo en ella se rompió, a ese tipo que se hacía llamar su padre no le importó, estaban cerca al cierre de campaña. Aquella chica murió ese día.
A los pocos días del cierre de campaña un video salió a la luz, una chica gritando por su padre mientras perdía todo bajo el eslogan: “Quiere ser presidente y no puede ser buen padre”. 
El tipo perdió las elecciones, su hija quería venganza busco a los tipos que arruinaron su vida, ella quería odiar a su padre, pero no podía desfogaría esa ira contra ellos, no le importaba nada más. Su padre tuvo la dicha de seguirla, no quería arruinar más su carrera política por la estúpida de su hija.
Ella llego al lugar y los atacó pero fue vencida fácilmente, la humillaron una vez más pero esta vez no estaba sola.
El amor fraternal es algo tan hermoso.
Las hermanas juntas y humilladas, la maldad es un don de pocos. El contrincante presidencial que también perdió fue claro : “Úsenlas hasta que no sirvan más”
Comenzarón una vez más, ella trato de hacer que sea solo ella pero también golpearon a su hermana, fue entonces que todo empeoro.
-Humanos, humanos….
-¿Qué quieres?-Preguntarón –Espera tu turno.
En un instante le arranco el cuello a uno, mientras que otro era quemado por un rayo, de maneras despeadas fue matándolos uno a uno. Cuando el padre llegó era tarde, él estaba con ellas.
-Apartir de hoy sus miserables vidas me pertenecen, soy su amo-Dijo con desprecio –Soy Zelig, su dios, su amo.
-Zelig…-Enrique, parecía en un trance ese era el ángel que mato a su novia hace mucho. Esto había tomado un giro distinto. 
-Asquerosa alimaña –Dijo Vladimir – Planeas que salvé a tu hija, cuando perdió lo que le hacía pura. Por tu culpa.
-Te lo suplico…-Los llantos de un perro arrepentido se hicieron presentes- El mato a Rose ante mis ojos, solo queda ella.
-Me tiene sin cuidado, son propiedad de Zelig- Respondió- El caso de mayor es imposible, va contra las reglas.
Lizbeth estaba apretando su falda en furia, este tipo era un maldito, todo lo que paso su hija y ahora pedía que la salven.
Los ojos de Vladimir, se tornaron el dorado clásico, con el filo carmesí, era realmente aterrador. El hombre realmente parecía arrepentido-
-No me importaba la vida, solo quiero que viva –Respondió- Sé que soy el peor padre, que no valgo ni siquiera estar en tu presencia, pero quiero verla libre, quiero que viva esa vida que le robe.
-No- Respondió Vladimir –Si anhelas su libertad sálvala tú.
-Te lo ruego….por favor salva a Antonia.
Me sentía demasiado impotente, quería ayudar a la chica pero no podía ir contra Vladimir. Esa chica Antonia no merecía sufrir tanto.