domingo, 25 de septiembre de 2016

El mundo, según Lunática - Capitulo 6

Dos semanas, una decisión y escasos sentimientos

-No has pensado en la posibilidad… que quizás este sea mi mundo.- Mi oído se desvanecía, mis piernas retemblaban, mi cuerpo sudaba frio. Sentía que se me bajaba la presión y la cabeza me empezaba a doler. Poco a poco perdía el sentido.- Y que por fin tuve el valor de hablarles… a ti y a Galia. Mi creación…mi mundo. Mi hijos, mi todo. 
-No…  
Los segundos se convirtieron en minutos, los minutos en horas y las horas en mucho sueño sin cansancio. Entonces, solo en las tinieblas y aterrorizado por quien me hablaba. Me di cuenta: Las semanas era una nada. 
-Es broma… pero pronto seré parte de ti. Recuerdos y experiencias.
“Que broma para más aterradora”, me dije. Pero, la idea por más siniestra que sonará no era del todo loca. Mi existencia podía ser la creación de alguien más. Eso aterraría a cualquiera.  
Eran las 4 a. m. cuando escape de mis recuerdos de ese inicio de noche. José Manuel dormía en su cama y roncaba como el motor de un tractor malogrado. Giancarlo, el Oráculo, también se había quedado dormido en el sofá, acurrucado abrazando una muñeca system de la hiena gorda. 
Yo era el único que divagaba en la oscuridad de la noche y de mi ceguera acompañado del tic tac del segundero de un reloj que coordinaba en armonía con cada ronquido. Mis sentidos eran más agudos desde que perdí la vista. Aun podía sentir el tacto de la delicada y mojada piel de Galia, aquel día en la playa. 
-Ser Oráculo…- Murmuré. Escuchaba sonidos, los conejos de José parecían querer aparearse.- Un contenedor de querubín… 
Me aterraba la idea de ser la creación de alguien, que Giancarlo manipulara mi vida como Galia manipulada a su Romeo y Cenicienta. Luego, estaba convertirme en él.  Y finalmente, mi nuevo interés en Lunática. Mi vida estaba tomando un rumbo nuevamente, pero una vez que decidiera que hacer no habría marcha atrás.  
Minutos antes conversábamos de la vida y bebíamos. Mi paladar no recordaba el sabor tan amargo de la cerveza, según Oráculo no me haría daño y bebí con ellos. Ahora me preguntaba “¿Qué gracia había en beber cerveza?”, no me la recordaba tan amarga y de sabor tan malo. Era mi primera noche en Lima lejos de Lunática, al menos estaba acompañado de amigos. 
-Ya sin joda. ¿Te estas cogiendo a la Grilla?- Preguntó José Manuel, llenándose la boca papitas Lay´s. La combinación de papas y cerveza era horrible. Maldije mis sensibles sentidos. – Te juro que me llega al pincho el Grillo. Es una mierda con ella. 
-Pues no.- Atiné a decir. No podía negar que descubrir que Galia regresaba a mi vida me había emocionado e incluso ilusionado brevemente, pero ese detalle del novio terminaba con todas mis expectativas, aún más con la idea que mientras yo bebía con ellos, ella tiraba con él. 
-Terminarán pronto… 
Era aterrador como hablaba y según manifestaba la hiena, él adivinaba el futuro. Apenas llegamos, le cuestioné mucho, pero a todo respondió con razón. Cosas que ni recordaba, era una persona que conocía más de mí; que incluso, yo mismo. Eso aumentaba mi miedo a ser parte de él. Nunca fui creyente pero, me sentía al lado de dios.  
-¿Qué eres? – Consulté. Me espantaba la idea que existieran más personas así. – Lunática me comentó algo parecido de Grillo. 
-Esa Lunática está en nada, papi. Ella solo conoce el espejo por su novio.- Respondió José, su barba era una aspiradora de restos de comida.- Grillo es boquilla noma. Ha creado muchos mundos nada más. Solo se hace pasar por un querubín, pero es tan normal como todos. Bueno excepto que ustedes…
Los querubines, como ángeles de alto rango en el cielo, aquí se les denominaban a personas con un poder mental elevado. Tan elevado que sus mentes eran eternas, vivían a través de contenedores como Giancarlo o yo mismo. Según hablaba el actual Oráculo, no era predicción sino, sentido común y la lectura de las auras. Cosas que personas que se drogaban no alcanzaban. 
En Perú eran: Cafeína, Oráculo, Equis y Lila. La primera arequipeña y paralitica; el segundo y para mi sorpresa tenia síndrome de down; y, los otros dos no me dijeron nada.  Su poder especial se heredaba como su nombre. Forzaban su reencarnación para morir.  
Vivieron un millón de Cafeínas. Medio millón de Equis. Existieron mil Oráculos, antes de Giancarlo y él me estaba esperando para ser el próximo. Suspiré acomodándome en la alfombra de mi amigo. No me gustaba creer en el destino, deseaba tener poder de decisión. 
Entonces, me recosté mirando el oscuro cielo. Lo quise imagine pero, la vi a ella. 
A la mañana siguiente luego de un sueño intranquilo. José me dejó en la casa de Lunática, él estaba emocionado con la idea de que yo sería próximo Oráculo, me apenaba ocultarle la inevitable muerte de Giancarlo. José y él eran muy cercanos. Mis problemas desaparecieron al toparme con su sonrisa mientras salía al trabajo.  La vista se había convertido en el menor de mis problemas, cada vez podía ver más. Pero, solo me interesaba verla a ella. 
Esa noche, estaba en su casa pensando en mi madre, llevaba varios días en Lima y no pensaba en verla .Galia aun no llegaba. No le había dado respuesta a Giancarlo y su tiempo se agotaba, pero poco me importaba. Me sentía conforme como estaba. Entonces, ella entro rápido al baño, había dejado las puertas abiertas invitando a cualquier ladrón entrar. Estaba llorando y vomitando. 
“¿Estará embarazada?”, me pregunté con temor. Cerré la puerta y la busqué. 
Pasaron unos minutos y luego salió. Soltó su hermoso cabello matizado, su mirar se perdían en la hinchazón de sus ojos. Me contó de un tipo había llegado de emergencia a su trabajo, había sido atropellado por un bus, mientras cruzaba la pista. Se encontraba bajo los efectos de sustancias ilícitas… era un conocido de ella. 
-No quiero morir así…
Noté una aureola en su cabeza, aquella que vi antes. Era naranja resplandeciente, emanaba un olor a desagradable como si ella hubiera soltado un fétido gas. Comprendí lo que me comentaban sobre los sentidos de un querubín, pero no quise indagar más. Me acerque a ella y la abrace. Ella escondió su cabeza en mi pecho, como cada vez que peleaba con su madre hace años.  
-¿Quién era?
-Se hacía llamar Pasioni…- Sus manos temblaban. Pronto sentí mi polo mojado. Seguía siendo una llorona.- Tenia dos niñas pequeñas y su esposa está esperando su primer varón.  
Sentí curiosidad. 
Estábamos demasiado cerca, levanté mi mano hacia su cabeza y la froté. Ella seguía escondiendo su cabeza en mi pecho y entonces, toque su aureola, aquella que emanaba ese olor sobre su cabeza. 
Mis ojos la vieron llorando, lloraba mucho y de diversas formas: Estaba sentada en mi parque llorando, se había cortado las puntas negras y su cabello blanco estaba sucio.  Seguía llorando, ahora fuera de una iglesia se había cortado el cabello casi por completo, parecía un hombrecito. Finalmente la vi sucia, con moretones, un hilo de sangre bajaba de su frente, esta vez no lloraba lágrimas. Sus manos sollozan sangre. 
 -Eso fue aterrador- Atiné a comentar. Ella se alejó de mí y me vio confundida.- No es nada…
-No me imagines como una fea. – Me dio un golpe leve al estómago y empezó a soltar carcajadas. Había olvidado que ella no sabía que yo conocía su verdadera identidad. – Bueno, la vida sigue- Se animó.- La lección del día fue mirar a ambos lados antes de cruzar la pista. 
-En realidad, es no caminar drogado…
-¡Cállate!- Me lanzo uno de sus cojines, el que tenía forma de cara de gato.- ¿Aun tienes tiempo de vista?-Consultó, yo asentí.- ¡Perfecto! Mañana tengo guardia, así que estaré el día en casa.- Es decir, estaría todo el día en casa y trabajaría de madrugada.- Te enseñaré algo genial.
Me cogió del brazo, yo notaba que esos cambios de humores no eran del todo naturales. Conocía los miedos y sueños de Galia, cada facción de su rostro estaba en mi memoria y podría jurar que intentaba olvidarse de sus problemas con este vago intento de niñera de un ciego. 
Era poco menos de media noche.  Al lado del hospital psiquiátrico Hideyo Noguchi, pasando la iglesia de los mormones en el popular barrio de las mayólicas, Palao, había un pequeño parque al cual llegamos. Las calles de noche era cuando más brillaban y menos ruido producían. Era casi perfecto a comparada de la bulliciosa del día. 
Estábamos a pocos kilómetros de casa y ella fumaba marihuana, sentada en el pasto bajo un árbol con cicatrices románticas. Entre esas cicatrices decía: “Santos y Galia”, me senté a su lado. Ya había estado aquí, pero fingí demencia. Ella me sonrió y se echó. Me jalo al suelo a su lado y ambos miramos el cielo.  
-Ver es algo hermoso- Dijo alzando la mano hacia la oscuridad infinita del cielo limeño, acompañado de nubes de contaminación.- Eres un cojudo por quitarte la vista. 
Pasaron unos minutos, ella seguía con una mano en el aire. La empezó a mover mientras entonaba… “La mar estaba serena, serena estaba la mar”, aquella estrofa me dio un golpe de nostalgia. En aquel momento, ella empezó a reír ante mi evidente reacción. 
-Mira bien…- Su mano formó una especie de forma como se crearan nubes.- Siempre empiezo por un hombre. Su nombre será Jesús.- Las pequeñas nubes que ella creo formaron una persona de estatura baja y camisa a cuadros, pantalón de constructor y de piel trigueña, de cabello corto y peinado de copete, y con una guitarra en la mano. 
-Eso pensaba preguntarte…- Ella estaba creando un mundo. A partir de esas nubes de un extraño color naranja que se formaban en sus manos.- ¿Cómo lo haces?
-Por eso lo estoy haciendo frente a ti, idiota- Poco a poco aquel joven hecho de nubes en la noche eterna, comienzo a caminar sobre su sitio.- Quiere estudiar música, pero su papá le impondrá ser ingeniero. Está enamorado de amigo Alexis.- De otras nubes ser formaron los mencionados: un adulto de 45 años aproximadamente de pantalón y camisa y un joven de lentes, cabello rizado y una armónica en las manos.- Pero, él se encuentra mal. Jesús tenía problemas con drogas… 




La empiezo a escuchar sollozar, puedo reconocer sus ahogados mientras habla. La guitarra del nubenoide se rompió. Sus brazos fueron atacados por serpientes conectadas a una cama, que en vez de veneno tenían suero. De pronto él estaba completamente acabado. Su semblante se volvió una mierda literal. 
-Él tiene lupus por consumir demasiada cocaína. Pero, no la puede dejar… la música es todo lo que tiene, su único motivo de vivir. Si la pierde igual morirá… Alexis es heterosexual, a veces tira con su novia en la casa de Jesús. 
Oráculo había predicho que ella terminaría con Grillo, quien le era tan fiel como una prostituta a su cliente favorito. Qué se ahogaría en su amor por ese mundo… Y había dicho que podría ayudarla si me volvía él. Por alguna extraña razón me sentía atrapado en su destino. 
-Él no quiere morir, pero ya no le queda nada. Se convirtió en todo lo que odia… no puede verse a sí mismo. Ya no es Jesús, solo es un marica enfermo.- Acaricie su matizado cabello. Olía a su reacondicionar de limón, que en años parecía no haber cambiado de marca.- Al final morirá. 
-¿Qué te ha hecho el pobre chico?- Pregunté. 
-¿Qué? Siempre me han gustado las tragedias.- Siempre fue mala mintiendo. Como aquella vez en esa fiesta en la que beso a Pietro. Presione mis puños, no recordaba eso hasta este momento. Yo había besado a un par de chicas también… - Ya volvamos.
Los cuervos no tardarían mucho en llegar. 
Esa noche terminó con ambos durmiendo temprano, tres de la madrugada aproximadamente. “En dos semanas moriré”, recordé. Giancarlo había esperado que Lunática me trajera. “Nunca creí que me gustarías tanto Santos. Si muriera y en otra vida te encontrará te violaría de seguro”, cumplíamos un año cuando Galia me dijo eso. “Somos el uno para el otro”, ahora Kelly invadía mi mente. Era una noche de recuerdos y confusiones. 




Al día siguiente luego de dormir hasta tarde me llevo por varios lugares: La plaza Bolognesi, que en el espejo era araña gorda que almorzaba humo; el Centro Cívico, hogar de mariposas negras que caminaban, ya que sus alas las perdieron con su suicidio; el Campo de Marte, una serpiente verde llena de comida ambulante y chucherías baratas, entre gobling de manos callosas y enanos de piel color ladrillo. 




Esa noche comimos hamburguesas en un Mc Donald. 




El segundo día acompañado de Yliana, la pequeña elfa lujuriosa con seudónimo de pokemon eléctrico. Caminamos por el malecón de Miraflores, ese día no quise ver nada. En aquel lugar, le había pedido matrimonio a Kelly. “Tomar mi lugar, mi nombre y salvar la pequeña luz que se le apaga a la Grilla, perdón, a Lunática”, sentía que Giancarlo sabía que iría con él, aunque no lo hiciera. 
Pasaron tres días más desde que Lunática empezó un nuevo mundo trágico. Ese tercer día, me encontraba echado en el sofá. Ella no había llegado a dormir, era más que evidente con quien había pasado la noche. Me las ingenie para llamar José, él me dijo que pronto pasaría a recogerme. 
Deseaba experimentar por mí mismo aquello. 
Entonces, sonó la puerta. Ya estaba aquí, con su barba musulmana y su mirada perdida, con una sonrisa zorruna. Pasó al interior y se sentó en el sofá.
-¿Qué tal Dr.? – Saludó. – Lunática debería guardar sus calzones.- Indicó sacando una trusa del sofá. Yo no tenía ni idea que eso estaba ahí.- Encajes, debe quedarle muy bien.
-Si es como lo recuerdo, créeme que sí. – Soltó una carcajada y la guardo en su bolsillo. Quise protestar, pero ella no era más que mi niñera y estaba fastidiado de no llegará al dormir sin avisar.- Cuando toque la aureola sobre Galia…
-Viste su futuro…y también la viste como realmente era.- Se paró y se acercó a mi.- Tócala.
Me sentí perturbado que un hombre me digiera eso. Pero, acepté. Estaba frente a mí, dirigí mis manos hacia su cabeza y toque su aureola de color oscuro, aroma a basura acumulada y de destellantes nubes plomas. Entonces, la imagen del drogo musulmán que veía desapareció. Era un gordito de baja estatura, cachetón, con raíces blancas en su cabello. De pantalón, camisa y chaleco; en los pies llevaba medias con sandalias y un bastón en la mano. 
-Que tal cambio…
-Jaja, este es el verdadero yo.- Se alejó de mí y se volvió a sentar. Sacó la trusa de Galia y empezó a olerla. Ahora se veía como un cerdo asqueroso, pero no dije nada. Alguna vez yo también lo hice.- La aureola representa nuestra alma, los colores y olores son según nuestra aura.  Si somos unos gorditos mañosos será de un color oscuro y tendrá un olor malo. 
-¿El aura negativa?
-Si haces cosas malas, desde no bañarte hasta asesinar a alguien su aura es negativa. Si eres amable es positiva. Y eso afecta a las almas, las aureolas. – Nuevamente guardo la trusa.- ¿Puedo llevarme un sostén también?
-No jodas. 
Conversamos más. Comienzo a interesarme mucho de lo que hablaba: Desde los signos zodiacales y como definían una parte de cada persona; como predecir el pasado y futuro de una persona. Mi aura y aureola también eran oscuras y de un feo olor a huevos podridos, según Giancarlo era por lo de mis ojos. Cosas malogradas significaban autodestrucción, olores fétidos eran carencias de uno mismo y mucha información más. 
Me invitó almorzar a las horas, el tipo era un abogaducho, así se refirió el mismo, estaba separado y solo tenía una hija. Conoció a José en una conciliación, él era abogado de su exesposa, su caso fue archivado ya que no llegaban a un acuerdo y no conciliaron un carajo. Ahora eran buenos amigos.
-Ella ya te debe estar buscando- Comentó mientras tomaba un caldo de gallina. Escuchaba levemente asqueado sus sonidos al masticar y pasar. Incluso se atoraba y escupía el hijo de su madre.- Mi gallina es mi favorita desde hace cuatro vidas. 
-Yo la odio- Como odiaba a las personas que comían de forma tan escandalosa, sin verlo podía saber que tenía la presa en la mano y de seguro fuera del palto los huesos.
-Pronto te gustará. 
Mi mente quedo en blanco durante los próximos segundos. Ese día termino conmigo recibiendo los gritos de Galia, por desaparecer de la nada. Minutos antes la había encontrado en su cama bajo los efectos de la pastilla para dormir y sus drogas. 
-¿Qué le ves al Grillo?- Consulté. “Dile si quieres… nuestra relación es asi”, recordé mi pequeño encuentro con él. Ella se quedó callada, mientras me perdía en mis pensamientos. “¿Realmente valía la pena querer ayudar a quein no lo deseaba?”
Estábamos en un puesto de hamburguesas, cuando Giancarlo me indico que observara en la entrada de un motel de mala muerte, esos de colores fosforescentes cerca de una esquina proxeneta. Por inercia abrí los ojos con dificultad, la comida lucia desagradable desde el espejo. Pero al frente nuestro estaba una pareja. No nos habíamos alejado mucho del barrio de las mayólicas, en pocas palabras, el hospital donde trabajaba Lunática y su novio estaba cerca. Y frente a nosotros Grillo besaba a una enfermera sacada de una película porno o al menos así la veía yo: De traje blanco, con las curvas bien marcadas dónde mejor le quedaban y un rubio cenizo.  
-Soy de la vieja escuela doctor. – Sonrió y tenía restos de cebollines chinos en los diente de la salsa tártara de su pollo. Estaba por arrojar. – Y eso está muy mal. No hablo de Grillo, sino observa con claridad quien está en la mesa del costado. 
Traté de observar un poco más. Era una sombra extrañaba, estaba limitado por lo me mostraba el espejo solo era mi imaginación, no podía distinguir si conocía a esa sombra o no. Entonces, observe esa aureola que la coronaba. “Joder”, me dije. Me hubiera gustado que me buscará a mí. En vez de acosar a su novio. 
-¡No te importa!
Esa noche no nos dirigimos la palabra, como aquellas peleas de antaño ninguno tenía intenciones de hablar con el otro. Tal vez se me había pasado la mano al decirle “patética arrastrada” o de pedirle que tuviera algo de dignidad. No era como la recordaba. Era un tonto intento de la tirana de la que enamore. 
Los problemas de la vida, como una copa de buen vino. Cuando se bebe inicialmente es amarga y desagradable, pero a medida que se va degustando el brebaje, su sabor se torna dulce, amargo de nuevo y así  danzando entre esas sensaciones a medida que vaciamos la copa. Me quede encantado con aquel poder… Mis ojos por mi paz, mi tranquilidad por mi viejo yo y finalmente todo lo que creía por ella. 
Echado en el sofá escuchando sus sollozos. “Jodidos oídos sensibles”, me maldije.
-Sacaré a Galia del infierno. 
-O te quedarás atrapado en el intento. 
Mis ojos se abrieron de repente y me levanté asustado. Observe a todos lados y no vi a nadie. ¿Habría sido Giancarlo con algún poder que no me había dicho?, o tal vez el creador de mi mundo y yo no era más que su juguete. 
-Soy Cafeína, tu mejor amiga. 

domingo, 11 de septiembre de 2016

Y... ¿Dónde quedo yo?

-Es un pequeño frijolito. 
Aborrecía aquella situación. Era una película de terror en tercera dimensión, donde ella enfrentaba su peor temor y debía ser fuerte, pues era el príncipe azul y malvada bruja se había salido con la suya. Su princesa lloraba como si no hubiera un mañana. Y ella también quería llorar. “¿Dónde quedo yo?”, se preguntó Ross. 
-Felicidades- Atinó a decir el médico. – Debe tener cuatro meses de gestación. 
Ross abrazaba a Miguel, quien navegaba en un mar de lágrimas. Lucia se veía muy contenta, ese frijolito era fruto de su amor hacia Miguel y del morbo de él.  Acababa de cumplir de 17 años y el próximo lo recibiría entre panales, biberones y popo. 
Habían hecho siete pruebas entre sangre y orina. Les habían rezado a todos los santos y les habían fallado. Miguel y Lucia tendrían una bendición. 
-Saldremos adelante juntos. – dijo Lucia. Era la  más emocionada. Ross quería que la tierra la tragase. - ¿Quieres ser la madrina, Rossangela?
-Está bien… - Respondió.
-Sí, ahora viviremos juntos amorcito. 
Se sentía estúpida por enamorarse de un mocoso que lloraba no haber usado protección. Más estúpida porque ese mocoso era enamorado de su amiga. Increíblemente estúpida de aceptar ser la madrina del bebe. 
-Y…- Lo miró- ¿Dónde quedo yo?





domingo, 4 de septiembre de 2016

Saana - Capítulo 18

Un gato hecho mierda

 “Siempre te observaba, siempre te pensaba, siempre quise saber si me recordabas…Desde aquel día cuando éramos niños me enamore de ti. Recuerdo que eras muy animado en el jardín por más que todos te fastidiaban, los golpeabas y se alejaba. Yo quería ser tu amiga odia a los que te hacían llorar, pero siempre sonreías al final. Pasaron a los años desde la última vez que nos vimos. Me decepciono que no recordaras esa promesa que siempre seriamos amigos, pero aun cuando te vi me sentí tan bien sin darme cuenta esa amistad se volvió una hermandad. Elegimos caminos distintos… yo me divertía mucho en fiestas, a ti no te veía muy seguido salir.”, el charco de sangre en el asfalto se convertía en un pequeño riachuelo que se dirigía hacia la pista.
-Karen…
La voz de Saana temblaba, el tiempo se había paralizado. Sebastián estaba petrificado, su cuerpo no reaccionaba ante lo acontecido. “Yo te observaba por dos años esperando que te fijaras en mi, pero éramos extraños nada más hasta hace poco esa mosquita muerta siempre estuvo cerca de ti…. Ella te hacia feliz”, su visión era borrosa. Sus pensamientos más pesados, se sentía cansada y congelada. 
-Kabi….- Verlo tartamudear la divertía. No era el tipo de chico que hacia eso. Era como esos niños sanos que no sabían cómo hablar con chicas. A ella siempre le gustaron los chicos malos.
“¿Qué le viste a esa cojuda? Cuando nos conocimos ambos nos atraíamos por pegalones y ella es una fresa. Creo que es lo que más odio de ella… una estúpida virgen te gusta o que se parezca tanto a Carol, la que te rompió”, quiso mover los labios, pero le dolía hasta respirar. Se preguntaba por qué el tiempo iba tan lento y no había sonido alguno, si las calles eran tan bulliciosas. 
-¿Tan fea me veo?-Dijo suavemente. - Te has vuelto muy guapo Sebas… solo que muy pavo. 
-No me jodas… no puedes ser tu.- Dijo Sebastián, mientras una lagrima lo traicionaba.- ¿Qué te paso? Tu no eres la enana busca pleito que conocí. 
-Siempre fuiste ingenuo…Creo que eso era lo que me gustaba.- Respondió Karen limpiándole la lagrima.- ¿Me recordaste por esa vez que me rompiste el labio?
Sebastián asintió. Dejo a Karen con Saana, quien aún estaba sorprendida. Ella lo observaba de lejos, ya no sentía dolor, ni pena. Solo lo veía, viejos amigos que se olvidaban uno del otro. Almas camaradas, que algunas vez caminaron juntos siguieron caminos distintos, pero el final de ambos es el mismo.  Ella moría, él eventualmente.  
-Ya te cagaste…- Sus ojos no miraban que estaba armado, estaba ciego ante la manada de pandilleros que escapan ante los disparos y el cuerpo de Karen.  Yue padecía aun tratando de controlarse por lo visto.  “Ahora si tendremos esa pelea fantasiosa”, pensó. 
-Parece que sí. 
Alzo el revolver contra él para asustarlo, pero Sebastián no podía verlo.  Se acercó botando aire por la boca, como un pequeño zumbido de abeja cogió el brazo del demonio, de un codazo a la cara soltó el arma.  Por un instante Chalo tambaleo, luego recuperó el sentido. Diego no se dejaría vencer tan fácil, mucho menos por Sebastián. 
-Has mejorado, ya no eres un llorón.
Quiso que vea sus horrores, pero la ira había cegado al payaso. Tomo distancia, con la guardia en alto volvió a soltar aire en forma de zumbido y golpeo a su caa. Diego alzo los brazos y saltando esquivo, vio un hueco y metió su puño contra la cara de su contrincante. Sebastián tambaleo; Diego golpeo de nuevo, una vez y una vez más. 
-Sabias que los antiguos incas cortaban la cabeza de sus enemigos y bebían su sangre para adsorber su poder –Dijo Sebastián logrando mantenerse de pie. Vio al mismo Diego y sonrió. -Beberé tu sangre –Concluyo. “Ahora me caes mejor Sebastián lástima que tenga que matarte”, se dijo Diego recogiendo su cuchillo.  Noto unas gotas de sangre, su nariz estaba llorando rojo.
“Esos dos son los más peligrosos, si quiero ganar… Debo usar a Sebastián para vencer a Chalo y luego lo traicionarlo”, meditaba Yue alejándose de la pelea junto a Yliana, quien los había acompañado. Vio a Karen en el suelo junto a Saana. “Su talento, el encendedor”, se dijo acercándose. 
-Déjame en paz perra- Exigió Karen tratando de conservar su orgullo.
-Karen eres mi amiga…. No sé qué te hice, pero no quiero verte morir-Dijo Saana soltando algunas lágrimas. Cogió su celular y marco 105, pero Karen logró quitarle el teléfono y colgar.- ¿Qué pasa?
-Eres una inútil… no sé qué te vio Sebastián, pero prométeme algo-Pidió Karen cogiendo su encendedor. Yue se acercó junto a Yliana. 
-Dame ese encendedor. 
-¿A ti te gustaba Sebastián?-Preguntó Saana observando como Karen empezaba a llorar- Luna… déjala
-No querida –Sonrió cansada, apretó con fuerza el encendedor. La peliplateada se quedó inmóvil, había sido demasiado ingenua.– Saana, prométeme que no dejaras que le pase nada malo a él.- Tomó la mano de Saana y dejo el encendedor en ella- Ahora vete. 
-Lo prometo-Dijo Saana sin poder creer lo que oía. Sin perder más tiempo se alejó, antes que el efecto del talento pasara  y Yue la persiguiera.  
Diego de un par de golpes directos hizo sangrar la nariz de Sebastián, poco a poco él retomaba el control. Gonzales se sentía demasiado fuera de forma, estaba cansado y adolorido. Mientras tanto, eran observados por un chico, que dudaba y meditaba lo que sucedía. “No puedo interferir, aunque sean mis amigos. Demonios…”, pensaba José cerca de ellos. 
-¡Tenemos que irnos!- Grito Yue enfurecida al ver cómo había perdido ante Karen.  Ella se encontraba aun en el suelo, desangrada y con una sonrisa que Yue deseaba patear, pero no se vería bien frente a Yliana y Sebastián. 
Sebastián no escuchaba los gritos de Yue, reaccionando se levanta. Antes de que Diego le clavara el puñal con el que se defendía. Suspiro, estaba agotado debía escapar. Detrás de ellos un grupo de pandilleros se acercaba, Imperio Grone, los que se habían escapado volvían con amigos. 
-No, esta vez ¡No!
Pateó el estómago de su contrincante, este cayó y sin perder más tiempo empezó a correr hacia la dirección de Yue e Yliana. Estaba cansado, Diego apenas se recuperó del golpe empezó a correr también. Él era el objetivo de los pandilleros y estaba cansado. 
Sebastián corrió hacia Karen, la cargó y emprendió carrera nuevamente. Él e Yliana siguieron a Yue, quien parecía conocer mejor esas calles que ellos, ya que eran de otros distritos. 
-Diego Nacarino- Escucho una voz muy conocida para él.  El nombrando observo a José, con una máscara en las manos y una espada azul. Todo estaba claro, fue hacia él. - ¡Vamos!
Diego tomó la mano extendida de José y ambos se esfumaron de aquel lugar, en donde las piedras empezaron a volar. Imperio grone había entrado al territorio de los Destructores. Ambas bandas de Alianza Lima y Universitario de Deportes empezaron una pseudoguerra. 
-Bueno ¿Qué harás? Me retaras por mis talentos...- Dijo Diego alboreándose el cabello. Habían llegado a la habitación de Diego, estaban en su casa. – O los apostamos en una partida de Yu-Gi-Oh
-No, no tengo intereses del juego, pero Diego ¿Por qué quieres tan desesperadamente perder tu vida?-Preguntó José colocándose sus lentes.- Sabes que lo perderás todo si ganas… 
-Es mi trabajo soñado- Respondió Diego recogiendo su arma- Violadores, asesinos. El mundo está lleno de lacras que no merecen seguir vivas. Cuando yo sea la muerte los exterminare, seré un verdadero Dios. 
-¿Que te hace pensar eso? – increpo José sacando su Kurikara también.- Solo somos instrumentos de entretenimientos para estas deidades… 
-Dios no es más que un pendejo….-Dijo Diego bajando su pistola-Dime un niño merece tener cáncer… Dios castiga a los que se merecen no es así. Dime, ¿Qué ha hecho ese niño para tener cáncer?... ¿Acaso eso te parece justo?–Reprocho Diego exaltándose.- Es lo que quiero. 
José no supo cómo responder observaba un brillo en los ojos de Diego. Le parecía tan extraño como una persona como él tuviera esa ideología, quien cuando se presento era ateo y ahora anhelaba ser Dios. 
–Cuando yo sea el ángel de la muerte castigaré a los que realmente los merecen.  Yo no me llevare a los que no los que no lo merecen-Finalizo Diego.
-Si solo lo pones de ese punto…. ¡Pero igual has matado a varias personas por ese objetivo! –Increpó José.
-Los participantes de este juego todos somos miserables que han estado cerca de la muerte antes...-Dijo Diego alzando las manos en son de grandeza-Solo les hago el favor de acabar con su miseria. -Finalizo extendiéndole la mano a José- Únete a mi…juntos limpiaremos este mundo-Propuso.
-¿Después de todo somos chalones, no?-Dijo José dando en la mano en son de su unión.
-Comprobemos que tan buen dúo somos  -Dijo Diego volteando-Vamos a terminar con una espía. De paso le haremos el favor a un amigo. 
Habían llegado a la casa de Yue, en Habich. Habían trasladado a Karen con ayuda del talento de Sebastián, nadie había notado como estaba la chica gato. Entraron y la llevaron al baño. Empezaron a limpiarla e intentar curarla, pero había perdido demasiada sangre. Llevarla al hospital implicaba las sus huellas. 
-Sebas, te has vuelto muy guapo-dijo Karen tratando de levantarse. Le habían quitado la ropa, estaba mojada con agua caliente. Yue intentó quitarle las balas, pero ella gritaba mucho. Todo estaba perdido para ella. 
-Resiste…- Dijo Sebastián tomándole en sus brazos. -¿Quién tenía ese talento de curación?- Preguntó. 
-Incognito, pero no tengo información de él. Lo lamento- Dijo Yue. 
-No me quiero morir así… al menos te acordaste de mi amiguito. –Dijo Karen sollozando sus ojos –Y te humille maldita perra – Yue la ignoro, aunque ella la veía con desdén. Karen agonizaba.- Mis padres están separados. Siempre se peleaban mucho y yo los odiaba.  
Las lágrimas una niña que no tenía ni madre, ni padre caían como un pequeño riachuelo, la sangre se había secado. Solo le quedaban segundos. Yue se preguntaba cómo se desharía del cuerpo, Yliana tenía mucho y Sebastián tragaba grueso, no sabía cómo reaccionar ante lo que escuchaba. 
-Karen….-Pronuncio Sebastián siento interrumpido por ella misma. 
-Siempre trate de llamar tu atención pero nada…. No sabes cuanta rabia sentí al enterarme lo de la perra de Carol, cuando terminaron pensé en mi oportunidad. No me malinterpretes, Mald… Edgar me gusta mucho pero siempre quise recuperar nuestra amistad.-Contaba ya desesperada –Al final los decepcione a todos… ¡Soy una buena para nada! 
La máscara del felino que llevaba en las manos, la partió en dos y sonrió. 
-Cometí mucho errores y estar aquí fue uno de ellos… esta identidad de la chica gato es lo peor de mí. La perra en la que me convertí… Al igual que lo acabo de hacer… deshazte de esa mascara de payaso.
-Hija…. Siempre estuve orgulloso de ti… 
-¿Papá?-Se preguntaba Karen algo incrédula al verlo. Se encontraba en casa con él y su madre. Se vio así misma en una cama con ellos al lado. – Fue una pesadilla, ¿No?- Empezó a sonreír, ella escuchaba la voz de Sebastián.- ¿Mamá?
-Ha sido un día cansando mi reina, debes dormir- Yue se acercó y le acomodo el cabello.- Mañana papá nos llevara la Parque de las Leyendas. 
-Invitaremos a esos amigos tuyas- Respondió Sebastián –Descansa un poco ya no hables más… descansa Kabi cuando despiertes todo estará bien.
-Me haces muy feliz –Respondió la pobre chica-Tengo miedo a no despertar. Papá, mi papá te quiero mucho… 
-Confía en nosotros hija mía - Yue tomó sus manos y la acurruco en su pecho. –Descansa…  
-Pero….-Fue interrumpida por un dedo de Sebastián que tapada sus labios.
-Descansa. Ya no te esfuerces más. 
Karen cerro los ojos confiando en sus padres, mientras la imagen de ellos mismo  se desvanecía, la expresión de Sebastián cambiaba de una sonrisa cálida a una fingida y triste que no paraba de soltar lágrimas. Finalmente ya no volvió abrir los ojos. Yue la recostó en el suelo y se puso de pie. Todo había sido demasiado para ella, la pena la inundaba aunque no conocía a aquella chica que había muerto en sus brazos y la llamaba mamá.  




-Eso fue muy noble –Comentó Yue poniendo su mano en el hombro de Sebastián quien no dejaba de llorar. Contuvo las lágrimas que amenazaban con traicionarla. 
-Onii chan…-Dijo Yliana bajando su mirada. La hermana menor de Yue no resistió y empezó a llorar.
-Mis ilusiones solo engañan la vista. Ella siempre escucho nuestras voces.- Levantándose con una mirada triste que poco a poco cambiaba a una más seria. Se sentía frustrado. 
-¿Que planeas payaso…?-Preguntó Yue acercándose a su hermana.
-No me interesa ganar... Mucho menos perder mi vida por entretener a otros.-Respondió Sebastián con una mirada muy penetrante hacia a Yue.- Solo quiero sacarle la mierda al tipo que está haciendo esto. Déjame ganar para ti. 
-¿Cómo podemos confiar en ti?-Cuestionó Meylin , la hermana menor no confiaba en él. -  Entréganos tu talento. 
-Una sonrisa….una sonrisa es que nos hace falta –Dijo Sebastián observando a Yliana-Chalo se llama Diego Nacarino, estudia conmigo. Alem es José Martinez-Indico Sebastián mientras las tres chicas se le acercaban.- Saana Gutiérrez es Xena. Y Carol Arana es Joshi, pero esta última esta de nuestro lado. 
-Está bien, Sebastián- Hablo Yue dándole la mano.- Estamos juntos en esto. Ahora ayúdame a deshacerme de esto.- Señalo el cadáver de Karen. 
 Caminaron durante varios minutos por zonas que no eran muy cristianas, pero a esa hora circulaban policías y en teoría eran lugares seguros. De todas formas Diego le afirmó que tenía conocidos por ahí y que nada le pasaría. 
-¿Para qué me traído aquí?-Preguntó José examinando el lugar. Se encontraban en las Calaminas de Caquetá. El distrito comercial era como una ratonera y ellos eran gatos buscando a un ratón que perseguía mucho a Nacarino. 
-Tu poder de esparcimiento…. Quiero que nos saques de aquí…-Dijo Diego acomodándose la capucha de su casaca. Se encontraban frente a una casa roja, el barrio se veía casi vacío. Escasos niños gritaban “Ampay me salvo”
Carol se encontraba en su casa cuidando a sus dos hermanas menores: Ginella y Luana. En el televisor se escuchaba y observaba: “Es hora de la tubidespedida, es hora de la tubidespedida.” La noche se asomaba como a poco la luz se encendía, sus padres no llegarían del trabajo aun hasta las 8 p. m. debía calentarles la comida a sus hermanas. 
-¡Luana no subas las escaleras así de rápido te puedes caer! –Llamó la atencion Carol al observar que su hermana casi caía. Su poca paciencia era debido a ellas. 
La chica se levanta de su asiento acercándose a sus hermanas hasta que de la nada se escucha el golpeteo en la puerta. Se preocupó, pero era una tocada familiar. Seguro su padre se había olvidado alguna cosa en casa y había regresado. 
Abrió la puerta y Giancarlo la empujo hacia dentro y la tomo de la cintura en un abrazo fuerte. Ella se quedó inmóvil, él no sabía dónde vivía. “¿Cómo llego aquí?”, se preguntó. Empezó a besarle el cuello, a pesar que se resistía llego a sus labios. Bajo sus manos de la cintura al trasero y lo presionó con fuerza. Ella quiso alejarse, pero le mordió el labio hasta hacerla sangrar.
Las niñas empezaron a llorar. Ella lo empujo y hasta lograr safarse de él y le dio una bofetada. Estaba molesta. 
-Gianella, Luana quédense en cuarto de arriba y no salgan – Grito Carol muy aterrorizada. Las niñas subieron sin dudarlo.- ¿Qué mierda haces aca?
-¿Qué sucede? Ya no recuerdas cuando te cache bien rico. 
Ella empezó a sentir un hueco en el estómago, tenía nauseas. Sus piernas empezaron a temblar al notar que otro chico entraba a su casa. 
-Esta vez somos dos.- La tomo fuertemente del brazo, ella le pateo los cojones y corrió a la cocina. Reconoció al tipo que acompañaba al infeliz de Giancarlo, era un amigo de Sebastián.- Jaja, Gianqui dijo que te gustaba lo duro, pero no creí que tanto.  
Se recuperó del golpe y la siguió a la cocina junto a José.   
-No hay payaso que te salve-Dijo José sentándose en el sillón- Vamos, tiren tranquilos. No me gustan los trios –Indico mientras, cambiaba de canal el televisor.
-¿Qué?- Cogió un cuchillo de la mesa.- Tú no eres Giancarlo… ustedes son
-Somos amigos de Sebastián que le harán el favor de matarte.- Diego extendió las manos, regresando a su forma normal.- Gianqui te dio hasta por el culo, no sé por qué te resistes. Yo tiro mejor.   
- ¡Aléjate!-  Estaba arrinconada- ¡O te mató!
-Puedes entregarme el talento y solo tiramos… o tiramos, te asesino y me quedo con tu talento de todas formas. 
-¡Qué esperas! –Exclamó Carol tratando de intimidarlo. “No puedo irme por mis hermanas tengo que enfrentarlos…No podre sola”, se dijo así misma. Su talento no le permitía pelear solo escapar.  
-Esos brazos…- Diego se acercó aún más. Se encontraba cerca del rango de su utensilio de cocina.- ¿Te cortas para sentir dolor o simplemente quieres llamar la atención?- Pregunto tirándole un puño en la cara.-Me das pena….-Dijo al no ver respuesta. Retomo la forma de Gianqui, aquella aventura que le costó el amor de Sebastián. 
-¡Calla idiota!- Grito Carol empujándolo, tratando de correr hacia la puerta. De su bolsillo saco una estampilla de San Martin de Porres.  
-¡Jajá!–Grito Diego cogiendo al del pelo la regreso de un solo jalón. La estampilla cayó al suelo. Sin solar el agarré de su cabello, Diego estampo la cara de Carol contra la mesa de vidrio. Esta se resquebrajo. 
Carol cayó al suelo con la cara cortada y sangrando. Se paró nuevamente algo adolorida lo intento una vez más escapar, pero esta vez José la golpeo en el estómago. Tomó la estampilla del suelo y la miro.  Diego regreso de la cocina con una hoja de afeitar y se agacho.
Pasó aproximadamente una hora hasta que Sebastián y compañía llegaran a la casa de Carol. Estaba preocupado, ya que la había estado llamando y no daba señales de vida. El cuerpo de Karen se había desvanecido ante sus ojos y convertido en una pequeña luz que se apagó. 
Ahora se encontraba frente a una agonizante Carol, la cual estaba rodeada de sus hermanas llorando. Las niñas lo reconocieron y le pidieron que la ayudará. 
-¿Qué paso Carol?-Preguntó Sebastián recogiéndola del piso. Su brazos y pecho estaban llenos de cortes. “Propiedad de Gianqui”, “Me gusta la pinga”, “Sebastián la tiene chiquita”, “Métemelo por el culo, es más rico”
-Tu amigo José es aliado de Diego –Dijo Carol, estaba llorando y su voz se desvanecía poco a poco- Te juro que lo mataré… ese tipo Diego. Lo mataré 
-Mierda, aún está viva…- Dijo Sebastián volteando a ver a Yliana-Llama a una ambulancia -Exigió el chico muy alterado.
-Sebastián… nosotros no somos rivales para Diego y Alem –Dijo Yue Mientras que ella y Meylin calmaban a las niñas.- Entre ellos tienen cinco talentos. Nosotros apenas dos.  Karen le entrego el suyo a Saana, mientras peleabas con Diego. 
-¿A qué te refieres?-Increpa Sebastián muy alterado.- Debe haber una forma. Matemos a los jueces si es necesario, pero nos entregarán el segundo talento. 
En ese momento Saana se encontraba con Micaela frente a frente. Ella había pasado la tarde en la casa de su profesora. Le lloro la muerte de Karen y por su debilidad. Y ahora se encontraban enfrentadas. 
-Tienes que pelear conmigo y te entregaré el segundo talento. El que completamente al que tienes.