lunes, 29 de mayo de 2017

Demonios internos - Capítulo final

La muerte es inevitable 

-Es bueno verte de nuevo – dijo Lizbeth con pequeñas lagrimas que recorrían sus mejillas como dos pequeñas cascadas. Inmediatamente se las limpio y lo miro nuevamente. Dudaba si realmente era él. –hermano…
-Es bueno escucharte de nuevo – respondió. Vladimir llevaba un traje negro, “¿Por qué los demonios siempre lucían elegantes? No les sofocaba estar de esa manera…”, me preguntaba. Apenas hace un momento todo parecía perdido. -Has estado molestando mucho a mi hermana…- comenzó a tronarse los dedos.
Sus ojos escarlata me daban terror, Zelig solo sonría.
-El demonio recuperó su poder…- dijo, su mirada se tornó seria, ya no estaba jugando como hace un instante con Diego. Kotomi hacia todo lo posible por reanimarlo pero este no daba señales de vida. Lagrimas brotaban de mis ojos al verlo en esa situación, pero trataba de tranquilizarme. Sabía que él estaría bien.
Vladimir se acomodó el traje, su mirada era seria, muy diferente a como acostumbraba a verlo. La primera vez que nos encontramos sus ojos eran dorados ahora eran completamente rojos, me daba terror mirarlo fijamente. Recordé que hace mucho leí que los ojos eran el reflejo del alma.
Ahora que lo recordaba Carol había dicho que perdió parte de su poder, tal vez esa era su verdadera forma… ¿Los demonios visten elegante? Lo pensé un instante y Jane también vestía así a pesar de ser mujer. Kotomi se paró mientras las alas que brotaban de su espalda la iluminan, tenía una pequeña armadura plateada, en sus ojos las pupilas desaparición, se veía tan hermosa.
-Mantente alejada –dijo firme. No entendía por qué Vladimir parecía hacer tiempo. – No te dejare morir aun….
En ese momento que comenzaba a reanimar a Diego, Zelig apareció detrás de ella con la espada santa en las manos. Kotomi estaba completamente distraída. 
-Cui…. —No termine mi oración, Vladimir estaba delante de él, cogió sus rostro con su mano y lo aplasto contra la pared, llamas negras salieron de sus brazos Una gran carga de relámpagos cayeron sobre Zelig  destruyendo parte de la casa. Provocando de Vladimir se alejara.
-Akemi , Lizbeth , Dominic ,Linda , Enrique – Nos llamó inmediatamente todos lo observaron – Lárguense.
-¿Qué?- reprochamos todos, no lo dejaríamos. No de nuevo. –Ni se te ocurra – Gritó Lizbeth – Enrique estaba apoyado en Linda, Dominic aun herido, Lizbeth igual. Yo era la única sana. – No te dejaremos, esta vez no.
-Un simple demonio como tú no podría contra un ángel de clase alta. –Zelig blandía la espada santa.
-Odio las clases sociales. -Respondió sacándose los lentes. 
- Yo me encargo de ellos – se escuchó una tercera voz, Jane entraba a la escena. Ella le sonría a Vladimir. – A sí que estas de regreso al 100% Ella aparecerá pronto o seguro se divertirá con esto… 
-Hijo del líder del 4° infierno, Balhor, el que era confundido con Lucifer por sus grandes poderes – dijo Zelig conteniendo la risa –Niegas tu origines, cuando eres la maldad encarnada. 
El fuego se encendió en una de las manos de Vladimir, un extraño liquido negro caiga sobre el suelo provocando un hoyo, alzo asedia desde abajo por ahí…. Una espada, no una katana negra. Vladimir la tomó, tenía la hoja de color escarlata.
-No soy amante de este tipo de cosas – dijo ignorando a Zelig –  No me queda otra. Se demora demasiado. 
No dio espacio para una respuesta,  la katana negra tenías las llamas oscuras que brotaban del cuerpo de Vladimir, Zelig expandió su aura eléctrica. El choque de ambas armas provocó una gran expansión de viento, afuera se escuchaban los rayos contra la tierra, un pequeño remesón le siguió, Ambas miradas se encontraban atreves de las hojas.
-Vladimir nunca conoció a Balhor – dijo Jane, mientras nosotros nos juntábamos a ella –Apenas nació, fue expulsado del 4° reino. Balhor tenía que quisiera tomar su lugar y lo matara para ser el rey. 
-Si lo sabía – Respondió Lizbeth.- Hubo otro demonio a su lado durante ese tiempo. 
-Ese demonio, no  era cualquiera –Continuo Jane –Él había estado en el mundo humano, durante casi toda su vida. Vladimir es el único demonio idiota. 
-No era un demonio–corrigió Lizbeth– Ese tipo era mitad humano, era mucho más humano que muchos.
-Para concluir, Balhor muere asesinado por el grupo de miserables cuando ascendió a este mundo. Vladimir regreso después de mucho años tomando el control.- Concluyendo Jane caminando hacia la puerta –Yo conocí a ambos, puedo decir que Vladimir supera en todo a su padre. Ni un arcángel podría vencerlo, dudo que ese ángel lo logré.- Cargó a Dominic en un hombro y a Enrique en otro, yo ayude a Linda y comenzamos a movernos.
Kotomi seguía concentrada en Diego junto a Bryan. Vladimir comenzaba a combatir con Zelig, él llevaba el control, casi daba terror verlo combatir con esa intensidad. Era como una película de Star Wars.
Zelig cortó parte de su cabello. Él se agacho y pateo la mandíbula del ángel, este salió volando deteniéndose en el techo concentro los relámpagos en la espada apuntando a Vladimir, este hizo lo mismo con sus fuego negro, pero la katana no parecía tener cambio alguno. El relámpago que lanzo era muy brillante pero Vladimir lo recibió con la katana. Aquella luz desapareció. 
-No es fuego – Escuche a Lizbeth – Es oscuridad, la oscuridad absorbe la luz; como la ira, el sentido común.  
Ambas arma saliendo volando, Zelig lanzo varios relámpagos contra Vladimir, estos lo atravesaban  pero este no sufría daño. Se iba acercando lentamente.
-¿Eso es todo? – Preguntó  golpeando en estómago, este se retorció. Vladimir coloco su mano en la frente de Zelig -¿Le tienes miedo a la oscuridad? – Pregunto  el fuego oscuro de su mano comenzaba a expedirse.
- ¡No toques a mi amo! – Vladimir  se apartó, la llave maestra de Zelig lo atacaba con la espada santa –Asqueroso demonio… – dijo comenzando atacar a Vladimir, este esquivaba con facilidad; sin embargo, un corte de esa espada podía ser fatal. Zelig se repuso atacándolo también, eran dos contra uno. 
El puño lleno de relámpagos golpeo a Vladimir haciendo sucumbir, inmediatamente  la chica salto con la espada hacia abajo, una terrible escoda. Pero el aire una patada la aparto. Lizbeth cayó poco después de patearla, tomo la espada demoniaca. Parecía que Diego puso de moda usar armas santas.
-Llave contra llave – dijo Lizbeth mientras en sus  brazos se acumulaba el fuego negro u oscuridad como ya nos había corregido. La chica asintió y ambos provocaron un estruendo mis las armas chocaban.
Vladimir observo confiado al ver su hermana usar la espada mejor que él, Zelig ataco a Vladimir, este detuvo el puño con una mano, lo cogió y lazo contra el suelo.
-Sera un final de fantasía… como me gustan. 
-¿Carol? – Ella estaba a mi lado observando.- ¿Qué haces aquí?
-Es mi trabajo detenerlos. – Respondió, luego sonrió – Pero yo decido cuando. Deberías decirle que no pierda el tiempo- se refirió a Kotomi.- La muerte es algo inevitable. 
-Es cierto…- recordé. 
Corría por los pasillos de la gran mansión del ángel, pero no podía encontrar a Vladimir. Diego peleaba contra Zelig, era una derrota segura aunque no estaba solo; Lizbeth y Diego ambas llaves maestras. De pronto encontré una escalera hacia la parte baja, el sótano pero una chica la cuidaba.
Desenvaine la katana y ataque, ella se defendió pero sin darme cuenta alguien la golpeó por la espalda.
-¿Antonia? 
Desde que habíamos llegado la había perdido de vista. 
-Fui a buscar las llaves, sospeché que estaría en el calabozo –respondió sonriendo. –Conozco bien esta casa.
Ambas abrimos la puerta y entramos todo estaba oscuro, una persona estaba encadenada al fondo en la oscuridad. Antonia prendió la luz.
-Tira de malagradecidos – dijo alzando la mirada. 
-Vladimir – Inmediatamente le acerque, lo toque, era de verdad, era él.- estas bien…
-Si este es tu concepto de bien…
-Son cadenas bendecidas. – Dijo Antonia tocándolas.- Es imposible, debemos buscar las llaves.  
-Fue un buen intento al menos –respondió levantándose, su cuerpo estaba encadenado-No puedo romperlas pero tengo otra idea…
-Eres muy guapa Antonia. –“¿Carol?”, aquella era su voz sin duda.-  Siempre te metes en problemas Vladimir.  
-Tú también demoraste –comentó Vladimir, mientras Carol se acercaba.-¿Me podrías castigarme al menos después de vengarme?
- No tengo intenciones de regresarte a tu mundo.
-Disculpa… ¿Cómo me conoces?- preguntó Antonia. Las cadenas de Vladimir se rompieron. Carol empezó a sonreír. 
-Eso es muy interesante…-respondió Vladimir, Carol saco una caja de su bolsillo y se la entrego.- Entiendo. 
-La muerte es algo inevitable, pero todos merecemos una segunda oportunidad.
Desapareció en ese instante, Vladimir dejo la caja a un lado, nos pidió alejarnos. Antonia retrocedió detrás de mí.  Un humo rojizo invadió la sala. 
El auto me saco de mis pensamiento, entraba por la puerta destrozando todo, Antonia conducía.
-On y va.– dijo Jane metiendo a Dominic y Enrique al auto, luego entro Linda, Antonia bajo del auto.
- Yo me quedo.
-¿Qué?- Gritó Jane- Ne me dérange pas
-Lo siento- agregó corriendo hacia adentro, Jane se maldijo y me metió al auto a la fuerza, pensando que escaparía.
Antes de arrancar pude ver a Vladimir y Zelig chocar puños, mientras que la tormenta parecía empeorar, Lizbeth usaba la espada demoniaca y la llave de Zelig usaba la santa. Kotomi y Bryan se quedaron con el cuerpo de Diego, con esperanzas de reanimarlo. 
Nos alejábamos rápidamente, pero sentía que una parte de mi aún estaba ahí. Mis sentimientos nuevamente me hacían una mala pasada y deseaba llorar por Diego. 
-Ya se los dije Vladimir no perderá – Dijo Jane, veía su sonrisa a través de retrovisor. La chica del cabello celeste y rojos ojos era la prima de Vladimir, ella conocía mejor que nadie a Vladimir, aunque Lizbeth demostró que sabía más por el mismo susodicho – Il est tres fort, él no perderá. 
-No puedo estar tranquilo –Enrique rompió nuestro silencio- Él termino salvándonos de nuevo. 
-Es cierto – Linda estaba recostada en su hombro, cabizbaja también –Somos de lo peor.
-Ese tipo, Diego, murió para salvarlo sin ser nada de él y nosotros…
-Diego no morirá.- dije.- No de esa forma, ni él ni yo. 
-¿Así que ya lo sabes chica payaso? –El carro se detuvo en seco, todos nos golpeados. Jane volteo –Los dejare a todos en su casa, lo primero que haran es darse una duche y echarse a dormir. El primero que se le ocurra desobedecerme, deseara estar muerto. Menos Akemi, s'il vous plait. - Sus ojos brillaban, todos asentimos y tragamos grueso. 
Luego tuve que explicarle a mis amigos sobre Carol y todo eso que no sabíamos acerca de los demonios, la muerte y ángeles. La primera parada fue la casa de Dominic, nos sorprendió a ver a la profesora de Música abrir la puerta, de pronto nos enteramos que tenía pareja y no era gay.
-No sabias que estaba tan desesperada –Comentó Enrique
-Date por jalado en sociales- Respondió la profesora al cerrar la puerta. 
Enrique se lamentó durante el camino a la casa de Linda, solo quedamos tres. La tormenta aun no cesaba aun tenía esa angustia pero, sentía que todo estaría bien. 
-Esto....-Linda jugueteaba con sus dedos, nunca la vi así. –Me da miedo quedarme sola…
-Está bien yo me quedo –Enrique bajó con ella del auto –A esta hora el edifico donde vivo debe estar cerrado – Eran las 11 p. m., Linda sonrió y ambos entraron.
-Oye, ten – Dijo Jane lanzándole algo a Enrique, solo quedaba yo .Vi a Linda sonrojada, mientras que Enrique comenzó a burlarse.
Y finalmente quede solo yo, observaba la noche oscura a través de la ventana, la lluvia era intensa, los rayos cesaron hace apenas unos segundos “¿habrá terminado?”, me pregunté. Jane me observaba a través del retrovisor.
-¿Qué le diste a Enrique? –Pregunte, rompí el silencio aún faltaba para llegar a mi casa.
-Préservatifs. –Respondió. Lo pensé un poco ¿Protección? ¿A qué se refiere? –Vamos, no es tan difícil: Chico más chica.
-¿Ah?- Mi cara tomo color en un instante, pude ver su sonrisa burlona- ¿No creo o sí?
-El sentimiento es algo un poco tonto –Me saco de mis pensamientos –Contaminan un sentimiento tan puro, con su estupidez.
-Sii…- Tenía razón, recordé a Giancarlo. Hace tiempo no pensaba en él “¿Cuándo lo olvide?”, me dije. -¿Tienes a alguien?- Pregunté.
-Oui, pero Vladimir y él no se llevan muy bien. –Respondió sonriendo –Pero él no está en este mundo.   
-Nunca pensé que los demonios serían tan amables.- dije sin pensarlo ella frunció el ceño.
-No lo somos, el único es Vladimir –Respondió –  Si estuviera aburrida y Carol no me desaparecía si te tocó, me divertiría contigo.  ¿Tus padres son creyentes? ¿No te gustaría sentir un exorcismo? 
Se terminó, habíamos llegado bajé del auto y con temor saque mis llaves, faltaba media hora para la media noche, las luces aún estaban prendidas, escuchas risas. Había visitas. Respiré profundo y entré. 
En la sala estaba mamá sentada en el sofá junto a otra señora, era alta, tenía gran presencia. Su cabello blanco estaba recogido en un trenza, en el otro sofá un señor su mirada me daba nervios. Mamá hablaba con una sonrisa con ambos. 
-Buenas noches – Saludé a ambos, entrando -¿Papá?- Pregunte. “¿Por qué no está?”, sentí temor. 
-Por fin llegas hija- mamá se levantó y abrazó –Tenía miedo, si algo te pasaba…-Sentí un gran alivio aún eran ellos, los verdaderos ellos.
De la cocina vi llegar a papá con una bandeja y bocaditos, apenas solté a mama cumplí, mi promesa. La bandeja cayó al suelo. Él sonrió y me correspondió.
-Me alegre que te haya ido bien –dijo.- Ahora limpia esto. 
-Gracias, gracias, gracias…
-¿Qué esperas para preguntar?- dijo papá luego del abrazo, observando al señor en el sofá.
-Igual saldrá vivo. No tiene gracia preocuparse por él. 
-No digas eso –Reprochó la señora que estaba con mamá- Dime, ¿qué paso con Diego?- Justo segundo o microsegundos o quien saber la medida de tiempo exacta en la que me disponía a responder la tensión del ambiente cambio.-Akemi, estas hecha toda una señorita –La señora se paró – No te veía desde que tenías cinco años.
-Cierto- Agregó el señor –Agradece que te pareces a tu madre.
-Jaja, muy divertido Diego – Respondió papá – Akemi, te he dicho que limpies esto. 
-Espero tal vez, se acuerde de Diego – Dijo la señora sacando una foto de su cartera.- Ustedes eran buenos amigos. 
Ellos cambiaron en un instante, me sentí aliviada pero nuevamente sentí una gran presión en mi pecho al ver la fotografía. Era yo de niña, a mi lado un chico con el cabello blanco. Era demasiado para mí en una sola noche. 




-Han pasado casi 14 años, que no veníamos aquí- Dijo la señora- Vivíamos en China, pero regresamos hace cuatro años. No tuvimos tiempo de venir. 
Pase toda esa noche conversando con los padres de Diego y los míos.
A la mañana siguiente, aproximadamente a las cuatro de la tarde, que parecía noche, estaba junto a Enrique y Linda en Chosica, caminando entre clubes campestres buscando donde podían estar. Su casa había sido quemada y solo sabíamos que andaban por aquí. Dominic nos dijo que Vladimir estaba aquí pero íbamos 30 minutos caminando y no los veíamos. Apenas me encontré con Linda quería que me contara como le fue, pero Enrique no se separaba de nosotros, “¿Acaso no sabe lo que es un tiempo de chicas?”, me dije. 
A los 10 minutos lo vimos estaba con  una camisa azul, manga corta junto a Lizbeth y Antonia. Lizbeth tenía un short negro, un polo azul oscuro con la palabra “FUCK” en el pecho con color negro. Notaba algo raro en ella, su cabello se lo había recortado, normalmente llegaba casi a su pecho pero ahora  apenas a sus hombros, igual se veía tierna. Antonia estaba con un vestido morado claro y unas botas negras. Lucia contenta muy diferente a como estaba la primera vez.
-¡Holaaaa!- Gritó Antonia alzando las manos, vi a Dominic sentado en una mesa de camping junto a tres carpas. Habían pasado la noche aquí.
Corrimos rápido hacia ellos, me volví más rápida que mis amigos pues llegue primero a Vladimir tenia muchas ganas de hacer esto, lo abracé tan fuerte como pude.
-Creo que me dejare vencer más seguido –Bromeó y lo solté. Lucia igual que siempre solo por sus ojos, aun tenía ese tono escarlata pero no sentía miedo al verlos. Aún usaba sus lentes.
Me separe de él y fui junto Antonia, estaba feliz. Fue una misión cumplida al final ella estaba feliz, libre de Zelig. Trate de no pensar en eso, se le veía tan cálida. Me alegraba que todo había salido bien al final, pero la mirada de tranquilidad de Vladimir desapareció.
-Yo no los invite –Escuché a Jane tras Vladimir, dirigí la mirada hacia donde ellos venían. Dos personas se acercaban a los lejos.
El chico tenía un traje negro, su cabello era azul azabache, sus lentes eran celestes como los de Jane. Su piel era blanca, casi pálida, su mirada era intimidante a su lado iba una chica, con traje también, su cabello era azul azabache, lacio con cerquillo. Le llegaba hasta la espalda. Era muy linda, sus labios eran color cerezo.
-Que desagradable sorpresa…
-Solo quería confiar si era cierto.-Respondió el chico-Jane, ¿Cómo has estado encanto?
-Vladimir, ¿Cuál es tu mascota? – Dijo la chica, sonriendo - ¿Qué se siente tener un humano de mascota?
-Bien querido, algo molesta contigo- Jane, era extrañamente linda con el –Daniel, pensé que tenías otra.
-Valeria, no te metas en mis asuntos –respondió – ¿A qué se debe su visita mis señores?
-Sin formalismo – dijo la chica de nombre Valeria – Rey Anderson aun soy su prometida ¿No lo recuerda?
Fue extrañamente aterradora la aura que desprendían ambos. 
-No recuerdo haberlo aceptado –respondió, inmediatamente la cara del chico cambio -¿Tienes permiso de estar aquí?
-No, solo pasamos a saludar –dijo Daniel –Conoce tu lugar hijo de Balhor.
-Ustedes deberían conocer el suyo. 
Vladimir no respondió, ambos se marcharon al ver a Carol detrás de Vladimir. No sabía quiénes eran pero no parecían amigos. Quise olvidarlo pero no podía sacarlos de mi mente. Daniel y Valeria.  Carol aún seguía sentada aquí y observa a ello irse, pensé que les haría algo pero parecía que incluso ella se sentía incomoda. 
Observamos la tercera carpa de la cual salía Kotomi, lucia cansada. Albus se acercó a ella, él estaba en su verdadera forma realmente guapo, sentí envidia por Cait.  
-Hace tiempo que no dormía tan bien….
-¿Diego? – Me acerque rápidamente a él, Lizbeth estaba conmigo -¿Sigues vivo?
-No estoy penando, tarada  – respondió burlón – Claro que sigo vivo, idiota.
-Me alegra tanto….
-Si claro, escuche claramente que querías matarme tu.-Estaba con solo un pantalón blanco, tenía un cicatriz en el pecho- Te cortaste el pelo, me gusta las chicas con el cabello corto –Lizbeth se ruborizo en un instante. Ahora entendía el cambio de look. 
-jajá- reí.




-Deberíamos ir al cine, Akemi.
-Lo pensaré. –respondí. 
Pasaron unos minutos, esperábamos el padre de Antonia, ya había llegado, Vladimir conto el desenlace a de anoche: Lizbeth había caído agotada por el uso de la espada demoniaca; sin embargo, había derrotado a la llave maestra de Zelig, Vladimir dijo que estaba a punto de acabar con su existencia, pero Carol los detuvo. Salieron de la mansión de Zelig y se dirigieron rumbo a la casa de Vladimir, claro que cuando llegaron.
-Lizbeth, de verdad tengo una mala memoria. Podría jurar que nuestra casa era aquí, pero solo veo esa casa abandonada…
-Veras….- Lizbeth titubeo un poco.
-La quemaron –terminó Antonia, ignorando la cara de Vladimir, Kotomi sonrió al verlo enfadado.
Luego de una larga discusión terminaron en el centro comercial, comprando la ropa que llevaban puesta, las carpas, comida, la mesa entre otras cosas. Todo indicaba que habían tenido una noche ajetreada 
-Papá….-Antonia observaba a su padre después de casi un año de estar atrapada por Zelig. Todo parecía que sería un lindo reencuentro, pero yo no lo aceptaba. Ese tipo era un miserable. 
-Antonia, por fin. - El hombre cayó de rodillas, nosotros presenciábamos-Lo siento tanto – Las lágrimas recorrían sus demacradas mejillas- Lo siento tanto, yo… yo
-Deja el pasado atrás, papá.- La chica abrazo a su padre –Te quiero, nunca deje de hacerlo. Por fin estaremos juntos… 
-Lo siento, hija mía. Tú debiste ser lo más importante para mí…
-¿Listo?- Preguntó Carol caminando hacia nosotros. –He cumplido Francisco. 
-Si muchas gracias- respondió el padre de Antonia. 
-¿Papá?- Antonia comenzaba a lagrimear, Carol se llevaría a su padre. “¿Por qué?”, me dije. – No- Gritó ella, comenzaba desesperarse -¿Por qué, nos acabamos de reunir?
-Ya paso mucho tiempo…- respondió Carol. 
-He vivido más de la cuenta, hija mía –dijo levantándose, Antonia quiso interponerse pero fallo –No podía irme dejándote así nunca me lo perdonaría. Nunca poder ver a tu madre o a tu hermana a los ojos. 
-No...Por favor, no.- suplicó. 
-El año pasado morí en un incendio- dijo yendo al lado de Carol –Puedo irme tranquilo ahora que te veo feliz, lamento ser el peor padre…Muchas gracias por esta oportunidad Carol.
Él se convirtió en una pequeña luz y desapareció en las manos de Carol. Entonces de pronto abrió los ojos y observó a un lado, su expresión era de gran pasmo. Se tomó la mejilla y sonrió. Ella tenía una sonrisa hermosa. La muerte era una chica muy hermosa. 
-Era mi deber –respondió Carol acercándose a Antonia aun feliz.–Eres  idéntica a ella, me perdí de ti y muchas cosas más.
-Antonia, ella es la hermana mayor de Gianella, es  tu tía- dijo Vladimir. Ella, la muerte alguna vez fue humana. 
Todos observaban a Antonia desmorónese una vez más, su padre desapareció ante sus ojos, Carol limpiaba sus lágrimas, con ternura. Ella era como su hermana. 
-Vladimir- dijo levantándose, Antonia aún estaba en Shock, me pareció injusto me pareció cruel. Ella pudo salvarla, era su sobrina y no interfirió…- Me debes aun un par de favores. 
-Esperaba que lo hayas olvidado- dijo, sin temor alguno.
-Hace nueve años adoptaste una niña, te lo permití a cambio de un castigo –Sonrió mientras se daba la vuelta- Es un trato justo, le darás tu apellido  y la harás tu hermana a cambio del favor que me debes.
-¿ah? – se sorprendió Lizbeth, asintiendo levemente la noticia se acercó a ella, abrazándola ya no estaría sola. Tal vez ella pensó lo mismo. 
Me acerque a ella junto a los otros mientras su tía desaparecía. Antonia, la chica que conocí moría hoy, a partir de hoy solo quedaba Antonia Anderson.
-Ya no estarás sola...-Lizbeth le susurró al oído, mientras Vladimir observaba a sus dos hermanas, humanas. 

viernes, 19 de mayo de 2017

Odio los muertos

Odio a los muertos, porque en el fondo se que también seré uno de ellos. 
Y a eso le temo. 

(Giancarlo Sesarego- Cementerio El ángel 2013)

(Giancarlo Sesarego- Cementerio Presbitero maestro 2013)

(Giancarlo Sesarego- Cementerio El ángel 2013)

(Giancarlo Sesarego- Cementerio El ángel 2013)

(Giancarlo Sesarego- Cementerio El ángel 2013)

(Giancarlo Sesarego- Cementerio El ángel 2013)

(Giancarlo Sesarego- Cementerio El ángel 2013)

(Giancarlo Sesarego- Cementerio El ángel 2013)

(Giancarlo Sesarego- Cementerio El ángel 2013)

(Giancarlo Sesarego- Cementerio Presbitero maestro 2013)


(Giancarlo Sesarego- Cementerio El ángel 2013)

(Giancarlo Sesarego- Cementerio El ángel 2013)

martes, 2 de mayo de 2017

Conejo negro - Capítulo 1

La bruja de los trazos

Rímac, Lima. 5: 30, lunes 8 de Setiembre.

  
A sus 19 años creía en las hadas, las brujas y los maleficios. No tenía novio, solo un pretendiente quisquilloso y una mejor amiga atolondradamente tierna. 
Estaba amaneciendo en Lima y el sol no planeaba asomarse por unos minutos más, cuando violentamente su despertador sonó como el pitido de un silbato en la entrada de su oído.  Eran las cinco de la madrugada de un nefasto lunes de clases de historia universal, trabajo y quehaceres del hogar. Su día empezaba sacando las primeras tandas de pan del horno, era panadera de oficio y artista de vocación.  Antes de cualquier actividad debía devastar su celular por la forma cruel de interrumpir su buen sueño. 
La vida era mejor dormida, era su lema de cada mañana. Con el trabajo y la universidad se acostumbró a dormir cuatro horas durante la noche y dos durante las tardes.   
Se frotó los ojos y los abrió lentamente de un par de parpadeos. Todo en su azulina habitación estaba desordenado: pedestales de madera cubiertos por toallas sucias, restos de tela en el escritorio, la máquina de coser aun tenia colocado el cuero para la máscara que confeccionaba ayer, su ropa sucia estaba amontonada en el suelo y un par de platos de comida tocador. Caminó hacia la puerta tropezándose con sus zapatos, su cabello largo le pesaba. “Debí cortarlo en vez de pintarlo…”, pensó acomodando su melena azul océano. 
Hace un par días ella y su mejor amiga,  Alejandra, se habían teñido el cabello cada una de su color favorito.  Ella de azul y Alita, como ella la llamada, de purpura. 
En un descuido tiró uno de sus pequeños pedestales.  Una cabeza de maniquí con una máscara de un payaso medio calvo de la frente, cabello rojo y colmillos en vez de dientes cayó.  
-Estúpido celular, estúpido cabello, estúpido Penywise.- suspiró nuevamente. Era molesto levantarse a esa hora.  
Allison Olaechea era hija mayor de un panadero del distrito histórico de Lima, el rico Rímac. Acababa de cumplir, hace un par de meses, 19 lunas. Era estudiante de Historia de la Universidad Mayor de San Marcos, en su tiempo libre apoyaba en la panadería de su padre y era una cosmaker, es decir, confeccionaba máscaras y disfraces; levemente reconocida y era una bruja, al menos ella se denominaba así.
Bruja, aquel terminó le fascinaba. Era un universo entero de historias ficticias y tan misteriosas que algunas podían ser ciertas.  
-Debería comprarme un caldero…
Cada confección era más complicada que la anterior. Fue experimentando con distintos material y tutoriales en internet. Desde tela a yeso y fue mejorando sus habilidades. Pennywise, Jason,  Anonymous, Frank el conejo y la más reciente cara de bebe de Colinas sangrientas. Eran los exhibidos como trofeos en su habitación. Algunos familiares pensaban que Allison estaba mal de la cabeza.  
Su abuela paterna, su mama, le enseñó a usar la máquina de coser a los 13 años, a los 16 empezó a venderle sus confecciones a sus amigas cosplayers  y con el tiempo empezó a ser levemente reconocida por su calidad y altos precios.  Le gustaban las películas de terror, jalowín era su época favorita del año, vendía más y adoraba confeccionar sus máscaras. Cada año confeccionaba un personaje distinto y lo exhibía en sus pedestales de madera, los cuales le vendía su primo a un precio cómodo cada año.  El año pasado diseñando notó una excentricidad. 
Alita le había pedido que la dibujara, ella deseaba hacer un cosplay y no estaba segura de como fuera a quedarle, entonces, se lo pidió. Allison accedió. Entre bromas la dibujo con un traje de Sailor Jupiter echada sobre José, el chico que estaba enamorado de ella. Aquella broma la hizo estremecer.  
A los minutos entre risas caminaron hacia la cafetería. Alejandra tropezó bajando las escaleras y cayó contra el pecho del afortunado, José. Allison sonrió por la ironía. “Puras coincidencias”, se dijo. Nuevamente experimento dibujando a su amiga en otro tipo de situación sin que ella lo notará. La segunda vez comenzó a sudar frio, su corazón salto desde su pecho a su boca y de regreso aterrizo en su estómago. 
Investigó, practicó y llegó a la conclusión de que era una bruja, con limitaciones pero una bruja a fin de cuentas. Cada cosa que dibujaba involucrando a una persona que conociera se cumplía en un laxo de 24 horas. Aterrador, pero cierto. 
Entró al baño, abrió el caño y empezó a lavarse la cara. “Si reemplazo el alambre plateado con cobre y lo pintó después quedara menos brilloso”, reflexionó sobre su arte. Se miró al espejo y se sonrió. Era un asco al levantarse cada mañana o en la tarde. Sus ojeras opacaban el bonito color azul de sus ojos. “Bendita sangre cajamarquina”, se dijo lavándose los dientes. 
Media hora después estaba lista.
Allison bajó las escaleras entre cuadros de familiares, paisajes y bodegones, ella misma pinto algunos cuando niña. Pasó por la sala y comedor hasta llegar a su inusual cocina. No todos podían alardear de cocinar artefactos industriales. Su papá se encontraba amasando lo que se convertiría en pan caracol. Ella se amarró el cabello en un moño alto, se puso los guantes y empezó a sacar las bandejas de pan que ya estaban listas. 
El televisor estaba prendido en el canal cuatro, las noticias matutinas resonaban a lo largo de la cocina y llegaban levemente a la parte de la tienda que le seguía. Cada mañana se repetía la rutina. 
-Deberías dejar de estudiar un ciclo – comentó de repente su padre.- No puedes con todo. 
Ella lo ignoró.  
A los 15 minutos ya todo estaba en el mostrador. Llegaban las primeras personas por pan y otros abarrotes comunes para el desayuno limeño: bollos con jamonada, con queso, huevo, salchichas o la infaltable mantequilla. En la venta los apoyaba Rocio, una vecina y amiga de su padre. Tal vez su futura madre, pensaba Allison a veces con gracia.  
Su hermano se levantó a las 7 a. m. para ir a la escuela, era hora de alistarse para clases. David tenía nueve años y poseía síndrome de down.  Allison lo llevaba de paso que ella también iba a clases. Su escuela se encontraba en ruta a San Marcos. 
-Deberías bañarte temprano y no solo lavarte. Pierdes el tiempo lavándote primero y bañándote después- comentó su padre, mientras ella se quitaba el delantal y se soltaba el cabello. – Y deberías taparte eso…
Allison al terminar la escuela y en plena rebeldía adolecente se tatuó el nombre de su enamorado en el hombro izquierdo, “Bryan”. Al par de meses de terminar y con el inicio de su trauma o acción a películas de terror y en plena flor de la juventud de su talento con la tela, se tatuó sobre el nombre la cara de Frank el conejo. 
-Jaja, cual es el chiste de tener un tatuaje si no lo luces pá.- Subió las escalaras con la sonrisa aun en los labios. Su hermano caminaba por el pasadizo.
Entró a su habitación y notó que su hermano camino más rápido al verla entrar. Él le tenía miedo a sus máscaras, y quien no, recordó una vez que entro a levantarla y se golpeó con Pennywise,  el pobre había orinado el piso de madera de Allison. Entre risa y asco tuvo sacar la alfombrilla y mandarla a la lavandería.  
Suspiró, luego se desnudó y envuelta en una tolla se dirigió hacia la ducha. El tiempo pasaba rápido, comenzó a indagar bajo la lluvia artificial que terminaba de despertarla por completo. Nuevamente se preguntó si en vez de Historia, debió dedicarse a Diseño de modas o Administración de empresas. Su tienda online, Conejo negro, tenía una buena recepción. La cual en realidad era una página de Facebook con fotos de su trabajo tanto como cosmaker como algunas prendas de diseño propio y sus máscaras. 
-Y por otro lado está Sin cara- se dijo cerrando la ducha.
Hace varias semanas su competencia más directa en la venta de máscaras se comunicó con ella, Sin cara, luego de que ella realizara un streaming dibujando un diseño de vestido. No era un cosmaker solo se autodenominaba como un hacedor de máscaras, eran un poco tenebroso para ella. “Señorita conejo, he notado que sus trazos son excelentes. Casi mágicos o tal vez embrujados.”, recordó. “Gracias.”, respondió aquella vez. “Y su belleza es tan demoniaca como bello es el cielo”, entre aquellos mensajes comenzaron una comunicación más fluida. 
“Te la quiere meter”, le dijo Alita cuando ella le contó sobre él. Tristemente los gustos de Allison no iban por ese rumbo. Alita era hermosa, risueña y tan encantadora como un cachorrito recién nacido una noche de lluvia. Ella estaba perdidamente enamorada de su mejor amiga. “Tonta”, le respondió y luego la abrazo. 
Salió apurada de casa acompañada de David. Últimamente se perdía mucho en sus pensamientos. Había recibido un trabajo fuerte, el cual le había recordado las horas de sueños y eso provocaba que pensara cada estupidez. Subió un buz que la llevara a la Av. Caqueta, dejó a su hermano y se dirigió hacia la plaza Dos de mayo. 
Una hora más tarde había llegado. Su teléfono vibró, y ella se sobresaltó, debía dejar de colocarlo en el pecho.  Lo reviso mientras se dirigía a su aula. “Buen día conejo negro, una amiga me comentó sobre tu acuerdo con Kanako Redfield y su staff. Que provechoso para usted.”, leyó. “Ese idio…”
En un golpe su teléfono salió volando y en una dramática cámara lenta ella observo como caía contra el frio y duro pavimento. Eso le había dolido más que las cachetadas de su madre, cuando se habían encontrado. No le importaba ser tratada de malcriada, ella odiaba a esa mujer.  
-¡Fíjate por donde andas ciega estúpida!- Aquella chica iracunda era rubia teñida, se notaba en sus salientes raíces negras. Bien vestida y maquilla, de esas que parecía que pensaban con el labial.
Inmediatamente con una velocidad que a su parecer superaba a la luz recogió su teléfono y vio con fastidio a quien la había golpeado. 
-¡Ten más cuidado tu tarada!- respondió mordaz. Estaba molesta. Durante sus primeros ciclos en la Univ. había aprendido que chica que se arreglaba demasiado no trabajaba.  En ocasiones dudaba de la existencia del cerebro de aquel tipo de chicas.
-¡Vete a la mierda huachafa de mierda!- gritó dándose su espacio, se acomodó el cabello y la rubia ficticia se empezó alejar con un enojo propio de una madrea luego de ver más de cuatro calificaciones rojas en una libreta de notas.- ¡Ese azul parece vomito de cebra! 
-¿El vómito de cebra es azul?- se preguntó retomando su camino. Allison carecía de paciencia cuando interactuaba con otros y era horrorosamente rencorosa.
De camino a su aula aun fastidiada sacó su cuaderno de diseños y un lápiz. Empezó a recordar su horrendo rostro con granos en las mejillas y frente, ojeras tapadas con tanta base que parecía un tarrajeo de albañil barato, cabello pajoso que no serviría ni como escoba. Suspiró en la puerta y terminó su creación. Sonrió con malicia. 




-¿Qué dibujas?- le consultaron. Con un miniparo cardíaco volteo y se topó con una mirada oscura.- ¿Sueles dibujar a menudo gente en el piso, no?- preguntó nuevamente. Era una compañera de clases, Gabina Olano. 
Con el cabello corto y dos trencitas a los lados; de ropa siempre holgada que le daba una apariencia entre rapera, hippie y vagabunda, aunque los últimos podrían ser sinónimos, siempre acompañada de una gorra hacia un lado; y siempre encorvada. Allison recobró la compostura a los segundos y guardo su cuaderno.
-Hola, Gabina. 
-¿En qué estas conejita?- saludó a su modo particular.- ¿Tarde de nuevo por tu arte? 
-Algo así… ¿Entramos?- consultó. No le agradaba mucho Gabina. Siempre parecía saber todo y aparecía cada que ella se encontraba en pleno maleficio. Fue ella quien le facilito el pdf de aquella tesis sobre Rosa Rodas.- Es tarde. 
-Nada chica… me iré con Piero a fumar un poco. – respondió relajada y empezó a irse.- Por cierto conejita, quiero que me hagas un disfraz.
-¿De?
-De brujita. Nada de la lencería que le haces a las prostitutas.-  Allison frunció el ceño. Muchas chicas solían pedirle trajes sexy por jalowín o para ocaciones especiales.-Algo recatado y libre. 
Y como el porro por el cual iba, se esfumó.  Allison entró a clases tarde pero relajada. Estaba segura que la estúpida que le había jodido la mañana tendría su merecido. Luego de un llamado leve de atención se dirigió hacia alguna carpeta vacía. Vio a Alita al lado de Alfred y Felipe, ambos de color oscuro, buenas personas, gorditos y ambos querían estar con ellas. 
Pasada dos horas pedagógicas salieron de clases. Ese día solo tenía un curso, Alita en cambio debía quedarse para otra materia. 
-¡Alli!-  saludó la pelipurpura a la azul océano. Sus cabelleras se entendían.- ¡Pinche tardona!
-¡Alli!- saludaron los pretendientes a un solo sonido también. La mencionada los aborrecía, en realidad no, su incomodidad empezó cuando se enteró que ellos buscaban amor en ellas.- ¿Qué paso? Mucho que hacer en casa seguro.- afirmó Felipe. 
-Chicos… nada en realidad. Una estúpida se tropezó conmigo.- suspiró. – me quede con las ganas de golpearla. 
-¡Tranquila muchacha!- exclamó Alfred sonriendo.- A la otra te la boxeas. 
-Pobre aquel que se pelee con ella.- apoyó Alita.- En fin vamos a comer, antes de mi segunda clase. Ven con nosotros Alli. 
Segundos, minutos más tarde se encontraban en el pasto de algún lugar en San Marcos que no oliera a marihuana. Habían comprando algunas cosas y Alita había calentado su taper de comida, se acomodaron como si hubiera una mesa redonda. 
Felipe comía manzanas; Alfred, galletas oreo y margarita; Allison, una tajada de queque de piña. Se miraron durante unos segundos y empezaron a reír. Unas semanas antes que se desatara los problemas con los desaparecidos en Jirón de la Unión, ellos se sentaron de igual manera y hablaron sobre el canibalismo. Algunas brujas en la antigüedad se comían a otras para tener su poder, era el mito que debatían esa vez. 
-El tipo sigue sin aparecer…- habló Felipe.- ¿Se lo habrán comido?
-¡No seas idiota!- interrumpió el gordo, Alfred, dándole un golpe en el hombro. Él se balanceo. – Y dicen que yo soy el imbécil del grupo…
-¡Jaja!- empezó a reír Alita. Entre carcajadas se cayó de espaldas. Allison tampoco pudo contener la risa.- Bueno, es cierto. Solo apareció su dedo…
-Un amigo me dijo…
-¡Sin cara! ¡Wuu!- la interrumpió su amiga. Era demasiado tonta en ese tipo de cosas.- ¡Te habla todos los días! Y ¡Ya lo consideras amigo! 
-¡No digas tonterías Alejandra!- gritó. Cuando ella la llamaba por su nombre, Alita sabía que estaba molesta.- No sé ni siquiera como es… y me parece que él tiene que ver. 
-Mi hermano dice que Sin cara antes tocaba en Jr. Quilca. Su banda se llamaba Cosmina, por el nombre de su flaca. Terminaron y se dedicó a otra cosa- explicó el gordo mordiendo una galleta.- Debe ser que el pata debía dinero o algo y le dieron vuelta. 
-¿Quién es Sin cara?- consultó Felipe. A él le gustaba Allison. 
-Es un hacedor de mascara, parecido a Allison.- explicó Alita, llamándola por su nombre pretendía demostrarle su molestia por como la grito.- Allison es Conejo negro y el tipo es Sin cara. Se puede decir que son los Romeo y Julieta de los disfraces. 
-Estúpida…
-¡Así me adoras!- dijo empezando a carcajear. Alfred le siguió la corriente, Felipe se incomodó un poco, por lo que sentía por ella. Gustos o no, él solía ser muy serio en esos temas. 
“Estúpidamente linda”, se dijo al verla sacarle la lengua. 
Allison y Alejandra se conocieron un 15 de abril hace un par de años. Durante clases de ortografía, hicieron grupo durante el ciclo. Luego empezaron a salir como amigas, Allison cuidaba de Alejandra cada que se emborrachaba y viceversa. Ambas besaron al mismo chico en una fiesta en la que ambas se embriagaron.  “Ahora somos hermanitas de baba, jaja”, fue lo que le dijo aquella vez.  Con el tiempo se hicieron mejores amigas. Alita le hablaba de sus pretendientes y ella de sus problemas familiares. 
Una mañana en la que Allison paso la noche en cada de Alejandra. Ella amaneció luego de un sueño intranquilo completamente mojada. Avergonzada al par de semanas en la fiesta de Piero Escobar golpeo al tipo que besaba a su amiga, Alita estaba ebria y Luis, el sujeto en cuestión, la acariciaba bajo el short. En la habitación de Piero, ella empezó a cuidarla hasta la mañana siguiente. 
“Te quiero Alli, no he tenido amigas con tu babosa. Te adoro huevas, te adoro mucho”, le hablaba desvariando y conteniendo el vómito. “Cojuda”, le respondió. “Si me quería comer a Luiii, me cagaste babosa”, afirmó. “Me debes sexo”, agregó. “¿Qué mierda hablas?”, respondió dubitativa. Su corazón se sobresaltó como una locomotora vieja, la sangre llegaba a su cara. 
Alita tomó su rostro con sus manos temblorosas. Allison se quedó congelada, el vil licor la hacía dudar de lo que pasaba. Trató de recordar si había bebido algo con popper, pero fue en vano. La piel de su amiga era suave. “Alli eres un pedacito de nube…”, a los segundos sus lenguas batallaban entre ellas. El alcohol sabia extrañamente dulce en la boca de Alita, como si bebiera jugo de cerezas a pesar de ron barato con Coca-Cola lo que había bebido minutos atrás.  
-¿Chicos quieren un porro?- escuchó y salió de sus extraños recuerdos. Gabina había regresado acompañada de su novio negado del momento. Muchos chicos decían que Piero y Gabina se acostaban, pero ambos lo negaban. 
-Mmmm… puede ser…
-¡Alita!- llamó Allison.- Tienes clases luego tarada. 
-¿Cómo van las máscaras Conejita? – consultó Piero. Él era el primo de la cosplayer Kanako Redfield, quien le había conseguido el trabajo. 
Su apariencia era la un pastrulo a primera vista. Cabello largo y desordenado, piel clara y con ojeras, algo narizón y siempre dejaba la boca abierta luego de hablar; y siempre vestido con un pantalón jean, polo negro y una pañoleta de bandolero del viejo oeste amarrada en su cabeza cubriéndole las entradas del cabello. 
-¡Bien! Solo me faltan tres mascaras. El viernes lo terminó y lo entrego el sábado. -  respondió. - ¿Dónde te lo entrego?
-Puta ese día estoy chambeando. – Dijo con resignación.- Estoy en la Casona de Camaná. Llévalo y de paso te dejo entrar gratis. 
-Mi papá no querrá con lo de los desaparecidos…
-¿Yo también puedo ir?- consultó Alita.- ¡Siempre he querido ir!
-¡Claro!- reafirmó Piero.- Les daré unos porros también… veras como fluye la magia coneja hechicera…
-¿Sigues con los de las brujas?- preguntó Felipe con una expresión de molestia.
-No hagas que te dibuje...
-¿De qué hablas?-  dijo exaltada. Por instantes pensaba que Gabina sabia lo de sus dibujos.- No pasa nada solo es curiosidad.