jueves, 21 de septiembre de 2017

Conejo negro - Capítulo 2

Rosa Rodas

Rímac, Lima. 
3: 16, martes 9 de Setiembre.
Era de madrugada. No estaba cansada, ni si quiera un poco. Había leído hace mucho que las personas más inteligentes sufrían de insomnio. Se amarró el cabello en un enorme moño, el cual parecía un gran papa y usaba lentes para la lectura. Desde pequeña tenia problema con las letras chiquitas y al momento de cocer también le afectaba. 
Suspiró y tomó las impresiones. Había sido un día duro para Allison, a veces sentía que todos sabían sobre ella y sus dibujos, y otras que era una jodida paranoica. Tal vez si estaba loca y por algunas casualidades se creía bruja. “Hago máscaras, disfraces por hobby y debes en cuando hago brujería dibujando”, se dijo así misma.  
Ojeo la portada de los documentos. “Magia y hechicería en Lima del Siglo XVII. El Caso de Rosa Rodas”, leyó. 

            “Brujo/a es aquella que por sus proceder diabólico deliberado se esfuerza en conseguir las cosas”, Jean Bodin de la démonomanie des Sorciers Libro publicado en París en 1580, uno de los pensadores más notables de toda Europa, había publicado unos años antes su famoso tratado sobre La República por lo que había ganado el respeto para opinar sobre las brujas a quienes culpaba de todos las adversidades que ocurrían. 

Recordó que hace unos días había leído en Google que algunas brujas se alimentaban de carne humana para mantenerse joven y también para adquirir los poderes de quienes se comían.  Ella consideraba que era estúpido, pero si ella podía hacer mal a otros por qué no ese monstro o lo que sea que fuera no podía ser alguien como ella. 
Además durante la tarde había conversado de aquello. Sentía que debió dejar la Historia y volverse periodista o tal vez policía y ser una detective de estilo de serie norteamericana. 
-¿Desde cuándo andas tan interesada en los asesinatos?- consultó Felipe.- Creo que te regalaremos un caldero para tu cumple, loquita.
-Jaja, nos va embrujar, huevon- apoyó Alfred a la broma.- Recuerdo que mi hermano decía que su suegra era una bruja, si quieres te paso su face. 




-¡Púdranse, idiotas!- respondió ella.- Solo es curiosidad. Además, ¿No es interesante una tesis sobre magia?
-¡Una historiadora por naturaleza!- exclamó Alita.- ¿Qué se siente saber que terminaras enseñando en un colegio por un sueldo mínimo? 
-¡Váyanse a la mierda!
Luego de varias risas, ella habló. Gabina se sacó el gorro dándose aire. 
- Fue tortura y quemada, al menos eso dice la documentación.- dijo.- Pero hay rumores e incluso crepypastas sobre ello, es la leyenda urbana más famosa en internet.- Gabina sonrió al notar la atención de todos.- Diego de Valle y Hermoso, desapareció la noche de su titulación y solo quedó su dedo. 
-¿Quién es Diego de Valle?- consultaron los chicos.- ¿Solo su dedo?- Alejandra dejo de sentirse cómoda con aquella conversación, apenas hace una semana se encontró el dedo, de Juan Rincón, el tercer desaparecido en mes. 
Entonces, ella, Allison tragó saliva. 
-Son solo leyendas urbanas… seguro lo pusieron por los recientes acontecimientos. – atinó.
-No, esos crepy llevan alrededor de siete años en la red, se crearon al año que se publicó la tesis.- respondió Gabina.- Se dice que Rosa no murió y se vengó de quien la hizo pasar por ese infierno. Algunos dicen que sigue viajando por el mundo y odia a todos los hombres. 
-Slenderman, Jeft the killer y ahora Rosa la bruja o mejor dicho a the wicht….- agregó Piero.- Fumas mucho para pensar en eso Gabina. 
Entonces, la madera de su escritorio se retumbo. Viajo de a regreso a la realidad y notó a su escritorio chichar. 
Tomó su celular, el cual había vibrado y distraído esas remembranzas. “Descansa, cojuda. Te amo un montón”, era de Alita. Pensó que sería hermoso que ella fuera Sin cara, claro solo seria. Ya que, ya habían hablado por teléfono con él y era un hombre con voz de carnero degollado, cada palabra de él le había parecido un yanto agonizante. 
Suspiró, se rascó el trasero ya que la trusa de encaje le picaba y continúo su lectura. Esa noche no tenía ganas de confeccionar nada. 

                    La presente tesis está basada en el estudio del juicio a una hechicera (Rosa Rodas). Juicio llevado a cabo por el Tribunal de la inquisición de Lima entre 1650 y 1665. Este documento está ubicado en el Archivo Histórico Nacional de Madrid. La técnica que emplearemos para el estudio del caso será un aspecto de la microhistoria, es decir, haremos uso de ella como marco teórico referencial para reconstruir el imaginario colectivo de Lima de mediados del siglo XVII. 
                    Del expediente encontrado, podemos hallar un hilo conductor en la mentalidad de la época que nos llevará a vislumbrar los usos y costumbres de un sector de la población en Lima virreinal. Nuestro propósito es dar una mirada retrospectiva al mundo oculto de la hechicería en este determinado periodo de tiempo; ver la influencia de la iglesia dentro del imaginario y el poder que ésta representa frente al pueblo a través de algunos procesos judiciales; ello nos llevará a observar la vida en las Cárceles Secretas en el transcurso temporal de nuestra investigación y a plantearnos la reproducción de ciertos elementos de largo alcance. 

-En pocas palabras la iglesia era una mierda desde el comienzo.- dijo dejando los documentos a un lado.- Rosa Rodas solo fue una víctima de la época. 
Se tiró en su cama pensativa. “Si ella era una víctima de la sociedad… ¿Yo que soy?, ¿Realmente soy un monstro?”, se preguntó. Frente a ella estaba el techo azulino matizado por las sombras, de niña siempre tuvo miedo de mirar al techo  ver a las sombras moverse. 
Cuando tenía cinco años tuvo una extraña pesadilla: se encontraba durmiendo cuando su techo se rajo, seguido de caer poco a poco en pesados, ella se asustó y desde arriba vio a una mujer horrenda gritarle cosas extrañas. No lo había olvidado ya que esa horrenda mujer tenía la cara de su madre, de hecho ella pensaba que era ella. 
-¿Cómo será?- preguntó estirando las piernas, comenzaba a sentir el cansancio. 
Se visualizó a si misma caminado por un Lima colonial, observó a todos lados: carretas, carruajes, personas elegantes. Le encantaba aquel vestido extremadamente largo y el escote que parecía resaltar sus escasos senos. Soltó un par de carcajadas, luego se tapó la boca para no despertar a nadie, era tonto pensar en cosas así de femeninas y aún más pensar que sería de la nobleza. “Claro la hija de un panadero”, su pequeña fantasía clasista había animado su madrugada. 
Recordó a Gabina durante la tarde del día que terminó hace unas horas. “He visto que eres muy rencorosa dibujando, jajá”, escuchó en su mente. Debía controlar mejor sus reacciones, ella le atemorizaba, deseaba patearle la cara y terminar con esa sangrona sonrisa. Entonces, su teléfono vibró. 
-Descansa conejo. –leyó acompañado de una foto de un conejo negro de orejas caídas. Era Usagi, el conejo mascota de Sin cara. Se quedó mirándolo uso segundos y sin desearlo se le escapó una sonrisa.-Veamos cómo te va esto…
Se levantó de golpe y cogió la máscara de Frank el conejo. 
Su amistad con el rival económico inicio como unos mensajes a su número de pedidos: “¿Cuánto presupuesta una máscara de cuero con parches metálicos?”, “¿Es preferible la silicona líquida o la tradicional en barra?”, luego intercambiaron números personales y sus conversaciones se volvieron más fluidas. Sin embargo, nunca hubo un interés de conocerse mutuamente, al menos en persona no. 
Sin cara hacia honor a aquel seudónimo, ya que en su cuenta privada de Facebook no había fotos de él que no fueron probando diversas máscaras, mucho menos contactos familiares y su nombre era ‘Sin cara’. Por otro Allison, no le dejo sus cuentas privadas por desconfianza, pero a diferencia de él, ella en su tienda virtual vía Facebook publicaba fotos de ella de vez en cuando. 
Aquel misterio le atrajo a entablar una amistad con él. “Mi conejo se llama Usagi”, recordó.
Con una sonrisa en el rostro se tomó una foto usando la máscara del conejo, se bajó un el polo de pijama mostrando la línea oscura entre sus senos, deseaba fastidiarlo un poco, y se la mandó escribiendo: “Buenas noches”, escribió, a los segundos su celular sonó nuevamente.
“Sino fueras lesbiana estaría excitado.”, soltó unas carcajadas y dejó su teléfono a un lado. Entre mucho que conversaban le había comentando lo que sentía por su amiga y lo que sucedió entre ellas. 
-Si tan solo tú fueras ella.- se dijo.- Creo que te mandaría fotos más provocativas. 
Acomodó las impresiones en su escritorio, observó con desgano su habitación desordenada. Allison no tenía ganas de continuar leyendo por esa noche, sentía que necesitaba contarle a alguien lo de sus dibujos pero era una tontería. Esas cosas nunca salían bien. 
Se soltó el cabello  y se acomodó en su cama. Esa noche no trabajaría, solo le hacían falta tres mascaras del pedido de la cosplayer. 
“Necesito las máscaras de cada miembro de Anteiku, del anime Tokyo Ghoul para mi presentación en un evento.”, recordó. Originalmente pensó que sería más sencillo. Eran nueve personajes y solo le faltaban dos. 
Las noches de insomnio eran las más largas  más cuando uno debía levantarse temprano. Cerró los ojos antes de mirar su techo azulino, no le agradaba ver el techo antes de apagar las luces. 
A la mañana ya se había levantado y realizado sus quehaceres. Ese día no iría a clases, aprovecharía en terminar el pedido para el fin de semana entregarlo. Debía encontrar la mejor manera de decirle a su padre que saldría un sábado por la noche al centro, sin que este se volviera loco. Además, tenía ganas de ir a una fiesta.  Dentro de media hora dejaría de atender en la panadería y retomaría sus confecciones. 
-Encontraron hace una semana el dedo del tipo y ahora salen con que es otra persona…- escuchó a su padre renegar.- Son una mierda los medios. Seguro fue un ajuste de cuentas con algún tipo bien colocado.
-Tranquiló, pá.- Atinó a decir.- Ese cuerpo ya lo deben haber tirado al rio, pronto aparecerá. 
-¡No es eso!- gritó.- Son cuatro personas desaparecidas y no hace nada. 
-¡Vamos, se te va subir el azúcar!- dijo tratando de masajearle la espalda.- Por cierto… este fin de…
-¡Ni se te ocurra decir que vas a salir!- cortó.
-Jaja, vamos. Solo entregaré un pedido y estaré con Alita.- respondió.- ¡Vamos!- insistió, su papá nunca demoraba de dos pedidas antes de acceder a algún permiso.
-Es muy peligroso, hija…
-No te preocupes, ven a recogerme sino.- agregó.
-Déjala, es joven y quiere divertirse.- intervino doña Roció.- Si te da miedo, puedes contratar un taxi que la traiga. Mi compadre taxeada de amanecida los fines de semanas, él te puede hacer la carrera.
-Es que es peligroso…
-No te preocupes, pá.- respondió, no le desagradaba la idea de que fuera alguna posible nueva mamá, la suya era una mierda.- Yo lo llamaré hoy, para que confirme. 

Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima. 
17: 35, jueves 11 de Setiembre.
Había terminado su pedido hace unas horas y había llegado a clases, tarde para variar, y la dejaron pasar. Decidió invertir su tiempo en algo productor y saco sus impresiones. 

                Dentro de la sociedad limeña del siglo XVII, los comportamientos, expectativas y funciones de las mujeres en la sociedad colonial, estaban normados por las leyes de la corona que se encargaban del control social. De esta manera, quienes transgredían el orden, recibían todo el peso de la justicia. Los maestros del humanismo permitían a las mujeres saber, pero privadamente, confinadas a las paredes de su hogar. Para ser ejemplar y digna, la doncella no debía ir a convites, toros, justas o torneos, ni tampoco danzar.

-Que mierda vivir en aquella época- se dijo. El viento corría agradable, el ambiente extrañamente no olía marihuana, y aquella coca cola que bebía era extremadamente deliciosa. 
Se acomodó el cabello y continúo. 

                 Tanto en España como en América, la imagen de la bruja corresponde a un estereotipo, que por lo general está dado por la clase dominante, en ella se combinan el sexo, el daño y el poder. Se pensaba que las mujeres debían permanecer lejos del poder, es decir, privarla de su autonomía con respecto a los hombres; concepción sustentada en su naturaleza débil, pues eran consideradas moral, intelectual y físicamente inferiores a los hombres; sujetas a pasiones e incontrolables apetitos e identificadas con el mal. 

-Yo hubiera convertido sus penes en sapos.- dijo.
-¡Sabia que eras rencorosa!- escuchó.  




Se sacó los lentes y se cruzó de brazos molesta. Le irritaba un poco la voz de Gabina y mucho más si era cuando la sorprendía. 
-¡Es de mala educación interrumpir a otros mientras leen!- dijo.- A veces quisiera golpearte. 
-¡Ya, tranquila!- junto las palmas de la mano, como si fuera a orar, y se disculpó.- ¿Cómo vas, ya llegaste al aquelarre?
-No, he estado ocupada. 
-¡Rayones!- se hizo para atrás.- Quería escuchar que opinabas sobre eso. He notado que te gusta mucho el tema.
-¿Qué insinúas?- preguntó. Allison frunció el ceño, realmente tenía ganas de golpearla o peor aún, dibujarla. 
-No tienes que exaltarte, solo quería consultarte algunas cosas.- se defendió.- veras, quiero hacer mi tesina sobre Rosa Rodas; sin embargo, no tengo un enfoque preciso. 
Eso explicaba por qué sabía tanto del tema, o que era buena pasando desapercibida. 
-¿Entonces?
-Quería que me ayudaras. Si lo sé, soy una horrible persona.- dijo.- Pero, dame una mano y también te ayudaré eventualmente. Entre brujas nos ayudamos, jaja.
-¿Qué querías que te digas?- suspiró. Resultaba ser más una drogadicta bruta a tal vez una suspicaz cazadora de brujas. - Explícame lo del aquelarre.
- El aquelarre es la forma genérica de denominar a la agrupación o reunión de brujas y brujos para la realización de rituales y hechizos, en escritos cristianos como actos de invocación y adoración a Lucifer.- respondió colocándose las manos en la cabeza en forma de cachos. 
-¿El sabbat?- Allison recordaba haberlo leído antes. El diablo solía manifestarse en forma de carnero, también eran rituales en las que jóvenes vírgenes se convertían en brujas, siendo fornicadas por el animal. 
-¡Exacto!- respondió.- Como la religión judía santifica el sabbat como día de descanso obligatorio, algunos gobernantes cristianos de la Edad Media buscaron relacionar el descanso prescrito por la religión judía con la actividad satánica y brujeril. Es decir si no descansabas eras bruja. 
-¿Y qué tiene que ver con tu proyecto?- consultó. 
-Según alguna odas sobre Diego de Valle y Hermoso, Rosa tuvo un aquelarre en el cual maldijo a Lima, a Diego y todo hombre que se metiera en el camino de una wicca. – explicó la chica del gorro entre sonrisas. 
-¿Wicca?
-A eso quería llegar, conejita.- respondió.- Mi proyecto va sobre la comunidad wicca peruana, tomando el caso de Rosa Rodas. Una wicca inculpada de bruja y convertida en una por la sed de venganza. 
-¿Cómo encontraras textos sobre eso?- Consultó.- Wicca sino mal recuerdo son las brujas medicinales, entre comillas. Ya que, en realidad era medicas naturales. 
-¡Por eso te di la tesis!- respondió.- Somos brujitas que desean investigar sobre eso. 
Ella era una estúpida, pero Allison se sentía más estúpida de pensar que ella sabía sobre aquel extraño poder que tenía al dibujar. 

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