Tu concha es mía

Tu concha es mía 

La tenia a ella, solo le faltaba el pene. 
Se conocían desde los cuatro años, se perdieron tres uno de la otra y se reencontraron a los siete. Sugar soñaba con ser doctora en ese tiempo y Anna, profesora. Pasaron siete años y cuando se reencontraron en la escuela ambas deseaban otra cosa. Anna chicos y Sugar a ella. Anna se había convertido en una bella chica y Sugar estaba llena de acné. “No es mi culpa que tengas la Cordillera de los Andes en la cara, bebé”, la molestaba. 
Al par de años ya no eran mejores amigas, se convirtieron en casi desconocidas en la Universidad, fueron a la misma ya que Sugar la extrañaba, incluso empezaron a estudiar lo mismo. Los años comenzaron a tratar mejor a Sugar, pero Anna consiguió novio.  
Aquella funesta mañana de lunes académico, el salón estaba iluminado por el brillo que atravesaba las ventanas, acompañadas del frio sonoro del aire acondicionado. La profesora Guadalupe, se preparaba para abandonar el aula sin percatarse que un alumno se acercaba, Sugar lo notó e interesada quiso escucharlos. El novio de Anna llevaba clases de matemática con ella.  
-Gonzalo va mal en clases…
La profesora aparentaba unos 25 años, los cuales eran en realidad 35. Ella usaba un traje sastre de falda gris, ajustada que le resaltaba su elegancia y belleza, al menos eso creía Sugar. “Esa perra”, pensó con cierta acidez. La profesora Guadalupe era divorciada y con fama de asalta cuna, era popular entre los precoces estudiantes a su cargo en cada clase. “Solo así las matemáticas con divertidas”, comentaban los que llevaban clases particulares con ella.    
-Hola, ¿En qué te puedo ayudar?- Consultó observándolo de pies a cabeza.  
Gonzalo era de tez trigueña y cuerpo atlético, vestido con polo color negro y pantalón jeans clásicos se acercó a ella observándola por unos segundos. Él había escuchado ya las historias sobre lo buena que estaba la profesora y de algunos que se jactaban de haber tenido intensos encuentros con ella.  
-Disculpe la molestia profesora… estaba calculando mis notas y…  
Se sentía intimidado ante la mirada oscura de la profesora que lo acechaba como un depredador. Se mordió los labios, él se sonrojo. 
-Ummm, ya veremos, estaremos conversando… después de tu final. Nos estamos viendo.
Y con el tic tac de sus tacones, Guadalupe se perdió entre los pasillos de aquella universidad. Dejando a un novio desencajado, preocupado por jalar por tercera vez el curso y levemente excitado por lo que pasaba por su mente. “Puta madre, que rica esta…”, se dijo. 
Al par de horas, como una marmota, Gonzalo se encontraba echado en el gras sintético del patio buscando alguna iluminación, era creyente de San Agustín. A pesar del calor del día, él sentia frío internamente. De pronto una sombra le cubre su rostro, al abrir sus ojos, sonríe es su mejor amiga, esa que amaba a su novia.  
-Holis…-Saludó Sugar sentándose a un lado. Estaba interesaba en saber que pasaba con la profesora y él. – Y… ¿Qué tal te fue con la profe Guadalupe? 
Él suspiró. 
-A punto de hacer lo que sea para aprobar el curso de mierda- atinó.
-Obvi que sí pasas. O ¿Acaso no sabes lo que dicen de ella? – Consultó con voz sugerente. Ya lo había visto besar chicas borrachas en distintas reuniones.- tremenda devoradora es la profe. 
-Sí de hecho, pero no le voy a decir en one. Además…- suspiró- está Anna, tú sabes cómo es de celosa. Desde que se enteró lo de Sooly estoy en cobardía con ella. 
-Hablando de las más bandidas… 
Era un imán para visión masculina. Guadalupe pasaba delante de ellos, con su caminar sensual y sin quitarle la vista a Gonzalo, quién a verla, se va tras ella como un perro faldero. “Los chicos solo piensan con el pene”, se dijo Sugar. Le tenía estima a Gonzalo, pero él literalmente se culeaba a quien ella quería culear.  
-Sobre mi problema…
-Y qué problema puede tener un joven como tú
Él titubeaba demasiado. No quería que ella se burlaba de su pequeño miedo. Era una loba en plena cacería, estaba hambrienta y una pobre liebre con complejo de león llegaba hacia ella listo para no dejar ni siquiera los huesos.  
- Pero basta de usted. Dime Lupe, acaso no tenemos confianza... ¿Quieres clases particulares o algo diferente?
-Y eso exactamente es…
-Eso te lo dejo a tu imaginación, bueno me retiro…
Guadalupe se alejó de Gonzalo dejándole su tarjeta con su número celular. Sugar los observo con una sonrisa. “¿Quieres que toque la concha? Agg lesbiana de mierda”, recordó.  A los 14 notó que no le gustaban los niños. A los 16 años tuvo su primera vez con una mujer que a la mañana siguiente la trató de lo peor. “Pero Anna no es asi… ella es maravillosa”
Al día siguiente buscó a Gonzalo durante el almuerzo. Notó que llevaba perfume, era raro que ese puerco, como ella lo consideraba, usara perfume. “¿Hoy se verá con la profe?”, se consultó. 
-Por si te sirve de algo, ya le stalkie y la mujercita está divorciada, y por lo que vi en las fotos le gusta comer bien rico… jajaja  
-Mañana es el día… pero Anna…
- No te preocupes, si quieres salgo con ella al cine o por allí. Ya veo que hago con tu enamoradita.- Ella prefería llevarla a un hotel. “Cuando vea la porquería con la esta se dará cuenta que conmigo estará mejor… ”, Suspiró. 
Gonzalo la abrazó y le dio un beso en la frente.  Eso no lo esperaba. Había sido un golpe bajo.  Esa noche la llamaría. 
La habitación estaba pintada de lila, había una cama de dos plazas cubierta con un cubrecama morado, a su lado se encontraban dos mesas de noches una con lámpara y en la otra un par de libros sobre economía, también se observan diversos peluches alrededor del cuarto y una televisión. Sus padres habían salido. Sobre la cama se encontraba Sugar, viendo televisión cuando escuchó su celular vibrar, era una 
- Ana, ¿Qué tal?, ¿Cómo estás?
Su voz era temblorosa, comenzó a sudar frio y su corazón amenazaba por salir disparado hacia su boca y gritar: “Deja a ese estúpido, yo te hare feliz”  
-¿Aquí repasando para los exámenes y tú?- respondió.-  Que milagro saber de ti mi Suu 
- Pues tranqui, te llamaba para saber si puedes salir más tarde al cine o a pasear por el centro comercial.- su corazón latía acorde del tictac del reloj, como los timbales en una canción.  
- Ya pues chévere, justo hoy Gonzalo me dijo que tenía que estudiar a full porque está a punto de jalar uno de sus cursos.  
-Ya listo, así quedamos entonces…
Al día siguiente, la habitación de Gonzalo se encontraba a oscuras, tan solo se ve el brillo de la luz del celular. Y a él parado frente a su ventana, donde podía ver el jardín de su casa, mientras que este comenzaba marcar el número de la tarjeta. En las fiestas solía besar chicas, mientras su novia no lo supiera no había problema. Pero tirar le daba cierto pánico. ¿Si la embazaba? ¿Si Anna se enteraba? Se sentía una vergüenza para el género.  
-¿Guadalupe, cómo estás?
-Muy bien, ¿dime en qué te puedo ayudar?- Su voz le daba escalofrió y calor a la vez. Notó a su amiguito despertar tan solo con oírla. Se sentía un jodido precoz. 
-En mi casa ya que me encuentro solito y triste.- Quiso ser coqueto.- Y usted menciono antes que…
-Dame la dirección
En ese momento Guadalupe se desvistió por completo, se dio una ducha rápida. Estaba ansiosa, habían pasado semanas desde la última vez que se acostó con alguien, buscó la ropa interior más pequeña y seductora que tuviera. Se colocó una legin negra que resaltara su trasero y la tanga que usaba, y un polo sin mangas, algo deportivo y que la hiciera lucir sensual. “ahora donde está, bien acá está, Dios que sexy me veo… finalmente voy a tener algo de acción…”, se dijo así misma al verse en el espejo.
Era un parque silencioso y tranquilo. Con flores a su alrededor y bancas de color blanco. Cerca de él, había un auto en la esquina con las luces direccionales prendidas. Gonzalo se acercó aquel vehículo y golpeo la ventanilla del conductor.  
-Hola ¿llegó hace rato?
-Hace un par de minutos, sube al carro para ir antes que me pongan una multa.- Su escote resaltaba sus senos.
La sala de Gonzalo tenia muebles modernos, un aparador donde estaba su televisor de 60 pulgadas, un bar esquinero con diversos tipos de alcohol, una mesa de centro con adornos. Las paredes estaban decoradas por diversas fotografías familiares. 
- Bienvenida, ¿desea beber algo?
-Bueno, Gonzalo, como sabrás las palabras están demás así que, solo hazme lo que tú ya sabes, y tenlo por seguro que no jalarás.  
Sugar se encontraba comiendo un helado y con el celular en la mano, esperando a Anna para comprar las entradas y también para comprar algo de ropa. Anna se acercó a ella sorprendiéndola por atrás, y empezaron a pasear por todas las tiendas departamentales de ropa. De un momento a otro al ver la hora Sugar se acuerda de algo, supuestamente se detiene en seco.
-¡Oh shit! me olvide que tengo los libros de Gonzalo en mi carro, me los había dado ayer para guardarlos y le dije que hoy se los llevaba antes de ir contigo al cine.  
- Descuida, ahora lo llevamos, menos mal que te acordaste.- Respondió tierna. 
-Llévaselos. 
Ella sonrió. 
-Te extrañe mucho amiga.- respondió y le cogió el abrigo. 
Sugar la observo y sonrió.  



-tu concha es mía…
-¿Qué dijiste?

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