Demonios internos - Capítulo 18

Nunca dejaron de ser amigos 

-¿Qué significa esto? – Pregunté con temor a la respuesta. Recordé muchas cosas, muchos sueños. Era un dolor de cabeza. 
-¿Qué paso esta vez? –Preguntó mi papá. Me ignoraba como siempre. – ¿Qué haces con mi hija?
-¿Por qué tan serio?- Preguntó la muerte. Era una batalla entre preguntas que todos ignoraban. –Akemi, tu padre es un idiota.- Asentí, era un completo idiota. Y me senté en mi cama al igual que mi papá. – Sebastián a tu hija le gusta un demonio. 
-¿En serio?- Me miró. 
-Jaja, en que mal concepto la tienes…-Sonrió con ironía. – Es un buen chico. Él mejor de las deidades a mi cargo.  Es divertido pero es doloroso verlos a ustedes crecer, tener familias… 
-Jaja, me alegra no pasar por eso – “¿Realmente este idiota es mi papá?”, me pregunté. Era cruel, ahora las cosas iban teniendo sentido. Ella frunció el ceño mientras que mi papá sonreía, pero luego se esfumó -¿Te enteraste lo de Gianella, tu hermana?
-Sí, luego hablaremos de eso. –Respondió.- Bueno. Fui traviesa. 
-¿Cómo?- Pregunté. – Ya entendí que se conocen, que salían, que tú te convertiste en la muerte, pero…
-Fui traviesa Akemi, hice que te pelearas con el hijo del rival de tu papá.- De pronto me sentí llena de ira.- Manipule todo por saber quién ganaría. 
- Ella. No hay forma de que yo pierda contra Diego – Agregó. Mi papá era muy arrogante, demasiado para mi gusto – Hablando de eso Yue y él, no lo esperaba. 
-Jugué con el destino, use mi poder e hice que la próxima generación peleara-Sentí un escalofrió eso era y odio. 
-¿Ganaste? 
-Yo perdí… 
-Estas castigada.
“¿Qué?”, me castigaba por una estupidez. “¿Qué te pasa papá?”, pensaba aún más furiosa. Estuve a punto de morir, esa estúpida había hecho todo para su entretenimiento. Me jodia tanto que jugaran con mi vida. Solo quería un poco de paz. 
-Eres un asco como padre, mi querido Sebastián. –Escuche la voz de la muerte.- Conoce un poco mejor al idiota que tienes como padre. Yo me encargare de todo lo demás. Nos vemos. – Comenzó a caminar hacia la puerta.- Este año celebraré mi cumpleaños. Te espero Sebas. 
Ella se desvaneció en ese instante, quería respuestas, quería saber que pasaba, pero tenía algo más importante. Vladimir. 
-Debo irme. – Dije. 
-Que incomodo –Comentó. – Demonios, me siento de 17 de nuevo. 
-No tengo nada de qué hablar contigo.
-Lastima, yo si –Respondió. Se levantó y cerró la puerta. Como cuando me portada mal y hablaba conmigo, me hacía entenderlo solo para castigarme luego. – Y como padre reafirmo mi autoridad obligándote hablar. 
-¿Qué relación tienes con ella? –Pregunté -¿Por qué solo así recuerdas que soy tu hija? Quiero saber todo.
-Muy bien, pero yo también quiero saber todo.
Pasaron varios minutos mientras conversábamos. Él me contó todo sobre Carol, mamá, Diego y todo el juego de muerte por el que pasaron. Me sorprendí que él era casi igual a mí. Yo le conté todo, cuando lo necesité y cuándo me ignoro. 
Sentía ganas de llorar por primera vez sentía que le importaba, él reía  y se burlaba de mi pero se sentía tan bien. 
-Bueno dejando de lado que soy un asco como padre- Sonrió ante eso. -¿Por qué no vas por tu demonio? Solo recuérdale yo ya maté a uno antes. 
-No eres un asco, no mucho. –Él rio, yo también. –Si fuera mamá, tu irías. 
-Tu madre era mi talón de Aquiles. –Respondió – Diego y Yue fueron los únicos en notarlo. Igual les gané. La sociedad denigra a la mujer desde tiempo inmemorables, no quería que seas así. Pensé que serias fuerte… 
-¿Cómo mamá?
-Jaja…– No sé porque le dio un ataque de risa; sin embargo, a él le parecía divertido – Saana estaba perdida, consideraba un milagro de cómo había llegado tan lejos. Felizmente saliste a mí y lo lograras. 
-Ya perdí…
-¿Aun no lo intentas?
-Es imposible. 
-No hay peor cosa que la que no se intenta –Respondió. Colocó su mano en mi cabeza y dejó sobre mis piernas aquella katana roja. 
-Entiendo que es importante, con esa peleaste ¿no?
-Con esa conocí a tu madre…
Me quede sin palabras por un instante. Él sonreía, “Una sonrisa es la mejor manera de afrontar situaciones, aun si son falsas”, recordé. Me sentí afortunada de tenerlos como mis padres. Dos personas que lucharon por no ser la muerte y lo lograron.  
-Tuviste una vida emocionante. 
- Lo más emocionante que recuerdo fue…- Me volvió a mirar.- cuando me entere que Saana estaba embarazada –Dijo. – Nos tuvimos que casar….-Acaba de destruir mi infancia, fui no deseada. –Formar una familia no era un juego. Pero mi mayor emoción fue tenerte entre mis brazos cuando apenas tenías minutos de nacida. Ganaras y sino… el trato de los miserables de te impide morir asesinada. Estoy seguro que regresaras viva.  
Me quede sin palabras, mucho soñé con esto. Al menos si le importe. Cogí una fotografía que había tirado, éramos mamá, papá y yo. Me sentía fuerte nuevamente.




-¡Sebastián! – Esa voz era muy conocida. Mi madre. 
-Mamá, hola…- Ella también de seguro era otra persona. No sabía cómo hablarle. 
-¿Qué le haces a mi hija?- Preguntó indignada, mi papá solo seguía riéndose –Me llamo Karen preguntando por un extraño sueño, luego grito al darse cuenta que no era un sueño.- ambos sonrieron.- ¡Demonios que viejos estamos!
-Vaya, vaya entonces somos todos –Dijo papá –Akemi, no pierdas tiempo. Al menos muere dignamente.
-¿Qué? ¿Akemi a dónde vas? ¿Cómo que morir?-Mamá estaba molesta y alterada, nunca pensé que estaría en una situación así.- ¿A dónde vas?
-Confió en ti –Dijo mientras abrazaba a mi mamá por la cintura – Si todo sale bien dame un abrazo al regreso. – Mamá estaba molesta, no creía que me deje salir – No pierdas tiempo, quiero darte un segundo hermanito hoy. 
Me sonrojé y sentí un poco de asco. Papá no paraba de reír mi mamá tenía un ataque de nervios, estaba sonrojada. No dude la oportunidad tome la katana de mi papá y salí corriendo hacia la casa de Linda, hace un rato me había enterado también que la casa de Vladimir se había incendió, ellos tenían la moral mucho más bajo que yo pero tenía que ir.
Mi motivo era decirle lo que sentía. Cerré los ojos y lo vi en sus últimos momentos nuevamente. Vladimir me decía algo, algo que también vi en visiones a mi papá. 
-Amor significa protección…
Solté lágrimas. Recordé a Diego y su inmenso poder. Papá se convierto en un payaso por cuidar a mamá. Enrique amaba a su novia y se volvió fuerte por ella…. Ellos quieren protegerlos. “La vida es cada sorbo de aire.”, esa voz que Carol colocaba en mi cabeza era la de mi papá, recuerdos de él cuando lucho contra ella. Solo buscaba diversión pero sentía que me había ayudado.   
La muerte era una mujer estúpida e infantil.  
Toqué la puerta, Linda me abrió y entré inmediatamente, el ambiente aun estaba tenso, respiré hondo antes de hablar. No estaba segura de como terminaría esto. 
-¡Debemos salvarlo!– Mal comienzo, todos me ignoraban –Debemos ir por él… nos esta esperando.
-¿Cómo estas segura?- Preguntó Enrique-Todos vimos lo mismo, aunque estuviera en este mundo Zelig ya lo debe haber matado.
-Solo el ángel de la muerte-“Quien pudo ser tu madre”, escuché. -puede acabar con demonio o ángeles – Respondí. – Vladimir aún está aquí y él lo tiene prisionero. 
-Te entiendo Akemi- Dijo Linda – Pero no podemos hacer nada, tú experimentaste una pelea contra ese mostro.
-Acabo con todo- Agregó Enrique –No podemos. Fue nuestra culpa desde el principio.
-Solo nos matara y todo el esfuerzo de Vladimir será en vano –Estas vez intervino Dominic, recordé que él era el hijo de la deidad de papá, realmente no era como papá lo describía. Lizbeth seguía en la misma posición de como la deje  y Diane no estaba presente.
-Se van rendir antes de luchar –Dije, estaba sola ellos habían perdido toda esperanza. –No hay peor cosa que la que no se intenta. 
-No queremos perder la vida que nos dio…
Era suficiente. No los conocía, era extraños con miedo pero no podía culparlos. Suspiré y caminé hacia la puerta, iría sola si era necesario. 
-Yo ire…
Un silencio aterrador invadió el departamento de mi amiga, voltee inmediatamente. Esa voz era débil, suave, un poco sombría pero linda. No era de Linda y mucho menos de Dominic o Enrique y Diane estaba en otra parte. Todos veíamos a la misma persona.
-Lizbeth…-Todos estábamos atónitos.
-Déjense de tonterías – Dijo nuevamente levantándose de la esquina donde estaba- Akemi, yo iré contigo.
-Yo igual –Esta vez era una voz más femenina. Observé Diane entrar a la habitación – Él me salvo, debo pagárselo de alguna manera.
-No perderé un hermano de nuevo –Agregó la hermana del demonio acercándose junto a mí.
-No hay oportunidad –Agregó Enrique –Pero, yo también iré.
-Debemos estar juntos- Dijo Linda, no sé en que momento todos se recuperaron, una vez más. Lizbeth había sido la heroína de la noche. 
-Vaya, sabía que tenías una linda voz, primita. –Escuchamos a la puerta abrirse, Jane y Kotomi entraron ambas lucían serias. –  Buscábamos a chicos valientes para ir por mi primo, yo le dije a Kotomi que aquí no habría nadie pero parece que me equivoque. 
Papá tenía razón. Solo se necesitaba esperanza. 
-La señorita Carol acabara con nosotros si peleamos entre nosotros.- El ángel de lentes ya no caía tan mal.- Yo tomaré el riesgo, ya que los ángeles tenemos preferencia sobre los demonios. Cuento con ustedes por favor. 
-Bueno vengan con nosotras. Tengo uniformes para ustedes. 
Cuando sacamos los uniformes eran como los de sus siervas, la observamos interrogantes pero nos dijo que ahora le pertenecíamos y serían sus reglas, no me agrada ser tratada como un objeto pero necesitábamos de ella. Me gustaba  el uniforme el short negro pegado el polo negro y la pequeña armadura negra. A Linda le quedaba perfecto, mucho mejor que a  mí, Lizbeth se venía agraciada, Diane estaba avergonzada.
-Lizbeth te ves tan tierna – Dijo Linda acercándose a ella.
-No soy tierna…
Salimos de la habitación ya listas, los chicos estaban igual pero era un pantalón, todos teníamos una insignia en el hombro.
-¿Qué es?- Pregunté, era un escudo en el medio una llama negra con dos espadas blancas cruzadas. 
-El símbolo de la casa Anderson - Respondió Lizbeth – Jane es prima de Vladimir.
-Pero Vladimir no usa el símbolo – Cuestionó Linda.
-Lo dejo de usar cuando sellaron su poder –Respondió Lizbeth, mientras esperábamos a Kotomi y Jane.- Además tener una hermana humana no le hizo mucha gracia a sus otros familiares. Jane era la única emocionada y es la más odiosa.  
Nos preparamos y nos encaminamos hacia el rescate, me sentía optimista. Charlar con papá me había ayudado tanto, hasta cierto punto lo admiraba nuevamente. Kotomi llevaba un traje sastre blanco, camisa abierta, cabello suelto. Junto a ella estaba Bryan, su mano derecha desde la partida de Diego, era el único de sus chicos que la acompañaba. Jane con el mismo traje que ayer, realmente me gustaba ese estilo: terno sastre negro, camisa blanca afuera del pantalón, corbata aflojada y lentes celeste. “¿Por qué vestían tan formales?”, me pregunté. 
-Jodidamente sexy –Escuché a Enrique referirse a Jane, sonreí  cuando vi a Linda golpearlo. Sin nada más que decir salimos en marcha.
Llegamos rápidamente, fue menos una hora. Noté que nos esperaban: habían tres chicas afuera. Las seguidoras de Zelig eran cinco y su llave maestra. Ahora que lo pensaba su llave maestra no estuvo la última vez. Ella quemó la casa de Vladimir entonces. 
No entendía bien las reglas impuestas por Carol, pero los ángeles tenia preferencias sobre los demonios. Por eso Kotomi se enfrentaría a Zelig, tal parecía que todo el orden establecido de las cosas cambiaron con el nombramiento de Carol en el ángel de la muerte. 
-Las tres de afuera son mías – dijo Lizbeth.
-No puedo interferir –Agregó Jane – Kotomi, confió en que puedas manejarlo… Los esperare.
- ¡Hai!
Estacionamos cerca, cogí la katana. 
Sentía un gran alivio en mí la primera en salir e ir fue Lizbeth. Ella era sorpréndete, rápidamente llamó su atención. Entramos sin problemas, todo era silencioso, demasiado. Nos separamos en dos grupos: Linda y yo buscaríamos a Vladimir, mientras que Kotomi , Bryan , Dominic y Enrique irían por Zelig. Pero antes de separarnos las luces se apagaron. Habíamos caído en una jodida trampa, mi corazón empezaba a latir más rápido. “¿Asustada ratoncito?”, escuché. Si lo estaba. 
-Zelig….
-Vaya, Kotomi así que eras tú. – Zelig estaba al medio de la habitación. 
Sin dudarlo lo rodearemos… en un descuido nuestro un rayo se lanzó contra Kotomi, ella retrocedió siendo golpeada por este.  Zelig se había convertido en ese rayo. Le dio un golpe en estómago y dos más en la cara. Sus lentes de rompieron, ella tambaleaba.  Una chica apareció detrás de ella y le propinó una patada en la espalda. Nosotros nos habíamos quedado estáticos. 
-¡Mierda! –Grité. El ángel me vio a los ojos y nuevamente con las manos formó un rayo. Nos separamos, pero el rayo lo impacto contra Kotomi. No no consideraba rivales a nosotros.
Éramos unos inútiles. 
-La tengo – Informó la chica, le había colocado los grilletes de la cadena en ambas manos. Nuestro ángel lucia cansada, no le habían dado ni un pequeño chance a defenderse.  La cadena se contrajo hasta dejarla inmóvil de pie contra una de las columnas, Zelig sonrió. 
-Estas cadenas son…-Kotomi estaba impresionada y herida. No pensabammos que seriamos derrotados tan pronto.- Ningún humano deberías tocarlas, excepto…
-Una llave maestra- Respondió Zelig – Ahora tú serás parte de mi diversión. Creo que los coleccionare.  
La chica estaba distraída, sino hacíamos algo todo sería en vano. “No los puede matar. Si ella aparece estará acabado”, él tenía razón. Suspiré. No lo dude ni un segundo más, ataque a la llave maestra, esta me sonrió y comenzamos a pelear. Zelig no interfirió como sospeche. Ella también tenía el poder de esa armadura de relámpagos al momento que la toque con la katana pensé que me quemaría pero, la empuñadura no era metal pude cortarla, ella retrocedió, era la única contra ella. Lizbeth peleaba afuera y el resto iba contra Zelig.
-Inútil – dijo Zelig golpeando en el estómago a Dominic, los relámpagos de su cuerpo lo desmayaron, Bryan cayó después. Solo los dejaba inconscientes. 
No me di cuenta como, pero Lizbeth había aparecido y arremetió contra a la chica con una patada, ambas tomaron distancia.
-La pequeña demonio –Susurró –Disfrute mucho al entrar a tu cuarto…
-Akemi ayuda a los tortolos- dijo – Esta zorra es mía. 
Le hicé caso inmediatamente, me costaba pensar que ella era la niña de la historia que me contó Linda, la pequeña que perdió todo hace mucho y que Vladimir adoptó, era una chica de 17 años, no soltó ni una sola palabra durante nueve años de su vida en luto a su hermana y hoy  rompía ese silencio por salvar a su hermano. Una gran motivación pensé mientras iba por el ángel.
-Interesante…- Zelig jugaba con Enrique y Linda cuando llegué –Me sorprende que sigas de pie, dime ¿Cuál es tu nueva esperanza?
-Eso no te importa- Grité cortándolo por la espalda, pero no tuvo ningún daño- Mierda – Me golpeo con patada.
Sentía tres costillas rotas nuevamente. Éramos los tres contra él, Lizbeth por otra parte contra la llave, suspiré y nuevamente ataque, Linda se sorprendió pero luego me siguió.
-No puedes matarnos…
Nuevamente lo corté pero no tenía ni un rasguño detrás de mí Linda lanzo tres cuchillos contra él, pero los desvió con un manotazo y se lanzó contra nosotros, cubrí su patada con mi katana pero cogió a Linda del cabello y lanzó contra una de las paredes, algo parecido a lo de Bryan que no podía moverse por los escombros, Antes que impactara Enrique saltó cubriéndola del impacto con su cuerpo.
-Tienes razón chica payaso… no puedo matarlos pero si torturarlos. 
-¿Chica payaso?- Me sacó de cuadro saber que él también conocía eso. Sabia de quien era hija.
-No deberías sorprendente. Todas las deidades en la tierra conocen a los 10 miserables y familias. – Sonreía- Tu escaparas pero ellos se quedaran aquí hasta que se suiciden de la desesperación. 
Di un respiro y nuevamente ataqué. Él jugaba ni siquiera usaba la fuerza que uso contra Vladimir, no tendríamos oportunidad de buscarlo, tenía miedo de nuevo. Enrique se levantó junto a Linda me apoyaron al atacar. 
-Akemi anda por Vladimir. Nosotros lo pararemos. –Dijo Linda 
-¿Que? No podrán solos –Respondí. “Llegaré pronto”, suspiré. Eso no haría mucha diferencia.- Un amigo más nos ayudará. Es muy fuerte. 
- Esta bien… debemos liberar a Kotomi. Al menos una oportunidad tendremos.  
Ambas nuevamente atacamos, pero esta vez no hubo piedad. Pude esquivar su ataque pero me cogió del cuello y golpeo contra el suelo. Linda recibió un rodillazo. 
-Se acabó –Dijo alzando su puño, yo estaba en el suelo.
Cerré los ojos; entonces, vi una luz. Me creí muerta hasta que escuché voces y un viento fuerte. Abrí los ojos y era de noche. “¿En qué momento me mataste?”, preguntó. “Planeaba preguntarte lo mismo”, ambos se sonreían. Entonces abrí los ojos y escuché vidrios romperse  el ataque nunca llegó, pero abrí mis ojos al escucharlo.
-Ellos eran amigos, y tu jodias porque te invitaba a salir.–Esa voz era Diego, estaba delante mío deteniendo el ataque de Zelig con dos katanas cruzadas – Que esperas para irte.
-Tal vez si salga contigo.- Mi papá y su papá eran amigos. Sonreí. 
-Lárgate, busca a tu amo –Dijo retrocediendo a mi lado –Yo me encargo.
-¿Qué haces aquí?-Esa era Kotomi.
-Mira cómo te dejaron… –Respondió – Siempre quise patearle el trasero a un ángel. 
Nuevamente tuvimos una visión. 
-Hey ¿sigues vivo?- Preguntó papá pateando a ese demonio en el suelo.
-Dime que ganaste-respondió levantándose con dificultad, papá respondió negando con la cabeza –Que chipi eres.
-¿Por qué lo ayudas?- Preguntó Carol molesta. Siempre fue tan guapa, creo que incluso más que mamá.
-Si supongo, pero me cae muy bien.
Ahora lo entendía bien, a pesar de eso, ellos nunca dejaron de ser amigos. Sin dudarlo me puse de pie. Él estaba listo para pelear. 
-Diego, hermano casi muero –Bryan habló – Tardaste demasiado.
-Jaja, eres de lo peor dando indicaciones
-Que interesante – Zelig extendió sus alas junto con su extraña aura de relámpagos, sus cabellos se alzaron – Una llave maestra, un oponente digno al menos duraras más que ella. 
-¿Llave maestra?- Escuché los murmullos de todos.
- Escuche que la llave maestra de Kotomi era un corazón bendecido-Lizbeth regresaba con pequeñas herida pero viva, “¿ella venció a la llave maestra de Zelig?”, me pregunté. Diego silbo alzando su par de katanas.
– La chica del corazón maldecido, la famosa hermana del demonio, Lizbeth Anderson.- Le sonrío.- La llave maestra del demonio Vladimir. 
-Somos los dos contra él.- Ambos se miraron y luego voltearon hacia Zelig. Algo extraordinario parecía estar por ocurrir. 
Inmediatamente guardé mi katana y salí en búsqueda de Vladimir. Escuché los gritos de Kotomi, pidiéndole a Diego que se vaya, pero seguí adelante. Ellos dos podrían detenerlo, al menos un tiempo. Se veía extraño, más relajado. 
Lizbeth y Diego contra Zelig, tenía miedo por ellos pero no había marcha atrás. No hay peor cosa que la que no se intenta. 

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