lunes, 17 de julio de 2017

La segunda luna - Prefacio

Negro y blanco


Negro. 
Un segundo antes estuvo desolado en una cama, y luego frente a un cielo estrellado. Había muerto y no era el paraíso, tampoco el infierno. No había sol, solo una luna y una extraña sensación de dolor. Antes de llegar a aquel lugar, nunca imagino algo que lo aterrara más que la muerte en sí misma y ahora lo recordaba. 
-¿Una segunda vida?- se preguntó. Su voz sonaba como un infante. 
Blanco. 
-Algo parecido.- le respondieron quienes lo rodeaban, personas extrañas a él.- ¿Tus ojos?- su voz se tornó levemente turbia, en el límite del miedo y el asombro. ¿Por qué son rojos?
-Solo sé que me llamo Adrián… ¿Qué paso? ¿Quiénes son ustedes? ¿Soy Adrián? ¿Pero mi mamá? No, mi abuela… ¿Tengo abuela?  ¡Qué pasa!
Negro. 
Un mundo de personas muertas, un sueño conjunto o la dichosa segunda vida. Un castigo tal vez para los no creyentes. “¡Ja!”, el buda tuvo siempre razón, dicen algunos. La verdad era aún más espeluznante, habían muerto y llegado a otro mundo y recordaban toda vida pasada. “¿Mis padres?”, “No pude suicidarme para esto…”, interrogantes de cada día acompañadas de un crudo dolor y arrepentimiento.  “Mi hijo acababa de nacer…”, “Me caso mañana”, “Debía pagar la hipoteca de la casa de mamá…”
¿Qué es más cruel que saber que has muerto y vives de nuevo sabiendo todo lo que dejaste atrás?
Blanco. 
Adrián Sánchez murió a los 72 años, el 12 de abril del año 2012. A los segundos abrió los ojos y no recordó su vida antes de llegar a La Segunda luna, o simplemente Segunda, y una excentricidad lo acompañaba. Tenía los ojos rojos. 
-¿No recuerdas nada niño?- le consultaron. 
-No…
Mitos y leyendas locales de aquel extraño lugar denominado Segunda indican que Dios le concedió a una niña llegada nacida los ojos de un ángel a cambio de su vida pasada para dar paz a ese lugar. Aquellos ojos eran blancos y puros.  Esa niña fue llamada Micaela. 
Un par de años después el niño con ojos de demonio, él se llamó Adrián. Ambos perdieron los recuerdos de sus vidas. Las únicas personas nativas de aquel lugar, pues no recordaban una vida anterior. 
Negro.
Segunda se desarrolló a la par de la primera vida, ya se iniciado una democracia hacía varios años y eran un total de cuatro naciones: Nueva Brejaña, Franlia, Argento y Neochin. Cada una compuesto por un conglomerado de pueblos. Sin embargo, su evolución era obsoleta. 
No podía crear nada. Tenían conocimientos de física, mecánica, ingeniería, literatura, psicología pero no eran capaces de implantar algo. La luz solo duraba 12 horas y luego desaparecía dejándolos en tinieblas. El fuego era imposible. 
Sobrevivían comiendo frutos de árboles, solo podían acceder a trueques y sus viviendas eran agujeros en la tierra, o cuevas. Eran personas obligadas a vivir como primitivos cavernícolas. Con el tiempo se crearon grupos religiosos con la esperanza de la misericordia de dios. Al pasar de los años aquellos mitos y locuras se hicieron realidad. Ellos llegaron. 
Blanco. 
Aquel pueblo en el ambos ´nacieron´ se llamaba Mannix, de Nueva Brejaña. Los que llegaban luego de su primera muerte aparecían de la nada, algunos decían que seguían la luz y aparecían en estos pueblos.  Pero tanto Adrián como Micaela, aparecieron a una corta edad y sin recuerdos algunos. Las únicas personas que envejecían. 
Los años pasaron y los niños crearon odio del uno al otro. El grupo religioso local, los Mormos criaron de ella como una diosa. Le enseñaron talentos y disciplinas de su primera vida con la esperanza que ella fuera la Jesucristo de Segunda. Micaela al ser muy linda y talentosa, tenía muchos galanes. La rebeldía de la adolescencia la alejaba de los Mormos, quienes deseaban tenerla como una diosa, una salvadora pero uno robo su corazón, el chico se llamaba Pedro. Sin embargo, Adrián estuvo solo desde el comienzo. 
Negro. 
Pedro en su vida anterior era un deportista destacado o al menos eso afirmaba. La segunda oportunidad ofrecía a uno mentir y ser famoso y popular. Lástima que el amor adolecente es estúpido. Pedro solo quería algo de Micaela y al conseguirlo la dejó. El sexo sin hijos era un regalo del cielo, que era lo bello de Segunda. 
-Los chicos locos…- comentaban al verlos. Era demasiado discriminador juzgarlos por sus miradas opuestas. Los líderes de las naciones prohibieron cualquier tipo de maldad contra ellos, no sabían que podía pasar y el corazón roto de Micaela fue un secreto a voces.  A estas alturas los ateos creían en dios, los religiosos mandaban a la mierda su fe y así era como Segunda se había convertido en una versión sin tecnología y limitada de la vida común durante la primera vida. 
Las cosas más simples son las más bellas. Adrián pasaba sus días caminando, soñaba con viajar pero estaba vigilado por los altos mandos de Nueva Bretaña. Él y ella a diferencia de resto de habitantes no conocían otra vida que no fuera esa. Volvían a experimentar una pubertad, adolescencia.
Blanco y negro. 
Una mañana intranquila, de esas en las que Micaela soñaba con ser un monstruoso insecto y escribir los versos más tristes. Ellos se vieron. 
-No deberías llorar…
No la odiaba, más eso quería. Si bien Micaela tenía fuertes sentimientos encontrados, aquellos envidiaba él. Adrián no podía sentir nada y sabía que eso le faltaba. Opuestos, blanco y negro era lo que eran. 
-¡Vete! – pidió ella. 
Micaela tenía el cabello largo y rosado, llevaba una trenza en un mechón rebelde al frente.  Adrián tenía el cabello oscuro, una piel pálida y mirada baja. Ella era clara y brillantes como un amanecer en primavera, él era oscuro e insípido como una noche lluviosa, paz y caos sin expresión alguna. 
Se encontraban frente a un rio, el cual aumentaba su cauce con las lágrimas de ella.  “¿Sentir duele?”, se preguntó el al verla. “¿No tener corazón es malo?”, se preguntó ella al verlo. 
- Eres muy engreída. – Él suspiró.- Este es mi lugar favorito. 
-Cállate… 
-Eres como un demonio, niña del cielo…
Siempre había querido conversar con ella. Era la única que podría entenderlo, era su gemela, el sello de su cara. 
-¡Por qué no te vas a la mierda!
-Veo el futuro de cualquiera que llora frente a mi… nos iremos juntos a la mierda, niña del cielo. – bufó.- Jajá- 
Ella perdería el corazón y él lo ganaría. 

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