Demonios internos - epilogo

Mi día especial 

Estaba agotada. Nos encontrábamos trabajando en un restorán trabajando, una de las estupideces de Vladimir.  Me sentía contenta con vida. Hoy era un día especial para mí.  
-Te extrañaremos mucho por aquí- escuché a Enrique, quien lavaba los servicios. Yo era camarera. – Me da gusto todo haya salido bien para ti payasita. 




-Jaja, seguiremos siendo amigos.- respondí. 
Habían pasado seis meses desde que Antonia se convirtió en hermana de Vladimir. Las cosas habían cambiado; llegaron dos chicos a nuestro club, me declaré a Vladimir y fui rechazada,  yo solo era una amiga para él. Me dolió y lloré dos semanas, luego entendí que la única persona que le importaba era Lizbeth.  Aposté con Linda que ella sería su novia, cuando fuera mayor.
-¡Akemi necesito que entregues esto a la mesa cuatro!- gritó Linda, me tenía que apresurar. 
-¡Enseguida voy!
Empecé a salir con Diego, luego de tres meses de llorar por él, nos convertimos en novios. Rara vez veía a Carol, a menudo en mi casa. Con el tiempo empecé a tenerle cierto afecto, ella era una buena persona víctima de su cruel destino. Odiaba que bromeara con ser mi madre. Ella me había visto el nombre, era como una suerte de madrina mía.  
Linda y Enrique son pareja, llevan dos semanas saliendo. Supongo que pronto les llegará el día especial también. Jane regresó a Francia, Kotomi siguió con su camino como ángel guía y hoy también es el día especial de Diego. 
-¡Cuidado amor!- me sonrojé. Aun no estoy acostumbrada a tener un novio. 
Los chicos de la ángel también están trabajando aquí por hoy. Hoy no solo es nuestro día especial, es también el cumpleaños de la muerte. Y por ser especial, hoy servimos a ella. 
Mi papá y mamá están con los padres de Diego en una mesa, en otras otros conocidos de ellos. Los miserables que estuvieron al lado de Carol cuando se convirtió en la muerte. Ella es una bella persona, siento un poco de envidia de no poder recordar esto. 
Soy feliz pero quiero llorar. 
-Parece que no deseas que acabe el día.- siento un escalofrió, él que me habla es Vladimir.- Fue divertido payasita. 
-Gracias…
-Lamento lo que paso con nosotros.- respondió.-  No te preocupes por esto, cuando mueras llegaras a mis terrenos en el infierno, ellos también estarán ahí. 
-Siempre fuiste muy malo consolando amigo mío.- respondí.
Hoy es mi día especial. Hoy soy libre de Vladimir y este paranoico mundo entre el paraíso y el infierno.  Hoy retomó mi vida normal y feliz. Perderé mis recuerdos y empieza mi nueva vida. “Dios no castiga, enseña”, recordé. Si papá tenía razón. 
-Gracias por todo Akemi. De verdad gracias. – dijo.
Se apagaron las luces, es hora de cantar el feliz cumpleaños. Todo son risas. Desearía no olvidarlos, pero es parte de la vida dejar el pasado atrás. Fui feliz compartiendo mi vida con ellos. 
La cara de la muerta esta estampada contra el pastel. Mi padre es el payaso mayor, yo su payasita. Los extrañare a todo. Rio para no llorar. 
-Los quiero mucho, amigos.
El día terminó y la vieja yo con él. Gracias Vladimir. Cerré los ojos mientras me colocaba el rosario de madera. 
Hace un año me había unido al club de teatro. A veces deseaba volver pero el tiempo no me lo permitía. “Malditas responsabilidades”, pensé. El trabajo no me daba tiempo y las tareas tampoco. Hoy acepte ir con Linda y Enrique al aeropuerto, Linda iría a visitar a sus padres, estaba súper aburrida ese par se molestaban y trataban de ocultar algo tan obvio que era aburrido desmentirlos. Terminaron un total de 14 veces y estaban a nada de que sean 15. 
-Odio tipos como esos- dijo Enrique, varios chicos se quedaron observando a Linda quien llevaba un vestido morado, algo corto con unas botas largas.- Se quedan mirando como idiota… ¿Acaso nunca han visto una chica linda?
-¿linda?- Linda se sonrojo, creo que vomitaré. Ni yo ni Diego éramos tan cursis. 
-Sí, una pelirroja que esta por ahí…creo que- Se debutó al ver la mirada fulminante de mi mejor amiga- Ah ¿Qué? ¿Creíste que eras tú?
Linda subió al avión, sin despedirse. Era de esperarse Enrique era un idiota. Él subió en el tres tras ella.
Caminé por el aeropuerto, iba llamar a Diego para pasear un poco. Entonces, una chica se me acercó. Era pelirroja y llevaba una trenza con unos mechones de cabello y el resto suelto, de seguro era extranjera. 
-¿Estas perdida?- Pregunté. Ella se quedó mirándome por varios minutos. 
-Sí, disculpa –Respondió con una pequeña sonrisa, era una chica muy hermosa, su cara era tan fina y delicada, sus ojos eran verdes, llevaba cerquillo- ¿Dónde puedo encontrar la Universidad Nacional?- dijo. Yo estudiaba ahí, que raro.
-Está cerca, yo estudio ahí- dije sonriente -¿Cuál es tu nombre?
-Emilia Kamashiro – Respondió, mientras acomodaba sus cabellos.- Soy novia de Vladimir Anderson. ¿Lo conoces?
-Akemi, mucho gusto.- respondí, quien diría que Vladimir tenia novia.  Aun recordaba cuando me rechazo en un ensayo, era de esperar que no le gustara. Debía sospechar que le gustaban extranjeras. – yo te llevó. 
-El gusto es mío, payasita. 
-¿Cómo? Jaja, es mi viejo apodo. 
-Sí, Vladimir me hablo mucho de ti. 
Extrañamente una lagrima se deslizo por mis mejillas. Ese hombre era un monstro sin sentimientos, me alegraba saber que le llegue a importar. 
-¿Qué si? Bueno. Yo te llevó.
-Gracias.

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