Saana - Capítulo 21

Se mi novio 

-Esa chica te va traicionar. -Dijo Rossy, mientras le leía las cartas a Sebastián. Estaban en pleno recreo. En los últimos días habían recuperado aquella cercanía que tenían, los rumores de que volverían ya se cuchicheaban entre los alumnos.- Por lo que veo es ambiciosa, demasiado. 

-¿Y me ayudaras?-Insistió Sebastián. Demetri le había dicho que antes de terminar el año habría un ganador, ya no faltaba mucho, el doceavo mes del año había llegado. 

-Déjame pensarlo aun… Por otro lado, te gusta mucho Saana. –Continuó su predicción Rosario, se sacudió un poco la cabeza. Sus actos paganos le daban dolor de cabeza. Sebastián la ignoro con una carcajada. – Hablé con mi papá poco antes de todo esto.

-¿Sobre qué?

-Terminando el año escolar me iré a  Suecia con él.  No iré a la fiesta de promoción y posiblemente no vuelva más a Perú.- Suspiró.- Por eso me ha llegado mi religión y todo. Haré lo que quiera en este poco tiempo que me queda aquí.  –Concluyó Rossy parándose del suelo de la cafetería junto a Sebastián, pues acaba de sonar la campana y ambos estaban recuperando tiempo de su amistad. 

-Quería que fueras mi pareja de promoción… 

Sintió un punzo en el corazón. Era su amiga y la única que le había brindado apoyo en ese momento difícil de su vida, y ahora más cuando se debatía el poder de un dios. De todas maneras le dejó la invitación a la fiesta con pocas esperanzas. 

-Seré tu arlequín, Mr J. 

Aquella sonrisa quedó grabada en su mente. Era su mejor amiga y pronto se iría. “Eres raro, yo soy rara, nuestros bebes serán raros también”, recordó aquella noche en una discoteca de Jirón de la Unión. 

-Sabes que Joker solo usa a Harley. – Ese beso de aquella vez lo atormentaba. Él sentía que aún le gustaba. 

- Y no siente nada por ella. Como tú por mí. Este será mi último recuerdo aquí, que sea divertido pudin. 

El último mes del año venía acompañado de fiestas, melancolía y sentimientos fuertes para jóvenes que terminaban una etapa de su vida. Algunos como Rosario nunca se volverían a encontrar con sus viejos compañeros. En ese tiempo Jennifer, una chica del aula Preparatoria, había invitados a todos a su fiesta de 15 años, la cual se daría el próximo 10 de Noviembre, exactamente la próxima semana el día sábado. En ese lapso de tiempo Yue se había dejado de dar señales de vida. Sebastian sospechaba su muy obvia y predicha traición. 

-Rosario… Vi que lees cartas- Jugaba con sus dedos tímida- ¿Me las podrías leer?-Pidió Saana a Rossy, quien estaba en sentada en la cafetería sola, ya que ese día Sebastián había faltado.

-Por supuesto Saani. ¿Cómo va todo con Sebis?- Consultó barajeando sus naipes, no tenía dinero para cartas del tarot, y ya lo había aprendido bien tutoriales hace años, cuando se obsesionó con no ser una mormona. 

-No pasa nada con él.- Respondió asustada, ella era consiente que él la había olvidado, al menos eso creía. 

-Es un puto tsundere…- Contuvó la risa, notó la incomodidad de su amiga y quiso reír.- Puedo ver buena fortuna… muchos corazones, parece que tendrás un happy end. No morirás, pero tampoco veo si tu serás la muerte. 

Saana se mordió los labios observando espadas y corazones, una danza entre rojo y negro que embriagaba sus ojos en un vino de preocupación. 

-Ya veo…

-No eres culpable de lo que te pasa, no te sientas mal. Todo saldrá bien y serás la flamante señora Gonzales. Jiji.

-No me hace gracia. 

-Por un par de monedas te haré un conjuro de amor. Ustedes saldrán juntos la menos una vez- Empezó a formar una sonrisa zorruna en su rostro. Debía practicar su próximo papel, sería una flamante arlequín. - ¿Qué dices? 

-Bien... si me vuelvo la muerte al menos tendré recuerdos con él. 

Saana sacó las monedas del bolsillo de su falda, su amiga sonreía. 

- Deseos y Lujuria apodérense de mi vitalidad y condúzcanme al éxtasis de su piel, hagan beber el sudor de su pecho y perderme junto a él-Recitó, mientras Saana cerraba los ojos y pensaba en Sebastián.- Listo. 

-¿Cómo sabré que funciona?-Preguntó Saana.

-Jaja, pues ya eres su pareja de promoción.- Le entregó la invitación que Sebastián le había dejado hace un par de días. – Vaya, hizo efecto más rápido de lo que pensé.

-¡Qué!-Gritó Saana tan roja como un tomate. Había sido vilmente estafada. 

- ¡Jaja!

Por otro José aún estaba pensativo y alejado de sus amigos. Se sentía estresado, pronto se acabaría todo y no sabía si sobreviviría. Aun se consideraba traicionado por su hermana, no quería dar sus exámenes finales. “Solo quedamos cinco, pronto se acabara….”, se repetía en su mente una y otra vez mientras que observaba hacia fuera de las ventanas.

-Estas algo deprimido-Comentó El profesor Richard. 

-No, para nada –Respondió tranquilo. Miró una vez más hacia la ventana, pronto acabaría el recreo, como también podía acabar su vida. 

Habia juntando su ropa vieja, había decidido faltar a sus últimos días de clase y había logrado armar una especie de muñeco muy grande. Lo cocía como si fuera algo importante hasta que sonó su celular. Dejó a su Frankenstein en el suelo. 

-¿Alo?-Contestó. 

-Hola, soy Carol…

-¿A sigues viva? –Respondió Sebastián en tono sarcástico, no pensó que le alegraría tanto escucharla después de que terminaron – ¿Sigues en el hospital?

-Me dieron de alta ayer… Mi papá piensa que de nuevo me metí con pandilleros y me quitó le celular. – Suspiró con algo de tristeza. – ¿Cómo van las cosas?

-Quedamos cinco : Xena tiene dos rosarios, Alem también tiene dos, Chalo tiene tres, yo tengo dos y finalmente Luna con el suyo. 

-Que interesante…-Respondió sin intereses alguno, esa era una de las pocas en común que tenía en común con Sebastián.- Quisiera escapar de esto…sabes tengo miedo.

-Yo igual…

Inmediatamente cortó. No quería sentirse débil frente a ella, nunca más. 

Pasaron los días como si nada, transcurría la semana. Llegando al sábado de gloria, día de taller de teatro. José continuaba pensativo en transcurso del taller que sorprendentemente ensayaba arte escénico porque para la clausura tenía que presentar una obra. 

Sonó la campana y todos marcharon. José observo a Sebastián y este no le devolvió la mirada. Sentía que su amigo lo había abandonado por cuidar a Saana, deseaba contarle lo que le pasaba pero sería involucrarlo más.

Por un lado Saana seguía Sebastián, caminaron un par de cuadras hasta que Sebastián se cansa de ser acosado. Por un momento se creyó homosexual, una chica linda la seguía y él no le hacía nada, por otro Saana solo le había traido desgracias a su vida.

-¿Qué paso?-Preguntó despreocupado.- ¿Me quieres violar?

-No solo quería hablar–Respondió Saana con mucho miedo.- Lamento todo lo que te he ocasionado.

-Ja, bueno no importa.- Suspiró.- Iré a beber vino un rato. ¿Me acompañas?

Su mente se nublo, estaba sonrojada. “Una cita”, pensó y asintió sin dudarlo, a los segundos de caminar a su lado, perdida entre sus fantasías de niña enamorada reaccionó.

-¡Pero estamos con el uniforme! 

-Yo siempre traigo un polo debajo de la camisa.- “Hombre precavido vale por tres”, se dijo al ver el asombro de su acompañante.- Y tengo uno de cambio. – Buscó entre sus cosas en la mochila y sacó un polo negro.- Vamos al Megaplaza.

Ella asintió levemente emocionada. Él nunca había sido tan amable con ella, al menos no después de que ella lo dejó. Tomaron una combi hacia el centro comercial. 

A los 15 minutos llegaron.

Saana se cambió en el baño, Sebastián guardó las maletas por una moneda en un casillero del supermercado Tottus del recinto comercial. A los minutos ya habían comprado un vino de 13 soles con 50 céntimos. Buscaron un parque cerca para beber. 

Mientras tanto, José caminaba aburrido, observando a Yue salir de su casa. Había un anuncio de que se inauguraría pronto un restaurante de comida china. “Típicos chino que buscan poner un chifa en nuestro pais”, se dijo. 

José, notó que parecía raro que unas chicas vivieran en lugar como ese; sin embargo, tal vez estas podrían ser mayores de lo que aparentaban. Yue y hermana lucían de aproximadamente 16 años a 20, pero quien sabia de seguro ya iban por los 25 a 30 y gozaban de una buena salud. 

La primera en dar un sorbo fue Saana. Sebastián la observaba divertido, lucia tan inocente que era divertido. 

-Estas templando-Comentó. Se encontraban sentados bajo un árbol, se acercaba el atardecer y ambos se miraban.- ¿No bebes seguido? 

-Lo hice una vez con Marco y pues contigo el día de la discota-Respondió Saana observando su rostro muy marcado, parecía cansando y sus brazos muy anchos producto del entrenamiento que había recibido. No se había dado cuenta de lo guapo que era. Al menos no como era. – Lo siento. 

-¿Por? 

-Tú sabes por lo que paso en este momento y aun así me apoyas. Tu me gustas y creo que yo te gusto pero soy una idiota… 

-Pues ambos estamos jodidos… No tengo ninguna novia por si lo pensaste.- Se sirvió un poco más del vino y le sonrió.- Te apoyaré en todo lo que pueda…

Se había vuelto muy bueno mintiendo. Ya se sentía como ella, el vino le iba haciendo efecto. Recordó a Carol y sus mentiras, recordó que cada que iban a terminar estaba embarazada y cuando hacia la prueba con ella no lo estaba, recordó como ella manipulaba sus amistades y lo alejo de todos.

-Lo siento Sebastián, pero debo saberlo.  

De su bolsillo saco su rosario, Sebastián no tuvo tiempo de reacción. Había caído en esa trampa… “Desde cuando lo sabía”, se preguntó. No podía creer que había sido emboscado por ella. Abrió sus ojos y estaba con Saana aun bebiendo.  

-¿Eres el payaso?- Preguntó temblando.

-Si...

-Lo sabía…- Su voz empezaba quebrarse, se sentía nuevamente como un estorbo.- ¿Te gusto realmente?

-Si…

-También lo sabía.- Sonrió un poco, trataba de asimilar lo primero preguntado.- Bueno es todo lo que deseaba saber… ahora me entregaras tus talentos.

-No los he traído.

Cogió la botella y le dio un sorbo grande. Se sentía una tramposa, estaba con el chico que le gustaba hipnotizado y ya no sabía qué hacer. Le dolía imaginar que su amado era ese demonio payaso.  Se acercó a él y lo besó. Lo manipulo para que él le correspondiera. 

Los besos de Saana y Sebastián se volvían más fogosos poco a poco, pero ambos eran inconscientes de lo que hacían. Saana ya se sentía mareada. Se detuvo y lo miro, realmente sentía amor por él. No quería perderlo en ese juego.

-Háblame de ti, quiero saberlo todo.  

Él empezó a hablarle de esos chicos lo molestaban mucho, el por qué su personalidad era así. Él era víctima de bullying como ella. Se enteró de sus pasiones, miedos, todo lo que hubiera querido saber porque él se lo contará lo escucho. Se decepciono al saber que prefería chicas con un buen cuerpo y ella era una simplona. 

La tarde avanzaba y José se había acercado a la casa de las Long. Siguió a la menor por el parque Quipan, se las ingenió para acercarse a ella con la vieja táctica de la metida de hombro, no pensó que le saldría tan bien como para que ella le diera un puñete que lo dejara casi inconsciente. 

Gracias a eso se logró hablar con ella y tener una conversación fluida. José era todo un casanova era muy rápido cuando se trataba de ganarse la confianza de alguien.

-Tengo 21 años -Respondió Meilyn tapándose la boca pues estaba algo cansada. No le hacía gracia su situación. -¿Usted? Luce mayor.  

-Lo siento… te pregunto y no te digo mi edad-No sabe cómo responder, se ríe de forma estúpida. – Tengo 23, estudió Ingeniería industrial.

-Yo soy una pobre extranjera. 

-Me encantan tus ojos, son muy lindos –Comentó.- ¿No tienes dónde quedarte en la noche?

-¿Solo quieres sexo conmigo?-Preguntó Meilyn tratando de no caer el juego de José. Le excitaba sentirse deseada y más por un desconocido que había buscado hablar con ella de manera tan desesperada. –Si es así no tengo problema.- Pronuncio suavemente mientras José sellaba sus labios con un delicado beso- Conozco un hotel a unas cuadras…

Continuaron extasiados uno del otro dejándose llevar cada vez más hasta llegar. “Tiene un trasero suave”, pensó José besando sus labios a su cuello la continuaba besando mientras sus manos la acariciaban con delicadeza y descaro.

-¡Vamos!-Pidió Meilyn avergonzada, lo jaló del brazo a sus labios nuevamente. Caminaron un par de cuadras y entraron, Meilyn dejó su documento de identificación en recepción, José pago la habitación y entraron.  

Ella le sacó el polo a José y él empezó besar todo su abdomen, ella saboreo su tosca y canela piel bajando por su cuello llega su pecho, él le desabrochó con mucho cuidado el sostén y observó detenidamente sus senos, sin perder el tiempo se lanzó contra ellos. Sabían delicioso. 

Era tarde de brujas y ella se sentía mareada, eufórica y triste. Él no sabía ni si quiera lo que sucedía.  

-Creo que ya no puedo seguir… 

Guardó el rosario nuevamente, espero unos minutos que se le pasara el efecto y se haría la loca, como si nada hubiera pasado y todo siguiera su curso. Habían pasado una tarde relájala según ella. 

-Estaba bueno el vino…

-Si.- Tristemente Sebastián no era idiota, sabía lo que había pasado y tenía que deshacerse de ella. Le había jugado sucio, pero no tenía como defenderse. Solo le quedaba seguir la corriente.

-Seré tu pareja de promoción… Rossy es muy linda. Creo que es tu única amiga que es mi agradó. Aunque sea tu ex es muy linda. ¿Cómo estuvo con un bueno para nada como tú? ¿Cómo es que yo quiero estar con un bueno para nada como tú?

-¿Eres débil al alcohol, no?- Consultó suspirando. A él también el aire le estaba afectando.- Ya regresemos. 

Caminaron de regreso al centro comercial, dejaron la botella en un tacho de basura. El viento corría fuerte y no era bueno para Saana, el propio Sebastián se sentía mareado. Entraron al recinto y buscaron los casilleros donde se encontraban sus cosas, debían cambiarse y volver a casa. 

Entre la entrada del supermercado Tottus y algún banco comercial había una puerta de personal autorizado. Saana no pensaba con claridad, sentía ganas de hacer locuras. Ya era de noche y deseaba llegar lejos en esas tinieblas. 

Se sentía simplona, quería escapar con él. Observó la puerta y a Sebastián distraído. Tal vez esa sería la última vez que compartiría con él. No quería ser una niña buena, deseaba ser su chica. Deseaba meterse en problemas, quería vivir, quería su amor.  Era su cuento de terror, si iba perder su vida nuevamente deseaba vencer a los malos o por lo menos disfrutar ese día. Lo cogió del brazo y lo jalo hacia aquella puerta. 

-¡Se mi novio! Sin ti… sin ti… no quiero estar sin ti.

Empezó a llorarle, estaba eufórica.  Se inclinó hacia sus labios y lo besó. A los segundos sus lenguas batallaban como aquel día en el que fueron aquella discoteca. Le encantaban aquellos besos, nunca había dejado a nadie además de él, besarla de aquella forma. 

Tomó la mano derecha de él y la colocó en su trasero. Sabía que a él le gustaban de pompas grandes y ella no tenía. No contó que sus manos irían debajo de su falda. Se estremeció al sentir su tacto, aquellas manos toscas. 

-No tengas miedo…-Le susurró al oído, luego continuo besándole el cuello. Empezó a acariciar su cuerpo mientras rosaba su miembro con la intimidad de Saana.-No puedo parar… -Susurraba mientras sus cuerpos se acercaban más. 



Entonces, cayó su falda seguido de su polo. Se alejó tenía miedo, todo su valor se había esfumado. Él la miró y abrazó.  Se dieron un beso más y en un descuido de ella, él bajó las bragas.

-Se gentil…

Su voz se entrecortaba, parecía agitada. 

-¿Quieres parar?-Consultó. 

José continúa besando la intimidad de la asiática menor, dejando el tiempo pasar en un momento eterno un pequeño grito se siente en la habitación. No se consideraba bueno pero parecía que lo hacía bien. Su ego estaba por los cielos, era una chica mayor y su cuerpo era como el de una piedra preciosa. Único, delicioso y bello a la vista de cualquier mortal. Incluso considero que si una chica la observaba desnuda le brotaría un pene por arte de magia.

Meilyn era hermosa. 

-¿Cuál es tu nombre?-Preguntó muy agitada.- Hace mucho que no hago esto… ¡Ah! 

-Gerson…-Mintió sin detener las envestidas. Era un sueño mojado, su primera vez tirando con una desconocida. 

-¡Ah Gerson! ¡Ah! - Gritaba Meilyn extasiada de placer arañaba la cama. Tenia intenciones de volverlo loco. 

Luego de algunos minutos se cambiaron y salieron. Habia sido toda una experiencia para ellos, sobretodo él. José pregunto su nombre, no quería parecer desinteresado.

-Ohany.- Mintió. 

Él le sonrió e intercambiaron números. Era obvio que ella no le daría sus verdaderos datos a un desconocido que solo buscaba sexo casual. Caminaron unos minutos y luego José le marcó deseaba asegurarse de tener su número guardado. La llamaba continuaba en lo que el chico de lentes observo a la Long mayor acercarse. 

-¡Bueno nos vemos!

Escapó rápidamente en lo que llegaba la mayor, notó el detalle de la llamada y empezó a grabar lo que se escuchaba. Se escondió en un chifa al paso, aquellos de que se preparaban en la calle cubierto por una carpa verde y cada plato salía con caldo de gallina sin presa.  

-¿Qué te pasa pareces asustada?-Preguntó Yue. Observo hacia donde estaba José pero no lo reconoció – ¿Estas saliendo con alguien? Te ves agitada.- Le bajo un poco el polo y notó las marcas en su cuerpo.- ¿Si quiera sabes quién es?- Se notaba el fastidio de la mayor. -Bueno, ya está todo sobre la caída de Sebastián. El viernes de la próxima semana, habrá una fiesta en el salón de Recepciones ´PALACE´, estará el hay junto a Xena, todo está listo.- Explicó Yue con una sonrisa en los labios.- Pronto todo acabara. 

-Ya veo…. Bueno debemos tener cuidado ese tipo es de lo peor –Agregó Meilyn refiriéndose a Sebastián.

-Jaja, es diferente eso me atrae mucho de él –Respondió Yue dejando salir una sonrisa – Bueno, vamos a cenar algo. 

-No me digas que te estas enamorando de él –Dijo Meilyn molestándose-Ni se te ocurra ese tipo es un demente…

-Tal vez me acueste con él. Si quiera lo conozco más que con él que te acostaste. –Respondió Yue encaminándose a algún lugar donde comer con su hermana.  

“Sebastián Gonzales….si tan solo… si tan solo nos hubiéramos conocido en otras circunstancias… yo, bueno yo no tendría que matarte”, se dijo a sí misma. “Que interesante…”, pensaba José. Se preguntaba como su amigo tenia tanto jale entre chicas orientales. 

Por otro lado a Sebastián y Saana no les había ido muy bien. 

-¿Qué paso con Saana?- Consultó Rossy maquillándose. Ya se había hecho las coletas y colocado la pintura blanca.- Me encanta su estilo…

La semana siguiente de escuela, Sebastián se dio el lujo de faltar, aunque Saana extrañaba su presencia, confiaba en él sabía que la recordaba y después de ese día tenían un lazo más fuerte. Aun como terminó ese día que estaba siendo tan especial para ellos. Él la había respetado. 

-Pues, no hicimos nada. Llegó su papá y se la llevo. 

Había llegado el  tan anhelado viernes. Llego el quinceañero de Jennifer a tan solo unos minutos, unas cuantas horas para ser exactos. 

-¡No jodas! ¿Qué paso?

-Me gritó, la gritó. Todo fue porque ella estaba ebria.

Todos los invitados se alistaban mientras tanto en el local Yue y Meilyn estaban entre los ayudantes esperando el momento preciso. El PALACE tenía tres pisos, con ambientes distintos y los padres de la celebraba habían gastado lo necesario para que su hija nunca olvidara aquel día. 

-¡Que piña son ustedes, pudin!

-La luna tiene una hermosa sonrisa… –Comentó.- ¿Lista, Harley? 

- ¡Archimegahiperlista Mr. J! 



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