Conejo negro - Capítulo 1

La bruja de los trazos

Rímac, Lima. 5: 30, lunes 8 de Setiembre.

  
A sus 19 años creía en las hadas, las brujas y los maleficios. No tenía novio, solo un pretendiente quisquilloso y una mejor amiga atolondradamente tierna. 
Estaba amaneciendo en Lima y el sol no planeaba asomarse por unos minutos más, cuando violentamente su despertador sonó como el pitido de un silbato en la entrada de su oído.  Eran las cinco de la madrugada de un nefasto lunes de clases de historia universal, trabajo y quehaceres del hogar. Su día empezaba sacando las primeras tandas de pan del horno, era panadera de oficio y artista de vocación.  Antes de cualquier actividad debía devastar su celular por la forma cruel de interrumpir su buen sueño. 
La vida era mejor dormida, era su lema de cada mañana. Con el trabajo y la universidad se acostumbró a dormir cuatro horas durante la noche y dos durante las tardes.   
Se frotó los ojos y los abrió lentamente de un par de parpadeos. Todo en su azulina habitación estaba desordenado: pedestales de madera cubiertos por toallas sucias, restos de tela en el escritorio, la máquina de coser aun tenia colocado el cuero para la máscara que confeccionaba ayer, su ropa sucia estaba amontonada en el suelo y un par de platos de comida tocador. Caminó hacia la puerta tropezándose con sus zapatos, su cabello largo le pesaba. “Debí cortarlo en vez de pintarlo…”, pensó acomodando su melena azul océano. 
Hace un par días ella y su mejor amiga,  Alejandra, se habían teñido el cabello cada una de su color favorito.  Ella de azul y Alita, como ella la llamada, de purpura. 
En un descuido tiró uno de sus pequeños pedestales.  Una cabeza de maniquí con una máscara de un payaso medio calvo de la frente, cabello rojo y colmillos en vez de dientes cayó.  
-Estúpido celular, estúpido cabello, estúpido Penywise.- suspiró nuevamente. Era molesto levantarse a esa hora.  
Allison Olaechea era hija mayor de un panadero del distrito histórico de Lima, el rico Rímac. Acababa de cumplir, hace un par de meses, 19 lunas. Era estudiante de Historia de la Universidad Mayor de San Marcos, en su tiempo libre apoyaba en la panadería de su padre y era una cosmaker, es decir, confeccionaba máscaras y disfraces; levemente reconocida y era una bruja, al menos ella se denominaba así.
Bruja, aquel terminó le fascinaba. Era un universo entero de historias ficticias y tan misteriosas que algunas podían ser ciertas.  
-Debería comprarme un caldero…
Cada confección era más complicada que la anterior. Fue experimentando con distintos material y tutoriales en internet. Desde tela a yeso y fue mejorando sus habilidades. Pennywise, Jason,  Anonymous, Frank el conejo y la más reciente cara de bebe de Colinas sangrientas. Eran los exhibidos como trofeos en su habitación. Algunos familiares pensaban que Allison estaba mal de la cabeza.  
Su abuela paterna, su mama, le enseñó a usar la máquina de coser a los 13 años, a los 16 empezó a venderle sus confecciones a sus amigas cosplayers  y con el tiempo empezó a ser levemente reconocida por su calidad y altos precios.  Le gustaban las películas de terror, jalowín era su época favorita del año, vendía más y adoraba confeccionar sus máscaras. Cada año confeccionaba un personaje distinto y lo exhibía en sus pedestales de madera, los cuales le vendía su primo a un precio cómodo cada año.  El año pasado diseñando notó una excentricidad. 
Alita le había pedido que la dibujara, ella deseaba hacer un cosplay y no estaba segura de como fuera a quedarle, entonces, se lo pidió. Allison accedió. Entre bromas la dibujo con un traje de Sailor Jupiter echada sobre José, el chico que estaba enamorado de ella. Aquella broma la hizo estremecer.  
A los minutos entre risas caminaron hacia la cafetería. Alejandra tropezó bajando las escaleras y cayó contra el pecho del afortunado, José. Allison sonrió por la ironía. “Puras coincidencias”, se dijo. Nuevamente experimento dibujando a su amiga en otro tipo de situación sin que ella lo notará. La segunda vez comenzó a sudar frio, su corazón salto desde su pecho a su boca y de regreso aterrizo en su estómago. 
Investigó, practicó y llegó a la conclusión de que era una bruja, con limitaciones pero una bruja a fin de cuentas. Cada cosa que dibujaba involucrando a una persona que conociera se cumplía en un laxo de 24 horas. Aterrador, pero cierto. 
Entró al baño, abrió el caño y empezó a lavarse la cara. “Si reemplazo el alambre plateado con cobre y lo pintó después quedara menos brilloso”, reflexionó sobre su arte. Se miró al espejo y se sonrió. Era un asco al levantarse cada mañana o en la tarde. Sus ojeras opacaban el bonito color azul de sus ojos. “Bendita sangre cajamarquina”, se dijo lavándose los dientes. 
Media hora después estaba lista.
Allison bajó las escaleras entre cuadros de familiares, paisajes y bodegones, ella misma pinto algunos cuando niña. Pasó por la sala y comedor hasta llegar a su inusual cocina. No todos podían alardear de cocinar artefactos industriales. Su papá se encontraba amasando lo que se convertiría en pan caracol. Ella se amarró el cabello en un moño alto, se puso los guantes y empezó a sacar las bandejas de pan que ya estaban listas. 
El televisor estaba prendido en el canal cuatro, las noticias matutinas resonaban a lo largo de la cocina y llegaban levemente a la parte de la tienda que le seguía. Cada mañana se repetía la rutina. 
-Deberías dejar de estudiar un ciclo – comentó de repente su padre.- No puedes con todo. 
Ella lo ignoró.  
A los 15 minutos ya todo estaba en el mostrador. Llegaban las primeras personas por pan y otros abarrotes comunes para el desayuno limeño: bollos con jamonada, con queso, huevo, salchichas o la infaltable mantequilla. En la venta los apoyaba Rocio, una vecina y amiga de su padre. Tal vez su futura madre, pensaba Allison a veces con gracia.  
Su hermano se levantó a las 7 a. m. para ir a la escuela, era hora de alistarse para clases. David tenía nueve años y poseía síndrome de down.  Allison lo llevaba de paso que ella también iba a clases. Su escuela se encontraba en ruta a San Marcos. 
-Deberías bañarte temprano y no solo lavarte. Pierdes el tiempo lavándote primero y bañándote después- comentó su padre, mientras ella se quitaba el delantal y se soltaba el cabello. – Y deberías taparte eso…
Allison al terminar la escuela y en plena rebeldía adolecente se tatuó el nombre de su enamorado en el hombro izquierdo, “Bryan”. Al par de meses de terminar y con el inicio de su trauma o acción a películas de terror y en plena flor de la juventud de su talento con la tela, se tatuó sobre el nombre la cara de Frank el conejo. 
-Jaja, cual es el chiste de tener un tatuaje si no lo luces pá.- Subió las escalaras con la sonrisa aun en los labios. Su hermano caminaba por el pasadizo.
Entró a su habitación y notó que su hermano camino más rápido al verla entrar. Él le tenía miedo a sus máscaras, y quien no, recordó una vez que entro a levantarla y se golpeó con Pennywise,  el pobre había orinado el piso de madera de Allison. Entre risa y asco tuvo sacar la alfombrilla y mandarla a la lavandería.  
Suspiró, luego se desnudó y envuelta en una tolla se dirigió hacia la ducha. El tiempo pasaba rápido, comenzó a indagar bajo la lluvia artificial que terminaba de despertarla por completo. Nuevamente se preguntó si en vez de Historia, debió dedicarse a Diseño de modas o Administración de empresas. Su tienda online, Conejo negro, tenía una buena recepción. La cual en realidad era una página de Facebook con fotos de su trabajo tanto como cosmaker como algunas prendas de diseño propio y sus máscaras. 
-Y por otro lado está Sin cara- se dijo cerrando la ducha.
Hace varias semanas su competencia más directa en la venta de máscaras se comunicó con ella, Sin cara, luego de que ella realizara un streaming dibujando un diseño de vestido. No era un cosmaker solo se autodenominaba como un hacedor de máscaras, eran un poco tenebroso para ella. “Señorita conejo, he notado que sus trazos son excelentes. Casi mágicos o tal vez embrujados.”, recordó. “Gracias.”, respondió aquella vez. “Y su belleza es tan demoniaca como bello es el cielo”, entre aquellos mensajes comenzaron una comunicación más fluida. 
“Te la quiere meter”, le dijo Alita cuando ella le contó sobre él. Tristemente los gustos de Allison no iban por ese rumbo. Alita era hermosa, risueña y tan encantadora como un cachorrito recién nacido una noche de lluvia. Ella estaba perdidamente enamorada de su mejor amiga. “Tonta”, le respondió y luego la abrazo. 
Salió apurada de casa acompañada de David. Últimamente se perdía mucho en sus pensamientos. Había recibido un trabajo fuerte, el cual le había recordado las horas de sueños y eso provocaba que pensara cada estupidez. Subió un buz que la llevara a la Av. Caqueta, dejó a su hermano y se dirigió hacia la plaza Dos de mayo. 
Una hora más tarde había llegado. Su teléfono vibró, y ella se sobresaltó, debía dejar de colocarlo en el pecho.  Lo reviso mientras se dirigía a su aula. “Buen día conejo negro, una amiga me comentó sobre tu acuerdo con Kanako Redfield y su staff. Que provechoso para usted.”, leyó. “Ese idio…”
En un golpe su teléfono salió volando y en una dramática cámara lenta ella observo como caía contra el frio y duro pavimento. Eso le había dolido más que las cachetadas de su madre, cuando se habían encontrado. No le importaba ser tratada de malcriada, ella odiaba a esa mujer.  
-¡Fíjate por donde andas ciega estúpida!- Aquella chica iracunda era rubia teñida, se notaba en sus salientes raíces negras. Bien vestida y maquilla, de esas que parecía que pensaban con el labial.
Inmediatamente con una velocidad que a su parecer superaba a la luz recogió su teléfono y vio con fastidio a quien la había golpeado. 
-¡Ten más cuidado tu tarada!- respondió mordaz. Estaba molesta. Durante sus primeros ciclos en la Univ. había aprendido que chica que se arreglaba demasiado no trabajaba.  En ocasiones dudaba de la existencia del cerebro de aquel tipo de chicas.
-¡Vete a la mierda huachafa de mierda!- gritó dándose su espacio, se acomodó el cabello y la rubia ficticia se empezó alejar con un enojo propio de una madrea luego de ver más de cuatro calificaciones rojas en una libreta de notas.- ¡Ese azul parece vomito de cebra! 
-¿El vómito de cebra es azul?- se preguntó retomando su camino. Allison carecía de paciencia cuando interactuaba con otros y era horrorosamente rencorosa.
De camino a su aula aun fastidiada sacó su cuaderno de diseños y un lápiz. Empezó a recordar su horrendo rostro con granos en las mejillas y frente, ojeras tapadas con tanta base que parecía un tarrajeo de albañil barato, cabello pajoso que no serviría ni como escoba. Suspiró en la puerta y terminó su creación. Sonrió con malicia. 




-¿Qué dibujas?- le consultaron. Con un miniparo cardíaco volteo y se topó con una mirada oscura.- ¿Sueles dibujar a menudo gente en el piso, no?- preguntó nuevamente. Era una compañera de clases, Gabina Olano. 
Con el cabello corto y dos trencitas a los lados; de ropa siempre holgada que le daba una apariencia entre rapera, hippie y vagabunda, aunque los últimos podrían ser sinónimos, siempre acompañada de una gorra hacia un lado; y siempre encorvada. Allison recobró la compostura a los segundos y guardo su cuaderno.
-Hola, Gabina. 
-¿En qué estas conejita?- saludó a su modo particular.- ¿Tarde de nuevo por tu arte? 
-Algo así… ¿Entramos?- consultó. No le agradaba mucho Gabina. Siempre parecía saber todo y aparecía cada que ella se encontraba en pleno maleficio. Fue ella quien le facilito el pdf de aquella tesis sobre Rosa Rodas.- Es tarde. 
-Nada chica… me iré con Piero a fumar un poco. – respondió relajada y empezó a irse.- Por cierto conejita, quiero que me hagas un disfraz.
-¿De?
-De brujita. Nada de la lencería que le haces a las prostitutas.-  Allison frunció el ceño. Muchas chicas solían pedirle trajes sexy por jalowín o para ocaciones especiales.-Algo recatado y libre. 
Y como el porro por el cual iba, se esfumó.  Allison entró a clases tarde pero relajada. Estaba segura que la estúpida que le había jodido la mañana tendría su merecido. Luego de un llamado leve de atención se dirigió hacia alguna carpeta vacía. Vio a Alita al lado de Alfred y Felipe, ambos de color oscuro, buenas personas, gorditos y ambos querían estar con ellas. 
Pasada dos horas pedagógicas salieron de clases. Ese día solo tenía un curso, Alita en cambio debía quedarse para otra materia. 
-¡Alli!-  saludó la pelipurpura a la azul océano. Sus cabelleras se entendían.- ¡Pinche tardona!
-¡Alli!- saludaron los pretendientes a un solo sonido también. La mencionada los aborrecía, en realidad no, su incomodidad empezó cuando se enteró que ellos buscaban amor en ellas.- ¿Qué paso? Mucho que hacer en casa seguro.- afirmó Felipe. 
-Chicos… nada en realidad. Una estúpida se tropezó conmigo.- suspiró. – me quede con las ganas de golpearla. 
-¡Tranquila muchacha!- exclamó Alfred sonriendo.- A la otra te la boxeas. 
-Pobre aquel que se pelee con ella.- apoyó Alita.- En fin vamos a comer, antes de mi segunda clase. Ven con nosotros Alli. 
Segundos, minutos más tarde se encontraban en el pasto de algún lugar en San Marcos que no oliera a marihuana. Habían comprando algunas cosas y Alita había calentado su taper de comida, se acomodaron como si hubiera una mesa redonda. 
Felipe comía manzanas; Alfred, galletas oreo y margarita; Allison, una tajada de queque de piña. Se miraron durante unos segundos y empezaron a reír. Unas semanas antes que se desatara los problemas con los desaparecidos en Jirón de la Unión, ellos se sentaron de igual manera y hablaron sobre el canibalismo. Algunas brujas en la antigüedad se comían a otras para tener su poder, era el mito que debatían esa vez. 
-El tipo sigue sin aparecer…- habló Felipe.- ¿Se lo habrán comido?
-¡No seas idiota!- interrumpió el gordo, Alfred, dándole un golpe en el hombro. Él se balanceo. – Y dicen que yo soy el imbécil del grupo…
-¡Jaja!- empezó a reír Alita. Entre carcajadas se cayó de espaldas. Allison tampoco pudo contener la risa.- Bueno, es cierto. Solo apareció su dedo…
-Un amigo me dijo…
-¡Sin cara! ¡Wuu!- la interrumpió su amiga. Era demasiado tonta en ese tipo de cosas.- ¡Te habla todos los días! Y ¡Ya lo consideras amigo! 
-¡No digas tonterías Alejandra!- gritó. Cuando ella la llamaba por su nombre, Alita sabía que estaba molesta.- No sé ni siquiera como es… y me parece que él tiene que ver. 
-Mi hermano dice que Sin cara antes tocaba en Jr. Quilca. Su banda se llamaba Cosmina, por el nombre de su flaca. Terminaron y se dedicó a otra cosa- explicó el gordo mordiendo una galleta.- Debe ser que el pata debía dinero o algo y le dieron vuelta. 
-¿Quién es Sin cara?- consultó Felipe. A él le gustaba Allison. 
-Es un hacedor de mascara, parecido a Allison.- explicó Alita, llamándola por su nombre pretendía demostrarle su molestia por como la grito.- Allison es Conejo negro y el tipo es Sin cara. Se puede decir que son los Romeo y Julieta de los disfraces. 
-Estúpida…
-¡Así me adoras!- dijo empezando a carcajear. Alfred le siguió la corriente, Felipe se incomodó un poco, por lo que sentía por ella. Gustos o no, él solía ser muy serio en esos temas. 
“Estúpidamente linda”, se dijo al verla sacarle la lengua. 
Allison y Alejandra se conocieron un 15 de abril hace un par de años. Durante clases de ortografía, hicieron grupo durante el ciclo. Luego empezaron a salir como amigas, Allison cuidaba de Alejandra cada que se emborrachaba y viceversa. Ambas besaron al mismo chico en una fiesta en la que ambas se embriagaron.  “Ahora somos hermanitas de baba, jaja”, fue lo que le dijo aquella vez.  Con el tiempo se hicieron mejores amigas. Alita le hablaba de sus pretendientes y ella de sus problemas familiares. 
Una mañana en la que Allison paso la noche en cada de Alejandra. Ella amaneció luego de un sueño intranquilo completamente mojada. Avergonzada al par de semanas en la fiesta de Piero Escobar golpeo al tipo que besaba a su amiga, Alita estaba ebria y Luis, el sujeto en cuestión, la acariciaba bajo el short. En la habitación de Piero, ella empezó a cuidarla hasta la mañana siguiente. 
“Te quiero Alli, no he tenido amigas con tu babosa. Te adoro huevas, te adoro mucho”, le hablaba desvariando y conteniendo el vómito. “Cojuda”, le respondió. “Si me quería comer a Luiii, me cagaste babosa”, afirmó. “Me debes sexo”, agregó. “¿Qué mierda hablas?”, respondió dubitativa. Su corazón se sobresaltó como una locomotora vieja, la sangre llegaba a su cara. 
Alita tomó su rostro con sus manos temblorosas. Allison se quedó congelada, el vil licor la hacía dudar de lo que pasaba. Trató de recordar si había bebido algo con popper, pero fue en vano. La piel de su amiga era suave. “Alli eres un pedacito de nube…”, a los segundos sus lenguas batallaban entre ellas. El alcohol sabia extrañamente dulce en la boca de Alita, como si bebiera jugo de cerezas a pesar de ron barato con Coca-Cola lo que había bebido minutos atrás.  
-¿Chicos quieren un porro?- escuchó y salió de sus extraños recuerdos. Gabina había regresado acompañada de su novio negado del momento. Muchos chicos decían que Piero y Gabina se acostaban, pero ambos lo negaban. 
-Mmmm… puede ser…
-¡Alita!- llamó Allison.- Tienes clases luego tarada. 
-¿Cómo van las máscaras Conejita? – consultó Piero. Él era el primo de la cosplayer Kanako Redfield, quien le había conseguido el trabajo. 
Su apariencia era la un pastrulo a primera vista. Cabello largo y desordenado, piel clara y con ojeras, algo narizón y siempre dejaba la boca abierta luego de hablar; y siempre vestido con un pantalón jean, polo negro y una pañoleta de bandolero del viejo oeste amarrada en su cabeza cubriéndole las entradas del cabello. 
-¡Bien! Solo me faltan tres mascaras. El viernes lo terminó y lo entrego el sábado. -  respondió. - ¿Dónde te lo entrego?
-Puta ese día estoy chambeando. – Dijo con resignación.- Estoy en la Casona de Camaná. Llévalo y de paso te dejo entrar gratis. 
-Mi papá no querrá con lo de los desaparecidos…
-¿Yo también puedo ir?- consultó Alita.- ¡Siempre he querido ir!
-¡Claro!- reafirmó Piero.- Les daré unos porros también… veras como fluye la magia coneja hechicera…
-¿Sigues con los de las brujas?- preguntó Felipe con una expresión de molestia.
-No hagas que te dibuje...
-¿De qué hablas?-  dijo exaltada. Por instantes pensaba que Gabina sabia lo de sus dibujos.- No pasa nada solo es curiosidad.


Comentarios

  1. Hmm, interesante cómo nos cuentan la vida de jóvenes universitarios. La ruta usual me dice, que mientras más felices son en los primeros capítulos, peor la llevan cuando todo se joda xd
    PD: Jalowín ajajajaja

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  2. Es atrapadora esta serie de circunstancias en medio del trajín familiar y laboral de Allison. Me sorprendistes con eso de que, tu protagonista sea una bruja con poderes a través de sus dibujos. Me gustan todos tus protagonistas, en especial la 'brujita Allison' porque es tremendamente talentosa, trabajadora, lunatica, engreída y enojona. Bueno, también Alita, su mejor amiga? Super bien, Gian. Sigue asi!
    Abrazo

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