Saana - capítulo 20

Soy tu mejor amiga

Era sábado y se encontraba en la escuela. Cansado y agobiado, había sido una mañana agitada. Ir un sábado a ayudar con los preparativos para la fiesta de despedida daba asco. Más aún que cuando iba contra su voluntad, en unas escasas semanas todo terminaría. 

Observo a Saana con sus amigas a lo lejos. Deseaba irse pronto. Entonces, la vio llegar. Saana también la vio.

-¿Qué te has hecho, Rosario?- Preguntó Sebastián. 

-Dime Rossy. Un nuevo look. – Le sonrió y se sentó a su lado. – He tomado muchas decisiones nuevas en mi vida. Deseaba mostrarlo. 

-Te queda bien el negro. – Su cabello castaño había desaparecido, le costaba verla así. No era la esencia que recordaba.  Vio a Saana algo celosa y sonrió.- Ehmmm

-¿Sacarle celos?- Consultó.

Días antes todo había sido un caos. Perdió a su prima, ganó aliados y todo parecía desvanecerse en aquel pedazo de cielo, unas suaves nubes era lo más parecido a las piernas de Rosario. 

“Recuerdo que mi papá era distinto… siempre me dijo que a una chica no se le debía tocar ni con el pétalo de una rosa, que los principios estaban por encima de todo. Que nunca dejara de ser yo misma”, reflexionaba la chica al observar a su papá, con un agudo dolor en el pecho. 

-Xena, no quiero matarte solo entrégame ese rosario-Pidió Cesar, tras su pasamontaña había desesperación y preocupación. No tendría otra oportunidad, pero si alguien pasaba por ese lugar… la historia seria otra. 

-Eso dejo de ser opción….-Se escuchó la voz del demonio, aquel a los otros miserables le temían. Diego apareció ante sus ojos junto a José con su máscara y otra chica cubierta con un velo morado. Saana sintió curiosidad al verla. 

-No sé si alegrarme de verlos –Comentó Saana. No se cubrió el rostro, ellos ya sabían quién era ella. La chica maldita de la habitación 408. 

-La chica muerta… eso no me lo esperaba.- Habló José, bajo su seudónimo de Alem. Debía tener cuidado de ser descubierto. 

-El exceso de confianza es malo… ¿Dónde ese novio metiche tuyo? 

Saana no respondió. Inmediatamente Diego, sacó su arma y apuntó contra el padre de familia. Sin dudarlo disparo, la chica a su lado ahogó un grito, José ni se inmuto. Sin embargo, aquel disparo no le hizo ni un pequeño daño. Como un vagabundo metódico, así había vivido él. Atrapado  en la monotonía para mantener a su hija, despedido de todos lados y sin una carrera; aceptando cada limosna. Esa había sido su vida. Pero, ya no más. 

- Invulnerabilidad… -Dijo Diego guardando su pistola. Tomó la mano de aquella chica, que parecía un cachorro callejero a poco  de ser atropellado por algún auto. 

Sin perder el tiempo, Incognito se arrojó contra Chalo, este último tomo distancia pero fue cogió del cuello, José le dio una patada, la cual terminó doliéndole a él mismo. En ese instante Saana tomó distancia y consideró marcharse, era su momento; sin embargo, no podía dejarlo ahí solo.  A lo lejos notó a sus amigos, no sus compañeras que habían escapado sino, aquellos que sabían de su martirio. 

-Yliana… ¿Cómo va todo?- Preguntó Yue, quien acaba de llegar  junto a Meylin, su hermana. Habían tomado un taxi hacia ese lugar. Notó que Saana los observaba.

-Relativamente mal… el estorbo ha recibido una golpiza y acaban de llegar los malos-Comunicó Yliana con cierta emoción, era como una serie en vivo, a las gemelas Luna-¿Qué paso con Sebastián?- Preguntó.  

-No creo que venga- Respondió Meylin, siguiendo a su hermana que iba contra Incognito. Ambas se colocaron sus máscaras y con sus katanas gemelas. 

La batalla se torna más complicada para los participantes, pues la fuerza de Cesar era incomparable, para unos chicos, sin contar que su talento lo hacía prácticamente inmortal, mientras que una chica asustada no podía creer la bestia que era su papá, las primeras en caer fueron las gemelas Luna, seguido de Saana. 

-Meylin… dame tu espada-Pidió Yue reincorporándose. Acaba de obtener un nuevo poder, no podía  perder así. 

Meylin solo asiente entregando su espada, Yue observa a Saana levantarse ambas se dan una mirada muy fría, por más fuerte que sean las diferencias tenían un enemigo en común,  por otro lado José y Diego meditaban que hacer, este último estaba confiado. José se preguntaba cómo parecía que jugaba con la mente de a quienes enfrentaba. Diego y Chalo eran completamente distintos para ser la misma persona. 

-¿Creo que ahora soy más fuerte?-Comentó Diego golpeando en el pecho a Cesar, ya había activado el talento de la fortaleza que le arrancó a Jean. Aquel poemario de una artista que ardió en llamas. 

Cesar retrocede un poco sacándose la camisa rota que llevaba para luchar mejor, mientras José y Diego se realineaban. Meylin había dejado a su hermana, quien ahora estaba al lado de Saana, quien era la única descubierta e uniformada. No quería imaginar si alguien la reconocía, ya era un milagro que con el disparo nadie hubiera hecho escándalo. 

-¿Qué tenemos aquí… a Batman y Robín?-Se escucha una voz acercarse, voltearon ante la llamada y era quien todos esperaban.  

-Demoraste mucho….-Comentó Meylin, al lado de Yliana, observando de lejos. 

-Hasta que apareciste Guasón….-Respondió José al comentario de Batman y Robín, mientras que Sebastián seguía de largo a hacia Cesar. “¿De verdad es Sebastián?”, se preguntó. 

-Sabes… hay una chica a la que acabó de desmayar y se parece mucho a ti- Mintió con una sonrisa, aquel poder era lo que necesitaba. El adulto flaqueo ante lo que escucho. Él no podía saber cómo era él en realidad, pero si tenía razón... Su hija, pero no tenía sentido. Él no sabía que él tenía una hija. Su mente se volvió un caos. Entonces, Diego sonrió. 

En ese instante, Yue corrió desde hacia atrás contra Cesar, pero fue detenida por Sebastián, quien contuvo sus espadas gemelas con su Benihime. Ella se quedo mirándolo con desprecio, tras su mascará. 

-Es un duelo entre caballeros. Por favor, que nadie interrumpa –Pidió Sebastián dejando su espada en el suelo. Ya no la necesitaba para usar su poder. Se había vendando las piernas, para que nadie que supiera la historia de sus vendas rojas, lo reconociera. 

-Me parece bien….un combate cuerpo a cuerpo.

Los demás se quedaron observando por un momento. “¿Nos están ignorando? Que pendejo, Sebastián”, se dijo Diego. Cesar tronó los nudillos, mientras que Sebastián sonrío muy confiado, el tiempo comienza a ralentizarse. Intercambiaron golpes la pobre hija de Cesar, no aguanta más empieza acercarse, Yue detiene a Saana, José y Diego, quienes querían interferir. 

-Te pateare el culo- Habló el payaso, y Cesar se cubrió la retaguardia, recibiendo una patada a la cara- Tienes cara de culo, mi buen amigo.- Agregó. 

-Tienes fuerza…-Respondía escupiendo algo de sangre por su labio reventado.-¿Eres deportista?

-Vago de vocación, payaso de profesión. 

En un instante, casi un parpadeo. Sebastián volvió patear la cara de su rival. Cesar cayó algo mareado, ya en el piso Sebastián empezó a patearlo sin piedad. Solo un par de carcajadas, adoraba su nuevo poder. Era más útil que las ilusiones. Evito pensar mucho, ya que como él había la posibilidad que alguien tuviera otro poder de manipulación. 

En ese momento aquella chica, sale del anonimato y corriendo. 

-¡Deja a mi papá!

Sin perder el tiempo, Diego va contra ella. Estaba esperando algo como eso, por fin la persona de los pensamientos de Incognito, aquella a quien adoraba, su hija.  Él había perdido a su esposa el día del parto, desde entonces fue madre y padre para ella. Su adoración, su princesa. 

-¡Luna!-Gritó Sebastián, indicándole que evite que Diego se acerca a la chica.- Esta fiesta se está tornando divertida. 

La chica Luna logra detener de a Diego, la pelea empieza de una patada por parte de ella. El contrincante de la chica pierde el equilibrio, ella como tigresa blanca, no duda en continuar su ataque, de un par de ganchos logra tirar al suelo al joven demonio. 

-Entrégame el talento- Exige el payaso, colocando su espada en la yugular de Cesar.- No lo hagamos más difícil… jaja.

-¡Lárgate Ximena!-Gritó Cesar al observar que su fin estaba cerca, se confio demasiado y había perdido; había defraudado a su hija y a sí mismo.

En ese momento Alem, su amigo, aparece detrás de Sebastián y lo le pone la espada en el cuello. Entonces, se da cuenta que no había nadie sobre Cesar. Estaba siendo sometido por Saana nada más. 

La chica corre junto a Cesar para escapar, Saana los persigue para no perder la oportunidad; ya que, Cesar estaba desarmado pero también es detenida por Sebastián. 

-No creo que quieras esto pastelito…- Dijo, dejando escapar a Cesar e hija. - Amor consideramos una retirada- Pidió Sebastián observando a Luna, al notar que eran tres contra ellos dos.

-No es mala idea-Respondió la chica empezando correr dejando a Sebastián solo, por otro lado Yliana y Meylin también ya se habían marchado. Saana lo miro por un momento extrañada. Esas facciones le eran familiares. 

-Con estos amigos para quiero enemigos –Comentó irónico Sebastián al notar que estaba solo contra ellos tres. No contó a Saana, porque sabía que ella no peleaba.- Y bien chica muerta… Somos los dos contra el mundo.  

-No me digas así… chico payaso. 

-Jaja

Sebastián alza su espada contra, al menos debía asustarla. En ese mismo instante una voz femenina se escucha mientras, que Sebastián alzaba su Benihime la cuello de Saana es apuñalado por la espalda.

-Tu eres culpable de la muerte de Jean….-Dijo Crystel mientras removía su espada de la espalda de Sebastián. No era un corte letal. 

-Crystel…- Respondió- ¿Es en serio? No puedo creerlo.

-No tienes idea lo que me duele hacer esto. 

-¿Qué tal un truco de magia?- Respondió conteniendo la risa. Adoraba su nuevo poder engaña mentes. 

-¿Cuándo la activaste?-Preguntó Saana algo confundida. Sebastian estaba sentado en el suelo algunos pasos más atrás. 

- Nunca la desactive.- Respondió, él tan solo había detenido a Saana y puesto a descansar.

-Cuando apareció la hija de Incognito-Respondió Sebastián, reflexionando hacia donde pudieron haber escapado. Con esa pintura llamaría mucho la atencion-Esa chica es mi pase al talento de Incognito-Concluyó marchándose, con una ademan en mi mano-Por cierto aún están en la ilusión, aun durara unos minutos. No se maten sin mi. -Agregó para dar tiempo a su escape.

Durante unos segundos, por calles de Fiori que nunca en su vida había pisado se detuvo. Se sintió estúpido, su hija no estaba.  Frente a sus rivales. “¿Dónde está Ximena?”, se preguntó. 

-Mierda…-Dijo Cesar preocupado, pues no tenía como defenderse, estaba cansado, y lo que le preocupaba más aún era su hija.

-Di tus últimas palabras-Decretó Diego acercándose a él para acabarlo.- Puedo perdonarte la vida, pero entrégame tu talento. 

-Deja a mi hija fuera de esto… Por favor. 

-Si…-Afirmó José, pues Diego lo ignoraba completamente. Recordó a su hermana y una carta de despedida de ella, antes que se casara y dejara de vivir con su familia. 

-Me llegan al pincho los dramáticos como tú… Violare a tu hija por culo tantas veces que se le caerá la caca de caminar. 

-Jaja….. No puedo creerlo. Jajaja, de verdad: ¿Crees que morirás? Eres muy divertido como para dejarte morir –Comentó Sebastián, dejando a Ximena en el suelo. Estaba desmayada.  Apenas hace unos minutos la encontró y la hizo dormir. Notó que su nueva habilidad era demasiado útil. 

-Alem, ese es tuyo. –Delegó Diego.

-¿Crees que puedas pelear a la par conmigo?-Preguntó Sebastián sacando su Benihime. Aunque fuera solo de finta, era necesario que nadie supiera donde estaba su talento actualmente. – Si no te importa, yo quiero bailar con amante de culos. 

-Bien… –Aceptó sin chitar, Cesar tomó una distancia prudente y cambiado de lugar con Sebastián.  Era un duelo de rostros pintados y al lado un duelo de máscaras. Las calles estaban silenciosas, tanto que daban miedo. 

-¿Por qué tan serio?

Sebastián se lanzó contra Diego, ambos chocan espada y retrasen al mismo tiempo, por otro lado José es ataco brutalmente por Cesar quien era de un solo golpe logro marearlo. Se enfrentaba a alguien mayor y estaba en desventaja por obvias razones. En un instante se cayeron las espadas y nuevamente Sebastián y Diego iban a los puños. 

Pasaron tres o tal vez cinco minutos, en los que Diego llevaba la ventaja, esquivaba cada golpe y conectaba ganchos hacia el cuerpo de su rival. Sebastián estaba sorprendido, tal parecía que no era el único que tenía un pasado deportivo. 

En un instante la estupidez de un corazón roto e iracundo se hizo presente en plena tensión de batalla. Crystel había cogido a la indefensa chica y colocado una navaja en su cuello. 

-¿Tanto te importa esta chica?-Pregunto Crystel.- ¡Dime Sebastián! 

-¿Qué?- Saana estaba cerca y quedó boquiabierta. Siempre pensó en aquella posibilidad, pero le fue tan difícil creer.

-¡No lo soy! – Respondió a modo de grito, con una sonrisa notó como los presente dudaban. “¿Sebastián? Imposible…”, susurraban sus mentes. Incluyendo la de su prima. – Mi verdadero nombre es Inocencio- Bromeó. 

-¡Déjala!-Rogó a gritos su padre, Cesar, dejando solo a Sebastián, corrió por su hija.

-Tarado…-Dijo Sebastián deteniendo a Diego y a José solo.

La venganza  contra Sebastián  y Diego era la motivación de Crystel mientras que la Cesar era el proteger a su hija, el único familiar que le quedaba ,Sebastián dejo la lucha aun lado mientras que Saana observaba horrorizada lo que sucedía con su prima. La situación era problemática para él. Al menos ya había dispersado la duda de su identidad. 

-No me queda de otra… - Todos lo observaron dubitativos.- Esta es mi arma secreta…

-¿Qué planeas?- Cuestiono Diego intrigado. “¿Qué escondes? Dimelo…”, pensaba. 

-¡Auxilio!- Empezó a gritar.- ¡Rateros! 

En aquel momento de confusión, el payaso empezó a correr contra su prima, la cual aún estaba en shock. Dio un pequeño salto de una patada dejó libre a la prima de Cesar. En aquel momento las puertas empezaron a sonar. Las personas se acercaban, Sebastián cogió a la chica y corrió aun gritando. 

Los miserables de aquel juego empezaron a correr, debían separarse. Saana corrió hacia el centro comercial, ella estaba descubierta.  Cesar siguió a su hija. Diego y José también… sin embargo en un descuido de quien también escapaba… sonó un disparo.  

-Déjame decirte que tu estas más buena que la quemada – Comentó Diego atravesando a Crystel por la espada y José cortándola en cuello por delante. Ya estaba casi muerte por la bala. – Coge su anillo. 

-¿Cómo lo sabes?- Preguntó.

-Ya la he enfrentado antes…

“Al menos te veré pronto Jean…..”, pensaba tirada en el suelo. “Es el fin… Sebastián, cuando seas la muerte… llévame a donde vayas a llevar a Jean. No pierdas tu esencia primito”

Sebastián corría con la chica en brazos, se lamentaba  su decisión apresurada, pero su prima había perdido la razón. Era entendible después de lo que había sucedido; sin embargo, evitar que su prima haga una locura le había costado mucho. Había perdido a Cesar durante el camino. 

-¡Por aquí! – Escuchó una voz femenina. No eran ni Yliana, ni Yue, menos Meylin. Definitivamente no iría por aquí. - ¡Aquí idiota! 

Se detuvo a observar detenidamente. “¿Rosario?”, se preguntó. “Definitivamente por ahí no”, se dijo y empezó a correr nuevamente de frente. Hasta que lo alcanzaron con una bicicleta. 

-Perdón señorita… ando ocupado. Estas chicas de hoy en día no se violan solas. – Comentó.

-No seas idiota y súbela. – Dijo su mormona amiga molesta- ¡Sebastián!- El mencionado se preocupó, ya no podía engañar mentes, había usado mucho ese poder.- ¡Me harté!- Grito tirándole agua al a cara, la tempera empezó a caer…

-Bueno…

-¡Sube tu también! 

Y como una escena de película se alejaron.

-No deberías hacer esto…- Estaba preocupado por ella.

-Soy tu mejor amiga… y tú eres el único que ha estado solo en esto. – Ella empezó a reír.- Además, no me divertía tanto desde que me escape de mi casa y dormí en la tuya. 

-No me hace gracia…

-Jaja, que poco sentido del humor para un payaso. – Empezó aumentar la velocidad conformé iban acercándose a su casa.- Y bien… es la primera vez que secuestro a alguien. ¿Qué haremos con ella? ¿La cambiaras por el talento del tipo?

-Sigues siendo la misma- Lo atacó la nostalgia y se recordó asimismo hablando con ella hace mucho, cuando ella era una pagana. Como cuando era pareja y eran emo y bruja.- Mi brujita. 



Abrió los ojos y estaba sobre sus piernas. La miro fijamente y sonrió. Seguía siendo ella, pero él no. Ya nunca volvería a ser el tipo que fue su pareja, ahora solo eran amigos. De esos que se besaban de vez en cuando.

-Se mi arlequín, Rossy. 

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