jueves, 29 de diciembre de 2016

El mundo, según Lunática - capítulo 7

Harakiri 

Como el náufrago metódico que contase las olas que le bastan para morir;
y las contase, y las volviese a contar, para evitar errores,
hasta la última,
hasta aquella que tiene la estatura de un niño y le cubre la frente,
así he vivido yo con una vaga prudencia de caballo de cartón en el baño,
sabiendo que jamás me he equivocado en nada,
sino en las cosas que yo más quería. 
Autobiografía- Luis Rosales

Soplaban los vientos de cambios, tiempo de enfrentamientos se acercaban como animales salvajes asechando. La desolación del canto mortal de aquellos que fueron cayendo, no nos dejaba nada más que las ruinas de los cimientos de lo que antes fuese el más grande imperio. Están también aquellos que preparan el caos, esos que buscan el dominio de su codicia y otros que lo impulsan, pero por motivos más nobles. Sus mundos. 
-Siguen siendo drogas…
Me dije viendo la nada, la absoluta oscuridad. Esa voz en mi mente de nombre Cafeína me había explicado sobre los serafines, aquellos que mantenían un equilibrio entre lo espiritual y mundano, básicamente no hacían nada más que existir ; sobre los herejes que llegaban a este mundo, el de las deidades, y como cambiaría el balance de todo si no aceptaba ser el nuevo Oráculo. Estupideces a mi parecer, que me obligaban a aceptar algo que no deseaba. 
-Anímate, es muy divertido.  Además, somos triunfantes en la vida. 




Su voz era suave y relajante, a pesar de ser solo un alma sin cuerpo, cuando la vi por primera vez me dejo desencajado. Dentro del espejo era una completa irracionalidad.  Una mujer de cabello corto y color café, vestido floreado y pegado, grandes piernas y caderas envidiables, de tez blanca y cachetona de cara como de trasero. A primera impresión mí pene se hubiera enamorado completamente de aquel bombón. 
-Es fácil para una exescritora con cuerpo de actriz porno- Respondí. Habían pasado un par de días en los que Galia no me dirigía la palabra. Durante ese tiempo converse con Yliana, Giancarlo y Cafeína, no eran días aburrido, al menos. No era mi culpa que ella fuera una arrastrada. 
Era culpa de ella. Culpa de haberse convertido en lo que era ahora. Una arrastrada, drogadicta, desequilibrada mental, inmadura, estúpida y mil sinónimos más. 
-Tus padres fracasaron al criarte, Santos.     
“Mientras unos lloran en la soledad a sus muertos, otros revelan sus sentimientos más ocultos y se esfuerzan por torcerle el camino a aquellos que buscan la verdad”, recordé aquel fragmento del libro del mismo nombre. ´Tus padres fracasaron´ al criarte de Felipe Ribeyro Llosa, un gran escritor de mente podrida.   
-¿Eres fan de Ribeyro?
-Soy Ribeyro.
Ribeyro era tal vez el escritor peruano más conocido de su época, un hombre de 42 años que había perdido el juicio, interno del hospital psiquiátrico Larco Herrera. Mucho se dice que las drogas lo llevaron a la locura, otros que la separación de su esposa y la muerte de su hija. Una mañana intranquila salió a la calle gritando, cogió una comba y destruyo tres autos, robo ocho blusas a mujeres y se las amarró a los brazos, llegó hasta un grifo de automóviles y se bañó en gasolina. Finalmente fue detenido antes de prenderse en fuego.  
Durante su estancia en el centro psiquiátrico solía creerse la nieta de Abimael Guzmán, la elegida por el Señor de los Milagros, el cristo morado, para salvar al Perú de la corrupción.  Entre otras sandeces, gritos, mixtura de idiomas que eran más que suficiente para saber que le patinaba el coco. 
-Sí, soy Felipe Ribeyro. Cafeína para los amigos. 
Definitivamente esa chica espiritual estaba mal de la cabeza e indiscutiblemente  estaba bien rica. Y tenía pene. 
-¿Con quién hablas?- Se me erizó la piel al escucharla. Era Lunática. - ¿Hay alguien aquí? ¿Picachu?
-Nadie.- Respondí. El espejo te permitía abandonar tu cuerpo, mientras este se encontraba un estado vegetativo, Lunática ya lo había hecho antes y de seguro Yliana también debería poder.- ¿Se te paso?- Cambie el tema. Si me hablaba de seguro ya se le había quitado lo idiota. 
-¡Puaj!- Parecía que no. Era la misma berrinchuda que terminé odiando años atras.- Jaja, sigues igualito que antes. Vamos a pasear un poco.
“Y tu eres aún más inestable que antes”, me dije asintiendo. Aún estaba a oscuras y no podía distinguir si Cafeína seguía rondando por aquí. Según me comento Giancarlo los cuervos no se acercaban cuando había un serafín cerca. Este mundo, el espejo era propiedad de ellos y al llegar aquí nosotros, lo contaminábamos. Ellos eran ángeles y este su reino. 
Galia se cambió y me pidió que le digiera como se veía. Posiblemente nos encontraríamos con su novio y yo detestaría eso. Suspiré y abrí mis ojos al espejo. Cada vez podía pasar más tiempo ahí, según Giancarlo cuando fuera el próximo Oráculo los podría mantener abiertos siempre. No deseaba eso, deseaba mis verdaderos ojos. El espejo de la luna era un estado mental y espiritual pero no la realidad. 
-¿Qué tal?




-Preciosa…
No lo pensé. Simplemente floreció.
Noté un sonrojo en la sonrisa de ella. Aquella expresión me llevo a unos años atrás con ella preguntándome como se veía y respondiéndole un simple “si”, que la hacía enfurecer. Realmente era una muy idiota de mocoso. Me preguntaba qué había pasado esa noche cuando terminamos. Según me contaron las malas lenguas ella se acostó con Pietro. 
-Gracias, solo no te enamores.- Empezó a sonreír, ella aun no sabía que ya había descubierto su identidad. Pero sentía la necesidad de conocer esa nueva persona en la que se había convertido- Vamos a cenar y luego te llevaré a tu vieja escuela. 
A veces pensaba que era tarde y que reencontrarla había despertado esa sensación de regresar con ella. Sin embargo, la nueva ella, Lunática era un dolor de cabeza, uno muy agridulce en mi vida. Lo cierto e indiscutible fue que regresara a mi vida le dio un giro, como aquel entonces. Casi no pensaba en Kelly y mucho menos en mi familia. Yo seguía perdido, tragado por el mundo hace casi seis meses y ellos ni el intento de saber si vivía. Suspiré. 
Caminamos durante unos minutos, a ella le agrada que la vieran como el alma caritativa que apoyaba a un ciego que extrañamente no tropezaba y caminaba mejor que una persona sana. Me invito una alita broster y luego llegamos a la vieja escuela. No hubo nada relevante, solo unos recuerdos melancólicos. Deje de ver a los minutos, sería peligroso si nos encontrábamos drogadictos. 
Los drogadictos amateur no logran distinguir la realidad y el espejo. Posiblemente nos quieran golpear pensando que somos cuervos o nos metan punta, como suelen decirlo ellos, por algo de comer.  
-Yo le metía la mano debajo de la falda a mi ex detrás de ese árbol. 
Noté una risa contenida, no sabía si era porque no señalaba ningún árbol o porque recordaba que le metía la mano por allá. 
-La flaca debía ser bien estúpida para dejarse hacer eso en público.- “Más estúpida la que se dejaba los cachos por amor”, quise responder.- Yo también tenía un novio en la escuela. Era un idiota. 
-¿Era yo?- Consulté sin pensarlo. Yo era una persona demasiado contradictoria e impulsiva.  Deseaba continuar con su juego, pero deseaba saber que era verdad y no solo un producto de una extraña imaginación mía. 
-Ya quisieras… yo tengo buen gusto, ni muerta contigo.- Suspiró, ya era hora de regresar. Esta no era tierra santa.- Él se aburrió de mí y pues lo dejé. Se volvió un puto mujeriego y yo seguí con mi vida. 
-Yo me iba casar y mírame ahora. 
Las relaciones eran peligrosas a largo tiempo. Luego de Kelly también lo noté. El auge del amor era la ficción, las mejores historias de amor no terminaban simplemente quedaban en vivir feliz por siempre, en que la pareja lograra estar junta o simplemente el nacimiento de un bebe. Sin embargo, en la realidad esto se perdía. El tiempo era el principal enemigo de los sentimientos. 
-Tu eres un…- Me tocó el rostro, odiaba cuando me trataba como un niño.- cojudo.  Jaja. 
Fruncí el ceño. No me gustaba esta vida. Mi existencia necesitaba un nuevo sentido, luego recordé a Giancarlo, ese gordinflón me ofrecía lo que buscaba. 
-¿Qué planeas hacer conmigo?
-Ya te dije. Te cuidaré hasta que seas tú mismo, luego te regresó a Pucusana.- Sus manos se dirigieron hacia mi cabello. No era su hijo para que me traté así.- Y bueno espero que me reconozcas algún día. 
-Si yo soy completamente distinto a lo que era. ¿Qué te hace pensar que tú aun eres como te conocí?
-Porque soy una amiga que te quiere mucho y se preocupa por ti. – Me jaló del brazo.- Tú te volviste un idiota, yo una chica patética.
Y con aquella frase me fui a dormir. Yo era un idiota y ella, patética. Recordé aquello que escondía en sus cajones. Quise preguntarle si lo había usado, por qué era tan importante para ella el espejo, por qué no dejaba Grillo si ella era perfecta y el un mujeriego. Pero como casi toda mi vida callé, reprimí mis deseos y nuevamente me hice un harakiri al corazón y amputé mis sentimientos como aquella noche en la que terminé con ella y luego de sentir la libertad, lloré como un estúpido; como cuando confié en mi vida con Kelly y pues a decir verdad quien con sentido común se deseaba casar.
La historia de un cobarde, esa era mi vida. 
A la mañana siguiente todo volvió a su curso. Durante el día Lunática trabajaba y yo la pasaba junto a Yliana o Giancarlo, debes en cuando venia Cafeína, aunque esta última me confundía. Sin embargo, la rutina pronto desapareció con el pasar de los días.
-Grillo no fue de nuevo trabajar. Tampoco me contesta el teléfono. 
Yo sospechaba que de seguro se quedó dormido en alguna orgia, de esas en las que se pasaban días enteros. En el peor de los casos estaba en partes, entre varias personas que necesitaban órganos para vivir. 
-Pondré una denuncia… 
Ya era una semana que el tipo no daba señales de vida, incluso para mi había dejado de ser divertido. Galia cada día se veía más preocupada. En el hospital ya le habían mandado un par de memorándum por andar tan distraída. Quería ayudarla pero nuevamente era un inútil. 
Al día siguiente todo estalló. 
La noche anterior no había llegado a dormir, quise imaginar que su novio había reaparecido y habían pasado una noche juntos. Sin embargo, no fue tanta su suerte. Llegó aproximadamente a las tres de la madrugada y podría afirmar que no durmió bien. Extrañamente me había acostumbrado a escuchar su respiración antes de dormir.  
-Renuncie. – Su voz era fría. La desconocía una vez más.- Yo… no sé cómo decir esto pero,
-¿Lo buscaras por el espejo?- Me apresuré.- Supongo que para eso soy un estorbo. 
Deseaba apoyarla. “Tú te volviste un idiota, yo una chica patética.”, resonó en mi mente. El patético era yo. Me frustraba sentir su voz quebrarse, me atormentaba ser una carga y me odiaba por haberme sentido feliz de que ese tipo desapareciera, no porque le tuviera estima; sino, más bien porque no deseaba verla así. Como aquella noche en la que bese a Yossy frente a ella. Era un mal momento para recordar eso.
-Aun siento que esta por aquí… se le debe haber pasado la mano con las drogas…
-¿No era un querubín?- Consulté. Ella sabía que estaba con un impostor. - ¿Lo sabias? Aun así le eres tan devota… 
-¡Basta! No quiero que me critiques en este momento. – Noté el ambiente cargado. 
“Estúpidas drogas”, me dije. La marihuana me había hecho perder el juicio en aquella fiesta. Yo le había sido infiel, luego de eso ella me terminó. Abrí los ojos en el espejo, ella tenía los ojos cristalizados. Su aura se tornaba gris, la aureola que la coronaba chispeaba.
-No usaras la cocaína… Si se pierden los dos…
Una sobredosis de drogas fue lo que asesinó a Pietro. Lunática iba por el mismo camino. Comenzaba a odiar todo lo que representaba a ese mundo que ella amaba. No era seguro. Estar metido en el espejo era un suicidio a largo plazo.
-¿Revisaste mis cosas? No me jodas… -El tono de su voz era como el de antaño. Como aquellas que peleábamos por cojudeces. – Ni si quiera estando ciego haz dejado de ser un egoísta.  Mi vida no es tu problema. – Notaba que intentaba controlarse, pero incluso yo era consciente de que debían mandarme a la mierda.- Mañana empezaré a buscarlo. Le diré a una amiga que te cuide.
-¿Cómo a una mascota?
-No lo tomes así. No estaba entre mis planes que pasara esto.
Y con esa idea tuve un sueño intranquilo. Había recordado todo lo de aquella noche que terminamos. 
Perdí el conocimiento a la tercera golpeada del troncho, vi a una chica sonreírme; ahora que lo pensaba se parecía mucho a Cafeína. Ella me jaló aun lado y me preguntó que me pasaba, me dijo que Pietro intento besarla. Yo no le creí, le respondí que Pietro era mi hermano. 
Ella me cogió del cuello y me besó, no entendía que le pasaba. Regresamos a la reunión. Baile como estúpido con Yossy. Ella me volvió a jalar a una esquina a hablar, la sentía peor que a mi madre. “¿Acaso te llego al pincho?”, recordé. 
-Soy el rey de los huevones… 
-Solo un poco. – “¿Desde qué comento estaba aquí?”, me pregunté. - ¿Quieres que te lleve con el falso querubín? Su cuerpo esta botado en lugar no muy bonito, pero me temó que su conciencia deambula por el espejo. 
-¿Eso qué significa?
-Está prácticamente muerto. Dos pastillas para dormir y fumó dos porros de marihuana con cocaína. 
No tenía idea de la hora, pero a juzgar por la luz que iluminaba las sombras en mi ceguera. Tal vez las 5 a. m. o 6 a. m. No podía irme así nada más. Ignoré la voz de Cafeína que rebuscaba la habitación de Galia, ella no lo notaria. Técnicamente Ribeyro era una alma en pena travesti.   
Cerré mis quemados ojos una vez más. Quise volver a ese momento, pero en vano. Ya no recordaba más que las lágrimas en sus ojos preguntándome si me llegaba al miembro viril. En vez de eso imágenes extrañas llegaron a mi mente, deja vus de personas hablándome. Me preguntaba si Giancarlo aún estaba con vida, él podría encontrar a Grillo rápidamente. 
Al par de horas Lunática me levantó. La acompañaría durante la mañana y luego me quedaría con alguien más, por más que insistí no quiso decirme con quien. Bebí su asqueroso jugo de zanahoria y tomé las pastillas que me daba cada mañana.  Ella hablaba lo suficiente, no era como otras veces que me irritaba la paciencia, parecía solo querer terminar rápido con eso.  
Entre al espejo sin que ella lo notará. Ya había aprendido a fingir ser un ciego en ese estado. Recordé aquella vez que le toque el culo y me golpeo y con miedo noté que usaba un top y seguía en calzón. Yo que lo veía era si bien un producto de mi imaginación, la sombra, es decir la esencia, era esa. Yo imaginaba el color, la forma o el tipo, pero era seguro que usaba ropa interior. 
Detrás de ella estaba cafeína sentada en el sofá durmiendo. Me preguntaba como reaccionaria Galia si se drogaba y la veía invadiendo su casa. 
Alas horas ya se había cambiado y ya íbamos a salir. Ella se sentía mal de tratarme como mascota e iría conmigo a buscar durante el día, luego sería nuestra despedida. 
-¿Por qué no esperas a que la policía te de noticias?
-Ya espere mucho de alguien antes… y termine haciéndome un harakiri al corazón, solo para no tener más sentimientos. 
Mi mente se perdió entre errores. Aquellas palabras me dejaban paralizado espiritualmente. Ya no entendía casi nada. Si yo era parte del mundo de alguien más, lo golpearía por joderme tanto. Si, golpearía a Oráculo cuando lo viera. Dudaba de cada paso que daba, no me creía capaz de nada. 
-Oye…- Galia se mantenía callada durante el camino. No quería verla, asi que me costaba caminar. Era nuevamente un ciego.- ¡Santos!- No quería escuchar su voz.- Esta bien, si estuve ese día.- Cafeína era un dolor de culo, no podía responderle, no sabía por dónde andaba y seguía jodiendo.- ¡Ya pasaron las dos semanas! Debemos buscar a Giancarlo. Te prometo que yo te explicaré todo.- Era solo una voz. Tal vez yo había perdido el juicio en realidad.- Santos… 
No le hice caso, continuamos avanzando. 
-Espera… mierda.- Aquella voz sonaba preocupada. Era la primera vez que Galia hablaba desde esa fatídica mañana- ¡Avanza rápido!
Me jaloneo un poco. No sabía dónde estábamos. 
-Estamos pasando por una zona nada santa. En este momento los siguen unos tipos.- Deseaba callar a Cafeína.- Estúpido destino. Es tal como lo dijo ese idiota… volteen a la izquierda, por ahí encontraran ayuda.
Sentía que todos jugaban con mi vida. Yo solo deseaba quedarme en casa, en aquel pueblo pesquero donde vivía tranquilo. Apresuré mi paso. 
La ignoré. 
Sin embargo, Galia me llevó para ese lado, sus manos sudaban mucho. Su delicada y suave piel, la que lograba estremecerme con solo el contacto, estaba sudosa y grasosa. Me provocaba nauseas. 
-¡Doctor!- Esa jodida voz. – Vengan rápido. 
De pronto perdía el sentido. Mi cuerpo fallaba. Galia me levantó. Me empezaba a doler la cabeza. 
-Ya perdiste flaca. 
-¡Déjalos concha tu madre!- Grito Oráculo. Ese gordo estúpido no podía hacer nada.  
Galia me soltó y caí de rodillas. Me dolía, sentía que sangre brotaba de una de ellas, pero no distinguía cual. Cuando la sangre se pegara al pantalón seguro dolería. 
-¡No! ¡Ahora no! ¡Puta madre Giancarlo!
La voz de Cafeína era un grito de desesperación. Galia no notaba lo que pasaba. 
Mis ojos se aclararon de pronto, no había entrado al espejo. Pero vi claramente a Cafeína frente a mí extender la mano hacia aquel tipo que parecía un terrorista islámico. 




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