martes, 16 de enero de 2018

Estúpido, implante

Amaba a su novia y nada impidiera pasar un lindo con ella.
Todo había terminado, no había más guerra ni enemigos que enfrentar. Superó a cada profesor, catedrático, asesor y le dio el corte final a la tesis. Finalmente se había graduado. Nuevamente tenía la vida de un chico de su edad: trabajo, amigos, novia, etcétera. Sin embargo, había un enemigo final que destruir. “El malvado jefe final, el fatídico, funesto, estúpido y malvado parche”, se dijo. 
El implante anticonceptivo es una varilla pequeña y delgada del tamaño de un fósforo. Seguro, simple y asequible que puedes olvidarte de que existe. “Una estafa total”, pensó.  Al comienzo le fastidio bastante pero ya lo había aceptado. Se suponía que Anna no volvería a sangrar mensualmente, se suponía que sería mínimo, que nunca más habría que soportar cólicos ajenos, sentimientos exagerados y extraños golpes sin sentido contra su persona. 
Era injusto que Bryan disfrutará de su “amistad” con Bambbieta, quien le recomendó aquel método anticonceptivo, no tuviera que pasar por aquella tortura psicológica. Era más sencillo tratar con sus clientes más problematios, como una mujer despechada con ganas de quitarle hasta la sombra a un marido infiel, que tratar con su novia. 
Nada era peor que su novia en sus días trágicos. Hoy siete de agosto cumplía siete meses con ella. Y eran dos meses desde que se colocó aquellas varillas. El implante era uno de los mejores métodos anticonceptivos que existía. Ella hace mucho estaba enamorada de él, pero con tantas batallas no había tiempo de confesárselo, cuando por fin todo término se convirtieron en pareja. 
Suspiró y maldijo al médico que insinuó que se acabarían los problemas con el periodo femenino. Eran dos meses en los que su novia no dejaba de perder sangre y conservaba todo los síntomas de una menstruación normal. 
-Buenos días, Anna. – Saludó. Era su día libre del trabajo e iban a salir a pasear. 
-Llegas tarde, Ronald. – Dijo la joven de cabellos rojo ficticio, su mirada era seria. Llevaba un pantalón normal y una gran polera. Cosa que llamo bastante la atención de él, hacia un sol endemoniado.
-Lo siento- Dijo suspirando.- ¿Vas a salir así?
-¿Algún problema?- Preguntó indignada. Ella tenía un bonito cuerpo, pero desde uso aquel implante se sentía gorda.– No te gusta mi comida…,¿Ahora tampoco te gusta cómo me visto?
-No es eso. –Respondió mientras una cien resaltaba en su frente – Está haciendo demasiado calor, no quiero verte sofocaba. 
-Bueno.- Se sonrojo,  eso le pareció lindo al chico; sin embargo, sabía que se aproximaba una guerra. Se sacó la gran polera. “Grandes…”, pensó Ronald intentando ver a otro lado. Hace un par de días habían peleado porque ella pensaba que él solo la veía como un pedazo de carne. 
Giró los ojos hacia un lado para que ella no lo viera. “¿No eran tan grandes…?”, se preguntó, mientras se trataba de autoconvencer que los pechos de su novia era normales.
-¿Estas bien preguntó?- Preguntó.
-Si…
Suspiró y sus ojos se convirtieron en dos enormes platos. Aquel bivirí era como el golpe final del Samurai x. La majestuosidad del pecho de su amada solo se comparaba con el Amakakeru Ryu No Hirameki. 
-¡Pervertido!- gritó mordiéndole el brazo.- ¡Me pondré mi polera!
Aquel día romántico comenzaba mal. 
Tomó el celular y anotó algunas cosas que seguro le servirían. “Durante esos días se molestan por todo, tienen muy mal humor y sobretodo se le hinchan los pechos.”, pensó y escribió.  
Luego de una pequeña discusión por la polera, finalmente Anna accedió a ir sin ella. Una vez en el cine escogieron una película romántica a pedido de la chica, por Ronald no había ningún problema solo quería pasar un buen momento con ella. Dejar de sentirse frustrado por los repentinos cambios de humor de su novia. 
-¿Palomitas?- Preguntó.
-Si. – Le sonrió. –No tienen mantequilla… 
-No venden palomitas con mantequilla, Anna – respondió. Pensó a la velocidad de la luz y en los cines que había visitado desde niño nunca vio que le pusieran mantequilla a las palomitas más que en películas. 
-¡Mejor dime estúpida en vez de verme así!- Comenzó a lagrimear - ¡Sabes que me gustan! ¡Me haces quedar como una loca!
-No llores…
-¿Vas a terminar conmigo? –Preguntó solloza- De seguro quieres a una chica más delgada y menos engreída. 
El joven bachiller en derecho suspiró. Dos días más y o quien sabe cuánto tomaría recuperar de nuevo a su dulce novia, la que no parecía disfrutar verlo perder la paciencia. La abrazó y besó. 
-Te amo, tonta. 
-¿Piensas que soy tonta?- Preguntó mordiéndole de nuevo el brazo- ¡Ronald, eres un idiota! 
Suspiró, últimamente suspiraba a menudo. Cogió su teléfono y anotó. “Durante esos días son muy sensibles, exageradamente para ser exacto.  Cambian de actitud muy rápido y en el caso de Anna muerden…”
“No sentirá su periodo en meses”, pensó en el medico. Y con unas ganas de demandarlo observo el resto de la película. 
Salieron del cine de la mano, el día casi acaba aun eran las siete de la noche. “¿Llevarla a comer será prudente?”, se preguntó tratando de premeditar alguna otra mordida o patada. 
-Anna- Llamó.
-¿Qué pasa? – Preguntó asustada. Él sonaba serio, ella pensaba que de seguro estaba molesto.- Lo siento, quise ser una buena novia- Comenzó a llorar. “Es casi estúpido”, se dijo Ronald tomándose la cabeza. 
-Te amo…¡Maldita sea, te amo!
Sonrió de manera traviesa. Ronald pensó que le estaba viendo la cara. Se abrazaron y entonces Anna comenzó a morderle la oreja.
-¿Anna?- Se sonrojó. 
-¿estás bien, Ronald?- Preguntó sonrojada, mientras le daba  pequeños besos – Vamos  a mi casa…
-Bueno… 
-¿No te parezco atractiva?- Preguntó con picardía- Sabes últimamente creo que crecieron….
Entonces, Ronald empezó a toser. Se había atragantado con saliva. Sonrió y recordó los beneficios de la estúpida varilla que odiaba. Imaginó al médico bigotón con una sonrisa. “Se puede venir dentro”, ella se enganchó de su brazo y caminaron. “Durante esos días es muy sensible….y hasta caliente.”, pensó en anotar cuando pudiera. 



No podía resistirse a esa cara….el joven solo asintió. Entraron besándose hasta la cocina, él quería ser fuerte sabía que estaba mal ya que sus hermanas estaban durmiendo. Pero, ella nunca tenía la iniciativa “¿Por qué quitársela?”, se dijo.  
Pensó en sus amigos y en qué cosas pasarían por ellos cada que llegaba los días rojos en sus novias. 
Según Juan, Mariell en esos días era insoportable le gritaba por todo y en más de una ocasión su cuñado se molestaba con él por hacerla llorar. 
Según Bryan, Bambbieta comenzaba a tirarles cosas y pelearse con cualquiera chica que se le acercara, en más de una ocasión el pobre terminaba noqueado.
Según Jonathan, su novia era malhumorada, en más de una ocasión le pateaba le balón a la entre pierna mientras jugaban…
Pasaron tres días desde entonces. Se iban a encontrar en un centro comercial.
-¡Amor!- gritó ella al verlo.- ¡Adivina quién dejo de sangrar!
-Gracias al cielo…estúpido implante… ¡Por fin!
Se abrazaron y cambiaron los planes. Ya no cenarían comida, se cenarían a sí mismos. 

4 comentarios:

  1. Hay como descargar estas historias? :v

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  2. Como soy mujer esta historia no me gusto, es más casi que la odie.
    Pero pasados a puntos menos escabrosos una de las peores consecuencias del implante es que las menstruaciones se prologan incluso por meses, cuando se los aplicamos a las mujeres siempre le decimos a su pareja o esposo que puede que tenga la menstruación de manera constante y que ahí el que va a sufrir es él. Es muy raro que una mujer presente amenorrea de buenas a primeras con el implante así que sinceramente no entiendo porque el medico en esta historia haya dicho algo como eso.
    En fin, creo que ya termino la agonía de esta pareja en cuanto a ese punto.
    Besos.

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    1. Lo lamento mucho. No esperaba esa reacción.
      El tema del implante es complicado, yo era parte de los chicos que lo utiliza y base esta idea en cuanto a la experiencia del amigo que me lo recomendó.
      Un abrazo, lamento el mal rato.

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