Saana - Capítulo 18

Un gato hecho mierda

 “Siempre te observaba, siempre te pensaba, siempre quise saber si me recordabas…Desde aquel día cuando éramos niños me enamore de ti. Recuerdo que eras muy animado en el jardín por más que todos te fastidiaban, los golpeabas y se alejaba. Yo quería ser tu amiga odia a los que te hacían llorar, pero siempre sonreías al final. Pasaron a los años desde la última vez que nos vimos. Me decepciono que no recordaras esa promesa que siempre seriamos amigos, pero aun cuando te vi me sentí tan bien sin darme cuenta esa amistad se volvió una hermandad. Elegimos caminos distintos… yo me divertía mucho en fiestas, a ti no te veía muy seguido salir.”, el charco de sangre en el asfalto se convertía en un pequeño riachuelo que se dirigía hacia la pista.

-Karen…

La voz de Saana temblaba, el tiempo se había paralizado. Sebastián estaba petrificado, su cuerpo no reaccionaba ante lo acontecido. “Yo te observaba por dos años esperando que te fijaras en mi, pero éramos extraños nada más hasta hace poco esa mosquita muerta siempre estuvo cerca de ti…. Ella te hacia feliz”, su visión era borrosa. Sus pensamientos más pesados, se sentía cansada y congelada. 

-Kabi….- Verlo tartamudear la divertía. No era el tipo de chico que hacia eso. Era como esos niños sanos que no sabían cómo hablar con chicas. A ella siempre le gustaron los chicos malos.

“¿Qué le viste a esa cojuda? Cuando nos conocimos ambos nos atraíamos por pegalones y ella es una fresa. Creo que es lo que más odio de ella… una estúpida virgen te gusta o que se parezca tanto a Carol, la que te rompió”, quiso mover los labios, pero le dolía hasta respirar. Se preguntaba por qué el tiempo iba tan lento y no había sonido alguno, si las calles eran tan bulliciosas. 

-¿Tan fea me veo?-Dijo suavemente. - Te has vuelto muy guapo Sebas… solo que muy pavo. 

-No me jodas… no puedes ser tu.- Dijo Sebastián, mientras una lagrima lo traicionaba.- ¿Qué te paso? Tu no eres la enana busca pleito que conocí. 

-Siempre fuiste ingenuo…Creo que eso era lo que me gustaba.- Respondió Karen limpiándole la lagrima.- ¿Me recordaste por esa vez que me rompiste el labio?

Sebastián asintió. Dejo a Karen con Saana, quien aún estaba sorprendida. Ella lo observaba de lejos, ya no sentía dolor, ni pena. Solo lo veía, viejos amigos que se olvidaban uno del otro. Almas camaradas, que algunas vez caminaron juntos siguieron caminos distintos, pero el final de ambos es el mismo.  Ella moría, él eventualmente.  

-Ya te cagaste…- Sus ojos no miraban que estaba armado, estaba ciego ante la manada de pandilleros que escapan ante los disparos y el cuerpo de Karen.  Yue padecía aun tratando de controlarse por lo visto.  “Ahora si tendremos esa pelea fantasiosa”, pensó. 

-Parece que sí. 

Alzo el revolver contra él para asustarlo, pero Sebastián no podía verlo.  Se acercó botando aire por la boca, como un pequeño zumbido de abeja cogió el brazo del demonio, de un codazo a la cara soltó el arma.  Por un instante Chalo tambaleo, luego recuperó el sentido. Diego no se dejaría vencer tan fácil, mucho menos por Sebastián. 

-Has mejorado, ya no eres un llorón.

Quiso que vea sus horrores, pero la ira había cegado al payaso. Tomo distancia, con la guardia en alto volvió a soltar aire en forma de zumbido y golpeo a su caa. Diego alzo los brazos y saltando esquivo, vio un hueco y metió su puño contra la cara de su contrincante. Sebastián tambaleo; Diego golpeo de nuevo, una vez y una vez más. 

-Sabias que los antiguos incas cortaban la cabeza de sus enemigos y bebían su sangre para adsorber su poder –Dijo Sebastián logrando mantenerse de pie. Vio al mismo Diego y sonrió. -Beberé tu sangre –Concluyo. “Ahora me caes mejor Sebastián lástima que tenga que matarte”, se dijo Diego recogiendo su cuchillo.  Noto unas gotas de sangre, su nariz estaba llorando rojo.

“Esos dos son los más peligrosos, si quiero ganar… Debo usar a Sebastián para vencer a Chalo y luego lo traicionarlo”, meditaba Yue alejándose de la pelea junto a Yliana, quien los había acompañado. Vio a Karen en el suelo junto a Saana. “Su talento, el encendedor”, se dijo acercándose. 

-Déjame en paz perra- Exigió Karen tratando de conservar su orgullo.

-Karen eres mi amiga…. No sé qué te hice, pero no quiero verte morir-Dijo Saana soltando algunas lágrimas. Cogió su celular y marco 105, pero Karen logró quitarle el teléfono y colgar.- ¿Qué pasa?

-Eres una inútil… no sé qué te vio Sebastián, pero prométeme algo-Pidió Karen cogiendo su encendedor. Yue se acercó junto a Yliana. 

-Dame ese encendedor. 

-¿A ti te gustaba Sebastián?-Preguntó Saana observando como Karen empezaba a llorar- Luna… déjala

-No querida –Sonrió cansada, apretó con fuerza el encendedor. La peliplateada se quedó inmóvil, había sido demasiado ingenua.– Saana, prométeme que no dejaras que le pase nada malo a él.- Tomó la mano de Saana y dejo el encendedor en ella- Ahora vete. 

-Lo prometo-Dijo Saana sin poder creer lo que oía. Sin perder más tiempo se alejó, antes que el efecto del talento pasara  y Yue la persiguiera.  

Diego de un par de golpes directos hizo sangrar la nariz de Sebastián, poco a poco él retomaba el control. Gonzales se sentía demasiado fuera de forma, estaba cansado y adolorido. Mientras tanto, eran observados por un chico, que dudaba y meditaba lo que sucedía. “No puedo interferir, aunque sean mis amigos. Demonios…”, pensaba José cerca de ellos. 

-¡Tenemos que irnos!- Grito Yue enfurecida al ver cómo había perdido ante Karen.  Ella se encontraba aun en el suelo, desangrada y con una sonrisa que Yue deseaba patear, pero no se vería bien frente a Yliana y Sebastián. 

Sebastián no escuchaba los gritos de Yue, reaccionando se levanta. Antes de que Diego le clavara el puñal con el que se defendía. Suspiro, estaba agotado debía escapar. Detrás de ellos un grupo de pandilleros se acercaba, Imperio Grone, los que se habían escapado volvían con amigos. 

-No, esta vez ¡No!

Pateó el estómago de su contrincante, este cayó y sin perder más tiempo empezó a correr hacia la dirección de Yue e Yliana. Estaba cansado, Diego apenas se recuperó del golpe empezó a correr también. Él era el objetivo de los pandilleros y estaba cansado. 

Sebastián corrió hacia Karen, la cargó y emprendió carrera nuevamente. Él e Yliana siguieron a Yue, quien parecía conocer mejor esas calles que ellos, ya que eran de otros distritos. 

-Diego Nacarino- Escucho una voz muy conocida para él.  El nombrando observo a José, con una máscara en las manos y una espada azul. Todo estaba claro, fue hacia él. - ¡Vamos!

Diego tomó la mano extendida de José y ambos se esfumaron de aquel lugar, en donde las piedras empezaron a volar. Imperio grone había entrado al territorio de los Destructores. Ambas bandas de Alianza Lima y Universitario de Deportes empezaron una pseudoguerra. 

-Bueno ¿Qué harás? Me retaras por mis talentos...- Dijo Diego alboreándose el cabello. Habían llegado a la habitación de Diego, estaban en su casa. – O los apostamos en una partida de Yu-Gi-Oh

-No, no tengo intereses del juego, pero Diego ¿Por qué quieres tan desesperadamente perder tu vida?-Preguntó José colocándose sus lentes.- Sabes que lo perderás todo si ganas… 

-Es mi trabajo soñado- Respondió Diego recogiendo su arma- Violadores, asesinos. El mundo está lleno de lacras que no merecen seguir vivas. Cuando yo sea la muerte los exterminare, seré un verdadero Dios. 

-¿Que te hace pensar eso? – increpo José sacando su Kurikara también.- Solo somos instrumentos de entretenimientos para estas deidades… 

-Dios no es más que un pendejo….-Dijo Diego bajando su pistola-Dime un niño merece tener cáncer… Dios castiga a los que se merecen no es así. Dime, ¿Qué ha hecho ese niño para tener cáncer?... ¿Acaso eso te parece justo?–Reprocho Diego exaltándose.- Es lo que quiero. 

José no supo cómo responder observaba un brillo en los ojos de Diego. Le parecía tan extraño como una persona como él tuviera esa ideología, quien cuando se presento era ateo y ahora anhelaba ser Dios. 

–Cuando yo sea el ángel de la muerte castigaré a los que realmente los merecen.  Yo no me llevare a los que no los que no lo merecen-Finalizo Diego.

-Si solo lo pones de ese punto…. ¡Pero igual has matado a varias personas por ese objetivo! –Increpó José.

-Los participantes de este juego todos somos miserables que han estado cerca de la muerte antes...-Dijo Diego alzando las manos en son de grandeza-Solo les hago el favor de acabar con su miseria. -Finalizo extendiéndole la mano a José- Únete a mi…juntos limpiaremos este mundo-Propuso.

-¿Después de todo somos chalones, no?-Dijo José dando en la mano en son de su unión.

-Comprobemos que tan buen dúo somos  -Dijo Diego volteando-Vamos a terminar con una espía. De paso le haremos el favor a un amigo. 

Habían llegado a la casa de Yue, en Habich. Habían trasladado a Karen con ayuda del talento de Sebastián, nadie había notado como estaba la chica gato. Entraron y la llevaron al baño. Empezaron a limpiarla e intentar curarla, pero había perdido demasiada sangre. Llevarla al hospital implicaba las sus huellas. 

-Sebas, te has vuelto muy guapo-dijo Karen tratando de levantarse. Le habían quitado la ropa, estaba mojada con agua caliente. Yue intentó quitarle las balas, pero ella gritaba mucho. Todo estaba perdido para ella. 

-Resiste…- Dijo Sebastián tomándole en sus brazos. -¿Quién tenía ese talento de curación?- Preguntó. 

-Incognito, pero no tengo información de él. Lo lamento- Dijo Yue. 

-No me quiero morir así… al menos te acordaste de mi amiguito. –Dijo Karen sollozando sus ojos –Y te humille maldita perra – Yue la ignoro, aunque ella la veía con desdén. Karen agonizaba.- Mis padres están separados. Siempre se peleaban mucho y yo los odiaba.  

Las lágrimas una niña que no tenía ni madre, ni padre caían como un pequeño riachuelo, la sangre se había secado. Solo le quedaban segundos. Yue se preguntaba cómo se desharía del cuerpo, Yliana tenía mucho y Sebastián tragaba grueso, no sabía cómo reaccionar ante lo que escuchaba. 

-Karen….-Pronuncio Sebastián siento interrumpido por ella misma. 

-Siempre trate de llamar tu atención pero nada…. No sabes cuanta rabia sentí al enterarme lo de la perra de Carol, cuando terminaron pensé en mi oportunidad. No me malinterpretes, Mald… Edgar me gusta mucho pero siempre quise recuperar nuestra amistad.-Contaba ya desesperada –Al final los decepcione a todos… ¡Soy una buena para nada! 

La máscara del felino que llevaba en las manos, la partió en dos y sonrió. 

-Cometí mucho errores y estar aquí fue uno de ellos… esta identidad de la chica gato es lo peor de mí. La perra en la que me convertí… Al igual que lo acabo de hacer… deshazte de esa mascara de payaso.

-Hija…. Siempre estuve orgulloso de ti… 

-¿Papá?-Se preguntaba Karen algo incrédula al verlo. Se encontraba en casa con él y su madre. Se vio así misma en una cama con ellos al lado. – Fue una pesadilla, ¿No?- Empezó a sonreír, ella escuchaba la voz de Sebastián.- ¿Mamá?

-Ha sido un día cansando mi reina, debes dormir- Yue se acercó y le acomodo el cabello.- Mañana papá nos llevara la Parque de las Leyendas. 

-Invitaremos a esos amigos tuyas- Respondió Sebastián –Descansa un poco ya no hables más… descansa Kabi cuando despiertes todo estará bien.

-Me haces muy feliz –Respondió la pobre chica-Tengo miedo a no despertar. Papá, mi papá te quiero mucho… 

-Confía en nosotros hija mía - Yue tomó sus manos y la acurruco en su pecho. –Descansa…  

-Pero….-Fue interrumpida por un dedo de Sebastián que tapada sus labios.

-Descansa. Ya no te esfuerces más. 

Karen cerro los ojos confiando en sus padres, mientras la imagen de ellos mismo  se desvanecía, la expresión de Sebastián cambiaba de una sonrisa cálida a una fingida y triste que no paraba de soltar lágrimas. Finalmente ya no volvió abrir los ojos. Yue la recostó en el suelo y se puso de pie. Todo había sido demasiado para ella, la pena la inundaba aunque no conocía a aquella chica que había muerto en sus brazos y la llamaba mamá.  


-Eso fue muy noble –Comentó Yue poniendo su mano en el hombro de Sebastián quien no dejaba de llorar. Contuvo las lágrimas que amenazaban con traicionarla. 

-Onii chan…-Dijo Yliana bajando su mirada. La hermana menor de Yue no resistió y empezó a llorar.

-Mis ilusiones solo engañan la vista. Ella siempre escucho nuestras voces.- Levantándose con una mirada triste que poco a poco cambiaba a una más seria. Se sentía frustrado. 

-¿Que planeas payaso…?-Preguntó Yue acercándose a su hermana.

-No me interesa ganar... Mucho menos perder mi vida por entretener a otros.-Respondió Sebastián con una mirada muy penetrante hacia a Yue.- Solo quiero sacarle la mierda al tipo que está haciendo esto. Déjame ganar para ti. 

-¿Cómo podemos confiar en ti?-Cuestionó Meylin , la hermana menor no confiaba en él. -  Entréganos tu talento. 

-Una sonrisa….una sonrisa es que nos hace falta –Dijo Sebastián observando a Yliana-Chalo se llama Diego Nacarino, estudia conmigo. Alem es José Martinez-Indico Sebastián mientras las tres chicas se le acercaban.- Saana Gutiérrez es Xena. Y Carol Arana es Joshi, pero esta última esta de nuestro lado. 

-Está bien, Sebastián- Hablo Yue dándole la mano.- Estamos juntos en esto. Ahora ayúdame a deshacerme de esto.- Señalo el cadáver de Karen. 

 Caminaron durante varios minutos por zonas que no eran muy cristianas, pero a esa hora circulaban policías y en teoría eran lugares seguros. De todas formas Diego le afirmó que tenía conocidos por ahí y que nada le pasaría. 

-¿Para qué me traído aquí?-Preguntó José examinando el lugar. Se encontraban en las Calaminas de Caquetá. El distrito comercial era como una ratonera y ellos eran gatos buscando a un ratón que perseguía mucho a Nacarino. 

-Tu poder de esparcimiento…. Quiero que nos saques de aquí…-Dijo Diego acomodándose la capucha de su casaca. Se encontraban frente a una casa roja, el barrio se veía casi vacío. Escasos niños gritaban “Ampay me salvo”

Carol se encontraba en su casa cuidando a sus dos hermanas menores: Ginella y Luana. En el televisor se escuchaba y observaba: “Es hora de la tubidespedida, es hora de la tubidespedida.” La noche se asomaba como a poco la luz se encendía, sus padres no llegarían del trabajo aun hasta las 8 p. m. debía calentarles la comida a sus hermanas. 

-¡Luana no subas las escaleras así de rápido te puedes caer! –Llamó la atencion Carol al observar que su hermana casi caía. Su poca paciencia era debido a ellas. 

La chica se levanta de su asiento acercándose a sus hermanas hasta que de la nada se escucha el golpeteo en la puerta. Se preocupó, pero era una tocada familiar. Seguro su padre se había olvidado alguna cosa en casa y había regresado. 

Abrió la puerta y Giancarlo la empujo hacia dentro y la tomo de la cintura en un abrazo fuerte. Ella se quedó inmóvil, él no sabía dónde vivía. “¿Cómo llego aquí?”, se preguntó. Empezó a besarle el cuello, a pesar que se resistía llego a sus labios. Bajo sus manos de la cintura al trasero y lo presionó con fuerza. Ella quiso alejarse, pero le mordió el labio hasta hacerla sangrar.

Las niñas empezaron a llorar. Ella lo empujo y hasta lograr safarse de él y le dio una bofetada. Estaba molesta. 

-Gianella, Luana quédense en cuarto de arriba y no salgan – Grito Carol muy aterrorizada. Las niñas subieron sin dudarlo.- ¿Qué mierda haces aca?

-¿Qué sucede? Ya no recuerdas cuando te cache bien rico. 

Ella empezó a sentir un hueco en el estómago, tenía nauseas. Sus piernas empezaron a temblar al notar que otro chico entraba a su casa. 

-Esta vez somos dos.- La tomo fuertemente del brazo, ella le pateo los cojones y corrió a la cocina. Reconoció al tipo que acompañaba al infeliz de Giancarlo, era un amigo de Sebastián.- Jaja, Gianqui dijo que te gustaba lo duro, pero no creí que tanto.  

Se recuperó del golpe y la siguió a la cocina junto a José.   

-No hay payaso que te salve-Dijo José sentándose en el sillón- Vamos, tiren tranquilos. No me gustan los trios –Indico mientras, cambiaba de canal el televisor.

-¿Qué?- Cogió un cuchillo de la mesa.- Tú no eres Giancarlo… ustedes son

-Somos amigos de Sebastián que le harán el favor de matarte.- Diego extendió las manos, regresando a su forma normal.- Gianqui te dio hasta por el culo, no sé por qué te resistes. Yo tiro mejor.   

- ¡Aléjate!-  Estaba arrinconada- ¡O te mató!

-Puedes entregarme el talento y solo tiramos… o tiramos, te asesino y me quedo con tu talento de todas formas. 

-¡Qué esperas! –Exclamó Carol tratando de intimidarlo. “No puedo irme por mis hermanas tengo que enfrentarlos…No podre sola”, se dijo así misma. Su talento no le permitía pelear solo escapar.  

-Esos brazos…- Diego se acercó aún más. Se encontraba cerca del rango de su utensilio de cocina.- ¿Te cortas para sentir dolor o simplemente quieres llamar la atención?- Pregunto tirándole un puño en la cara.-Me das pena….-Dijo al no ver respuesta. Retomo la forma de Gianqui, aquella aventura que le costó el amor de Sebastián. 

-¡Calla idiota!- Grito Carol empujándolo, tratando de correr hacia la puerta. De su bolsillo saco una estampilla de San Martin de Porres.  

-¡Jajá!–Grito Diego cogiendo al del pelo la regreso de un solo jalón. La estampilla cayó al suelo. Sin solar el agarré de su cabello, Diego estampo la cara de Carol contra la mesa de vidrio. Esta se resquebrajo. 

Carol cayó al suelo con la cara cortada y sangrando. Se paró nuevamente algo adolorida lo intento una vez más escapar, pero esta vez José la golpeo en el estómago. Tomó la estampilla del suelo y la miro.  Diego regreso de la cocina con una hoja de afeitar y se agacho.

Pasó aproximadamente una hora hasta que Sebastián y compañía llegaran a la casa de Carol. Estaba preocupado, ya que la había estado llamando y no daba señales de vida. El cuerpo de Karen se había desvanecido ante sus ojos y convertido en una pequeña luz que se apagó. 

Ahora se encontraba frente a una agonizante Carol, la cual estaba rodeada de sus hermanas llorando. Las niñas lo reconocieron y le pidieron que la ayudará. 

-¿Qué paso Carol?-Preguntó Sebastián recogiéndola del piso. Su brazos y pecho estaban llenos de cortes. “Propiedad de Gianqui”, “Me gusta la pinga”, “Sebastián la tiene chiquita”, “Métemelo por el culo, es más rico”

-Tu amigo José es aliado de Diego –Dijo Carol, estaba llorando y su voz se desvanecía poco a poco- Te juro que lo mataré… ese tipo Diego. Lo mataré 

-Mierda, aún está viva…- Dijo Sebastián volteando a ver a Yliana-Llama a una ambulancia -Exigió el chico muy alterado.

-Sebastián… nosotros no somos rivales para Diego y Alem –Dijo Yue Mientras que ella y Meylin calmaban a las niñas.- Entre ellos tienen cinco talentos. Nosotros apenas dos.  Karen le entrego el suyo a Saana, mientras peleabas con Diego. 

-¿A qué te refieres?-Increpa Sebastián muy alterado.- Debe haber una forma. Matemos a los jueces si es necesario, pero nos entregarán el segundo talento. 

En ese momento Saana se encontraba con Micaela frente a frente. Ella había pasado la tarde en la casa de su profesora. Le lloro la muerte de Karen y por su debilidad. Y ahora se encontraban enfrentadas. 

-Tienes que pelear conmigo y te entregaré el segundo talento. El que completamente al que tienes. 



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