jueves, 28 de diciembre de 2017

¿Cuándo se lo vas a decir?

Erick 

Eran escasas dos semanas para navidad y tres para año nuevo. Estudiantes de  5 ° media reñían por sandeces.
-¡Eso te pasa por maricón! 
Su teléfono vibró, tal vez era un mensaje de texto. El sol ardía con fervor, el pasto era áspero como una esponja metálica y él yacía ahí tirado, luchando por no perder el reconocimiento mientras era pateado como balón de futbol por delincuentes disfrazados como alumnos.
Los padres invertían por montones en colegios de prestigio y academias descuidando valores fundamentales que se aprenden en casa, desde lo más básico como un no robar.  Muchos alumnos llegaron desde distintos distritos con el fin de aprender y terminan involucrados en peleas por tonterías con menos sentido que un perro manejando un auto. 
De seguro Emilia se burlaría de él por como lo habían dejado. Se reiría gritándole idiota y sin dudarlo se lo contaría a su estúpido novio universitario que trabajaba en Mc Donald´s. 
Erick Félix llegó al colegio Santa Ana de Ingeniería en San Martin de Porres desde el Callao, una mañana risueña y tristona para cualquier alumno en la primera semana de marzo. Un viaje de 40 minutos para ir a la escuela, desde un distrito popularmente peligroso hacia otro no tanto. 
Amplio, extramadamente azul, vistoso como una prisión, con barrotes en las ventanas como si alguien se fuera escapar y tres instructores  de control de disciplina sacados de una película militar. Los salones eran grandes, las carpetas estaban pintarajeadas con diversos equipos del emblemático futbol peruano. Los baños eran museos del arte del grafiti y el alumnado tenía el aspecto del tipo de persona del cual escondes tu celular cuando la ves andar por la calle. 
-Enrique quiere pasar año nuevo conmigo…- leyó aun tirado en el pasto. 
Emilia era su mejor amiga, casi hermana. No se acordaba cuando la conoció ni cómo. Tal vez producto de los golpes o realmente no tenía ni idea. No era la primera vez que peleaba pero si la primera vez que lo golpeaban todo. 
Entre papeles y lapiceros, Erick logró hacerse de amigos fácilmente. Su aula, 4to “B” de secundaria, eran chicos tranquilos. “Pavos”, como pensó él ya que, Imperio Grone y Los Destructores, bandas fanáticas del futbol eran parte de los quintos. El nivel de educación era decente, como en la mayoría de colegios había simulacros por periodos y algunas universidades con un examen bajo el brazo buscando alumnado. 


Emilia 


Aproximadamente eran las ocho de la noche. Emilia se encontraba sentada en una banca dentro del centro comercial, Megaplaza, jugaba con sus pies y revisaba su maquillaje cada tres segundos. Le daba miedo que notaran aquellos golpes que se había hecho esa mañana más temprano. 
La muy tonta se había golpeado la cara al tropezarse esa mañana más temprano. Se maquillo el hematoma hasta más no poder y según ella parecía no notarse. Sin embargo, pensaba que seguro su novio lo notaria. Reviso el celular para ver la hora y notó el mensaje de Erick. “Cuando le vas a decir?” 
Se recogió el cabello ya que el viento fuerte la despeinaba. Había un mar de gente que aun hacia sus compras navideñas como hormigas trabajando para el invierno. Su novio trabaja en un fast food y estudiaba ingeniería en la universidad, pronto saldría de turno e irían a pasear. Emilia no deseaba verlo hasta navidad, pero él insistía. Hace ya algunas semanas sus besos se tornaban más intensos y aquello le daba miedo. 
Erick era su mejor amigo, casi hermano. Ella no recordaba como lo conoció pero sabía que desde que él apareció le había empezado a ir mejor. Ambos cursaban el 5° año de secundaria y él era un tipo problema. Durante ese año juntos, ella empezó a arreglarse aún más, consiguió novio y le iba bien en lo que iba del año. “¿Cuándo se lo diras?”, recordó. 
Hace cuatro meses conoció a Enrique en un juego online. Intercambiaron números de celular y empezaron a conversar a diario. A las semanas él se le declaró y ella aceptó. Se vieron mensualmente desde entonces, pero él pedía en que fuera más seguido. “Mándame una foto caliente”, recordó. Luego de que se negará. Los besos era más fogosos en sus encuentros.
Suspiró. 
-Hola, mi amor.


Erilia


Lo llamó desesperada. Había tenido el peor día de su vida. Se tiró en su cama mirando al cielo, que en realidad era su techo. Con nostalgia cerro los ojos. “¡Me das asco!”, recordó.
-¿Qué paso?- preguntó. 
-Fue horrible. 
-Te dije que debías decirle…
-Nos besábamos y entonces me empezó a tocar…- Emilia frotó sus ojos y miro hacia el techo.- Me agarró el trasero y…
-Te dije que se lo digieras. 
-Él quería ir a un hotel y me negué. Nos seguimos besando y entonces que quiso tocar adelante…
-Qué asco, ahora tenemos más golpes en la cara.- dijo en tono burlón.- Debes tener más cuidado, Emilia. Ese gordo pavo solo quería cogerte.  
-Yo también lo quería.
-Pero es mi trasero el que se cogerá, Emilia. 
-...
Erick se levantó y se miró al espejo. Tenía un nuevo moretón, pero pasaría desapercibido con la paliza que había recibo en la mañana. Su celular vibró. Erick lo tomó y reviso. Era un recordatorio. “Lo siento- Emilia”
Dejó el celular sobre la cama, se desvistió y se dirigió hacia la ducha. 
-Te dije que ninguno de nosotros puede tener pareja. – suspiró.- ¿Cuándo planeabas decirle que eras hombre? 





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