domingo, 19 de marzo de 2017

El mundo, según Lunática - Capítulo 9

Una taza de café 

-Me gusta mucho el café colombiano… aunque el café peruano no es tan malo.- solo me había dedicado a escucharla. Era lo único que podía hacer por ella.- Odio los expresos. Y el starbucks  es el mejor invento de la historia. 
Tic por tic, también escuchaba las monedas caer como una gloriosa melodía al compás de las historias de un hombre con alma de mujer. Desde 10 céntimos hasta cinco soles. Los billetes eran casi imperceptibles, pero de seguro debía haber un par de ellos al menos. Corría un viento leve, podría jurar que la plaza San Martin se encontraba matizada de grises y la cantidad de ambulantes equivalía a las palomas de una iglesia. 
Había pasado la noche anterior en casa de José Manuel, hace un par de noches había estado con Yliana y hoy me tocaba la calle, era perturbador saber lo bien que se llevarían ese par: La hiena gorda que enseñaba física por un sueldo mínimo y la elfa sidosa que daba terapias de pareja y sexo.  Escuché del dulce melocotón, que habían ido a comer un par de veces. “Es una mujer genial”, suspiré. Me agradaba de tener la razón, y ahora más que nunca la tendría. 




-¿Da gusto ser querubín, uno que predice el futuro? 
Había vivido siendo un perdedor, como un alcohólico anónimo bebiendo vino de apenas tres monedas, de esos que se dicen que se combina con orine de perro; como un escupitajo con sueños de volar hasta China y cae por la cruel realidad llamada gravedad; y más claro he vivido peleando contra mi único y verdadero horror, lo único que me hacía mojar la cama, los pantalones, la almohada y la cara entre pichi y lágrimas. 
Siempre temí morir, pero aún más me aterrorizaba hasta el llanto que el resto muera antes que yo. 
Yo como el escupitajo era Giancarlo, intentado sobrevivir a la muerte. Yo como el alcohólico era Santos temiendo la muerte y siguiendo pensando en ella a pesar del martirio. 
No quiero morir… pero quiero fallecer antes que mi madre y el resto de mi familia.  Y llevaba cinco o seis meses, muerto para ellos.
Pronto sería más de 30 días en los que me encontraba a mi suerte, junto a mi astral compañera la cual había perdido un poco de su brillo. Un par de veces la vi llorar por Giancarlo, a mí ya no me trataba de manera juguetona, aun me intimidaba saber que era hombre tras aquel rostro angelical y piel tan nieve. Era la más hermosa, una diosa, me gustaba y sabía que ella me amaba, pero no.  
Corría algo de viento en la plaza, estaba sentado esperando que llegaran más monedas. Había perdido la noción del tiempo, últimamente hablaba mucho conmigo mismo desde que Cafeína se distancio. El lugar era un desierto en el espejo, las personas pasaban pero ninguna llegaba a ese lugar, unos cuervos estaban echados en las bancas mirando al cielo, no me dirigían la palabra y yo tampoco a ellos. 
-Debemos espantar a las palomitas de traje.- dijo Cafeína, ella estaba al frente observándome. Nuestra relación se tornó incomoda desde que me había convertido en un querubín como ella, su exesposo, exnovio y extodo para ser exactos.- Esta cerca. 
-Bueno sigamos esperando. Hoy quiero tener una cena decente. –Dije.- Te llevaré algo de comer al hospital cuando todo acabé. 
-Volvería a mi cuerpo solo por comer eso. Y no olvides la tasa de café. 
Yo también había cambiado su actitud para con ella.  Había tomado mi decisión y ella lo aceptó, sentí pena por aquel mito de nuestro amor. La primera vez que nos cruzamos fue el hospital, ella era enfermera y yo policía, no fue coincidencia.  Nos casamos cuando yo era profesora y ella psicólogo, nuestro destinos estaban marcados por amor o capricho de ambos.  Fuimos amantes cuando estaba casado con una gaucha y ella era puertorriqueña. Suspiré, no podía evitar verla con nostalgia, una parte de mi quería abrazarla.
Realmente me sentí conflictuado hacia ella. 
-Yo te busqué antes de tiempo.- habló mirándome a través de esos cristales ficticios que mi mente creaba, me daba la sensación que lloraría.- Esa noche tú estabas drogado y me quisiste besar pero era esa chica.  Lo siento, no pensé que afectaría tanto. 
-Por eso precisamente perdiste contra Galia.- Yo estaba seguro que aun la quería, ella me había sacado de ese infierno de comida chatarra del tío Grau, de la metódica vida que llevaba esperando mi muerte. Ella apareció como una luz oscura en mi vida nuevamente, era mi querido sin sentido, mi amada irracionalidad.-  Yo la salvaré y recuperaré. 
Luego pensaría en el resto de mi vida. 
-Quien sabe la próxima vez tal vez yo sea su hija…-dijo ella. 
Ella era maquiavélica. 
-¿Por? Puedes decidir…
-Yo siempre fui una mentirosa y tu un tonto con complejo de héroe. Disculpa por no ser sincera contigo. 
Escuchaba murmullos entres las monedas que caían en mi lata de leche Gloria vacía y oxidada. Es cierto, hablaba solo. Ella estaba en un manicomio y posiblemente si seguía hablando solo me mandarían a uno a mí también. Ciego y con enfermedad mental, “Que buen negocio”, me dije. La caridad rendía más de lo que imaginaba.
-Sí, yo perdí contra ella. – suspiró. Extendió sus manos y una esfuerza luminosa se formó en ellas. Un mundo. - Bueno, solo deseaba decirte que este será mi último universo creado, ya que eres mi fan quería que lo vieras. Estaría dedicado al amor de mi vida. – sonreía, me preguntaba qué tan tortuosa era la situación para ella. 
-Bueno.- No lo dudé. 
La oportunidad de  conocer el último libro de Felipe Ribeyro, uno que nadie más leería o vería era tentador. No había mucho que hacer… 
-Nadie más que tú debería conocerlo.- dijo. Extendí mi mano hacia aquella enigmática esfera.- Solo tú debes conocer El cadáver de mis sueños…
El sol naranja acompañaba a una sinfonía de brisas marinas y gaviotas en armonía. Sonreí. Eran niños jugando en la playa con un perro… niñas jugando a la comidita. Un conejo muerto y un perro atropellado, mascotas que se iban yendo, así como los amigos de aquella niña de cabello corto, rodillas encostradas y sonrisa hueca por los dientes de leche. 
Muchachos peleaban por ella, la que no tenía ningún interés. Jodida lesbiana, le olía los calzones a su prima. Los novios o novias eran reemplazados por animales, con los cuales no había mucha diferencia. En agosto se acostó con una cara de yegua, en noviembre dos años después se la chupó a un cuerpo de rana.  “Igual me voy a morir…”
Y una tarde cualquiera, luego de una siesta tormentosa compartiendo cama con un íncubo sobre ella que le hablaba en un idioma extraño para ella, se levantó con dolor en la entrepierna. Se quitó la sabana y ahogo un grito de horror. Había dado a luz un huevo negro cubierto de sangre espesa y oscura como la de una menstruación. Asustada vio a ambos lados y tomó el huevo, el cual latía.  
-Mi pequeña… ¿Andrea? 
Ella tenía dos meses de embarazo. 
-¡Santos!- Esa voz… - ¿Eres tú? ¿Dónde te habías metido…? No puede ser…
“Mierda, estaba en la mejor parte”, me recriminé internamente. 
Reaccioné de pronto, como levarse de un buen sueño. Cuando me entraba en los mundos mi cuerpo se desconectaba del exterior, no tenía ni idea si era de día o no, solo escuchaba el bullicio de las personas que concurrían esta zona. Trompetas, guitarras, caminares, las personas a veces eran un dolor de cabeza. Pero era voz era un escalofrió, mi corazón había dado un salto hasta mi garganta y había regresado a su sitio, lo suficiente para que se me revolviera el estómago y de pronto la oscuridad regresara. Me empecé a sentir enfermo. 
Nuevamente era un respetable ciego que no veía nada, sentado y recibiendo monedas para comer rico luego. 
- ¿Quién es?- consulté con temor. Cafeína no hablaba desde que entre a su mundo. “¿Me abandono?”, me pregunté. – Me llamó Matías- mentí. Era muy obvio que estaba asustado. 
-Soy Kelly, Kelly Martínez… ¿No sabes quién soy?- su voz sonaba preocupada. Si sabía quién era, pero me haría pasar por loco literalmente.-Nos íbamos a…
-Por favor señorita…- debía buscar un pronto ruta de escape sin olvidar mis monedas. “Cafeína de mierda”, me había abandonado cuando más la necesitaba.- Si no me va dar nada…
-Tu mamá te ha estado buscando… ¡Toda tu familia!- Su llamado de atención cambiaba de tono. Mi rostro desencajado debido ayudar a que me hacia el desentendido. - ¡Qué tenías en la cabeza! No tienes idea como nos sentimos todos cuando desapareciste… No te hagas el estúpido… Vamos a tu casa por favor… ya no nos hagas más esto.
-Grillo está cerca.- escuché. Mi escritora varón favorita, no me había abandonado.- Bien que hará con su exprometida, señor de ojos quemados por desamor. Jajá. 
Sentí celos en aquellos comentarios, intenté y logré abrir los ojos. Su rostro era tan como lo recordaba, bueno en realidad se vería como lo recordara, no sabría si había algo nuevo. Sus ojos color negro noche, su piel trigueña, cabello lacio forzado con mechas rubias, cejas pintadas exageradamente con que parecía un plumón grueso de pizarra y un rostro ovalado. Creo que la recordaba más guapa o mi mente la deformaba adrede. 
-No sé de qué está hablando…
-¡No te hagas el loco!- gritó.- ¡Te conozco muy bien!
Me tomó del brazo y me empezó a jalar.  Puse resistencia… 
No podía negar mi culpa, pronto volvería a casa. No tenían derecho a reclamos, nadie tuvo la decencia de buscarme. Era demasiado obvio que iría a aquel lugar para desaparecer, si realmente aquella familia me conociera hubiera llegado a ese lugar. Con algo de presión, mi primo Augusto me hubiera delatado.  
-¡Ayuda! ¡Ayuda! – sentí vergüenza. De seguro la estaba decepcionando, incluso yo me sentía decepcionado de mí mismo.- ¡Esta tipa me quiere hacer daño!
-Resultaste buen actor…- dijo Cafeína conteniendo la carcajada. Me sentía rojo como un tomate a punto de ser aplastado por la vergüenza.- Ojala seamos actores la próxima vez. Por cierto tu rival de amor está a unas tres cuadras por la línea de bares…
Nunca conocí bien las calles limeñas, lo poco que recordaba me lo mostro Galia. Y no ayudaba para mi poca memoria, no confiaba en lo que observaba.  
Empezaron acercarse las personas. Mientras ella me rogaba que me callara, pero seguía pidiendo ayuda cual idiota que no tenía una mejor idea. En uno descuido de ella, empecé a correr. La multitud que se había hecho entre nosotros logró concebirme un paso, ella se quedó atrás. Abrí mis ojos corriendo, era complicado avanzar entre tanta gente. Dentro del espejo no había nadie más que algunos cuervos.  
Nosotros nos convertimos en un rompecabezas sin piezas. Yo era un cobarde y ella una soñadora. Nunca fuimos uno, solo dos desencajados que se perdieron mutuamente, yo más para ser exacto. “No te puedes ir…”, escuché. No fue un error, nuestro amor no existió. “No quiero perderte…no estoy lista. Lo siento”, los recuerdos se convertían en cadenas, pero a la vez son las mejores joyas que lleva uno... Mis recuerdos con Galia y mi familia eran mi tesoro más preciado. “Pero nuestras cadenas son la mejor joyería que podría tener”, recordé aquel deja vu no era propio. 
-Lo siento, ya te perdí. 
-A mi aun me tienes…- dijo Cafeína a mi lado.- Me tendrás siempre…como cadenas sin peso y tú siempre serás mi mejor joyería. 
Corrí entre estatuas humanas con vidas que las propias personas que les daban monedas por sus gracias. No le había dado respuesta, no le daría más vueltas a ese asunto. Tal vez ella sería mi hija, nunca tuve curiosidad de ver su futuro, y aunque lo deseara no podría. Su verdadero yo yacía en el loquero. 
Observaba a todos lados sin detenerme, edificios dorados como puertas de quimeras vendiendo ropa, comida y algunas otras chucherías. “¿Y si tal vez me volví loco?”, me pregunté divertido. No lo estaba, incluso me sentía más vivo y cuerdo que cualquiera. Noté que no me seguían y me detuve, no encontraba al idiota ese. Suspiré y saqué mis lentes de oscuros y bastón.
-Luce mal, ¿no?
Volteé hacia Cafeína. Ya me había acostumbrado a que siempre estuviera cerca, incluso cuando desaparecía y los minutos volvían. Notaba sombras moverse, pero no ninguna tenía la forma que recordaba de Grillo. 
-¿Dónde está?- Consulté. 
-Es la pequeña con manchas rojas en la nariz y boca. Parece que se terminó nuestra aventura.- Ella tomó la sombra de la mano.- Las almas solas se consumen y pronto son parte del espejo. El traje de los cuervos es negro porque son almas perdidas como él. 
-¿Ya no me acompañaras?
-Creo que he estado mucho tiempo lejos de casa como tú.- Aquella alma negra tomo forma una caja negra. En su mano.- Tú lees el futuro y soy omnipresente. Siempre estuve con él y lo traje aquí.   
-No lo entiendo…
-Yo puedo estar en todos lados pero solo fuera de mi cuerpo, dentro de él solo soy una humana que se droga.- suspiró.- Siempre me crees perdida y quieres salvarme. Te miento, me mientes. Nos peleamos y nos amistamos. Siempre nos volvemos a encontrar sin importar la situación.
-Iré con Lunática y le diré todo. Y volveré a casa…
-Parece que tomaste una buena decisión al salir con ella a la playa.- Cafeína parpadeo un par de veces y luego me sonrió.- Hyuna era el nombre que utilizaba hasta que quise escapar de esto, cuando me hice querubín en esta vida. Giancarlo me creyó muerta, ya que me aleje de él. Yo estaba en una playa bebiendo café y él llegó. Era incomodo, ambos éramos hombres. Y no quería pensar que yo era el mundo de alguien más. 
-Giancarlo me dijo eso cuando lo conocí…- recordé. 
-No es horrible estar ligada a una persona por siempre solo el capricho de alguien.- suspiró.- Estaba en crisis, era la primera vez que pensaba en eso y tenia miedo.
-¿Qué paso?- tenía curiosidad. De seguro poseía aquellos recuerdos pero no quería arruinar el momento. 
– Me enseño a tomar café de verdad. Yo solo bebía el de sobre. Después me besó y me reconoció. – Unas lágrimas cayeron por sus mejillas.-  él dijo que amaba descubrir nuevas cosas de mi… El disfrutaba de cada una de nuestras vidas, no dudaba de lo que sintiera y mucho menos le importaba ser la imaginación de alguien más…entonces me cambie el nombre luego de que hicimos el amor. Amaba el café y lo amaba a él. Además, era una manera de sentir que tenía poder en mis decisiones. 
Ella tenía el mismo temor que yo tuve para con ella. Era irónico y cruel. Debía ser inmensurablemente doloroso verse morir y luego encontrarse, solo para ser felices un tiempo y luego perderse de nuevo. 
-Ya veo…
-Bueno.- Me dio la mano de forma extraña. Tenía los dedos juntos.- Fue un placer. Hasta que nos volvamos a ver. Si te llegas a enamorar de mí y no soy hombre en esa ocasión. Me agradaba mucho hacerlo por atrás. Bye, bye. 
-No dejas de hacer tus bromas idiotas…
-Lamento no poder dejar de mentirte, mi querido Romeo. 
No hubo tiempo de reacción. Solo sentí un gran dolor en mi corazón. Ella se desvaneció en unos segundos como si su existencia desapareciera. Tenía varias dudas en mi mente. “¿Dejaría la locura cuando volviera a su cuerpo?”, “¿Aun me buscaría?”, “¿Por qué sentía que nunca la volvería a ver?” Entonces, lo noté. Mis ojos empezaban a llover. Nadie me había amado como ella y yo no amaría a nadie como ella. Éramos pétalos de una que flotaban eternamente en el mar de la vida. Aquel mar violento y pacifico; incierto y espectacular.
-Gracias… yo también te amé mucho. 
“Ame”, me repetí. Sí, yo la había amado durante mucho tiempo y ahora no sentía más que pena. Sin embargo, dejarla en el pasado lograba estremecer mi corazón, mis sentimientos chocaban unos contra otros. El pasado era aún más feroz que la misma muerte. 
Unas cuantas gotas de lluvia empezaban a caer.  Y yo no paraba de llorar. Quería buscarla nuevamente y pedirle perdón por no poder corresponder a nuestra historia de amor.  Gritarle que tal vez en esta no, pero en mis próximas mil vidas la buscaría y no pararía de buscarla.  Que tomaría su mano y la atesoraría como todo mí ser, que nos divertiríamos como siempre, que superaríamos todo el dolor y que no importaba la situación no dejaría de buscarla contra viento, marea, locura, pasión e incluso contra el mismo dios.
Su tierna mirada y sonrisa encantadora. Las encontraría, no en esta vida pero en las próximas. 
Lloré por varios bajo la lluvia, caminando con la contemplación perdida. Era tiempo de volver, ellas confiaban en mí y no quería decepcionarlas. A ambas las amaba. Cafeína era el amor de mis viejas vidas, pero mi verdadera locura, pasión y adhesión era ella. Debía encontrarla nuevamente. No dejaría que se convirtiera en aquello que vi. Ella merecía más que eso. 
Mi mente no procesaba un posible rechazo y mucho menos de aceptarlo. Quizás era un error depositar mis esperanzas en ella, pero no importaba. “No hay peor cosa que la que no se intenta”, decía mi madre y era tiempo de honrarla. 
-¿Cómo volveré?- me consulté. 
-Siempre tienes la mala costumbre de llorar cuando te pierdes y quieres volver…
Una mano cálida toco mi rostro y mi mente se perdió. Nuevamente sentía demasiado cargado de emociones. No podía procesar tanto en un solo día.  
-No puede ser…
Con mayor fluidez aquellas lágrimas cayeron. Posiblemente el Rio Rímac se desbordaría tanto como lo estaban mis sentimientos en esta situación.  
-Pensé que lo de tus ojos se vería peor.- Me acercó a ella y me dio un abrazo. Mis brazos se levantaron por el más puro instinto. Mi mente no asimilaba o simplemente no quería creerlo.- Eres un ingrato, mira todo lo que nos has hecho pasar. Bueno escucha, ya que no ves. 
-¿Cómo?- Mi voz tartamudeaba como un niño travieso que rompía  un jarrón y se había hecho daño con él. Y tratándose de ella de seguro me caerían un par de correazos por hacerla pasar el susto. Así de encantadora era mi madre, ella era suelo duro que daba el golpe final cuando uno se caía por las escaleras. 
-Por las puras no soy tu madre, huevón.- Sentí el piñizco en mi espalda. Me había salido bastante barato.- Ella me llamó cuando te encontró…
-¿Kelly?- interrumpí. 
-No, ella me pidió que no te dijera quien era. - nuevamente sentí aquel revuelco de estómago. No había comido nada pero estaba por arrojar. “No puede ser…”, mi mente me transporto varios años atrás. Peleas, gritos y odio en aquellas personas que parecían haberme estado viendo la cara durante el último par de meses.- Se convirtió en una excelente mujer. Quien diría que me tragarías mis palabras… nunca escupas al cielo mi amor, no sabes cuándo te puede caer en la cara.
-No puede ser…ustedes sabían de mi…
- Te encontró en Pucusana hace unos meses y me llamó. Desde entonces ha estado cuidando de ti y contándonos todo… te hemos visto por fotos, incluso estando aquí. 
-Es demasiado…
-Vamos a casa. Tus cosas ya están allá.- me tomó del brazo.-  Me dijo que me refiera a ella como Lunática. 




Me sentía timado, engañado y burlado, pero no tuve tiempo de reaccionar. Los próximos tres días de mi vida estuvieron llenos de abrazos, gritos, melancolía y un sinfín de preguntas. “¿Cómo sobrevivías?”, “¿Por qué lo hiciste?”, “¿De verdad no ves nada?”. Inmediatamente llovieron las llamadas también. Había un movimiento en redes sociales “PrayForSantos” de conocidos míos buscando mi paradero. Al menos un par de días duro la gracia.  Galia me encontró al mes de perdido. Pero, ahora yo no pude ubicarla. 
Mi madre no sabía nada de ella y afirmaba que había cambiado de celular.  No tenía como comunicarme con el resto de sus conocidos, me sentía en una prisión. Extrañe a Yliana y José Manuel, incluso al malagradecido de Grillo. Se me revolvía el estómago de pensar que esos dos se habían escapado juntos. “Debí elegir a Cafeína”, bromee internamente.  No había tenido tiempo de entrar al espejo, ahí ubicaría alguien y llegaría a ella nuevamente. 
-No te preocupes debe estar bien. Ya vendrá a visitarte, le dije que esta era su casa. 
Mi madre había hablado con ella el día que me encontró. Ella no sabía que llevaba un mes perdido. Tal parecía que Galia me había ubicado y entregado a ella. Sospeche que Cafeína la había guiado hacia mí y luego ella me concedió a mi progenitora.  No podía evitar sentirme una mascota nuevamente. 
Entonces, pasó. “Una lamentable noticia nos acompaña este día”, escuché, mi hermano menor veía noticias y ese era el programa matinal. “Esta mañana nuestro querido escritor y amigo… Felipe Ribeyro falleció. Las causas aún son desconocidas, se especulan una posible negligencia con sus medicamentos. Ribeyro fue internado hace ya dos…”




Cafeína había muerto. 


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4 comentarios:

  1. Debo decir que estos tres ultimos capítulos han sido de mi total agrado, el giro que ha tomado una historia que creí que sería una comedia es impresionante. Te felicito y pronto terminaré la historia completa.

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    1. Muchas gracias, que gusto que haya sido de tu agrado. Espero la termines pronto y te agrade como se lleve hasta el final.
      ¡Un abrazo!

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  2. Desearía tener algún aperitivo para acompañar esto, como cuando miras un buen anime y sabes que se acerca el final, vas y compras algunas cosas para que el efecto sea mas duradero

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    1. Gracias, eres muy amable. Que gusto que te este gustando!
      Un abrazo.

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