lunes, 29 de mayo de 2017

Demonios internos - Capítulo final

La muerte es inevitable 

-Es bueno verte de nuevo – dijo Lizbeth con pequeñas lagrimas que recorrían sus mejillas como dos pequeñas cascadas. Inmediatamente se las limpio y lo miro nuevamente. Dudaba si realmente era él. –hermano…
-Es bueno escucharte de nuevo – respondió. Vladimir llevaba un traje negro, “¿Por qué los demonios siempre lucían elegantes? No les sofocaba estar de esa manera…”, me preguntaba. Apenas hace un momento todo parecía perdido. -Has estado molestando mucho a mi hermana…- comenzó a tronarse los dedos.
Sus ojos escarlata me daban terror, Zelig solo sonría.
-El demonio recuperó su poder…- dijo, su mirada se tornó seria, ya no estaba jugando como hace un instante con Diego. Kotomi hacia todo lo posible por reanimarlo pero este no daba señales de vida. Lagrimas brotaban de mis ojos al verlo en esa situación, pero trataba de tranquilizarme. Sabía que él estaría bien.
Vladimir se acomodó el traje, su mirada era seria, muy diferente a como acostumbraba a verlo. La primera vez que nos encontramos sus ojos eran dorados ahora eran completamente rojos, me daba terror mirarlo fijamente. Recordé que hace mucho leí que los ojos eran el reflejo del alma.
Ahora que lo recordaba Carol había dicho que perdió parte de su poder, tal vez esa era su verdadera forma… ¿Los demonios visten elegante? Lo pensé un instante y Jane también vestía así a pesar de ser mujer. Kotomi se paró mientras las alas que brotaban de su espalda la iluminan, tenía una pequeña armadura plateada, en sus ojos las pupilas desaparición, se veía tan hermosa.
-Mantente alejada –dijo firme. No entendía por qué Vladimir parecía hacer tiempo. – No te dejare morir aun….
En ese momento que comenzaba a reanimar a Diego, Zelig apareció detrás de ella con la espada santa en las manos. Kotomi estaba completamente distraída. 
-Cui…. —No termine mi oración, Vladimir estaba delante de él, cogió sus rostro con su mano y lo aplasto contra la pared, llamas negras salieron de sus brazos Una gran carga de relámpagos cayeron sobre Zelig  destruyendo parte de la casa. Provocando de Vladimir se alejara.
-Akemi , Lizbeth , Dominic ,Linda , Enrique – Nos llamó inmediatamente todos lo observaron – Lárguense.
-¿Qué?- reprochamos todos, no lo dejaríamos. No de nuevo. –Ni se te ocurra – Gritó Lizbeth – Enrique estaba apoyado en Linda, Dominic aun herido, Lizbeth igual. Yo era la única sana. – No te dejaremos, esta vez no.
-Un simple demonio como tú no podría contra un ángel de clase alta. –Zelig blandía la espada santa.
-Odio las clases sociales. -Respondió sacándose los lentes. 
- Yo me encargo de ellos – se escuchó una tercera voz, Jane entraba a la escena. Ella le sonría a Vladimir. – A sí que estas de regreso al 100% Ella aparecerá pronto o seguro se divertirá con esto… 
-Hijo del líder del 4° infierno, Balhor, el que era confundido con Lucifer por sus grandes poderes – dijo Zelig conteniendo la risa –Niegas tu origines, cuando eres la maldad encarnada. 
El fuego se encendió en una de las manos de Vladimir, un extraño liquido negro caiga sobre el suelo provocando un hoyo, alzo asedia desde abajo por ahí…. Una espada, no una katana negra. Vladimir la tomó, tenía la hoja de color escarlata.
-No soy amante de este tipo de cosas – dijo ignorando a Zelig –  No me queda otra. Se demora demasiado. 
No dio espacio para una respuesta,  la katana negra tenías las llamas oscuras que brotaban del cuerpo de Vladimir, Zelig expandió su aura eléctrica. El choque de ambas armas provocó una gran expansión de viento, afuera se escuchaban los rayos contra la tierra, un pequeño remesón le siguió, Ambas miradas se encontraban atreves de las hojas.
-Vladimir nunca conoció a Balhor – dijo Jane, mientras nosotros nos juntábamos a ella –Apenas nació, fue expulsado del 4° reino. Balhor tenía que quisiera tomar su lugar y lo matara para ser el rey. 
-Si lo sabía – Respondió Lizbeth.- Hubo otro demonio a su lado durante ese tiempo. 
-Ese demonio, no  era cualquiera –Continuo Jane –Él había estado en el mundo humano, durante casi toda su vida. Vladimir es el único demonio idiota. 
-No era un demonio–corrigió Lizbeth– Ese tipo era mitad humano, era mucho más humano que muchos.
-Para concluir, Balhor muere asesinado por el grupo de miserables cuando ascendió a este mundo. Vladimir regreso después de mucho años tomando el control.- Concluyendo Jane caminando hacia la puerta –Yo conocí a ambos, puedo decir que Vladimir supera en todo a su padre. Ni un arcángel podría vencerlo, dudo que ese ángel lo logré.- Cargó a Dominic en un hombro y a Enrique en otro, yo ayude a Linda y comenzamos a movernos.
Kotomi seguía concentrada en Diego junto a Bryan. Vladimir comenzaba a combatir con Zelig, él llevaba el control, casi daba terror verlo combatir con esa intensidad. Era como una película de Star Wars.
Zelig cortó parte de su cabello. Él se agacho y pateo la mandíbula del ángel, este salió volando deteniéndose en el techo concentro los relámpagos en la espada apuntando a Vladimir, este hizo lo mismo con sus fuego negro, pero la katana no parecía tener cambio alguno. El relámpago que lanzo era muy brillante pero Vladimir lo recibió con la katana. Aquella luz desapareció. 
-No es fuego – Escuche a Lizbeth – Es oscuridad, la oscuridad absorbe la luz; como la ira, el sentido común.  
Ambas arma saliendo volando, Zelig lanzo varios relámpagos contra Vladimir, estos lo atravesaban  pero este no sufría daño. Se iba acercando lentamente.
-¿Eso es todo? – Preguntó  golpeando en estómago, este se retorció. Vladimir coloco su mano en la frente de Zelig -¿Le tienes miedo a la oscuridad? – Pregunto  el fuego oscuro de su mano comenzaba a expedirse.
- ¡No toques a mi amo! – Vladimir  se apartó, la llave maestra de Zelig lo atacaba con la espada santa –Asqueroso demonio… – dijo comenzando atacar a Vladimir, este esquivaba con facilidad; sin embargo, un corte de esa espada podía ser fatal. Zelig se repuso atacándolo también, eran dos contra uno. 
El puño lleno de relámpagos golpeo a Vladimir haciendo sucumbir, inmediatamente  la chica salto con la espada hacia abajo, una terrible escoda. Pero el aire una patada la aparto. Lizbeth cayó poco después de patearla, tomo la espada demoniaca. Parecía que Diego puso de moda usar armas santas.
-Llave contra llave – dijo Lizbeth mientras en sus  brazos se acumulaba el fuego negro u oscuridad como ya nos había corregido. La chica asintió y ambos provocaron un estruendo mis las armas chocaban.
Vladimir observo confiado al ver su hermana usar la espada mejor que él, Zelig ataco a Vladimir, este detuvo el puño con una mano, lo cogió y lazo contra el suelo.
-Sera un final de fantasía… como me gustan. 
-¿Carol? – Ella estaba a mi lado observando.- ¿Qué haces aquí?
-Es mi trabajo detenerlos. – Respondió, luego sonrió – Pero yo decido cuando. Deberías decirle que no pierda el tiempo- se refirió a Kotomi.- La muerte es algo inevitable. 
-Es cierto…- recordé. 
Corría por los pasillos de la gran mansión del ángel, pero no podía encontrar a Vladimir. Diego peleaba contra Zelig, era una derrota segura aunque no estaba solo; Lizbeth y Diego ambas llaves maestras. De pronto encontré una escalera hacia la parte baja, el sótano pero una chica la cuidaba.
Desenvaine la katana y ataque, ella se defendió pero sin darme cuenta alguien la golpeó por la espalda.
-¿Antonia? 
Desde que habíamos llegado la había perdido de vista. 
-Fui a buscar las llaves, sospeché que estaría en el calabozo –respondió sonriendo. –Conozco bien esta casa.
Ambas abrimos la puerta y entramos todo estaba oscuro, una persona estaba encadenada al fondo en la oscuridad. Antonia prendió la luz.
-Tira de malagradecidos – dijo alzando la mirada. 
-Vladimir – Inmediatamente le acerque, lo toque, era de verdad, era él.- estas bien…
-Si este es tu concepto de bien…
-Son cadenas bendecidas. – Dijo Antonia tocándolas.- Es imposible, debemos buscar las llaves.  
-Fue un buen intento al menos –respondió levantándose, su cuerpo estaba encadenado-No puedo romperlas pero tengo otra idea…
-Eres muy guapa Antonia. –“¿Carol?”, aquella era su voz sin duda.-  Siempre te metes en problemas Vladimir.  
-Tú también demoraste –comentó Vladimir, mientras Carol se acercaba.-¿Me podrías castigarme al menos después de vengarme?
- No tengo intenciones de regresarte a tu mundo.
-Disculpa… ¿Cómo me conoces?- preguntó Antonia. Las cadenas de Vladimir se rompieron. Carol empezó a sonreír. 
-Eso es muy interesante…-respondió Vladimir, Carol saco una caja de su bolsillo y se la entrego.- Entiendo. 
-La muerte es algo inevitable, pero todos merecemos una segunda oportunidad.
Desapareció en ese instante, Vladimir dejo la caja a un lado, nos pidió alejarnos. Antonia retrocedió detrás de mí.  Un humo rojizo invadió la sala. 
El auto me saco de mis pensamiento, entraba por la puerta destrozando todo, Antonia conducía.
-On y va.– dijo Jane metiendo a Dominic y Enrique al auto, luego entro Linda, Antonia bajo del auto.
- Yo me quedo.
-¿Qué?- Gritó Jane- Ne me dérange pas
-Lo siento- agregó corriendo hacia adentro, Jane se maldijo y me metió al auto a la fuerza, pensando que escaparía.
Antes de arrancar pude ver a Vladimir y Zelig chocar puños, mientras que la tormenta parecía empeorar, Lizbeth usaba la espada demoniaca y la llave de Zelig usaba la santa. Kotomi y Bryan se quedaron con el cuerpo de Diego, con esperanzas de reanimarlo. 
Nos alejábamos rápidamente, pero sentía que una parte de mi aún estaba ahí. Mis sentimientos nuevamente me hacían una mala pasada y deseaba llorar por Diego. 
-Ya se los dije Vladimir no perderá – Dijo Jane, veía su sonrisa a través de retrovisor. La chica del cabello celeste y rojos ojos era la prima de Vladimir, ella conocía mejor que nadie a Vladimir, aunque Lizbeth demostró que sabía más por el mismo susodicho – Il est tres fort, él no perderá. 
-No puedo estar tranquilo –Enrique rompió nuestro silencio- Él termino salvándonos de nuevo. 
-Es cierto – Linda estaba recostada en su hombro, cabizbaja también –Somos de lo peor.
-Ese tipo, Diego, murió para salvarlo sin ser nada de él y nosotros…
-Diego no morirá.- dije.- No de esa forma, ni él ni yo. 
-¿Así que ya lo sabes chica payaso? –El carro se detuvo en seco, todos nos golpeados. Jane volteo –Los dejare a todos en su casa, lo primero que haran es darse una duche y echarse a dormir. El primero que se le ocurra desobedecerme, deseara estar muerto. Menos Akemi, s'il vous plait. - Sus ojos brillaban, todos asentimos y tragamos grueso. 
Luego tuve que explicarle a mis amigos sobre Carol y todo eso que no sabíamos acerca de los demonios, la muerte y ángeles. La primera parada fue la casa de Dominic, nos sorprendió a ver a la profesora de Música abrir la puerta, de pronto nos enteramos que tenía pareja y no era gay.
-No sabias que estaba tan desesperada –Comentó Enrique
-Date por jalado en sociales- Respondió la profesora al cerrar la puerta. 
Enrique se lamentó durante el camino a la casa de Linda, solo quedamos tres. La tormenta aun no cesaba aun tenía esa angustia pero, sentía que todo estaría bien. 
-Esto....-Linda jugueteaba con sus dedos, nunca la vi así. –Me da miedo quedarme sola…
-Está bien yo me quedo –Enrique bajó con ella del auto –A esta hora el edifico donde vivo debe estar cerrado – Eran las 11 p. m., Linda sonrió y ambos entraron.
-Oye, ten – Dijo Jane lanzándole algo a Enrique, solo quedaba yo .Vi a Linda sonrojada, mientras que Enrique comenzó a burlarse.
Y finalmente quede solo yo, observaba la noche oscura a través de la ventana, la lluvia era intensa, los rayos cesaron hace apenas unos segundos “¿habrá terminado?”, me pregunté. Jane me observaba a través del retrovisor.
-¿Qué le diste a Enrique? –Pregunte, rompí el silencio aún faltaba para llegar a mi casa.
-Préservatifs. –Respondió. Lo pensé un poco ¿Protección? ¿A qué se refiere? –Vamos, no es tan difícil: Chico más chica.
-¿Ah?- Mi cara tomo color en un instante, pude ver su sonrisa burlona- ¿No creo o sí?
-El sentimiento es algo un poco tonto –Me saco de mis pensamientos –Contaminan un sentimiento tan puro, con su estupidez.
-Sii…- Tenía razón, recordé a Giancarlo. Hace tiempo no pensaba en él “¿Cuándo lo olvide?”, me dije. -¿Tienes a alguien?- Pregunté.
-Oui, pero Vladimir y él no se llevan muy bien. –Respondió sonriendo –Pero él no está en este mundo.   
-Nunca pensé que los demonios serían tan amables.- dije sin pensarlo ella frunció el ceño.
-No lo somos, el único es Vladimir –Respondió –  Si estuviera aburrida y Carol no me desaparecía si te tocó, me divertiría contigo.  ¿Tus padres son creyentes? ¿No te gustaría sentir un exorcismo? 
Se terminó, habíamos llegado bajé del auto y con temor saque mis llaves, faltaba media hora para la media noche, las luces aún estaban prendidas, escuchas risas. Había visitas. Respiré profundo y entré. 
En la sala estaba mamá sentada en el sofá junto a otra señora, era alta, tenía gran presencia. Su cabello blanco estaba recogido en un trenza, en el otro sofá un señor su mirada me daba nervios. Mamá hablaba con una sonrisa con ambos. 
-Buenas noches – Saludé a ambos, entrando -¿Papá?- Pregunte. “¿Por qué no está?”, sentí temor. 
-Por fin llegas hija- mamá se levantó y abrazó –Tenía miedo, si algo te pasaba…-Sentí un gran alivio aún eran ellos, los verdaderos ellos.
De la cocina vi llegar a papá con una bandeja y bocaditos, apenas solté a mama cumplí, mi promesa. La bandeja cayó al suelo. Él sonrió y me correspondió.
-Me alegre que te haya ido bien –dijo.- Ahora limpia esto. 
-Gracias, gracias, gracias…
-¿Qué esperas para preguntar?- dijo papá luego del abrazo, observando al señor en el sofá.
-Igual saldrá vivo. No tiene gracia preocuparse por él. 
-No digas eso –Reprochó la señora que estaba con mamá- Dime, ¿qué paso con Diego?- Justo segundo o microsegundos o quien saber la medida de tiempo exacta en la que me disponía a responder la tensión del ambiente cambio.-Akemi, estas hecha toda una señorita –La señora se paró – No te veía desde que tenías cinco años.
-Cierto- Agregó el señor –Agradece que te pareces a tu madre.
-Jaja, muy divertido Diego – Respondió papá – Akemi, te he dicho que limpies esto. 
-Espero tal vez, se acuerde de Diego – Dijo la señora sacando una foto de su cartera.- Ustedes eran buenos amigos. 
Ellos cambiaron en un instante, me sentí aliviada pero nuevamente sentí una gran presión en mi pecho al ver la fotografía. Era yo de niña, a mi lado un chico con el cabello blanco. Era demasiado para mí en una sola noche. 




-Han pasado casi 14 años, que no veníamos aquí- Dijo la señora- Vivíamos en China, pero regresamos hace cuatro años. No tuvimos tiempo de venir. 
Pase toda esa noche conversando con los padres de Diego y los míos.
A la mañana siguiente, aproximadamente a las cuatro de la tarde, que parecía noche, estaba junto a Enrique y Linda en Chosica, caminando entre clubes campestres buscando donde podían estar. Su casa había sido quemada y solo sabíamos que andaban por aquí. Dominic nos dijo que Vladimir estaba aquí pero íbamos 30 minutos caminando y no los veíamos. Apenas me encontré con Linda quería que me contara como le fue, pero Enrique no se separaba de nosotros, “¿Acaso no sabe lo que es un tiempo de chicas?”, me dije. 
A los 10 minutos lo vimos estaba con  una camisa azul, manga corta junto a Lizbeth y Antonia. Lizbeth tenía un short negro, un polo azul oscuro con la palabra “FUCK” en el pecho con color negro. Notaba algo raro en ella, su cabello se lo había recortado, normalmente llegaba casi a su pecho pero ahora  apenas a sus hombros, igual se veía tierna. Antonia estaba con un vestido morado claro y unas botas negras. Lucia contenta muy diferente a como estaba la primera vez.
-¡Holaaaa!- Gritó Antonia alzando las manos, vi a Dominic sentado en una mesa de camping junto a tres carpas. Habían pasado la noche aquí.
Corrimos rápido hacia ellos, me volví más rápida que mis amigos pues llegue primero a Vladimir tenia muchas ganas de hacer esto, lo abracé tan fuerte como pude.
-Creo que me dejare vencer más seguido –Bromeó y lo solté. Lucia igual que siempre solo por sus ojos, aun tenía ese tono escarlata pero no sentía miedo al verlos. Aún usaba sus lentes.
Me separe de él y fui junto Antonia, estaba feliz. Fue una misión cumplida al final ella estaba feliz, libre de Zelig. Trate de no pensar en eso, se le veía tan cálida. Me alegraba que todo había salido bien al final, pero la mirada de tranquilidad de Vladimir desapareció.
-Yo no los invite –Escuché a Jane tras Vladimir, dirigí la mirada hacia donde ellos venían. Dos personas se acercaban a los lejos.
El chico tenía un traje negro, su cabello era azul azabache, sus lentes eran celestes como los de Jane. Su piel era blanca, casi pálida, su mirada era intimidante a su lado iba una chica, con traje también, su cabello era azul azabache, lacio con cerquillo. Le llegaba hasta la espalda. Era muy linda, sus labios eran color cerezo.
-Que desagradable sorpresa…
-Solo quería confiar si era cierto.-Respondió el chico-Jane, ¿Cómo has estado encanto?
-Vladimir, ¿Cuál es tu mascota? – Dijo la chica, sonriendo - ¿Qué se siente tener un humano de mascota?
-Bien querido, algo molesta contigo- Jane, era extrañamente linda con el –Daniel, pensé que tenías otra.
-Valeria, no te metas en mis asuntos –respondió – ¿A qué se debe su visita mis señores?
-Sin formalismo – dijo la chica de nombre Valeria – Rey Anderson aun soy su prometida ¿No lo recuerda?
Fue extrañamente aterradora la aura que desprendían ambos. 
-No recuerdo haberlo aceptado –respondió, inmediatamente la cara del chico cambio -¿Tienes permiso de estar aquí?
-No, solo pasamos a saludar –dijo Daniel –Conoce tu lugar hijo de Balhor.
-Ustedes deberían conocer el suyo. 
Vladimir no respondió, ambos se marcharon al ver a Carol detrás de Vladimir. No sabía quiénes eran pero no parecían amigos. Quise olvidarlo pero no podía sacarlos de mi mente. Daniel y Valeria.  Carol aún seguía sentada aquí y observa a ello irse, pensé que les haría algo pero parecía que incluso ella se sentía incomoda. 
Observamos la tercera carpa de la cual salía Kotomi, lucia cansada. Albus se acercó a ella, él estaba en su verdadera forma realmente guapo, sentí envidia por Cait.  
-Hace tiempo que no dormía tan bien….
-¿Diego? – Me acerque rápidamente a él, Lizbeth estaba conmigo -¿Sigues vivo?
-No estoy penando, tarada  – respondió burlón – Claro que sigo vivo, idiota.
-Me alegra tanto….
-Si claro, escuche claramente que querías matarme tu.-Estaba con solo un pantalón blanco, tenía un cicatriz en el pecho- Te cortaste el pelo, me gusta las chicas con el cabello corto –Lizbeth se ruborizo en un instante. Ahora entendía el cambio de look. 
-jajá- reí.




-Deberíamos ir al cine, Akemi.
-Lo pensaré. –respondí. 
Pasaron unos minutos, esperábamos el padre de Antonia, ya había llegado, Vladimir conto el desenlace a de anoche: Lizbeth había caído agotada por el uso de la espada demoniaca; sin embargo, había derrotado a la llave maestra de Zelig, Vladimir dijo que estaba a punto de acabar con su existencia, pero Carol los detuvo. Salieron de la mansión de Zelig y se dirigieron rumbo a la casa de Vladimir, claro que cuando llegaron.
-Lizbeth, de verdad tengo una mala memoria. Podría jurar que nuestra casa era aquí, pero solo veo esa casa abandonada…
-Veras….- Lizbeth titubeo un poco.
-La quemaron –terminó Antonia, ignorando la cara de Vladimir, Kotomi sonrió al verlo enfadado.
Luego de una larga discusión terminaron en el centro comercial, comprando la ropa que llevaban puesta, las carpas, comida, la mesa entre otras cosas. Todo indicaba que habían tenido una noche ajetreada 
-Papá….-Antonia observaba a su padre después de casi un año de estar atrapada por Zelig. Todo parecía que sería un lindo reencuentro, pero yo no lo aceptaba. Ese tipo era un miserable. 
-Antonia, por fin. - El hombre cayó de rodillas, nosotros presenciábamos-Lo siento tanto – Las lágrimas recorrían sus demacradas mejillas- Lo siento tanto, yo… yo
-Deja el pasado atrás, papá.- La chica abrazo a su padre –Te quiero, nunca deje de hacerlo. Por fin estaremos juntos… 
-Lo siento, hija mía. Tú debiste ser lo más importante para mí…
-¿Listo?- Preguntó Carol caminando hacia nosotros. –He cumplido Francisco. 
-Si muchas gracias- respondió el padre de Antonia. 
-¿Papá?- Antonia comenzaba a lagrimear, Carol se llevaría a su padre. “¿Por qué?”, me dije. – No- Gritó ella, comenzaba desesperarse -¿Por qué, nos acabamos de reunir?
-Ya paso mucho tiempo…- respondió Carol. 
-He vivido más de la cuenta, hija mía –dijo levantándose, Antonia quiso interponerse pero fallo –No podía irme dejándote así nunca me lo perdonaría. Nunca poder ver a tu madre o a tu hermana a los ojos. 
-No...Por favor, no.- suplicó. 
-El año pasado morí en un incendio- dijo yendo al lado de Carol –Puedo irme tranquilo ahora que te veo feliz, lamento ser el peor padre…Muchas gracias por esta oportunidad Carol.
Él se convirtió en una pequeña luz y desapareció en las manos de Carol. Entonces de pronto abrió los ojos y observó a un lado, su expresión era de gran pasmo. Se tomó la mejilla y sonrió. Ella tenía una sonrisa hermosa. La muerte era una chica muy hermosa. 
-Era mi deber –respondió Carol acercándose a Antonia aun feliz.–Eres  idéntica a ella, me perdí de ti y muchas cosas más.
-Antonia, ella es la hermana mayor de Gianella, es  tu tía- dijo Vladimir. Ella, la muerte alguna vez fue humana. 
Todos observaban a Antonia desmorónese una vez más, su padre desapareció ante sus ojos, Carol limpiaba sus lágrimas, con ternura. Ella era como su hermana. 
-Vladimir- dijo levantándose, Antonia aún estaba en Shock, me pareció injusto me pareció cruel. Ella pudo salvarla, era su sobrina y no interfirió…- Me debes aun un par de favores. 
-Esperaba que lo hayas olvidado- dijo, sin temor alguno.
-Hace nueve años adoptaste una niña, te lo permití a cambio de un castigo –Sonrió mientras se daba la vuelta- Es un trato justo, le darás tu apellido  y la harás tu hermana a cambio del favor que me debes.
-¿ah? – se sorprendió Lizbeth, asintiendo levemente la noticia se acercó a ella, abrazándola ya no estaría sola. Tal vez ella pensó lo mismo. 
Me acerque a ella junto a los otros mientras su tía desaparecía. Antonia, la chica que conocí moría hoy, a partir de hoy solo quedaba Antonia Anderson.
-Ya no estarás sola...-Lizbeth le susurró al oído, mientras Vladimir observaba a sus dos hermanas, humanas. 

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