domingo, 25 de septiembre de 2016

El mundo, según Lunática - Capitulo 6

Dos semanas, una decisión y escasos sentimientos

-No has pensado en la posibilidad… que quizás este sea mi mundo.- Mi oído se desvanecía, mis piernas retemblaban, mi cuerpo sudaba frio. Sentía que se me bajaba la presión y la cabeza me empezaba a doler. Poco a poco perdía el sentido.- Y que por fin tuve el valor de hablarles… a ti y a Galia. Mi creación…mi mundo. Mi hijos, mi todo. 
-No…  
Los segundos se convirtieron en minutos, los minutos en horas y las horas en mucho sueño sin cansancio. Entonces, solo en las tinieblas y aterrorizado por quien me hablaba. Me di cuenta: Las semanas era una nada. 
-Es broma… pero pronto seré parte de ti. Recuerdos y experiencias.
“Que broma para más aterradora”, me dije. Pero, la idea por más siniestra que sonará no era del todo loca. Mi existencia podía ser la creación de alguien más. Eso aterraría a cualquiera.  
Eran las 4 a. m. cuando escape de mis recuerdos de ese inicio de noche. José Manuel dormía en su cama y roncaba como el motor de un tractor malogrado. Giancarlo, el Oráculo, también se había quedado dormido en el sofá, acurrucado abrazando una muñeca system de la hiena gorda. 
Yo era el único que divagaba en la oscuridad de la noche y de mi ceguera acompañado del tic tac del segundero de un reloj que coordinaba en armonía con cada ronquido. Mis sentidos eran más agudos desde que perdí la vista. Aun podía sentir el tacto de la delicada y mojada piel de Galia, aquel día en la playa. 
-Ser Oráculo…- Murmuré. Escuchaba sonidos, los conejos de José parecían querer aparearse.- Un contenedor de querubín… 
Me aterraba la idea de ser la creación de alguien, que Giancarlo manipulara mi vida como Galia manipulada a su Romeo y Cenicienta. Luego, estaba convertirme en él.  Y finalmente, mi nuevo interés en Lunática. Mi vida estaba tomando un rumbo nuevamente, pero una vez que decidiera que hacer no habría marcha atrás.  
Minutos antes conversábamos de la vida y bebíamos. Mi paladar no recordaba el sabor tan amargo de la cerveza, según Oráculo no me haría daño y bebí con ellos. Ahora me preguntaba “¿Qué gracia había en beber cerveza?”, no me la recordaba tan amarga y de sabor tan malo. Era mi primera noche en Lima lejos de Lunática, al menos estaba acompañado de amigos. 
-Ya sin joda. ¿Te estas cogiendo a la Grilla?- Preguntó José Manuel, llenándose la boca papitas Lay´s. La combinación de papas y cerveza era horrible. Maldije mis sensibles sentidos. – Te juro que me llega al pincho el Grillo. Es una mierda con ella. 
-Pues no.- Atiné a decir. No podía negar que descubrir que Galia regresaba a mi vida me había emocionado e incluso ilusionado brevemente, pero ese detalle del novio terminaba con todas mis expectativas, aún más con la idea que mientras yo bebía con ellos, ella tiraba con él. 
-Terminarán pronto… 
Era aterrador como hablaba y según manifestaba la hiena, él adivinaba el futuro. Apenas llegamos, le cuestioné mucho, pero a todo respondió con razón. Cosas que ni recordaba, era una persona que conocía más de mí; que incluso, yo mismo. Eso aumentaba mi miedo a ser parte de él. Nunca fui creyente pero, me sentía al lado de dios.  
-¿Qué eres? – Consulté. Me espantaba la idea que existieran más personas así. – Lunática me comentó algo parecido de Grillo. 
-Esa Lunática está en nada, papi. Ella solo conoce el espejo por su novio.- Respondió José, su barba era una aspiradora de restos de comida.- Grillo es boquilla noma. Ha creado muchos mundos nada más. Solo se hace pasar por un querubín, pero es tan normal como todos. Bueno excepto que ustedes…
Los querubines, como ángeles de alto rango en el cielo, aquí se les denominaban a personas con un poder mental elevado. Tan elevado que sus mentes eran eternas, vivían a través de contenedores como Giancarlo o yo mismo. Según hablaba el actual Oráculo, no era predicción sino, sentido común y la lectura de las auras. Cosas que personas que se drogaban no alcanzaban. 
En Perú eran: Cafeína, Oráculo, Equis y Lila. La primera arequipeña y paralitica; el segundo y para mi sorpresa tenia síndrome de down; y, los otros dos no me dijeron nada.  Su poder especial se heredaba como su nombre. Forzaban su reencarnación para morir.  
Vivieron un millón de Cafeínas. Medio millón de Equis. Existieron mil Oráculos, antes de Giancarlo y él me estaba esperando para ser el próximo. Suspiré acomodándome en la alfombra de mi amigo. No me gustaba creer en el destino, deseaba tener poder de decisión. 
Entonces, me recosté mirando el oscuro cielo. Lo quise imagine pero, la vi a ella. 
A la mañana siguiente luego de un sueño intranquilo. José me dejó en la casa de Lunática, él estaba emocionado con la idea de que yo sería próximo Oráculo, me apenaba ocultarle la inevitable muerte de Giancarlo. José y él eran muy cercanos. Mis problemas desaparecieron al toparme con su sonrisa mientras salía al trabajo.  La vista se había convertido en el menor de mis problemas, cada vez podía ver más. Pero, solo me interesaba verla a ella. 
Esa noche, estaba en su casa pensando en mi madre, llevaba varios días en Lima y no pensaba en verla .Galia aun no llegaba. No le había dado respuesta a Giancarlo y su tiempo se agotaba, pero poco me importaba. Me sentía conforme como estaba. Entonces, ella entro rápido al baño, había dejado las puertas abiertas invitando a cualquier ladrón entrar. Estaba llorando y vomitando. 
“¿Estará embarazada?”, me pregunté con temor. Cerré la puerta y la busqué. 
Pasaron unos minutos y luego salió. Soltó su hermoso cabello matizado, su mirar se perdían en la hinchazón de sus ojos. Me contó de un tipo había llegado de emergencia a su trabajo, había sido atropellado por un bus, mientras cruzaba la pista. Se encontraba bajo los efectos de sustancias ilícitas… era un conocido de ella. 
-No quiero morir así…
Noté una aureola en su cabeza, aquella que vi antes. Era naranja resplandeciente, emanaba un olor a desagradable como si ella hubiera soltado un fétido gas. Comprendí lo que me comentaban sobre los sentidos de un querubín, pero no quise indagar más. Me acerque a ella y la abrace. Ella escondió su cabeza en mi pecho, como cada vez que peleaba con su madre hace años.  
-¿Quién era?
-Se hacía llamar Pasioni…- Sus manos temblaban. Pronto sentí mi polo mojado. Seguía siendo una llorona.- Tenia dos niñas pequeñas y su esposa está esperando su primer varón.  
Sentí curiosidad. 
Estábamos demasiado cerca, levanté mi mano hacia su cabeza y la froté. Ella seguía escondiendo su cabeza en mi pecho y entonces, toque su aureola, aquella que emanaba ese olor sobre su cabeza. 
Mis ojos la vieron llorando, lloraba mucho y de diversas formas: Estaba sentada en mi parque llorando, se había cortado las puntas negras y su cabello blanco estaba sucio.  Seguía llorando, ahora fuera de una iglesia se había cortado el cabello casi por completo, parecía un hombrecito. Finalmente la vi sucia, con moretones, un hilo de sangre bajaba de su frente, esta vez no lloraba lágrimas. Sus manos sollozan sangre. 
 -Eso fue aterrador- Atiné a comentar. Ella se alejó de mí y me vio confundida.- No es nada…
-No me imagines como una fea. – Me dio un golpe leve al estómago y empezó a soltar carcajadas. Había olvidado que ella no sabía que yo conocía su verdadera identidad. – Bueno, la vida sigue- Se animó.- La lección del día fue mirar a ambos lados antes de cruzar la pista. 
-En realidad, es no caminar drogado…
-¡Cállate!- Me lanzo uno de sus cojines, el que tenía forma de cara de gato.- ¿Aun tienes tiempo de vista?-Consultó, yo asentí.- ¡Perfecto! Mañana tengo guardia, así que estaré el día en casa.- Es decir, estaría todo el día en casa y trabajaría de madrugada.- Te enseñaré algo genial.
Me cogió del brazo, yo notaba que esos cambios de humores no eran del todo naturales. Conocía los miedos y sueños de Galia, cada facción de su rostro estaba en mi memoria y podría jurar que intentaba olvidarse de sus problemas con este vago intento de niñera de un ciego. 
Era poco menos de media noche.  Al lado del hospital psiquiátrico Hideyo Noguchi, pasando la iglesia de los mormones en el popular barrio de las mayólicas, Palao, había un pequeño parque al cual llegamos. Las calles de noche era cuando más brillaban y menos ruido producían. Era casi perfecto a comparada de la bulliciosa del día. 
Estábamos a pocos kilómetros de casa y ella fumaba marihuana, sentada en el pasto bajo un árbol con cicatrices románticas. Entre esas cicatrices decía: “Santos y Galia”, me senté a su lado. Ya había estado aquí, pero fingí demencia. Ella me sonrió y se echó. Me jalo al suelo a su lado y ambos miramos el cielo.  
-Ver es algo hermoso- Dijo alzando la mano hacia la oscuridad infinita del cielo limeño, acompañado de nubes de contaminación.- Eres un cojudo por quitarte la vista. 
Pasaron unos minutos, ella seguía con una mano en el aire. La empezó a mover mientras entonaba… “La mar estaba serena, serena estaba la mar”, aquella estrofa me dio un golpe de nostalgia. En aquel momento, ella empezó a reír ante mi evidente reacción. 
-Mira bien…- Su mano formó una especie de forma como se crearan nubes.- Siempre empiezo por un hombre. Su nombre será Jesús.- Las pequeñas nubes que ella creo formaron una persona de estatura baja y camisa a cuadros, pantalón de constructor y de piel trigueña, de cabello corto y peinado de copete, y con una guitarra en la mano. 
-Eso pensaba preguntarte…- Ella estaba creando un mundo. A partir de esas nubes de un extraño color naranja que se formaban en sus manos.- ¿Cómo lo haces?
-Por eso lo estoy haciendo frente a ti, idiota- Poco a poco aquel joven hecho de nubes en la noche eterna, comienzo a caminar sobre su sitio.- Quiere estudiar música, pero su papá le impondrá ser ingeniero. Está enamorado de amigo Alexis.- De otras nubes ser formaron los mencionados: un adulto de 45 años aproximadamente de pantalón y camisa y un joven de lentes, cabello rizado y una armónica en las manos.- Pero, él se encuentra mal. Jesús tenía problemas con drogas… 




La empiezo a escuchar sollozar, puedo reconocer sus ahogados mientras habla. La guitarra del nubenoide se rompió. Sus brazos fueron atacados por serpientes conectadas a una cama, que en vez de veneno tenían suero. De pronto él estaba completamente acabado. Su semblante se volvió una mierda literal. 
-Él tiene lupus por consumir demasiada cocaína. Pero, no la puede dejar… la música es todo lo que tiene, su único motivo de vivir. Si la pierde igual morirá… Alexis es heterosexual, a veces tira con su novia en la casa de Jesús. 
Oráculo había predicho que ella terminaría con Grillo, quien le era tan fiel como una prostituta a su cliente favorito. Qué se ahogaría en su amor por ese mundo… Y había dicho que podría ayudarla si me volvía él. Por alguna extraña razón me sentía atrapado en su destino. 
-Él no quiere morir, pero ya no le queda nada. Se convirtió en todo lo que odia… no puede verse a sí mismo. Ya no es Jesús, solo es un marica enfermo.- Acaricie su matizado cabello. Olía a su reacondicionar de limón, que en años parecía no haber cambiado de marca.- Al final morirá. 
-¿Qué te ha hecho el pobre chico?- Pregunté. 
-¿Qué? Siempre me han gustado las tragedias.- Siempre fue mala mintiendo. Como aquella vez en esa fiesta en la que beso a Pietro. Presione mis puños, no recordaba eso hasta este momento. Yo había besado a un par de chicas también… - Ya volvamos.
Los cuervos no tardarían mucho en llegar. 
Esa noche terminó con ambos durmiendo temprano, tres de la madrugada aproximadamente. “En dos semanas moriré”, recordé. Giancarlo había esperado que Lunática me trajera. “Nunca creí que me gustarías tanto Santos. Si muriera y en otra vida te encontrará te violaría de seguro”, cumplíamos un año cuando Galia me dijo eso. “Somos el uno para el otro”, ahora Kelly invadía mi mente. Era una noche de recuerdos y confusiones. 




Al día siguiente luego de dormir hasta tarde me llevo por varios lugares: La plaza Bolognesi, que en el espejo era araña gorda que almorzaba humo; el Centro Cívico, hogar de mariposas negras que caminaban, ya que sus alas las perdieron con su suicidio; el Campo de Marte, una serpiente verde llena de comida ambulante y chucherías baratas, entre gobling de manos callosas y enanos de piel color ladrillo. 




Esa noche comimos hamburguesas en un Mc Donald. 




El segundo día acompañado de Yliana, la pequeña elfa lujuriosa con seudónimo de pokemon eléctrico. Caminamos por el malecón de Miraflores, ese día no quise ver nada. En aquel lugar, le había pedido matrimonio a Kelly. “Tomar mi lugar, mi nombre y salvar la pequeña luz que se le apaga a la Grilla, perdón, a Lunática”, sentía que Giancarlo sabía que iría con él, aunque no lo hiciera. 
Pasaron tres días más desde que Lunática empezó un nuevo mundo trágico. Ese tercer día, me encontraba echado en el sofá. Ella no había llegado a dormir, era más que evidente con quien había pasado la noche. Me las ingenie para llamar José, él me dijo que pronto pasaría a recogerme. 
Deseaba experimentar por mí mismo aquello. 
Entonces, sonó la puerta. Ya estaba aquí, con su barba musulmana y su mirada perdida, con una sonrisa zorruna. Pasó al interior y se sentó en el sofá.
-¿Qué tal Dr.? – Saludó. – Lunática debería guardar sus calzones.- Indicó sacando una trusa del sofá. Yo no tenía ni idea que eso estaba ahí.- Encajes, debe quedarle muy bien.
-Si es como lo recuerdo, créeme que sí. – Soltó una carcajada y la guardo en su bolsillo. Quise protestar, pero ella no era más que mi niñera y estaba fastidiado de no llegará al dormir sin avisar.- Cuando toque la aureola sobre Galia…
-Viste su futuro…y también la viste como realmente era.- Se paró y se acercó a mi.- Tócala.
Me sentí perturbado que un hombre me digiera eso. Pero, acepté. Estaba frente a mí, dirigí mis manos hacia su cabeza y toque su aureola de color oscuro, aroma a basura acumulada y de destellantes nubes plomas. Entonces, la imagen del drogo musulmán que veía desapareció. Era un gordito de baja estatura, cachetón, con raíces blancas en su cabello. De pantalón, camisa y chaleco; en los pies llevaba medias con sandalias y un bastón en la mano. 
-Que tal cambio…
-Jaja, este es el verdadero yo.- Se alejó de mí y se volvió a sentar. Sacó la trusa de Galia y empezó a olerla. Ahora se veía como un cerdo asqueroso, pero no dije nada. Alguna vez yo también lo hice.- La aureola representa nuestra alma, los colores y olores son según nuestra aura.  Si somos unos gorditos mañosos será de un color oscuro y tendrá un olor malo. 
-¿El aura negativa?
-Si haces cosas malas, desde no bañarte hasta asesinar a alguien su aura es negativa. Si eres amable es positiva. Y eso afecta a las almas, las aureolas. – Nuevamente guardo la trusa.- ¿Puedo llevarme un sostén también?
-No jodas. 
Conversamos más. Comienzo a interesarme mucho de lo que hablaba: Desde los signos zodiacales y como definían una parte de cada persona; como predecir el pasado y futuro de una persona. Mi aura y aureola también eran oscuras y de un feo olor a huevos podridos, según Giancarlo era por lo de mis ojos. Cosas malogradas significaban autodestrucción, olores fétidos eran carencias de uno mismo y mucha información más. 
Me invitó almorzar a las horas, el tipo era un abogaducho, así se refirió el mismo, estaba separado y solo tenía una hija. Conoció a José en una conciliación, él era abogado de su exesposa, su caso fue archivado ya que no llegaban a un acuerdo y no conciliaron un carajo. Ahora eran buenos amigos.
-Ella ya te debe estar buscando- Comentó mientras tomaba un caldo de gallina. Escuchaba levemente asqueado sus sonidos al masticar y pasar. Incluso se atoraba y escupía el hijo de su madre.- Mi gallina es mi favorita desde hace cuatro vidas. 
-Yo la odio- Como odiaba a las personas que comían de forma tan escandalosa, sin verlo podía saber que tenía la presa en la mano y de seguro fuera del palto los huesos.
-Pronto te gustará. 
Mi mente quedo en blanco durante los próximos segundos. Ese día termino conmigo recibiendo los gritos de Galia, por desaparecer de la nada. Minutos antes la había encontrado en su cama bajo los efectos de la pastilla para dormir y sus drogas. 
-¿Qué le ves al Grillo?- Consulté. “Dile si quieres… nuestra relación es asi”, recordé mi pequeño encuentro con él. Ella se quedó callada, mientras me perdía en mis pensamientos. “¿Realmente valía la pena querer ayudar a quein no lo deseaba?”
Estábamos en un puesto de hamburguesas, cuando Giancarlo me indico que observara en la entrada de un motel de mala muerte, esos de colores fosforescentes cerca de una esquina proxeneta. Por inercia abrí los ojos con dificultad, la comida lucia desagradable desde el espejo. Pero al frente nuestro estaba una pareja. No nos habíamos alejado mucho del barrio de las mayólicas, en pocas palabras, el hospital donde trabajaba Lunática y su novio estaba cerca. Y frente a nosotros Grillo besaba a una enfermera sacada de una película porno o al menos así la veía yo: De traje blanco, con las curvas bien marcadas dónde mejor le quedaban y un rubio cenizo.  
-Soy de la vieja escuela doctor. – Sonrió y tenía restos de cebollines chinos en los diente de la salsa tártara de su pollo. Estaba por arrojar. – Y eso está muy mal. No hablo de Grillo, sino observa con claridad quien está en la mesa del costado. 
Traté de observar un poco más. Era una sombra extrañaba, estaba limitado por lo me mostraba el espejo solo era mi imaginación, no podía distinguir si conocía a esa sombra o no. Entonces, observe esa aureola que la coronaba. “Joder”, me dije. Me hubiera gustado que me buscará a mí. En vez de acosar a su novio. 
-¡No te importa!
Esa noche no nos dirigimos la palabra, como aquellas peleas de antaño ninguno tenía intenciones de hablar con el otro. Tal vez se me había pasado la mano al decirle “patética arrastrada” o de pedirle que tuviera algo de dignidad. No era como la recordaba. Era un tonto intento de la tirana de la que enamore. 
Los problemas de la vida, como una copa de buen vino. Cuando se bebe inicialmente es amarga y desagradable, pero a medida que se va degustando el brebaje, su sabor se torna dulce, amargo de nuevo y así  danzando entre esas sensaciones a medida que vaciamos la copa. Me quede encantado con aquel poder… Mis ojos por mi paz, mi tranquilidad por mi viejo yo y finalmente todo lo que creía por ella. 
Echado en el sofá escuchando sus sollozos. “Jodidos oídos sensibles”, me maldije.
-Sacaré a Galia del infierno. 
-O te quedarás atrapado en el intento. 
Mis ojos se abrieron de repente y me levanté asustado. Observe a todos lados y no vi a nadie. ¿Habría sido Giancarlo con algún poder que no me había dicho?, o tal vez el creador de mi mundo y yo no era más que su juguete. 
-Soy Cafeína, tu mejor amiga. 

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