Viejo pendenciero

Este cuento participo y fracaso en los Juego Florales 2017-1 de la Universidad Privada del Norte, bajo el seudónimo de Darea.

Son las seis de la mañana, mientras caminaba hacia la bodega del chato, ese cajamarquino de apariencia de duende que se burlaba de él, pero que a la vez lo engreía con cigarros, cual mocoso de cuatro años con dulces. Todo sea por eso 30 o 90 céntimos que le daba, no importaba con tal de poder conseguir ese mal que lo había convertido en lo que era, que a su vez era lo que él consideraba el amor de su vida. 
Recordó que su padre siempre le decía, que para realizarse como hombre debía tener: Estabilidad económica, una familia y salud. 
-Ese viejo estaba cojudo- se dijo. Había tenido todo eso y fue una pérdida de tiempo y dinero. 
Todos los días se tenía que levantar temprano para poder planchar su camisa y pantalón, ya que la vaga que tenía por mujer no era capaz de hacerlo y su hija, “¡Ay como no me salió hombre, carajo!”, se lamentaba. Bien dicen, “el mundo da vueltas”, y pobre de ella.
Siempre andaba bien vestido en sus años de pichón, porque aunque trabajaba en Caquetá, cada vez que vendía algo se vendía a mí mismo, ya que con un guiño o con una sonrisita levantaba la venta y hasta a la casera esa noche. Eternamente la camisa bien planchada y la raya del pantalón bien marcada, nada de esos jean´s ya que son puras mariconadas de esos rockeritos, según él. 
Terminan sus ocho horas de trabajo y va cerrando su negocio, porque a nadie lo explota, ni siquiera él mismo.  Entre más rápido sale, puede ir con su familia más pronto.  “Si claro cómo no”, se dice rumbo a su viejo barrio con nombre de fruta.  Las Peras, dónde su nombre ya no es Víctor Sánchez, sino “Viroco”, por el ojo virolo.
Se reencontraba casi a diario con sus amigos del barrio después de trabajar. Percy, quien quería ser testigo, pero cada que podía se mandaba sus copas y se convertía en Catilo.
-Pobre cojudo, si supiera que solo beben por él por sus papelones.- dice esperando al duende cajamarquino. 
-¡Oe ahora hablas solo!- escuchó. Era Elmer, el popular chato cajamarquino que esperaba.- Chamare Viroco ya muérete. No sé para que vives… 
-Jaja… ¿Qué pasa causa?- responde. – Me acordaba cuando este era un barrio de verdad no está huevada de ahora. 
El paradero cinco del Ermitaño de Independencia, su barrio. Cada día después del trabajo allí es a donde llegaba. Y los fines de semana también ya que su mujer veía los fines de semana a la bruja de su suegra. 
- Que seguro por esa vieja concha de su madre estoy cagado con ella, porque cada que veo a mi hija no le veo ni un parecido conmigo, pero ya que chu…
-¿Ya para que vives? – responde burlón el bodeguero de menos de 1m 60 cm.- Estas cagado, encima cachudo. Me das pena Viroco. 
 -Me pregunto cómo es que me cago, porque solo recuerdo habérmela tirado una vez, que se me ocurrió hacer mataron y deje unos cuantos toros por aquí. –Refunfuñando suspiro.- Es una huevada chupar tanto, a veces no te acuerdas si diste o te dieron. Pero ya que, aquí soy el bravo… no importa si eras billeton o guapeton, cuando tienes buen habla cualquiera cae.

-¡Quien va caer contigo viejo huevon!
Se dice que punto débil de la mujer es el cuello, “¡No, mentira! Su punto débil es la oreja, porque por mas misio que sea o tan feo que prefieran besar a una cucaracha que a ti, si tienes buen habla la tienes calata en tu cama, apunta bien sobrino”, se dijo. “¡Un versito chico nada más! De seguro pensara que es tuyo, apréndete un par de poemas noma y van cayendo, caliéntale esa oreja que puede convertir a la más distinguida dama en la peor zorra que puede existir”, agregó. 
-¡Debí ser profesor del arte del amor! Porque realmente son pocos los que saben cómo seducir a una mujer, yo he tenido mujeres por montones. 
-Ni tu mamá te quiere, Viroco y vienes aquí a hacerte pasar por Don Juan. 
“Entre ellas incluso puede estar tu mamá, porque cuando uno está ebrio no sabe dónde entra, culo es culo a final de cuentas mientras no sea el tuyo no pasa nada”, le responde mentalmente nada más. Elmer es un cajamarquino buscapleitos y a ningún padre le gusta que su hijo le falte el respeto. 
-Aquí, en una paradero antes está el burdel de Panchita, esa tía maneja buen billete aquí y a que no adivinas quien era su macho, tan macho que se tiraba a su hija y a la vieja a la vez. 
-Jaja. 
“Sé que algún día pagare por lo hijo de puta que soy, pero la vida es una carajo. Ya tengo todo lo que decía mi viejo que era necesario para ser feliz y fue aburrido.”, recordó. Su vida antes era reconfortante hasta las enfermedades de nombre que ni él conoce lo atacaron. 
Las luces siempre estaban apagadas por esa zona, el paradero cuatro siempre habia sido la zona de Panchita, la tía: rubia teñida, un buen par de pechos, trasero no tanto pero ya que el resto lo compensaba. Siempre que llegaba los fines de semana, ese era su segundo hogar, siempre lo mantenía y los muchachos lo sabían por eso venían con él, porque les hacía alguno que otro  descuento y según su humor y como la tratara, hasta gratis los dejaba.
Panchita tenía una hija, Belen, era bien guapa la morena. Ella estudiaba en el San Martin del distrito del mismo nombre. A pesar de ser chibola aun ya le entraba a la huevada, se refería él, había un tío que siempre la recogía en su Volkswagen rojo, tenía plata el desgraciado.
Ese sábado, Pipo, el che del grupo, vivió 6 años en argentina y regreso más maricon. En aquella bienvenida, Viroco estaba con Panchita, a los minutos apenas vio al Che ocupada con ella, buscó las escaleras, revisó mi ropa y estaba bien, buscó entre mis papeles uno de esas hojas de poemas que arrancaba de vez en cuando de libros y lo memorizo. 
-A veces me pregunto cómo que esos poetas no tienen fama hasta que se mueren… me imagino que al menos tiraran mucho. Ya que debe ser patético que otro tire con lo que tú haces y tú te mueras de hambre.- dijo.
-Jaja, a los poetas no les gusta tirar. – agregó Elmer, sentía que de vez en cuando era entretenido escuchar a ese viejo senil. 
Subió por las escaleras y llegó hacia la cocina, no tenía nada para comer y con el hambre que se manejaba. Se quedó un toque más preparándose y se fue a buscarla. Belén, estaba en su habitación, estaba en calzoncito noma, parecía que hacía calor. 
-Señor Victor, ¿Qué busca?- preguntó. Bien que sabía lo que buscaba Viroco, pero hacia la tonta. Le respondió que se había perdido, ella sonrió por su torpeza, aprovechó en preguntarle por el tío del Volkswagen y respondió.- Es mi amiguito- “si un amigo que le llevaba como 20 años”, se dijo aunque él que se la quería tirar tenía la misma edad o incluso más. 
Belencita se paró y comenzó a guiarlo hacia abajo, pero la retuvo en la cocina, pidiéndole un vaso de agua. Aunque a comienzo se negó, la muy hija de su madre también quería, si no se hubiese cambiado al menos. Pero una vez ahí le preguntó nuevamente por el tío, ya con un poco más de confianza le respondió que sí, siempre le compraba sus cosas y ella salía con él. “¡Hija de Panchita tenías que ser!”, se gritó internamente. 
Le recitó ese versito, no recordaba si era del chileno o el trujillano, pero… ¡Ella se lo sabía! Debía cambiar la estrategia rápido. En otra situación hubiera perdido, pero cuando ya tienes cancha en esto, solo debes seguir la corriente.
-¡Si, claro ese mismo!- respondió. 
Las cosas con Belencita, fueron más rápida de lo que pensó. Aunque siempre sea visto como el enfermo, el mañoso. La verdad es que ellas son iguales o peores y cuando sabes hacerla, pues la haces nada más. 
-Pobre de mi mujer, que más de una vez la han llamado de Acho para un cachuelito de toro. Pobre esos tipos, que creen que por tener dinero tienen a las mujeres a sus pies, si tan solo supieran que ese dinero que les dan, ellas se lo dan a sus maridos de verdad. He vestido las marcas más caras, sin gastar ni un centavo.- dijo orgulloso.
-Y ahora eres un pobre y triste huevon. Me das más penas Viroco- respondió el cajacho. 
-Puedo estar ya viejo, puede que me traten de huevon esos chicos de hoy, riéndose de Viroco, el borrachito más necesitado. Pero al verlos a ellos, me veo a mí en mi juventud, la diferencia que a su edad, ya había vivido mucho más.
-Ya estas senil Virico. 
-Ellos se burlan de mí, yo me burlo de ellos. Ellos se creen los más vivos, metiéndose en tonterías, yo me creo el más vivo, porque me he metido con sus viejas. Ellos se siente cool en sus mototaxis alquiladas, yo fui cool en autos ultimo modelos del cachudo.
-¡Ya lárgate no te quiero escuchar más!- lo largó. Cada que se exaltaba aburría. Viroco era un viejo alcohólico esperando el momento de morir.- ¡Viejo pendenciero! 

Comentarios

  1. Hola
    Admito que hay muchas palabras que no entiendo y expresiones que no me dicen nada, ¡de verdad que el español cambia mucho dependiendo del país!
    Por cierto, ¿de qué país eres?
    Besos

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  2. Hola, pues es cierto. Este texto es peruano chavacano. Es un sin fin de jergas raras y populistas de mi país. Soy de Perú.
    Gracias por darte el tiempo de leerlo a pesar de no entenderlo, un abrazo. Gracias.

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