jueves, 5 de enero de 2017

Saana - Capítulo 22

Payaso y arlequín 

Un par de bombardas, música de regueton, salsa y una que otra bachata; ternos de colores negros, azules y grises; vestidos de todos los colores y tan cortos que a los padres de aquellas chicas les daría un paro de ver como se les veía hasta a el alma a sus niñas cuando bailaban, sobretodo el regueton. 
La noche tan especial para Jennifer apenas comenzaba. Los invitados habían llegado desde las 10 p. m. La quinceañera saldría aun a la madia noche, en las mesas los jóvenes ya degustaban sangría y otros bocaditos. El PALACE era un reciento de tres pisos; en el primero estaban los del servicio, en el segundo seria la ceremonia y en el tercero era para la fiesta.  
En una mesa estaban el grupo de Valeria y Flor junto a Saana, quien desesperaba buscaba a Sebastián, se sentía avergonzaba por lo que había ocurrido ese día.  “Se mi novio”, recordó. Su papá lo odiaba, los había encontrado borrachos en las calles por el centro comercial y en casa la grito. No le exigió que terminaran; ya que, la última vez ella terminó atropellada.
Saana llevaba un vestido negro en corsé hasta las piernas un poco más arriba de las rodillas, Flor uno lila con tirante y Valeria de color blanco e idéntico al de Gutiérrez. Entre las amigas del mismo grado bebían la sangría, Saana pro 
Por otro lado de la sala estaba José sentando con Cecilia esperando a Diego y más allá el resto de invitados como familiares y otros amigos, incluyendo al profesor Richard, su novia Marcela entre otros.
En un dos por tres la música iba bajando, el maestro de ceremonia se acercaba al medio de la pista de baile. Empezaba a sonar el Danubio azul, la media noche se había presentado. Las chicas para el ritual de las 15 velas y los chicos con 15 rosas también, mientras que la quinceañera llegaba.
-Ya se acaba el tiempo, baja al primer piso-Indicó Yue, con un traje de mesera. Su hermana de igual manera estaba con una charola en mano.
En el primer piso se vivía un pequeño caos en la cocina entre chef y ayudantes, por otro lado los meseros empezaban a subir más bocadillos y licor. Tener un piso para adultos y otro para los jóvenes era complicado.  
A los minutos llegaba la quinceañera y subían hasta el piso final para la ceremonia. Meylin aprovecho el descuido y llego a la cocina, comió un poco y saco un arma, tenía un poco de miedo. Sacó su máscara y se cambió de ropa. 
-¿Qué hace una chica tan bella como tú aquí tan sola? –Escuchó una voz femenina preguntar.- Que ropa interior más sexy. 
Meylin se tapó inmediatamente. 
-Sebastián…-Dijo pensado que era pero se había equivocado. Una chica de cabello rubio, vestido rojo y con el rostro pintado la apuntaba con un arma, la cual era de juguete pero la Long no lo sabía. - ¿Qué? 
-Tus ojos no te engañan.-Dijo Sebastián entrando a la habitación también. De terno negro, con la camisa morada y con la misma sonrisa escalofriante de su amiga.- ¿Cómo va todo cariño? 
-Mierda…- Dijo Meilyn al darse cuenta que estaba en problemas. 
La ceremonia había comenzado.
Saana al igual que el resto de chicas le emocionaba cosas como esta, mientras que otros, los chicos exactamente, esperaban que empezará la fiesta de una vez. El rito duro un aproximado de una hora.La quinceañera fue por su cambio de vestido. Después de unos cuantos minutos la celebrada junto a sus amigos subieron al tercer piso donde sería la fiesta para chicos, mientras los mayores festejarían en el segundo piso. 
Pero una vez que llegaron no había absolutamente nadie solo estaban las mesas decoradas de color celeste con una roja blanca en cada una. Habia un chica en el balcón mirando la hermosa luna llena. Con un short negro corto, polo negro, cabello plateado y con una arma en la mano. “Esa es….”, pensaban raramente sincronizados Saana y José.
-Yue…
-Hagamos esto rápido…-Dijo Yue entrando a la sala, apuntó hacia Jennifer.- Quiero amarren a Sebastián y Saana; y, me los entreguen.  
-¡Quién eres y quien te has creído para venir así!-Grito Jennifer muy indignada de lo que pasaba. Estaba tan furiosa que no notaba que su vida corría peligro. 
Yue se sentó en una silla sin dejar de apuntarle. En un descuido en que la chica quiso reclamar Yue disparó. Era un arma real, se escucharon gritos. Unos corriendo hacia las puertas, pero estaban cerradas.
-Saana, Sebastián…   
-¡Para Yue!-Exigió Saana.- Te daré mi rosario, este es mi talento.
“Quiere a Sebastián porque es el payaso…lo había olvidado”, entre tantas emociones que había tenido para con él. Había olvidado la decepción que tuvo al enterarse.  Si usaba su talento contra ella, la premonición de la peliplateada la delataría y el talento de Karen necesitaba contacto visual. 
-Mira quien apareció….perfecto, ya tengo la carnada para Sebastián-dijo Yue sin dejar de apuntar a Jenny, mientras todos estaban inmovilizados.- ¡Tira el rosario aquí.
“¿Qué pasa con Saana?”, se preguntaba entre cuchicheos. “¿En qué está metida esa tipa?” Solo unos cuantos sabían la situación y no podían interferir. Palabras como: roja, terruca, etcétera se empezaron a murmullar. 
-Por favor, paremos esto –Dijo sacándose el rosario. 
Saana bajo la espada por temor que le haga algo a las personas que no tenían nada que ver.
-No me retrases más. He venido preparada para tus habilidades.- Empezó apuntar hacia ella.-  Él llegara pronto. 
-Tanto te duele que Sebastián prefiera a Saana que a ti –Increpó Valeria sin temor alguna a lo que hiciera Yue. José la miro con una cara de mierda. “¿Qué hace esa estúpida?”, se preguntaba. –Debes quererlo mucho para hacer esto…
Yue apuntó hacia Valeria, al notar retroceder un poco a Valeria, ella sonrió. La belleza oriental que se hacía llamar Luna, sacó su espada haciendo un corte a la nada, José empezó a aparecer con su Kurikara en manos.
-Olvidas que mi talento es la premonición…-Comento irónica. José se desvanece nuevo apareciendo  al lado de Saana sin mascara también. Suspiró, ahora él también padecía la situación.   
-¿Qué son ellos?-se escucharon entre las voces…
Era casi milagroso que nadie gritara, pero la realidad era distinta.  Las deidades habían utilizado sus poderes. El final se acercaba y no podía permitir que el resultado se retrasara más. Detrás de Saana, escondida Micaela y la deidad guía de Yue, de nombre José también, observaban. 
“José, tú también…”, pensaba Valeria incrédula al ver el poder de José. Este último se maldecía internamente. El rosario de Saana era su talento, el de él había quedado prácticamente la descubierto, su espada mantenía su poder.
-¿Tienes algún plan?-Preguntó José observando a Saana tan incapacitada como él.- Predice nuestros movimientos. 
-No…pero debemos hacer algo lo que sea...-Respondió Saana muy preocupada.- No nos queda de otra. 
Se sacó el rosario del cuello, se mordió el labio inferior. José también regreso su Kurikara a su estuche. Ambos solo podían rendirse. Estaban acorralados. 
-Muy bien todos, menos ustedes dos-Indicó a José y Saana-Márchense hacia la esquina de allá.
En ese instante el ascensor empieza a sonar. Yue no quitó la mira hacia Saana, era el momento que estaba esperando.  Se tronó el cuello y con la mano libre se colocó su máscara.  Desde el comienzo de todo, ese crio que vio llorando había sido su principal rival. 
-Buenas noches, damas y caballeros. ¿No se suponía que esto era fiesta? –Dijo Sebastián saliendo del ascensor con una chica en brazo derecho cargada y en la otra su Benihime. – Empecemos con la diversión…jaja 
De terno color negro y camisa morada, con el rostro pintado y enorme sonrisa en el rostro. El payaso había llegado a la fiesta, dispuesto a iniciar la hora loca. Notó a Saana y José acorralados, la situación era tan como la predijo. 
-Entrégame tus talentos Sebastián. – Sonrió debajo su máscara.- Has sido mi único dolor de culo durante este año. Hagamos esto por las buenas.
-No recuerdo habértela metido por el culo… 
Dejo el bulto en el piso. Se deshizo del saco, cual película se lo tiro a una chica cerca. Recordó que era uno de los agarres de Luis. “Sebastián por fin llegaste…pero aun si no podrás”, se resignó Saana observando tan confiado.
-Tengo todo a mi favor. Perdiste.-Respondió apuntándolo con el arma –Sabes me caías muy bien. Tal vez te hubiera dejado que me la metas, niño. 
Se sentía confiada.  
-Siempre que te tenía loca. -Bromeo Sebastián muy relajado muy todos los invitados observaban, de pronto le saco la bolsa a la chica. -¡Sorpresa!-Exclamo colocando su espada en el cuello de esta. 
Inconsciente, desnuda, atada y con una variedad de moretones y cortes en el cuerpo. Así se encontraba su hermana menor. 
-¡Hijo de puta!- Gritó Yue bajando el arma los nervios se apoderaron de ella completamente al observar a su hermana desmayada frente a ella y en manos del payaso, este mismo la cogió del cabello y la levantó.-No te atrevas a tocarla hijo de puta- Gritó alterada.- ¡La mataré! – Apuntó a Saana nuevamente. 
- No me importa. – Le sacó la lengua y sacó un muñeco de brujería, vúdu con forma de Saana, este tenía múltiples cortes y agujas.- ¡Vamos! Hazme el favor preciosa… dame el arma y collar.  
Yue sin pensarlo lanzó el arma por la ventana, ni muerta se la entregaría, y se acercó a Sebastián aun asustada y preocupada. El tiro parecía haberle salido por la culata. “Es demasiado bajo….eres una mierda”, se dijo a si mismo José incapacitado de hacer algo, quería salvar a Meilyn pero no podía dejar que Yue se saliera con la suya
-¡Déjala cobarde!-Atinó a gritar.- ¡Eres una mierda Sebastián! 
-Por favor déjala-Pide de rodillas Yue. Él ya tenía su collar. 
Una sonrisa se dibujó en su rostro, sacó una pistola. Lanzó a Meilyn contra su hermana y le disparó tres veces, entre risas y carcajadas. Yue desconsolada recogé a su hermana que aún estaba inconsciente. Desangrada. 
-¿Era de verdad?- Preguntó desconcertado.- No soy Sebastián, señor pez. -Inmediatamente desconcertó a José. Amaba ese poder. – No soy su novio, señorita llorona. Soy la muerte. 
 –La mataste….-Susurró al no sentir el pulso-Eres un, eres un…-No pudó completar al sentirse ese dolor tan profundo… “Meilyn, Meilyn… no me dejes. Siempre nos cuidamos una al otra… ¿no? por favor resiste...”, pensaba sin  poder soltar una sola palabra. La desesperación se apoderaba de su mente, se sumergía en un mar de agonía. Habían compartido 21 años de su vida juntas. Y cuando ella fue elegida para ese destino. “Estamos las dos juntas en estos… no morirás. Te convertirás en el verdadero ángel que eres”, sus sollozos aumentaron, sus mejillas se tornaron rojas. 
-Que mal sentido del humor, querida Yue.- La tomó por la cabeza, divertido. Si Yue era un ángel, él era un demonio. 
-¡Ella era la única que tenía!- Gritó haciéndolo para atrás, empezó a intentar golpearlo sin éxito. Él predecía cada golpe. -¡Eres de lo peor !-Continuaba gritando mientras atacaba, pero Sebastián solo sonría evitando los ataques. Él había ganado. –Ella era mi única familia…. No teníamos una al otra…
Odio y dolor. Nunca paso por su mente que eso terminaría asi para ella. 
-¿Realmente parecía tu hermana, no? – Le dio una patada al estomago y tomo distancia. Notó a Jose acercarse hacia el cuerpo, Saana fue ayudar Yue. Los invitados se quedaron observando extrañados.- ¡Señores todo es parte de la hora loca y el olor a marihuana en el aire! ¡Esto no es real! 
Entre cuchicheos su manipulación tuvo éxito. Ahora debía largarse. 
Del ascensor sale una versión femenina de él, con el mismo maquillaje, cabello rubio con dos colitas caídas a los costados y un vestido rojo. Entre saltando alegremente hacia Sebastián.
-¡Lamento la demora pudin! - Dijo la arlequín abrazando a su payaso.- La chica está en el ascensor. ¿Te divertiste mucho sin mí, pastelito?
Meylin estaba atada e inconsciente en el ascensor. Completamente desnuda, con la cara pintada y frases en el cuerpo como: “Zorra oriental”, “Mi hermana me chupa la concha” entre otros improperios que sacaron de sus casillas a la mayor. 
-¡Tu perra! – Gritó al arlequín furiosa. - ¡Te mataré Sebastián a tu perra tambien!
-Oh… preciosa-Comentó arreglándose el pelo, tomó una de rosas de las mesas y se la dio. – ¿Yue con esa boca besabas a tu madre? Vamos… ¿dónde está tu sentido del humor? Jaja –Bromeaba.
En ese instante José se acercó a liberar a Meilyn. La liberó, esta lo abraza mientras que Valeria observaba.  El momento se pierde cuando la menor notó que había sido usada.  Gerson en realidad era Alem, uno de los enemigos de su hermana. Saana empezó hacer bajar a los invitados, notó que las palabras del payaso los habían confundido. “¿Una nueva habilidad?”, pensó. 
-Me las vas a pagar… esta humillación nunca te la perdonare…
Dio un par de piruetas. Esta vez pelearía enserio, el kung fu tradicional era su especialidad, no había forma de ser derrotada por una faja azul en wushu. Ella intentaba golpearlo, patearlo pero él predecía todo, no hacia esfuerzo. Un par de veces bostezo para humillarla aún más. El talento de la premoción ahora le pertenecía. En otro lado de la habitación, luego que Saana logró evacuar a la mayoría, finalmente se acercó a José que estaba con Meilyn.
-Gerson eres la peor mierda que me he tirado.- Se puso de pie, notó con gracia que su ropa estaba cerca y empezó a cambiarse. Cogió el vestido de Saana contra su voluntad y limpio la cara.
-¡Malcriada!- Recriminó. 
-Me llamo José –Dijo el chico sacando su kurikara de su funda, cogiéndola en posición como si fueran dos espadas –Saana llévate a Valeria y los que faltan. Ayudaré a Luna.-Indicó mientras iba contra el payaso. Ella solo asintió, notando que no se refería a él como Sebastián a pesar de que lo acaban delatar.  




-Bebe, creo que estamos en problemas –Comentó payasa preocupada.- ¿Ya estará todo listo? 
-Solo cúbreme, en este momento no hay nadie que me paré- Respondió.-  Espera, anula a Saana. 
-¡Oh! Cierto.
Aquellos poderes de manipulación de Saana serían un dolor de cabeza. Meylin va al lado de su hermana, está la abraza por unos segundos, hasta que ven a la arlequín y el payaso mirarlas con una sonrisa. 
-Ya verás perra… 
Meylin deseaba venganza. José deseaba pulverizar a golpes al payaso. Yue deseaba ambas cosas. Y el payaso, solo deseaba largarse de una vez, tarde o temprano alguien se daría cuenta de lo que pasaba. 
-Eres de peor- Dijo Yue ya más tranquila.- Pero ya se te acabo la suerte.  
-Eres lo más bajo de todo… –Agregó José igual de molesto.- Tu eres por mucho el peor de todos. 
-Eso depende desde el punto de vista – Dijo Sebastián acercándose al balcón –No he matado a nadie. Aún. 
En un dos por tres, como una ladrona. Rosario tomó a Saana por la espalda, le colocó una bolsa en la cara y la tiró al suelo. Inmediatamente corrió al lado de Sebastián. Con una sonrisa pícara lo abrazó. Las gemelas y José se preparaban para pelear. De cualquier forma no podían ganar, pero ya había pasado mucho tiempo.
-Fue un gusto…Yue te ves hermosa llorando a luz de la luna y José… bonito traje–Comentó Sebastián lazándose del segundo piso juntó a su arlequín. 
“¿Se suicidaron?”, pensó Saana levantándose. 
Era un par de lunáticos, desequilibrados mentales. “Mr. J ¿Qué haremos esta noche?”, recordó aquella clase del taller de teatro de los sábados. Una extraña sonrisa se posó en sus labios, se sentía raramente feliz. 
-Rosario… 
Rápidamente José y Yue se fijaron en el balcón y notaron varios colchones en esa ubicación y una minivan que se marchaba. Tenían aliados y se habían salido con la suya. La mayor suspiró, la menor lagrimeo y el último se tomó la cabeza desesperanzado. 
Aquel vehículo iba toda velocidad entre gritos y loquería.
-¡Dejen de hacer tanta bulla que nos detendrá el patrullero!- Gritó Luis, cual chofer furioso de caricatura. No tenía brevete y si su papá se enteraba que tomó la van se iba meter en un grave problema y en un peor si lo detenían.  
-Buen trabajo Yliana, justo a tiempo. Tú también Luis. Gracias.- Dijo el payaso desordenándose el cabello.- Sobre todo tú, Rossy.
-Gracias a ti. Nunca olvidaré este día–Dijo Rossy sacándose la peluca y soltándose el pelo-Fue divertido. Me alegra llevarme estos recuerdos conmigo. Se acercó a Luis y a Yliana y les dio un abrazo.- Nunca hemos hablado mucho, pero fue muy divertido chicos. 
-Fue un gusto ser parte de The Clowns – Agregó Yliana.- Bueno onii chan, esto termina aquí. Cuando seas la muerte, trata de darme una muerte decente. 
-Tomémonos fotos.- Reprocha antes de que ser terminaran de cambiar.- Recordemos este día.
-¡Pero no la tomen mientras manejo!- Entonces una sirena empezó a sonar.- ¡La puta madre, Rosario luego las tomas!
Esa noche terminó con el fin de Luna. Ya solo quedaban Diego/ Chalo, Sebastián / Joker, Saana/ Xena, José/ Alem y finalmente Carol / Joshi. 
El fin del año escolar estaba cerca tan solo estaban a una mes del gran final, Sebastián por sus notas se daba el lujo de faltar al igual que varios del aula de Preparatoria. Aunque este faltaba por no darle cara a Saana, sabía que el fin de este juego estaba cerca. Por otro lado la fiesta de promoción también lo estaba. “No quiero que termine este juego……”, pensaba frustrado el chico echado aun en su cama a pesar de la hora. 
Lo había olvidado. Ahora tenía novia.  
Durante aquellos días finales en lo que Rosario hacia sus maletas, Diego se preparaba para el final buscando como vencer a Saana, Sebastián y José; y, estos tres últimos trataban de ignorar el final en todo lo que se pudiera.   
Los días tal vez pasaban más rápidos, o era solo una impresión; sin embargo, José aún seguía confundido, solo quedaban los cuatro. El payaso traicionó a las gemelas Luna “¿Por qué Diego no me haría eso?”, se preguntó. El tiempo siguió su curso, Saana empezó a desesperar no sabía nada de Sebastián desde el quinceañero de Jennifer. 
Las horas empezaban la cuenta regresiva, era viernes sangriento, día de la fiesta de promoción del aula de José, aunque el tiempo iba más rápido de lo normal, el chico parecía muy emocionado, algo aun lo atormentaba tal vez el estrés de lo que había sucedido o el temor de una traición por parte de Diego.
“Espero convertirme en un gran actriz….jiji GRACIAS POR TU AMISTAD MI MR.J Nos vemos te quiero mucho”, leyó, suspiró, dio una mirada al cielo oscuro y sonrió. Tomó su casaca y salió de casa. Él iba ser su pareja de promoción y ella la de él. Eran amigos, eran hermanos.
-Bye, bye Rossy.- Suspiró. Esa noche le quitaría su talento a José. La próxima semana terminarían el colegio, la que le seguía seria su promoción y el tempestuoso final de aquel malévolo juego de azar entre deidades. La muerte se aproximaba y era uno de ellos.  
Y finalmente en un par de horas, los alumnos bailaban el vals con sus padres, luego con sus parejas y para concluir las fotos del recuerdo.  Unas sombras se acercaban-
-Sebastián…-Dijo Saana a fuera del local. Ella también había ido.- ¿Qué haces aquí?
Tenía una capucha negra, pantalones del mismo color. Cualquiera que lo viera observaba a un pandillero.  Ella llevaba un buzo rojo, capucha morada. 
-Ya deberías saberlo. Tú también me jugaste sucio, pastelito. 
- No quise hacerlo.- Suspiró y se acercó a él. La música de la fiesta sonaba fuerte.- ¿De verdad quieres ser la muerte?
-No me agrada la idea de perder.  
Entre reguetones y salsas la fiesta continuaba su rumbo. Cecilia era pareja de promoción del chino, Raúl. José había ido con su prima, notó a quería Valeria con un  tipo que desconocía. Cecilia salió a tomar aire y corrió a nuevo a la fiesta.
-¡Sebastián está afuera con un tipo y le apunta con una pistola!- Gritó cerca a los baños donde se encontraba José. 
“¿Una trampa?”, pensó. 
-Saana me dijo que vendría a encontrarse con él…
La voz de la Valeria y esa mirada acusadora lo confundía. No podía dejar a su amigo, estaba seguro de que él intentaría defender a Saana. Se metió al baño y busco la presencia necesitaba, Valeria entro al baño detrás de él y en un chasquido fugas fueron hacia allá. Él llevaba su kurikara, ella solo iba ayudarlo. 
-Lo siento José este es fin del camino –Dijo Cecilia.
Llegaron dispersos hacia el lugar. Un callejón oscuro a apenas a unas cuadras del recinto donde estaban. José notó que Valeria lo siguió y se molestó. 
-¡Chipi!
No tuvo reacción. Todo se volvió demasiado lento para él. Eran cuatro disparos seguidos, Sebastián y Saana no estaban en ningún lado.  “Hasta aquí llegue…No puede ser”, pensaba escupiendo sangre. El piso amenazaba con darle un beso y la gravedad lo empujaba a sus labios. La muerte dolía una respuesta que siempre busco. 
-¡No!
Se quedó congelada. 
-Tengo dos talentos. Siempre he podido leer tu mente.- Suspiró.- Odio mucho la hipocresía y durante este año he vivido rodeada de ella.   
-¡Aléjate!  
Valeria se interpuso entre ellos. Pero de un manazo fue mandada a volar, comenzó a sangrarle la nariz. Diego se agacho y cogió la kurikara. 
-Cuando me contaste sobre tu hermana supe que debía ser esto.- Abrió la empuñadura de la espada y sacó un sobre.- La carta que te dejo. Gracias José fue divertido.
Entonces, chaqueo los dedos y desapareció. 
Valeria corrió de nuevo hacia él, comenzaba a llover. Tomó su celular y llamo a una ambulancia. 
-Solo te amaba a ti…
-Idiota, eres lo mejor que me paso-Dijo Valeria abrasándolo.- Resiste vendrán pronto. ¡Ayuda! ¡Ayuda! 
-Te dejo un rato solo y ya metes la pata…- Sebastián llegó al escuchar los gritos de su compañera, Saana se tapó la boca para no gritar, estaba aterrada ante lo que veían.- Esto es tan estúpido, como que no te pueda curar con el talento de Incognito. 
“Sebastián tú… ¿qué te paso?”, pensó José al observar a Sebastián cambiar su vista le juega una mala pasada observando a un niño llorando acercarse junto a un payaso diabólico llorando. “Acaso este realmente eres un niño llorando”, se preguntó mientras este se agachaba, cogió con la otra la mano un poco de la sangre de José embarrándosela en los labios, sonrió. 
-¿Qué cuentas?-Preguntó.
-Que te ves muy feo, huevón… 
Sebastián estaba llorando. 

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