La caracol

Este cuento participo y fracaso en los Juego Florales 2017-1 de la Universidad Privada del Norte, bajo el seudónimo de Izusaake.

Camina lento como el mar y se balancea como balsa a la derriba, está llena de alcohol como de pescados el bote. “Hay que cantar un poco”, se dice a sí misma buscando su celular. Faltan un par de horas para que entone el gallo y se da cuenta que no tiene cartera. La discoteca de mala muerte del Jr. Camana se llevó su maquillaje, su dignidad y su cartera con dinero, celular, fotos de su hijo y demás. 
-¡La mierda!- grita. Entonces, su ira se convierte en agua.- Lo que faltaba… ¡mamá!
Llueven sus ojos y garua en la plaza San Martin. Su madre vive en Suecia hace ya varios años, ella vive sola con su pequeño.  
Es la madre de Ernesto en Facebook, la más tierna y pervertida contigo en Instragram; y, no usa twitter tal vez porque no lo entiende o no puede obtener una atención congruente a las anteriores. Su mente aspira a ser famosa, cada día actualiza sus benditas historias de red social. Baila, canta, cuenta chistes y saluda a sus fans, si la sigues te seguirá y hasta te mandara saludos en sus actualizaciones. 
Su exmejor amiga la llamó caracol. Nunca supo el por qué hasta que el padre de su hijo le fue infiel con cuanta golfa, como ella las llamó, se cruzaba en su camino y ella misma se lo explicó. Estudió Ciencias de la Comunicación con esperanza de ser actriz, y no encontró empleo más que para jaladora de cables y los puestos buenos, de fama solo se daban con felaciones. 
“Estrella eres lenta y babosa, pero lo segundo lo eres el doble”, recordó molesta. Ella la había llevado a ese antro llamado Casona. Era la peor amiga del mundo, más ahora que no estaba.  
-¡No soy ninguna caracol estúpida!- gritó escondida de la garua.- ¡Ojala se te muera tu mamá, Gianella!
A sus 22 años pensó en ir a un casting porno, pero entro en razón a los minutos de llegar al susodicho lugar donde se realizaba. Se dedicó a camarógrafa, salió un par de veces con famosos casados con fe que un ampay la hiciera saltar a la luz pero no, solo fue querida de algunos por semanas o solo una noche, dependía que tan buena fuera. Ellos eran audaces y ella una caracol.  
Planeó regresar a la disco, en su brazo aún estaba el sello de entrada. Aun recordaba a las personas con la que estuvo. “Nos podemos divertir más”, recordó con su cuerpo escarapelado, ahora se sentía una gallina pero ella era aliancista.  No le quedaba de otra. 
Se tapó la cabeza con las manos, era dramática, aunque las gotas no eran tan grandes. Aquellas calles de regreso eran bulliciosa, habían personas ebrias peleándose en lo que parecía la esquina de los bares. Llegó hasta la puerta pero no la quisieron dejar entrar. 
-Chicas solo entran gratis hasta la media noche, flaca. – dijo una señora obesa con un chaleco de seguridad. 
-¡Acabo de salir!- se excusó. 
-¡Circula noma, flaca!
“Vieja horrorosa”, gruño internamente. Solo le quedaba esperar a que algunos de esos chicos salieran con sus cosas o en el peor de los casos que la llevaran a su casa. Recordaba claramente que uno de ellos tenía un carro. “Sobretodo babosa, caracolito”, volvió recordar. Realmente la odiaba, ese apodo era tan cruel como ella, lenta. 
-¿Qué haré?- se preguntó.
Se sentó al lado de una vendedora ambulante de cigarros y chicles. “Piensa Estrella, piensa”, se dijo.  No podía tomar un taxi a casa y pagarlo allá porque todo su efectivo estaba en la cartera. “Podría ir a un cajero y sacar dinero”, consideraba viendo una pelea entre ebrios.  Se había estresado tanto esa noche que ya ni siquiera se sentía ebria.
-¿Estrella Palma?- le preguntaron. Alzó la mirada y vio a un tipo de aspecto desaliñado.- ¿Qué tal? Bueno, soy Ernesto Salaverry.
Era un alto como una palmera, con el cabello despeinado de la misma manera. Su tez era clara y su rostro estaba lleno de vello. “Que pastrulazo”, se dijo al verlo. “¿Salaverry?”, ese era el apellido de su hijo y del hijo de mala madre del padre de su principe. 
-Mi nombre es Sandra, se está confundiendo de persona.- respondió.- Estoy esperando a mi novio está en el baño. 
-Jaja, lo siento. Debe dar miedo que un desconocido te hable.- dijo rascándose el cabello.- Tengo mi auto en la cochera a la vuelta. Soy novio de Gianella. 
-Esa perra… - susurró. “¿Cómo Gianella sabía que ella estaba ahí?”, se preguntó. De seguro era una mentira y la quieran secuestrar y violar. Se negó mentalmente a ir con él y luego respondió.-  No iré contigo. 
-Entonces déjame llamar un taxi.
-Llámala y pásamela- dijo. El chico no estaba nada mal y si confirmaba que era su novio. Por fin podría vengarse de ella, de seguro lo podría seducir, al menos besarlo. 
Gianella fue su mejor amiga hasta su cumpleaños. La muy borracha beso a su saliente de ese entonces y no bastó con eso. Entre risas empezó a contar las intimidades de Estrella y cosas que ni siquiera habían pasado en realidad. A la mañana siguiente todas la llamaban Caracol. Ella nunca le dio cara y así se terminó todo. Al par de meses Estrella salió embarazada y tomaron caminos separados. 
Ernesto tomó su teléfono y marcó el número en cuestión. Estrella lo miraba de pies a cabeza y era como los chicos que le gustaba. Ese porte de vagabundo era extrañamente atractivo. Le recordaba al idiota del padre de su hijo, eso le bajaba puntos.  Irónicamente la garua paró al oír la voz de examiga al teléfono. 
-¿Estrellita? ¿Estás bien?- escuchó.
-¿Estrellita?- repitió.- Sí. ¿Cómo sabias que estaba acá y que no tenía como volver? Tú tienes mi cartera, maldita envidiosa… 
-¡Estoy en mi casa, estúpida caracol!- respondió.- En fin. Ve con Ernesto, por favor.
-¡Caracol tu abuela!- gritó y cortó la llamada. No tiro el teléfono porque recordó que era ajeno. Se sintió levemente aliviada que podría confiar en aquel extraño. 
Caminó a su lado unos segundos en silencio. Era extraño que de pronto las bulliciosas calles parecieran un cementerio. Notó que el tipo sacaba unos cigarrillos y bajo la mirada para observarla. Ella era una cabeza más baja que él. 
-¿Gustas?- consultó.
-Sí, tengo frio.- respondió. 
A los minutos ya se encontraban la cochera. Estrella aun dudosa entro al auto y segundos después ya lo habían arrancado. La noche era fría y solitaria. Ella observaba las calles por la ventana y notaba asqueada las similitudes de su ropa con damas de noche. “Estrella nunca más te vistas así”, se dijo. 
La ella de hace un par de años llevaba el cabello más largo y no usaba vestidos tan cortos. Suspiró y observo de reojo al chico de su lado. 
-¿Cuánto tiempo llevas saliendo con esa arpía?- consultó. Estaba aburrida.
-Jaja, no mucho en realidad.- respondió.- Mi madre también se llamaba Estrella. Murió hace varios años, cuando yo era pequeño.
“¿En qué momento le pregunte eso?”, reflexiono internamente. Luego recordó a su pequeño, se moriría dos veces si llegara a morir y dejar a su bebe solo. “Me he descuidado mucho”, se dijo mirando al chico con compasión. Parecía un buen tipo. 
-Tu mami es una ratita.- dijo sonriendo. Esperaba ser mandada al demonio ya que no le agradaba lo que había imaginado si su principito se quedaba solo. 
-Estrella en inglés es Star. Star al revés es Rats. Y en español es rata.- respondió.- Mi mamá también decía ser un rata, pero era algo lenta. 
“Que incómodo”, pensó. No era tan única y diferente como esperaba ser. Le daba risa sentir que reflexionaba por el temor de perder a su bebe. 
El crepúsculo aparecía y Estrella se encontraba como una atea en la iglesia escuchando historia de un huérfano que soñaba con ser escritor. Que para colmo de males no la dejaría en su casa, sino en la de Gianella. Suspiró resignada, sonriendo y asintiendo cada locura del aparente drogadicto. 
-En la novela que escribí. Yo regresó al pasado y salvo a mi mamá de morir.- comentaba alegremente.- Con eso mi vida en el futuro mejora y pues mi vida cambiara. 
-Te afecto mucho lo de tu madre…Siento terror de pensar en dejar solo a mi bebe. 
-Él también debe tener miedo de perderte.- respondió.- ten cuidado cuando salgas de noche. 
-Gracias. 
Era un buen tipo. En la puerta se encontraba Gianella. “Mejores amigas por siempre”, recordó al verla. Esa estúpida, realmente la extrañaba. Bajo del auto de la mano del amanecer. Ella estaba con su pijama de pandas con ojeras y un rostro de temor.
-¿Estas bien?
-¡Que no me ves estúpida! 
-¡Deja de insultarme, Caracol!- respondio. 
Ernesto las miró sonriente y regresó a su auto. Les alzo la mano y empezó alejarse. Estrella le alzó la mano feliz. Era un buen tipo. Se sentía gradecida. 
-Que fría eres con tu novio.
-Es un buen tipo.- dijo sonriendo.- pero no es mi novio. 
-¿Cómo?- preguntó desconcertada.
-¿No te diste cuenta? 
-¿De qué?
-Se llama Ernesto Salaverry Palma… ¡Como tu hijo!- Gianella rodó los ojos levemente enojada.- ¡Eres una estúpida Caracol! Pero eres el triple de babosa. 




-¡Que te pasa tarada!
-¡Él solo vino para evitar que te echen sal cojuda! 
Un escalofrió acompaño aquellas palabras que retumbaban en su mente y miro hacia el autor que se alejará. Gianella, la abrazo y suspiró. Era mejor que no se entere. Después de todo era lenta y babosa, su mejor amiga era Estrella, la caracol.  
  

Comentarios

  1. Hola
    De todos tus cuentos creo que nunca había disfrutado uno tanto como éste. Ya desde que el chico va por ella me imagine que era su hijo, sí que es lenta esta caracola. Hubiera estado mejor que Gianella tampoco sospechara nada (que viene alguien del futuro a salvarte y tu amiga lo toma como si cualquier cosa), pero aun así lo disfrute muchisimo.
    (Esa caracol seguro se muere cualquier día de estos aunque la haya salvado su hijo, se ve que es bien tonta).
    Un beso

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    1. Gracias. Me haz alegrado muchísimo, que gusto que al menos uno te gustará. Un fuerte abrazo y gracias, en serio casi se me escapa una lagrima. Un beso.

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