domingo, 27 de agosto de 2017

Manos de arcilla.

Si se oxida, nunca más podrá volver a ser blandida. Si se echa a perder, su esencia quedará en pedazos. Así son las manos de arcilla un ollero, como la hoja de una espada. Al igual que la principal arma de un samurái, sus manos poseen un legado de experiencia y técnicas de generaciones pasadas, que poco a poco pasan factura. 

La artrosis en segundo grado, el mal del ollero, no le permite unir las manos del todo sin tener dolor, producto de la alfarería que ha llevado generación tras generación en la familia Javier. El contacto constante con agua y barro, le fue alterando las manos, desde aquel momento en aquella mina.
En la actualidad quedan pocos alfareros en Santo Domingo de los Olleros, ubicado a dos horas de Chilca. La tradición cultural del tratamiento de la arcilla se hereda desde tiempos remotos al igual que los males. Cansados, viviendo no mejor que un mendigo, cada día se reduce más el número de olleros, por su poco reconocimiento. Están en peligro de extinción y reducido al pueblo de Piedra Grande en dicho distrito. 
Don Walter Morales, un ollero emblemático heredo el arte de las manos de su suegra, Doña Faustina. 

La jornada inicia en conciertos de gallos temprano. Los olleros buscan la arcilla necesaria para remojarla hasta el punto de ser plastilina para niños y comenzar a moldearla como masa para el pan del desayuno cada mañana. 
Luego de dejar secar durante tres días y rezarle al sol que no se le ocurra ocultarse y mucho menos que llueva. Están casi listas. Finalmente el proceso de quemado para mantener dura la olla, tal vez la parte del proceso que nadie quiera conocer, se prenden en brasas excremento de vaca y se colocan las ollas a quemar. 
El proceso es continuo cada día y ellos nunca dejaran de hacerlos.  El tratamiento con agua y arcilla durante toda su vida va deformando en herramientas divinas hasta el punto de no poder aplaudir si quiera a su hijo en la actuación por día de la madre de su escuela. 
Nadie los conoce, ni reconocen su talento. 
Feas, toscas, callosas o manos de chola, son las primeras impresiones de los que llegan a Santo Domingo de los Olleros, en búsqueda de las famosas ollas de barro de Teresa Izquierdo o las del restaurante de Gastón Acurio. Pocos aprecian el arduo trabajado de un ollero, que con empeño, habilidad y elegancia hacen de cada olla, un David de barro al estilo peruano. 
Los limeñitos, como los llama el pueblo, llegan de vez en cuando, con lentes de sol en un día nublado y preguntando el porqué de todo. “¿Por qué Faustina y no Maria?”, “¿Por qué usan barro?”, “¿Son higiénicas las ollas?”. Son liebres para preguntar cada absurdo detalle desde la elaboración al precio y tortugas para entender cada fragmento que representar una olla de barro. 
Nunca faltan audaces zorros comprando quince ollas a diez soles cada una y vendiéndolas en la ciudad a 25 soles la unidad. Son contados con una mano mutada los que se toman  el tiempo de entender la elaboración. Con una sonrisa, Faustina con encanto le explica a cada persona interesada en escucharla.  
Los medios de comunicación que llegan a Santo Domingo, solo se interesan en el festival de la tuna y pocos son los que observan con dedicación su trabajo y realmente lo admiran. 
Son magos con manos de ogro, moldeadas con pasión y cariño. Irónicamente tan repugnantes a la vista como bellas sus artes. Incapaces de aplaudir, pero con una magnifica riqueza cultural, trasmitiendo sentimientos en el barro y dándoles la forma de una familia, un domingo por la tarde, lista para almorzar alrededor de una olla.  
Manos de arcilla que no aplauden sin dolor, pero abrazan con un gran amor. Con años de maestría en la artesanía de olla de barro y de hechicería para lograr una deliciosa comida. Más que simples ollas, un arte y la unión familiar.  



2 comentarios:

  1. Hola
    Esta entrada tuya a estado muy bonita y la veo perfectamente en alguna revista cultural :)
    Me ha encantado

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    1. Hola! Gracias, en teoría estudio para eso xD Que gusto que te haya agradado. Este año planeo subir más entradas culturales de mi país. Un abrazo.

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