viernes, 22 de abril de 2016

El mundo, según Lunática - Capitulo 1

La boca del diablo.

-¿Vendrías conmigo a Lima? 
La boca del diablo gritaba con fuerza, el fuego rojizo del cielo parecía invitarme a morir. No podía creer lo que veía.  Y frente a ese infierno en la tierra ella me veía fijamente. No cabía duda la locura se contagiaba.
-Yo cuidare de ti.  
“La locura hecha persona”, recuerdo esa frase en la descripción esa foto ridícula de ella con una maleta y riendo a carcajadas, que hacían evidentes sus problemas mentales. Era domingo en la madrugada, mientras estaba recostado en mi cama cuando la vi “Que mal usaba esta la palabra loca”, me dije a mi mismo, sin pensar que yo tenía peores problemas mentales. 
Es una característica peculiar de personas criticar a otros antes de uno mismo, en ese entonces consideraba estúpida a la que se autodenominaba loca, ahora también lo hago con: Las únicas y diferentes. Sin embargo, que tu historial de búsquedas de Google, tenga más información de métodos para quedar ciego, que porno habla muy mal de uno. 
A mis 24 años siento que ya he tenido todo y también lo he perdido. Siento que tal vez tome decisiones apresuradas y muy torpes, como que he pensado demasiado algunas otras. Escogí quemarme los ojos entre tantos métodos, porqué el alcohol era mi buen amigo y arrancarme los ojos me daba miedo.  Y ahora no puedo ir ni al baño sin mi futo palo para tocar donde piso. 
Son las 6 de mañana de un martes veraniego en la playa de Pucusana, la lunática de mi vecina temporal por fin se calló. Ironías de la vida, la arena me irritaba, el agua salada no me gustaba, el calor me sofocaba y odiaba las multitudes, pero no pensé en eso cuando me mude aquí.  
Me froto los ojos, parpadeando un par de veces y todo sigue oscuro. Al menos agradezco no haber tenido los testículos necesarios para haberlos arrancado o pinchado y aun podía sentir algo en esos agujeros. Si estuvieran vacíos algún enfermo violador de ciegos me podría haber metido su pene por ahí. Cosas raras todas en fin. 
-¡Ya está el desayuno!
Y empieza la odisea nuevamente.  La única razón por la que sigo vivo es porque quiero saber cuál será el final de mi historia. La de un idiota enamorado que confió nuevamente en alguien que ya le había fallado antes, un idiota que se quiso arrancar los ojos para no verla nunca más, y ahora es un jodido y repugnante minusválido.
-¡Apura! 
Tome el jodido bastón, palito de ciego o como mierda se llamara y camine hacia la salida de mi habitación.  Eran 14 pasos al frente, tocar la puerta con la mano libre y luego 9 pasos hacia las escaleras.  El primer escalón es el más chico debo pisar de costado para no caer y continuar con los otros 9 escalones.  Finalmente 13 pasos y llegaba a la puerta de calle.  
Mi vida era una mierda, memorizando la cantidad de pasos de mi casa y rutas tanto al mercado como al bar. Me había logrado acostumbrar a esto. A los 23 años me mude de mi casa y desaparecí de la asquerosa, ruidosa, peligrosa, mundana y oscura ciudad limeña. En el Sur, donde mis más bellos recuerdos permanecían, fue a donde escape. 
De la puerta de calle, son dos pasos a la izquierda. Cojo con dificultad la silla, guardo el jodido palo y finalmente me siento. 
-Hoy hay pejerrey arrebozado y café- Escucho al tío Grau, asiento moviendo la cabeza.  Al lado de mi casa había una suerte de restaurante de día y bar para pescadores de noche.  Cuando era niño y venía a las playas del Sur con mis padres, nuestra favorita era Pucusana, un tranquilo y bello pueblo pesquero, carente de muchas cosas como cable, internet, centros comerciales entre otras cosas banales pero, aún más importante carente de maldad.- Aquí tienes sobrino. 
Solía tomar desayuno, almorzar y cenar al lado de casa. El restaurante del tío Grau era lo que mi madre catalogaría como antro de mala muerte pero tenía buena sazón, cubría mis necesidades y era barato. 
Comienzo a buscar en la mesa, mi comida, pierdo la paciencia al no encontrar mi jodido desayuno. Antes de reclamar escucho una pequeña risa irritante. 
-Vete a la mierda. 
-Jaja, ¿Seguro que no ves nada?- Pregunto. 
-Si viera ya te hubiera pateado la cara. 
Me cogió de las manos y una la coloco en el pan y la otra en el aza del café. Suspire y me pregunte “¿Qué hice para merecer esto?”, mordí el pescado con huevo y di un sorbo al café frio. 
-Aquí tienes- Escucho de nuevo al tío Grau – Ustedes dos son una buena pareja. 
Mierda.
-¿Por qué compartes la mesa conmigo?- Pregunto fastidiado- ¿No tienes otro al que joder? 
-Eres muy renegón Santos- Me da respuesta inmediatamente.- Yo pagare. 
-¿Ya me dirás por qué me jodes?- Pregunte, Lunática llego a mi vida un tenebroso y oscuro fin de semana de Febrero. Ese día el sol se ocultó temprano, hacia frio y le pasaron 100 soles falsos al pobre tío Grau. La llame Lunática porque decir loca, en la actualidad es halago y a la chica se le había quemado el coco literalmente. Cuando la escuche por primera vez casi caigo de las escaleras y milagrosamente las ratas de mi casa desaparecieron, supongo que desaparecieron del miedo. -¿Estas ahí?- Suspire. Odiaba a mi vecina.  
- Debes echarle más azúcar al café. Por eso eres tan amargado. 
-Carajo… 
Yo camina por el malecón de Pucusana cuando la conocí, respiraba la brisa marina del pueblo pesquero que golpeaba levemente mi cara, como las caricias de madre a un recién nacido. Nostálgicamente ese día pensaba en mi madre y me preguntaba “¿Qué será de su vida?”, “¿Seguirá viva?”, “¿Seguiré en su testamente o me saco por ser un hijo malagradecido?”.
Lastimosamente su hijo, yo, sufría una adolescencia tardía. Tan tardía que a sus  23 años, dejo su casa, dejo su trabajo, dejo a su familia para hundirse solo en un dolor depresivo y ahora se encontraba solo apartado del bullicio limeño, con el dinero de la que pudo ser su boda, en la casa de las amantes de su primo y sobretodo idiotamente ciego por un amor que no valía la pena y una inmadurez que hacía gala de ficción de Disney. 
Mientras, caminaba contando mis pasos antes de cruzar la pista, cuando me arrebataron el bastón, voltee y me quitaron el sombrero. “¡Que hijos de futa!”, pensé. En mi niñez, estaba bella tierra pesquera se caracterizaba por la paz y falta de maldad. Que idiota yo, para pensar que los tiempos no cambian. Entonces, sentí un beso en la mejilla. 
-¡Guao! ¿De verdad estas ciego?- Escuche esa voz, que odiaría semanas después-  ¿Estas con tus padres?
-¿Quién eres?- Interrogue, no reconocía su voz. ¿Una amiga?, ¿Conocida? , ¿Una prima, tía o familiar?
-¿De verdad no me ves?- Su tono ahora era burlón. Típico limeño, palomilla, el muy vivo. – ¿Qué te paso, Santos? – Me pregunto, ahora parecía sentir pena. Me repugna la compasión. Irónicamente estaba condenado a ella. ¿Por qué mejor no ser sordo? Eso sería más útil.
-¿Quién eres?
-No te diré.   
-¿Por qué? 
-No me caes. 
-¿Eso que tiene que ver?- Cuestione, ella era una idiota. 
Luego de varios minutos de una conversación, con tanto sentido como comer excremento porque parece chocolate y beber orine porque parece limonada. Me devolvió mis cosas, me sorprendió que nadie me ayudara, pues siempre que me iba caer o me iba matar una moto, la pena que producía me salvaba. 
Más tarde ese mismo día, cuando el restaurante se convertía en cantina y los pescadores en compadres de copas.  Regresaba a casa, luego de comprar algunas cosas para subsistir, mi fatídico encuentro con Lunática, horas antes, me había dejado pensando en las cosas que había dejado atrás en esos 4 meses en los que escape.  
-Hola, vecinito. 
Suspire ya reconocía su voz, pero como la idiota que me jodia en la tarde y no como esa persona que me conocía y para mi mala suerte, resultaba ser mi vecina de verano. 
-¿Qué quieres?
-¿Por qué te quedaste ciego?- Pregunto- Recuerdo que veías mucho porno, ¿Te cayo un chorro de leche en los ojos? Pues, quiero chocolate. 
-¡Que mierda tienes!- Grite. 
- Hambre. Dame chocolate. 
Esa noche después de mandarla a la mierda por quinta vez, me eche a dormir cansando. Mi lado machista salía a flote mientras renegaba, “La mente femenina es un fastidio”, pensaba cerrando los ojos. Recordé peleas con mi madre, que alimentaban mi fastidio. “Demasiados estúpidas para tener uso de razón”, a veces yo mismo sentía asco de ese lado de mí. Pero, todo se resumía a una sola palabra. “Kelly”, pensé. “No estoy lista, lo lamento”, recordé sus palabras. 
Entre odio y machismo puro, descanse tranquilamente. Mi parte favorita del día era dormir, cuando dormía podía ver, cuando dormía no odiaba, cuando dormía era varias personas, cuando dormía me sentía Dios, cuando dormía no sentía sed ni hambre, cuando dormía era un héroe, cuando dormida era el hijo perfecto, cuando dormía creía en la paz mundial y sobre todo cuando dormida no la recordaba.   
-La mar estaba serena, serena estaba la mar. 
“¿Qué mierda?”, pensé. ¿Eran las 5 de la madruga? ¿Las 4, tal vez? Esa voz era de ella. ¿Qué clase de loca cantaba en la madrugada? ¿No sabía que Dios perdona el pecado pero, no interrumpir el sueño ajeno? 
Desde entonces, me di cuenta que mi vida pacifica sería un infierno al menos hasta que terminara el verano. Esa loca sería un dolor de cabeza. Pero, no estaba loca. Loca era sinónimo de atrevida hoy en día, ella era una lunática. Y lo peor fue, que le gustaba que le dijera así. Lunática. 
-¡Santos, vamos a la playa!- Esos gritos me sacaban de mis pensamientos y acaban con mi paciencia. ¡Carajo era ciego, no sordo! - ¡Yuhu! – Estaba seguro que estaba moviendo sus manos frente mío o haciéndome caras idiotas- ¡Hay alguien ahí!- Grito en mi oído, no estaba al frente la estúpida. 
-¡Cállate! – Grite. 
-Sobrino, no le grite a su novia. – Escuche al tío Grau- A las mujeres se les respeta.
-¡Futa madre!- Grite. 
¡Ni a mi abuelita le aguantaba que me gritara! Y eso que era graciosa escucharla renegar.  “Futa madre Santos, cuantas futas veces te he dicho que laves tu plato después de comer”, recordé con una sonrisa. Jodida vieja hizo mi infancia divertida. Mi madre había prohibido las malas palabras en casa y a mi abuela le encantaban las lisuras.  Y por joder cambiaba la letra P, por la F. Mi madre renegaba el doble y yo tenía un buen recuerdo. 
-¿También pronuncias mal como tu abuelita?- Me pregunto.
-¿Tu como sabes eso?- Cuestione. -¿Carolina?- Pensé en mi prima.  
-Tío Grau, yo pago hoy- Me ignoro, ¡Que hija de futa!
Era un estúpido juego a mi parecer, ella se negaba a decirme quien era. Tal vez le gustaba que adivinara o simplemente me conocía y me veía la cara de cojudo por eso. Pasaron dos meses para que me arrepintiera lo que hice con mi vida. Deje todo de manera muy estúpida y ahora pagaba los platos rotos. Sabía que llegaría el día que enfrentaría la realidad, pero era estúpidamente injusto que se mudara una conocida mía al lado de mi casa.
Ella pago el desayuno. A pesar de estar invalidado, tenía una buena cantidad de dinero y sobreviviría al menos año y medio, me convenía la caridad de vez en cuando. 
-¿Vamos a la playa?- Pregunto. 
-Planeo dormir todo el día. 
 -Pff.- Suspiro- Al menos déjame acompañarte estoy sola aquí. Prometo no molestarte en 24 horas. Y no cantare mañana temprano. 
-Bueno. 
Era una tentadora propuesta.
Los días que pase con ella, desde su llegada. Mi vida parecía una tortura, todo lo que ella era representaba todas las cosas que he perdido. Él tío Grau me dijo que era pequeña, con eso descartaba la ilusión de que una rubia sexy me acosara. La señora Verónica, la vendedora de chucherías, me comento que su cabello era negro con decoloraciones blancas, cuando la acompañe a hacerse una trenza de hilos de colores. 
Un par de veces me ayudo a cruzar, sentí su piel suave, una extraña electricidad recorrió mi cuerpo. Sentía una extraña familiaridad. ¿Una prima? , ¿Una ex? Definitivamente no era, la que se hacía llamar mi futura esposa. 
Sentía la arena húmeda bajo mis pies de Naplo, la playa, que se hundían al ser tapadas por el mar salado. Se escuchaba el bullicio de niños jugueteando en el agua. El calor era insoportable. Lunática tomaba mi brazo, mientras caminábamos por la orilla.  ¿Qué hora serian?, el sol ardía con fuerza. Tal vez el medio día, solo así calculaba la hora. Cuando frio atacaba era el anochecer, cuando el sol quemaba medio día y cuando la idiota cantaba era de madrugada. 
-Alquilare una sombrilla. 
-¿De la universidad?- Pregunte. 
-Deja eso. Soy tu amiga nada más.
-¿Quieres mi dinero?- Cuestione- No me explico que una loca se interese tanto en un ciego. Sin ningún interés de por medio. 
Sentí un golpe en estómago. “Tenía mucha fuerza la maldita, realmente me había dolido.”, pensé mientras me tomaba por los hombros presionando fuerte.  
-¡Deja de joder!- Reclamo- ¡Parece que solo quieras sacarme de quicio Santos!
“Una cucharada de su propia medicina”, pensé sin evitar sonreír. “¿Galia?”, recordé a una novia de la secundaria, que tenía esos mismos ataques de ira. La recordaba con fastidio, siempre era muy tosca, nada femenina, aniñada y minada. Cada semana a su lado era un martirio.  
-Está bien… - Me resigne.- ¿Galia? – Debía estar seguro. 
-No. – Su voz parecía sombría, no tan chillona como de costumbre. – Me gusta Lunática, es la primera vez que me ponen un apodo que me gusta.  
Pasaron horas de un silencio incomodo, en los que solo cuidaba sus cosas. La brisa marina era refrescante; sin embargo, escuchar los chillidos de limeñitos, que se emocionaban como parvada de palomas por migajas de pan, en la arenas acaban con mi paciencia. “Que rico ver culos bajo sol”, “Me quiero broncear”, “Amá me queme”, entre otros chillidos acaban con mi poca paciencia. 
Ella regresaba húmeda, podía sentir las gotas de mar cayendo sobre mi cabeza. Su pareo estaba colgando sobre la sombrilla donde estaba. No sabía que usaba y mucho menos si realmente era ella. 
-¿No te quieres mojar?
-No.
-¡Vamos!- Insistió, ya me había hecho a la idea de perder siempre contra ella. - ¡Te comprare un helado!
-¿Me has visto cara de mocoso?- Pregunte fastidiado- Para creer que me compraras con un helado. 
-Sera de fresa, sé que es tu favorito. 
-No se puede contigo. 
Me saque el polo y deje el sombrero. Deje también el palito de ciego, ella me tomo del hombro.
-Mmmmm- Voltee a observarla, como si pudiera hacerlo. – Estoy para el otro lado. 
-Ya me tienes cojudo con eso. 
-Esa actitud de patán te quita todo el encanto. 
La acompañe a la orilla. La orilla jalaba con fuerza, las olas parecían ser fuertes. En mis meses viviendo aquí, ni una sola vez vine a la playa. Con el tiempo aprendí a querer y amar el silencio.
-Sumérgete, yo te agarro.  
Los minutos pasaron. Entonces todo se volvió más oscuro. 
Siempre de mocoso subestime al mar, entre más tiempo pasaba las olas eran más fuerte. Tal vez era hora de marea alta. Por un instante creí ver una gran ola. Luego todo era oscuro y mojado. Lo primero que sentí fue el cuerpo de Lunática bajo mis pies revolcándose, luego muchas piedras, raspaban mi pecho y dolía la sal de mar. 
Fueron 4 tal vez 5 las vueltas que nos dieron. Nunca fui bueno nadando, mi estilo de muertito pronto sería una realidad. El agua seguía agitada, me preguntaba como estaría ella. Tal vez sería una buena oportunidad para acabar con mi martirio. Irónico que me arruinara la vida con fuego y la terminara en agua. Suspire mi poco oxígeno, aun no tenía piso pero la corriente se había calmado. 
-¡Santos! ¡Santos!
Escuche los gritos. Justo cuando pensé que me había librado de ella. 
-¡Santos!
Su voz chillona parecía quebrarse como las olas que encontraban el fin explotando en la orilla. Si pudiera ver su rostro de seguro me burlaría. Me levante divertido. Ya me había rendido muy fácil con anterioridad. Saque mi cabeza fuera del agua. 
-Carajo- Me dije- ¿Para dónde nado?- Desventajas de la ceguera. 
-¡Santos!- Una mano me cogió del brazo- ¡Eso es mar a dentro idiota!
-Casi me matas- Dije intentando sacar el agua de mis oídos. No quería perder otro sentido.- Al menos por eso deja los chistes de ciegos. 
-¡Idiota!- Me golpeo de nuevo pero, confirme que no era Galia. Ella hubiera estado llorando en una situación así.- Me preocupaste. 




- Me debes un helado. – La ignore. – Ahora sácame de aquí. 
Ella me tomo del brazo y me ayudo a salir. No volvió hablar en el resto del día. Gracias al cielo, parecería sentirse culpable. 
Más tarde ese día. Andaba solo por el malecón de Pucusana, maldiciendo el olvidarme que el sol quemaba y ahora me ardía el jodido cuerpo. El sonido de las olas y la brisa marina nocturna, eran placer para mi oído y tacto. Amaba la paz nocturna de este lugar. 
Lunática me había dejado hace unas horas. Mi paz volvía y a la vez esfumaba por un estruendo. “¿Truenos en Pucusana? Imposible”, me dije internamente siendo ese extraño sonido. Ya había recorrido esas calles infinitamente cuando niño, y memorice la cantidad de pasos antes de quemarme la vista. Subí por aquella minimontaña. Era el Malecón del Boquerón… 





-La boca del diablo. 
-¿Desde cuanto estas aquí?- Pregunte, era ella. Su voz era inconfundible.
-¿Lo puedes ver?- Evadió la pregunta con otra, su voz era seria, no estaba bromeando- Abre los ojos.  
Me sentí idiota.
La formación rocosa masticaba y escupía agua, el cielo era un rojo escarlata. La realidad se distorsionaba o me había vuelto completamente loco. Pero veía llamaradas en el cielo, gente oscura. 
-¿Vendrías a Lima conmigo? 


domingo, 17 de abril de 2016

Saana - Capitulo 11

Demonios y ángeles de noche. 

-¿De qué hablas?- Pregunto algo temerosa de que su pesadilla no hubiera terminado aún. 
-Olvídalo – Él se dejó llevar por el momento, ella no era consciente de que lo que iniciaba esa noche. 
-Prométeme que no me dejaras sola de nuevo-Pidió Saana sin soltar a Sebastián- Nunca más... por más que no pueda verte o reconocerte, no me dejes. 
-Nunca lo hice…-Respondió Sebastián observando como Diego se iba. “Según la historia del payaso que enseña literatura, la noche de estrellas marca el inicio del juego”, pensó. – Estoy en una película – Sonrió para sí mismo, ignorando su compañía. 
-¿Tu eres ese raro payaso?-Pregunto Saana sin darle la cara ya que del llanto se le había corrido el maquillaje. – Estoy horrenda. – Lloriqueó aún más, el no puedo evitar sonreír. 
-Me ofende la pregunta…-Respondió Sebastián siguiéndole el abrazo, una vez que Diego se había marchado. -¿Cómo que patán? 
-Bueno…- Tartamudeo, recordando ese beso. 
Casi toda la escuela observaba a la pareja al medio de la pista. Abrazados, sin darse cuenta no les sorprendía y a que los habían visto antes estaban recordando los hechos con la anterior Saana y Sebastián, la lógica se perdía en la luz con oscuridad. “Que suerte tiene Gonzales”, pensaban algunos admiradores de la chica de 4to. “Él fue el maldito que me mando esa nota”, reacciona Karen, notando que ella no tendría los pantalones de enfrentarla. -Pero, hay algo más importante… 
“Parece que se reconciliaron; sin embargo, algo está mal y descubriré que es.”, pensó José al ver a Rosa y al resto de sus amigos hablar de Saana y Sebastián como si no pasara absolutamente nada. Ella fue al baño a arreglarse mientras, Sebastián observaba las estrellas caer. 
-Hermoso ¿no crees?-Pregunto Richard observando junto a él.- No suelen verse casi nunca en Perúsalen. 
-Si...-Respondió muy frio Sebastián. 
-Se supone que el juego de los demonios, ya empezó-Bromeo. 
Poco tiempo después, la fiesta ya había concluido, todos regresaban a sus casas cansados de una gran noche, maquillajes corridos, cuerpos sudosos, risas y un novio esperando a su novia al final. Saana observó a Marco esperándola afuera de la escuela. 
-Tu novio te espera-Dijo Sebastián soltándola ya que la tenía de la mano. La situación se tornó incomoda. Lo ellos no era más que un sueño. 
-Sí, gracias me divertí mucho contigo hoy…-Respondió como si nada hubiera sucedido. Fue junto a Marco con una presión en el corazón y Sebastián siguió con su camino.   
“¿El sol salía de noche?”, eso era lo pensaba José, en aquella oscuridad iluminada. Había dejado a Valeria en su casa, algo lejos de la suya.  “¿Por qué tan serio?”, nuevamente esa voz que lo judía en el colegio. Se detuvo en medio de la calle, con escasos postes de alumbrado que empezaban a fallar. 
-¿Qué haces, Mar?-Pregunto al ver a su hermana con un extraño traje blanco. Margiory, su hermana, solo sonrío al observar a su hermano completamente solo, abrazado por la noche. Las luces se habían terminado. -¿Mar?-Pregunto, caminado junto a ella, ya no podía ver con claridad. 
-Es una larga historia que te contare después….
-¿Mis papás te mandaron a buscarme? –Dijo José cogiéndola-“Te lo contare después”, esa voz en su cabeza era ella. Sus piernas palpitaron cual Japón en un día común de temblor. 
 -Resulta que soy la reencarnación de una demonio y debo tomar tu vida para participar en la elección de la muerte. 
Se encontraba en su habitación observando el techo. Ansioso, agitado incluso, nervioso. De pronto las luces se apagaron. Había llegado el momento, Diego se levantó de su cama iluminando con su celular. 
-Demoraste mucho Gabi… 
-Empecemos…-Respondió, al observando como este se preparaba.  
Los demonios empezaban sus apuestas, los ángeles bebían alcohol. El espectáculo comenzaba, diez eran los elegidos, cinco eran los ángeles y demonios que los atacaban, dos eran los que no estaban interesados y uno era el que realmente quería participar y ser la muerte. 


-Gracias por traerme-Dijo Saana, reconociendo a su novio quien la había dejado en su casa. 
-De nada...-Respondió sonriendo acercándose a ella.  
-Saana, esta no son horas de llegar –Dijo Micaela, su profesora, acercándose con un extraño traje blanco. Saana sonrió, no quería besarlo. 
-Micaela Sensei…. ¿Qué hace aquí? 
“Sigo siendo el otro”, reconoció, Sebastián de camino a su casa. “Si yo tuviera esa oportunidad”, pensó, una sonrisa se dibujaba en su rostro.- Yo sería la muerte.   
-¿Es una hermosa noche no crees?-Pregunto Demetri acercándose a él. 
-Que con ese atuendo-Dijo Sebastián riéndose de la vestimenta de Demetri- Ahora eres cosplay, arrancar. 
-Siempre tan elocuente… ¿Quieres ser la muerte?-Pregunto Demetri riendo también.- Ya volvió tu chica, no entiendo para que desearías tomar su lugar en esta maldición. 
-La verdad me tiene sin cuidado… decidí no involucrarme más-Respondió  empezando a desconfiar de medico mental.- Creo que esa maldición me caería mejor. 
-No sabes lo que quieres. Esa chica de verdad te arrebato todo. Metas, sueños, creencias.-Concluyo Demetri cortando el pase. 
-¿Qué crees que haces?-Dijo molesto, los postres de alumbrado dejaron de dar luz y un manto oscuro lo cubrió.- No me jodas. 
-Sebastián, sabes que soy un demonio –Dijo imponiéndose, él no podía verlo. – Y debo de matarte para poder convertirme en la muerte.
-Esto debe ser una broma…- Dijo Sebastián tomando distancia de Demetri, todo estaba oscuro.-Me siento traicionado.  
-Tienes un talento del ángel de la muerte. Uno muy peculiar y cuando te asesine será mío.  – Demetri lucia confiando, le lanzo algo antes de empezar.- Tu talento esta aferrado a ese objeto, lastimosamente no lo puedo usar hasta que acabe contigo. 
-¿Cómo demonios?….. Has estado en mi casa...-Dijo Sebastián preocupado, cogiendo su Benihime, era la katana que había comprado en arenales cuando conoció a Saana. – Yo, desde ese momento… 
-Le tienes un cariño especial, por eso se manifestó ahí. La espada que le devolvió la sonrisa a tu vida.  
Saana estaba aún confundida, “Tu dios quiere que seas la muerte”, recordó a Sebastián hace unos momentos. Su pesadilla no había terminado, su maestra, había declarado abiertamente ser una ángel y que iba asesinarla, por un poder que ella desconocía.    
-Este rosario es el que te dejo tu madre antes de morir. El mismo que llevabas puesto antes de tu atropello -Dijo Micaela  sacando la ringlera – Activaste el rosario, cuando el auto se aproximaba tus sentidos entraron en hipnosis y solo aplique una ilusión, tu creíste vivir todo y los que estuvieron bajo sus efectos creyeron vivirlo, pero solo engañe sus sentidos. Esos recuerdos con tu nuevo noviecito son falsos.  
-¿Cómo? Pero, pero… 
-No soy cualquier ángel, yo soy el de la muerte.- Saana temblaba ante tales declaraciones.-  Mi lugar se está jugando entre mocosos, por eso debo matarte mi querida Saana.  
La noche transcurrió muy lenta los minutos parecían horas, las horas no eran horas solo falacias de una mente en apuros y desesperada en tinieblas. Sebastián, intentaba esquivar cualquier golpe o corte que viniera. No podía ver, le resultaba demasiado difícil.  
-¿Por qué esto?-Pregunto Sebastián esquivando, ya tenía corte en el terno, que era rentado. Demetri no le respondía solo golpeaba. Alababa el hecho que sus sentidos eran muy agiles, que le permitían esquivar pero, no lo suficientes para responder. 
-Resultaste más inútil de lo que pensé-Dijo Demetri al observarlo cerrar los ojos. Sebastián trataba aun de analizar su situación, no sabía cómo usar ese talento que se le había encargado. Logro desenvainar la katana pero al primer estruendo entre ella y la navaja del psiquiatra vio algo, una extraña imagen de un niño viéndolo. 
-Jajaja… 
Durante ese transcurso pensó, “Tan solo quisiera dormir”, sonrió, mientras su arma caía con el suelo y el punzocortante de su guía lo atravesaba. Un pequeño hilo de sangre baja desde su boca. 
-Definitivamente lo abandonaría todo por solo dormir. 
-Felicidades….-Dijo Demetri observando la imagen desvanecerse. Las luces volvieron, como un fallo técnico cualquiera. Detrás de él se encontraba Sebastián observando su cuerpo. “Casi me matas y me brindas la mano…..es increíble este poder, en el instante que cruzamos, mirada él seguía atacando por más que estaba en otro lado, engañe sus ojos .Pero él pudo sentirlo”, pensó Sebastián dándole la mano a Demetri- Mi talento son la ilusiones. ¿No? 
.
-Felicidades José, no me sorprende que pasaras –Dijo Mar ofreciéndole la mano a su hermano. El menor tenia múltiples heridas, su mirada rencorosa hacia reír a su hermana. 
-Tienes mucho que explicarme- Respondió José molesto sin responderle el saludo de mano. 
Su hermana solo le sonrío. El retozo apenas empezaba y lo peor ya se acercaba y finalmente la última pelea de la noche termino, todo volvia a rumbo normal.  
-Saana, felicidades-Dijo sonriéndole. 
-Sigo sin entender lo que realmente pasa sensei- Respondió Saana deprimida y algo ensangrentada- Pero, ¿Qué es esto? 
.
-Escóndete detrás de una máscara –Dijo raramente sincronizado con los otros deidades.  
-Tu identidad es lo más importante de este juego….-Agrego Gabi. 
-Dentro de 10 días se juntaran los adoloridos para dar inicio. A la media noche yo te llevare al lugar estate lista tu vida apenas inicia –Dijo finalmente Demetri, mientras Sebastián le prestaba atención. Todos separados, pero unidos por una causa. Una nueva muerte. 
-Esto ha dado un giro inesperado- Dijo Sebastián regresando a su casa-Saana no es mi problema. 
El miedo en algunos surgía como en Saana, en otro eran ansias como Diego y finalmente confusión como la de Sebastián y José. 
Una dura semana de exámenes en la escuela hizo pasar el tiempo volando, como una leve briza de viento marino, los exámenes terminaban y los 10 días se cumplirían dentro de unas horas. Eran aproximadamente las 11 p. m. en los que los elegidos se preparaban. Demetri estaba en casa de Sebastián, mientras sus padres dormían, él se alistaba para el momento. Saana acaba de salir de una larga ducha, había estado pensando en todo lo que pasaba con su vida. 
-¿Estas lista?-Pregunto Micaela echada en la cama de Saana. Sus padres también dormían. 
-¿Si, como me veo?- Aun estaba con el cabello mojado.  
-Muy bien, ¿Esa mascara no es la de que él te regalo?-Pregunto Micaela observando a Saana con un traje negro estilo samurái con su ,la katana que compro en arenales esa vez, en su espalda. La máscara hollow en sus manos y finalmente el rosario en su pecho. 
-Sí, ¿Ya nos vamos?- Saana estaba preocupada. 
-Si ya son 11:30, debemos llegar primeras- Alegó Micaela levantándose. 
-¿Primeras?-Cuestiono saliendo junto a ella. 
-Sí, es que yo el anterior ángel…-Respondió rápido , mientras se marchaban- Por eso pude, darte una media vida falsa cuando tuviste el accidente. 
-Entiendo- Respondió -¿Él estará, el chico que ataco a mi otra yo? 
-Si… 
-¿Tendremos que matarnos? 
- No es necesario, solo admitir la derrota – Rascando tiernamente su cabeza, la miro con cierta pena. Su pesadilla apenas empezaba.
-¿Ya terminaste Diego?-Preguntaba Gabi muy aburrida “Ni una mujer se demora tanto arreglándose”, pensó mientras revisaba la habitación de su electo. Grande, espaciosa, con distintos instrumentos musicales- ¿Eras músico?   
-Si…-Respondió saliendo del baño ya cambiado con un terno oscuro con camisa blanca y corbata negra, la cara pintada al estilo Manson y su pelo completamente lacio ya que, este era crespo. – Soy una banda anChalo, toco de todo. Hoy empieza mi réquiem de la muerte. 
José, salía en ese mismo instante junto a su hermana. Ambos vestidos de fiesta. Era domingo pero, convenientemente era el cumpleaños de una de las amigas de su hermana. Sin duda la excusa perfecta.  
-Mamá, saldremos regresaremos un poco tarde –Indico Margiory antes de salir con José.
-Cuida a tu hermano y no vuelvan muy tarde –Respondió la señora. 
-¿Estás listo? –Pregunto Mar observando a su hermano aun molesto con ella. 
-Si… -Manifestó colocándose una máscara de Anonymous y poniéndose su capucha, José iba más tranquilo con un jean, un polo negro y una polera y en la espalda su Kurikara, el regalo de cumpleaños de su hermana. 
.
Eran las un cuarto para las 12  a. m. faltaba poco para el primer encuentro de los nominados por los talentos; sin embargo, en la casa de Sebastián. 
-¡Ni una mujer se demora tanto en el baño!-Grito Demetri algo desesperado, iba casi una hora en el baño- ¡Te puedes apurar!
-Que fastidioso eres… ¿Más vale tarde que nunca, no?-Respondió Sebastián abotonándose una camisa morada.  
-No tienes que ir tan estilizado- Dijo Demetri al observa que Sebastián se observaba en el espejo para peinarse- En el tiempo que te conozco no pensé que usaras peine-Comento.  
-Se supone que Saana estará hay así que no debe reconocerme y si me pongo la máscara del joker será más que obvio -Dijo Sebastián peinándose todo el cabello hacia atrás.  - Jaja, ¿Aterrador?- Pregunto Sebastián cogiendo a su benihime.  
-Te pareces a Diego -Respondió Demetri. 
-Si quiero ganar debo ser peor. El fin justifica los medios. 
Llego la media noche en un prado, el Parque de la Exposición, exactamente en el medio de este se juntaban los deidades y seleccionados para el nuevo juego, la nueva pesadilla, el fin de una era.  
“Todos han tapado sus rostros. Esto es muy aterrador”, pensaba Saana sin separarse de Micaela. Habían unas cuantas personas, los que vestían de blanco eran los ángeles o demonios que acompañaban a los que serían la muerte. 
“¿Un cosplay de Ichigo? Esa debe ser Saana eso explica mucho….”, pensó  José observando a los otros 8 elegidos “Si Saana está aquí, ¿Tal vez Sebastián?”, durante la semana había hablado con su hermana de lo que pasaba con Saana. Efectivamente Margiory le explicó lo que pasaba con la chica muerta y su otra vida, entonces, entendió que Saana también era una de las selectas. 
-¡Cuanto más vamos a esperar!- Reprocho un tipo con un pasamontañas. Tenía un machete de carnicero, un traje overol roto, botas manchadas con tempera roja. 
-Disculpen la demora – Dijo Demetri acercándose junto a Sebastián  
-Lo mejor llega al final ¿No? –Comento Sebastián al observarlos. Se encontraba con la máscara que le regalo Diego, una camisa morada, pantalón de vestir y la katana.  
 .
-Que chico tan vanidoso, juju –Comento la chica de su costado, su cabello blanco se balanceaba en la brisa de la noche. Su traje era una lila suave, con toques rojisos y se cubría la cara con una máscara de teatro. – Esto parece Halloween. 
-¿Nos hemos visto antes?- Pregunto. 
-No te lo dirá- Ella frunció el ceño.
Pasaron unos minutos, mientras todo se acomodaba observando al medio a las deidades. Se veían entre ellos, horrendos, escalofriantes e incluso divertidos. Ellos serían enemigos hasta que solo uno quedara. 
-Ya todo está consumado….ustedes 10 están condenados a este juego macabro, solo uno ganara y se convertirá en el recolector de almas por los próximos 100 años...-Explicaba Micaela-  Los otros si tienen suerte sobrevivirán. 
-¿Cuál es el objetivo?- Pregunta una voz femenina a través de una máscara gato negro, toda cubierta con una capucha y un pantalón viejo. 
-Cada talento es un poder del ángel de la muerte, obtén los 10 y ganaras… no importa el método con tal de conseguir los talentos – Contesto Demetri. 
-Y si nos  reusamos –Dijo José en un tono muy fuerte. Con una polera azul y una máscara de venganza  -¿Por qué debemos hacerlo? 
-El recolector de almas es indispensable, ustedes sentirán la necesidad de él en cierto momento. – Respondió Margiory.- Es su destino.  
-Bueno, si no es así no sería divertido –Dijo Sebastián sonriendo mientras el observaba con intriga. “¿Cómo es que puede ver divertido algo así?”, se preguntaba una chica con un antifaz, vestida completamente de negro y encapuchada también. Todos parecían jóvenes, fue lo que llamaba la atención.  
-Apresúrense antes que sea tarde…. Nosotros lo deidades los apoyaremos en sus dudas pero no interferiremos en el juego-Dijo uno de los otros deidades. 
-¿Cómo es que ustedes están metidos en esto?-Pregunto José 
-Nosotros ya participamos antes….- Respondieron todos a una sola voz. -Eso quiere decir…-No pudo completar Saana impresionada.  
-Asesinar es de mal gusto. Yo me encargare que sientan el verdadero terror.- Dijo Sebastián observando detenidamente a Diego quien también lo observaba.  
-La travesura ha empezado- Proclamaron las deidades.
Todos sintieron un escalofrió sus vidas cambiarían radicalmente pero, un demonio no aguanto su ira lanzándose contra un payaso no paraba de reír, en un instante lo atravesó con esgrima, un chorro de sangre salió del estómago de Sebastián. Saana grito inconscientemente, todos se habían quedado estupefactos. 
-Es exceso de confianza es malo –Dijo Diego burlándose del atravesado, entonces, noto que la sus manos estaban manchadas de sangre pero, no la sentía. Su arma estaba incrustada en su cuerpo, pero no salía como si fuera un árbol. 
-Vaya, vaya eso pudo ser muy doloroso –Dijo Sebastián colocándole su Benihime en el cuello a Diego, abrazándolo por la espalda con la hoja en su cuello. Nunca estuvo presente realmente. –Debiste notarlo al atravesarme  tan fácil… solo era aire. 
-Antes que sigan intentando matarse, preséntense-Exigió Micaela al observar la escena. 
- Chalo – Dijo Diego, luego que Sebastián lo dejara libre. Él solo quería avergonzarlo. 
-Soy Alem- Dijo José acercándose a Mar.
-Luna…..-Dijo una chica con un traje de pelea chino y una máscara blanca y celeste en forma de rostro mientras se acercaba a su deidad, estaba al lado de Sebastián, quien se sacó la máscara y dejo ver su rostro pintado como ese payaso excéntrico que presentaba.

  
-Soy…- Dijo Saana ,“Nadie me dijo que tendría que presentarme”, pensó nerviosa.  
-¿Impostora suena bien?- Comento Chalo, Diego, sonriéndole. Ambos ya se conocían. 
-Soy Xena – Respondió Saana, recordando una antigua seria de televisión, “La princesa guerrera”, sonrió tras la máscara e ignoro a Chalo, era la persona con la que menos quería chocar.
-Me pueden llamarme incognito –Dijo el tipo alto con un pasamontañas negro que solo dejaban ver sus ojos.
-Puede referirse a mí como Joshi- Sonrió la chica del antifaz, era la que menos cubría su rostro. 
-Jade…-Dijo una chica que apenas llevaba un velo, sus ojos eran del color de su seudónimo.
-Soy Cat- Dijo la chica de la máscara felina.  
-Miau… me gustan los gatos -Bromeo Sebastián – Soy el payaso, si gustan Joker si es más fácil de recordar –Se presentó yendo junto a Demetri que no pudo evitar reír, era otra persona. 
-Bueno lo mejor para el final… soy Tobi- Dijo un chico con la máscara naranja de Obito Uchiha y fue al lado del Juez Antonio. 
-Todo esta listo... La próxima vez que se vean serán enemigos… solo uno ganara. 



viernes, 8 de abril de 2016

Ojeras

Este cuento participo y fracaso en los Juegos Florales 2015-2 de la Universidad Privada del Norte bajo el seudónimo de Saana. 

Desesperada, ajustando y casimuriendo.
¡Maldita vejiga! , me maldije mientras a duras penas me acercaba a aquella taza, que en estas circunstancias era un trono. Un bello trono mojado para una reina que se orinaba y se encontraba a una hora de casa.   
-Ag.
El trono estaba pegajoso y sucio pero, la necesidad vence el asco, así como el hambre al engreimiento, así como un culo al amor y una vagina a un hombre comprometido.
Como una pequeña cascada, mis piernas dejaron de temblar.
Pero, mi vida se empezaba arruinar y en mi descuido subestime al destino, el verdadero Dios o simplemente la mala fortuna.
Me encontraba esperando mi turno en aquel castillo de la bruja mala. Asustada, preocupada y decepcionada de mi misma. Los minutos pasaban y el jodido tic tac del reloj me daba dolor de cabeza.  Me dirigí hacia el baño a lavarme un poco la cara, no podía quedarme quieta sentía que cada segundo en este lugar me convertía a mí en la mala del cuento de hadas.
Me lave el rostro y al secarlo pude ver que ya no tenía ojos, solo agujeros negros en su lugar. Una sonrisa triste adorno mi rostro.
-¡Señorita Sotomayor, es su turno!
La bruja mala me esperaba.
A veces siento que deseo quedarme profundamente dormida y no despertar hasta que llegue un príncipe galopando en un caballo blanco con una brillante armadura a despertarme con beso de amor verdadero, casarme y vivir felices por siempre. Pero, luego recuerdo que ese príncipe antes de besarme me violaría y hasta haría a su caballo cogerme porque todos están enfermos de sexo.
El camino del corredor es demasiado largo, no había demorado tanto en llegar. Es que realmente no quería ir y mis pasos eran más lentos.
Recuerdo que mis padres se divorciaron cuando apenas tenía 9 años y que el felices por siempre solo es momentáneo para el hijo, ya que en pleno divorcio es llenado de regalos y paseos en una competencia casi de campaña electoral por el cariño. Nuevamente sonreía tristemente mientras la enfermera me recibía y me llevaba hacia la torre donde me encerrarían durante los próximos 45 minutos.
Tuve que desvestirme por completo y colocarme una bata a modo de armadura de batalla. Yo debía ser mi propia heroína en este enfrentamiento. Un hechizo de la bruja malvada que vestía de blanco y no tenía una verruga en la nariz pero si muchas pecas, me puso a dormir en cuestión de segundos. Cuando despertara todo pasaría. Todo estaría bien, yo habría ganado la batalla. El valiente caballero Jazmin  rescataría a la princesa Jazmin.
-¿Qué hora es?- Me pregunte en un murmullo, me dolía la cabeza.  
Entre sudor, sabanas y olores desagradables como a pescado putrefacto recupero la noción del tiempo y me levanto. Veo dos cuerpos extraños al mío en mi cama y desnudos. Cierto ayer estábamos haciendo la tarea de biología con Steven y Jhonathan. “Sí, que hicimos bien la tarea”, me digo a mi misma.  Observo el lugar buscando mi trusa y el resto de mi ropa. Noto los condones usados y me siento aliviada, el éxtasis no me jodio la vida, no de la manera que no quiero.



Cuando cumplí 18 años mi papá me regalo un departamento cerca de la universidad, mi mamá no se quiso quedar atrás y me regalo un automóvil. Siempre pensé que mis padres podían ser narcos, luego note que los abogados eran casi lo mismo.
Tenía un extraño dolor de cabeza, además de recuerdos borrosos de una horrible pesadilla. ¿Yo ,embarazada? Ni de mierda. Cogí mi ropa y comencé a vestirme, debía avanzar la tarea de verdad y ese par de holgazanes solo se levantarían a pedir su desayuno, del cual yo también tenía ganas pero las responsabilidades eran primero. Estudiaba obstetricia desde hace un año.
Perdí la virginidad a los 15 años, recuerdo que ese enamorado era un animal, no la perdí de forma bonita. Me dolía como mierda, las piernas me temblaban sentía que me partían en dos y el retrasado solo se dedicaba a gritar y a preguntar si me gustaba como me daba; sin embargo el tipo me hizo un gran favor quitándomela. Nunca me considere una mujer promiscua y mucho menos una zorra cualquiera, solo disfruto de mi vida.
Desde que el sexo se hizo más fácil de encontrar, el amor se convirtió en lo realmente difícil. Acompañado de vodka y éxtasis recuerdo mi primera fiesta en la universidad, nunca me había acostado con alguien solo por placer y no sabía de todo lo que me perdía. Solo así pude comprender porque mi papá engañaba a mi madre y como porque cuando se separaron mamá no tardo en conseguirse otro. El matrimonio y el amor puro solo eran patrañas para obtener la exclusividad sexual de alguien. Solo para satisfacer el ego de una persona posesiva, que desee alardear como lo mueve su pareja y que solo es de él.
Siento un aliento en mi nuca mientras transcribía el informe. Sonrió coqueta, es hora del desayuno.
-¿Qué haces preciosa?
-La tarea. – Respondí.
-Tengo un trabajo especial para ti, mi putita.
Me excitaba la vulgaridad de los tipos que me cogía. Las envidiosas puritanas me llamaban la griega, la que solo busca sexo, alcohol y drogas, solo porque era más deseada que ellas. Jhonathan me levanto de la silla y comenzó a agarrarme el culo, me tomo de cintura y antes que pudiera reaccionar ya había perdido la conciencia. No demoro mucho en que Steven nos escuchara y se uniera también.
-¿Tomando desayuno sin mí? Así no es Jaz.
Mientras me cogía a Jhonathan fui contra Steven, felizmente ya se encontraba desnudo. Ellos se comenzaron a reír de cómo nos encontrábamos. Entonces me vi al espejo con una pija en la boca y otra en el culo. Mi excitación desapareció al ver que en vez de ojos solo tenía dos oscuros agujeros negros. Grite y todo se volvió oscuro de pronto. Tenía miedo.
Cuando recupere la conciencia sentí un dolor horrible en mi entrepierna, estaba cansada. Por un instante sentí que nada fuera real, nuevamente me sentía sola como cuando mis padres se separaron, ni siquiera la bruja malvada y su malévola asistente estaban. Fui agarrándome de las paredes hasta llegar al baño nuevamente. El sueño que temí no era un sueño y realmente estaba embarazada.
Entonces me vi en el espejo del baño, irónicamente un inodoro era su padre. Unas cuantas lágrimas cayeron por debajo de mis grandes ojeras, no dormía bien desde que tome mi decisión. Se dice que los ojos son el reflejo del alma. Yo ya no tenía alma.

- Pequeña Diana, lo siento. 

viernes, 1 de abril de 2016

El mundo, según Lunática- Prefacio.

Prefacio. 




“La mar estaba serena, serena estaba la mar.”, entre cobijas y almohada, que parecía llena de arena en vez de plumas. Comenzaba a parpadear. Sobe mis ojos e inevitablemente recibí una patada de nostalgia. 
Hoy nuevamente afirmó que el auge del amor, es la ficción. Que nuevamente me pudro en la realidad asquerosa y mundana. Que él que más da al final es él que más pierde y sobretodo que no debes confiar en nadie más que uno mismo. Que, pasado el sexo las relaciones terminan, ya no existen más lazos fuertes que no sean las cadenas, que más que bendición son un martirio, llamadas hijos. 
“La mar estaba serena, serena estaba la mar.” 
Hoy nuevamente me encuentro decepcionado, hoy nuevamente me quiero morir. Quiero desaparecer, quiero que este dolor se esfume. Quiero recuperar el hambre, el sueño, quiero recuperar el color que mi mundo perdió. 
Solo quería verla sufrir, nunca pensé que me dolería más a mi verla así. Por eso decidí no ver nunca más. Que idiota fui.   
“La mar estaba serena, serena estaba la mar.”, mis manos se vuelven puños llenos de frustración y de un profundo hoyo lleno de dolor en mi corazón.  
Hoy solo escucho las leves olas de un mar pucusañeno infestado de escandalosas gaviotas, que tienden a levantarme a las 5 de la madrugada a escuchar, acompañadas de un cantar mañanero de, tal vez una joven pescadora, no lo puedo saber. Pero, su voz no deja de irritarme una y otra vez.
“La mar estaba serena, serena estaba la mar.”, es que preferí arrancarme los ojos a volverla a ver. Ahora creo que perder el oído hubiera sido mejor que la vista.    
-Ahora viene la segunda parte, cambiando las vocales por una sola- Sabía que se burlaba de mí,  mientras, el nauseabundo sol de verano se asomaba en la playa de Pucusana, una madrugada helada y un estúpido pero, cálido canto. Que me hacía recordar, cosas que deseaba enterrar y sobretodo me recordaba lo que ya no podía ver. 
-Le mer estebe serene, serene estebe de mer.
-¿No puedes ponerte a cantar frente a la casa de alguien más?- Cuestione. 
-Li mir istibi sirini, sirini istibi li mir.
No tenía ni idea de cuál era su nombre, ni por que me jodia la paciencia con sus rarezas cada día desde que empezó el verano limeño. Solo podía estar seguro que terminado el estúpido clima tropical se largaría y recuperaría mi paz. Ella era de Lima, y yo odiaba Lima y todo lo que viniera de ella. 
-Lo mor ostobo sorono, sorono ostobo lo mor.
-¡Cierra la boca, maldita Lunática!