martes, 30 de agosto de 2016

Demonios internos - Capítulo 14

Ambos perdimos 

-Jodido idiota. ¿Por qué no le pides volver a tu forma?
Consultaba Vladimir, mientras le daba un sorbo a su café helado. A su lado estábamos nosotras: Linda, Cait y yo. Él acababa de llegar con Kotomi en buscada de Albus. De pronto todo parecía una estúpida trampa, pero luego recordé que no era tan importante para él como tontamente empezaba a creer. 
-Me da miedo. -Respondió sacudiéndose la cabeza- Dice que me matará la próxima vez. 
-Albus llegara el momento en que no puedas cambiar y permanecerás en la forma que estés en ese momento-Explico Kotomi.- No creo que a Cait le haga gracia la idea de tener por novio a un niño de cinco años o un conejo.- Se acomodó los lentes y me miro, luego de sonreír.- Pronto serás todo un mortal.  
-¿Qué hacen aquí?-No pude evitar preguntar, sentia que fue una trampa. Aprovecharse que Linda era mi amiga, de seguro ya sabían lo de Diego. No quería pelear con él. 
-Recuerda que leo mentes- Respondió agrio Vladimir-Albus nos citó aquí.
-Cierto -Agrego Kotomi- Hace tiempo que no estábamos juntos, siento algo de nostalgia. Somos como hermanitos. 
-¿Nostalgia?- Dijo irónico Vladimir- Ultimamente todos tienen actitudes muy mundanas. 
-Jaja - Tanto como ella y Albus rieron-Bueno preciosa, te dejo debo ir con ellos- Albus se despidió con una suave beso en los labios de Cait-Bueno chicas, cuídense -Agrego Kotomi colgándose de los brazos de Vladimir y Albus.
Los tres se marcharon, quien sabe dónde. Pero algo era seguro aunque sean demonios o ángeles. También formaban vínculos, amistades e incluso amores. Me sentí algo alivia en mi interior, no comprendía el por qué o de seguro no quería hacerlo.
-Bueno, Linda sé cómo llegaste con Vladimir, pero tu Akemi-Me quede observándola por unos segundos, y le sonreí -¿Que te paso?-Me pregunto Caitlyn, mientras me sonreía. Asentí y le conté mi historia, no era tan trágica como la de ella; sin embargo, ella parecia emocionada en cada instante, eso me gusto-Y finalmente amanecí en su cama a la mañana siguiente.
-Ya veo, eres una chica muy fuerte-Sonrió mientras lo dije, quise darle la razón, pero esa fuerza se desvaneció con el tiempo.- ¿Tu eres su llave maestra?
-¿Llave maestra?-Pregunto Linda, yo tampoco no había entendido la pregunta.
-Lo siento, es un secreto-Respondió apena, noto que metió la pata. Igual no me importaban las cosas celestiales o demoniacas. Solo tenía por objetivo que Diego no cause mi muerte y vengarme de Giancarlo la próxima vez que lo viera.  
El dia termino, regrese a mi casa algo tarde. Mis padres ya habían llegado. Mi madre me llamo la atención por la hora a la que llegaba, pero a papá parecía no importarle. Bueno era algo común en él.
Ignore a mi madre y fui a mi habitación.  
-Sebastián habla con tu hija -La escuche decir. Mamá siempre era muy estricta conmigo, siempre me repetía una y otra vez “Akemi eres una señorita”, “Akemi eres una señorita”
-Es joven, debe disfrutarlo-Fue lo único que respondió, siempre tan frio él. Me pregunto cuando deje de ser su princesa, bueno esa era lo de menos. Entre a mi habitación con mi cena ya servida la dejé en la mesa de noche.
Me cambie la ropa y nuevamente tome mi arma, era rápida pero no lo suficiente; era fuerte pero debía serlo aún más. Diego era ese demonio, yo debía ser ese payaso que lo acabara, fue entonces cuando lo volví a ver. “No quiero matarla”, escuché. 
La velocidad era algo impresionante, los estruendos de las espadas que colisionaban eran increíbles, tanto como katana roja del payaso y el bastón del demonio. Había una chica a su lado, detrás de cada uno ellas se tomaban de los cabellos, muy cómicas. “¿Mis antepasados?”, pensé. No podía reconocer a nadie.
-Ten más cuidado-Dijo el chico payaso defendiendo a la chica del golpe de la otra–No quiero que te pase nada.
-¡Ay chicos que lindos! 
La segunda chica, la del lado del demonio parecía poco interesada en esa situación. Incluso parecían menores que yo. 
-¿De qué lado estas?-Pregunto el demonio fatigado, al ver a su novia conmovida. Suspiro nuevamente y fue contra la pareja.   
-Yo tampoco quiero que te pase nada-Respondió la chica cubriendo a su novio, las espadas cruzadas formando una cruz. De pronto recordé esas series anime que mi padre me hacía ver de niña. -Por favor, ten cuidado-Pidió sacando su espada en estocada. Ambos parecían conectados.  
-No lo creo.
El chico demonio cogió la espada de ella por el filo para proteger a su encantada novia del amor de la pareja. En un descuido cortándose la muñeca jalo el arma del filo. La chica perdió el equilibrio. La cuchilla del bastón se aproximada como un depredador iba al asalto de su pobre presa, como un conejo indefenso a punto de ser devorada. 
“La vida es un chiste…vamos a reírnos un poco…José, Yue, Saana, Diego… ”, durante ese momento sentí mi conexión con él. Sentía lagrimas caer por mis mejillas, yo era él. Ambos moriríamos por ella, cubriendo el corte con un brazo, jalamos aquella chica que amaba y devolvíamos el golpe al demonio con un puño.
– ¡Empecemos con el entretenimiento! –Grito lazándose con las ataques, a puños libres y sangrando. Poco a poco las heridas sanaron. 
“¿Eran humanos con habilidades de deidad?”, consideré. Entonces, en un descuido caímos. Tenía miedo durante ese descuido; él, ese demonio, caímos. 
-Idiota…-Dijo incrustando el bastón en centro de nuestro pecho. Dio un giro bordando un círculo en nuestro pecho, la sangre empezó a salpicar. Empezaba llorar nuevamente. Pero, mi cara, la cara del payaso solo sonreía. “Yue, así que me traicionaste. Esa maldita no comerá pastel cuando acabe la fiesta. ”,pensaba mientras el payaso caía al suelo.-Se terminó-Concluyo.
Sentía mucha calidez. Estábamos desangrándonos pero éramos dichosos. 
-¡No!-Grito ella corriendo a verlo cae al suelo con una herida mortal.
-Siempre supe que eres tú. Siempre supe lo que pensabas y supe como reaccionarias. Jugué contigo desde el comienzo-Dijo sacando su espada del pecho. El payaso alzo su espada con la fuerza que aun tenia tratando de cortarlo, pero el arma se partió. –Cuando sea… yo te llevare al cielo, mi buen amigo-Dijo el demonio marchándose.
-¡Jaja!, ¡jaja!, ¡ja!- Reía.
-Adiós Seb…
Abrí los ojos en mi cama, mis ojos lloraban a mares violentos. “Así que perderé”, pensé, mientras continuaba practicando. Suspiré y tome mi teléfono. Él debía saber que deseaba acabar con esto. 
“Nos vemos en diez días. Deseo acabar pronto con esto.”- Akemi.
“No quiero hacerte daño.”- Diego.
“¿Que se sentirá desaparecer? ¿Qué dirán mis padres? mamá estaría muy mal, papá bueno”, meditaba en mi habitación. Creía que hace tiempo me dejo de querer y no me importa lo que piense alguien como él. Era extraño mi padre, él psiquiatra y yo su hija tenía una infinidad de problemas a los que él nunca presto atención. Ahora que lo pensaba mejor, él es el único culpable. 
Si tan solo me hubiera prestado un poco de su atención, no hubiera sido así e incluso podría ser normal ahora. Pero para que culparlo, él apenas sabía que existo. Si hay que morir, no habrá marcha atrás.  Siempre considere a la muerte una verdad absoluta, incluso ahora que sé que es una chica muy linda y engreida. 
Luego de terminar mi entrenamiento y cenar, aproximadamente a las 4 a. m. Me di un baño rápido, todos dormían y la ducha sonaba muy suave, y me acosté. Solo tenía 10 días... los cuales pasaron tan rápido como pasaban como las hojas caían de los árboles, cuando el frio invierno disfrazado de otro las hacia desplomar. 
El día llego, solo contaba las horas. Me encontraba mi aula, la clase de filosofía, la profesora Rosa explicaba sus creencias como si nada pasara ,Vladimir había faltado, Bryan el chico lindo quien resulto ser del grupo de Kotomi estaba a mi lado, como sospeche él no sabía nada.
-Linda, te ves perdida -Me dijo mientras la profesora salía.
-Sí, un poco -Respondí con una sonrisa fingida- Creo que la clase es algo pesada.- Aburrida para ser exacto. Bostecé.  
-Jaja, cierto- Me dio la razón- Por cierto, si Diego te hace algo, yo lo are pagar -Dijo sin mirarme, mientras apretaba sus puños-Yo soy el más fuerte.
-Gracias, pero no me hará nada - Respondí -Estoy segura, pero igual muchas gracias.
-Bueno- Concluyo sonriendo -¿Cuándo aceptaras una cita conmigo?
-Jaja, lo considerare- Respondí, ese chico me hacía sentir bien. 
-Gonzales, puedes explicarle a la clase. Todo sobre la iluminación de San Agustin o… ¿Prefieres dejar el aula”- “Mierda”, me dije. Comenzaba mal el día, la perra esta me saco de la clase, no sabía qué hacer. Bueno algo paso por mi mente, pero no.
A los segundos vi a Lizbeth que también era sacada de su clase, me acerque a la joven Anderson. Ella comenzó a usar el alfabeto mudo. Sonreía con cierta malicia, como si deseara burlarse de mi situación.
-H, o, l, a, y, a, s, e, t, e, p, a, s, o, l, o, i, d, i, o, t, a - Fueron las letras que uso, cuando las leí, me fastidie mucho. Esta pequeña engreída no sabía respetar a sus mayores, aunque solo le llevara un tres años me debía respeto. 
-Si- Respondí molesta. Hasta cierto punto, yo había errado con ellos. 
-G, e, n, i, a, l, v, a, m, o, s, a, l, c, l, u, b-Esta vez dijo eso, maldición no quería ir. “Si tan solo la estrangulara”, me dije internamente. –S, i, g, u, e, s, c, o, n, e, l, b, e, r, r, i, n, c, h, e, q, u, e, n, i, ñ, a, e, r, e, s.
Esa pequeña amenaza me ponía los cabellos de punta.
-Vamos -Respondí frustrada, mientras esta sonreía, la pequeña rata se salia con la suya, al llegar con temor entre.
El lugar seguía igual, Dominic con una laptop en una de las sillas, Linda estaba con Tamara y Omar. Vladimir se encontraba en clases, Enrique tampoco parecía estar. Me sentí más aliviada con eso. Los días lejos de mis amigos habían sido duros, ahora me sentía mal porque antes eso no me hubiera afectado. 
Linda me jalo del brazo, mientras Lisbeth iba tras el estrado, quien sabe a que. Estuve unos minutos con Linda hasta que la puerta se abrió de nuevo. Vladimir había llegado, entro tranquilo dejando su maleta a un costado.
-¿Alguna novedad?- Pregunto, hasta que me vio-Eso si es una novedad…
-No fastidies jodido diablo. 
-Es ofensivo que me digas diablo. 
-Solo acompañe a Lizbeth-Respondí y me dispuse a irme. Debía estar tranquila conmigo misma. 
Él me sacaba de quicio, este diablo de pacotilla y su hermana me irritaban tanto, pero esta era mi oportunidad me pare, Linda otra vez me observo mientras me marchaba, tome la manija.
-Bienvenida de regreso....
Fue todo lo que escuche mientras abría la puerta, puse un pie afuera pero entonces.
-Gana. 
“¿Porque me dijo eso? Acaso… ¿Él lo sabía?”, me pregunte. No importaba el día ya terminaría pronto y empezaría la cuenta regresiva para mi pelea. Llegué a mi casa, almorcé y entre a mi cuarto, hoy no entrenaría solo meditaría, saque mi florete y lo pulí, luego busque algo cómodo que me permitiera pelear con facilidad y que me vea bien. Recordé aquel viejo buzo negro que mi papá me regalo cuando empecé mi dieta y el gym. 
Finalmente, me despoje de todo y me metí a la bañera, aún faltaba mucho para la pelea, pero estaba ansiosa quería salir de esto de inmediato, sabía que moriría pero… Tenía las esperanzas que todo saliera bien, Diego no quería hacerme daño. Pero yo le insiste, no podía vivir con el peso que alguien provocaría mi muerte y yo la de él. 
"Déjate de mariconadas, que me haces quedar mal"
Me pregunto si él escucha lo que yo, por instante sentía que nuestras mentes estaban conectas, pero eso hoy acabaría. Esa muchacha enigmática parecía estar empeñada conmigo, me cuestionaba mucho el por qué; sin embargo, me cuestionaba más el cómo una chica se pudo convertir en el ángel de la muerte. 
Salí de la bañare y medite un poco más, en ese tiempo escuchaba sus pensamientos, él no me quería matar. Definitivamente nuestras mentes estaban conectadas e incluso tuve un par de ilusiones de la misma pelea, en todas el payaso juraba matar al demonio, él iba acabando con cada uno de sus seres queridos. Si mi destino era pelear contra él y morir lo cambiaria. “Yo puedo vencerlo”, me convencí. 
Ya casi llegaba la hora, me prepare. Me decidí por el buzo negro pegado y un bivirí del mismo color, me sentía lista, coloque mi florete en mi cintura, como una samurái. Saque un cubretodo y me lo coloque. Salí de mi cada 11:45 p. m.
Camine durante varios minutos, la luz de los postes me guiaba. Paso a paso se me iba la vida, el nudo en mi corazón se hacía más grande, comenzaba a sudar y ni siquiera estaba cansada. El parque se ubicaba cerca a la casa de mis abuelos, en frente del colegio Reino de los Cielos. Me senté en una de las pequeñas bancas a esperarlo. Tenía un poco de sueño, si no era asesinada por Diego, de seguro salía violada de aquí. 
-Llegas temprano...
-Terminemos con esto.-Llego la hora, estaba lista.
-No quiero hacer esto… Akemi de verdad no quiero. - Suplicó mientras se deshacía de la parte superior de su atuendo, su casaca de cuero, esa del chico malo. Él llevaba un pantalón suelto, estilo chino, de color azul jeans y una camisa sin mangas color blanco, cuello en forma de V.-Ni Vladimir, ni Kotomi saben que estamos aquí. No le des el gusto a Carol. 
-Lo lamento, no puedo vivir así… Diego, siento que debo ganarte. No podré seguir con mi vida…
Se tronó los dedos, suspiró y me observo con clemencia. Estaba desarmado y lo llevaba una esgrima. Noté que de su cuello colgaba una pequeña llave, recordé que Cait también.   
-¿Me puedes explicar lo de las llaves?- Pregunte confundida, mientras tomaba mi arma, él sonreía con arrogancia. “Llaves maestras…”, tenía un mal presentimiento. 
-Ríndete y te diré todo. 
Con esto concluyo la conversacion, antes que pueda responder él se lanzó contra mí, tomando la katana con ambas manos. Era estilo de boxeador, para su mala suerte sabía muy bien ese estilo y mi esgrima era mucho mejor.
Esquive con dificultad.
Golpee con una estocada en su pecho, él salto. No pude creerlo estaba parado sobre mi espada. Debía pesar al menos unos 85 kilos, pero no sentía su peso… como si volara. 
-Soy más fuerte, rápido y ágil. Acaba con esto.- Sentenció mientras pateaba mi cara, caí por primera vez, estaba preocupada. Me había dolido demasiado “¿Cómo era tan fuerte?”, me pregunté. Lo que acaba de pasar no era normal.- Paremos ahora. No tienes oportunidad.
-¿Cómo?-Pregunte, pero no obtuve respuesta, recibe un golpe en estómago, escupí un poco de sangre sentía que había pulverizado mi estómago. Este tipo no era humano, el siguiente golpe fue un rodillazo contra mi quijada. Sentía mucho dolor. 
-Se acabó chica payaso.
A duras penas me repuse, estaba realmente adolorida. Era una pelea a muerte, no iban ni cinco minutos y ya estaba por perder. “no puedo perder”, me convencí a mí misma, el seguía sin tomarme en serio. Una vez más blandí mi espada y esta vez ataque yo. Él esquivo con facilidad. Luego de esquivarme rosó con sus dedos mi rostro mientras se alejaba.
-Ya no pelearé más- Bajo su guardia. 
-¿Por qué?-Pregunte a duras penas- ¿Qué sientes?
-Pena.- Respondió con frialdad. Me acerque, me enfurecía su compasión, pero de una al estómago me desplomé. Ni siquiera lo había tocado. 
-No puedo vencerte....-Susurre aguantando el dolor, no sabía con exactitud pero sentía un par de costillas rotas. “Maldición este tipo ¿Qué clase de demonio es?”, en ese instante lo recordé algo importante- Eres humano...
-Sí, lo soy pero a un nivel superior- Respondió mientras alzaba sus manos a los costados- No te quiero matar, te llevaré a casa. 
Era patética, me entrene tanto y nunca tuve la más mínima oportunidad. Estaba acaba y él no tenía ni un rasguño. Nuevamente era pisoteada por alguien más. "Careces de ambiciones, de esperanzas. La Srita. Carol no te arrebato tu vida, tú la tiraste al tacho solo", esa voz. No era Vladimir pero era cierto. 
-Es fácil decirlo- Él me mirada extrañado, parecía que no me escuchará -Tu no estas a punto de morir. -"No escojas la muerte para protegerla. No importa lo que pase, debes vivir para protegerla”, suspiré.
-Cállate...
“Al menos le are un rasguño”, me dije a mi misma, blandí una vez más mi instrumento, él se lanzó contra mí , en una estocada, pude esquivar y atacar; sin embargo, solo corte unos cuantos cabellos, recibí nuevamente un puño en el estómago, quede casi noqueada inmediatamente, estaba a punto de perder el sentido. Lo observe.
-Ya basta… 
-Aun no-Susurré, rápidamente moví mi espada contra su cuello, era mi última oportunidad, aun lo notaba sin perder más el tiempo le corte la yugular, una gran choro de sangre salió.
-Eso no lo esperaba -Dijo irónico, me sentía mal. Una lagrima se me escapo, cuando caía al suelo. Él cayó de rodillas. 
-Lo siento mucho…Lo siento mucho, yo, yo tenía miedo. ¡Lo siento!
Mis lágrimas bajaban como lluvia invernal, gris y melancólica.
Él coloco su mano derecha en su cuello y una aura azul comienzo a sanarlo, todos mis esfuerzos se fueron ahi. Este tipo era un ángel como Kotomi. El dolor y arrepentimiento se convirtieron en miedo y desesperación. Me temblaba todo. “No puede ser…”, se levantó como si nada pasara. Lucia molesto. 
-No me esperaba eso… Lo entiendo ahora. Te mataré Akemi. 
Cerré mis ojos, estaba preparada para el golpe final, fui completamente acabada y lo único que pude hacer desapareció antes mis ojos. Él se curó solo. Tenía los poderes de Kotomi, él era un ángel como ella. El frio se sentía aun peor, mi cuerpo no reaccionaba. Este era el final, finalmente había una imagen en mi mente... aquel momento estaba desnuda en una cama ajena, un tipo dormía a mi lado, este estaba sobre la cama con la misma ropa. Una pequeña sonrisa se dibujó en mi rostro. Pero él golpe nunca llego.
Abrí lentamente los ojos, y vi a una chica detener la mano de Diego, era ella. “¿Por qué ella, no pudo ser otra?”, me dije más patética aun. 
-Diego ¿Cómo pudiste?- Exclamo ella; Kotomi, el ángel, estaba molesta observando. Parecía que había metido la pata. 
-No interfieras, acabare con esto- Respondió Diego. Completamente distinto a su actitud clemente de hace un momento, le había enfurecido que lograra matarlo. Él nunca quiso esto. Yo era la culpable.  
-Vaya, sí que te ves mal-Esa voz era, Vladimir.-Después de torturar un poco a Linda, accedió a decirnos donde estaban.
-No debió hacerlo-Respondí. Había involucrado a Linda en esto también. Era una completa estúpida, incluso ofendía a los verdaderos estúpidos con mi mentalidad. 
-Sí que has hecho un desastre. Espero te sientas bien con las consecuencias de tus actos -Respondió mientras me cargaba, observe a Linda detrás de él. Ocultaba su mirada, pude notar marcar en su cuello, como si la hubieran estrangulado. 
-¡No me interesan las escusas!- Grito, Kotomi realmente daba miedo estaba tan molesta. Sentía remordimiento. -Me has traicionado…
Una fuerte bofetada se escuchó, Diego tenía la mejilla roja.
-Aléjate de mí y de todos… no quiero verte en lo que resta de tu existencia…-Las duras palabras de Kotomi, se escuchaban feroces- Vive feliz, adiós Diego. 
-Jaja, me parece bien-Fue todo lo que dijo Diego, mientras recogía su casaca. "Este vacío, lo lamento. Gracias Akemi, me cagaste la vida", escuche en mi mente, no sabía que significaba.
Me sorprendí bastante al ver a Kotomi sollozar por él, “¿Ella también estaba en la misma situación que Albus?”, me pregunte. Tenía muchas dudas.
Diego no dijo nada y se marcho. La luz de la luna se hizo más intensa mientras se marchaba. Me sentía extrañamente triste, sentía ganas de llorar. “¿Sera que nuestros sentimientos también se conectan? ”, mi alma moría junto a de él. 
-Adiós Diego...-Susurro Kotomi, mientras comenzaba a curarme.
El duelo a la media noche termino, Diego fue expulsado de su grupo, la noche era triste, estaba siendo curada. 
Ambos perdimos. Por mi culpa. 





domingo, 28 de agosto de 2016

Saana - Capítulo 17

“Hola, ¿Qué tal?”, dijo un gatito al pasar

“¿Realmente pensabas que pelearíamos de forma tan fantasiosa?”, aquella frase recorría su mente una y otra vez, como el estribillo de una canción era atormentado por sus errores. Sebastián observaba el enigmático techo de habitación blanca deprimente, sentado en aquella silla, la cual lo hacía sentir un desquiciado.
-¿Cómo te ha ido desde nuestro último encuentro?-Pregunto Demetri desde su escritorio. Le tocaba terapia y desgraciadamente su profesional a cargo era una de las personas con la que menos deseaba verse.- Escuche que retomaste tu sanda 
-Te veo casi todos los días y hablas como si no nos hubiéramos visto en mucho tiempo. 
El psicólogo saco su teléfono de la bata, mientras le hacía preguntas ocasiónales, de aquellas con las que sentías que perdías dinero en vano durante cada cita. Demetri trató de contener la risa al encontrar la foto.
-No respondiste mi mensaje-  Le mostró el celular con aquella foto de Saana y él besándose esa noche chiflada. Sebastián suspiro, pues no deseaba alterarse. Aun era atormentado por la imagen del novio de su prima acribillado en el suelo. 
- ¿Qué implica ser la muerte?- Consultó. - ¿Por qué nosotros? Saana y yo…
-Es complicado mi estimado- Respondió acodándose las gafas.- Son personas elegidas al azar. Las únicas características son que hayan estado cercanas a la muerte y carezcan de esencia. 
-¿Cómo?
-Pues, tú casi mueres atropellado. Saana quedó en coma. – Suspiro nuevamente. – Tú perdiste tu esencia y Saana ni siquiera tiene una personalidad.   
- Eso es deprimente…  
-Si ganas lo perderás todo. Abandonaras a tu familia, amigos, etc. Nunca habrás existido, nadie te recordará. Solo serás la muerte. 
-¡Que estúpido! –Respondió Sebastián, ahora se sentía más desesperado. La agonía de saber que lo perdería todo o morir a manos de quien pensaba su amigo, solo para que este cumpliera esa ambición.- ¿No hay manera de evitarlo?
-Tu talento está ligado a un objeto personal. Regala ese objeto, de preferencia a otro participante.- Cruzo los dedos de forma maquiavélica – Puedes volver a competencia cada recuperes algún talento. No es necesario que sea tuyo; asimismo, ninguna persona que no sea un participante puede tener aquel don que dejes. 
Al día siguiente, ya era lunes, ese nefasto día. Los jóvenes estudiantes regresaban a la colegio ya a tan solo un mes de retirarse de ella. El tiempo era corto y la espera largar, pronto los moceríos de ambos quintos dejarían el escuela y se aventurarían a lo que era conocido como la vida. Algunos trabajarían otros seguirían estudiando. Al final de todo, la vida era una muerte constante. 
Sebastián llegó a su salón aburrido, sentándose junto a Luis. Al rato llegó Yliana sentándose junto a ellos también. El día era pesado, Luis como Yliana deseaban seguir con estudios a futuro y debían prepararse. Ingeniero y profesora respectivamente.  
-Onii-chan ¿Por qué esa cara?- Preguntó Yliana. -¿Aun planeas ser litarato? 
-Creo que si… –Respondió Sebastián, mirando a sus compañeros anhelando un futuro.- La cabeza me vueltas cuando pienso en el futuro. 
Durante unos minutos intentando aliviar la tensión, empezaron la charla de único que los distraería. Sebastián escuchaba su plática de One Piece, algo aburrido. Él prefería Bleach. Incluso su réplica de la zampakauto de Kisuke Urahara era el objeto al cual su talento estaba entrelazado. “Diego no puede ganar si no tiene mi talento…”, comenzó a meditar, Sebastián, observándolo “Yo no quiero perderlo todo, pero si él gana…”
-Oye, ¿Estás bien? –Preguntó Yliana nuevamente. 
-Si…-Respondió Sebastián observándola –Nee-chan, ¿No te di nada por tu cumpleaños este año no?-Preguntó. 
-No, pero fuiste a mi fiesta de cumpleaños sorpresa – Yliana le sonreía. El profesor iba tarde y la clase ya comenzaba a transformarse en un caos. Los cuadernos comenzaba a ser pájaros volando por el aula, sobre todo los del pobre Chillon. 
-Ten, te regalo esto – Dijo Sebastián entregándole su réplica, siempre la llevaba consigo desde el incidente con las gemelas Luna.-Luego te pasare unos lemmon ItaKonan -Agregó sonriendo para que no sospechara. 
Poco después de un par de pesadas clases, sonó la campana de receso. Sebastián salió junto a Diego. Una vez ya en la cafetería se encontraron con José. Se sentía la incomodad entre alumnos de quintos, sobre todo entre los miserables que entretenían deidades con ese estúpido juego. “No ha bajado Saana, debe estar avergonzada, jaja  es muy tierna”, pensó Sebastián buscándola con la mirada. Ella era su recompensa, la luz al final de ese tormentoso camino. 
El receso terminaba más pronto de lo que esperaba, escasos 30 minutos. El tiempo vuela cuando uno se divierte, pero aún más cuando uno no desea que se vaya. Regresaron a sus aulas, el resto del día continuo pesado hasta la campana de salida. Sebastián salió de la escuela. Notó a su querida salir apurada. Él la siguió divertido. Necesitaba hablar con ella, ridículamente pensó en tal vez formalizar. Necesitaba paz y distracción.  
-Deja de seguirme-Dijo fríamente, sin ni siquiera mirarlo. “Algo anda mal”, pensó él. 
-Es raro un día te me declaras y al día siguiente ni me conoces.  
-No quiero nada contigo.- Ella suspiro molesta.- Si te di alas, disculpa. 
-¿Cómo?- Porque era solo él, era el único interesado, suspiró- Bien, como quieras… Sigue besándote con quien quieras. 
-¡No te permito que me hables así!- Cortó Saana lazándole una bofetada. Un silencio incomodo apareció de forma salvaje. Como una película muda, el golpe no se escuchó. La mudez se convirtió en un martirio, ella sintió arrepentimiento. 
- Jaja, vaya pastelito. Esto se tornará interesante… 
-¿Cómo?
-Suficiente por hoy… - Empezo a caminar furioso por dentro.- Cuidado pastelito- Sabia que se arrepentiría de lo que estaba por hacer.- Espero no vuelvas a esa cama de hospital. 
Por ese instante ella empezó a temblar. Esa forma de hablar, esa amenaza. No lo esperaba de él. Esa actitud tan patán y extrañamente familiar a uno de sus adversarios la hizo lagrimear. “¿Volver a esa cama?”, espero a que se marchara por completo antes de flaquear. “No pensé que fueras asi….pero porque me duele…maldición por que me enamore de un patán como ese…”, pensaba la chica observándolo.
Mientras tanto en la casa de Diego, entre cartas de Yu-gi-oh y cigarrillos de canela. Dos chicos jugaban el duelo de monstros entre risas e indirectas. “¿Quién tiene el culo más grande Valeria o Cecilia?”, y otras tonterías de jóvenes famélicos de la piel suave de sus respectivas novias. 
-No pensé que te gustara vestir tan formal –Dijo José observando a Diego con un terno oscuro. Estaba alistándose. 
-Soy chalón pues, jajá – Respondió riendo Diego.- Hoy es el matri de mi prima.
-Por cierto, ¿Para qué el bastón? – Pregunto José, guardando su maso de juego. Se puso de pie y busco su mochila.  
-Es un buen accesorio – Respondió Diego riéndose aun.- Tengo estilo papi. 
Los días pasaron rápidamente desde que Saana y Sebastián habían terminado su amistad y amor antes de empezarlo, por un lado Sebastián recobraba esa antigua forma de pensar que ya había dejado de lado y Saana por otro lado aun estaba dolida pero aparentaba estar muy tranquila.
Sin darse cuenta llego el sábado, Sebastián decidió acceder a la petición de Richard y Yliana que también después le pidió lo mismo. Recordó días atrás a Rosario hacerle la misma petición. “Sebas… te quiero mucho idiota”, esas palabras aquel fin de semana que salieron juntos volvieron a su mente. Su mejor amiga, la exnovia. 
-Bueno chicos hoy veremos un poco de dramatismo de superhéroes a pedido del profesor Richard –Indico Marcela, sacando algunas máscaras y diversas ropas cortas.- Para meterse bien en el papel de un héroe necesitan ser un completo idiota… jajaja 
Saana parecía perdía en sus pensamientos mientras el resto de sus compañeros observaban con atención a Marcela y a Richard. Una de Gatubela, con apenas un antifaz y el otro de Batman con una marcara evidentemente más pequeña que su regordete rostro pálido. 
-Si hubiera sabido que las clases eran así hubiera venido desde ayer – Comenta Sebastián entrando. Observo a sus amigos cerca, noto a Saana y sonrió con malicia. 
-Las clases empiezan a las ocho no a las nueve-Indico Marcela algo molesta. Había interrumpido la explicación, su escenificación. 
-Lo bueno se hace esperar- Respondió muy arrogante sentándose con Yliana y Luis. Justo antes de sentarse el profesor Del Águila lo detuvo con una sonrisa. 
-Ven al frente, nos mostraras como lo haces - Reprocho Marcela molesta.- Veamos si tiene las agallas señor Guasón… 
Sebastián trago saliva fría de la ironía. Pensó que debería hacerlo mal y quedar como un pésimo actor, como realmente lo era. Sin embargo su estilo Guasón podía delatarlo con Saana. Una máscara del payaso llego a sus manos por parte de Marcela.   
-¡Yo lo ayudo!
Rosario se levantó de su asiento, cogió el antifaz y orejas de bufón. Sebastián se preocupó, pero comprendió que ella deseaba salvarlo de la vergüenza y se colocó la más cara. Ambos se miraron y dibujaron una sonrisa en sus rostros. “Es un idiota…un maldito mujeriego”, pensaba Saana observándolo mientras conversaba como tomaba por la cintura a Rosario.  “¡Pudin!”, cerró los ojos y bajo la cabeza, como si recogiera un lapicero. 
La clase luego de un par de horas termino. Muchos rieron con Sebastián y Rosario haciendo cojudeces y correteando al profesor Richard con reglas de manera. Sebastián salió apurado antes que el resto, deseaba llegar a casa, ir al baño, comer y dormir. Era sábado y esos días se volvieron funestos para, casi siempre aparecía un loco que quería ser la muerte y algo pasaba. Entonces, se topó con esa cabellera blanca, que deseaba ser la muerte también. 
-¿Qué haces por aquí?-Preguntó Sebastián ignorando la cara de pocos amigos de la chica de ojos azules. Se miraron mutuamente, ella era levemente más baja que él. Tenía una bolsa de plástico en su mano derecha con un taper de tecnopor. 
-Hace unos semanas Cat estuvo por aquí sospecho que está detrás de tu novia aun que dudo que sepa que es Xena- Explico Yue observando salir al resto.- Ustedes dos, con Carol, con ella y conmigo somos la mitad de los participantes. Uno ha muerto, solo quedan cuatro de los que no se sabe nada.  
-¿Carol?- Preguntó Sebastián algo asombrado. Ella la conocía.- Hay uno más aquí estudiando. Es un compañero.
-Jaja, te seguí los pasos en estos días amor –Respondió Yue sonriéndole - ¿Qué faja eres? Supe que entrenabas Sanda. Yo soy negra.
-Azul.
Yue lo tomó del brazo y lo jala a una de las bancas del parque de al frente del colegio. Ambos comen el chifa que Yue le había llevado. Ella deseaba tenerlo de su lado.  Van junto por algún lado mientras que Saana los observaba. Espera un momento,  mientras sus compañeros se marchaban alguien le toca el hombro por la espalda.
-Karen… -Dijo Saana observándola algo asustada. Le sonrió para que se sintiera en confianza. 
-¿Puedes acompañarme a la casa de Gianella? No sé dónde queda, por favor –Pidió Karen. Conservaba aun la sonrisa. Su mente era una batalla de pensamientos contradictorios. No deseaba hacer lo que estaba por ocurrir. 
Saana acepto, mientras que por otro lado Yue y Sebastián conversaban.
-Qué bueno que te haya gustado – Dijo Yue decepcionada de Sebastián-¿Regalaste tu talento? estas involucrando a otra persona en tu lugar –Reprocho. 
-No se involucrara… el talento solo funciona con los miserables, ella no lo activara por nada –Respondió Sebastián muy desinteresado.- Me sorprende que no me envenenaras. 
-Tiene que haber un ángel de la muerte, eres un completo imbécil –Reprocho.-¿Qué te pasa?, la chica te abandona que te desquitas con el resto del mundo, participar no es tu decisión –Dijo muy alterada Yue. Suspiro y lo observo de nuevo por un momento. -Entonces dámelo a mí –Exigió. 
-Lo considerare –Respondió Sebastián dando media vuelta para marchase. La miro un momento. Era una compañía agradable y cocinaba bien. Además, era faja negra en Sanda. Ella si había terminado el entrenamiento. Recordó como limpio el piso con él en su primer encuentro. 
Mientras tanto un demonio se acercaba a un par de chicas que caminaban muy tranquilas. Las calles del Piñonate en San Martin de Porres, eran sino las más peligrosas una de las peores zonas en la capital peruana. Las antonimas iban a paso rápido, una era una chica de casa; la otra más rebelde se la pasaba en la calle; una de ellas era tímida y callada, la otra coqueta y atraída por lo peligroso. Una era virgen, la otra una promiscua. 
-Oye- Dijo Karen deteniéndose.- Te odio mucho. 
-¿Qué pasa Karen?- Pregunto Saana sin ninguna desconfianza. Era común para ella escuchar esos maltratos. 
-Siempre me pregunto cómo tienes tanta suerte, no sé cómo evitaste que los destructores te robarían e incluso cuando trate te matarte yo misma –Contaba Karen sacando un encendedor de su mochila. Saana la reconoció rápidamente. Era aquel artefacto que estaba unido al talento, ese objeto de sumo valor para ella.- Es de mi papá se lo regalo a mi mamá antes que se separaran y ella lo tirara. 
-No puede ser… –Dijo Saana empezando atemorizarse. Ella siempre llevaba su rosario consigo, pero estaban a plena luz del día. Minutos antes unos chicos les silbaron. Ella no podría defenderse. 
Karen saco de su bolso una máscara de gato y se la coloco. 
-Hola… ¿Qué tal?, dijo un gatito al pasar…- Sonrió para si misma dentro de la máscara. Saana retrocedió un par de pasos y se hizo la desentendida.-No te hagas la tonta Xena, yo te reconocí el día de la pelea con Belzebub. 
-Karen… ¿Por qué? –Pregunto Saana paralizada del miedo.- Tu también…  




-Mi vida ya es una mierda, Saana… ¡Dame ese talento y no te haré nada!- Exigió Karen más alterada- Esta es mi única salida. 
-Karen no quiero pelear contigo- Respondió Saana temerosa de sacar que notara que su rosario era su bien más preciado.- Tú tienes una vida por delante, eres la más inteligente del aula- Quiso alagarla. 
-¡No me importa! –Grito Karen atacando a Saana, logra cortarle el polo que llevaba dejando ver su pecho y algo del sostén con la navaja que llevaba consigo. Estaba decidida a acabarla.
Saana sin posibilidades de evitar pelear contra alguien que consideraba su amiga, aunque esta la odiaría intensamente por alguna razón que ella solo sabía que la necesitaba. Cuanto tiempo había ignorado la posibilidad de que Karen no quisiera ser lo que era. 
-Nunca me gustaron las peleas entre chicas, solo acostumbran jalarse el pelo pero esto es muy excitante- Dijo Diego quien ya estaba como el demonio listo para unirse a la pelea. La cara pintada y lentes negros, una sonrisa y un revolver en la mano. 
-No me jodas… ¿Por qué tenías que ser tu?–Dijo Karen preocupada por su aparición
-Que gatito tan lindo… soy iqueño y te ves realmente jugosa. -Dijo Diego. En Ica se tenía la costumbre de comer gatos en ciertas fechas. Corriendo con una gran velocidad contra ella, la golpeo en el estómago con su puño. 
Karen cae casi inconsciente, logró levantarse escupiendo un poco de sangre. Estaba confundida, ningún humano debería tener tanta fuerza. Sentía un par de costillas rotas, las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas ocultas tras la máscara. De pronto se sintió mareada, se quitó la mascará que no la dejaba respirar, estaba sofocada. 
-Tú tienes más de uno…- Dijo Karen muy adolorida.- Saana vete… 
-Tengo tres… dos son míos y uno se lo robe a Tobi mientras se moria –Explico Diego sacando un libro manchado de sangre.- Y ahora serán cinco. 
Saana se negó a dejarla. Ayudo a Karen a levantarse y se sacó el rosario del cuello. Respiro profundo y observo fijamente a Diego. Micaela le había explicado que debía mantener un contacto visual con lo que hipnotizaba, tenía el tiempo suficiente para que Karen se recuperara; sin embargo, no podrían escapar.
Como un tigre corriendo, las acorralo. Saana ataco sus sentidos con dificultad, de la mano de Karen, él perdió su voluntad. Pero no podían hacer más. La pistola salió volando, Karen se acercó con su navaja, le costaba respirar. 
-Karen, me estoy cansando– Dijo Saana a punto de cerrar sus ojos del dolor.- Quítale el libro y corramos. 
-Cállate zorra, no importa lo que pase. Lo mataré…-Respondió Karen muy preocupada. Entonces, Saana no lo resistió más. Sus ojos se cerraron y Diego pateo en el estómago a Karen nuevamente. Antes que pudiera reaccionar le dio un par de golpes en la cara. Un hilo de sangre se abría camino desde su nariz y se encontraba con el rio de sangre de su boca. Sus labios se habían reventado. Cayó al suelo cansada. -Eres una inútil. Te odio, te odio mucho. 
Se sentía un monstro. 
-Ya me preguntaba por qué nadie pasaba por aquí o decía algo.- Dijo remando a Karen por el polo.- ¿Payaso, donde estás?
-No pensé ver tu horrible rostro nuevamente- Dijo Sebastián a Diego, ya que este no sabía que Sebastián era el payaso. Eso creía él.- ¿Podrás?- Yue estaba con él, con su máscara y la katana del payaso. 
-Sebastián…- Susurraron las dos chicas mientras los observaban. Yue tenia su arma para no levantar sospechas, de todas maneras habían llegado aun acuerdo. Gonzales se retiraría de la competencia dejando su talento a Yue.
-Yliana ¿Aun tienes mi Benihime?- Preguntó Sebastián algo agitado pues corrió mucho con Yue para alcanzarla. Ellos se percataron de que Karen salía con Saana y sospechaban lo que pasaría. 
-Si, pero ahora es mía y: ¿Quién es ella?- Cuestiono Yliana. 
-Soy su novia- Dijo Yue apurándolos.- Te contará los detalles luego amiguita, danos la katana. 
-¿Que? ¿Y Saana? ¿Para qué lo quieres, no me digas que ese es tu talento también..?- Cuestiono aún más Yliana- ¡Pendejo de mierda! – Exclamo. 
–A ti no te cae Saana, en fin después te explicare todo –Respondió, “¿Novia? te estas tomando esta alianza demasiado enserio Yue”, pensaba Sebastián al escuchar a Yue autoproclamarse su novia. No le molestaba la idea, era una chica muy guapa. 
- jaja bueno cierto, pero está en mi casa- Dijo Yliana ya más tranquila.- ¿Por qué tu también?  Esto me da demasiado miedo… ¿Por qué ?
-Con un demonio… ¡Dame mi puta espada! 
Luego de recoger la katana, llegaron de regreso. Donde Diego explicaba que poseía dos rosarios propios. Ambos se quedaron intrigados antes de participar. 
-Otra vez tu…..-Dijo Diego bajando su espada, “Sebastián, Sebastián, Sebastián. Siempre tres pasos detrás de mí ”, pensó observando a Yue sacar su espada- ¿Luna? Tienes cierta atracción por chicas miserables no es así-Comento.
-Ella es….- Fue interrumpido por Yue quien se lanzó contra Diego. No podía perder el tiempo, la ilusión ya estaba siguiendo su curso.  
Se escucharon los estruendos de las espadas de Yue chocando entre sí. Diego las esquivaba con destreza, bailaba con barrio y  maestría en boxeo; y, casualmente daba un par de golpes. Yue lo esquiaba con facilidad por su premoniciones. 
-Es mi novia- Completo Sebastián, no interfirió ya que Yue parecía tener el control.  
- Sebastián no te metas en esto- Exigió. “¿Novia? Eres un infeliz”, pensó Saana levantándose llena de furia.- No tienes nada que hacer aquí… 
-No vez a mi novia con ese tarado que me saco la mierda a mí y a ti hace un par de meses.- La miró suave, pero con cierta dejadez que la preocupaba.- Ese tipo me debe muchas, parece más peligroso que antes. 
-¿Perdón?-Dijo un chico colocando una pistola en la espalda de Diego. Sebastián no podía creer lo que observaba era el novia de Karen. Eran todo el grupo de Imperio Grone, los pandilleros de la zona estaba presentes, acompañados de palos y su jerga tan de ellos- ¿Qué chucha pasa causa? Te pones salsa en mi barrio…
-Gracias causa…
De un codazo dejo sin aire a Maldad. Sus compañeros se fueron contra él, sin embargo con sus talentos de muerte no eran rivales. Tomo la pistola que había dejado tirado el gordo que lo había amenazado y apunto a Saana. “Mierda….”, pensaba Sebastián inmovilizado nuevamente, tenía un Déjà vu de como la bala iba lentamente contra Saana esta vez.
– ¡Muévete! -Grito este corriendo contra ella, dejando a Yue alzar su espada directo al cuello de Diego, mientras que Sebastián abrazaba a Saana, logran esquivar el disparo.
-Vete a la mierda… –Susurro Yue colocando su espada a punto de rebanar un cuello. 
-¿Ya has matado antes, no?
Ella quedo paralizada, en lo que otros disparos iban contra Sebastián y Saana, pero no llegaron a ellos. Los pandilleros empezaron a correr. Una sonrisa se dibujó en la cara de Diego, en lo que Yue caía de rodillas temblando. 
Un pequeño charco de sangre se formó en suelo. 
-¡Karen!- Gritó Saana mientras su voz se rompía entre más fuerte era el grito. Sebastián congelado del miedo. Nuevamente había perdido. 

miércoles, 17 de agosto de 2016

El mundo, según Lunática - Capitulo 5

Romeo y Cenicienta 

Sonaba la guitarra, sonaba el cajón.  “Y que será de miii…”, sonaba su voz hermosa en armonía con el cajón de la hiena gorda y la guitarra del Grillo.  “Hoy que todo acabo… Si ya me acostumbree… a vivir para ti…” La noche era dorada y campante la diva era una bruja que engatusaba a nuestras almas desafortunadas a cantarle y celebrarle. Nadie más escuchaba, solo nosotros. 
Las personas caminaban de la mano al ritmo del cajón. Artistas callejeros con trompeta, violín y demás se meneaban según los acordes de la guitarra y las estrellas bailaban al ritmo de la Lunática, que torpemente intentaba dar un par de pasos de baile que resaltaban su talento innato solo para el canto. 
“La culpable soy yo… por tener corazón…por regalarte mi alma y perder la razón”, minutos antes lo había conocido, no como el astro de la guitarra; sino, más bien como el novio de Galia.  
Era domingo de noche y cada uno estaba en una habitación de motel barato durmiendo y tocando música criolla también.  Yo era el único tarado que estaba sentado en los rombos y círculos extraños de la plaza Chabuca frente al rio Rímac, el cual alzaba sus aguas según Galia cantaba.  Escuchándolos tratando de no verme como un loco frente a los que no los veían y escuchaban, que andaban huyendo de vendedores ambulantes y alguno que otro amigo de lo ajeno. 
-¡Te presento a mi novio!- Ella era la más emocionada, no estaba seguro si por el éxtasis que le hacía efecto de lunática. Yo por otro lado deseaba que la tierra me comiera. - ¡Grillo, él es el tarado que se quemó los ojos!




Se peinaba el cabello para atrás, se le veía mucho mayor que nosotros, tenía una sonrisa torcida y piel color canela pasión; no era muy alto y sus ojos eran café.  Ella me tomaba del brazo y solo sonreía. José Manuel se sorprendió al saber que Galia era la Grilla, sobre todo por él, por su novio, Grillo. 




Nos dimos la mano. Luego llegaron otros tipos con seudónimos raros: Oráculo, Siete, Derma y Alem.  Me comentaron más de sus mundos y lo hermoso que era ser un drogadicto y lo peligroso que era dejar que se supiera quien eran en realidad. Un tipo drogado en un cuarto de hotel es fácil de robar o violar, Galia tenía experiencia con lo último. Ella había logrado crear tres mundos, José Manuel solo tenía uno y el novio de Galia tenía siete mundos.
-¿Tu estas aquí en realidad?- Dijo el de la barba larga y encapuchado. Se hacía llamar Oráculo y me observaba casi perplejo.- Es muy interesante esto. Demasiado.  
En teoría todos eran escritores frustrados. Eso lo confirme luego de saber que Lunática era Galia. José Manuel y ella perdieron un año de su vida estudiando Literatura conmigo.  Luego cada uno se dio cuenta cual era la realidad peruana. Ella se convirtió en enfermera; José Manuel, en profesor de física y yo, en abogado. 
-¡No me digan más Grilla!- Noté que mi querida Galia era la sombra su novio. Era llamada Grilla porque su novio era el Grillo.-  Soy Lunática. 
Minutos después me arrepentí de llamarla así. Ellos eran personas amables, el novio de Galia estaba acompañado de un aura que simplemente me incomodaba, de hecho cada uno tenía un color distinto y olor peculiar que lo acompañaba. Extrañamente Oráculo y Grillo apestaban y poseían colores oscuros a modo de areola. No distinguía si era celos o de verdad parecía mala persona. Yliana se jactaba de habérselo comido y Galia no parecía afectada por que su amiga tirara con él.
José Manuel tenía un talento muy bueno para el canto también. Mientras ellos seguían tocando y cantando yo observaba el cielo. Mañana Galia empezaría a trabajar y yo me quedaría solo en su casa. Entonces, recordé: 
Esa mañana antes de despertar parpadee un par de veces antes de abrir los ojos, de todas maneras se vería igual. Todo negrura con sombras levemente más oscura moverse. “¿Qué hora será?”, me pregunté. Ese mueble destrozaba mi espalda, pero no quedaba de otra. Escuche una respiración grave como pequeños tosidos a modo de zumbido, era ella, se oía como si tuviera una pesadilla.  Ya iban cinco días conviviendo juntos, ella empezaría su trabajo mañana, un funesto lunes de mierda.
Me levanté del mueble y me obligue a mí mismo a entrar al espejo. Me tomó unos segundos concentrarme y finalmente podría ver durante los próximos 45 minutos. La habitación se veía tan desordenada y extravagante como siempre, muy pequeña para dos personas.  La observé descansado y sonreí. Era la primera noche que dormía con Galia en el mismo lugar sin tener al menos un beso de buenas noches.  Aunque, en realidad hace mucho que había compartido casa con ella sin saberlo. 
-¿Qué paso contigo?- Pregunté. Ella seguía dormida, su celular indicaba 5 a. m. 
Me sentía estúpido por no haberlo notado antes. Yo conocía todos sus secretos, cada centímetro de su cuerpo, sus temores y sueños; y, ahora era una completa desconocida. La deje descansar un rato más, esas pastillas para dormir eran fuertes, a pesar que ella solo tomara un octavo. 
Me senté en su sofá, la observé dormir por varios minutos.  Aquellas palabras regresaron a mi mente. “A la cojuda ya no le hace efecto la marihuana. Pronto la éxtasis será igual”, eso me había comentado Yliana de ella.  “¿Galia, tu exnovia, es la Grilla? Pucha papi ella se está jodiendo la vida”
Me levanté del sofá y busqué entre sus cajones. Deseaba confirmarlo yo mismo, Galia no podía haberse jodido la vida así. “¿Por qué me trajo a mi Lima?, ¿Cómo es que ella está más jodida que yo?”, esas preguntas retumbaban mi cabeza. Solo deseaba una foto de ella, tal vez pasada o de la escuela. Entonces, mi mente se puso en blanco. No era ni marihuana, ni éxtasis. Entre sus cajones, en el del medio; debajo de su ropa interior, tapado entre tabletas de pastillas; dentro de una bolsa plástica, de blanco color y textura polvareda. Cocaína. 
-Estas más jodida de lo que pensé.-  Me dije saliendo de mis pensamientos. Suspiré escuchándola cantar valses criollos a todo corazón. Poco a poco se empezaba a perder la magia hacia el espejo. 
-Santos tu estas aquí verdad, ¿No?- Escuché, voltee y era el tipo de la barba al estilo Bin Laden. Oráculo- No te asustes. Sabía que vendrías y tienes el aura sucia como esperaba. 
-¿Qué?- Inconscientemente me temblaron las piernas. No deseaba responderle. Ese tipo tenía toda la pinta de un rojo, además de saber cosas demás. No le había dicho mi nombre a nadie.-  ¿Qué paso Oráculo?- Atiné a preguntar.
-El nombre Oráculo no es por nada. – Empezó a sonreírme y yo literalmente empezaba a cagarme de miedo.- Moriré en dos semanas. Tienes ese tiempo de tomar mi lugar, mi nombre y salvar la pequeña luz que se le apaga a la Grilla, perdón, a Lunática. 
Y maldita sea mi suerte. Entonces, recordé su mundo, aquel que me había mostrado apenas hace menos de 24 horas: ´Romeo y Cenicienta´.
-¿No son Romeo y Julieta?
-No, Julieta es una estúpida. Cenicienta es mucho más genial…
Aquella luz enceguecedora poco a poco se anulaba. La voz de Lunática se desvanecía conforme observaba mejor.  Su mano tomó la mía y pude vernos en otro lugar completamente distinto a la diva nocturna, Jirón de la Unión se esfumó. Había un pequeño parque enrejado con un audaz niño con uniforme de escuela trepándose para entrar, a su lado con ambas mochilas una joven. 
-Romeo tiene 14 años, vive en la Molina.-  Lunática los observaba de manera maternal.- Ella es Cenicienta, tiene 15 años y vive en Ate. 




-¿Drama de clases sociales?- Consulté. Uno vivía en zona residencial y la otra un barrio de mala muerte, como diría mi madre y de seguro la suya también. 
-No, solo quería crea un mundo donde el primer amor fuera el indicado. A pesar de las adversidades.
La luz reapareció nuevamente, ella aun me tenía de la mano. Una vez más nos vimos entre el mar de gente de Jirón de la Unión. Ambos colegiales de la mano se miraban a un dragón oriental danzar para niños, que sentados en piso lo observaban encantados. 
-De niña siempre sentí que ese dragón de papel era real.- Comento, mientras aquellos chicos subían sobre el lomo escamoso y verde del inmenso dragón. Los niños se emocionaban.- Yo quiero que sean felices, son mis hijos. Son parte de mí. ¡Yo soy su diosa!
-Esto es increíble- Atiné a responder, ocultado mis verdaderos pensamientos. Ese encanto del espejo que permitía crear un universo para sumergirse a uno mismo ahí era el veneno que devoraba a Galia. Entre más ella los amaba, más se demolía. -¿Cenicienta eres tú?
-No. – Suspiro y me observó. –Yo les tengo miedo. No quiero que su mundo se arruine conmigo participando. Romeo y Cenicienta son mi sueño, Santos. Yo deseo observarlos eternamente,  viajar por mis mundos. 
Suspiré decepcionado al oírla.  Los cuervos eran los guardianes del espejo, el cual era considerado un lugar santo. Al parecer ellos protegían el poder de dios de los simples humanos; pero, a la vez solo con un estado que llevará a la mente más del cuerpo se podía acceder a él. Entonces, lo entendí.  Lunática era víctima de encanto, el que la transformaba en una drogadicta, el que la exponía a diversos peligros en el mundo real. 
-Yo amo este lugar donde solo llueve cuando yo deseo, donde ellos lloran o rieren cuando yo quiero.- Sonrió al verlos abrazarse.-  Bueno, esto es todo lo que ofrece el espejo. ¿Te gusta?
-Es llamativo. Es como escribir una novela. 
Realmente me fascinaba la idea, incluso, me sentía ansioso de probarlo yo mismo. Sin embargo, esa adicción por aquel mundo… Entre más uno se enamoraba de los encantos del espejo más destruía su vida real. Llegaría el momento en que ella abandonaría el mundo real, solo para vivir ahí. 
-Las novelas son mundos de aquí. Te dije que los más extraordinarios llegan al mundo real.  
Luego de eso me perdí. Cuando lo noté ya estaba en las calles de Jirón y no sabía la fachada del hotel barato donde estaba Galia.  José Manuel me había salvado el pellejo aquel siniestro sábado, ayer.  Ahora observándola descansar, con un sueño intranquilo y al lado de un monstruoso ciego. Notaba ciertas similitudes. 
Romeo y Cenicienta eran una pareja escolar, al igual que nosotros ambos eran su primer amor. Si bien no habían clases sociales entre nosotros, mi madre la odiaba y su madre a mi igual, de hecho era una vieja de mierda que solo buscaba molestar. Aunque, tal vez yo mismo buscaba similitudes tratando de entender cómo es que ella volvió a mi vida. 
Nosotros duramos alrededor de dos años y medio de relación.  Recuerdo bien aquella fiesta de despedida de cuarto grado para los alumnos que se marchaban de quinto. Ambos éramos de cuarto, pero diferentes secciones. Ambos antisociales que no participaban del todo; sin embargo, ella era guapa y siempre rodeada de tipos con intenciones de robarle un beso, el amor o virginidad. Yo por otro lado solo deseaba jugar Play station con mis amigos. 
Esa vez la saque a bailar el ritmo de la salsa de Ruben Blades. “Por la esquina del viejo barrio lo vi pasar… con el tumbao que tienen los guapos al caminar”, estaba sola y realmente me gustaba. La conocía de vista durante el paseo de aniversario, cruzamos palabras y le di un par de codazos cada que pasaba cerca de ella. “Como a tres cuadras de aquella esquina una mujer…”, tomé su antebrazo, ya que parecía que deseaba negarse. Sus mejillas estaban levemente ruborizadas. Vestía un pantalón rojo y una blusa blanca; cabello suelto y maquillaje recatado. Yo por otro lado estaba uniformado como solíamos vestir los chicos a esa edad.  Blue jean´s  y polo. 
En aquel entonces, su cabello era completamente negro. 
Cuatros delincuentes juveniles de quinto grado deseaban levantársela, eso comentaban las urracas de mi salón que hablaban mal de ella por envidia. Y yo también deseaba follarmela como ellos.
No pensé que me humillaría bailando. A pesar de no tener barrio y ser considerado un chico pavo, de aquellos que se orinaba antes de hablarle a una fémina, solía  tener mi suin, pero ella completamente diferente bailaba de forma espectacular. “¿En qué me metí?”, pensaba con intentos patéticos de igualarla. 
“La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida… ¡Ay dios!”, gracias al cielo y al Dj de aquella noche, lo próximo ni bien acababa el coro del difunto Pedro Barrios, fue un delicioso y deslumbrante perreo.  Evite que se fuera y se vio obligada a seguir bailando conmigo.
-Así que solo me querías puntear…- Solo reí. En realidad si quería hacerlo, si bailaba salsa así, no deseaba verla bailar reguetón con otro que no sea yo.- ¿No sales mucho de casa, no?
Ese día conseguí su número de celular, su correo electrónico y su hi5. A las dos semanas ya éramos buenos amigos  y terminando el año escolar. Con las piernas temblándome, los nervios de punta, tartamudeando de la manera más denigrante posible y con una estúpida canción romántica de fondo proveniente de mi celular lo hice. 
-¿Quieres ser mi enamorada?
-Si. 
Con el pasar de los días nuestros besos eran más intensos. Aquellas vacaciones salimos mucho. Nuestro primer mes fue espectacular, el segundo mes exploramos uno del otro y el tercer mes por fin tuvimos sexo de todas las formas posible y muy seguido. Su piel nívea y suave me tenía embrujado, con el más mínimo tacto me convertía en toda una roca. 
Al inicio del año escolar me importo un carajo mi promoción y me cambie de aula. Solo para estar cerca de ella. Yliana fue más dolida con mi elección; sin embargo, siguió siendo mi mejor amiga y confidente. Aquellas conversaciones calientes que solíamos tener en el aula antes de que dejara estar soltero, continuaron a pesar de las diferentes aulas.
-¿Le lamiste el culo?- Pregunto llena de euforia. -¿Estas bien de la cabeza? Si quieras sabes si se limpia bien…
Nuestra amistad era fuerte, pero con el tiempo se perdió. La escuela termino pronto y la estupidez se apodero de mi mente. Quería experimentar más y Galia era muy traviesa; sin embargo, deseaba probar otros lugares…  
Ambos seguimos Literatura. Era una de las cosas que teníamos en común, continuamos nuestra relación en la misma Universidad, en las mismas aulas y mismo amigos. Durante ese año conocí buenos amigos y me vi tentado muchas veces. Mi pluma literaria paseaba por las bellas hojas que formaba el lienzo de su cuerpo y anhelaban buscar otro. 
Entonces, todo empezó a cambiar, como las estaciones del año. Su cuerpo no me atraía. Su voz me fastidiaba. Detestaba su presencia. El amor se iba en una caída libre y el tiempo para el impacto se agotaba como agua en zonas de crisis.  
-¡Qué lindo su amor carajo!- Un muy delgado José Manuel, compañero nuestro de carrera siempre era como un fan nuestro.- ¡Yo quiero ser el padrino de esa boda! 
-¡Mi melocotoncito!- Lo llamaba su novia de aquel, quien después sería su esposa y luego buscara quitarle todo lo que el pobre melocotoncito consiguió. – Deberíamos casarnos los cuatro juntos. 
-Jiji, eres muy dulce- Galia gustaba de seguirle el juego. En muchas ocasiones José aprobaba los exámenes porque Galia le pasaba las respuestas. – No me molesta la idea. 
Finalmente, el impacto llego. Terminábamos el primer ciclo y habría una fiesta entre nuestros compañeros. Con mucho licor, cigarros y algo de marihuana para los que lo desearan. La bulliciosa música nos dejaba sordos, estaba molesto ese día. 
Ella bailaba salsa con nuestros amigos. Yo permanecía sentado, noté a José Manuel besándose de manera escandalosa con su novia. Me sentía prisionero, tenía cadenas invisibles. Me mataba la agonía de verla tan feliz, no toleraba su estúpido rostro y lo peor era que yo era todo un cobarde incapaz de terminarle. 
Salí a la calle al lado del drogo Pietro Palmieri, estaba irritado y él lo noto. Durante el ciclo escuche que  Palmieri deseaba tirársela y hasta este punto yo deseaba que lo haga. Fumamos durante una hora y conversamos, al rato ya estábamos volando. Acepte marihuana para tener el valor suficiente de terminar, pero todo salió mal. 
-No te soporto más. 
-Me gusta Pietro.- Era fría. No recordaba cómo llegamos a eso. 
-Mejor. Adiós. 
Durante el segundo ciclo nunca me dirigió ni la mirada, ni la palabra. Yo viví mi soltería como deseaba, en ese entonces creía que el gusto estaba en la variedad y tenerla tanto tiempo me hostigo. Ella estuvo con otro chico a las semanas, escuchaba que los encontraron tirando. Extrañamente fui feliz, me di cuenta que mi amor se volvió odio y me alegraba haberme desecho de ella. Finalmente, me cambie de carrera y nunca más supe de ella. 
-¡Oye!- Me encontraba sentado en un círculo esta vez. Completamente callado, ellos habían dejado de tocar hace varios minutos y conversaban.- ¿Estas bien? ¿Te dijeron algo Joma u Oráculo? 
-No, solo ya me ha dado sueño. 
-Si, ya veo.- Me sonrió. Su rostro era angelical como aquella noche de la fiesta en el colegio.  Suspiré y ella me tomo el rostro.- Relájate o te daré un par de golpes. 
-Ya.




-Bueno, hoy no iré a dormir a mi casa… - Sus pómulos se sonrojaron. Era demasiada información para mi gusto.- Grillo me llevara temprano al trabajo así que iré a su casa a dormir. 
-No te preocupes.
-¡Papi ven conmigo!- La hiena gorda me jalo del cuello- ¡Vamos tendremos una pijamamada! Llamaremos al Emanuel y pediremos un par para llevar.
Galia se fue de la mano de Grillo. Debía aclarar mis ideas, hoy más que nunca me sentía cansado y pensativo. Extrañaba mi pueblo pesquero, pero me preocupaba que ella se arruinara más la vida, pero quien era yo para preocuparme. Me queme los ojos por una estupidez, seguí a una desconocida por volver a ver y sentía un profundo dolor al verla como era realmente. 
-Ella es su devota… besa donde él pisa. Eso incluye a las que se tira.- Subimos a su vehículo, la famosa Cristina. La hiena gorda se veía molesta.- Eso no es amor, huevon.
-Así es su amor- Atiné a responder. Ella y él se amaban a su manera.
-Si van en ese carro a la casa de José Manuel chocarán. En el hospital la querída hiena gorda se amistara con Rosangela y Kelly te encontrara Santos.- Nuevamente el enigmático barbón se acercaba. También sabía sobre él y su exesposa. Y sabia sobre Kelly.- Así que vamos a mi casa.- Subió en la parte de atrás de carro, José Manuel asintió, él no se veía afectado por lo que sabía.
- Primero muerto antes de regresar con ella.- Encendió el motor, mi tiempo se agotó y todo era oscuro de nuevo. La pura negrura. -¡Vamos a seguirla que me llega al pincho verle la cara a mis alumnos mañana!