jueves, 19 de enero de 2017

El mundo, según Lunática - Capítulo 8

Hyuna

Habían pasado dos semanas desde que peleé con Galia, una semana desde que Grillo desapareció y media desde que desaparecí yo. Mi mente se sentía pacifica a pesar de todo. Cada que cerraba los ojos, aunque sin ver nada más que sombras, podía reconocerme después de mucho. 
Santos Sotomayor Manrique, Oráculo. 
Todo empezó aquella noche, mientras estaba perdido entre mis pensamientos. Acababa de pelear con Lunática por su novio, no toleraba que fuera una buena para nada, estúpida para ser exactos. Entonces, ella me hablo. Se presentó como la mejor amiga del Oráculo y como quien me fastidiaría hasta aceptar lo que ya había aceptado. Su aspecto era encantador, incluso podría haberme enamorado de ella, hasta que supe que le patinaba la cabeza y que tenía pene. Luego de cumplir su capricho de conocerme, ella desapareció. 
“Tú eres yo y yo soy tu”, recordé el cliché típico de personas duplicadas, reencarnaciones y algún otro tipo de forma de entender a dos personas que se unían.  Era seis personas las que cargaba: sus sentimientos, emociones, sueños, temores y deseos, pero tenía mis propias ideas claras por sobre las de ellos. Erika, Fausto, Juancarlos, Kiyoshi y Giancarlo eran parte de mí, Oráculo. Suspiré, ese estúpido… el anterior antes de mí. 
-¿Qué sucede doctor?- El regordete sonreía, estaba seguro, aunque no lo viera en ese momento.- No moriré sin luchar, sé de qué modo será y lo evitare cuanto pueda. 
Acabamos de burlar su muerte.
Los tipos que nos seguían, salieron corriendo despavoridos cuando Giancarlo casi muere atropellado. El chofer bajó de auto preocupado y nos dio un aventón a modo de disculpa por los problemas ocasionados, “demasiado amable para ser limeño”, pensé. Nos dejó en la Av. Caquetá, Lunática conocía proveedores de drogas conocidos de Grillo en ese sitio. Escuché de José Manuel que los tipos de aquí se aprovechaban muchas veces del estado de los consumidores y les robaban o violaban. Yliana comentó también que ya no recurría a este sitio por experiencias parecías.  
-Un gusto conocerte en persona Oráculo.- dijo Lunática. Caminábamos con Giancarlo y Felipe, Cafeína, buscando al Grillo, esta última indico que su cuerpo se encontraba cerca. Oí a Galia hablar con Yliana y posiblemente también empezaría a buscarlo. Grillo era estimado por un buen grupo, la comunidad de drogadictos decentes del centro limeño. - No puedo creer que este idiota sea un contenedor de querubín. 
Sabía que ella envidaba eso. Y más de saber que no me interesaba en lo absoluto. 
-Jaja, no debes sentirte así.- Comentó el gordinflón de apariencia islámica en el espejo.- Predecir el futuro no es nada bonito. Sobre todo cuando sabes cómo morirás.    
-Pero no tienes que recurrir a algo para estar en ese maravilloso lugar…
-Ser un hombre loco tampoco tiene algo de lindo- agregó la sexy exescritora desde el espejo, Galia no la escuchaba solo los querubines la percibíamos. Yo no hablaba, me sentía increíblemente incómodo con la situación.- Santos deberías decirle quien eres.-La ignoré. Galia no podía escucharla a menos que se drogara.- Su cuerpo estaba pasando los mercados, antes de la carretera de la panamericana. 
Galia estaba a mi lado derecho ayudando mi ceguera, al izquierdo el desquiciado exescritor con tendencias homosexuales y finalmente no tenía ni idea en qué posición avanzaba Giancarlo. 
-Cafeína dice que su vida real tampoco es linda. – Lo escuché romper una envoltura, de seguro ya estaba comiendo algo el barrigón. – Esta zona es picante, no deberíamos avanzar más. 
No recordaba sentir tan fatigoso desde aquella ocasión en una reunión familiar, era el cumpleaños de mi sobrina cuando se me ocurrió llevar a Galia a mi casa. Llegamos temprano para no hubiera nadie, en jóvenes precoces de apenas 15 años era la oportunidad perfecta. Tuvimos sexo durante un par de horas y luego nos bañamos. El verdadero problema fue que mi madre llegó mientras nos encontrábamos en la ducha. Nunca había visto tan colorada a Galia, era un jugoso tomate que deseaba morder. “Nunca más me bañare contigo. ¡Qué vergüenza!”, su voz era ligeramente más chillona en ese entonces. 
Suspiré. 
Me jodia saber que mi madre recurría a la Av. Caqueta para las compras y en este momento me encontraba en ella. Sentía que era un niño esperando que le dieran todo y en realidad era un viejo de 24 años, con fe de que su mamá lo encontrara como cualquier crio perdido en un mercado. Era como un mocoso berrinchudo y caprichoso que esperaba mucho de otros y creía merecer todo cuando en realidad me hacían falta un par de nalgadas. 
-Estoy viejo para esto…
-¿Qué pasa doctor?- respondió Giancarlo.- Yo estoy en mis dulces 46 y me siento de nueve. 
-Yo en mis 23- dijo Galia.- Y en busca de chambelán.  
-Yo creo que ya pase los 50, he publicado ocho libros, tengo dos hijos y pude ser novel de literatura hasta que me volví loco hace dos años. 
“¿Qué necesito para dejar esto?”, me dije. Abrí los ojos. Estábamos por cruzar un puente peatonal en un cruce de calles que desconocía, no podía confiar en mi imaginación. Dudaba demasiado de mí, era una persona rota. Retazos del que alguna vez fue Santos Sotomayor, mi esencia se sentía pérdida. Deseaba deshacerme de lo que era. 
Era feliz estando solo en Pucusana, alejado de todos y esperando mis días para morir. 
Cafeína me tomó del hombro, ella me causaba repulsión a pesar de lo hermosa que se veía. Era una clara imagen de lo retorcido de las personas. 
-Pronto te sanaras… solo necesitas ser paciente. 
-¡Tú me das asco!
Solté intempestivamente. Todos se detuvieron a mí alrededor, sentía las miradas de desprecio pero no los veía a ellos en realidad. Galia no tenía idea de lo que pasaba, pero sentía desaprobación en su mirada, ella sabía que estábamos con Cafeína también. Las aureolas que los coronaban eran similares, nosotros éramos un grupo de apestosos podridos.  
Suspiré, la exescritor con una arroba al final, ya que me costaba diferenciarla,  sonrió, pero no respondió más. El resto del camino fue silencioso, el sol gritaba su enojo para conmigo en calor. Sentía que me pudría por fuera tanto como por dentro. La vida era complicada, no había gracia en vivirla. 
-Crucemos por la pista. Si ese puente se cae ustedes podrían morir también. 
Oráculo era consiente que la muerte lo asechaba como el feroz cazador armado de una escopeta, lo acorralaba cual conejo, ciervo o algún otro animal indefenso. “Estúpido Grillo”, pensé. El tipo nos había metido a todos en un dilema, andar por donde estábamos no era tierra santa. ¿Qué podrían hacer un ciego, una enfermera con problemas de drogadicción  y un regordete agonizante contra algún delincuente?  Tristemente el poder del Oráculo ya parecía ser mío, nos seguían por detrás como depredadores acechando la cena, de seguro Galia se veía apetitosa.   
-Que rica estas flaca. 
Unos tipos drogados nos empezaron corretear. Lo sabía porque estaban en espejo, tenían formas raras como sombras, recordé las que vi en Pucusana.  Quise acercarme pero no podía moverme el miedo a que eso no sea real me impidió hacer algo. Entonces ya no vi nada, solo sentí un par de golpes. 
Había salido del espejo sin querer, mi mente perdió la concentración.  
Cruzamos la pista de doble sentido corriendo, estaba siendo jalado por Galia, él tropezó. Éramos inútiles. 
-¡Dame todo lo que tienes concha tu madre!
-Ustedes…- escuché. “¿Cafeína puede pararlos?”, me pregunté. 
-¡Déjame!- era Galia.  
Mi mente era un rio de recuerdos, que recorrían cada pasaje de mi pasado y presente según avanzaba en la misión en la cual me encomendaba a mí mismo. Recordé a una lunática cantar cada mañana fuera de vivienda en Pucusana. Luego a una joven y bella novia que no estaba lista para casarse, de cual muchos me comentaron que había tirado con su amigo Juan, era mi novia. Y finalmente un gordito con aura musulmán llorando y gritando que no deseaba morir. 
Estaba pasando y no lo podía detener. No sabía dónde estaba ni que le hacían. Solo empecé a sentir dolor, en mi cara y estómago. Mis piernas no reaccionaban. 
Tenía miedo. 
Los tipos escaparon, Felipe, Cafeína, los había ahuyentado.  Escuchaba carros, pero mis piernas temblaban sentía sensaciones raras. No me podía mover, mi cuerpo temblaba, aun se sentía adolorido y no había hecho nada. 
-¡Párate estúpido!
La voz de Cafeína se escuchaba lejos. Estaba perdiendo el sentido, Galia me tenía de un brazo, pero no lo sentía.  “No quiero morir, no quiero morir, no quiero morir…”, escuchaba. Concebía lagrimas bajar por mis ojos, mi pierna derecha dolía creo que me había torcido el tobillo, la mitad de mi cuerpo se sentía apoyado a algo duro. 
-¡Giancarlo!
Lunática sonaba preocupada, parecía que ya no estaba a mi lado. Casi no podía distinguir su voz.  Entonces, a un solo sonido.
-¡No! 




Parecía que el transito seguía su curso a pesar de la persecución. No escuchaba nada más que voces perdidas en mi mente. Nunca sentí tanto miedo como en ese momento. Sus sentimientos se conectaban con los míos, por esos segundos vi su vida pasar antes mis ojos. Un gordito fanático de los power ranger, se convertía en un adolecente con problemas de erección. Sentía los labios de su esposa besándolo, los de sus dos hijas en mis mejillas, los labios de un tipo aparentemente mayor del mismo sexo también, su piel era suave como la de Galia. 
No solo eran memorias de él las que llegaban a mi mente como fechas verdes que me penetraban y se volvían parte de mí. Me sentí mareado, nombres y voces me atormentaban en ese momento. 
-¡Toma su aureola!- escuché.- ¡Por favor! No quiero perderlo así… 
Aquellos parecía una súplica. 
Caminé de frente en la oscuridad. Poco a poco volvía el sonido. Escuchaba bocinas de autos, llantos. “¡Llamen a la ambulancia!”, “El conductor de mierda se fugó”, suspiré. Me arrodillé. Extrañamente sabía que estaba ahí.
“Santos…yo quiero pasar mi vida entera contigo. Sonare estúpida pero quiero atenderte cuando estés enfermo, cuidar de ti, quiero estar siempre para ti. No me importa lo que pasé te encontraré”, escuché. Aquel recuerdo de hace varios años. El día que hice el amor con Galia por primera vez. 
Me vi frente a él. Frente a mí. Yo yacía en el suelo y me veía parado al frente también. Yo sentía su miedo y él el mío. Este vínculo extraño me hacía derramar lágrimas como una garua limeña una noche fría de verano. Nunca me gustaron los velorios, me llenaba de terror recordar a mi abuela en el ataúd e imaginar algún día ver a mi madre ahí.   
-No quiero morir…
-Lo sé. – respondí. “Yo tampoco quiero morir”, quise responder. 
-Pensé que lucharía más, al menos un día más. 
Abrí los ojos con facilidad. Su esencia se desvanecía dejando solo era una aureola color blanco. Sentía que se lo debía a él, a Galia, a José Manuel, a Yliana, a Cafeína y a mí mismo. Aunque ninguno de ellos me importaba, ni yo mismo. Su imagen me aterrorizaría todas las noches. Un hombre de 46 años que lloraba por su vida, tanto como yo lloraba los días de melancolía cuando no me sentía a gusto con mi vida y soñaba son volar lejos. 
-Tú eres yo y yo soy tú- dije. Fue lo único que se me ocurrió, mientras mi mano pasaba por su cara. 
-Disculpa por no ser del todo since... 
Tomé la aureola.
Vi cosas en pocos microsegundos: vidas, conocimientos, amores, recuerdos bellos. Pero ninguno era más aterrador de que me viera a mí mismo. Mis recuerdos, sueños volvieron a mí junto a vidas pasadas de contenedores de querubín. No fue tan malo después de todo. Noté una sonrisa al fondo de todo. “Te quiero Erika”, “Kiyoshi deberíamos escaparnos de casa”, “Juancarlos no nos podremos casar esta vez… tendré un hijo con alguien más”, “Te encentrare de nuevo Faust”. 
Eran un par de mentirosos. 
Ellas lloraban. Galia en el piso al lado de él y Cafeína a mi lado.
-Te dije que te encontraría de nuevo e incluso antes esta vez.  
Sentí un dolor cabeza horrible y luego entre el pánico de los vecinos de la zona vi a Galia por última vez al lado de Giancarlo. Era peligroso para ella, yo encontraría a Grillo solo. Ahora podía. 
Ella fue retenida como testigo, mientras levantaban el cuerpo.   
-Era tu pareja… siempre fui tu pareja desde hace seis vidas, Hyuna. 
-Si. Éramos Hyuna y Oráculo.- respondió. Ella se cambió el nombre a Cafeína.- Bueno ya no. Ahora solo será Oráculo y Lunática. Jajá.
-Giancarlo y yo éramos novios, desde hace mucho tiempo… siempre odio verlo morir. 
Recordé que Ribeyro era gay y mucho se decía que salía con un tipo. Era Giancarlo. No era mi mejor amiga, era mi pareja. Esposa, amante, novia, esclava durante el pasado y ahora pretendía ser mi amiga. Sonreí al darme cuenta que tenía poder de decisión, ella era consiente que había escogido a Galia. 
Ahora yo era el Oráculo. 




Luego volvía a mi pasado continuo, mi presente, y me preguntaba. “¿Por qué hago esto?”, odiaba ese tipo, pero odiaba aún más lo me había pasado. “¡Santos, dónde estás!”, “Santos”, “Por favor, no te vayas tu tampoco”, había corrido tanto como, aquella vez de niño que me escape de casa y mi madrina me encontró y regreso a casa. Dejé a Galia atrás. 
Descubrí cosas interesantes de una semana viviendo solo apunta de limosnas. Hay personas buenas aun, hay personas que son una mierda y luego estaban los del espejo.  En dos ocasiones fui golpeado por drogadictos, una de ellas con Lunática, comenzaba a odiar a esos tipos fanáticos del poder. Estúpidos que se creían la última chupada de un mango, cuando en realidad no eran más que la pepa. 
Siempre fui un tipo nervioso. Con miedo a caminar solo por las zonas picantes de mi distrito y ajenos. Me atemorizaba que un encapuchado me tomará por la espalda y me robará el celular que a mi madre tanto le había costado comprar. Solía ser víctima de vendedores ambulantes con pinta de malandrines que me vendían caramelos con una cara que vocifera de: “Compra o te meto punta, causa”, yo compraba de manera estúpida.
Ahora me encontraba solo caminando por lugares poco religiosos, acompañado de mi bastón y de una tipa que podía susurrarme cosas al oído, aunque no estuviera en el espejo y parecía haber sido el amor de mi vida hace mucho. Galia me había perdido hace cuatro días, a su novio ya hace una semana y la cordura creo que era la próxima. Ese día en el que acepté y indudable destino encontré el cuerpo del muy idiota Sr. Novio.
Un par de veces salve a pobres drogadictos a punto de morir a manos de cuervos. 




Era divertido toparme con cuervos.  
La primera vez tuve miedo pero Cafeína tomó a uno por el pecho y este se esfumó en plumas dejando un arma peculiar: Katanas, cuchillos, flechas, etc. Ellos nos servían. Había aprendido a predecir el futuro tomando en cuenta las cosas que aprendí de mí mismo.  Era incomodo estar al lado de Cafeína, sabiendo que ella o mejor dicho él se acostaba con mi viejo yo y aún más que me ayudara a salvar a su reemplazo.  
Me aterraba la idea de no saber a dónde me dirigía, pero mojaría aún más mis pantalones de poder observar el lugar.  Las calles de Piñonate no eran santas, muchos menos las zonas por las donde andaba. Las recordaba con desiertas, sucias, con paredes pintarrajeadas y olor a marihuana y estaba seguro no habría cambiado del todo.
-Estamos cerca.- Escuché. Hacia frio, llevaba cuatro días con la misma ropa. Era el quinto o sexto punto de zapatillas que al que llegábamos. La fachada del ciego apelaba a pseudobondad de aquellas lacras de la sociedad. –Ella debe estar mal… No debiste dejarla así. 
Era irónico que Cafeína se preocupara por su competencia. Ahora más que nunca me había dado cuenta que no dejaría que Galia se hundiera en ese mundo como su actual novio. 
-Ella me volverá a encontrar. Sino yo llegaré de nuevo a ella. 
Más tarde esa noche llegue a casa de Yliana, ella me dijo que Galia me buscaba. Hace cuatro días había entregado a Grillo a un tipo amable que me ayudo. Pero su mente era lo más complicado de encontrar, ya que perdida en espejo no sabía por dónde empezar. 
Me di cuenta que mis ojos veían una mentira producto de drogas, pero eran capaces de ver más allá. El poder del Oráculo que me pertenecía era lo soñado por varios adictos a la magia de las drogas como Lunática.  Esa noche dormiría en su casa, era más cómodo que las bancas de calle. 
-¿Qué pasa, hermano?- Preguntó traviesa. En otra situación no hubiera dudado tal proposición. “Ignora a Lalu, yo te daré algo de diversión”, me dijo cuándo le comenté lo que había sucedido. Ella empezó a decirle Lalu, por la lunática, según ella era novedoso. 
 “¿Por qué está haciendo eso?”, me dije. En el pasado siempre que quise hacerle algo, ella se negaba. Ya no éramos jóvenes precoces, pero sentía algo malo en ella. La situación se convertía en algo sumamente incómodo. 
Active mis ojos falsos, ahora podía hacerlo cuando quisiera. Me alegraba en el fondo que las veces que mi madre me gritaba que la tele me arruinaría la imaginación se equivocara. Entonces aquella elfa empezaba a desnudarse… 
-¿Qué pasa? No te provoco nada… ¡Soy poca cosa para un querubín! ¿Es eso?- Entonces, empezó a alterarse. Ella también sabía lo que era. Me pregunto si es que Galia también lo sabría… tenía miedo a que solo se acercara a mí por ello. 
Su aureola era oscura con pequeñas y escasas chispas de un fuego purpura. Su olor era una mescla de vinagre, orégano y orine de siete días de guardado. Los dos mundos que la rodeaban no eran circulares, sino más bien ovalados y de un extraño naranja. “Son personas podridas doctor”, regresó a mi mente. Ella estaba podrida.
-Tengo sida… ¡Soy una perra sidosa, Santos!
Poco a poco de forma pavorosa se desvanecía aquella imagen de la elfa regordeta. Un cuerpo desnudo y pequeño; una barriga llena de estrías y con un tatuaje de pluma al lado del ombligo; cabello corto, rubio cenizo y maltratado; ojos rojos coronando bolsas inmensas de ojeras escondimos detrás de un cristal;  cicatrices como hilos rojos por el 70% de su cuerpo; y un inexistente brazo derecho.  La elfa que imaginaba nunca fue así.
Mi mente no la recordaba así. 
-Soy como una cucaracha.- Una lágrima se asomaba, reflejada en la luna de sus gafas, se abría camino entre sus mejillas y encontraba su fin en la cicatriz de su boca. -Repulsiva y aborrecida.
Me temblaba el cuerpo. Mis manos sudaban. Mis ojos se enrojecían ocultado lágrimas. Aquellas chispas indicaban que su tiempo se agotaba, tal vez unos cinco años o dos; su color purpura oscuro eran señal de impurezas en su cuerpo, por la intensidad estaba infectada su alma; la aureola tenia fisuras, era la pérdida de su brazo; el repulsivo olor de orina con orégano era evidencia de gusto por la comida y penes sucios dentro de ella.
-¿Te doy asco a ti también? – Consultó poniéndose de pie. Negué con la cabeza y la seguí. Prefería ver todo como era en el espejo, que a la realidad- Me alegra haberte ayudado. 
Tomé su delicado rostro y observe la aureola que la coronaba. Entonces, empezaba la película. Le sonreí ocultado lo que vi.  La imagen de la elfa regreso a mí, su brazo me perturbaba, apenas hace unos momentos no estaba ahí. Yliana había cambiado mucho durante esos ocho años que nos perdimos. Yo era ciego; ella era manca, sidosa, de vida limitada. Comenzaba a creer que no me había equivocado tanto en mi vida como creí.  Le sonreí y limpie esa lagrima, lo que había visto me gustaba. 
-Te irá mejor de lo que piensas… hermanita lame culos. 
-Jaja… gracias hermanito lame culos-Suspiró. Deseaba decirle lo que había visto pero ella me insistió que no- Recupera el culo de Galia, estoy segura que extrañas ese sabor.- Empezó a reír ante de mi sonrojo.- Gracias Oráculo. 
-¿Por qué hiciste esto?
-Cafeína me dijo que luego de esto algo mejoría… disculpa mi egoísmo.- Se limpió las lágrimas en los ojos.- ¿No me puedes decir qué viste?- Consultó.
-Pues… ¿Conoces a Joma en persona?
-Si… Lo conocí en el velorio de Giancarlo. Lloró mucho.  
-Mantente alejada de él. – suspiré. Giancarlo y José Manuel eran buenos amigos. 
- Deberías ir con Lalu. No quiero meterme en sus asuntos pero tú sabes el problema que tiene con las drogas y lo terrible que se debe sentir de perderte. 
Volvería a ella pronto así como con mi familia. Tan pronto como encontrara el alma de su estúpido novio.  Y más estúpido yo por buscarlo, más estúpida Cafeína por ayudarme a encontrarlo. La vida era una estupidez, una estupidez divertida e interesante.  No lo había notado hasta entonces, pero le debía las gracias a Galia por salvarme de mi mismo.  
Ella era mi lunática. 


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