Saana - Capítulo 23

El toxicómano, la chica muerta, la ex arrepentida o el burlón 

-¿A dónde vamos?- preguntó. Aun Saana se encontraba en pijama. Había tenido una mala noche.  

Su maestra, su deidad guía y la actual muerte la había llevado hacia un hospital, uno al que ella le temía.  Micaela suspiró observando la entrada. El tiempo se agotaba, ella era la más ansiosa de que aquella tortura terminara. 

-Tranquila…solo tienes que ver algo –respondió sin dejar de observar el camino, Saana notó que desde que salieron de su casa eran invisibles para los demás, ella seguía en pijama y nadie se le quedaba observando. Estaba algo asustada por ello; sin embargo, no preguntaba y seguía a su maestra. 

Subieron un par pisos, Saana recordó cuando fue dada de alta. Había dejado de ir a sus chequeos desde que había empezado el juego, pero de caminar por esos pasillos se sentía enferma. Micaela entro a una de las habitaciones con la puerta abierta. Ahí se encontraron con una señora, una pequeña niña y un anciano postrado en una cama, aparentemente muy grave, la pequeña se a cerco con un paquete, que parecía un obsequio y se lo entregó al instante.  

-No me digas que… 

Sus piernas temblaron cuando Micaela asintió. 

-Abuelito, aquí está la foto que me pediste-dijo la niña entregando el paquete el cual el anciano abrió lentamente como su poco fuerza lo permitía. No los conocía pero sentía pena de lo que sucedería. 

-Este no es un trabajo fácil. Es un maldición ver el dolor ajeno, terminar con la miseria de alguien, llevarte a los seres queridos de los demás…es algo terrible. Yo fui la última ganadora y no pude con tanto odio, tanto dolor y resentimiento… Me sentía una prostituta. -explicó Micaela chasqueando suavemente los dedos. 

-¡Lo vas a matar!-Exclamó Saana volteando a ver al anciano y a la niña.

Saana notó como el tiempo parecía detenerse. El pobre anciano abrió el paquete observando la foto, una lágrima se le escapó por sus viejas y arrugadas mejillas, como un fruto seco. 

-María...estamos juntos de nuevo-dijo el hombre cogiendo las mano de Micaela.

-He venido a llevarte al paraíso, dónde estaremos juntos por siempre.-respondido Micaela tocando suavemente la frente del hombre.

Una pequeña luz se desprendía de los ojos llorosos del octogenario. Entonces, miro hacia Micaela y finalmente sonrió. Aquella luz fue hacia las manos de la deidad. Ella suspiro y la luz se desvaneció en sus manos. 

-¡Abuelito!-Gritó la niña al escuchar el sonido de las maquinas que daban a entender que su corazón se había detenido. 

Saana quedó perpleja al ver como los doctores trataban de traerlo de vuelta pero ya eran esfuerzos en vano, dejó caer unas lágrimas por sus mejillas.

Cuando te conviertes en la muerte, el ángel o demonio de la muerte, pierdes todo. Tu vida, tu existencia, todo desaparece. Nunca naciste y tendrás el lujo de llevarte la vida de los demás. – explicó Micaela a su alumna, quien aún se encontraba triste al ver a la niña llorando.

La muerte es cruel. La muerte es paz. La muerta es la verdad de la vida. 

No había nada que pudiera frenar su dolor. Perdió y solo entre pesadillas y viejos recuerdos que temía perder. La noche era calurosa y soñaba tan intranquilo que ni siquiera los incubos lo molestaban esa noche. 

-Hola, soy José  ¿tú eres el novio de Rosa, no?- Le preguntó muy tranquilo. Le era extraño que un hombre le iniciara conversación, no acostumbraba a hacer amigos a menudo. Y menos de un delgaducho de granos y lentes de luna en forma de poto de botella. 

-Sí, soy su novio –respondió desconfiado–Me llamo Sebastián.- se presentó como si nada, no le parecía tan mal chico. Con contextura de tan delgada como una aguja. Era un alfeñique. 

Ese era su primer año en ese nuevo colegio, fue tranquilo, estaba con una chica llamada Rosario, Rosa y, a veces solo para él, Rossy. Fue su primera amiga de otra aula y a las semanas se convirtió en su novia. No le había costado mucho adaptarse al cambio.  

-Hey Sebastián, ¿Qué haces ahí? ¡Ven!-Le pidió de la nada, era el cumpleaños de su prima Pilar. No sabía cómo había llegado hasta esa casa en zonas tan picantes aquella noche, pero se encontraba con un grupo de desconocidos hasta que lo vio. 

-Gracias-respondió tomando la botella que le ofrecía, parecía ser un buen chico después de todo.

Durante su segundo año en esa escuela, se sentía en aula estaba llena de gente podrida, Rossy no me hablaba desde que terminaron. Entonces la vio como un ángel pasar y reír. Su sonreír era encantador, su piel nívea y una mirada tan perfecta que debía ser divina. Arana, Carol Arana. 

-Que mierda es la vida…- comentó. No planeaba derramar más lágrimas por ella. Su ángel y su demonio. Su cruz angelical.  

-No es eso, pero si la vida te da la espalda tócale las nalgas…

Aquella broma lo animó. Tal vez se burlaba de él pero le había cambiado el ánimo. José Martínez era su amigo, uno de sus mejores amigos. Ese es último año en esa escuela, cambio con el fin de su relación con Carol, tenía amigos tal vez no sean como los esperaba pero lo eran…Rossy se volvió mi mejor amiga.

-¿Qué piensas?- preguntó de repente.

-Cómo será mi muerte –respondió sin dejar de observar el cielo. Sebastián temblaba al hablar. 

-No lo sé, ¿Cómo te gustaría morir?- dijo con otra pregunta observando a Valeria acercase. Aun no conocía a Saana, aun nada empezaba. 

-Quisiera dormido para no sentir dolor alguno…que todo termine rápido y silencioso que nadie sufra mi partida-respondió observando fijamente sus ojos a través de los lentes.

-Yo quisiera morir defendiendo mis principios, morir como mis héroes dando todo de mi para defender algo en lo que creo.- dijo con un brillo ojos que aún no podía entender.-Aunque conociéndome morirá protegiendo lo que más amo…

-¿De qué hablan chicos?-dijo Valeria acercándose.

Tal vez no lo notó, pero ese chico era realmente su amigo, un gran amigo que quizá no encuentre en otro lado. Nunca pensó decir aquellas palabras para alguien. Ni si quiera con sus padres. “Gracias por ser mi amigo”

-¡Eres un soberbio!!- gritó. Acababan de tener una riña. José y Sebastián chocaban como fuego y hielo.

Su sueño se perturbo y al par de minutos despertó.  Sebastián observaba el cielo color azul oscuro del techo de habitación, con lágrimas en los ojos. “Pensaba que no podías ser más feo…”, recordó. 

-¡No mueras!-Gritó.

Esa fue una noche intranquila. Aquella mañana se levantó con dolor de cabeza, ojeras y sentimientos de tristeza.  

-¿Qué demonios haces aquí?- consultó tratando de mantener la calma. Frente a él se encontraba aquella deidad humana que lo guiaba a lo largo de ese martirio. 

-Cámbiate, tengo algo que mostrarte –dijo Demetri lazando algo de ropa del armario –Relájate tu amigo está bien-agregó sonriendo. 

Pasaron varios minutos caminando hasta llegar a un almacén. Una persona moria ante sus ojos. Un joven tal vez de la edad de Sebastián o menor era golpeado por unos viejos, cuarentones tal vez. 

-No son más que miserables…-dijo Sebastián indignado –Con tan solo ver personas tan asquerosas, entiendo las intenciones de  Diego.

-Si ganas el juego… te quede claro algo tu eres la muerte no la justicia-respondió Demetri-No puedes matar a unos violadores si no ha llegado su hora. 

-Es un desperdicio de poder. ¿Tú también cambias de forma?

-Las deidades tenemos un poco de todos los poderes, pero estos desaparecerán cuando haya un ganador –respondió Demetri.- Use metamorfosis. 

–Su verdadero poder es la metamorfosis.- “Y para saber los miedos de los otros entonces…”, se dijo a si mismo.- También lee mentes… son sus talentos. 


-Brillante deducción.- sonrió.- Y pensar que eras un niño introvertido sin amigos y ahora eres un fanático extremo de Batman.

Por fin la balanza se nivelaba un poco para el payaso. Después de ese día algo abrumador, continuaron con sus clases en la escuela, aunque ya solo eran exámenes que marcaban el fin. Al igual que con Karen, todos olvidaron la existencia de José incluso sus más cercanos amigos, el próximo evento era la fiesta de promoción del 5to A. 

-¿Extrañaras a Rosario?-. La voz de su amigo, Chino lo distrajo. Raúl estaba con una coca cola en las manos.- Dio sus exámenes la semana pasada y se fue el domingo. Pensé que irías a despedirla con nosotros. 

 - Me despedí de ella con anticipación. Además mi novia no la pasaba. – recordó la cara de Saana cuando se enteró que su arlequín era ella. Ella estaba al otro lado de la cafetería repasando con unas amigas. 

-¿Qué si? , ¿Desde cuándo brother? ya no me cuentas nada-dijo Raúl riendo- ¿y José sabe?-preguntó

-¿Cómo?-Casi gritó Sebastián sorprendido.- ¿Dijiste José?

-¿José? Te pareció solo te pregunte ¿cómo así?¿Quién es José?-respondió Raúl confundido.

Sebastián bajo la mirada en decepción, por un segundo pensó que aún lo recordaban, ¿acaso realmente existió? era un juego cruel con un absurdo premio, que llegaba a su última vuelta, al encuentro final tan solo quedaban cuatro. Pasaron las horas tocando el receso finalmente llegando a la salida. Saana salió esperando a Sebastián, este salió poco después y se fueron juntos. Llevaban una relación de tres días. 

- ¿Sabes algo de Valeria?- Preguntó Sebastián.

-Nada, se la comió la tierra al igual que a José- respondió Saana cabizbaja.- ¿Quién ganara?

-Creo que yo.- suspiró.- No dejaré a Diego ganar…

-¿Por qué?- consultó nuevamente con cierta desesperación en su voz.- Él es el único que realmente quiere esto.

-No deseo hablar de eso ahora. ¿A qué hora paso por ti hoy?-preguntó Sebastián también desaminado. Era cierto, él era el único que deseaba ganar. 

-A las ocho, por favor trata de venir decente. - dijo Saana sonriéndole.-  Mi papá ya tiene suficiente sabiendo que eres mi novio. Al menos que piense que no eres mal chico. Solo un alcohólico.  

-¿Decente? ¿Qué me abras querido decir?

Sebastián dejó en su casa a Saana y regresa a la suya, los preparativos empiezan la noche se aproximaba lenta, sin que se den cuenta llega la hora, Sebastián pasó por Saana sin entrar a su casa por temor a sus padres. Fueron juntos al salón de recepciones por cosas irónicas de la vida era el mismo en donde se celebró los quince de Jennifer. Un mensaje llegó al celular del payaso. Una foto de él y su querida amiga. “Divierte, me puse el vestido que iba usar. Jaaa mi papá me cree loca. Saludos Saanis”, leyó con una sonrisa. Aquella noche fue maravillosa. 

-Tu mamá es encantadora.- él solo atinó a reírse. 

A solo tres días del fin. La chica muerta empezó a preparar la cena en su casa. El toxicómano compuso tres canciones. La ex arrepentida se la paso inventando cuentos para sus hermanas. Y el burlón entrenó y durmió. Al segundo día Diego los convocó a enfrentarse en el tercero por medio de las deidades.  El fin estaba cerca, al caer la noche no todos verían ese amanecer. 

-¿Dónde estoy?, ¿Que paso?-se preguntaba levantándose con dificultad. Sentía pasto, estaba echado en un parque. -¿morí? 

-No hermanito es solo el inicio del fin –respondió Margiory junto al resto de deidades y participantes caídos. Sus ojos de pescado se abrieron como platos. Estaba perplejo ante lo que observaba.  

-¿Qué significa esto?-Pregunta José aun confundido.

-Tranquilo, solo faltaba que despertaras tu ahora planean explicarlo todo-respondió Karen acomodando sus lentes.-Todos estamos con muchas dudas como tu….-agregó señalando a Crystel y Jean también.-Por alguna razón las gemelas Luna, ni incognito están aquí y tampoco Joshi. Se supone que quedan cuatro. 

-Bueno es tiempo de comenzar-indicó Micaela. Las deidades se sentaron en el pasto en forma de círculo con ellos al medio. – Para empezar somos humanos como ustedes. Nosotros fuimos los participantes anteriores de este macabro evento. 

-Ya decía yo que mi hermana no tenía nada de ángel. 

-¡Estúpido!

-Todo se reduce a esto….el último encuentro. Sebastián Gonzales, Saana Gutierrez, Diego Nacarino y Carol Arana se batirán todo hoy. -dijo Micaela cerrando los ojos.- Cierren los ojos y los verán. 

-¿Por qué estamos vivos? – Preguntó Karen.

-Durante la estadía de este evento no ha habido muerte. No una absoluta.- Respondió otra de las pseudodeidades.- Y los que no están presente no han sido asesinados entre comillas solo se les arrebataron sus talentos. Tienen chance a regresar. 

-Ustedes han dejado de ser miserables-concluyó Micaela con las explicaciones –Dios no castiga. Enseña. 

Se encontraban deambulando en el parque de la reserva. El lugar era grande y a esas horas ya nadie estaba cerca. Los cuidadores se habían quedado dormidos como aquella vez que el cielo se llenó de estrellas. Saana caminaba escondiéndose entre los árboles y observando a todos lados. Sebastián la había llamado e indicado que aún estaba en camino. Estaba sola contra Diego.  

-¿Qué tal?- escuchó. 

Volteo inmediatamente y vio a una chica con la cara tapada con una máscara de teatro. Era Joshi. 

 -Es cierto es en vano cubrir nuestra identidad.- la vio de pies a cabeza y sonrió.- Mejor me escondo sola, bye. 

Ella desapareció ante sus ojos. Saana aún no entendía que había pasado. “¿No solo quedábamos nosotros y Diego?”, se preguntó y empezó a buscar. No debía ser encontrada aun. 

-Que irónico, justo tu mi pequeña paradoja eres la última que queda-Dijo Diego estaba al descubierto.- La chica muerta… morirás de nuevo hoy. 

-Muy irónico Diego, a José le hubiera gustado estar este día.- respondió Sebastián haciendo para atrás a Saana como la primera vez. “¿En qué momento llegó?”, se preguntó Saana. – Siempre supe que eras tú. 

-Jaja, es muy irónico ustedes fueron los primeros que ataque y ahora son los últimos que mataré-responde Diego sonriendo- ¿Qué planeas hacer, llorar como la primera vez?  O esperaras que Gianqui se coja a tu nueva novia. 

-No te lo dije antes….-dijo Sebastián mientras que Saana observaba algo asustada.-La vida es un chiste pero parece que soy el único que le ve la gracia.

-Siempre lo supe, esa mirada llena de resentimiento, siempre supe que tu serias el único que me traería problemas por eso te deje para el final –explicó Diego sonriendo-Por eso la deje a ella también….sabía que era tu única debilidad, un estorbo en la pelea. Pudiste darme los talentos por voluntad propia pero escogiste esto. 

-No te metes. – ordenó Sebastián observando a Saana.- Hay alguien más que debe estar rondando por aquí. Encárgate de ella. 

Sebastián sacó su Benihime, llevaba puestas sus vendas rojas y con polo negro. Diego de igual manera sacó aquel bastón. Sería una pelea fantasiosa de espada  La velocidad era algo impresionante, los estruendos de las espadas que colisionaban eran increíbles.

-Parece que voy perdiendo.- dijo sonriendo. Deseaba pelear con sus manos con esas armas. Ni siquiera se había molestado en utilizar los talentos. 

“Se terminó”, pensaba Diego defendiéndose de los ataques del payaso. Sebastián haciendo un contrataque, desvió la espada de Diego y alzo la espada para la estocada.

-Idiota…-dijo Diego blocándole el bastón en centro del pecho Dio un giro bordando un circulo en tu pecho, la sangre empezó a salpicar. El payaso sonrió, la sangre nunca toco a Diego. Sebastián cayó.  -Tu arrogancia te terminó, después de todo no eras tan distinto a José-Agregó. El payaso alzó su espada con la fuerza que aun tenia tratando de cortar a Diego. –Tu espada se partió a la mitad…

-Parece que moriré pronto.- se esforzaba extremadamente en no pensar.- Lastima que se rompió, ya no te servirá. 

-Lo que necesito están en tus vendas.- sonrió.- recuerdo claramente esa historia. ¿Cuándo las compraste eran blancas?

-Jaja- Reía Sebastián observando a Diego irse.

A los pocos segundos Saana regresó al lugar viendo a Sebastián en el suelo. Trato grueso y cayó al suelo tras él. Las piernas le fallaban mucho últimamente. 

-Sebastián…-Dijo Saana llorando-No te puedes morir….aun no puedes morir.

“Solamente quiero estar a tu lado”,  recordó. Le daba pena recordar, como aquella vez que olvido todo con Sebastián. “No….”, respondió muy frio y distante. Lo abrazo y ofreció su calor. Lo amaba, era su única verdad. “Aun así te amo… no te dejare solo ya no más….déjame estar ahí cuando necesites a alguien, cuando quieres llorar estaré a hay para consolarte, cuando rías, reiré contigo, cuando sufras sufriré contigo pero no volverás a estar solo”, le prometió solloza.  

-Pronto nos veremos de nuevo, mi amor-dijo Saana levantándose recogió la espada rota de Sebastián-terminare que con esto por ti… –dijo  marchándose.

Finalmente Sebastián quedo tirando en el suelo, poco después de que se marchara Saana, unas voces se escucharon entrar.

-¿Qué tiene estúpido?

La luna tenía una sonrisa hermosa aquella noche. 


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