Conexión ineficiente -Prefacio.

Somos más feos por dentro




«Mi vida se resume en 147 clics y a veces en dos. O bien era una partida de League of Legend, o un anime de 22 minutos cada episodio.», era el estilo de vida del que intentaba enorgullecerme. En realidad, era un teatro mal planeado, una forma de engañarme de lo patético que consideraba mi existencia. A veces soñaba con poder vivir así eternamente y luego mi madre a gritos me despertaba.
A pesar de mi vergüenza, amaba esa forma de vivir. Soñaba y anhelaba con desesperación poder ser frente a la computadora, con mil historias nuevas por conocer, aventuras por vivir y sin gastar más energía de la necesaria. Y al lado de ella… 
«Buenos días, daarling.”», era mi alegría matutina, leer sus saludos en la burbuja del chat. Almendra era una gran amiga, soporte emocional, musa y posiblemente el amor de mi vida. Una chica argentina que llegó a mi cuando la necesite y que realmente se había ganado mi amor y había generado mi dependencia a la red.
Con vergüenza admito que alguna vez en mi miserable vida pasada- la cual no se diferenciaba mucho a la actual - había intentado suicidarme.
Tenía 14 años cuanto conocí el primero de mis amores, quizás, el peor. Cursaba 4° de la escuela media y mis notas por más que fueran un asco, me bastaban para pasar los cursos. Mis compañeros pensaban en academias, universidad, trabajos y planes de vida. Yo pensaba en lo feliz que fui al perder mi virginidad con Erika, la punketa de la clase. Ella era hermosa y su actitud tan mierdera me fascinaba. Mis prioridades tenían un error muy grave que en esa época no supe detectar, quizás, en el actual también. 
Algunos de mis compañeros se graduaron ingresando hasta dos universidades, otros con familias antes de tiempo, algunos ya estaban encaminados en academias y finalmente yo continuaba en relación de solo satisfacción con Erika. Tal vez, mi principal pecado fue mi poca ambición o mi estúpido conformismo. O que nunca tuve intenciones de hacer de ella mi novia y la mantuve como sexo sin compromiso porque eso elevaba mi ego. 
Una mañana después de que saliera del hotel de paso con Erika, ella no dejo que la abrazara. Con una sonrisa me dijo: «Se acabó, adiós.», en aquel momento no entendía. Ella había empezado a tener ese tipo de relación de solo placer con otro. No lo acepté y la continúe buscando solo para que se burlara de mí con sus nuevos amigos. Ella era universitaria, andaba con chicos en autos y estudiando para exámenes. Yo pasaba ocho horas jugando en la computadora y viendo anime, lo peor era que me sentía orgulloso de eso. Ahora notó que eso no ha cambiado, pero hay algo diferente.
Apenas tenía 15 años y aun podía dar más, pero ya no lo deseaba. Mis ambiciones se guiaron entorno a Erika y ella me había abandonado. Es más, nunca le había importado. Solo fui placer temporal para ella, uno que ocupo el lugar de su novio que le había sido infiel. Había desperdiciado un año de mi vida en solo ser un pedazo de carne para ella. 
Quise no ser estúpido pero ya lo era. Y la busqué. 
Luego de ser tratado como un perro, una mañana intranquila en la que solo deseaba ser un insecto, mire por la ventana y había aguacero. Colgué la manguera, con la que mi madre regaba el jardín, en una de las columnas del tendero en el techo. Mire al horizonte y me dije. «Bueno, eso es todo.»”, de pronto, una cachetada me hizo sangrar la nariz. Recordaba aquel liquido rojizo de sabor acido, nunca había probado sangre y la mía sabia acida. Mi padre tenía la mano dura, me alegró que no fuera un puñete que me la rompiera. Ya era infeliz de vivir, infeliz de amor. No podía permitirme ser feo también, al menos no ahora que tendría que vivir. 
Los próximos meses de terapia me ayudaron. Logré ingresar a una universidad nacional, de aquellas que la mayoría en mi país buscaba ingresar. No pagabas ni un centavo, podías jalar cursos y vendían marihuana; además, de otras drogas en cada lugar. Felizmente mi vicio no fueron las drogas, fueron los juegos y el anime. Quizás eso era peor.
Imaginaba mi vida en cada anime que veía y en cada partida de mi juego. Era más divertido así. Eventualmente dejé las pastillas de la depresión. No porque estuviera sano, sino más bien porque era un negocio rentable y deseaba invertir dinero en mis vicios. Eran vicios sanos y mi madre estaba orgullosa que no fueran un hippie moderno de los que andaban hoy en vida con un porro en la mano y esperando salir en una manifestación lanzando piedras. 
Sin embargo, la herida que Erika me dejo nunca cerró. Aun soñaba con ella y cuando veía hentai optaba por masturbarme pensando en ella. No podía evitar recordar su belleza: ojos marrones, piel mestiza y suave como un pudin de vainilla. Realmente odiaba la vida, pero tampoco podía dejarla. Vivir era un continuo dolor y frustración. No podía dejarla por mis padres y la cobardía que adquirí en terapias, tampoco podía llevarla como deseaba porque implicaba tener vivirla de la forma que la odiaba, esforzándome para nada. 
Una noche, luego de discutir con unos amigos virtuales sobre el anime de moda, Tokyo Ghoul. Me invitaron a jugar con ellos. La mayoría de mis amigos eran así y me agrada conversar con ellos. Me sentía especial de tener amigos en Argentina, España y otros países. Tenía la ilusión que el mundo se acabase y tuviéramos que migrar al virtual, así todo sería más fácil. 
Fue entonces, en esa noche de vicios virtuales, con una botella de Coca-Cola al lado, el mouse en mi mano y la mirada fija a la pantalla. Que la conocí, una bella cosplayer argentina que sería mi luz entre tanta oscuridad, quien se convertiría en mi novia virtual, pero solo virtual. No por la distancia, sino porque ella tenía una pareja real. 
-Samuel, vas de soporte. - Me comentaron en el Discord.  
Jugábamos por videollamada con amigos de ellos. Era más divertido, así podía gritarlos si jugaban mal. Y los chistes xenofóbicos eran lo mejor. Yo era un comedor de paloma, mi amigo Eliezer era un culo mal escribo- qlo- y Mateo decía que hacia buenos tacos. 
-¿Quién es Samuel?- preguntó el dúo con el que compartiría línea. Su voz era femenina y sonaba traviesa, tal vez por el dejo argentino o porque todas las chicas que escuchaba jugar sonaban a travestis en cosplay de loli.- ¿Nightray?- ese era mi nickname. 
-Soy yo.- respondí. 
-Apoyarás a Luliana, no la putees o te pego.- dijo uno de mis compañeros. 
Luego de 40 minutos de peleabas y bromas machistas, xenofóbicas, etc. Luliana me había caído bastante bien. No jugaba mal y sus bromas acompañadas del dejo eran fascinantes. Mi mente visualizaba a una gordita con lentes, acné y pelo horrendo. 
-Me gusta Kaneki como protagonista.- dijo Luliana.- Pero su evolución es muy mala.
-No la escuchen- gritó mi compañero. Fue tan estruendoso que quise golpearlo por lastimar mis oídos. - Ella ha leído el manga y siempre hace spoiler. 
-Son muy minas.- respondió ella.- Ya me voy, no olviden unirse a mi grupo, guapos. 
Luliana se desconectó a los segundos dejando un enlace a un grupo de Facebook en chat. Sentí curiosidad por ella y abrí el enlace. «Fans de Kaneki x Rize- Tokyo Ghoul.», leí al abrirlo. Observé en los miembros, eran 782, y solo había una administradora. «Almendra Gutiérrez» 
Entré al perfil de la administradora por curiosidad. En su sobrenombre decía «Lulianasss», sospeché que era la chica con la que terminaba de jugar. No era tan horrenda como pensé. Era 7 años mayor, yo tenía 16 y ella 23 años. Estudiaba psicología y parecía que estaba por terminar. No era una Barbie argentina rubia y de grandes proporciones pero era linda. Usaba lentes, era cachetona, tenía ojos color caramelo, su cabello era semirizado de color negro y poseía una sonrisa perturbadora. 
Ese día me uní a su grupo de Facebook y la agregué como amiga. Entonces, comenzamos a conversar y conversar. Descubrí mucho de ella y ella de mí, fuimos dos tontos, dos almas que se ayudaron mutuante. Compartimos miedos y anhelos, cada día de mi vida deseo recordarla como el gran amor de mi vida. Han pasado dos años desde la última vez que supe de ella. Y hoy más que nunca siento que la amo, y que quizás nunca la dejaré de amar. Ella siempre dijo que éramos igual de feos por dentro, pero desde que la perdí, supe que ella siempre fue peor. 
Mi querida Almendra, mi amada Almendra.  



Comentarios

  1. Vaya, tuve que tomarme unos minutos para procesar todo. El prefacio va a mil xDDD

    La ilustración me ha encantado y el título igualmente, fue lo que me atrajo. Ahora tienes 1 seguidores

    Saludos~

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    Respuestas
    1. Muchas gracias. Me alegra que te guste. Muchas gracias nuevamente.
      Un abrazo.

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  2. Que intenso relato.
    No recuerdo haber leído en orden esta historia, pero acá tu protagonista parece haberse aislado socialmente, y esa primera infatuacion le pareció como una especie de elixir mágico. Una clase de encaprichamiento típico en la adolescencia. Luego parece enfrentar un nuevo reto, y cae esta vez, en una relación no física, donde también cree haber encontrado el amor. Al menos descubrió quién fue el más feo.
    Como siempre un placer leerte.
    Abrazo!

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    Respuestas
    1. Esta sufriendo una redición para poder continuar con ella.
      ¡Un abrazo!

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