jueves, 23 de noviembre de 2017

Cinthia.


Sigues chorreando ese líquido
Que proviene de tu asqueroso corazón apátrido.
Y por ti
Todo seguirá siendo igual

Para siempre,
Para siempre,
Para nunca,
Desde ahora
Perdida.

Yo te vi caer,
Te levanté
Y te volví a soltar.
Sangre oxidada- André Arcela  

Pasaron 500 años y nuevamente se encontraba frente al mar, escuchaba estruendo en el cielo. Pronto llovería, observo nuevamente y a lo lejos vio a un ente rubio y débil. “Conserva la sonrisa de idiota”, se dijo mentalmente. 
-Porque siempre pararas rodeada de la oscuridad.- dijo. Había escuchado de ella que las mejores historia empezaban con un “hola” y terminaba en “adiós”, él estaba seguro que lo había escuchado en otro lado y en aquel entonces ella solo deseaba sonar cool. 
Cuenta la historia, no de un mago y un hada enamorados como lo diría el Mago de Oz, sino más bien una hada que se enamoró de un pequeño Kraken, de un mundo de pies arriba y nada sensato a los ojos de un demonio errante.  
Fueron los mejores amigos, fueron hermano y hermana, Quijote y Sancho panza, Fujimori y Montesinos. A ella le gustaba el baile, las amistades y los finales felices. Cinthia era un hada como Tinkerbell a sus ojos, una actriz porno a los de sus amigos y una hermana mayor a los del demonio errante. Él era unos 400 años menor que ella. Dariel no sabía que le gustaba exactamente, se limitaba a observar, escuchar y callar. 
“Mujer preciosa”, se dijo al verla la primera vez. En aquel entonces Dariel era un crio que apenas apreciaba lo bello de la pubertad ajena. Dulce y bella adolescencia, cada mañana se levantaba pensándola. Una mañana intranquila Dariel la vio sin tomarle importancia, meses después mando una paloma a decirle “Hola” en escaso mensaje de 128 caracteres. 
Entre risas y malos ratos, comenzaron a conversar un poco más. Ella le regalo de forma tan fácil su amistad.
Escuchó historias sobre ella y sus diversas aventuras. “Le gustaban los troll”, decían otras hadas envidiosas ya que cada novio o cualquier persona con la que se besaba o más era más feo que el anterior. Se susurraba que tenía un novio hace un par de años y se daban descansos para variar del tipo de esperma que recibía. Hasta cosas aún peores sobre raros fetiches con caballos. 
“Mentiras todas”, o al menos eso creía Dariel. Cinthia se convirtió en su mejor amiga o tal vez él se transformó en su mascota. Él la admiraba, la consideraba especial. Ella lo veía como un mejor amigo más, de aquellos que la apuñalaban y al par de meses perdonaba. 
Ella extraña… perdonaba a todos. A los que le hacían daño, hablaban pestes de ellas, incluso a los que la lastimaban físicamente. Dariel la consideraba ridículamente ficticia, tenía un talento eficaz para olvidar y recuperar a las personas que perdía.  “¿Es tan difícil dejar a esos entes que te aportan nada?”, se preguntaba. 
Aquel defecto era su principal encanto. “No puedes frenar la corriente de un rio, tampoco mucho menos evitar que ella razonara”, se decía internamente cada que conversaban bajo un árbol o frente a algún caldero. Eran el claro ejemplo de opuestos que se atraían, pero no del a forma en que todos deseaban estar con ella.  Los sentimientos nublaban la razón de Cinthia. 
-Eres bruta. 
-Y tu un resentido total. 
Entonces, una noche intranquila la perdió. 
Particularmente a ella le gustaban los enanos. Uno de ellos, acompañado de un troll se bañaron en su sangre. Dariel juró venganza, años después los asesinado de su querida amiga se volvieron sus compañeros. 
Se maldijo por no ser un guerrero, se maldijo por no estar cuando todo paso. No le dolía el hecho que ya no estuviera. Dariel sufrió al notar que aquel cariño, aquella hermandad, aquella figura materna nunca lo vio igual él. Perdido entre sus pensamientos, en una esquina bajo el árbol donde conversaron alguna vez. 
No era una historia de amor, menos de amistad. Sino de una decepción… cada noche la pensó y pensó hasta hartarse.  Aquel nombre lo atormentaba y sus recuerdos le daban dicha. “Gracias, Cinthia”, se dijo. Debió dudar de ella, pero su imagen era tan buena pura, una gran ilusión. 
Suspiró ante al mar y luego de 500 años la observo nuevamente. Desconocidos. 
Su figura siempre era la misma ante sus ojos. Una bella hada de ojos preciosos, de un puro corazón, un ente tan sublime que no era digno de un mundo porquería. Ni digno de ella. 
Ella era un hada y él un demonio. Una vez hermanos, él la levantó, ella lo levantó, se abrazaron y se dejaron caer. Nuevamente divagaban  por el mundo como desconocidos, pero Dariel siempre recordara a su hermana, aquella bella persona que lo tomó en brazos cuando más lo necesito. 
Cinthia, su mejor amiga, su hermana, su opuesta, aquella prefirió su mundo de fantasía a una realidad errante de él. 



Dedicado a Cinthia.  

viernes, 17 de noviembre de 2017

La segunda luna - Capítulo 2

Rosa, rojo, rosa…

Rosa. 
Era un chiste barato. Su pueblo vivía en condiciones deprimentes y aquel palacio subterráneo parecía una mansión. Cosas que nunca habían visto, más que oído en historias. Era tan contradictorio con todo lo que creían. “No se puede crear nada”; sin embargo, en dicho lugar existían cosas que no eran obra y gracia del espíritu santo. 
-Bienvenidos- dijo cuarto gobernante en lo que iba de la gran nación conocida como Nueva Brejaña. - Los he citado aquí para informarles que después de su graduación ambos se alejaran de la aldea. No podremos mantenerlos en esas condiciones. Es decir, se mudaran a nación a una zona mejor ubicada.
-¿Motivos?- preguntó Adrián. 
- Brejaña es la más nueva de todas las naciones. Se puede decir que somos pobres y nuestros guerreros son de un nivel demasiado bajo.- respondió- No podemos crecer económicamente. Son un desperdicio tenerlos aquí. 
-Siempre iba a vernos usted… ¿por qué escondía esto?- preguntó Micaela aun indignada. Se sentía engañada. 
-No entienden el progreso. Ustedes son nativos, no saben nada de la vida.- explicó extendiendo las manos por lo largo de su escritorio.- Es parte de la evolución, un grupo crece a base de otro. Cuando se muden a Argento entenderán. 
-Son unos malditos…- Micaela presionó sus puños indignada.- Esconden la información y los dejan vivir de esa manera…
-Busco lo mejor para ustedes y lo mejor para mi nación.- respondió.- No digan nada de lo que saben o se les considerara traidores y nos desharemos de ustedes. 
-¿Lo de la oscuridad es verdad?- consultó Adrián. 
-Sí, es la principal limitante de nuestro progreso.- dijo levantándose de su asiento.-tranquilos. Ustedes son mi prioridad, pero no podemos permitir que se repita la historia.
“Pero no podemos permitir que se repita la historia.”, se repitieron mentalmente. Ambos asintieron con tristeza de no poder hacer nada. Preferían vivir el engaño a lo que acaban de presenciar. 
Saru los observó desde lejos. Ambos se alejaban, “Adrián es fuerte pero su poder a disminuido por Micaela, quien apenas descubre que tiene poderes…”, se dijo mentalmente. “Mientras ella su fortaleza es el amor, de él es el odio.”, suspiró y cerró la puerta de su oficina. “Sin ellos nosotros no podremos ser dioses.”
Rojo.
Días atrás había pasado la noche lejos de sus familiares. Era de terror no poder decirles que existía una vida mejor, pero ese día ya no podía alejarse de ellos. Llegó a lo que podía llamar casa y se preparó. Micaela se graduaba ese día. 
Durante esos tres días lejos de casa practicó despertar aquellos poderes que pensaba tener, pero había fracasado. Llegó a pensar que sus ojos eran más que un simple adorno y Yami era el único especial. El asociaba su poder a sus sentimientos negativos, pero ella no sentía nada de eso. 
-No tengo ningún pecado…- se dijo. 
El día empezó muy agitado por el gran evento que aguardaba. Las chicas llenaban los salones de belleza o el intento barato de ellos. Micaela se sentía hastiada de comparar lo que había visto en el palacio del 4° gobernante. Los chicos más tranquilos solo se preocupaban en el baile de la noche. Los de ojos extravagantes habían quedado en ir juntos.
Los preparativos para la tarde empezaron con los primeros rayos de luz. Algunos de los compañeros de Micaela y Adrián se preparaban alardeando de su cuarta graduación. Midori era la más serena y recordaba que en su graduación como enfermera, ella dio el discurso. Enrique, un amigo de Adrián, iba acompañarla. Ambos pensaban que sus respectivos amigos podrían llegar a algo mejor. 
 Luego de estar lista, Micaela caminó de regreso a su hogar. Se detuvo al creer que era seguida. Pensó en Yami, pero era imposible. Suspiró y continúo su camino con cuidado, ya que no podía arruinarse el maquillaje sino Miru la mataría. 
-feliz graduación- escuchó. 
Micaela volteo muy sorprendida y con un mal presentimiento por aquella sensación tan escalofriante. Lo que le preocupaba aún más era que aquella voz le recordaba a Pedro. 
El ritmo de aldea siguió muy agitado ya no faltaba mucho para la gran celebración de gala por otro lado. Todo debía estar listo para el segundo cuarto de día ya que el cuarto solo era la oscuridad. 
Rosa. 
Adrián conversaba con su hermana antes de alistarse. Era de los pocos que no tenía ganas de formar parte de la sociedad al graduarse. Aún más saber lo siniestro de la situación de su pueblo. Su hermana le había comentado que hace tres días había muerto el único familiar de Ai, una exnovia de él. A regañadientes accedió de acompañar a Akane a verla. 
Se encontraron algunos amigos de ella en la entrada a la cueva donde ella vivía. Entraron sin permiso, pues sabían que solo quedaba Ai sola en aquel lugar. 
-Me deprime verte así…- dijo la pequeña de 22 años pero lucia de nueve. Su hermano se limitaba a observar, mientras los otros compañeros se acercaban a abrazarla. 
Triste era más hermosa que sonriente. Su cabello rubio estaba desordenado y sus ojos azulados estaban completamente cristalizados. 
-Él no quisiera que estés así este día tan especial, él quería que disfrutes este día- dijo uno de los chicos. 
-¿Crees que soy una mocosa, estúpida? Él hubiera querido estar. No he vivido tanto para llegar a esta mierda de lugar y perder a otra persona que quiero… ¡No sabes cómo me siento yo! - Gritó Ai muy alterada sus ojos estaban rojos se le caían las lágrimas mientras su voz se iba rompiendo en llanto poco a poco.
-Sabes que no hubiera querido el que estuvieras así por él... Hubiera querido que su hija disfrute de su gran día- dijo Akane mirándola muy fijamente.
Ai la ignoré y observó a Adrián a su lado. Su mirar estaba lagrimeando mientras él la mira con sus ojos demoniacos tocándole suavemente la frente y se va. Ella estaba en un trance pasado un minuto, no sentía nada… 
-¿Qué paso? Preguntan los sobrantes. 
Adrián pensaba lo raro de su poder, hace unos días sentía haberlos perdido pero las extrañas sensaciones de querer golpear a Ai lo habían hecho sentirlo nuevamente. Envidiaba esa facilidad para llorar y conmover a otros. 
Rojo. 
Pasaron un par de horas, Etsuko estaba lista con un hermoso vestido rojo cola larga que se le veía muy lindo, salió de su casa hacia la de Yami  normalmente el chico va por la chica pero en este caso ella no confiaba en él y daba por hecho que ni siquiera listo estaría.  
Toc, toc, tocó en la entrada a la caverna. De ella salió una niña. Akane, sabía que su hermano andaba saliendo con ella y no lo aprobaba a cierto punto. Ambos eran polos opuestos y tenía rencor por las preferencias que ella recibía. 
-Hola, ¿Tu eres Micaela?- preguntó la pequeña de cabello azulado. La vio de pies a cabeza y aguanto la sonrisa. Juraría que ella intentaba seducir a él. No le molestaba de todo la idea, era una chica guapa y su hermano casería de experiencia. 
-Si. 
Etsuko recordó que Yami le había dicho que tenía una hermana. Se preguntó si realmente tendría la edad que aparentaba o al igual que Miru, era mayor con un cuerpo prematuro a la adolescencia. 
-Soy Akane, mucho gusto.- respondió la hermana de Yami. 
Ella entró a la caverna pensando en él. “Dejará a su hermana”, se consultó internamente. Pronto saldrían de ese lugar ambos, juntos. Considero que tal vez su único amigo real podría ser él. “Nos iremos a la mierda juntos”, un leve sonrojo acompaño sus mejillas al recordar aquello. 
-Ahora viene mi hermano.- dijo marchándose. Etsuko miro hacia todos lados. Le agradaba la decoración, se veía mucho mejor que pocilga donde ella vivía. 
Etsuko se sentó en la cama, la cual era un cumulo de pieles. Recordó los salones de la mansión del gobernante y se llenó de ira. Mirando hacia todos lados  se preguntó “¿Dónde está Yami?”, se paró y reviso el lugar. Parecía su habitación. 
-No agrada que revisen mis cosas, Etsuko…
Etsuko se volteo inmediatamente. Luego su rubor aumento aún más al verlo y baja la mirada para despistarlo. Para su sorpresa Yami solo estaba en toalla. Acaba de darse un baño. “Genial ellos tienen agua para bañarse”, pensó intentado observar a cualquier lado menos él. Yami no pudo contenerse y soltó un par de carcajadas.
-¿De qué te ríes?- pregunto Etsuko. Hizo un puchero de resentimiento con la boca y regreso a sentarse. -Ya no te burles, ni quiera estás listo.
Él regresó al baño a cambiarse, mientras que Etsuko jugueteaba en la cama. “La última vez que estuve en el cuarto de un chico, me dolió mucho”, se dijo. Mientras él en baño pensaba que tal vez era mala idea ir con ella. De por si las personas lo odiaban, agregarle salir con la chica buena que todos aman, no parecía muy rentable.  
Él salió del baño con un pantalón de vestir blanco con la mitad de la cintura para abajo lista dejando su abdomen descubierto, ella al verlo casi se cae de donde estaba sentada. “Pedro también salió sin polo antes de lanzarse encima mío”, se dijo. Era guapo y no le molestaría que pasara algo, pero se había demorado mucho en arreglarse y ella terminaría llena de sudor… 
Rojo.
-Espera, te ayudare- dijo. 
Tomó su camisa y empezó a abotonarle cada botón en lo que seguían conversando de cosas que ni a ellos les importaban, pero cada vez se acercaban más. Él la veía como se acerca poco a poco a su cuello pensando en lo hermosa que estaba esa noche. Ella seguía haciéndolo mientras pensaba lo lindó que era y todo lo que había pasado entre ellos. Todos en aquel mundo no tenían pudor porque ella sí. Ella lo deseaba, cuando terminó de abotonarlo se acercan más al hablar.
Ella trata de pensar pero la distancia se acortaba más y más. Una parte no quería pasar su noche de graduación sin sus amigos, pero otra le decía que podría ser una oportunidad única. Ella también tenía derecho a divertirse, por qué tendría que estar limita por ser la chica buena. De un instante al otro sus labios terminan rozándose con un beso el tiempo se detiene volviendo más profundo el beso.




Etsuko dirigió sus brazos hacia la nuca de Yami, mientras él lo hacía a la cintura de ella. Ambos pierden el equilibrio y caen al piso pero no paran por nada ese momento tan mágico y excitante. El beso se hacía más profundo no importara que estaban en piso cada vez se dejaban llevar más y más.
-Hermano, vas a llega…
Ambos se sobresaltaron y recobraron la compostura al ver a la niña con un saco y una sonrisa burlona en su rostro. No se dicen ni una palabra. El color rosa de sus mejillas los delatan y lo rojo de la noche indicaba que no iban a parar en otra situación. Yami tomó su saco y salió de la mano con ella. 
-Akane, no esperes despierta. 
-Adiós, suerte un gusto cuñada.- respondió.  
 Se encuentran con sus amigos de camino. La noche apenas empieza para ellos y los colores de amor e ilusión pronto se oscurecerán.