Demonios internos - capítulo 17

Chica payaso 

Todo empezó tan rápido que me costaba asimilarlo, apenas hace unos segundos estaba con Linda, ambas ubicamos con rapidez a Antonia, efectivamente era la chica que salió con Vladimir. Esperamos a que este soló, en eso nos llegó un mensaje de texto de Lizbeth, “Salió de su habitación, parece ir a la cocina.”
Inmediatamente nos escondimos, observamos a Antonia con otra chica preparar algo de comer, no parecía que siguiera sufriendo; sin embargo, después de lo que ese tipo le hizo al a novia de Enrique, no podía  dejarme guiar por las apariencias. “Mensualmente me mandaba una parte de ella: Oreja, cabello, nariz, su pezón…”
-Akemi, aguanta la respiración –Me indicó Linda, no tuve objeción y lo hice- Si sus sentidos son como los de Vladimir, escuchara nuestra respiración. – Explicó aunque, ya le había hecho caso.
El ángel entró a la cocina, inmediatamente Antonia y la otra chica se inclinaron ante su imagen y bajaron la mirada, no le daban la cara, como si no fueran dignas de él. 
-Esta asqueroso– Comentó luego de probar su cena. –Realmente no pueden hacer nada bien.
-Lo sentimos, mi señor –Dijeron ambas mucamas al mismo tiempo. – No se repetirá.
Era cruel; sin embargo, Antonia parecía tranquila, “¿Si cometimos un error?”, me dije. No, eso no podía ser. Enrique habló con su padre y él presencio cuando Zelig mato a su hija menor delante sus hijos y los de Antonia. Linda tomó mi mano sacándome de mis pensamientos.
La otra chica salió de la cocina, era el momento Linda salió primero e inmovilizó a Antonia, era muy increíble. Le tapó la boca; mientras, juntaba sus pies, la chica cayó al suelo con ella encima.
-Tranquila, no te haremos nada…
-Estamos aquí para salvarte. –Agregué, mientras cerraba levemente la puerta de la cocina, en ese instante me llego otro mensaje. “Está tomando una ducha, tienen aproximadamente de 5 a 15 minutos.”
Pasaron unos minutos para que Antonia se tranquilizara , me pregunte qué harían Enrique y Dominic, Lizbeth nos informaba a ambos grupo , tal vez con Omar y Tamara hubiera sido más sencillo, me preguntaba que se sentiría ser libre o expulsada.
-¿Quiénes son ustedes?-Preguntó temerosa- Si el amo las ve, las matara…
-Tranquila vinimos a salvarte –Respondió Linda –No te pasara nada, lo prometo. 
-Si quieren salvarme…-Su voz se reducía –Mátenme…por favor solo así seré libre –Pidió, su mirada tenía mucha determinación y tristeza.
-¿Qué?- No podía creerlo, ¿morir?- No haremos eso, te salvaremos…
-Mi única salvación es mi muerte….-Empezó a sollozar.- Quiero acabar con esto… pero no tengo el valor suficiente para hacerlo yo misma.  
-No digas eso.- Respondió Linda – La muerte es una tipa estúpida. 
-No, no quiero saber nada más de esta vida –Empezó a desesperar, con todo lo que había pasado esta chica solo deseaba morir, en algún instante de mi vida me sentí así también, rogando que me salvaran que llegara el día. Pero, ella había sufrido aún más que yo.
-¡Date una oportunidad! –La abrasé. –No elijas morir… ¡Vivé!- Rogué, realmente me sentía demasiado mal por ella. Era tan frustrante tener una persona como ella al frente. Recordé todo lo que había pasado por un estúpido padre. 
-Akemi….-Linda también dejo salir una lagrima.- Todos pedimos ser salvados, por favor ven con nosotros. 
-Ustedes no lo entienden…- Respondió – No tengo un por qué 
Un largo silencio se sintió, una chica que había perdido todo,  su padre nunca le dio la más mínima atención, su madre murió hace mucho, fue violada incontables veces y nadie la ayudo, quedó embaraza y su padre la obligo a abortarlo y la castro, como una animal, quiso vengarse y nuevamente fue sometida por los que le arrebataron todo y estaba vez con su hermana también. Creyó ser salvada pero apenas empezaba el infierno, una vida con Zelig. Cómo podía responderle, cómo podía pedirle que vivirá si no tenía un por qué. 
-Lo sospeche, gracias por el lindo detalle. –Se limpió las lágrimas. –Pero, no quiero arruinar sus vidas también.
-¡No!- Grite, quería ayudar a esta chica pero no podía. - Ven con nosotros, no quiero que mueras, quiero darte una vida feliz, quiero que puedas olvidar todo y empezar de nuevo, por favor.
Me había vuelto una llorona, pero no me molestaba. 
-No tengo un por qué, solo soy una muñeca usable. Lo perdí todo.-Sonrió mientras se limpiaba los ojos –Me alegra que papá este bien, díganle que lo quiero. No iré con ustedes.
-Por favor –Pedí una última vez- Ven, se lo que has pasado no puedo permitirme dejarte aquí. Aunque no quieras yo te salvare como él lo hizo conmigo, yo te alzare yo te cuidare. No renuncies a vivir.
-Akemi…-Linda estaba resignada, no me rendiría.
-¿Por qué pelear contra mi destino?-Preguntó ella-Yo nunca pedí vivir lo que me tocó, yo quería ser una chica normal, quería que papá este orgulloso que mamá estuviera feliz desde arriba 
- ¡No pelearas sola! –Grite, realmente estaba afectada, incluso Linda me contuvo pero la mande a un lado – Aunque sería absurdo compararme contigo, siempre quise llamar su atención pero nada servía, siempre quise escuchar un  “hija estoy orgulloso de ti”. Pase cosas horribles que no le llegan ni a los talones a las tuyas, pero quería ser salvada por él, quiera gritarlo “Papá sálvame”, pero era una cobarde hasta ese día, ese chico me salvo me dio otra oportunidad. Me cuido y logré vivir nuevamente experimentar lo bueno de tener amigos, una nueva vida. 
-Si voy con ustedes…-Susurró débilmente Antonia, mientras  Linda me abrazó por la espalda, teníamos un lazo todos un lazo más fuerte que Vladimir nos dio, una hermandad y no me rendiría hasta que Antonia estuviera con nosotros.- No mueran… 
Sin pensarlo Linda y yo la abrazamos, nosotros recibimos una segunda oportunidad, ella merecía una también, debía poder sonreír ser feliz.
-¡Mierda!- Soltó Linda luego de revisar el celular. “Enrique y Dominic la cagaron, están peleando con las siervas de Zelig, tenemos 1 minutos para escapar”
Abrimos la puerta de la cocina, notamos en la sala cinco chicas contra Dominic y Enrique, mientras que otra observaba, tenía dificultades; sin embargo, Enrique dominada, apenas Dominic nos vio le lanzo las llaves a Linda.
-Los alcanzo luego –Dijo Enrique. –Esto es muy personal.
-Yo me quedo. –Dijo Linda tajante, fue al lado de Enrique, el escape estaba a cargo de Dominic y mío, Antonia se veía preocupada.
Salimos apenas pudimos, buscamos el auto con la vista, me preocupaban Enrique y Linda, pero ellos podrían escapar con facilidad, aparte Enrique era la llave maestra del grupo, no noté que me olvidaba de algo o tal vez de alguien.
Pensamos que el auto era fin de todo, pero este salió volante una persona estaba ahí, era alto y rubio, me maldije cuando lo reconocí, era Zelig.
-Se van tan pronto…. —Gruñó – Antonia tú me perteneces. 
Me detuve en seco y puse a Antonia detrás de mí, Dominic no lo dudó y disparó contra él. La deidad solo se burló, en un instante, estaba delante de él. Un fuerte golpe noqueó al maestro frente a mis ojos. Realmente era muy fuerte.
Solo logré oír un par de pasos sobre el césped, lo próximo que sentí fueron sus duros puños en mi estómago. “¡Maldición!”, me dije. Era peor que Diego. Fue tonto pensar que podría hacer algo. Alcé la mirada y vi sus ojos de felicidad. 
-¿Cómo te atreves a verme a los ojos? –Dijo mientras recibía una patada, fui contra uno de los árboles de su jardín.
Me dolía demasiado, por poco perdía la conciencia. 
Mordimos más de lo que podíamos masticar. 
Observé una sonrisa arrogante en su rostro. De su mano comenzaba a brotar electricidad, parecían pequeños relámpagos. Mis piernas empezaron a temblar, rezaba no orinarme frente a él. Pero, tenía mucho miedo. 
Escuché vidrios romperse, desde el segundo piso de la casa caía Lizbeth sobre Zelig. Esa chica era asombrosa no parecía tenerle ningún miedo, esta lo tomó con una llave en el cuello tratando de detenerlo, su mirada me decía corre. Raizer lanzó un grito y todo su cuerpo fue cubierto por una capa de relámpagos, sus cabellos se lanzaron por la estática, por un momento pensé que era un sayayin, luego me recriminé por pensar eso en un momento así, Lizbeth se levantó apenas, éramos las dos contra él fue; entonces, que lo escuché. 
-Vaya sí que son idiotas…
-Vlaaaadimiir…- Estaba exhausta, él se mostraba molesto era de esperarse,  nos revelamos y traicionamos su confianza. Ahora él venía a salvarnos de ese ángel con risa de demonio.
-Por fin das la cara Anderson – Dijo Zelig mientras se tronaba los puños –Hagamos esto divertido.
Suspiró, mientras se colocaba en posición de pelea – Eres consciente de lo que sucederá.
-Tus patéticos ciervos fueron el aperitivo, apenas reconocí a la mocosa me di cuenta que tu estarías aquí y los deje vivir.-Una media sonrisa se dibujó en sus labios –Nunca pensé que los mandarías a ellos en vez de venir tú.
-Te equivocas… no los mandé.
-Jajaja, eso lo hace aún mejor –Respondió con los ojos llenos de excitación, estaba aterrada nunca pensé que existirían monstros como ese.- Ellos te traicionaron.
-Me clavaron un puñal en la espalda…Incluso tu Lizbeth- Observó con desdén a la chica que alguna vez fue su hermana, ella no le dio cara. Era obvio, la habíamos cagado…
-Vladimir….- Antonia aun no lo creía, era el chico con el que salió.
-Te dije que tendrías un príncipe azul. –Respondió.
Zelig fue el primero en atacar, yo me quedé en mismo lugar observando. Antonia estaba detrás de un árbol y Lizbeth por otro lado con la mirada cabizbaja, no quería darle cara a Vladimir, su hermano, no consideramos antes de planear esto el vínculo de ella y Vladimir. Fue estúpido convencerla de ayudarnos, pero eso lo solucionaríamos después que Vladimir acabara con Zelig.
Era solo puños y patadas. Ambos eran rápido, pero ninguno hacia uso de su poder sobrenatural, aquel que los convertía en deidades para nosotros. Alguna vez escuche de mi padre o madre tal vez una tía, no lo recordaba con claridad, que los ángeles envidiaban la vida humana y la libertad demonia.  
-Es todo el poder del sucesor del Rey Balhor- Cuestionó Zelig tomando el brazo de Vladimir, lo alzo lanzándolo contra su casa, este no dudo saltar sobre y empezar a golpearlo, 
No podía creer que estaba perdiendo. Lo tomó por el cuello y destruyo una de las paredes con su cuerpo, luego lo lanzó hacia donde estaba. Vladimir se levantó con facilidad, pero un hilo de sangre baja de su frente, los ojos de Zelig se iluminaron.
-Tan bajo Anderson. ¡Jaja! –Las carcajadas del ángel eran aterradoras, pero me daba más temor saber que Vladimir sangraba, era como un humano. Él podría morir… 
-Yo no le veo lo divertido- Comentó con ironía, pensaba seguir peleando en esa situación. Lizbeth se paró a su costado, también planeaba pelear.-Ni se te ocurra, ya perdí mucha dignidad hoy.
La empujo hacia un lado, la chica cayó fuerte hacia atrás. Zelig extendió seis alas de su espalda, mientras su cuerpo se llevaba de esos resplandecientes relámpagos, una especia de arma se formaba en su mano.
-La única manera de matar a un demonio. –Dijo mientras blandía la espada blanca- Una de las siete armas santas.
Vladimir ignoró lo que dije y se apresuró atacar, esquivaba los atacas del arma con facilidad, se notaba que Zelig no la usaba a menudo. Sentía terror, Lizbeth apretaba sus puños en impotencia, Vladimir era cortado, golpeado, mientras su contrincante estaba sin ningún rasguño.
-Eso es todo lo que tienes…
La espada santa cayó incrustada en el cielo, mientras los golpes de Zelig acababan con Vladimir, sus puños emitían esos relámpagos, yo con apenas sentirlo me quemé las manos, él recibía todos los golpes, lo veía escupir sangre, pero no perdía esas ganas de pelear, quería que se detenga pero él no se quedaba en el piso. “¿Porque sigues peleando? Si te sigues levantando morirás, desaparecerás…”, me desesperé. El agotamiento me hacía pasar una mala pasada, mi pantalón mojado me hacía una mala pasada. 
Antes de quedar inconsciente, vi una pequeña sonrisa de Vladimir, estaba frente a mí no me di cuenta como pero él me decía algo, pero fui incapaz de escucharlo.
“Así que esto es la nada…los hombres nacen, crecen y mueren como una flor invernal…pero ustedes nunca morirán: Akemi, Lizbeth, Enrique, Dominic, Linda e incluso los que ya no están. Siempre los llevaré en mi corazón”, aquellas palabras retumbaban mi cabeza una y otra vez. 
Abrí los ojos. 
-Vladimir…
Linda me había levantado, se encontraba con Enrique. No recordaba bien lo que pasaba. Había escuchado su voz. Creo que todos.  
-No puede ser…- Linda se tapó los ojos, no podía créelo aun. Respiré un poco, tal vez era una mala jugada, era imposible…
Vladimir estaba recibiendo pisadas constantes de Zelig, bajo él estaba Lizbeth. Estaba sangrando, estaba derrotado solo resistiendo.
-¡Hijo de puta!- Grité y corrí contra esa mierda, debía matarlo como se atrevía como  podía. 
-¡Detente!- Una chica con un extraño traje negro estaba frente a mí, el traje era un short negro una especie de armadura de pelea, había tres más con el mismo traje.
-Zelig, miserable….-Esa voz era Jane, la demonio.- Llévenlos al auto. –Indicó a sus siervas, noté a Antonia subir al auto junto a ellas. Vladimir se levantó haciendo tambalear a Zelig –Te ves mal
-Jaja.-Río-Tienes unos minutos, apenas empieza el segundo round…
Jane llevaba un traje de sastre, la camisa fuera y la corbata aflojaba, se veía jodidamente sexy. Vladimir golpeó a Zelig en un descuido de este último, mientras las chicas se llevaban a Lizbeth. Accedí a subir junto a ella y Linda.
-Vladimir…- Dijo Jane mientras se acomodaba los lentes negros. – Fue un gusto, eras mi primo favorito. 
-Nos vemos…
Fue todo lo que dijo, el auto arranco mientras observaba a Vladimir caer, no podía creerlo, Lizbeth se abrazaba a sí misma, Enrique estaba inconsciente, Linda observaba la ventana y Antonia no decía nada. Las chicas de Jane no decían nada y la misma Jane apretaba sus puños. Recordé que eran de Ucrania, las mujeres más bellas del mundo. 
-Lizbeth… él te dejó algo. – La peliazul sacó un sobre de su bolsillo y se lo entregó, la chica asintió- Siempre he pensado que los humanos son estúpidos. 
“Maldición”, quería volver por Vladimir, quería matar a ese tipo, mi ira tanta como pudo pasar esto.  Paso una hora, tal vez dos. Estaba agotada con ganas de llorar. 
-Mierda…-Dijo Jane al notar que llegábamos un carro de bomberos estaba en la zona, una casa se incendiaba. Un incendio en una forestal como la de Chosica era peligroso.  
-Esa es…..-Linda estaba a punto de colapsar.-Es la casa de Vladimir
Lizbeth se desmayó, la casa de Vladimir se incendiaba, él había muerto y nosotros cagamos todo. Mi corazón dolía, mi mente no lo resistió y colapsé junto a mis amigos.  
Me levante  asustada, no me di cuenta de lo que sucedió, tenía en mi mente la imagen de Vladimir, estaba muriendo…
 -Por fin despiertas….
Estaba desnuda tapada con una sábana. Estaba en mi habitación, él estaba a mi lado con una leve capa de sudor. 
-Vladimir, tu no estabas…- No me importaba la situación,  Él estaba vivo, me sentí tan aliviada. –Tuve un sueño horrible.
-Gracias por todo, realmente me divertido mucho contigo-Dijo sin mirarme – Fue divertido, muy divertido realmente. 
-¿Qué dices?
- Un demonio no muere a menos que la muerta lo destruya… te esperaré. 
Recobré la conciencia, estaba en mi cama echada. Solo fue un sueño, Vladimir estaba muerto. Era real todo lo que paso ayer…pero como llegue aquí lo último que recordaba era a Vladimir decirme algo que no pude escuchar, sentía rabia al no poder saber qué fue lo último que me dijo.
Había despertado en la casa de Linda; Antonia estaba observando la calle por la ventana, Enrique estaba parado se veía tan frustrado, parecía un zombie, Lizbeth lloraba mientras abrazaba sus piernas.
-Me alegra que despiertes….-Me dijo Linda, tenía una sonrisa muy triste.
-¿Qué paso?-Pregunté.
-Se acabó…-Su voz se quebró.
No quise aceptarlo y salí corriendo hacia mi casa, estaba cansada herida a unos pasos de llegar caí, la fuerza me había abandonado, cerré mis ojos y sentí a alguien levantarme y meterme dentro. Me acomodó en mi cama y salió. No distinguía nada, sentía que la vida se escapa de las manos. 
Observé mi reloj, era medio día. Aproveché que no había nadie en casa y fui a la morada de Linda. Apenas llegué todos estaban ahí, todos estaban serios también se encontraba Jane ahí.
-Lizbeth –Dijo Jane- Yo la leeré.
Lizbeth le hizo caso y luego se sentó en el suelo en la misma pose agachada, abrazando sus piernas. Todos  escuchamos a Jane quien empezaba a leerla.




Querida Lizbeth, te dejo esto a ti porque eres la persona en que más confió, sé que no tomaron bien el caso Antonia. No te lo dije antes, pero estoy en el caso hace un tiempo, junto a Albus y Kotomi. Pero tenía que esperar que llegara Jane, después de discutirlo mucho llegamos decisión. Tendríamos que romper las reglas pero Albus ya las había roto, si lo volvía a hacer seria regresado al infierno, Jane no tenía nada que ver y Kotomi, siendo un ángel las cosas eran distintas para ella. Si sus alas se tornaban negras perdería todo. 
Sé que estás leyendo esto y ya se lo debes haber dado a alguien para que todos escuchen, realmente espero volver a escuchar tu voz. Nunca me perdone no haber podido salvar a Xiomara, tu hermana, te condene a una vida al lado de un demonio, sin ni siquiera consultarte. Lo lamento pero esos años contigo fueron inolvidables. Eres mi hermana aunque no te consideres una Anderson.
A todos, gracias por pelear al lado de un inútil como yo se convirtieron en un familia tal vez por eso nunca alcanzaron su unción. Jane se encargará de ustedes, Lizbeth todo lo que teníamos está a tu nombre espero puedas seguir adelante y no verte por aquí en un buen tiempo. Pero tendrás una vida placentera en este infierno. 
Escribo esto no para recriminarles nada. Solo les pido continúen. Enrique, Linda dejen en pasado atrás. Dominic cásate de una vez. Akemi… gracias.  
Las lágrimas de Lizbeth aumentan aún más, soltaba un leve llanto que no podía reprimir por su promesa, estaba destrozada su mirada rogaba ir junto a él. Linda escondió su mirada bajo su cabello, Enrique no dijo nada, Jane estaba seria.
-Es mi culpa. –Dijo Antonia mientras se acercaba –Solo le hago daño a los que quieren ayudarme.
No resistí mi ira y le tiré una bofetada, habíamos hecho lo imposible por ella. Vladimir murió por ella.
-Estas viva-Dije. – Aprovéchalo, ya eres libre. Deja de pensar así. –Reproché, luego me marché, di fuerte portazo. Estaba furiosa, pero mis ojos eran una cascada de odio y dolor. Tenía la esperanza que me digiera algo más que un gracias.  
Regresé a mi casa, aún era temprano. Mientras recordaba, pensaba quería acabar con este sentimiento de culpa. Nosotros nos revelamos, arruinamos todo. No quería pensar en eso, pero todo lo que vive con él, con ellos, ahora todo era tristeza. Todo se volvió tan gris.
Al entrar a casa noté esa katana en la pared, ayer perdí mi espada. La cogí inconsciente, no importaba el resto quería ir partirlo por la mitad. Apreté la empuñadura y me disponía a salir, no me importaba morir pero lo vengaría yo sola. Tal vez no entraba en razón, me dejaba llevar por los fuertes sentimientos que sentía. 
-¿A dónde crees que vas?- Escuché a mi papa detrás de mí- ¿Qué escondes? Ayer te encontré tirada en la puerta de la casa. ¿Quieres llamar la atención? Tienes 19 años compórtate como tal ya no eres una adolecente –Fue duro al hablar, me dolió, pero también me lleno de ira. –Te di libertad porque confiaba en fin; sin embargo, me has ido decepcionando poco a poco.-Se acomodó los lentes y me miró. Serio y con cierto desprecio.- Dime Akemi ¿A qué quieres llegar? ¿Qué te grite? ¿Qué te castigue?  
-No pretendas que te importo…–Respondí suavemente. Vladimir había hecho más por mí que él.  –Nunca te intereso lo que me pasara…
-Pensé serias más madura –Dijo mientras me miraba con su clásica indiferencia realmente odiaba a mi papá –Se acabó, no saldrás sin mi permiso.
-Quieres jugar a ser mi papá –Estaba molesta, demasiado. No quería decirle nada de lo que me arrepintiera pero lo odiaba. – ¡Nunca me preguntaste como me iba o si necesitaba algo! No pretendas que te importo, no eres mi papá solo eres el esposo de mi madre.
-Anda a tu habitación y deja eso en su lugar –Respondió, poco le importa lo que le había dicho. Era de esperarse él. Era el único culpable de cómo era, el culpable que conocía a Vladimir y pasara por esto.
-Te odio…
Tiré la katana a un lado y subí a mi habitación, estaba harta de esta mierda. Entre tirando al puerta pero cuando vi hacia mi cama.
-Hola. 
Su cabello dorado, su sonrisa resplandeciente y su mirada pedante. Era el ángel de la muerte.  
-¿Qué haces aquí?
-Tengo que hablar con mi buen consejero y de paso arreglar mis travesuras. –Respondió la muerte con mi espada entre sus manos, ella había estado con Zelig. Vladimir estaba en el infierno. Era tarde. – Ese bueno para nada no cambia. 
-¿Qué quieres decir?
La puerta se abrió, mi papa entraba a mi cuarto. Lo que faltaba ahora me castigarías por meter chicas a la casa…Cuando salí de mis pensamiento era tarde la muerte le lanzo mi espada a mi papá, estaba por ser atravesado.
-No era broma. –Me ignoro, luego chasqueo los dedos con una sonrisa.- Yo fui humana y salía con tu padre. 
-¡Pá!
-¿Qué pretendes?- Respondió, mi espada esta partida por la mitad, mi papá tenía la katana roja en su mano. “¿Qué está pasando?”, me pregunté. – Que horrible verte. 
-Jaja, por qué serás tan encantador al hablar. -Le hablaba con tanta familiaridad.- Espero no hayas heredado esas malcriadeces Akemi. 
-Que fastidio…- Respondió, parecía que su personalidad había cambiado. Estaba confundida. - ¿Qué mierda haces con mi hija, Carol?
-Tijeritas…
Mi papá nunca decía lisuras, pero su mirada era distinta, había partido mi espada con su katana en un instante. Ellos salían… 
-Hace ya casi 30 años… tal vez un poco más… tu padre participo conmigo en la lucha de los miserables por ser la nueva muerte. El demonio Sebastián, el payaso. 
- La ángel, la geisha Carol.- Sonrío.- Somos humanos, no te preocupes.  
Mi mente se quedó en blanco. Ambos se miraban con complicidad. Todo empezaba a tener sentido. “Chica payaso”, recordé.  

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