domingo, 31 de julio de 2016

El mundo, según Lunática - Capitulo 4

Coleccionista de mundos

Era aproximadamente medio día, acabábamos de comer un abundante plato del popular combinado peruano. Una deliciosa miscelánea de tallarines rojos, chanfainita y ceviche acompañados de navegables cantidades de salsa huancaína. Atrapados en un monstro metálico, conocido como el transporte público limeño, que andaba a paso de caracol, nos dirigíamos hacia la diva limeña, Jirón de la Unión. 
-¿Qué haremos allá?- Consulté suspirando. El tráfico era irritante, felizmente no se asomaba el solcito a calentarnos un poquito.
-Conocerás a mis amigos, pasearemos y te enseñare lo más importante de esto.
-¿Cómo huir de los cuervos y no morir en el intento? – Observé el corte de su brazo y contuve la risa. - ¿Andarás drogada en la calle?
-No idiota. 
Ella no toleraba mis continuas burlas por la odisea que habíamos experimentado días atrás. Yo perdido, ella a punto de morir de un paro cardiorrespiratorio y ambos sin saber qué hacer. Felizmente aquel fatídico día termino bien. Nuevamente durante esa noche, en el sofá, la escuche. “Si, ya llegue. Vino conmigo. Te extraño”, suspiré y me acurruqué.  Al menos a mí si me molestaría que mi novia trajera a un extraño a su casa y pasara la noche con él. Pero, para tener una relación con ella me supongo que el tipo también debe estar mal de la cabeza. 
Durante los próximos días antes del anhelado fin de semana. Conversamos sobre las drogas. Practicamos mi entrada al espejo, cuando tiempo podía estar dentro y cuando me tomaba entrar de nuevo. Finalmente comíamos. Un par veces insistí en saber quién era, pero solo me respondía: “Soy Lunática, Lunita para los chicos bien dotados de hermosura”  

Llegamos luego de varios minutos caminando, el sol era escaso y el frio nos bofeteaba las caras. Me frote los ojos antes de avanzar. Para mí todo era oscuridad y sombras que escasamente se meneaban, no debía abrirlos hasta que ella me indicará. Solo intentar no sacarme la mierda, avanzando con mi palito y ella ayudándome. 
Me guio hasta lo que parecía un hotel de mala muerte de 20 monedas locales por tres horas, lo deduje debido al trato que hacía con el dueño. “Tengo de 20, de 30 y 60 con jacuzzi y vino de cortesía”, y los gemidos que adornaban el lugar como una perturbadora sinfonía de película porno. “¿Qué dirá su novio?”, me dije mientras subía las escaleras con su ayuda. 
-No te hagas muchas ilusiones.- Hablo- No puedo andar drogada por la calle. 
Su voz era tajante. 
-Cómo si me interesaras… 
Una vez dentro, ella tomó su minicoctel de pastillas y yo me concentre en verme en el espejo o simplemente abrir los ojos, como prefería llamarlo a la forma dramática de Lunática.  
La habitación no era del todo fea, la cama era amplia, la televisión también y el baño tenia tina, de joven hubiera deseado poder  traer a mis enamoradas a un lugar así; pero, los precios inflados para los menores de edad sin documento nacional de identificación era demasiado para el ahorro de mi pasaje semanal.  
-¿Por qué estas así?- Pregunté, todo el camino se había quejado del frio y apenas usaba una pantaloneta negra y un polo blanco y largo de mangas cero. Su cabello matizado suelto, aretes de estrella y un rostro oscuro que me impedía reconocerla. 
- Tengo ropa para cambiarme. Pensé que saldría el sol.- Se me acercó y me tocó el rostro. A veces pensaba que ella creía que era su hijo. Llevaba cuatros días en Lima y aun no visitaba a mi familia. Por un pequeño instante creí que deberían odiarme por desaparecer tres meses, luego pensé que habría una denuncia por desaparición y Lunática iría presa por secuestro, si me encontraban con ella. – Te mostraré algo que de seguro te encantará.  
Me hizo retroceder hasta caer en el sofá de un solo cojín de la habitación. Se paró frente a mí extendiendo su mano izquierda. Su rostro aún seguía siendo enigmático; entonces, se formó un pequeño mundo resplandeciente en su mano, como algún poder extraño de Dragon ball. Ella sonreía; mientras, yo me quedaba perplejo. Era como una pequeña esfera ovalada, se veía el azul del océano y el verde de la tierra. Como un dibujo del mapamundi, que te enseñaban en las clases de geografía.




-Somos coleccionistas de mundos. Es el principal encanto de este lugar. – Suspiró- Somos dioses, hacemos nuestra voluntad en nuestros diversos mundos. Y son realmente mundos extraordinarios llegaran al  mundo real y muchos desearan vivir en ellos. 
-¿Cómo?
No entendía su concepto, pero quien podría entender algo cuando observabas asombrado como otras esferas la rodeaban. “¿Ella había creado esos tres mundos?”, me pregunté. 
-Gato negro, Star Wars, Harry Potter y la divina comida…- Sonrió fanfarrona-Acompáñame a este mi pequeño mundo.
Me acerque temeroso, ella me pidió que tocara la esfera resplandeciente. Sentía una gran presión, levante mi mano, la cual temblaba como la de algún pobre anciano con Parkinson y finalmente la toque. La luz se expandió por toda la habitación. Jodidas drogas, ya entendía porque ella buscaba no dejar ese lugar, aunque fuera consumida por las sustancias ilícitas. 
-Somos Romeo y Cenicienta. 
Había salido de la habitación sin darme cuenta. El extraño mundo que me mostraba Lunática era insólito. Había una hiena parlante la cual me seguía, ella había desaparecido y no distinguía la realidad y la ficción de ella. El estómago me daba vueltas y las personas que alborotaban las calles me aturdían. Ya debía ser hora punta. 
-¿Estas bien?
De pronto voltee y la hiena acosadora me hablaba. “¿Esto hacen las drogas?”, me pregunté. Y pensar que estaba por pedirle una pastilla a Lunática. Ahora estando completamente sano me hablaba una hiena gorda, vestido de pantalón y camisa. 
-Te vi hace rato entrando a un hotel. No sabía si eras tú pero cuando me di cuenta, estabas con la Grilla. – Me perturbaba como botaba baba en cada silaba y sus colmillos se movían al compás de su risa.- Entonces, me fume mi tronchito y te busque.-Insistió -¿Qué te paso en los ojos? 
-Esa voz… 
-¿Qué pasa?
-Disculpe, Sr.  Hiena gorda, ¿Cuál es su nombre?- Pregunté intrigado. Esa voz bonachona, esa risa escandalosa, ese trasero rechoncho.  Tal vez podría ser…
-¿A quién chucha le dices hiena gorda, huevon? 
No podía parar la euforia, como un niño cruel se burlaba de un amigo que caía por un descuido. La risa me vencía como la gravedad sometía al pobre niño que besaba al suelo de cara y soltaba el par de carcajadas “Jaja”, “Jaja”, las cienes de la hiena se resaltaban de forma tan cómica como en una caricatura. 
-Lo lamento- Sonreí. -¿Cómo has estado, José Manuel?
-¡Yara oh!- Aquel lenguaje universitario me alegraba el día.- Aquí me dicen Joma
Hiena gorda le quedaba mejor.
Llevaba perdido media hora en Jirón de la Unión, la diva limeña de estructuras amarillo resplandeciente y ambiente de antaño, bailaba al ritmo de músicas de todo tipo. Detectaba chicha, rock, salsa entre otras. No la recordaba tan alegre y maravillosa sino más bien sombría y gris en los días invierno como eran estos. 
Diversos autores la describían como la dorada, la gris entre tantas cosas pero en realidad no era un color, era ella. Una dama famosa y concurrida, la verdadera protagonista de la capital. Mis ojos veían a esa dama sonreírme e invitarme a aventurarme en sus plazas. 




-Bien papi. Veo que me ves muy bien.- Ya comenzaba a encontrarle la gracia a los chistes de ciegos.- ¿Qué te paso, papi?, ¿Te la jalaste mucho y te cayó chele en el ojo?
Solté unas cuantas carcajadas juntos a mi viejo amigo, la hiena gorda parlante que estudiaba literatura junto a mí y su patética vida lo había convertido en el antónimo perfecto a que éramos en esos tiempos. Profesor peruano de física de colegio con sueldo mínimo. “Pobre alma desventurada”, pensé. Debia buscar a Lunática o se preocuparía, ya era la segunda vez que me perdía desde que llegamos. 
Recordé un par días atrás, cuando la muy mierda me había dejado completamente solo. Eventualmente llegaría este día, cuando ella me perdiera, siempre fui consciente de ello, pero era demasiado raudo a lo que esperaba. “¿Me estará hablando?”, pensé mientras avanzaba poco a poco. Estaba al lado de la pared en la vereda. “¿Cuánto faltara para la pista?, ¿Quiénes son los cuervos?”, meditaba a pasos cortos. Todo era completamente una oscuridad bulliciosa. 
El irritante sonido del claxon de los medios de transporte público, que se congestionaban en las calles limeñas con frecuencia se hacía más fuerte “Esto no pasaba en Pucusana”, me dije. Eso era una buena señal.  Ya debería encontrarme cerca a aquella academia preuniversitaria a cual curiosamente asistí un par de meses con Galia. Últimamente la recordaba mucho, yo estudia con ella por estos lares. 
-Holi. 
Escuche una voz femenina, la que de pronto me sacaba de mis enigmáticos pensamientos. No sonaba como Lunática, su voz era más leve y chillona; entonces, me tomo del brazo y me acerco a ella.
-¿Lunática? – Debía confirmarlo. 
-No- La escuche aguantarse la risa.- Cuerda. 
-¿En qué parte de Habich me encuentro?- Pregunte. – Necesito llegar a la Universidad Cayetano Heredia. 
-No tienes de que preocuparte, yo te llevare de regreso con tu loca. 
-¿Cómo?
-Solo no me toques el culo aprovechando tu ceguera.
Lunática no sabía controlar su lengua. En el peor de casos perdería mi órganos, pero era peor quedarse donde me encontraba. 
Sonaba muy vulgar para ser una mujer común, pero quien era yo para delimitar el lenguaje de una persona. Acepte resignado, mientras me guiaba de regreso hacia la ratonera de Lunática. Evité responder sus comentarios crueles sobre mi ceguera. “¿Cuántos dedos ves?”, “¿Cuántos culos y tetas has tocado desde que eres ciego?”, “¿Cuándo tienes sexo con alguien imaginas a otra persona?” Odiaba depender de ese tipo de idiotas para moverme. 
-¿Tu sabes sobre eso?- Consulte. 
-Sipi.- Respondió inmediatamente, había notado por la posición de su brazo que era más baja que Lunática. - ¿Santos, de verdad no reconoces mi voz?
-Por favor, ya tengo bastante con una desequilibrada drogadicta que no me quiere decir quién es.  
Era un dolor de cabeza. No entendía por qué pretendían con hacerse los interesantes, me parecía demasiado estúpido ocultar su identidad y si no le decía nada a Lunática era por su continua insistencia y ayuda mientras estábamos en el sur. 
-¿Aun lames culos, hermanito? 
Escuche una risa picara que me trasportaba muchos años atrás. Mi época escolar en esas calles que recorría de regreso, me arrastraba a años atrás. Entonces, pude verla nuevamente. Solo una persona sabe que tenía ese fetiche. 
-Puta madre… ¿Yliana? 
-Sipi. 
Esa pequeña elfa de piel trigueña, flácidos brazos, piernas regordetas y cabello tan frondoso como un arbusto. Era ella con su típica expresión gatuna. Era esa enana vulgar pero guapa a la que le contaba mis experiencias con la esperanza de tirarme alguna vez.  
-Íbamos a salir los tres juntos, pero parece que ella tuvo problemas. 
Aquella charla de antaño tomo varios minutos en lo que llegábamos a la habitación de Lunática. Ella se negó a decirme también quien era la de cabello matizado. La muy perra se había convertido en sexóloga e indirectamente mi interés en tirármela volvía.  Ella y Lunática eran amigas de escuela para mi sorpresa. 
El espejo de la luna era considerado territorio sagrado al cual no deberíamos tener ningún acceso, aun no entendía el por qué. Para variar, nuevamente esa estúpida actitud de hacerse los interesantes, hizo a Yliana decirme: “De eso te enteraras luego” En fin, Lunática debería haberse escapado de los cuervos, quienes eran seres divinos, superiores, ángeles, etcétera. Quienes cuidaban ese lugar.  
Continuamos hablando de ella durante varios minutos más. Lamentablemente mi ser se llenó de pena y un leve punzón me atacaba al corazón. Había cosas de las cuales prefería no enterarme y la sucia boca de Yliana era como la de una víbora venenosa.  Ironías de la vida, Yliana era mormona por ende entraba en esas prisiones tan horribles que se observaban camino al departamento. 
“La cojuda usa éxtasis porque la marihuana ya no hace ningún efecto”, “Empezó a tomar pastillas para dormir porque la tarada casi es violada por andar drogada por la calle”, “Su novio tira rico, me lo folle hace dos meses en una fiesta. Ella estaba drogada y él se veía bien rico”, ese cariño que tenía por Yliana desaparecía entre más hablaba. 
De pronto nos vimos frente a la puerta de su casa. La forma de Yliana, como la veía en el espejo, había cambiado a mis ojos. Tenía expresión de gato y ojos violetas, pero me daba asco. “Ella es una estúpida”, recordé sus palabras con fastidio. Era tal vez que me dolía admitir que literalmente una lunática me arrastro a esto y en realidad era una simple cojuda. 
-¡Santos!- Escuche un grito a mis espaldas. - ¡Gracias por ayudarlo, Picachu!
“¿Picachu?”, me pregunté un tanto perturbado. Ella estaba con marcas en los brazos, se veía agotada y asustada. Yliana le dio un golpe en la cabeza y luego la abrazo. 
-¡Ay Grilla, siempre tan descuidada tú!
Me encontraba actualmente comiendo pizza y café con el buen José Manuel, la hiena gorda aliancista que enseñaba matemática a un grupo desafortunado de niños. 
El pizzero era un extraño malabarista que con maestría y elegancia las preparaba, cocinaba y servía con galanura. El cielo de Jirón, un sábado por la noche era estrellado como el pucusañense pero ligeramente más azulino, adornado de una aurora boreal, cosas que no eran costumbre de ver por aquí.
-¿Papi, estas drogado?- Pregunté.   
-Solo marihuana- Dijo limpiándose la barba llena de la salsa de tomate y orégano. Su tez era morena, su cabello ondulado, alto y gordito. Vestido de camisa y pantalón ajustado en su enorme trasero oscuro. Su principal encanto con las damas, durante el primer año universitario- No te preocupes que camino bien bacán y hasta conduzco mejor que sano. 
Nuestros caminos se separaron terminado el primer año universitario. Yo seguí Derecho, él prefirió irse a los números. Años después, él se casó con su novia de entonces y ahora en nuestro reencuentro me pedía ayuda con su divorcio. Y pensar que yo me quite la vista para no ver quien me dejo y él seguía adelante. Sentía vergüenza de mí mismo. 
-¿Y me harás el feivor, hermanito?  
-¿En qué te puede ayudar un ciego? –Suspire, la cena se me había ido al diablo.
-Eres ciego. No estás en estado vegetal, huevon.- Nuevamente se me escapa la risa, recordé porque me caía tan bien- La desgraciada me quiere quitar mi carro. Y sin Cristina me muero. 
-¿En serio?- Suspire, no recordaba ni siquiera los derechos fundamentales. -¿Qué paso?- Pregunté. 
-Déjame mostrarme… Esta es mi ´Sátira de una tanga´ 
Me vi a mi mismo nuevamente frente a un pequeño mundo resplandeciente. No quería tocarlo, me daba náuseas y la pizza estaba muy buena para vomitarla. Pero, mi compañera hiena insistió y sin más preámbulo me sumergí en aquel universo creado por él. 
Luego de varias risas acompañadas de melancolía, me apenaba un poco la situación de la pobre hiena gorda. Suspiré y acepte ayudarlo, no sabía cómo pero, “No hay peor cosa que la que no se intenta”, recordé con nostalgia a mi madre. 
-¿Y aun tienes su tanga?- Pregunté.




-Si, huevon, le haré la maldición del tramboyo con ella.- Volvimos a reir-Quien como tu huevon, tantos años han pasado y siguen juntos. – Suspiro, mientras caminábamos por la plaza San Martin, entre parejas acarameladas, que aprovechan que el sol se ocultaba para tocar más de lo apropiado -¡Qué lindo su amor, conche su madre!- Exclamó
-¿De qué hablas?- Consulté. 
-Tú y Tancuba. Hace rato andaban paseando cuando te vi. 
-¿Cómo?
Era aproximadamente las siete de la noche, cuando la vimos salir de aquel hotel de mala muerte. Estaba con la mirada perdida y los ojos hinchados. José Manuel me había traído hacia aquí, en que lo que me recuperaba para abrir los ojos nuevamente. El hiena me decía que antes solía ir drogaba por las doradas de la vida; entonces, Grillo le regalo pastillas para dormir. 
Solo podía estar 45 minutos con los ojos abiertos, luego debía descansar al menos un par de horas. Lunática lograba estar tres horas mientras estaba drogada, luego el resto de los efectos la pasaba dormida por las pastillas. Sin embargo, ahora andaba tambaleándose.  
 -Grilla – Saludó, ella se acercó. Me sonrió.
-¿Por qué te paras perdiendo? No tienes idea de cómo me preocupas. – No distinguía si era un reclamo o berrinche.-Ahora me dicen Lunática, Joma- Le sonrió- Sigues siendo un dulce melocotón. 
-¡Vete a la mierda!
Dulce melocotón le decía su esposa, la que tenía fetiches raros como de hacerlo usar tanga a él. 
-¿Qué pasa?- Preguntó ella al verme observarla. Ya no estaba en el espejo pero la veía claramente. Esa imagen daba vueltas en mi mente una y otra vez. 
-Nada, solo te veía. 




Ella en realidad era Galia, Galia Tancuba. Lunática era un viejo fantasma del pasado, uno que no pensaba en volver a ver. 

domingo, 24 de julio de 2016

Demonios internos- Capitulo 13

Deja mis orejas  

Se encontraba irritado. El líder del taller era sometido por quien aún desconocíamos. Alta, rubia, con grandes senos y una actitud de lo más perra. Se le entregaba mientras ponía sus enormes pechos de silicona y aceite de avión sobre él. Me fastidiaban tipas así, no era suficiente con la mosquita muerta de Kotomi. “Puta barata”, pensé. 
-Veamos...-Dijo, mientras su mano se abría camino entre sus senos, hasta atravesarla por completo, como aquella vez cuando me salvó. - Esto se siente importante...
Sonrió con maldad. 
-¡Hijo de puta!- Grito ella, mientras escupía mucha sangre.-Te mataré 
La bella y exuberante rubia, que parecía una estrella porno se trasformó de pronto en un moreno de 1.94 cm aproximadamente que cogía del cuello de la camisa de Vladimir. Esto si me desconcertó en un instante. “¿Qué era él?”, me pregunté. El resto no se veía sorprendido, al menos no tanto como yo. 
-Albus, tan predecible como de costumbre. 
-¡Me pudiste haberme matado!-Lloriqueó. 
-Créeme que alguien más estaría aquí si eso pasará. - Respondió Vladimir bufando, a su lado venia mi martirio. La deidad oriental venía con una blusa roja y el cabello recogido.-¿Sabías de su visita?- Consultó.
-No- Respondió antes de darle un gran abrazo al moreno- ¿Cómo has estado, Albus?
-Koto te he extrañado -Dijo el moreno cambiando de nuevo, esta vez era un niño- En fin Vladimir, ¿Quién es ella?- De pronto me señalo y empezó acercarse a mí, demasiado para mi gusto -¡Oh!- Exclamo- Es una belleza japonesa, tienes una gran voz.
-¿Perdón?- Nadie había notado mis pocos rasgos japonés, ya que me parecía más a mi papá. A comparación de Kotomi, yo era 100% peruana. 
-Vladimir, véndemela la quiero en mi harem con Linda- Dijo mientras se acercaba a mi amiga -Linda, ha pasado tanto tiempo - Se acomodaba el pelo como todo un casanova. Era un tanto gracioso.
Recordé inmediatamente una de las razones principales porque odiaba a los hombres. “Son unos imbéciles”, me dije. El galán besaba la mano de Linda y ella le sonreía con picardía como un cortejo de antaño. 
-¿Cómo Esta Cait?
Entonces, todo se tensó. 
-¿Cait?-El demonio o ángel, aun no sabía que era realmente, pero estaba claro que un humano no podía cambiar, de una rubia estrella porno a un africano, netamente petróleo.
-Por fin te dejo- Comentó Vladimir, con cierta malicia –No sé cómo soporta un mujeriego como tú.
-No soy mujeriego, simplemente soy compartido.
-¿Compartido?- Una tercera voz se escuchó, una chica de cabello largo y de color avellana, con ojos acaramelados, estaba detrás del moreno. “Realmente hermosa”, pensé -¡Ere un malvadoj!-Grito con los ojos sollozos, parecía una chica algo inocente con un dejo francés. Salió corriendo luego de unos segundos, engalanaba un vestido gris largo, el cual parecía muy incómodo para correr. 
Las burlas de Vladimir se hicieron más fuertes, mientras el moreno se volvía estaba vez un niño, quien corrió tras la chica.
Un excelente día terminaba, mi emoción no podía compararse. Era la primera vez que me sentía tan cómoda conmigo misma, como una niña después de una actuación del día la madre, por más que estaba prácticamente muda, estaba completamente feliz. Me sentí relajada aunque no cante, debía cuidar mi voz. Mientras ellos cantaban yo observaba a Lizbeth arreglarse el cabello, tenía un hermoso cabello. Era muy tierna casi siempre llevaba un par de colas caídas, que la hacían lucir menor a su edad. “Ella ha vivido más de seis años al lado de Vladimir”, recordé las palabras de Linda. 
-Lisbeth, te dedico esta canción -Dijo Enrique mientras cogía el micrófono, Vladimir observo el listado y sonrió.
La música comenzó, mientras Vladimir cogía el otro micrófono. “¿Que estaban planeando?”, Lisbeth también parecía confundida.
“Ni una sola palabras…Ni gesto ni miradas apasionadas”, se inició a dúo.  
Esa sola estrofa, fue suficiente para escuchar el mar de risas, claro menos de la muda, aunque sonrió. Era un grupo peculiar, todos teníamos algo en común, ese tipo que nos cambió la vida, me sentía a gusto en este grupo.
Luego de un par de horas de diversión, nos tocó irnos. Una mala jugada del maldito destino me esperaba.
-Olvide mi celular- “Dios que descuidada”, pensé, luego entre corriendo de nuevo al lugar.
Entre rápidamente, le pedí al encargado que me dejara entrar a la cabina donde estábamos, luego de entrar busque como loca mi celular, moriría si lo perdía, con lo tacaño de papá dudaba mucho que me compre otro.
-Parece que se te perdió algo...
Esa voz, se me estremeció el cuerpo un terrible escalofrió subía desde la punta de mis pies, hasta cada uno de mis cabellos. “¿Porque él?”, me dije. 
-Eres como un ratón asustado -Dijo mientras cerraba la puerta de la cabina.- Veo que tienes nuevos amigos. “Golpéalo”, escuche en mi mente. 
-¿Qué haces aquí?-Realmente estaba aterrada, me sentía diminuta ante su presencia, realmente era patética.- ¡Aléjate!-Grite, mientras el acortaba nuestra distancia. Lo odiaba.
“¿Por qué me perseguía?”, me consultaba internamente, mientras mi cuerpo completamente estremecido se quedaba inmóvil ante sus manos, cuales tentáculos me tocaban. Sentía asco. “¡Reaccione!”, escuché. 
-¿Ya no me recuerdas?-Estaba atrapada con ese demonio, no él era algo peor que un demonio. Por un instante me vi envuelta en sangre nuevamente, como aquella fatídica noche - Entonces, me divertiré contigo.... -Susurró en mi oído, luego de tocarlo con su asquerosa lengua-Akemi, aún me extrañas, como yo a ti. 
Quede estupefacta, mientras él se alejaba lentamente, sonrió con malicia acordando de nuevo la distancia entre nosotros. Una asquerosa lengua recorría mi boca. Sentía nauseas. No pude reaccionar, solo sentí una lagrima recorrer mi mejilla. Él me dejo ahí y se fue, habían cámaras pero nadie llego. 
Debí morir ese día. 
-Sí que demoraste-Comentó el idiota de Enrique, con una sonrisa asquerosa, se creía guapo. No era más que un patán que no pudo defender a su novia. “Patético hombre”, me dije. 
-Vi salir a Giancarlo- Siguió Vladimir - ¿Qué paso?- Preguntó. Mis ojos estaban hinchados. 
Linda se veía preocupada.
-Akemi...
Linda tenía una dura mirada hacia mí.
-¿Qué paso?- Insistió Enrique.
-¿Cómo está tu novia?- Pregunte. -Luces molesta -Comente irónica-¿También te divierte? me se mejores bromas....
-Ya es suficiente.-Vladimir me había interrumpido.- ¡Vamos!-Indico al resto, notaba el odio en la mirada de Enrique. 
Deje que se marcharan, tenía cosas más importantes que hacer, después presentaría mi renuncia a ese taller.
Esa semana fue libre en la universidad por mantenimiento, luego de los eventos ya dados. No salí de mi cuarto para nada solo me concentraba en Diego, la muerte había dicho que nos daríamos muerte mutuamente, deseaba darle algo de luche. Aunque por momento sentía remordimiento por como los trate y recordaba esos pequeños instantes que pasamos. Lo cálido que era tener verdaderos amigos. 
Sola en mi cuarto, sentía que al menos debía disculparme, pero mi orgullo me lo impedía. No podía dejarme humillar por otros. “yo no soy así y si ellos son el problema, tendría que cortarlo de raíz”, me repetía constantemente. 
Salí de mi cuarto, guardando mi arma bajo mi cama, estaba cansada de tanto entrenar. Mi padre tenía un saco de arena y esas cosas de cuando era joven, que instale en mi habitación para no tener que ir al almacén. 
Papá estaba en su consultorio, era un Psiquiatra, mientras que mamá aún estaba en la escuela donde trabajaba, era profesora de literatura. Jonatán, mi hermano menor, era el único en casa conmigo. Mamá nos dejaba la comida lista, solo la calentábamos y comíamos. Fui por el tan anhelado vaso de agua y noté a Jonatán en la puerta conversando con alguien.
Sentí una pisca de curiosidad ya que mi hermano era otro mujeriego de mierda. Apenas tenía 14 años y había tenido más relaciones que yo, que me consideraba zorra, me acerque un poco, sentía pena de pensar quien era la pobre.
-Sí, yo también la eh escuchad decir: “Vladimir, Diego son tan guapos ambos"- “¿Qué demonios?”, me pregunte acercándome más – Akemi tiene las nalgas fofas y es algo plana... La pobre se cree guapa. 
-Jaja -Escuche una risa, pero la ignore mientras cogía a esta pequeña amenaza con mis puños sobre su cabeza, comencé la tortura. 
-¡Que has dicho mierda!
- ¡Déjame! - Escuche sus gritos de dolor, que placentero. Pobre alma desventurada, cada quejido me estimulaba más- ¡Trasero de pingüino! 






-¡Te aplastaré las pocas neuronas que te quedan!-Grité con placer mientras el gritaba, una de las cosas que más adoraba era humillarlo frente a sus conquistas-¿Cómo te eh dicho que me llames?
-Déjame, hermosa hermana mayor- Respondió con desesperación, con eso quedaba demostrado que las mujeres mandamos.
-Akemi, eso fue algo cruel.
"Mierda", fue lo primero que vino a mi mente, era Linda. “¿Que hacia aquí?”, me pregunte. Hace una semana que no sabía nada de ellos y no quería saberlo tampoco.
-Hola
-Tu hermano, es divertido.-Dijo sonriendo-¿Tienes algo que hacer?-Me preguntó.
-Bueno....-No sabía cómo rechazarla, no quería ser cruel con ella, era mi amiga. Lo que dije ese día fue por mi furia, pero aproveche eso para alejarme.-La verdad es que...
- ¡Vamos!- Me dijo tomando una mano-Somos amigas ¿No?
Golpe bajo. 
Sin nada más que decir, salí junto a ella. Antes de eso le di comer al perro que diga a mi hermano. Me di un baño rápido ya que, estaba con un buzo y estaba toda sudada. Me puse un jean negro, un polo sin mangas gris con un dibujo al medio y salí. Linda llevaba un vestido morado, una casaca blanca. El cabello suelto, se le veía dulce, eso era algo extraño. Fuimos al centro comercial, cerca de mi casa. Pasamos por algunas tiendas y luego fuimos a comer. Me divertí, eso era malo.
-Bueno, ¿Cómo has estado? -Me pregunto, mientras mordía su gran hamburguesa. 
-Bien...
-Ese día, lo lamento. Debí ir contigo- Se disculpó mientras se sacaba los lentes-Tenía un mal presentimiento; sin embargo, te deje.
-Tranquila- Dije sin mirarla, no podía verla. no debía.
-Lo siento- dijo, su voz se escuchaba extraña-No quiero imaginar, lo que te hizo ese tipo. Sonara tonto, pero nunca eh tenido una amiga....Tamara, es linda pero su mundo gira alrededor de Omar y Lisbeth, bueno ella no es muy expresiva. Lo siento.
-No tienes que disculparte- Cuando la vi, note que había sollozado, por un instante me sentí identificada. Ella también era mi amiga.-Somos amigas-Tal vez una lagrima se me escapo, pero abrase a mi amiga.
Luego de explicarle todo, ella me aconsejo no caer en su juego, pero debía acabar con eso de una vez, no podía seguir en las mismas circunstancias.
-Hola, Linda – Saludo una chica, era la misma chica que estuvo ese día, con el chico que cambiaba de formas.
-Hola Cait, ella es Akemi –Me presento, mientras yo fingía una sonrisa, ella parecía un poco más inocente, llevaba un jean oscuro, una blusa crema ,que la tapaba toda y una bincha que combinaba muy bien dejando su largo cabello avellana brillara con el sol, esa chica era un bombón- Akemi, ella es Caitlyn.
-Mucho gusto, soy Caitlyn Knigthwalker – Dijo sonriente, mientras se sentaba –Exmonja, actual novia de Albus, el picaflor que fue verlos ese día. 
-¿Albus?- Estaba algo confundida- Él no es….
-El demonio Albus, amigo de Vladimir y Kotomi –Respondió Linda a mis confusiones, eso realmente no lo esperaba – Si, si puedes ser novia de Vladimir…
-¿Qué?- Ahora estaba horrorizada –Pero, ¿Eso no está prohibido? ¿Cómo paso?
-Es algo similar a la relación de Lizbeth y Vladimir –Explicó Linda – Yo la conocí hace unos años, cuando apenas me uní. En realidad está prohibido que engendren un niño. 
-Cierto, en ese entonces Vladimir solo tenía tres siervos, sin contar a su hermana –La chica del cabello avellano, comento mientras sonreía – Esa vez descubriste a Vladimir y Kotomi.
-Jaja, cierto- Respondió Linda-¿Cómo vas con Albus?
-Es muy agobiador –“¿Qué?”, me pregunté. Estaba escuchando bien,“exmonja”, recordé –A veces un poco salvaje….
-¿Qué?
- No tengas miedo Akemi –Comentó Linda mirándome con malicia- La primera vez te dolerá, después te aras adicta a él.
-¡No! ¡No! ¡Jamás!- Habían logrado ruborizarme, realmente me veía como un tomate muy rojo y grande. 
-Jaja, bueno ¿Dónde estará Albus? , se escapó de nuevo…..-Ahora lucía un poco triste. Ella Cait, se veía muy hermosa incluso cuando sus expresiones tan marcadas cambian.  
-¿Cuánto tiempo llevan?-Pensé y pregunte a la vez, sé que fui atrevida pero ella sonrió.
-Cuando lo conocí tenía 15, mi edad actual es 21- Respondió con nostalgia. Ella se desordenaba el cabello- Pues… 
Cait tenía 14 años en aquel entonces, el siguiente mes cumpliría 15. Era una monja en un convento en Inglaterra, su tierra natal. Su conducta no era la apropiada según las hermanas superiores, era una pecadora y a menudo pagaba sus pecados.
Los castigos eran lo de menos, no le importaba siempre que pudiera servirle a nuestro señor. Siempre se sentí una inútil nada le salía bien. En ese entonces no sabía que eran abusos. Los jóvenes sacerdotes a menudo la seguían, ella tenía miedo, pero lo ignoraba.
Las yagas en su cuerpo cada vez ardían mas, con el tiempo desaparecían, pero el dolor no se iba. “¿Era tan mala?”, se preguntó, considero mil veces sí debería irse al infierno de una vez. Solo traía miseria, lujuria y rencor a los demás. Era difícil pero tenía un amigo.
Un pequeño conejo que vivía en las afueras del convento. A él se encomendó, su amigo. Él la escuchaba aunque no entendiera .Todo lo miserable se iba mientras, lo tuviera .Sabia que él era un regalo del señor, que aún no le daba la espalda.
Los días se fueron como pequeños granos de tierra en un reloj de arena, su día anhelado se aproximaba apenas faltaban tres días. Se sentía feliz quería tomarlo como un inicio nuevo y no volver a pecar. Las superiores y los sacerdotes de aquel convento estaban malditos, eran fanáticos famélicos por la miseria. Ese día fue a ver a su pequeño amigo.
-¡Rabito!- Lo llamó como de costumbre, él vino como de rutina. Se sentó en pasto junto a él-El día fui muy agobiante, sé que es pecado pensar así. Pero, parece que me odiaran…-Suspiró, aunque el conejo no la entendiera era feliz cuidándolo.
Estuvo un par de horas con su amigo de grandes orejas y luego regresó al convento. Ahí un sacerdote joven se le acerco. La tomo del brazo fuertemente. 
-Otra vez sales sin permiso- Dijo mientras la observaba, de un jalón la trajo contra sí mismo. -¿Te encuentras con alguien? Eres una golfa. 
-No es lo que piensa – Se encontraba tan asustada que empezó a tartamudear. No podía reír, llorar, quejarse o dar su opinión era parte de los requisitos de aquel sequito fanático de la religión.  
-¡Calla cualquiera!- Grito, mientras se acercaba y observaba su habito-Pero, como culparte. ¡Eres una perra en celo!- No dijo nada, si respondía como lo hizo antes, seria abofeteada y azotada.
Siempre calladas y al servicio. 
Entre los castigos más comunes eran: los azotes, los golpes, el cinturón de púas, caminar descalza por fuego entre otros. Tenía mucho miedo, en más una ocasión la tocaron, ellos decían que deseaban limpiar su cuerpo, pero se escapaba y luego era castigada.
“¿Tan mala soy?”, se pregunte frustrada, mientras el sacerdote se iba, susurro en su oído: “Te descubriré”
El día de su cumpleaños llego, se levantó, pero como de costumbre aunque era un día especial para ella, prefería no decir nada. Hizo sus labores intentando evitar abusos. Cuando logró conseguir un par de horas libres, se encamine con su pequeño amigo, sin saber que era seguida.
-¡Rabito!- Llamó a si amigo, le puso ese nombre debido a que era blanco y solo tenía marrón en la parte de la cola, era muy lindo. Este vino hacia ella y sentó con él. -Hoy cumplo 15 años, sabes es difícil- Un poco triste le contó ciertas penas y desilusiones, desde pequeña quisó ser monja y servir a nuestro señor creador, pero no era buena, tenía problemas siempre. Pero, nunca tan duros como este. Cuando llegó a ese lugar todo fue distinto era golpeada y sentía que era la que hacia todo. -Lo siento, pero me siento tonta contándote y no me entiendas...
Caitlyn se levantó y regresó, en el camino se detuve mucho, varias paradas entre flora y fauna. No deseaba llegar pero cuando llegó era tarde.
-Hola ,hermana Caitlyn- Saludo el sacerdote ,temerosa respondió el saludo- Me entere que era tu cumpleaños , así que te preparamos algo con las superiores...
Entro con el sacerdote feliz, era posible que todo cambiara. Era muy ingenua. Parecía que el señor escucho sus suplicas. Entro y vio servida la cena, era carne no distingue cual pero se sentó con ellas y cenaron. Durante 15 silenciosos minutos degustaron aquel estofado. 
-Pide un deseo -Dijo una de ellas, no sabía que pedir. 
-Creo que no lo necesito -Respondió tranquila. Regresó a su habitación, sin darse cuenta alguien entro detrás de ella.- ¿Que hace aquí?-Él la había seguido.
-Vine a darte un regalo...- Respondió echando llave a la habitación -Terminare con ese celo....-Su voz era oscura.
Él la ataco, le rompió los hábitos y lamia su cuerpo. Sin ninguna nada que la cubra su pálida piel quedo expuesta. Su cuerpo era recorrido por una húmeda y nauseabunda lengua. Sus manos eran como tentáculos, los cuales recorrían su desprotegido cuerpo. En su desesperación logro darle un rodillazo en la entrepierna y escapar, con el cuerpo totalmente desnudo bajo las escaleras pidiendo socorro.  
-¿Te gusta la carne de conejo?- Grito el adolorido religioso mientras la seguía. 
Se detuve “¿Carne de conejo?”, repitió. “No puede ser...”, cayó al suelo, se sentía muerta. “Señor que hice para merecer esto. ¿Por qué estoy aquí?”, ese algo que la mantenía había muerto. 
-Esta cualquiera, entro a mi cuarto e intento seducirme -Dijo él mientras las superiores los observaban. Sintió unos cuando latigazos... un hilo de sangre recorría si frente entre sus ojos... llenos de un rio de tristeza. "¿Un deseo?", pensaba mientras era goleada "Quiero salir de aquí, por favor"
- ¡Y se supone que los malos somos nosotros!
No se dio cuenta que paso, pero si conejo estaba ahí, pero; entonces, la confusión se apodero de ella. “Estoy soñando”, se dijo al ver al pequeño de largar orejas entrar saltando. 
-Jaja, que conejo tan fiel -Se burló el sacerdote mientras cogía a Rabito de las orejas -No pude cazarte, pero al menos el otro era parecido. 
-¡Déjalo, le haces daño! –Gritó.
-Deja mis orejas...
El silencio apareció de pronto, como una visita indeseable los creyentes observaban a quien sonreía. 
-Entonces, ¿Me vas a dejar? 
Ahora se encontraba aterrada, esa voz era la de su conejo. El hombre asustado lanzo al animal lo más lejos que pudo. El animal cayó de pie y entonces era un tipo de cabellera roja escarlata y larga estaba frente a ella , llevaba un traje plomo, casi negro y unos lentes azules dejando ver unos ojos completamente carmesí.
-Vaya, vaya- Sonrió, mientras la tomaba en brazos. Ella lo observo aun perpleja. -Tenías razón, este sitio es un asco.
-Tu…-Aun estaba aterrada. Tartamudeaba incluso sus escasos monosílabos. 
- Soy tu amigo, pero odio las zanahorias-Le sonrió, mientras se acercaba a la puerta.
-¡Demonio!- Grito el sacerdote.- ¡Eres una bruja! ¡Maldita hereje! 
-Son un fastidio.-Otra voz se escuchaba, las puertas del convento se abrieron, un tipo parecido a Rabito entraba, pero su cabello era negro y más largo, su traje eran completamente negro excepto por la camisa, era blanca. Unos lentes oscuros reflejan sus ojos carmesí, junto a ellos estaba una chica con un pequeño vestido blanco-Realmente, es terrible -Dijo ella sin alejarse del otro.
-¡Demonios!- Grito el sacerdote sacando una cruz.-Son enemigos del señor.
-De hecho soy un ángel.- La chica se autoseñaló.- No merecen cargar esas cruces.- Soltó una carcajada- Son chicos muy malos. 
-¡Cierra esa boca!- Grito una de las hermanas. Cait aún se encontraba paralizada de la impresión, pero ya no sentía miedo. -¡Desaparezcan demonios!
Entonces, la mujer que vociferaba tomo un candelabro y lo tiro al suelo, luego empezó a botar espuma por la boca. El fuego empezaba a expandirse. Albus y Kotomi observaron a Vladimir.
-Jodian mucho- Respondió suspirando- Esto es trabajo de ella.- Indicó. 
Cait se desmayó de impresión y descanso sobre el pecho de Albus. 
-Lisbeth, te dije que esperas lejos.
Fue lo último que escucho. 
No podía creer aun lo que oía, realmente entendía por que Vladimir pensaba que las personas eran estúpidas, incluso siendo parte de una iglesia, como podían hacer cosas así.
-El tiempo pasó y lo empecé a ver distinto, era amable. Sin darme cuenta me enamore yo lo seguí por todo el mundo, conocí otros ángeles y otros demonios-Ella sonreía mientras lagrimeaba, debió ser difícil pasar lo que ella paso.- Debo decir que los más divertidos son ellos. Vladimir, Kotomi y mi querido Albus. 




-Te olvidas cuando reté al ángel de la muerte -Dijo una chica, luego beso a Cait, fue un poco impactante. Nunca vi a dos chicas besarse.-Un gusto Akemi, soy Albus Schwarzemberg -Dijo la chica sentándose al lado de Cait.
-Siempre te vas...- Dijo cabizbaja Cait.
-Recuerdo que cuando los conocí, pasó lo mismo -Linda parecía acostumbrada de ver a dos chicas besarse. Aun no conocía muchas cosas. 
-¿Peleaste con ella?-Pregunte ignorando lo sucedido- ¿Cómo?
- Yo pelee contra ella por mi amor hacia Cait- Contó, mientras cogía su mano-Perdí y me castigo. Me quito mis poderes y me hizo mortal. Sin embargo, podremos estar juntos siempre y cuando no tengamos un hijo. 

domingo, 17 de julio de 2016

Saana - Capitulo 16

Arderé 

Era mediodía y el sol brillaba como reluciente miel de abeja, producto de un sueño dulce y levemente diabético, Sebastián, luego de un sueño intranquilo, aquella interface de mañana y tarde era despertado por el fatídico sonido de su teléfono. 
-¿Aló?-Saludo muy casando y con una ligera resaca de aquella noche anterior. Recordó que volvieron temprano y entro de frente a su cama. Acostumbraba tomar dos vasos de agua para amortiguar el alcohol; sin embargo, anoche lo había olvidado por completo. 
-Hola Sebastián- Respondió Carol, él recordó que no tenía anotado su número –Tengo que hablar contigo. Debemos vernos. 
-¿No puede ser otro día? Estoy algo cansando.
-Jajá, te veo a las cuatro en mi casa –Cortando la comunicación, Carol sonrió para sí misma desde su habitación. “Yo te hare muerte, mi sol”, pensó. 
“¿Que quiere ahora?”, se preguntó. “¿Ahora qué coño hago?”, medito en su cama. Entonces, se puso de pie recordando el enfrentamiento al demonio de hace un tiempo atrás. 
-Adrián- Llamó. 
 -¿Qué?- Respondió su hermano desde la cocina.
-¿Tienes la llave del almacén? Quiero reinstalar mis cosas.  
Saana apenas abría los ojos, se despertó observando a su coneja, Kitty, pararse en dos patas. “Debe tener hambre”, pensó levantándose se dirigió a la cocina. “Que loca noche, me pregunto: ¿Qué paso? lo último que recuerdo es que estaba hablando con Sebas… después lo llamare”, deposito la conejina, el alimento, en la vasija de barro y cerró la jaula.  
Regresó a su cama echándose, cuando aquella imagen llego a su mente. “Nos besamos”, recordó tocándose los labios. “Si nos besamos… ¡Ay no!, ¡Qué vergüenza! Todo lo que le dije anoche…”, sus mejillas se tornaron rosadas levantándose nuevamente como un tomate fresco.
- Le dije que me gusta-Casigrito exaltada de la metida de pata de la noche anterior. 
El día paso rápidamente como frio era reemplazado por el calor de una inexistente primavera limeña,  mientras tanto en otro lugar una pareja salía de la mano, mientras la chica cogía su teléfono y marcaba a alguien. Unos viejos conocidos, buenos amigos que deseaba contactar. 
-Aló, Sebas. Soy Crys- Dijo la chica apenas le contestaron el teléfono. Con un largo fleco que le cubría medio rostro, ojos oscuros delineados con un negro y un leve brillo labial en la boca, sonrió.  
-Limpieza – Respondió el chico con una voz lúgubre. Estaba cansado.
-¿Limpias?- Se burló. 
-Son la una de la madrugada– Agregó el chico mientras bostezaba- ¿Qué paso primilla?- Consulto. 
-Estoy con mi novio por tu casa, tal vez te visite luego –Dijo la emo de la mano de un chico más alto de ella, con camisa a cuadros y un flequillo tan largo como los agujeros de su pantalón pitillo. 
-¿Quién, Chikorita?- Pregunto Sebastián recuperando la noción. El espacio de su habitación de había reducido bastante, de los tornillos en pared y techo colgaba un polvoriento saco de arena. Habían guantes de box y canilleras en el suelo, acompañas de toneladas de suicidad y un buzo negro y viejo.
-Jaja, si mi Chikorita –Respondió la chica-Bueno te dejo más tarde te llamo cuídate, primito –Concluyo cortando.
“Bueno toca limpiar”, se dijo así mismo. Sebastián había sacado del almacén de su casa, su antiguo equipo de entrenamiento. “No me gusta que te golpeen, me duele verte pelear. Me da miedo”, recordó las palabras de su querida expareja, con la cual se reuniría en unas horas. Él había salido lesionado del hombro izquierdo, en la preparación para el torneo metropolitano de Sanda  de hace algunos años. En aquel entonces, Carol le pidió que dejara ese violento deporte y él accedió. 
Al pasar de unas horas más. Ya bañado y cambiados, Sebastián se encontró con Carol en aquel paradero de mototaxis, en la esquina de una pollería en calle Alcázar, en el distrito de Rímac. Él iba con un buzo y polo blanco en v. Ella con un jean negro y con un bivirí fucsia. 
-Tienes una cara de tragedia – Dijo la chica, mientras caminaban hacia quien sabe dónde.   
- ¿A dónde me llevas?- Pregunto “Si supieras…”, pensó. 
-Ya llegamos- Dijo Carol deteniéndose en un edificio abandonado. En pleno parque y al aire libre, era una vieja fábrica. Él ya había estado ahí. Entonces, sintió vibrar su celular. 
-Tus ilusiones funcionaran mejor. Traeremos aquí a Yue y Meylin, las derrotaremos y me quedare con su talento –Explico Carol- ¿Alguna duda?
-Ya recupere mi Benihime, no tendría por qué ayudarte- Respondió Sebastián, saco su teléfono del bolsillo y lo desbloqueo. 
-¿Realmente quieres ganar?, ¿Estás dispuesto a abandonar a tus padres y hermanos? – Cuestionó Carol sonriéndole muy coqueta, acorto la distancia entre ellos. – Hoy, Chalo estará aquí-Concluyo, alejándose nuevamente. “El idiota de Diego, es amigo del tipo que se la tiro, mientras estaba conmigo”, recordó Sebastián.  
– ¿Cómo sabes que estará aquí?-Cuestionó. 
-Lo hace de costumbre, lo estuve siguiente con el poder de talento de sombras –Explicó -Él y tu son los más peligrosos, ya que eliminaron entre los dos al demonio. 
-Es muy útil ese talento- Comento Sebastián. -¿Solo lo has usado con él?- Reviso el mensaje multimedia que tenía. Era de su psiquiatra, Demetri. 
-Lo es para espiar, pero en combate no es muy conveniente –Dijo Carol observando curiosa su teléfono también. 
-Mierda…
-Qué bueno que sigas con tu vida. 
Era comprometedor. Algo que no deseaba que nadie supiera, mucho menos su ex. Él la tenia de la cintura, ella abraza su cuello con los brazos. Se notaba claramente el intercambio de saliva entre ellos. Sebastián había olvidado por completo lo que había sucedido entre él y Saana el día anterior. 
-Ese mierda…
Entraron al edificio intentando ignorar lo sucedido, Sebastián se alistó y Carol se colocó su máscara para esperar el momento para el encuentro entre Diego y Sebastián. “¿Carol estaría de su lado?”, consideraba observándola amarrarse el cabello. 
-Me costó mucho reconocerte con ese peinado y la pintura, pero ahora que te veo bien sigues mostrando esa tierna mirada- Comento Carol observando a Sebastián ya listo.
-Yo no dejo de asombrarme –Respondió Sebastián desenvainando su Benihime.
-¿De qué?-Preguntó Carol tocándole su rostro pintando como el Joker. Acortaba poco a poco la distancia entre ellos.- ¿Recuerdas que me prometiste no dejarme de ver como alguien importante en tu vida? 
-De qué era un completo tarado. – Se apartó de ella.- Tienes suerte que entre mis tantas virtudes esta no ser rencoroso. 
-Tú fuiste el que me termino –Agregó Carol para defenderse -¿Por qué lo hiciste? Nos habíamos dado una nueva oportunidad. Estaba dispuesta a dar todo. 
-Me canse de ser idiota.- Sin mirarla, sonrió. 
-Jaja, aun eres un idiota, y uno muy dolido –Atacó Carol molesta por lo que acaba de escuchar.  La conversación se había tornado venenosa, como una pareja de gatos luego de fornicar, ella lo atacaba para herirlo y vengarse de cuanto se había lastimado por el acto.  
-Ya no engañas a mis ojos, ni mi sentido común- Sebastián observándola muy sereno. – La mierda siempre fuiste tú. 
-No te hagas el santo que no va contigo. Tú fuiste el que al final me dejo sola, no cumpliste lo que prometiste- Reprochó. 
-¿Podemos hablar de otra cosa? Ya no somos nada y me repugna tu existencia. Si estoy aquí, es por qué me eres útil. 
-Tú eras todo para mí…. Cuando empezó a pasar eso no sabía qué hacer, solo quería saber que me apoyabas- Dijo Carol cogiéndole el brazo a Sebastián.
-¿Quieres dejar de joder?
-Yo te amaba idiota y aun lo hago –Respondió Carol al observar que este se iba- ¡Espera! –Grito 
Sebastián la ignoró pensando: “¿Acaso crees que eso cambia algo?, había olvidado por que odiaba tanto a las chicas de plástico como ella”, en ese momento Diego entraba al edificio, seguido de alguien. Sebastián lo noto y subió un par de pisos. Había una cantidad considerable de personas en el exterior. Era solo tres pisos, con amplias ventanas. Cualquier incidente llamaría demasiado la atención. 
Los minutos pasaban, una chica muy oscura y acalorada tocaba la puerta de la familia Gonzales.  El hermano de mayor del chico payaso abrió y recibió con una sonrisa a quien era su prima, Crystel Mejia. De corta estatura, con un azul que la hacía aparecer un pitufo. Acompañada de una bolsa de yute y maquilla oscuro. 
-¡Hola!
-Hola ¿Cómo has estado?- Preguntó Adrián sonriendo al abrir la puerta. Inventándola a pasar. -¿Vienes sola?- Agregó. 
-Bien, ¿Cómo esta Sebastián?- Respondió entrando a la casa. – Lo llame temprano. 
-Bien, salió hace poco y ayer se fue a una fiesta. Me dijo que vendrías con tu novio. 
-Sí, pero me dijo que tenía algo que hacer.
El tiempo pasaba como la resaca tras un buen caldo de gallina en un chifa peruano, el día se pintaba en una tarde de brujas, tan naranja que le daba miedo, tan oscura que le daba intriga y tan roja como la sangre, su sangre, que caiga entre los escalones de aquel viejo edificio rimence. Jean Córdova se encontraba acorralado, cansado y sumamente preocupado. 
-Ya te cagaste Tobi.
-No puedo permitir que otro demonio nos ataque, así que te quitare el talento de los horrores- Afirmo confiado a pesar de que iba perdiendo.  
-Es estúpido, ese pensamiento heroico – Diego, tras la identidad de Chalo lo enfrentaba con gran ventaja, él era el depredador y el emo fan de Naruto era la presa.- ¿Me seguías pensando que podrías conmigo?
-Ya verás…  
Tobi, quien había sido posesionado por el demonio, Beelzebub, y se había autoapuñalado. Llevaba unas semanas siguiendo a Diego, durante la batalla contra el demonio, Jean descubrió la identidad de Chalo y comenzó a seguirlo. Deseaba acabar con todo y el principio del fin debería ser acabar con él más fuerte. 
-¿A que le temes?- Pregunto, volteando a observarlo. De forma graciosa sacaba una bolsa de papel, aquellas que daban en supermercados extranjeros, con dos orificios, se la colocó.- Disculpa, no quiero que nadie más sepa de mí. 
-A nada.
Jean tenía un puñal en las manos. “Es solo un niño”, se dijo al notar que era mucho menor que él. “¿Cómo puede ser esto?”, reflexionó observando la  forma de Diego. Ante sus ojos era una chica muy linda, de pelo largo de avellana oscuro con rayos rojos, ojos marones y profundos. Con camisa negra manga corta, con varios cortes en los brazos, con maquillaje oscuro exagerado y short azul que mostraba los cortes en las piernas. 
-Hijo de…- No completo al recibir un puño en el estómago. Los directos y cruzados de Chalo eran certeros. Le costaba creer que era un mocoso de secundaria al que enfrentaba. “No es ella”, se dijo a si mismo. 
-Sabes quién soy, Jean- Susurró Diego con una voz femenina, tal vez la que le pertenecía a aquella chica que observaba Tobi. Sus piernas flaqueaban. No podía ser cierto. Se negaba a creerlo. 
-¡Shee está muerta!
Mientras tanto, Crystel salió en búsqueda de su novio Chikorita, pues ya había pasado un buen rato de la hora acordada. Camino durante unos minutos preocupada, entonces vio a aquella enigmática mujer que solía seguirla. “¿Dónde está?”, se pregunta mientras circulaba.
-Crys, él está contra Chalo. – Habló mostrándose preocupada también. Era alta y morena, sus ojos oscuros intimidaban a cualquiera. 
-Jean está peleando contra él…- Comenzó a sudar frio, un retorcijón la ataco en la boca del estómago - Llévame con ellos a ahora mismo – Exigió la chica mientras una fuerte punzada en su corazón se agudizaba más.
Saana continuaba en su casa recordando su noche tan loca. Coloreaba en un lienzo aquella imagen que vio en sus sueños etílicos. Sonriendo observaba lo bien que le iba quedando e imaginaba a ella y su querido danzando, como observaba en campeonatos a parejas ir al ritmo de taulo. 




“Qué vergüenza, como voy a verlo el lunes… le dije que me gusta, le dije idiota y lo bese…. Pero porque tomamos, yo nunca hago esas cosas…. Dios ayúdame”, Se repetía una y otra vez mientras su coneja saltaba de costando en su cama, entre bolitas marrones como el cereal chocolate que de seguro no sabrían a chocolate precisamente. “Lo llamare”, Saana cogió su celular llamando a Sebastián. 
-¿Por qué sigues vivo?- Su voz era tan dulce como Jean recordaba. Esa expresión de tristeza lo distraía cada que intentaba defenderse. – Dijiste que lo haríamos juntos…  
-¡Cierra la boca! –Vociferaba Tobi desesperado mientras perdía el control de la pelea. “Debo calmarme, debo calmarme. Es solo un mocoso”, trataba de controlarse. 
-¿Por qué no te suicidaste conmigo?-Pregunto Diego, mientras su bello rostro femenino se llenaba de cortadas y quemaduras.- Yo creí que estaríamos juntos hasta el final. 
“Sheyla, no. No eres ella. No eres ella”, se repetía asustado. Optando por lo más cuerdo entre tanta desesperación escapó hacia las escaleras.  
-Soy yo, soy Sheyla. 
Tobi salió corriendo, pero termino aún más aterrado al observar una habitación llena de espejos que mostraban la figura de la chica quemada y cortada, pues Diego había entrado también. “Así que también estas aquí…”,descubrió Diego sonriendo 
-Estamos algo ocupados en este momento- Dijo Carol-¡Que te importa lo que haga! – La sonrisa se dibujó entre sus labios-Cuando salgamos del hotel te llamará -Aparentando placer cortó la llamada. 




En ese mismo instante, Tobi aun corría desesperado y golpeándose entre paredes cosas que no podía notar. Detrás de él, aquella enigmática chica avanzaba sonriente. 
- ¿Por qué no lo hiciste?, ¿Por qué me dejaste arder sola?- Preguntaba aquel espectro femenino, tras él cual se ocultaba Chalo.- Nosotros íbamos a inmortalizar nuestro amor juntos, lejos de este horrible mundo oscuro y gris. 
-¡Basta!–Grita Tobi desesperado.- ¿Cómo puedes hacer esto?- Interrogo. 
-Es trece de julio y arderé en las llamas, arderé famélica en la sociedad, arderé.-Declamo. Jean cayó al piso al oír aquel verso. Era ella, definitivamente era ella.  Entonces, empezó a flotar y fue lanzando contra los espejos. Se escucharon unos golpes. 
Una mano ayudo a Tobi. Era familiar, pequeña, algo gordita y suave como un panqueque. Entonces se vieron nuevamente. Ella le sonrió y él solo observaba que llevaba un anillo en la mano. Chikorita y Panqueque era el grabado. 
-¿Chikorita estas bien?- Pregunto. 
-¿Qué haces aquí?- Se puso de pie, se dio un par de palmadas – Vete… 
-No te dejare solo- Respondió Crystel.
-¿Hace cuando lo sabes?- Pregunta Jean quien era Tobi en verdad. Ambos se habían descubierto. 
-Siempre… no quiero dejar solo, nosotros juntos ganaremos este juego –Dijo Crystel abrazándolo fuertemente.
-Ten cuidado, no podremos enfrentarlo aquí es mejor ir al techo hay tendremos espacio más libre- Dijo Jean besándole la frente a su novia-  Debemos mantenernos calmados. 
La pareja corrió por la habitación rápidamente notando que Diego ya estaba detrás de ellos. Aun caminado cuervos empezaban a atacarlos tanto a ellos como a Diego pero al alcanzarlos desaparecían. Eran solo visuales producto de un payaso travieso que miraba todo desde cerca escondido, esperando que el sol se ocultara por completo y no llamaran la atención. 
-Su talento, son los horrores dime que ves y podremos defendernos mutuamente- Recomendó Crystel mientras aun corrían. “Esto es raro, no está solo. Debe tener un aliado”, consideraba. 
-No puedo, lo siento –Respondió Jean. 
-Confía en mí.
Ambos golpeaban a los cuervos que los atacaban, mientras que Diego tan solo reía como un hombre y una mujer a la vez.  
-Yo veo a un hombre mayor. Fue hace seis años –Dijo Crystel tomando la iniciativa-Yo regresaba de mis clases de Karate por la noche apenas tenia 11 años- Continuo mientras su voz se quebraba-Caminaba como de costumbre por la calle, pero empezó a llover un hombre alto moreno me ofreció su paraguas, yo acepte sin pensar lo que pasaría –Concluyo debido a que llegaron a las escaleras.
La pareja subió desesperada esperando llegar al techo pero se dieron con la sorpresa de una habitación cerrada y oscura con frases aparentemente escritas con sangre. Era demasiado cliché.
-¿Qué demonios pasa? – Grito Jean asustado
-Esta con el payaso. Apenas atardecía cuando entre- Dijo Crystel mientras ambos caminaban por la habitación.- Nos estamos enfrentado a los dos. 
-Yo veo a una chica –Dijo jean observando a Diego que ya los había alcanzando.
-Creo que es el fin del camino- Dijo el chico de horrores. – Ambos pueden salvarse. Solo quiero sus talentos. 
-Fui con ese señor pensando que me ayudaría, pero me llevo a un callejón y abuso de mí. Mis padres lo denunciaron pero a las dos semanas el juez dijo que no habían pruebas suficientes y lo dejaron en libertad…- Dijo lagrimeando-pasaron dos años. Entonces me uní a la comuna- no completo al ver que su novio se lanzaba contra Diego. 
Sus puños eran torpes, el demonio Chalo esquivaba con tranquilidad. Jean era impulsaba por el odio de lo que acaba de escuchar, en sus 24 años de vida nunca había sentido tanto odio, la imagen de esa chica que lo atormentaba desapareció y solo se imaginaba al tipejo que le hizo tanto daño a su novia.  
-Debiste suicidarte con tu novia- Dijo Diego haciendo un corte profundo en el pecho, ya cansado de los golpes.- Era buena poeta.  
Jean empezó a sangrar, pero activa el talento golpeando fuertemente a Diego. Estaba furioso. “¿Acaso lee mentes?”, se preguntó. “Puede que tenga dos talentos”
-Fortaleza, jaja- Dijo Diego después del fuerte golpe.- Esto se ponía aburrido. 
-Yo veo una chica… una ex, yo solo jugaba con ella y cuando la termine no pude evitar burlarme de ella. Ella era una poeta–Contaba Jean poniéndose de pie.- La conocí en la Universidad. Nos íbamos a suicidar juntos, pero no. 
-Te amo – Grito Crystel activando su talento para pelear ambos contra Diego.
-ella no pudo  frenarse, ese día ella murió ante mis ojos… sus padres me culparon todo me culparon y era cierto yo tuve la culpa –Continuo Jean acercándose a Diego.- Ella en uno de sus poemas escribió como se suicidaría y tal cual lo hizo. Ese poema me lo dedico meses antes. 
De pronto todo desapareció dejando ver el cielo y el techo del edificio Crytel observa confundida notando que Jean estaba intacto. 
-Dama y caballeros – Dijo Sebastián levantándose de una silla en la que estuvo sentando todo el tiempo.- Estoy de promoción, si me entregan sus talentos no le haré daño a ninguno. 
-Por fin das la cara- Respondió Diego- Debo admitir que fue una buena idea usarlos de carnada –Indico Diego sacando un arma de su saco.- ¿Tambien planeaste esto?
Sin siquiera dudarlo un poco, disparo contra Crystel. Jean en un acto heroico la tira a un costado y recibe el disparo. Sebastián se queda congelado al ver lo que sucedía. Diego lo nota y sigue disparando  mientras que jean continuaba protegiendo a su novia, Sebastián se lanzaba contra Diego, esta saca rápidamente su espada en un contra ataque. En un descuido logra golpearlo, pero Diego lo tira de una patada y le apunta con el arma. 
-Jean… -Dijo Crystel casi estupefacta de lo que había sucedido.
Entonces, Carol quien se encontraba oculta gracias a su talento tira a Crystel  del techo del edificio. Las personas en las afueras empezaban a juntarse por el sonido de los disparos. Crystel cae en un montón de cajas vacías que amortiguan su caía, sin dudarlo empieza a escapar con lágrimas en los ojos. 
-Gracias por tu ayuda- Dijo Diego mientras apuntaba Sebastián. Eres muy romántico. ¿Realmente pensabas que pelearíamos de forma tan fantasiosa?
No respondió tratando de contener la ira que sentía. De pronto Sebastián sientió que le tocan su hombro, en ese mismo instante desaparece de la vista d Diego. 
-Vámonos, ya es tarde. Perdimos- Susurró Carol al odio de Sebastián mientras se lo llevaba con su talento. Ambos permanecieron escondidos en el edificio mientras que Diego se acercaba al cuerpo sin vida de Jean. 
“Uno menos”, se dice a si mismo buscando el talento. “Arderé”, lee la portada de un pequeño libro en la camisa del emo. “Ahora es mío, realmente esa chica escribía bien” Una hora después que Diego se marcha del lugar, con cuidado debido a las personas y policía que llegaron al lugar. Sebastián sale molesto junto a Carol. “Maldición... Me lleva el demonio como pude ser tan tonto”, pensaba  frustrado el chico.
-Ten tu celular –Dijo Carol entregándole el teléfono.- Relájate, no perderemos la próxima vez. 
-¿Qué hacías con el?- Pregunto Sebastián desconfiando. 
-Lo encontré tirado, supuse que era tuyo por las fotos –Respondió Carol sonriéndole.- Esa chica es guapa. Qué bueno por ti. – Sonrió al ver las vendas rojas de sus manos. – Esas vendas…
-Las compre rojas…
-Para cuando te pregunten, respondas: Cuando las compre eran blanca. – Por un instante, él volvió a ver esa cálida sonrisa de antaño. Tan nostálgica.
Sebastián solo asiente marchándose, mientras que era observado por su prima. Con furia y lágrimas en sus  ojos famélicos de venganza. 
-Tu tuviste la culpa de lo que le paso a Jean… Sebastián tu eres el payaso – Dijo Crystel solloza y frustrada mientras su primo se iba.