Saana - Capítulo 24

Eres una mierda

La luz de la luna decoraba la noche, se escuchaban escasos autos seguir con sus caminos nocturnos: carreras, prostitutas o hamburguesas. Un lamento y un inevitable destino se oían. Saana fue escogido por su difunda madre, Alessandra por su padre. Los recordaba con melancolía, apenas a unos segundos sus esperanzas se extinguieron como una leve llama de fosforo. Ella ya había asumido su destino.

“Sebastián…”, pensaba Saana caminando por el parque a oscuras. Casi no podía ver. “Quisiera ser más fuerte, no tan tonta cuando peleo. Yo debo ganar, ganare, yo ganare, yo ganare…”, se repetía hasta poder creerlo. Hacia frio y estaba sola. 

-Somos solo él y yo. Como debió ser en un principio.- se dijo.   

A unos metros más allá, en un pequeño charco de sangre yacía el cuerpo de un payaso. “¿Ser payaso es divertido?”, recordó divertido. Era una clase de filosofía con su profesora Rosa Rey. Payasos que no disfrutaban de serlo, parecía incoherente. La filosofía jodia lo divertido, desde hace poco se dio cuenta lo bello de las incoherencias.  

-Parece que llegamos tarde –dijo una voz masculina observando la escena. Él los oía perfectamente. 

-Es una pena…-agregó una chica. Tan idéntica como la otra que lo miraba con rencor. 

-¡Deja eso estúpido!

Aquel grito fue tan estruendoso y fuerte como la patada que lo acompañaba. Antes de conocer a Yue Long pensaba que no había peor dolor que una patada en las bolas.  

-¡Ah!-gritó Sebastián levantándose, casi se quedaba sin poder respirar del golpe. – ¡Yue eso me dolió mucho!- se quejó. 

Conocerla había sido como tomar aceite de hígado de bacalao. Asqueroso, extraño y algo que no se quisiera repetir. 

-¡Eres de lo peor, eres una basura, un miserable, un cobarde, un bueno para nada, un maldito desgraciado, un perro!-grito la chica de la luna cogiendo del cuello del polo  a Sebastián.- ¿Ganó Diego?

-A mí también me alegra verte Yue –respondió sonriendo el joven. Dio un giro y miro al resto -Hola Cesar, Meilyn y ¿Valeria?-saludó observando algo extrañado –Esto no lo esperaba. 

-Si…-Asintieron Valeria y Meilyn al mismo tiempo.

-Bueno a qué se debe esta sorpresa –dijo volviendo a ver a Yue que aún lo tenía amenazado del cuello –Si estás aquí debo imaginar que lo tenías planeado ¿no es así Judas?-Cuestionó Sebastián zafándose del agarre de Yue.  

-¿Yo traidora? Iba a matar a mi hermana…- Ella comenzaba a irritarse.- ¡Eres un hijo de puta! 

-Tranquilos, en fin tengo que irme –dijo Sebastián, notó la tensión entre todos. – Hakkuna matata…

-¿Qué?- La luna mayor lo observaba aun incrédula. – Esto no es un juego niño… ya perdiste contra Diego y van a matar a tu noviecita.

-Decías….-respondió Sebastián sacando algunas cosas que tenía escondidas–una amiga me dijo que era bueno tener un as bajo la manga. Diego se llevó mis vendas pensando que eran esas.  Pero en realidad me las puse en las canillas. Tiene todo en un canguro, se lo quitaré y listo.  

Sebastián tenía el collar de Yue.  

– Es una gran fiesta como para no ir con amigos. – lanzó el collar para con su dueña. 

-Sebastián, no tienes espada-Dijo Valeria acercándose a él- José hubiera querido que tengas esto-dijo dándole la Kurikara de José.

-Eres tan picón, que aun en espíritu quieres estar en la final –dijo cogiendo la espada observando a Yue y Cesar- Yo me encargaré de Diego, ustedes vean quien será la muerte. 

-¿Qué quieres decir?- consultó Incognito.

-Ni Diego, ni Saana, ni yo seremos la muerte.- respondió tranquilo.- vivir es muy divertido…

-Jaja- aquella risa fue de Yue.- Esta bien…

-Jaja, es la primera vez que te hago sonreír –dijo Sebastián acercándose a sus amigos – No solo están Diego y Saana…

-¿La payasa?- preguntó Meilyn. Le tenía rencor a Rossy, pero ella ya se encontraba en otro continente. 

-No, peor. Joshi está rondando por aquí también… Que ella tampoco gane.    

Saana caminaba perdida esperando encontrar a Diego. Ella tenía dos talentos de los originales y Diego poseía ocho además de los que había obtenido. Se había preparado mentalmente. Ya había pasado seis meses lejos de su familia, era la prueba y ahora se graduaría. Ella había decido abandonar su vida y convertirse en la muerte.

-Llego la hora –dijo el demonio levantándose. Estaba sentado en una banca mirando a la chica llegar.- Solo quedamos los dos, querida Saana. 

Saana tiro la espada que la había acompañado durante todo ese tiempo y tomó la katana rota de su amado. Se sacó el rosario del pecho y lo amarro en la hoja rota. 

-Sebastián…. –susurró observando la Benihime rota. “Una sonrisa es la mejor manera de afrontar situaciones difíciles aun si son falsas”, recordó mientras una lagrima recorría su rostro. “La vida es un chiste pero yo soy el único que le ve la gracia…”, no pudo contener la melancolía. Alzó la mirada para ver a Diego ya en frente de ella. Suspiró 

Sin dudarlo, ni pensarlo le dio una bofetada y tomo distancia. Diego quiso responder pero ya se había alejado; entonces, sintió un golpe en la espada. Luego un corte en la cara. Sus ojos lo engañaban y no escuchaba sus pensamientos.

-Tenías algo guardado–dijo Diego defendiéndose de los ataques consecutivos de Saana con dificultad. Se iba poner muy complicado para él. Sus sentidos, era un talento aterrador.-Telequinesis –Dijo Diego deteniendo la espada –Es inútil…- la levantó en peso en el aire. 

-Sabes… yo no quería esto -explicó Saana observando a Diego- Karen también quería mucho a Sebastián y tu acabaste con ella…- sacó de su bolsillo un encendedor.- ¡Ella también era mi amiga!- grito. 

Diego cayó al suelo sin poder levantarse. Sus sentidos lo engañaban entonces su tacto empezó a sentir mucho dolor. Sin poder contenerse empezó a gritar. No pensó que Saana iba ser tan problemática.  Aun no sabía cómo usar los poderes de Sebastián y los que tenía no le permitían defenderse.

-Que cruel…..-comentó Diego intentando hacerla enfurecer. Si lograba distraerla se podría mover. 

-¿Cruel?-Gritó Saana alterada- El dolor se intensifico, pero poco a poco sentía el sonido de los pies de Saana sobre el paso. Ella estaba descuidando los sentidos. -¡Cruel!, ¡Cruel!- gritó Saana sin parar de darle dolor. Se acercaba cada vez más a él. Estaba furiosa – ¡No sabes lo que es crueldad! –gritó solloza y clavo la espada rota de Sebastián en su hombro.

Él estaba seguro y la levantó con su poder. Y en el aire logro golpearla. Sin dudarlo cambio su forma a la de Sebastián. Ya podía oír sus pensamientos. Ella estaba asustada. 

-Casi me matas perra… –dijo Diego sacándose la camisa ya rota-Si tan solo no hubieras sido tan cobarde, tu pudiste haberme detenido desde el comienzo. Tú tienes toda la culpa. 

-¡Cállate!-gritó Saana yendo nuevamente contra Diego. La ira acompañaba cada movimiento. Solo quería acabar con eso, ya se había resignado a ser ella la que cargara con ese peso. 

Diego le fracturo la mano de una patada. Debía evitar que se concentrara o nuevamente lo haría llorar sangre y cagar piedras. 

-No sabes lo que es el dolor, no eres lo suficiente miserable para vencerme –decretó Diego golpeándola en el estómago, “fortaleza…”, se dijo. Saana cayó al pasto; sin embargo, empezó a levitar. “Telequinesis”, reafirmó mientras recogía su espada-Lo hiciste bien…

-No…-susurró Saana, observando fijamente los ojos de Diego, el visto cayó de rodillas al perder el control de su cuerpo. Tenía mucha capacidad para concentrarse a pesar del dolor.-No ganaras…

-Eres un dolor de culo. 

-¡Muere!, ¡muere!, ¡muere!

-¡Jaja!

Un pequeño escalofrió recorrió la espalda de los rivales. Aquella risa. ¿Cómo era posible?, se preguntaban. Entonces, no había nada. Todo estaba en blanco, Saana y Diego se miraban frente a frente. Luego todo se desvaneció. 

-Pero que…-Dijo Diego al ver a un tipo ayudando a Saana -Jaja, ¿Incognito?, ¿Luna?-Dijo al notar que eran ellos con algo diferente – Se complicó esto. 

-Comenzó la verdadera fiesta…-se escuchó como si fuera una voz aterradora, el corazón de sana como el de Diego palpitaba una y otra vez, amenazando salir saltado de sus pechos. – Eres un aguafiestas Diego, no vas a comer pastel. 

-¿Una ilusión?-preguntó Diego.- Entonces, esas vendas…

-Sí, son falsas.- respondió Sebastián ayudando a levantar a Saana que aún no lo creía. –Listo para el evento central de esta noche. Estamos en Westlemania -Comentó Sebastián- payaso contra demonio. 

-Eres un idiota….-dijo Saana abrazando por la espalda a Sebastián. –tienes ideas de cómo me sentí….mi mundo se había venido abajo-Dijo aferrándose más a él.-No te lo perdonare… si te atreves a volverlo hacer no te lo perdonare  nunca...

-Lo siento -respondió Sebastián abrazándola también – Usare mis mejores chistes…Además ya gané. 

Sebastián tenía en su mano derecha el canguro de Diego. Aquella ilusión era para hacerse del preciado depósito de talentos. El asombro se hizo presente en los espectadores, tan emocionados como si algún futbolista de su equipo favorito hubiera anotado un gol. Una pequeña lagrima de alegría escapaba de las mejillas de Karen al ver a su amigo poner sus vendas en el canguro.  Oficialmente aquella prenda poseía la mitad de los principales talentos, sin contar sus contrapartes. 

-¿Qué demonios hace Sebastián con mi kurikara?-dijo José. Su amigo era un calculador, pero también un idiota. 

-Valeria y Meilyn juntas…-comentó Margiory  sonriendo. Él no respondió seguía resentido con ella.  

-¿Cómo es que Luna e Incognito siguen en el juego?- consultó Karen, limpiándose las mejillas. 

-Sebastián les devolvió sus talentos-respondió Micaela.- Además, solo han quedado los que realmente tienen intenciones de ganar. 

-Ustedes han cambiado por completo pero aun así murieron durante el juego –agregó Demetri con una sonrisa.- Los únicos miserables son Diego y Carol. Solo uno de ellos ganara. 

-¿Carol?- preguntó José cambiando su semblante.- Diego ya la había derrotado.

-No, ella sigue dentro del juego. –dijo Demetri observando la pelea de Diego y Sebastián- Esta noche uno será la muerte. 

Yue y Cesar observaban con cierto desdén al payaso. Se sentían usados, ellos los habían distraído y él había aprovechado en quedarse con los talentos. Diego no parecía afectado de haber perdido su gran ventaja. Saana tomó el brazo de su amado. Había asimilado la idea de perder su vida, pero le dolia más pensar que él fuera a perderla. 

-Bueno, bueno…

Corrió contra él y en instante lo golpeo en estómago. Él golpe que Diego le había dado antes le había dolido demasiado para dejarlo pasar. Luego de reponer en apenas microsegundos  ira, furia y deseos que acabar con el otro.

“Lo que me motiva a ganar… es Saana o tal vez vengar a José. No simplemente no puede ser así…”, pensaba Sebastián intercambiando los golpes. “Simplemente no me da la gana…”, eso era. Todos sus pensamientos se resumían a un simple berrinche. El poder de la decisión. 

Se quitó el canguro y lo lanzó tan lejos como pudo. Diego al notarlo extendió la mano pero recepción una patada lateral de Sebastián. Él cayó al suelo y vio a su rival alzar las manos. Aquella posición de pelea era esa que le había mostrado hace tiempo, cuando hacia kung fu. 

-No serás la muerte…

-Muy bien, quieres que sea así. Pues lo será Bruce Lee.

-No me da la gana de que seas la muerte. No te dejaré ganar…

En ese instante, el tiempo parecía haberse detenido mientras, meditaba lo que sucedía: “Así debe ser… Gracias Saana”, en ese instante todo regresó  su rumbo, Sebastián golpea con un puño directo a la cara de Diego, soltó una ráfaga de aire al golpear. Si, aun lo recordaba como si hubiera sido apenas hace unos días.  

-Jaja, ahora conocerás al Diego que boxea-respondió.  

Hubo un silencio incómodo. Como aquellos del cicle de las parejas, el tiempo se congelo pero no se encontraron las miradas, sino más bien fueron puños. Un exboxeador amateur con problemas con las drogas contra un desventurado aburrido de la vida y a un par de problemas del suicidio.  Diego era tan tonto como maduro lo era Sebastián. La única diferencia era que Sebastián sabía lo que deseaba. 

-No pelean por ganar, es algo más personal. En fin…-dijo Yue apuntando a Saana con su espada- Entrégame el rosario y encendedor. 

Saana sonrió y empezó a correr tras el canguro, Yue la siguió inmediatamente. Cesar lo dudó pero al final fue tras las chicas. A pesar de tiro improvisado Sebastián lo había lanzado lejos, sin contar que la oscuridad no los dejaba ver bien del todo. Sin embargo, el canguro estaba vacío cuando Cesar lo tomo. Sintió escalofríos en todo su cuerpo. Observo a todos lados. Saana y Yue seguían intentándose matar a patadas. “¿Acaso Sebastián los tenia aun?”, se preguntó. Definitivamente ese payaso tenía un muy mal sentido del humor. 

-Siempre considere mi talento inútil, pero ahora los tengo todos -se escuchó llamando la atención de Saana y Yue. Estaba ahí parada frente a Cesar. 

-Esa voz…..-dijo Saana. La otra chica, era Carol, Joshi. 

-Creo que yo ganare- reafirmó Carol reapareciendo entre las sombras. Llevaba colocadas las vendas rojas de Sebastián y aparentemente todos los objetos que portaban los talentos.- Entre ustedes tres están los cuatro talentos que me hacen falta. 

-Parece que seremos equipo de nuevo…- dijo la peliplateada de ojos azules. Ella como la luna eran radiantes. “Una amiga… me lo dijo”, llegó a su mente.- ¿Tú fuiste la del talento falso? Rayos…

 Un giro inesperado para Yue la tomó por sorpresa. Un pequeño temor se asomó por su mente. “Meilyn se quedara sola…”, suspiró. Todo iba mal para us gusto. Cesar también dudaba que era lo que realmente deseaba. 

-Jaja…-Rio Carol golpeando con el codo en el estómago de Cesar –Esto es muy fácil-susurró desapareciendo con el rosario de sombras, de pronto las ramas de los arboles empezaron a moverse contra el chico.

-Ellos tres no están dispuestos a abandonar su vida…-Comentó Micaela sonriendo. 

-Ella casimuere antes… ¿Por qué ella?- preguntó Karen. Una extraña sensación de admiración acompaña a sus pensamientos. Saana había pasado seis meses en coma y regreso solo para soportar aquel juego. 

-Todos ustedes eran miserables antes de esto. Que alguno lo sea más no tiene nada ver con nosotros.- Suspiró la deidad, ya faltaba poco.- Solo buscamos un reemplazo.

-Que estupidez…

-Ella conoce a marco, se hace su novia por primera vez experimenta este tipo de cosas, se revela a sus padres, este chico se vuelve su soporte emocional –Explico cambiando su mirada-¿Qué harías tú en esa posición?-Pregunto, la mirada de Jean cambio-Fue atropellada después de una pelea con su padre. El rosario la escogió poco después de eso. 

- Se acabó.- interrumpió José.- Carol los venció, para variar solo queda Saana. 

Él temía que ella ganara. Sebastián le había hablado de ella hace mucho.

-Me aburren mucho-comentó Carol escogiendo entre los rosarios cual usar esta vez, sin darse cuenta una parte de su ropa se desgarra. Carol observa a Saana sonriendo-Es cierto tú tienes la hipnosis y sometimiento. 

-No estés tan confiada –respondió Saana agitando nuevamente sus espadas, provoco otros dos cortes en la ropa de Carol.

-Ya se cuales usar esta vez –dijo Carol desvaneciéndose.- No es nada personal. Ya no importa Sebastián. 

De pronto ese silencio aterrador se rompió con una voz muy familiar.

-¿Qué tal les va?-Dijo la voz de Sebastián.- Luna, Incognito los dejaron hechos mierda… 

-¿Sebastián?-Dijo Yue incrédula. Estaba agotada. 

-Ya asesine a Diego, solo queda saber quién será el ganador- Dijo Sebastián. 

-¡Tú no eres Sebastián! -dijo Saana alzando su espada contra él. –Es cierto Yue, el talento de Diego es el de metamorfosis…– dijo Saana atacando sin dudar a Sebastián.

-Tú estás muy enamorada…-dijo él.- antes pensaba que no había nada mas peligroso que una chica enamorada. 

En ese instante ese Sebastián explotó en sangre, dejando boquiabiertos a todos. De la sangre derramada brotaban cuervos por todos lados. Era problemático, se enfrentaban a una demonio y la única con poder de enfrentarla era Saana.

Era cuestión de tiempo antes que Saana perdiera. 

-No puede ser….-dijo Valeria tapándose la boca aunque de poco sirvió no pudo contener las lágrimas que la traicionaban. Era él. Estaba vivo.  

-Excuñadita… llegaste aquí. Interesante… 

Ella corrió hacia él y lo abrazó. Las lágrimas no paraban. Aquella noche fría se volvió cálida para ellos. 

-Lo siento….-Dijo José sin soltarla-Te extrañe tanto…

De pronto ese momento se fue interrumpido por uno gruñidos, la mayoría voltio a observar lo que sucedía. Un puño se lanzó contra la cara de Sebastián que parecía de entre los arbustos, este lo cogió y contrataco con el otro puño Diego hizo lo mismo al inmovilizarse ambos optaron por cabezazos, Diego metió un rodillazo tumbado a Sebastián, este cayo al pasto optando por otro cabezazo antes que este atacara. Sebastián se levantó dispuesto a golpear a su enemigo, pero se detuvo ante el ruido. Ambos estaban sangrando, tenían la cara hinchada y hematomas por todo el cuerpo. 

-¿En qué momento me mataste?-preguntó estupefacto al observar a Karen, José, su prima y su novia que habían muerto durante el juego.

-Planeaba preguntarte lo mismo-respondió Diego sonriendo- Rayos, no me esperaba verlos en el infierno. 

Demetri movió la cabeza con una sonrisa al verlos. 

-Cesar y Yue han sido derrotados, solo queda  Saana-Dijo Micaela observando la pelea.

En ese momento incomodo, tanto para Diego y Sebastián este cambio su expresión levantándose. Le dolía casitodo el cuerpo, hace tiempo que peleaba tanto. Recordó una vez en la que se desmayó por entrenar demasiado, aquel recuerdo llegó de la mano del rostro de Carol entre lágrimas. 

-¿Qué crees qué haces?-Preguntó Diego deteniéndolo ya que planeaba irse- Aun no hemos terminado.

-Tengo una cita. Lo dejamos para después… 

Ese rostro en su mente no desaparecía. “No quiero que te pase nada”, suspiró. Era tiempo de enfrentarlo. 

- ¡Vamos!- animó Diego. Sebastián se sorprendió al verlo acompañarlo.- Aun quiero ganar… 

Todos observaron en silencio la victoria de Carol, tan solo le faltaba los dos talentos de Saana, Yue fue derrotada defendiendola y Cesar cayó tratando de enfrentarla solo. Tan solo quedaba esa chica que comenzó todo , esa chica de baja autoestima , muy callada que apenas tenía amigos, esa chica que solo quería complacer a sus padres, solo era ella y Carol una misteriosa chica que escondía algo en el fondo de esa dura capa que mostrara ante su definitiva victoria .

-tu… ¿Eras la novia de Sebastián?-Preguntó Saana algo incomoda de pronto recordó, aquel día en la escuela donde ella fue a buscarlo y Rosa apareció.-Es cierto eras tú….

Saana alzo sus armas contra Carol, estaba cansada observó a donde se encontraban Cesar y Yue, pero se dio cuenta que la habían abandonado, sin nada más que hacer atacó a Carol quien se encontraba muy confiada, ella la recibió con un golpe fuerte en estómago. No deseaba hacerle daño a ella.

-Él te abandonara apenas falles….-susurró arrancándole los dos últimos talentos. Su rosario y el encendedor eran de ella finalmente. Saana se derrumbó al piso derrotada.

-Vaya, vaya…-se escuchó una voz acercarse –Te dejo un minuto sola y mira lo que pasa. Ya metiste la pata… –dijo Sebastián recogiendo la kurikara que estaba en el pasto al lado de Diego quien también recogía su arma.

-Sebastián…-dijo Carol.- ¿Aun me quedan bien, no? – Consultó mostrándole las vendas rojas.- Soñé con hacer las paces contigo, cuando yo pudiera ser tu heroína.    

-Me sorprende que recordaras como usarlas - Respondió Sebastián alzándole la mano – Saana, busca más allá a Micaela y quédate ahí. –Ordenó. – Tu también deberías irte. Cuando recupere los talentos peleare contigo. 

-Déjalo ahí, tengo un asunto penitente con ese tipo- Dijo Carol.- Nunca le he permitido ni a mis padres hacer llorar a mis hermanas… 

-Creo que estas en problemas –Dijo Sebastián sentándose en el pasto. Estaba cansando y le esperaba algo muy difícil.-Tenemos hasta la media noche para ganar según dijo Demetri.

-¿Qué?-dijo Diego distraído recibió un golpe de Carol. Se quedó sin aire. Ella era fuerte.- Mierda…

Algo de sangre mancho el pasto. El demonio Chalo cayó de rodillas, ese golpe le había destrozado su estómago. Diego no dejaba de vomitar sangre, Carol lo levanto del cuello furiosa. El dolor se fue en un instante y luego lo volvió a golpear. Lo sanaría y torturaría hasta cansarse. 

-Diego, no es malo. Solo ha sido muy duro consigo mismo- Comentó Gabi al verlo sucumbir ante Carol – Él no quiso ser así, la vida lo hizo así. Tal vez él sea el menos miserable de este juego porque ha salido adelante así. Se quiere tal como es….

-¿Por qué te cortas acaso quieres llamar la atención?- Gritó Carol-¡Esas palabras estuvieron en mi mente desde ese día maldito demonio! –Repitió el grito molesta, recordando esa humillación en su casa – ¡Acaso me tiene miedo tu ahora! 

-Jaja, si lo había olvidado fue divertido –Comentó irónico Diego recibiendo los golpes -¿Qué te duele? ¿Que lo que te dije era verdad? O ¿La cara de terror de tus hermanas? Gianqui dijo que eras intensa, no pensé que tanto. 

-¡Te mataré! –Grito Carol cambiando a la forma de horrores de Diego-  ¿Tu hermana te encontró drogándote? ¿Eso fue todo? Tu estúpido abuelo murió decepcionado de ti… 

-Jaja, yo puedo ser un drogadicto… un asesino pero lo acepto…-Rio- hermana mía, tu no aceptas ser un puta. 

Diego le dio un cabezazo en ese laxo de tiempo. Antes de ser lanzando contra los árboles. 

-¡Me toca!- Gritó Sebastián acercándose a ella.- Sí que lo hiciste mierda… siempre supe que era un rencorosa.  

-Muy bien-Dijo Carol dejando en paz a Diego-He esperado mucho tiempo para poder tener el valor de enfrentarte.

-Si yo igual –Respondió Sebastián blandiendo su espada –A veces me pregunto que nos pasó –Agregó sonriendo – ¿Por qué tenías que cagarla? –Dijo lazándose contra ella con su espada esta se defendía con las manos desnudas.  Ella no sufría daño. 

-Mi culpa….-susurró cogiendo la espada de Sebastián con la palma de su mano-¡Deja de hacerme sentir peor! –Gritó aplastando al espada con su mano término rompiéndola. 

-Comienzo a considerar que hacer equipo con Diego pudo haber sido buena idea –Comentó retrocediendo por el temor.

-¡Deja de hacerte el gracioso! -gritó alterada.-En estos siete meses, solo has hecho eso atormentarme. 

-¡No era mi intención!- respondió Sebastián cogiendo la espada de Diego – ¡Yo te dije acuéstate con otro borracha!–gritó atacando una vez más a Carol.

-No quise hacerlo. Tu tuviste la culpa…dejaste de ser como eras –Respondió Carol recibiéndolo con un puño en el estómago, empezó a curarlo al momento.-necesitaba tu apoyo y tú solo me dejaste sola cuando te necesitaba. No me prestabas atención. 

Sebastián apenas respiraba por tan fuerte golpe, apenas tratando de levantarse, le regalo un leve sonrisa. 

-Pero nunca te fui infiel…-Susurro muy cansado después recibir esos duros golpes –Yo te amaba a ti…-Dijo antes de ser callado por otro golpe

-Eres un Idiota –dijo golpeándolo nuevamente –Un ególatra que solo piense en sí mismo-agregó con otro golpe con la otra mano -Nunca entendiste cuando sufrí con eso…-dijo después de golpearlo, luego con la otra mano continuo -¿Sabes cuánto me hirieron tus palabras? –dijo mientras una lagrima recorría su rostro-Eres el peor de todos, incluso que el demonio-dijo continuando con los golpes. - ¡Yo te conozco mejor que nadie, se lo que has pasado se porque eres así, se tus miedo y anhelos, se todo de ti!-Grito.-No sabes cuándo te odio….-dijo Carol observándolo. –Nunca entendí porque estuviste conmigo…

-Jaja, estuve contigo, la verdad no lo recuerdo bien….pero ya no, ya no me conoces.- Se levantó.- Eras mi cielo y mis estrellas…

- No vales nada Sebastián. Incluso momento así… nunca fuiste capaz de decirme que era lo realmente querías…

 -No….ya no soy así…

-Nadie cambia de la noche a la mañana –dijo Carol golpeándolo nuevamente. Ya parecía moribundo, pero no sentía dolor. -¡Ahora eres un mostro!-Gritó Carol defendiéndose, en un descuido lo golpeaba nuevamente recuperando el control de la pelea.

-¿Crees que me importa? Yo soy el verdadero yo -exclamó -No importa lo que piensen los demás… soy feliz como soy… me tomo tiempo pero lo soy. 

-Cuando cambiaste tanto….-Dijo Carol retrocediendo.

-Ya no soy así…-Dijo recuperándose –Ahora si tengo el valor de decirte esto –Dijo abriéndose contra ella- Lo siento y te perdonó.



-Eres una mierda... gracias. 

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