jueves, 13 de octubre de 2016

Saana - Capítulo 19

Una patada en las bolas

Nuevamente se repetía el ciclo semanal, el lunes llegaba en un día tétrico de garua, una gran tensión se sentía en Saana. Sus compañeras habían olvidado Karen, su existencia desapareció de la realidad y solo era un recuerdo entre las almas desdichadas que sería la próxima muerte.  
Las primeras horas transcurrieron uniformes hasta el receso, la campana se volvía un dolor de cabeza para los chicos del último año que sabían que esos sonidos ya eran contados. Saana salió de su aula esperando a Valeria y a los demás,  muy tranquila notó a Luis y Yliana sentados en una equina del patio comiendo ambos un salchipapa. 
-¿Ha venido Sebastián?- Preguntó Saana.
-Para faltando ese huevón… 
-No vendrá toda la semana –Agregó Yliana al notar la cara de extrañada de Saana.- Creo que ha tenido problemas. 
-¿Por qué?-Insistió Saana.
-Dicen que su novia esta embarazada - Respondió Yliana algo fastidiada.- La peliblanca está bien buena. 
-No son novios….-Dijo Saana molestándose también. Sabía que le decía eso para molestarla. 
-Al menos Yue si lo ayuda y no se queda parada como un estorbo.
Por otro la realidad era mucho más siniestra de lo que podía ser un embarazo prematuro.  Se encontraban caminando por calles del Callao, el distrito pesquero del Perú, no solo conocido por el mar y su amplitud, sino más bien por lo peligrosa de sus calles.  Se decía que cada semana se moría alguien ahí. Lo peor que podía pasarte era que te intente robar y no tuvieras nada que robar. 
-¿Esas vendas?- Preguntó la chica luna, observando las vendas rojas de su aliado. 
-Eran blancas cuando las compré. 
En aquel tenebroso lugar a plena luz del día, vivía Demetri, este conversaba muy tranquilo con José, quien era otro juez, hasta que ambos notaron la presencia de dos chicos frente a ellos. Se encontraban fuera dela casa del psiquiatra compartiendo una cerveza. 
-Sebastián…-Dijo Demetri no muy sorprendido.- Pensé que nuestra cita era aun dentro de un par de semanas. 
-Yue…-Continuo José sonriendo.- Espero que me hayas traído tu deliciosa sopa wantan.- Ella llevaba una mochila grande. 
-Dicen que tienes un talento. ¡Lo quiero!–Exigió Sebastián 
-Yue… por favor ve con José a la otra sala –Pidió Demetri abriendo una puerta de su casa.- Y espero si hayas traído esa sopita. 
Sebastián desenvaina su Benihime, pero nota que Demetri vuelve a tomar asiento. Se encontraban en su patio. Se acomodó los lentes mirándolo, por un instante regreso unos meses en su mente y vio nuevamente a ese niño intentando reencontrarse. La mente humana siempre le había fascinado. 
-¿Crees realmente que me vencerás?-Preguntó Demetri cruzando las piernas.- Escuche de tu madre que has vuelvo a entrenarte… 
De regreso en la es escuela, se daba un examen sorpresa en las aulas de quinto y preparatoria. Por estas épocas diversas universidades y academias llegaban buscando un futuro alumnado. 
-Bueno, chicos el mayor puntaje de las tres aulas recibirá un premio especial, esfuercen mucho y resuelvan la prueba con total honestidad.- Explicaban los tutores con una rara coordinación se da inicio al examen.
En  la casa de Demetri, Yue combatía ferozmente contra José, mientras que Meylin observaba fijamente el gran esfuerzo que hacia su hermana. Yue era faja negra en tres variantes del kung fu, su especialidad era sanda. Sin embargo, su contrincante quien no parecía muy habilidoso le daba demasiados problemas, 
-¿Para que deseas más poder?-Preguntó Demetri, algo aburrido de Sebastián.- No tienes intenciones de perder tu vida por ser la muerte. Deberías darle solo el talento a esa chica y seguir con tu rutina. 
Sebastián asiente con la cabeza. Era como un perro corriendo tras un vehiculo, no sabía que haría si lo obtenía. Sus impulsos le habían salido caro y ahora solo estaba seguro de una cosa. No dejaría que Diego ganará y José pagaría lo que le había hecho a Carol. Lanzo su arma a un lado y alzo los puños. Colocó su pie pierna izquierda atrás y alzo el talón. Era la posición de pelea que recordaba. 
-Peleare contra una faja azul de kung fu… 
Hacia frio en la calle, él salía muy abrigado. Había sido una semana dura en el trabajo, no era nada rentable trabajar haciendo taxi en un vehículo alquilado. Detrás lo seguía una chica de aproximadamente 15 años, con un uniforme escolar a medias. 
-Papá, ¿A dónde vas?-Preguntó una chica, saliendo detrás de él. Hoy era el día libre de su padre; sin embargo, se iba ir en vez de pasar la jornada con ella, incluso, iba faltar a clases.   
-Tengo cosas que hacer, tranquila regresare en la noche –Respondió Cesar, cerrando la puerta de la casa. 
La chica de cabello negro y ojos del mismo color, observaron a su enigmático padre irse caminando. Había tomado muchos baños durante la semana, sabía que su papá debía tener problemas. Cada que estaba estresado se bañaba mucho.
El año escolar estaba por terminar. El mes de noviembre encontraba su fin durante esa semana, sin darse cuenta el tiempo los echaba de la escuela. Los planes de fiesta de promoción y demás aumentaban, esa semana entera Sebastián había faltado. Cuando llegó el lunes nuevamente, luego de una semana de fracaso intentando vencer a su psiquiatra. Sebastián se formó en lo que serían sus últimas audiencias semanales. 
-Buenos días alumnos –Saludó el Director en plena formación. -Por fin tenemos los resultados del examen que dio las aulas de quinto A, B y preparatoria y nos complace decir que todos los resultados fueron mejores de lo que esperábamos. –Seguía con su discurso. 
“¿Qué puedo hacer?”, pensaba José recordando una conversación que tuvo con Diego. “La Debilidad de las gemelas luna es la menor”, recordó a su amigo fumando un cigarrillo. Se encontraban en casa de él, sentados en el colchón viejo que estaba en su intento de estudio. 
-Si lo he notado, la mayor es la actual novia de Sebastián – Respondió José sentado junto a él.
-Sebastián está muy metido en este juego, no me sorprendería que él fuera uno de los participantes que aún quedan- Dijo Diego mientras exhalaba el humo. –En fin nuestra próxima víctima son las gemelas Luna, su talento de la premonición nos será muy útil para acabar con el resto.-Indicó Diego botando la colilla del cigarro. Tomó otro y miro su techo lleno de marcas. -Enamoraras a la menor…. y cuando esté completamente enamorada de ti la usaremos para destruir a la mayor –Explicó Diego levantándose del colchón.- Lo haría yo, pero será muy evidente… En cambio contigo, Sebastián sacará cara por ti. 
-¿Qué?-casi grito José-¿Por qué yo?-Cuestionó.
-¡Diego!,  ¡Ha venido Cecilia a buscarte!  -Se escuchó la voz de la madre de Diego que venía desde el primer piso.- ¡Apura animal! 
-Bueno, me tengo que ir con mi novia, piensa que es más importante una chica o el resto de infelices que existen- Concluyo Diego bajando las escaleras. 
José no dejaba de recordar esa conversación, observaba a su novia muy tranquila mientras el director continuaba con su aburrido discurso. Si él ganaba la perdería, no solo a ella sino a toda su familia también. 
Pero, tenía ese estúpido sentido moralista que no le permitía escapar. Se sentía estúpido en la posición en la que se encontraba. Extrañaba aquellos días que solo se preocupaba por el capítulo semanal de Naruto.  
-Bueno sin nada más que decir, el primer lugar ganará una beca en la universidad Complutense de Madrid en España –Dijo el director causando el asombro de los estudiantes. Muchos no lo creían, pero era cierto. - ¡Y el mayor puntaje y ganadora de la beca es nada más y nada menos que Valeria Escalante! -Dijo muy emocionado el director. 
Todos los de su salón saltaron como locos, aplaudiendo a su amiga mientras José tan solo observaba preocupado, todos la saludaban en mucha algarabía fue al medio del patio donde se encontraba el director, Este la saludó y abrazó mientras, le entregaba el micrófono.
-De verdad muchas gracias, aun no lo puedo creer estoy muy contenta…. ¡Gracias a todos! – Agradecía Valeria, mientras que José tan solo observaba sin saber qué hacer.
Sebastián observo a José con algo de lastima. Las imágenes de Carol en su cabeza le hacían hervir la sangre. Suspiró y buscó un momento de emoción y se escapó de la escuela. Se sacó la camisa y se puso un polo, se dirigió hasta el paradero de buses. Buscaría a Demetri de nuevo. 
Los minutos pasaron, en la escuela, ya era hora de salida, todos los alumnos salían. José iba con Diego como de costumbre, pero era detenido por Valeria y Saana.
-¿Sabes que ha pasado con Sebastián?- Preguntó Saana. Ella estaba segura de haberlo visto temprano. 
-No soy su niñero –Respondió José de mala gana. Necesitaba hacer algo pronto. Era demasiada presión.  
-¿Qué te pasa?-Discrepó Valeria.
-Estoy harto que piensen que se todo de ese tipo… incluso, tú te preocupas más por el que por mí…-Respondió José, era el momento que estaba esperando. Su única oportunidad, la única que podría aprovechar. 
-Que tienes….-Dijo Valeria muy apenada de lo que escuchaba. No entendía que pasaba. Ni siquiera la había felicitado por su beca. 
-Sera mejor dejar todo aquí, estoy harto de ti-Concluyó José marchándose. Diego lo siguió con una sonrisa. Todo iba de acuerdo al plan. 
Valeria se quedó sin palabras al escuchar las duras palabras de José, mientras que Saana la abrazaba, poco después llevan Rosa y Flor al notar lo afligida de Valeria.
-José, ¿Estás bien?-Preguntó Cecilia al observar la dura escena. Los había seguido.  
-Fue lo mejor- Agregó Diego jalando a Cecilia  de la mano.
Mientras tanto, Valeria caminaba junto a Saana y el resto de sus amigas, aún estaba muy triste trataba de ocultarlo pues, había ganado una beca en una excelente universidad y lo iban a celebrar.
-¿Sigues insistiendo? –Cuestionó Demetri al observar a Sebastián entrar con su espada en su mano. “Una semana entera ha intentado derrotarme, pero siempre comete el mismo error”, se dijo a sí mismo. Levantándose-Hoy es tu ultima oportunidad -Sentenció Demetri levantándose.
-¿Por qué no me has atacado mientras aun podías?- Preguntó Sebastián algo ya confundido una semana entera había tratado de vencerlo, pero le nunca le había regresado el golpe. 
-A Saana le tomo 15 días, a Diego tan solo tres. –Dijo Demetri-Son los únicos que han obtenido dos talentos. 
-¿Saana también?-Cuestionó Sebastián.- ¿Qué talentos son? 
-Averígualo tú. Por otro lado… tengo un talento que encaja como anillo al dedo con tus ilusiones… –Explicaba Demetri- Cuando me venzas conseguirás un talento al que llamo: Jugando con tu cerebro. 
-¿A qué te refieres?- Preguntó. 
-No te he dicho nada- Afirmo Demetri riendo. “Un control perfecto de la palabra, una manipulación de mentes.” 
-Cierto… ¿Por qué no me has atacado mientras aun podías?
En ese momento, nuevamente Sebastián se lanzó con pasos planos contra Demetri. Yue entró al patio y los observo por un momento. Acaba de terminar con José, su deidad, y tenía un segundo talento. Los vio tan entretenidos que salió, estaba cansada. Su nuevo poder era una sombra, atravesaba personas, muros a su voluntad. Estaba ansiosa de usarlo. 
Sebastián abrió su Benihime, sacó una foto de la empuñadura.  Demetrio lo observo sonriendo.  Sebastián lanzo la espada y guardo la foto en su bolsillo.
-Es el objeto al cual esta aferrado tu talento… la foto que le tomaste a esa desconocida sin que se dé cuenta. Por la que estas metido aquí. 
-Ahora muéstrame tu talento… 
El psiquiatra saco un rosario de madera de su bolsillo y se lo mostró. Se abrió la camisa, dejando a si mismo solo con el bivirí que llevaba bajo. Yue entró nuevamente, se sentó a mirar junto a su hermana. “Esos movimientos de nuevo”, se dijo. Era wushu, el arte militar, notó que Sebastián tenía habilidad y maestría que solo se adquiría con el tiempo. Pero su cuerpo estaba oxidado. 
-¿Crees que puedas conseguir un trabajo como maestra?- Preguntó Meylin viendo a su hermana, observar con tanta pasión pelear a su rival.- Yo puedo encargarme del chifa. Después de todo aún no tenemos la licencia. 
-Mey, cuando gané estarás sola. 
Un silencio incomodo las invadió. Habían pasado por mucho juntas, hasta que Yue fue elegida por deidades para servir al entreteniendo de estas mismas, como una participante de este juego por la capa de la muerte. El cual parecía una sátira más retorcida que los programas reality basura de la televisión.  
Sebastián peleaba ignorando a las gemelas Luna. Demetri había empezado a responderle, le era complicado posicionarse. Su contrincante a pesar de pelear de forma libre era bueno, tenía la suficiente calle como para pararlo. Se sentía estúpido de practicar pelea y estar perdiendo contra un amateur. 
-Te patearé. 
“¿Qué?”, se preguntó cubriéndose inmediatamente de una patada que nunca llegó. Demetri aprovecho su baja en la guardia y le propino un golpe al estómago. La fuerza del adulto lo dejó sin aire, Sebastián se encontraba en problemas. “Era obvio que no patearía, pero le creí”, reflexionó levantándose. 
-Usa tu talento. No tendrá sentido esto. 
Durante esos segundos empezó a sonar el ritmo de una lambada, el celular de Yue interrumpía la pelea. Por ese pequeño instante pararon. 
-¿Si?- Contestó.- Yliana ¿Qué paso?, ¿Incognito?- Un miserable miembro de ese juego maligno, había aparecido y de seguro estaba tras Saana. -Voy para allá –Cortó el celular.- No mueras Sebis. 
Aquel comentario lleno de furia al mencionado. Sabía que lo había hecho para fastidiarlo, pero debía entrar en razón. Karen había muerto y el necesitaba ese poder. Yue fue saliendo de la casa de Demetri, dejando a su compañero con una sonrisa. 
-Que empieza la hora loca…. 
Todo se volvió un cuarto de espejos. Demetri sonrió observándose a sí mismo con pintura de payaso, sus dientes se veían amarrillos. Sacó una navaja de su bolsillo y observo a todos lados.   
Mientras eso ocurría por las calles de Fiori, cerca al centro Comercial Plaza Norte un grupo de chicas que planeaba un pequeño viaje de verano iban averiguando detalles sobre los buses. 
Saana y sus amigas habían sido atacadas por Incognito, quien buscaba el talento de Saana. Cubierto tras un pasamontaña y con una navaja en mano intercepto a las escolares. Debía ser rápido antes de que llamara mucho la atención. 
-¡Xena, dámelo y me iré! – Exigió.
-Incognito…. Pelearé contigo pero déjalas a ellas- Pidió Saana. De su mochila sacó su máscara. Las chicas atrás empezaron a gritar por ayuda. Luego salieron corriendo una por una. 
Saana considero salir corriendo también, pero las pondría en peligro a ellas también. Cerca de esas calles a lo lejos una chica observaba asustada. Sabía que la situación económica en su casa no era buena, pero le dolía ver a su padre robando a escolares de su edad. 
-¿Qué te paso papá?-Se preguntó observando asustada, cómo atacaba a un grupo de chicas.
La pelea apenas iniciaba entre Saana y Cesar mientras que dos personas. Saana tomo distancia de su maleta sacó el encendedor de Karen y se concentró. Llevaba tiempo practicando con sus nuevos talentos. El de su vieja amiga y el que le arrebato a su maestra. 
-No puedo moverme…- Saana sonrió. Entonces, tomó su rosario del cuello y lo señalo con él. El cuerpo de Cesar se llenó de un inmenso dolor. Finalmente metió su mano al bolsillo de su falda- No sabía que tuvieras varios.- Sacó una estampilla de un santo, era la que le regalo su tía cuando le dieron de alta. 
-Dame tu talento- Pidió Saana.- No puedes moverte, tus sentidos solo sufrirán y ahora dejarás de respirar…- “Que poder para más cruel”, recordó la posesión que sufrió Tobi en la pelea contra el demonio. Ahora ella tenía ese poder.
-¡Basta papá!
Aquellas palabras hicieron remecer a Saana. Ese tipo tenía una hija…     
Durante ese descuido perdió el contacto visual, Cesar logró moverse contra ella le lanzo una piedra al rostro.  Detrás de ella dos figuraban se manifestaban ante ellos. Saana sabía que eso se pondría aun peor. De todas las personas que había conocido, solo había temido de su padre. Hasta que conoció a ese demonio de seudónimo Chalo. 
Ya no quedaban espejos, estaba cansado y se observaba a sí mismo frente a un espejo.  Entonces, todo empezó arder a su lado. Estaba perdiendo contra Demetri, quien jugaba con su mente. Finalmente había reconocido que peor tenía el psiquiatra chalaco.
-Controlas mi mente…
-Si controla tu mente…
Entonces, se vio a sí mismo entre fuego, vidrios y desesperación hablándose. La imagen del Joker le hablaba con una sonrisa zorruna.  Se vio a si mismo con Saana al lado, con Carol. Una vez más rio. }




-Rompe el orden establecido… no todo tiene que tener una razón. 
-Si…- Se respondió. 
Sus hombros empezaban a sangrar. Notó que mientras conversaba en su mente, había un humano, disfrazado de deidad que intentaba matarlo, aquel que le brindaba terapia y ayuda por 100 soles la hora. 
-Ya lo entendiste…- El payaso le sonrió. 
-La vida es un chiste, pero soy el único que le ve la gracia. 
El tiempo se esfumo. No sentía nada más que no fuera su voz, podía ver una navaja ir contra su pecho. Parece que estaban por propinarle el golpe final, pero no le importaba. Se dio cuenta que todo le importaba un carajo.
Todo menos ella. 
O ellas.  
-Perdiste Sebastián… me has decepcionado- Escuchó a Demetri. – Vaya. 
-Jaja  
-Es pudo ser muy doloroso ilusión –Indicó Demetri sosteniendo la espada de Sebastián que había desechado en un principio, la cual se dirigía a lo más preciado para un hombre. Sus cojones.
-Lo es.
Entonces, aprovecho el descuido y le pateo literalmente: las bolas.  Tomó el rosario de su cuello, sacando la foto de su bolsillo. La observo unos segundo y luego la rompió.
-¿Esto afectará mi talento de ilusiones?- Preguntó. No mostraba expresión alguna. Tal vez solo la del cansancio y una leve satisfacción de patearle las bolas a su psiquiatra. 
-No, ahora tus dos talentos están en algo más importante. – Se paró aun con mucho dolor.- Esas vendas. 

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