viernes, 17 de noviembre de 2017

La segunda luna - Capítulo 2

Rosa, rojo, rosa…

Rosa. 
Era un chiste barato. Su pueblo vivía en condiciones deprimentes y aquel palacio subterráneo parecía una mansión. Cosas que nunca habían visto, más que oído en historias. Era tan contradictorio con todo lo que creían. “No se puede crear nada”; sin embargo, en dicho lugar existían cosas que no eran obra y gracia del espíritu santo. 
-Bienvenidos- dijo cuarto gobernante en lo que iba de la gran nación conocida como Nueva Brejaña. - Los he citado aquí para informarles que después de su graduación ambos se alejaran de la aldea. No podremos mantenerlos en esas condiciones. Es decir, se mudaran a nación a una zona mejor ubicada.
-¿Motivos?- preguntó Adrián. 
- Brejaña es la más nueva de todas las naciones. Se puede decir que somos pobres y nuestros guerreros son de un nivel demasiado bajo.- respondió- No podemos crecer económicamente. Son un desperdicio tenerlos aquí. 
-Siempre iba a vernos usted… ¿por qué escondía esto?- preguntó Micaela aun indignada. Se sentía engañada. 
-No entienden el progreso. Ustedes son nativos, no saben nada de la vida.- explicó extendiendo las manos por lo largo de su escritorio.- Es parte de la evolución, un grupo crece a base de otro. Cuando se muden a Argento entenderán. 
-Son unos malditos…- Micaela presionó sus puños indignada.- Esconden la información y los dejan vivir de esa manera…
-Busco lo mejor para ustedes y lo mejor para mi nación.- respondió.- No digan nada de lo que saben o se les considerara traidores y nos desharemos de ustedes. 
-¿Lo de la oscuridad es verdad?- consultó Adrián. 
-Sí, es la principal limitante de nuestro progreso.- dijo levantándose de su asiento.-tranquilos. Ustedes son mi prioridad, pero no podemos permitir que se repita la historia.
“Pero no podemos permitir que se repita la historia.”, se repitieron mentalmente. Ambos asintieron con tristeza de no poder hacer nada. Preferían vivir el engaño a lo que acaban de presenciar. 
Saru los observó desde lejos. Ambos se alejaban, “Adrián es fuerte pero su poder a disminuido por Micaela, quien apenas descubre que tiene poderes…”, se dijo mentalmente. “Mientras ella su fortaleza es el amor, de él es el odio.”, suspiró y cerró la puerta de su oficina. “Sin ellos nosotros no podremos ser dioses.”
Rojo.
Días atrás había pasado la noche lejos de sus familiares. Era de terror no poder decirles que existía una vida mejor, pero ese día ya no podía alejarse de ellos. Llegó a lo que podía llamar casa y se preparó. Micaela se graduaba ese día. 
Durante esos tres días lejos de casa practicó despertar aquellos poderes que pensaba tener, pero había fracasado. Llegó a pensar que sus ojos eran más que un simple adorno y Yami era el único especial. El asociaba su poder a sus sentimientos negativos, pero ella no sentía nada de eso. 
-No tengo ningún pecado…- se dijo. 
El día empezó muy agitado por el gran evento que aguardaba. Las chicas llenaban los salones de belleza o el intento barato de ellos. Micaela se sentía hastiada de comparar lo que había visto en el palacio del 4° gobernante. Los chicos más tranquilos solo se preocupaban en el baile de la noche. Los de ojos extravagantes habían quedado en ir juntos.
Los preparativos para la tarde empezaron con los primeros rayos de luz. Algunos de los compañeros de Micaela y Adrián se preparaban alardeando de su cuarta graduación. Midori era la más serena y recordaba que en su graduación como enfermera, ella dio el discurso. Enrique, un amigo de Adrián, iba acompañarla. Ambos pensaban que sus respectivos amigos podrían llegar a algo mejor. 
 Luego de estar lista, Micaela caminó de regreso a su hogar. Se detuvo al creer que era seguida. Pensó en Yami, pero era imposible. Suspiró y continúo su camino con cuidado, ya que no podía arruinarse el maquillaje sino Miru la mataría. 
-feliz graduación- escuchó. 
Micaela volteo muy sorprendida y con un mal presentimiento por aquella sensación tan escalofriante. Lo que le preocupaba aún más era que aquella voz le recordaba a Pedro. 
El ritmo de aldea siguió muy agitado ya no faltaba mucho para la gran celebración de gala por otro lado. Todo debía estar listo para el segundo cuarto de día ya que el cuarto solo era la oscuridad. 
Rosa. 
Adrián conversaba con su hermana antes de alistarse. Era de los pocos que no tenía ganas de formar parte de la sociedad al graduarse. Aún más saber lo siniestro de la situación de su pueblo. Su hermana le había comentado que hace tres días había muerto el único familiar de Ai, una exnovia de él. A regañadientes accedió de acompañar a Akane a verla. 
Se encontraron algunos amigos de ella en la entrada a la cueva donde ella vivía. Entraron sin permiso, pues sabían que solo quedaba Ai sola en aquel lugar. 
-Me deprime verte así…- dijo la pequeña de 22 años pero lucia de nueve. Su hermano se limitaba a observar, mientras los otros compañeros se acercaban a abrazarla. 
Triste era más hermosa que sonriente. Su cabello rubio estaba desordenado y sus ojos azulados estaban completamente cristalizados. 
-Él no quisiera que estés así este día tan especial, él quería que disfrutes este día- dijo uno de los chicos. 
-¿Crees que soy una mocosa, estúpida? Él hubiera querido estar. No he vivido tanto para llegar a esta mierda de lugar y perder a otra persona que quiero… ¡No sabes cómo me siento yo! - Gritó Ai muy alterada sus ojos estaban rojos se le caían las lágrimas mientras su voz se iba rompiendo en llanto poco a poco.
-Sabes que no hubiera querido el que estuvieras así por él... Hubiera querido que su hija disfrute de su gran día- dijo Akane mirándola muy fijamente.
Ai la ignoré y observó a Adrián a su lado. Su mirar estaba lagrimeando mientras él la mira con sus ojos demoniacos tocándole suavemente la frente y se va. Ella estaba en un trance pasado un minuto, no sentía nada… 
-¿Qué paso? Preguntan los sobrantes. 
Adrián pensaba lo raro de su poder, hace unos días sentía haberlos perdido pero las extrañas sensaciones de querer golpear a Ai lo habían hecho sentirlo nuevamente. Envidiaba esa facilidad para llorar y conmover a otros. 
Rojo. 
Pasaron un par de horas, Etsuko estaba lista con un hermoso vestido rojo cola larga que se le veía muy lindo, salió de su casa hacia la de Yami  normalmente el chico va por la chica pero en este caso ella no confiaba en él y daba por hecho que ni siquiera listo estaría.  
Toc, toc, tocó en la entrada a la caverna. De ella salió una niña. Akane, sabía que su hermano andaba saliendo con ella y no lo aprobaba a cierto punto. Ambos eran polos opuestos y tenía rencor por las preferencias que ella recibía. 
-Hola, ¿Tu eres Micaela?- preguntó la pequeña de cabello azulado. La vio de pies a cabeza y aguanto la sonrisa. Juraría que ella intentaba seducir a él. No le molestaba de todo la idea, era una chica guapa y su hermano casería de experiencia. 
-Si. 
Etsuko recordó que Yami le había dicho que tenía una hermana. Se preguntó si realmente tendría la edad que aparentaba o al igual que Miru, era mayor con un cuerpo prematuro a la adolescencia. 
-Soy Akane, mucho gusto.- respondió la hermana de Yami. 
Ella entró a la caverna pensando en él. “Dejará a su hermana”, se consultó internamente. Pronto saldrían de ese lugar ambos, juntos. Considero que tal vez su único amigo real podría ser él. “Nos iremos a la mierda juntos”, un leve sonrojo acompaño sus mejillas al recordar aquello. 
-Ahora viene mi hermano.- dijo marchándose. Etsuko miro hacia todos lados. Le agradaba la decoración, se veía mucho mejor que pocilga donde ella vivía. 
Etsuko se sentó en la cama, la cual era un cumulo de pieles. Recordó los salones de la mansión del gobernante y se llenó de ira. Mirando hacia todos lados  se preguntó “¿Dónde está Yami?”, se paró y reviso el lugar. Parecía su habitación. 
-No agrada que revisen mis cosas, Etsuko…
Etsuko se volteo inmediatamente. Luego su rubor aumento aún más al verlo y baja la mirada para despistarlo. Para su sorpresa Yami solo estaba en toalla. Acaba de darse un baño. “Genial ellos tienen agua para bañarse”, pensó intentado observar a cualquier lado menos él. Yami no pudo contenerse y soltó un par de carcajadas.
-¿De qué te ríes?- pregunto Etsuko. Hizo un puchero de resentimiento con la boca y regreso a sentarse. -Ya no te burles, ni quiera estás listo.
Él regresó al baño a cambiarse, mientras que Etsuko jugueteaba en la cama. “La última vez que estuve en el cuarto de un chico, me dolió mucho”, se dijo. Mientras él en baño pensaba que tal vez era mala idea ir con ella. De por si las personas lo odiaban, agregarle salir con la chica buena que todos aman, no parecía muy rentable.  
Él salió del baño con un pantalón de vestir blanco con la mitad de la cintura para abajo lista dejando su abdomen descubierto, ella al verlo casi se cae de donde estaba sentada. “Pedro también salió sin polo antes de lanzarse encima mío”, se dijo. Era guapo y no le molestaría que pasara algo, pero se había demorado mucho en arreglarse y ella terminaría llena de sudor… 
Rojo.
-Espera, te ayudare- dijo. 
Tomó su camisa y empezó a abotonarle cada botón en lo que seguían conversando de cosas que ni a ellos les importaban, pero cada vez se acercaban más. Él la veía como se acerca poco a poco a su cuello pensando en lo hermosa que estaba esa noche. Ella seguía haciéndolo mientras pensaba lo lindó que era y todo lo que había pasado entre ellos. Todos en aquel mundo no tenían pudor porque ella sí. Ella lo deseaba, cuando terminó de abotonarlo se acercan más al hablar.
Ella trata de pensar pero la distancia se acortaba más y más. Una parte no quería pasar su noche de graduación sin sus amigos, pero otra le decía que podría ser una oportunidad única. Ella también tenía derecho a divertirse, por qué tendría que estar limita por ser la chica buena. De un instante al otro sus labios terminan rozándose con un beso el tiempo se detiene volviendo más profundo el beso.




Etsuko dirigió sus brazos hacia la nuca de Yami, mientras él lo hacía a la cintura de ella. Ambos pierden el equilibrio y caen al piso pero no paran por nada ese momento tan mágico y excitante. El beso se hacía más profundo no importara que estaban en piso cada vez se dejaban llevar más y más.
-Hermano, vas a llega…
Ambos se sobresaltaron y recobraron la compostura al ver a la niña con un saco y una sonrisa burlona en su rostro. No se dicen ni una palabra. El color rosa de sus mejillas los delatan y lo rojo de la noche indicaba que no iban a parar en otra situación. Yami tomó su saco y salió de la mano con ella. 
-Akane, no esperes despierta. 
-Adiós, suerte un gusto cuñada.- respondió.  
 Se encuentran con sus amigos de camino. La noche apenas empieza para ellos y los colores de amor e ilusión pronto se oscurecerán. 





2 comentarios:

  1. Hola
    Como que me perdí con esta narración porque no había leído la primera parte (creo). Lo unico que puedo recomendarte es que cuides los tiempos verbales, porque a veces estas narrando en pasado y se te escapa un verbo en presente (o viceversa). Besos.

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    1. Gracias. Lo lamento u.u de hecho es un texto muy antiguo que intente mejorar pero la verdad me anda costando. Seré más cuidadoso y gracias por los consejos. Un abrazo, estimada Janet.

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