domingo, 19 de marzo de 2017

El mundo, según Lunática - Capítulo 9

Una taza de café 

-Me gusta mucho el café colombiano… aunque el café peruano no es tan malo.- solo me había dedicado a escucharla. Era lo único que podía hacer por ella.- Odio los expresos. Y el starbucks  es el mejor invento de la historia. 
Tic por tic, también escuchaba las monedas caer como una gloriosa melodía al compás de las historias de un hombre con alma de mujer. Desde 10 céntimos hasta cinco soles. Los billetes eran casi imperceptibles, pero de seguro debía haber un par de ellos al menos. Corría un viento leve, podría jurar que la plaza San Martin se encontraba matizada de grises y la cantidad de ambulantes equivalía a las palomas de una iglesia. 
Había pasado la noche anterior en casa de José Manuel, hace un par de noches había estado con Yliana y hoy me tocaba la calle, era perturbador saber lo bien que se llevarían ese par: La hiena gorda que enseñaba física por un sueldo mínimo y la elfa sidosa que daba terapias de pareja y sexo.  Escuché del dulce melocotón, que habían ido a comer un par de veces. “Es una mujer genial”, suspiré. Me agradaba de tener la razón, y ahora más que nunca la tendría. 




-¿Da gusto ser querubín, uno que predice el futuro? 
Había vivido siendo un perdedor, como un alcohólico anónimo bebiendo vino de apenas tres monedas, de esos que se dicen que se combina con orine de perro; como un escupitajo con sueños de volar hasta China y cae por la cruel realidad llamada gravedad; y más claro he vivido peleando contra mi único y verdadero horror, lo único que me hacía mojar la cama, los pantalones, la almohada y la cara entre pichi y lágrimas. 
Siempre temí morir, pero aún más me aterrorizaba hasta el llanto que el resto muera antes que yo. 
Yo como el escupitajo era Giancarlo, intentado sobrevivir a la muerte. Yo como el alcohólico era Santos temiendo la muerte y siguiendo pensando en ella a pesar del martirio. 
No quiero morir… pero quiero fallecer antes que mi madre y el resto de mi familia.  Y llevaba cinco o seis meses, muerto para ellos.
Pronto sería más de 30 días en los que me encontraba a mi suerte, junto a mi astral compañera la cual había perdido un poco de su brillo. Un par de veces la vi llorar por Giancarlo, a mí ya no me trataba de manera juguetona, aun me intimidaba saber que era hombre tras aquel rostro angelical y piel tan nieve. Era la más hermosa, una diosa, me gustaba y sabía que ella me amaba, pero no.  
Corría algo de viento en la plaza, estaba sentado esperando que llegaran más monedas. Había perdido la noción del tiempo, últimamente hablaba mucho conmigo mismo desde que Cafeína se distancio. El lugar era un desierto en el espejo, las personas pasaban pero ninguna llegaba a ese lugar, unos cuervos estaban echados en las bancas mirando al cielo, no me dirigían la palabra y yo tampoco a ellos. 
-Debemos espantar a las palomitas de traje.- dijo Cafeína, ella estaba al frente observándome. Nuestra relación se tornó incomoda desde que me había convertido en un querubín como ella, su exesposo, exnovio y extodo para ser exactos.- Esta cerca. 
-Bueno sigamos esperando. Hoy quiero tener una cena decente. –Dije.- Te llevaré algo de comer al hospital cuando todo acabé. 
-Volvería a mi cuerpo solo por comer eso. Y no olvides la tasa de café. 
Yo también había cambiado su actitud para con ella.  Había tomado mi decisión y ella lo aceptó, sentí pena por aquel mito de nuestro amor. La primera vez que nos cruzamos fue el hospital, ella era enfermera y yo policía, no fue coincidencia.  Nos casamos cuando yo era profesora y ella psicólogo, nuestro destinos estaban marcados por amor o capricho de ambos.  Fuimos amantes cuando estaba casado con una gaucha y ella era puertorriqueña. Suspiré, no podía evitar verla con nostalgia, una parte de mi quería abrazarla.
Realmente me sentí conflictuado hacia ella. 
-Yo te busqué antes de tiempo.- habló mirándome a través de esos cristales ficticios que mi mente creaba, me daba la sensación que lloraría.- Esa noche tú estabas drogado y me quisiste besar pero era esa chica.  Lo siento, no pensé que afectaría tanto. 
-Por eso precisamente perdiste contra Galia.- Yo estaba seguro que aun la quería, ella me había sacado de ese infierno de comida chatarra del tío Grau, de la metódica vida que llevaba esperando mi muerte. Ella apareció como una luz oscura en mi vida nuevamente, era mi querido sin sentido, mi amada irracionalidad.-  Yo la salvaré y recuperaré. 
Luego pensaría en el resto de mi vida. 
-Quien sabe la próxima vez tal vez yo sea su hija…-dijo ella. 
Ella era maquiavélica. 
-¿Por? Puedes decidir…
-Yo siempre fui una mentirosa y tu un tonto con complejo de héroe. Disculpa por no ser sincera contigo. 
Escuchaba murmullos entres las monedas que caían en mi lata de leche Gloria vacía y oxidada. Es cierto, hablaba solo. Ella estaba en un manicomio y posiblemente si seguía hablando solo me mandarían a uno a mí también. Ciego y con enfermedad mental, “Que buen negocio”, me dije. La caridad rendía más de lo que imaginaba.
-Sí, yo perdí contra ella. – suspiró. Extendió sus manos y una esfuerza luminosa se formó en ellas. Un mundo. - Bueno, solo deseaba decirte que este será mi último universo creado, ya que eres mi fan quería que lo vieras. Estaría dedicado al amor de mi vida. – sonreía, me preguntaba qué tan tortuosa era la situación para ella. 
-Bueno.- No lo dudé. 
La oportunidad de  conocer el último libro de Felipe Ribeyro, uno que nadie más leería o vería era tentador. No había mucho que hacer… 
-Nadie más que tú debería conocerlo.- dijo. Extendí mi mano hacia aquella enigmática esfera.- Solo tú debes conocer El cadáver de mis sueños…
El sol naranja acompañaba a una sinfonía de brisas marinas y gaviotas en armonía. Sonreí. Eran niños jugando en la playa con un perro… niñas jugando a la comidita. Un conejo muerto y un perro atropellado, mascotas que se iban yendo, así como los amigos de aquella niña de cabello corto, rodillas encostradas y sonrisa hueca por los dientes de leche. 
Muchachos peleaban por ella, la que no tenía ningún interés. Jodida lesbiana, le olía los calzones a su prima. Los novios o novias eran reemplazados por animales, con los cuales no había mucha diferencia. En agosto se acostó con una cara de yegua, en noviembre dos años después se la chupó a un cuerpo de rana.  “Igual me voy a morir…”
Y una tarde cualquiera, luego de una siesta tormentosa compartiendo cama con un íncubo sobre ella que le hablaba en un idioma extraño para ella, se levantó con dolor en la entrepierna. Se quitó la sabana y ahogo un grito de horror. Había dado a luz un huevo negro cubierto de sangre espesa y oscura como la de una menstruación. Asustada vio a ambos lados y tomó el huevo, el cual latía.  
-Mi pequeña… ¿Andrea? 
Ella tenía dos meses de embarazo. 
-¡Santos!- Esa voz… - ¿Eres tú? ¿Dónde te habías metido…? No puede ser…
“Mierda, estaba en la mejor parte”, me recriminé internamente. 
Reaccioné de pronto, como levarse de un buen sueño. Cuando me entraba en los mundos mi cuerpo se desconectaba del exterior, no tenía ni idea si era de día o no, solo escuchaba el bullicio de las personas que concurrían esta zona. Trompetas, guitarras, caminares, las personas a veces eran un dolor de cabeza. Pero era voz era un escalofrió, mi corazón había dado un salto hasta mi garganta y había regresado a su sitio, lo suficiente para que se me revolviera el estómago y de pronto la oscuridad regresara. Me empecé a sentir enfermo. 
Nuevamente era un respetable ciego que no veía nada, sentado y recibiendo monedas para comer rico luego. 
- ¿Quién es?- consulté con temor. Cafeína no hablaba desde que entre a su mundo. “¿Me abandono?”, me pregunté. – Me llamó Matías- mentí. Era muy obvio que estaba asustado. 
-Soy Kelly, Kelly Martínez… ¿No sabes quién soy?- su voz sonaba preocupada. Si sabía quién era, pero me haría pasar por loco literalmente.-Nos íbamos a…
-Por favor señorita…- debía buscar un pronto ruta de escape sin olvidar mis monedas. “Cafeína de mierda”, me había abandonado cuando más la necesitaba.- Si no me va dar nada…
-Tu mamá te ha estado buscando… ¡Toda tu familia!- Su llamado de atención cambiaba de tono. Mi rostro desencajado debido ayudar a que me hacia el desentendido. - ¡Qué tenías en la cabeza! No tienes idea como nos sentimos todos cuando desapareciste… No te hagas el estúpido… Vamos a tu casa por favor… ya no nos hagas más esto.
-Grillo está cerca.- escuché. Mi escritora varón favorita, no me había abandonado.- Bien que hará con su exprometida, señor de ojos quemados por desamor. Jajá. 
Sentí celos en aquellos comentarios, intenté y logré abrir los ojos. Su rostro era tan como lo recordaba, bueno en realidad se vería como lo recordara, no sabría si había algo nuevo. Sus ojos color negro noche, su piel trigueña, cabello lacio forzado con mechas rubias, cejas pintadas exageradamente con que parecía un plumón grueso de pizarra y un rostro ovalado. Creo que la recordaba más guapa o mi mente la deformaba adrede. 
-No sé de qué está hablando…
-¡No te hagas el loco!- gritó.- ¡Te conozco muy bien!
Me tomó del brazo y me empezó a jalar.  Puse resistencia… 
No podía negar mi culpa, pronto volvería a casa. No tenían derecho a reclamos, nadie tuvo la decencia de buscarme. Era demasiado obvio que iría a aquel lugar para desaparecer, si realmente aquella familia me conociera hubiera llegado a ese lugar. Con algo de presión, mi primo Augusto me hubiera delatado.  
-¡Ayuda! ¡Ayuda! – sentí vergüenza. De seguro la estaba decepcionando, incluso yo me sentía decepcionado de mí mismo.- ¡Esta tipa me quiere hacer daño!
-Resultaste buen actor…- dijo Cafeína conteniendo la carcajada. Me sentía rojo como un tomate a punto de ser aplastado por la vergüenza.- Ojala seamos actores la próxima vez. Por cierto tu rival de amor está a unas tres cuadras por la línea de bares…
Nunca conocí bien las calles limeñas, lo poco que recordaba me lo mostro Galia. Y no ayudaba para mi poca memoria, no confiaba en lo que observaba.  
Empezaron acercarse las personas. Mientras ella me rogaba que me callara, pero seguía pidiendo ayuda cual idiota que no tenía una mejor idea. En uno descuido de ella, empecé a correr. La multitud que se había hecho entre nosotros logró concebirme un paso, ella se quedó atrás. Abrí mis ojos corriendo, era complicado avanzar entre tanta gente. Dentro del espejo no había nadie más que algunos cuervos.  
Nosotros nos convertimos en un rompecabezas sin piezas. Yo era un cobarde y ella una soñadora. Nunca fuimos uno, solo dos desencajados que se perdieron mutuamente, yo más para ser exacto. “No te puedes ir…”, escuché. No fue un error, nuestro amor no existió. “No quiero perderte…no estoy lista. Lo siento”, los recuerdos se convertían en cadenas, pero a la vez son las mejores joyas que lleva uno... Mis recuerdos con Galia y mi familia eran mi tesoro más preciado. “Pero nuestras cadenas son la mejor joyería que podría tener”, recordé aquel deja vu no era propio. 
-Lo siento, ya te perdí. 
-A mi aun me tienes…- dijo Cafeína a mi lado.- Me tendrás siempre…como cadenas sin peso y tú siempre serás mi mejor joyería. 
Corrí entre estatuas humanas con vidas que las propias personas que les daban monedas por sus gracias. No le había dado respuesta, no le daría más vueltas a ese asunto. Tal vez ella sería mi hija, nunca tuve curiosidad de ver su futuro, y aunque lo deseara no podría. Su verdadero yo yacía en el loquero. 
Observaba a todos lados sin detenerme, edificios dorados como puertas de quimeras vendiendo ropa, comida y algunas otras chucherías. “¿Y si tal vez me volví loco?”, me pregunté divertido. No lo estaba, incluso me sentía más vivo y cuerdo que cualquiera. Noté que no me seguían y me detuve, no encontraba al idiota ese. Suspiré y saqué mis lentes de oscuros y bastón.
-Luce mal, ¿no?
Volteé hacia Cafeína. Ya me había acostumbrado a que siempre estuviera cerca, incluso cuando desaparecía y los minutos volvían. Notaba sombras moverse, pero no ninguna tenía la forma que recordaba de Grillo. 
-¿Dónde está?- Consulté. 
-Es la pequeña con manchas rojas en la nariz y boca. Parece que se terminó nuestra aventura.- Ella tomó la sombra de la mano.- Las almas solas se consumen y pronto son parte del espejo. El traje de los cuervos es negro porque son almas perdidas como él. 
-¿Ya no me acompañaras?
-Creo que he estado mucho tiempo lejos de casa como tú.- Aquella alma negra tomo forma una caja negra. En su mano.- Tú lees el futuro y soy omnipresente. Siempre estuve con él y lo traje aquí.   
-No lo entiendo…
-Yo puedo estar en todos lados pero solo fuera de mi cuerpo, dentro de él solo soy una humana que se droga.- suspiró.- Siempre me crees perdida y quieres salvarme. Te miento, me mientes. Nos peleamos y nos amistamos. Siempre nos volvemos a encontrar sin importar la situación.
-Iré con Lunática y le diré todo. Y volveré a casa…
-Parece que tomaste una buena decisión al salir con ella a la playa.- Cafeína parpadeo un par de veces y luego me sonrió.- Hyuna era el nombre que utilizaba hasta que quise escapar de esto, cuando me hice querubín en esta vida. Giancarlo me creyó muerta, ya que me aleje de él. Yo estaba en una playa bebiendo café y él llegó. Era incomodo, ambos éramos hombres. Y no quería pensar que yo era el mundo de alguien más. 
-Giancarlo me dijo eso cuando lo conocí…- recordé. 
-No es horrible estar ligada a una persona por siempre solo el capricho de alguien.- suspiró.- Estaba en crisis, era la primera vez que pensaba en eso y tenia miedo.
-¿Qué paso?- tenía curiosidad. De seguro poseía aquellos recuerdos pero no quería arruinar el momento. 
– Me enseño a tomar café de verdad. Yo solo bebía el de sobre. Después me besó y me reconoció. – Unas lágrimas cayeron por sus mejillas.-  él dijo que amaba descubrir nuevas cosas de mi… El disfrutaba de cada una de nuestras vidas, no dudaba de lo que sintiera y mucho menos le importaba ser la imaginación de alguien más…entonces me cambie el nombre luego de que hicimos el amor. Amaba el café y lo amaba a él. Además, era una manera de sentir que tenía poder en mis decisiones. 
Ella tenía el mismo temor que yo tuve para con ella. Era irónico y cruel. Debía ser inmensurablemente doloroso verse morir y luego encontrarse, solo para ser felices un tiempo y luego perderse de nuevo. 
-Ya veo…
-Bueno.- Me dio la mano de forma extraña. Tenía los dedos juntos.- Fue un placer. Hasta que nos volvamos a ver. Si te llegas a enamorar de mí y no soy hombre en esa ocasión. Me agradaba mucho hacerlo por atrás. Bye, bye. 
-No dejas de hacer tus bromas idiotas…
-Lamento no poder dejar de mentirte, mi querido Romeo. 
No hubo tiempo de reacción. Solo sentí un gran dolor en mi corazón. Ella se desvaneció en unos segundos como si su existencia desapareciera. Tenía varias dudas en mi mente. “¿Dejaría la locura cuando volviera a su cuerpo?”, “¿Aun me buscaría?”, “¿Por qué sentía que nunca la volvería a ver?” Entonces, lo noté. Mis ojos empezaban a llover. Nadie me había amado como ella y yo no amaría a nadie como ella. Éramos pétalos de una que flotaban eternamente en el mar de la vida. Aquel mar violento y pacifico; incierto y espectacular.
-Gracias… yo también te amé mucho. 
“Ame”, me repetí. Sí, yo la había amado durante mucho tiempo y ahora no sentía más que pena. Sin embargo, dejarla en el pasado lograba estremecer mi corazón, mis sentimientos chocaban unos contra otros. El pasado era aún más feroz que la misma muerte. 
Unas cuantas gotas de lluvia empezaban a caer.  Y yo no paraba de llorar. Quería buscarla nuevamente y pedirle perdón por no poder corresponder a nuestra historia de amor.  Gritarle que tal vez en esta no, pero en mis próximas mil vidas la buscaría y no pararía de buscarla.  Que tomaría su mano y la atesoraría como todo mí ser, que nos divertiríamos como siempre, que superaríamos todo el dolor y que no importaba la situación no dejaría de buscarla contra viento, marea, locura, pasión e incluso contra el mismo dios.
Su tierna mirada y sonrisa encantadora. Las encontraría, no en esta vida pero en las próximas. 
Lloré por varios bajo la lluvia, caminando con la contemplación perdida. Era tiempo de volver, ellas confiaban en mí y no quería decepcionarlas. A ambas las amaba. Cafeína era el amor de mis viejas vidas, pero mi verdadera locura, pasión y adhesión era ella. Debía encontrarla nuevamente. No dejaría que se convirtiera en aquello que vi. Ella merecía más que eso. 
Mi mente no procesaba un posible rechazo y mucho menos de aceptarlo. Quizás era un error depositar mis esperanzas en ella, pero no importaba. “No hay peor cosa que la que no se intenta”, decía mi madre y era tiempo de honrarla. 
-¿Cómo volveré?- me consulté. 
-Siempre tienes la mala costumbre de llorar cuando te pierdes y quieres volver…
Una mano cálida toco mi rostro y mi mente se perdió. Nuevamente sentía demasiado cargado de emociones. No podía procesar tanto en un solo día.  
-No puede ser…
Con mayor fluidez aquellas lágrimas cayeron. Posiblemente el Rio Rímac se desbordaría tanto como lo estaban mis sentimientos en esta situación.  
-Pensé que lo de tus ojos se vería peor.- Me acercó a ella y me dio un abrazo. Mis brazos se levantaron por el más puro instinto. Mi mente no asimilaba o simplemente no quería creerlo.- Eres un ingrato, mira todo lo que nos has hecho pasar. Bueno escucha, ya que no ves. 
-¿Cómo?- Mi voz tartamudeaba como un niño travieso que rompía  un jarrón y se había hecho daño con él. Y tratándose de ella de seguro me caerían un par de correazos por hacerla pasar el susto. Así de encantadora era mi madre, ella era suelo duro que daba el golpe final cuando uno se caía por las escaleras. 
-Por las puras no soy tu madre, huevón.- Sentí el piñizco en mi espalda. Me había salido bastante barato.- Ella me llamó cuando te encontró…
-¿Kelly?- interrumpí. 
-No, ella me pidió que no te dijera quien era. - nuevamente sentí aquel revuelco de estómago. No había comido nada pero estaba por arrojar. “No puede ser…”, mi mente me transporto varios años atrás. Peleas, gritos y odio en aquellas personas que parecían haberme estado viendo la cara durante el último par de meses.- Se convirtió en una excelente mujer. Quien diría que me tragarías mis palabras… nunca escupas al cielo mi amor, no sabes cuándo te puede caer en la cara.
-No puede ser…ustedes sabían de mi…
- Te encontró en Pucusana hace unos meses y me llamó. Desde entonces ha estado cuidando de ti y contándonos todo… te hemos visto por fotos, incluso estando aquí. 
-Es demasiado…
-Vamos a casa. Tus cosas ya están allá.- me tomó del brazo.-  Me dijo que me refiera a ella como Lunática. 




Me sentía timado, engañado y burlado, pero no tuve tiempo de reaccionar. Los próximos tres días de mi vida estuvieron llenos de abrazos, gritos, melancolía y un sinfín de preguntas. “¿Cómo sobrevivías?”, “¿Por qué lo hiciste?”, “¿De verdad no ves nada?”. Inmediatamente llovieron las llamadas también. Había un movimiento en redes sociales “PrayForSantos” de conocidos míos buscando mi paradero. Al menos un par de días duro la gracia.  Galia me encontró al mes de perdido. Pero, ahora yo no pude ubicarla. 
Mi madre no sabía nada de ella y afirmaba que había cambiado de celular.  No tenía como comunicarme con el resto de sus conocidos, me sentía en una prisión. Extrañe a Yliana y José Manuel, incluso al malagradecido de Grillo. Se me revolvía el estómago de pensar que esos dos se habían escapado juntos. “Debí elegir a Cafeína”, bromee internamente.  No había tenido tiempo de entrar al espejo, ahí ubicaría alguien y llegaría a ella nuevamente. 
-No te preocupes debe estar bien. Ya vendrá a visitarte, le dije que esta era su casa. 
Mi madre había hablado con ella el día que me encontró. Ella no sabía que llevaba un mes perdido. Tal parecía que Galia me había ubicado y entregado a ella. Sospeche que Cafeína la había guiado hacia mí y luego ella me concedió a mi progenitora.  No podía evitar sentirme una mascota nuevamente. 
Entonces, pasó. “Una lamentable noticia nos acompaña este día”, escuché, mi hermano menor veía noticias y ese era el programa matinal. “Esta mañana nuestro querido escritor y amigo… Felipe Ribeyro falleció. Las causas aún son desconocidas, se especulan una posible negligencia con sus medicamentos. Ribeyro fue internado hace ya dos…”




Cafeína había muerto. 


Capítulo Anterior            Siguiente Capítulo

jueves, 9 de marzo de 2017

Saana - Capítulo 23

El toxicómano, la chica muerta, la ex arrepentida o el burlón 

-¿A dónde vamos?- preguntó. Aun Saana se encontraba en pijama. Había tenido una mala noche.  
Su maestra, su deidad guía y la actual muerte la había llevado hacia un hospital, uno al que ella le temía.  Micaela suspiró observando la entrada. El tiempo se agotaba, ella era la más ansiosa de que aquella tortura terminara. 
-Tranquila…solo tienes que ver algo –respondió sin dejar de observar el camino, Saana notó que desde que salieron de su casa eran invisibles para los demás, ella seguía en pijama y nadie se le quedaba observando. Estaba algo asustada por ello; sin embargo, no preguntaba y seguía a su maestra. 
Subieron un par pisos, Saana recordó cuando fue dada de alta. Había dejado de ir a sus chequeos desde que había empezado el juego, pero de caminar por esos pasillos se sentía enferma. Micaela entro a una de las habitaciones con la puerta abierta. Ahí se encontraron con una señora, una pequeña niña y un anciano postrado en una cama, aparentemente muy grave, la pequeña se a cerco con un paquete, que parecía un obsequio y se lo entregó al instante.  
-No me digas que… 
Sus piernas temblaron cuando Micaela asintió. 
-Abuelito, aquí está la foto que me pediste-dijo la niña entregando el paquete el cual el anciano abrió lentamente como su poco fuerza lo permitía. No los conocía pero sentía pena de lo que sucedería. 
-Este no es un trabajo fácil. Es un maldición ver el dolor ajeno, terminar con la miseria de alguien, llevarte a los seres queridos de los demás…es algo terrible. Yo fui la última ganadora y no pude con tanto odio, tanto dolor y resentimiento… Me sentía una prostituta. -explicó Micaela chasqueando suavemente los dedos. 
-¡Lo vas a matar!-Exclamó Saana volteando a ver al anciano y a la niña.
Saana notó como el tiempo parecía detenerse. El pobre anciano abrió el paquete observando la foto, una lágrima se le escapó por sus viejas y arrugadas mejillas, como un fruto seco. 
-María...estamos juntos de nuevo-dijo el hombre cogiendo las mano de Micaela.
-He venido a llevarte al paraíso, dónde estaremos juntos por siempre.-respondido Micaela tocando suavemente la frente del hombre.
Una pequeña luz se desprendía de los ojos llorosos del octogenario. Entonces, miro hacia Micaela y finalmente sonrió. Aquella luz fue hacia las manos de la deidad. Ella suspiro y la luz se desvaneció en sus manos. 
-¡Abuelito!-Gritó la niña al escuchar el sonido de las maquinas que daban a entender que su corazón se había detenido. 
Saana quedó perpleja al ver como los doctores trataban de traerlo de vuelta pero ya eran esfuerzos en vano, dejó caer unas lágrimas por sus mejillas.
Cuando te conviertes en la muerte, el ángel o demonio de la muerte, pierdes todo. Tu vida, tu existencia, todo desaparece. Nunca naciste y tendrás el lujo de llevarte la vida de los demás. – explicó Micaela a su alumna, quien aún se encontraba triste al ver a la niña llorando.
La muerte es cruel. La muerte es paz. La muerta es la verdad de la vida. 
No había nada que pudiera frenar su dolor. Perdió y solo entre pesadillas y viejos recuerdos que temía perder. La noche era calurosa y soñaba tan intranquilo que ni siquiera los incubos lo molestaban esa noche. 
-Hola, soy José  ¿tú eres el novio de Rosa, no?- Le preguntó muy tranquilo. Le era extraño que un hombre le iniciara conversación, no acostumbraba a hacer amigos a menudo. Y menos de un delgaducho de granos y lentes de luna en forma de poto de botella. 
-Sí, soy su novio –respondió desconfiado–Me llamo Sebastián.- se presentó como si nada, no le parecía tan mal chico. Con contextura de tan delgada como una aguja. Era un alfeñique. 
Ese era su primer año en ese nuevo colegio, fue tranquilo, estaba con una chica llamada Rosario, Rosa y, a veces solo para él, Rossy. Fue su primera amiga de otra aula y a las semanas se convirtió en su novia. No le había costado mucho adaptarse al cambio.  
-Hey Sebastián, ¿Qué haces ahí? ¡Ven!-Le pidió de la nada, era el cumpleaños de su prima Pilar. No sabía cómo había llegado hasta esa casa en zonas tan picantes aquella noche, pero se encontraba con un grupo de desconocidos hasta que lo vio. 
-Gracias-respondió tomando la botella que le ofrecía, parecía ser un buen chico después de todo.
Durante su segundo año en esa escuela, se sentía en aula estaba llena de gente podrida, Rossy no me hablaba desde que terminaron. Entonces la vio como un ángel pasar y reír. Su sonreír era encantador, su piel nívea y una mirada tan perfecta que debía ser divina. Arana, Carol Arana. 
-Que mierda es la vida…- comentó. No planeaba derramar más lágrimas por ella. Su ángel y su demonio. Su cruz angelical.  
-No es eso, pero si la vida te da la espalda tócale las nalgas…
Aquella broma lo animó. Tal vez se burlaba de él pero le había cambiado el ánimo. José Martínez era su amigo, uno de sus mejores amigos. Ese es último año en esa escuela, cambio con el fin de su relación con Carol, tenía amigos tal vez no sean como los esperaba pero lo eran…Rossy se volvió mi mejor amiga.
-¿Qué piensas?- preguntó de repente.
-Cómo será mi muerte –respondió sin dejar de observar el cielo. Sebastián temblaba al hablar. 
-No lo sé, ¿Cómo te gustaría morir?- dijo con otra pregunta observando a Valeria acercase. Aun no conocía a Saana, aun nada empezaba. 
-Quisiera dormido para no sentir dolor alguno…que todo termine rápido y silencioso que nadie sufra mi partida-respondió observando fijamente sus ojos a través de los lentes.
-Yo quisiera morir defendiendo mis principios, morir como mis héroes dando todo de mi para defender algo en lo que creo.- dijo con un brillo ojos que aún no podía entender.-Aunque conociéndome morirá protegiendo lo que más amo…
-¿De qué hablan chicos?-dijo Valeria acercándose.
Tal vez no lo notó, pero ese chico era realmente su amigo, un gran amigo que quizá no encuentre en otro lado. Nunca pensó decir aquellas palabras para alguien. Ni si quiera con sus padres. “Gracias por ser mi amigo”
-¡Eres un soberbio!!- gritó. Acababan de tener una riña. José y Sebastián chocaban como fuego y hielo.
Su sueño se perturbo y al par de minutos despertó.  Sebastián observaba el cielo color azul oscuro del techo de habitación, con lágrimas en los ojos. “Pensaba que no podías ser más feo…”, recordó. 
-¡No mueras!-Gritó.
Esa fue una noche intranquila. Aquella mañana se levantó con dolor de cabeza, ojeras y sentimientos de tristeza.  
-¿Qué demonios haces aquí?- consultó tratando de mantener la calma. Frente a él se encontraba aquella deidad humana que lo guiaba a lo largo de ese martirio. 
-Cámbiate, tengo algo que mostrarte –dijo Demetri lazando algo de ropa del armario –Relájate tu amigo está bien-agregó sonriendo. 
Pasaron varios minutos caminando hasta llegar a un almacén. Una persona moria ante sus ojos. Un joven tal vez de la edad de Sebastián o menor era golpeado por unos viejos, cuarentones tal vez. 
-No son más que miserables…-dijo Sebastián indignado –Con tan solo ver personas tan asquerosas, entiendo las intenciones de  Diego.
-Si ganas el juego… te quede claro algo tu eres la muerte no la justicia-respondió Demetri-No puedes matar a unos violadores si no ha llegado su hora. 
-Es un desperdicio de poder. ¿Tú también cambias de forma?
-Las deidades tenemos un poco de todos los poderes, pero estos desaparecerán cuando haya un ganador –respondió Demetri.- Use metamorfosis. 
–Su verdadero poder es la metamorfosis.- “Y para saber los miedos de los otros entonces…”, se dijo a si mismo.- También lee mentes… son sus talentos. 




-Brillante deducción.- sonrió.- Y pensar que eras un niño introvertido sin amigos y ahora eres un fanático extremo de Batman.
Por fin la balanza se nivelaba un poco para el payaso. Después de ese día algo abrumador, continuaron con sus clases en la escuela, aunque ya solo eran exámenes que marcaban el fin. Al igual que con Karen, todos olvidaron la existencia de José incluso sus más cercanos amigos, el próximo evento era la fiesta de promoción del 5to A. 
-¿Extrañaras a Rosario?-. La voz de su amigo, Chino lo distrajo. Raúl estaba con una coca cola en las manos.- Dio sus exámenes la semana pasada y se fue el domingo. Pensé que irías a despedirla con nosotros. 
 - Me despedí de ella con anticipación. Además mi novia no la pasaba. – recordó la cara de Saana cuando se enteró que su arlequín era ella. Ella estaba al otro lado de la cafetería repasando con unas amigas. 
-¿Qué si? , ¿Desde cuándo brother? ya no me cuentas nada-dijo Raúl riendo- ¿y José sabe?-preguntó
-¿Cómo?-Casi gritó Sebastián sorprendido.- ¿Dijiste José?
-¿José? Te pareció solo te pregunte ¿cómo así?¿Quién es José?-respondió Raúl confundido.
Sebastián bajo la mirada en decepción, por un segundo pensó que aún lo recordaban, ¿acaso realmente existió? era un juego cruel con un absurdo premio, que llegaba a su última vuelta, al encuentro final tan solo quedaban cuatro. Pasaron las horas tocando el receso finalmente llegando a la salida. Saana salió esperando a Sebastián, este salió poco después y se fueron juntos. Llevaban una relación de tres días. 
- ¿Sabes algo de Valeria?- Preguntó Sebastián.
-Nada, se la comió la tierra al igual que a José- respondió Saana cabizbaja.- ¿Quién ganara?
-Creo que yo.- suspiró.- No dejaré a Diego ganar…
-¿Por qué?- consultó nuevamente con cierta desesperación en su voz.- Él es el único que realmente quiere esto.
-No deseo hablar de eso ahora. ¿A qué hora paso por ti hoy?-preguntó Sebastián también desaminado. Era cierto, él era el único que deseaba ganar. 
-A las ocho, por favor trata de venir decente. - dijo Saana sonriéndole.-  Mi papá ya tiene suficiente sabiendo que eres mi novio. Al menos que piense que no eres mal chico. Solo un alcohólico.  
-¿Decente? ¿Qué me abras querido decir?
Sebastián dejó en su casa a Saana y regresa a la suya, los preparativos empiezan la noche se aproximaba lenta, sin que se den cuenta llega la hora, Sebastián pasó por Saana sin entrar a su casa por temor a sus padres. Fueron juntos al salón de recepciones por cosas irónicas de la vida era el mismo en donde se celebró los quince de Jennifer. Un mensaje llegó al celular del payaso. Una foto de él y su querida amiga. “Divierte, me puse el vestido que iba usar. Jaaa mi papá me cree loca. Saludos Saanis”, leyó con una sonrisa. Aquella noche fue maravillosa. 
-Tu mamá es encantadora.- él solo atinó a reírse. 
A solo tres días del fin. La chica muerta empezó a preparar la cena en su casa. El toxicómano compuso tres canciones. La ex arrepentida se la paso inventando cuentos para sus hermanas. Y el burlón entrenó y durmió. Al segundo día Diego los convocó a enfrentarse en el tercero por medio de las deidades.  El fin estaba cerca, al caer la noche no todos verían ese amanecer. 
-¿Dónde estoy?, ¿Que paso?-se preguntaba levantándose con dificultad. Sentía pasto, estaba echado en un parque. -¿morí? 
-No hermanito es solo el inicio del fin –respondió Margiory junto al resto de deidades y participantes caídos. Sus ojos de pescado se abrieron como platos. Estaba perplejo ante lo que observaba.  
-¿Qué significa esto?-Pregunta José aun confundido.
-Tranquilo, solo faltaba que despertaras tu ahora planean explicarlo todo-respondió Karen acomodando sus lentes.-Todos estamos con muchas dudas como tu….-agregó señalando a Crystel y Jean también.-Por alguna razón las gemelas Luna, ni incognito están aquí y tampoco Joshi. Se supone que quedan cuatro. 
-Bueno es tiempo de comenzar-indicó Micaela. Las deidades se sentaron en el pasto en forma de círculo con ellos al medio. – Para empezar somos humanos como ustedes. Nosotros fuimos los participantes anteriores de este macabro evento. 
-Ya decía yo que mi hermana no tenía nada de ángel. 
-¡Estúpido!
-Todo se reduce a esto….el último encuentro. Sebastián Gonzales, Saana Gutierrez, Diego Nacarino y Carol Arana se batirán todo hoy. -dijo Micaela cerrando los ojos.- Cierren los ojos y los verán. 
-¿Por qué estamos vivos? – Preguntó Karen.
-Durante la estadía de este evento no ha habido muerte. No una absoluta.- Respondió otra de las pseudodeidades.- Y los que no están presente no han sido asesinados entre comillas solo se les arrebataron sus talentos. Tienen chance a regresar. 
-Ustedes han dejado de ser miserables-concluyó Micaela con las explicaciones –Dios no castiga. Enseña. 
Se encontraban deambulando en el parque de la reserva. El lugar era grande y a esas horas ya nadie estaba cerca. Los cuidadores se habían quedado dormidos como aquella vez que el cielo se llenó de estrellas. Saana caminaba escondiéndose entre los árboles y observando a todos lados. Sebastián la había llamado e indicado que aún estaba en camino. Estaba sola contra Diego.  
-¿Qué tal?- escuchó. 
Volteo inmediatamente y vio a una chica con la cara tapada con una máscara de teatro. Era Joshi. 
 -Es cierto es en vano cubrir nuestra identidad.- la vio de pies a cabeza y sonrió.- Mejor me escondo sola, bye. 
Ella desapareció ante sus ojos. Saana aún no entendía que había pasado. “¿No solo quedábamos nosotros y Diego?”, se preguntó y empezó a buscar. No debía ser encontrada aun. 
-Que irónico, justo tu mi pequeña paradoja eres la última que queda-Dijo Diego estaba al descubierto.- La chica muerta… morirás de nuevo hoy. 
-Muy irónico Diego, a José le hubiera gustado estar este día.- respondió Sebastián haciendo para atrás a Saana como la primera vez. “¿En qué momento llegó?”, se preguntó Saana. – Siempre supe que eras tú. 
-Jaja, es muy irónico ustedes fueron los primeros que ataque y ahora son los últimos que mataré-responde Diego sonriendo- ¿Qué planeas hacer, llorar como la primera vez?  O esperaras que Gianqui se coja a tu nueva novia. 
-No te lo dije antes….-dijo Sebastián mientras que Saana observaba algo asustada.-La vida es un chiste pero parece que soy el único que le ve la gracia.
-Siempre lo supe, esa mirada llena de resentimiento, siempre supe que tu serias el único que me traería problemas por eso te deje para el final –explicó Diego sonriendo-Por eso la deje a ella también….sabía que era tu única debilidad, un estorbo en la pelea. Pudiste darme los talentos por voluntad propia pero escogiste esto. 
-No te metes. – ordenó Sebastián observando a Saana.- Hay alguien más que debe estar rondando por aquí. Encárgate de ella. 
Sebastián sacó su Benihime, llevaba puestas sus vendas rojas y con polo negro. Diego de igual manera sacó aquel bastón. Sería una pelea fantasiosa de espada  La velocidad era algo impresionante, los estruendos de las espadas que colisionaban eran increíbles.
-Parece que voy perdiendo.- dijo sonriendo. Deseaba pelear con sus manos con esas armas. Ni siquiera se había molestado en utilizar los talentos. 
“Se terminó”, pensaba Diego defendiéndose de los ataques del payaso. Sebastián haciendo un contrataque, desvió la espada de Diego y alzo la espada para la estocada.
-Idiota…-dijo Diego blocándole el bastón en centro del pecho Dio un giro bordando un circulo en tu pecho, la sangre empezó a salpicar. El payaso sonrió, la sangre nunca toco a Diego. Sebastián cayó.  -Tu arrogancia te terminó, después de todo no eras tan distinto a José-Agregó. El payaso alzó su espada con la fuerza que aun tenia tratando de cortar a Diego. –Tu espada se partió a la mitad…
-Parece que moriré pronto.- se esforzaba extremadamente en no pensar.- Lastima que se rompió, ya no te servirá. 
-Lo que necesito están en tus vendas.- sonrió.- recuerdo claramente esa historia. ¿Cuándo las compraste eran blancas?
-Jaja- Reía Sebastián observando a Diego irse.
A los pocos segundos Saana regresó al lugar viendo a Sebastián en el suelo. Trato grueso y cayó al suelo tras él. Las piernas le fallaban mucho últimamente. 
-Sebastián…-Dijo Saana llorando-No te puedes morir….aun no puedes morir.
“Solamente quiero estar a tu lado”,  recordó. Le daba pena recordar, como aquella vez que olvido todo con Sebastián. “No….”, respondió muy frio y distante. Lo abrazo y ofreció su calor. Lo amaba, era su única verdad. “Aun así te amo… no te dejare solo ya no más….déjame estar ahí cuando necesites a alguien, cuando quieres llorar estaré a hay para consolarte, cuando rías, reiré contigo, cuando sufras sufriré contigo pero no volverás a estar solo”, le prometió solloza.  
-Pronto nos veremos de nuevo, mi amor-dijo Saana levantándose recogió la espada rota de Sebastián-terminare que con esto por ti… –dijo  marchándose.
Finalmente Sebastián quedo tirando en el suelo, poco después de que se marchara Saana, unas voces se escucharon entrar.
-¿Qué tiene estúpido?
La luna tenía una sonrisa hermosa aquella noche.