Saana - Capítulo 17

“Hola, ¿Qué tal?”, dijo un gatito al pasar

“¿Realmente pensabas que pelearíamos de forma tan fantasiosa?”, aquella frase recorría su mente una y otra vez, como el estribillo de una canción era atormentado por sus errores. Sebastián observaba el enigmático techo de habitación blanca deprimente, sentado en aquella silla, la cual lo hacía sentir un desquiciado.

-¿Cómo te ha ido desde nuestro último encuentro?-Pregunto Demetri desde su escritorio. Le tocaba terapia y desgraciadamente su profesional a cargo era una de las personas con la que menos deseaba verse.- Escuche que retomaste tu sanda 

-Te veo casi todos los días y hablas como si no nos hubiéramos visto en mucho tiempo. 

El psicólogo saco su teléfono de la bata, mientras le hacía preguntas ocasiónales, de aquellas con las que sentías que perdías dinero en vano durante cada cita. Demetri trató de contener la risa al encontrar la foto.

-No respondiste mi mensaje-  Le mostró el celular con aquella foto de Saana y él besándose esa noche chiflada. Sebastián suspiro, pues no deseaba alterarse. Aun era atormentado por la imagen del novio de su prima acribillado en el suelo. 

- ¿Qué implica ser la muerte?- Consultó. - ¿Por qué nosotros? Saana y yo…

-Es complicado mi estimado- Respondió acodándose las gafas.- Son personas elegidas al azar. Las únicas características son que hayan estado cercanas a la muerte y carezcan de esencia. 

-¿Cómo?

-Pues, tú casi mueres atropellado. Saana quedó en coma. – Suspiro nuevamente. – Tú perdiste tu esencia y Saana ni siquiera tiene una personalidad.   

- Eso es deprimente…  

-Si ganas lo perderás todo. Abandonaras a tu familia, amigos, etc. Nunca habrás existido, nadie te recordará. Solo serás la muerte. 

-¡Que estúpido! –Respondió Sebastián, ahora se sentía más desesperado. La agonía de saber que lo perdería todo o morir a manos de quien pensaba su amigo, solo para que este cumpliera esa ambición.- ¿No hay manera de evitarlo?

-Tu talento está ligado a un objeto personal. Regala ese objeto, de preferencia a otro participante.- Cruzo los dedos de forma maquiavélica – Puedes volver a competencia cada recuperes algún talento. No es necesario que sea tuyo; asimismo, ninguna persona que no sea un participante puede tener aquel don que dejes. 

Al día siguiente, ya era lunes, ese nefasto día. Los jóvenes estudiantes regresaban a la colegio ya a tan solo un mes de retirarse de ella. El tiempo era corto y la espera largar, pronto los moceríos de ambos quintos dejarían el escuela y se aventurarían a lo que era conocido como la vida. Algunos trabajarían otros seguirían estudiando. Al final de todo, la vida era una muerte constante. 

Sebastián llegó a su salón aburrido, sentándose junto a Luis. Al rato llegó Yliana sentándose junto a ellos también. El día era pesado, Luis como Yliana deseaban seguir con estudios a futuro y debían prepararse. Ingeniero y profesora respectivamente.  

-Onii-chan ¿Por qué esa cara?- Preguntó Yliana. -¿Aun planeas ser litarato? 

-Creo que si… –Respondió Sebastián, mirando a sus compañeros anhelando un futuro.- La cabeza me vueltas cuando pienso en el futuro. 

Durante unos minutos intentando aliviar la tensión, empezaron la charla de único que los distraería. Sebastián escuchaba su plática de One Piece, algo aburrido. Él prefería Bleach. Incluso su réplica de la zampakauto de Kisuke Urahara era el objeto al cual su talento estaba entrelazado. “Diego no puede ganar si no tiene mi talento…”, comenzó a meditar, Sebastián, observándolo “Yo no quiero perderlo todo, pero si él gana…”

-Oye, ¿Estás bien? –Preguntó Yliana nuevamente. 

-Si…-Respondió Sebastián observándola –Nee-chan, ¿No te di nada por tu cumpleaños este año no?-Preguntó. 

-No, pero fuiste a mi fiesta de cumpleaños sorpresa – Yliana le sonreía. El profesor iba tarde y la clase ya comenzaba a transformarse en un caos. Los cuadernos comenzaba a ser pájaros volando por el aula, sobre todo los del pobre Chillon. 

-Ten, te regalo esto – Dijo Sebastián entregándole su réplica, siempre la llevaba consigo desde el incidente con las gemelas Luna.-Luego te pasare unos lemmon ItaKonan -Agregó sonriendo para que no sospechara. 

Poco después de un par de pesadas clases, sonó la campana de receso. Sebastián salió junto a Diego. Una vez ya en la cafetería se encontraron con José. Se sentía la incomodad entre alumnos de quintos, sobre todo entre los miserables que entretenían deidades con ese estúpido juego. “No ha bajado Saana, debe estar avergonzada, jaja  es muy tierna”, pensó Sebastián buscándola con la mirada. Ella era su recompensa, la luz al final de ese tormentoso camino. 

El receso terminaba más pronto de lo que esperaba, escasos 30 minutos. El tiempo vuela cuando uno se divierte, pero aún más cuando uno no desea que se vaya. Regresaron a sus aulas, el resto del día continuo pesado hasta la campana de salida. Sebastián salió de la escuela. Notó a su querida salir apurada. Él la siguió divertido. Necesitaba hablar con ella, ridículamente pensó en tal vez formalizar. Necesitaba paz y distracción.  

-Deja de seguirme-Dijo fríamente, sin ni siquiera mirarlo. “Algo anda mal”, pensó él. 

-Es raro un día te me declaras y al día siguiente ni me conoces.  

-No quiero nada contigo.- Ella suspiro molesta.- Si te di alas, disculpa. 

-¿Cómo?- Porque era solo él, era el único interesado, suspiró- Bien, como quieras… Sigue besándote con quien quieras. 

-¡No te permito que me hables así!- Cortó Saana lazándole una bofetada. Un silencio incomodo apareció de forma salvaje. Como una película muda, el golpe no se escuchó. La mudez se convirtió en un martirio, ella sintió arrepentimiento. 

- Jaja, vaya pastelito. Esto se tornará interesante… 

-¿Cómo?

-Suficiente por hoy… - Empezo a caminar furioso por dentro.- Cuidado pastelito- Sabia que se arrepentiría de lo que estaba por hacer.- Espero no vuelvas a esa cama de hospital. 

Por ese instante ella empezó a temblar. Esa forma de hablar, esa amenaza. No lo esperaba de él. Esa actitud tan patán y extrañamente familiar a uno de sus adversarios la hizo lagrimear. “¿Volver a esa cama?”, espero a que se marchara por completo antes de flaquear. “No pensé que fueras asi….pero porque me duele…maldición por que me enamore de un patán como ese…”, pensaba la chica observándolo.

Mientras tanto en la casa de Diego, entre cartas de Yu-gi-oh y cigarrillos de canela. Dos chicos jugaban el duelo de monstros entre risas e indirectas. “¿Quién tiene el culo más grande Valeria o Cecilia?”, y otras tonterías de jóvenes famélicos de la piel suave de sus respectivas novias. 

-No pensé que te gustara vestir tan formal –Dijo José observando a Diego con un terno oscuro. Estaba alistándose. 

-Soy chalón pues, jajá – Respondió riendo Diego.- Hoy es el matri de mi prima.

-Por cierto, ¿Para qué el bastón? – Pregunto José, guardando su maso de juego. Se puso de pie y busco su mochila.  

-Es un buen accesorio – Respondió Diego riéndose aun.- Tengo estilo papi. 

Los días pasaron rápidamente desde que Saana y Sebastián habían terminado su amistad y amor antes de empezarlo, por un lado Sebastián recobraba esa antigua forma de pensar que ya había dejado de lado y Saana por otro lado aun estaba dolida pero aparentaba estar muy tranquila.

Sin darse cuenta llego el sábado, Sebastián decidió acceder a la petición de Richard y Yliana que también después le pidió lo mismo. Recordó días atrás a Rosario hacerle la misma petición. “Sebas… te quiero mucho idiota”, esas palabras aquel fin de semana que salieron juntos volvieron a su mente. Su mejor amiga, la exnovia. 

-Bueno chicos hoy veremos un poco de dramatismo de superhéroes a pedido del profesor Richard –Indico Marcela, sacando algunas máscaras y diversas ropas cortas.- Para meterse bien en el papel de un héroe necesitan ser un completo idiota… jajaja 

Saana parecía perdía en sus pensamientos mientras el resto de sus compañeros observaban con atención a Marcela y a Richard. Una de Gatubela, con apenas un antifaz y el otro de Batman con una marcara evidentemente más pequeña que su regordete rostro pálido. 

-Si hubiera sabido que las clases eran así hubiera venido desde ayer – Comenta Sebastián entrando. Observo a sus amigos cerca, noto a Saana y sonrió con malicia. 

-Las clases empiezan a las ocho no a las nueve-Indico Marcela algo molesta. Había interrumpido la explicación, su escenificación. 

-Lo bueno se hace esperar- Respondió muy arrogante sentándose con Yliana y Luis. Justo antes de sentarse el profesor Del Águila lo detuvo con una sonrisa. 

-Ven al frente, nos mostraras como lo haces - Reprocho Marcela molesta.- Veamos si tiene las agallas señor Guasón… 

Sebastián trago saliva fría de la ironía. Pensó que debería hacerlo mal y quedar como un pésimo actor, como realmente lo era. Sin embargo su estilo Guasón podía delatarlo con Saana. Una máscara del payaso llego a sus manos por parte de Marcela.   

-¡Yo lo ayudo!

Rosario se levantó de su asiento, cogió el antifaz y orejas de bufón. Sebastián se preocupó, pero comprendió que ella deseaba salvarlo de la vergüenza y se colocó la más cara. Ambos se miraron y dibujaron una sonrisa en sus rostros. “Es un idiota…un maldito mujeriego”, pensaba Saana observándolo mientras conversaba como tomaba por la cintura a Rosario.  “¡Pudin!”, cerró los ojos y bajo la cabeza, como si recogiera un lapicero. 

La clase luego de un par de horas termino. Muchos rieron con Sebastián y Rosario haciendo cojudeces y correteando al profesor Richard con reglas de manera. Sebastián salió apurado antes que el resto, deseaba llegar a casa, ir al baño, comer y dormir. Era sábado y esos días se volvieron funestos para, casi siempre aparecía un loco que quería ser la muerte y algo pasaba. Entonces, se topó con esa cabellera blanca, que deseaba ser la muerte también. 

-¿Qué haces por aquí?-Preguntó Sebastián ignorando la cara de pocos amigos de la chica de ojos azules. Se miraron mutuamente, ella era levemente más baja que él. Tenía una bolsa de plástico en su mano derecha con un taper de tecnopor. 

-Hace unos semanas Cat estuvo por aquí sospecho que está detrás de tu novia aun que dudo que sepa que es Xena- Explico Yue observando salir al resto.- Ustedes dos, con Carol, con ella y conmigo somos la mitad de los participantes. Uno ha muerto, solo quedan cuatro de los que no se sabe nada.  

-¿Carol?- Preguntó Sebastián algo asombrado. Ella la conocía.- Hay uno más aquí estudiando. Es un compañero.

-Jaja, te seguí los pasos en estos días amor –Respondió Yue sonriéndole - ¿Qué faja eres? Supe que entrenabas Sanda. Yo soy negra.

-Azul.

Yue lo tomó del brazo y lo jala a una de las bancas del parque de al frente del colegio. Ambos comen el chifa que Yue le había llevado. Ella deseaba tenerlo de su lado.  Van junto por algún lado mientras que Saana los observaba. Espera un momento,  mientras sus compañeros se marchaban alguien le toca el hombro por la espalda.

-Karen… -Dijo Saana observándola algo asustada. Le sonrió para que se sintiera en confianza. 

-¿Puedes acompañarme a la casa de Gianella? No sé dónde queda, por favor –Pidió Karen. Conservaba aun la sonrisa. Su mente era una batalla de pensamientos contradictorios. No deseaba hacer lo que estaba por ocurrir. 

Saana acepto, mientras que por otro lado Yue y Sebastián conversaban.

-Qué bueno que te haya gustado – Dijo Yue decepcionada de Sebastián-¿Regalaste tu talento? estas involucrando a otra persona en tu lugar –Reprocho. 

-No se involucrara… el talento solo funciona con los miserables, ella no lo activara por nada –Respondió Sebastián muy desinteresado.- Me sorprende que no me envenenaras. 

-Tiene que haber un ángel de la muerte, eres un completo imbécil –Reprocho.-¿Qué te pasa?, la chica te abandona que te desquitas con el resto del mundo, participar no es tu decisión –Dijo muy alterada Yue. Suspiro y lo observo de nuevo por un momento. -Entonces dámelo a mí –Exigió. 

-Lo considerare –Respondió Sebastián dando media vuelta para marchase. La miro un momento. Era una compañía agradable y cocinaba bien. Además, era faja negra en Sanda. Ella si había terminado el entrenamiento. Recordó como limpio el piso con él en su primer encuentro. 

Mientras tanto un demonio se acercaba a un par de chicas que caminaban muy tranquilas. Las calles del Piñonate en San Martin de Porres, eran sino las más peligrosas una de las peores zonas en la capital peruana. Las antonimas iban a paso rápido, una era una chica de casa; la otra más rebelde se la pasaba en la calle; una de ellas era tímida y callada, la otra coqueta y atraída por lo peligroso. Una era virgen, la otra una promiscua. 

-Oye- Dijo Karen deteniéndose.- Te odio mucho. 

-¿Qué pasa Karen?- Pregunto Saana sin ninguna desconfianza. Era común para ella escuchar esos maltratos. 

-Siempre me pregunto cómo tienes tanta suerte, no sé cómo evitaste que los destructores te robarían e incluso cuando trate te matarte yo misma –Contaba Karen sacando un encendedor de su mochila. Saana la reconoció rápidamente. Era aquel artefacto que estaba unido al talento, ese objeto de sumo valor para ella.- Es de mi papá se lo regalo a mi mamá antes que se separaran y ella lo tirara. 

-No puede ser… –Dijo Saana empezando atemorizarse. Ella siempre llevaba su rosario consigo, pero estaban a plena luz del día. Minutos antes unos chicos les silbaron. Ella no podría defenderse. 

Karen saco de su bolso una máscara de gato y se la coloco. 

-Hola… ¿Qué tal?, dijo un gatito al pasar…- Sonrió para si misma dentro de la máscara. Saana retrocedió un par de pasos y se hizo la desentendida.-No te hagas la tonta Xena, yo te reconocí el día de la pelea con Belzebub. 

-Karen… ¿Por qué? –Pregunto Saana paralizada del miedo.- Tu también…  



-Mi vida ya es una mierda, Saana… ¡Dame ese talento y no te haré nada!- Exigió Karen más alterada- Esta es mi única salida. 

-Karen no quiero pelear contigo- Respondió Saana temerosa de sacar que notara que su rosario era su bien más preciado.- Tú tienes una vida por delante, eres la más inteligente del aula- Quiso alagarla. 

-¡No me importa! –Grito Karen atacando a Saana, logra cortarle el polo que llevaba dejando ver su pecho y algo del sostén con la navaja que llevaba consigo. Estaba decidida a acabarla.

Saana sin posibilidades de evitar pelear contra alguien que consideraba su amiga, aunque esta la odiaría intensamente por alguna razón que ella solo sabía que la necesitaba. Cuanto tiempo había ignorado la posibilidad de que Karen no quisiera ser lo que era. 

-Nunca me gustaron las peleas entre chicas, solo acostumbran jalarse el pelo pero esto es muy excitante- Dijo Diego quien ya estaba como el demonio listo para unirse a la pelea. La cara pintada y lentes negros, una sonrisa y un revolver en la mano. 

-No me jodas… ¿Por qué tenías que ser tu?–Dijo Karen preocupada por su aparición

-Que gatito tan lindo… soy iqueño y te ves realmente jugosa. -Dijo Diego. En Ica se tenía la costumbre de comer gatos en ciertas fechas. Corriendo con una gran velocidad contra ella, la golpeo en el estómago con su puño. 

Karen cae casi inconsciente, logró levantarse escupiendo un poco de sangre. Estaba confundida, ningún humano debería tener tanta fuerza. Sentía un par de costillas rotas, las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas ocultas tras la máscara. De pronto se sintió mareada, se quitó la mascará que no la dejaba respirar, estaba sofocada. 

-Tú tienes más de uno…- Dijo Karen muy adolorida.- Saana vete… 

-Tengo tres… dos son míos y uno se lo robe a Tobi mientras se moria –Explico Diego sacando un libro manchado de sangre.- Y ahora serán cinco. 

Saana se negó a dejarla. Ayudo a Karen a levantarse y se sacó el rosario del cuello. Respiro profundo y observo fijamente a Diego. Micaela le había explicado que debía mantener un contacto visual con lo que hipnotizaba, tenía el tiempo suficiente para que Karen se recuperara; sin embargo, no podrían escapar.

Como un tigre corriendo, las acorralo. Saana ataco sus sentidos con dificultad, de la mano de Karen, él perdió su voluntad. Pero no podían hacer más. La pistola salió volando, Karen se acercó con su navaja, le costaba respirar. 

-Karen, me estoy cansando– Dijo Saana a punto de cerrar sus ojos del dolor.- Quítale el libro y corramos. 

-Cállate zorra, no importa lo que pase. Lo mataré…-Respondió Karen muy preocupada. Entonces, Saana no lo resistió más. Sus ojos se cerraron y Diego pateo en el estómago a Karen nuevamente. Antes que pudiera reaccionar le dio un par de golpes en la cara. Un hilo de sangre se abría camino desde su nariz y se encontraba con el rio de sangre de su boca. Sus labios se habían reventado. Cayó al suelo cansada. -Eres una inútil. Te odio, te odio mucho. 

Se sentía un monstro. 

-Ya me preguntaba por qué nadie pasaba por aquí o decía algo.- Dijo remando a Karen por el polo.- ¿Payaso, donde estás?

-No pensé ver tu horrible rostro nuevamente- Dijo Sebastián a Diego, ya que este no sabía que Sebastián era el payaso. Eso creía él.- ¿Podrás?- Yue estaba con él, con su máscara y la katana del payaso. 

-Sebastián…- Susurraron las dos chicas mientras los observaban. Yue tenia su arma para no levantar sospechas, de todas maneras habían llegado aun acuerdo. Gonzales se retiraría de la competencia dejando su talento a Yue.

-Yliana ¿Aun tienes mi Benihime?- Preguntó Sebastián algo agitado pues corrió mucho con Yue para alcanzarla. Ellos se percataron de que Karen salía con Saana y sospechaban lo que pasaría. 

-Si, pero ahora es mía y: ¿Quién es ella?- Cuestiono Yliana. 

-Soy su novia- Dijo Yue apurándolos.- Te contará los detalles luego amiguita, danos la katana. 

-¿Que? ¿Y Saana? ¿Para qué lo quieres, no me digas que ese es tu talento también..?- Cuestiono aún más Yliana- ¡Pendejo de mierda! – Exclamo. 

–A ti no te cae Saana, en fin después te explicare todo –Respondió, “¿Novia? te estas tomando esta alianza demasiado enserio Yue”, pensaba Sebastián al escuchar a Yue autoproclamarse su novia. No le molestaba la idea, era una chica muy guapa. 

- jaja bueno cierto, pero está en mi casa- Dijo Yliana ya más tranquila.- ¿Por qué tu también?  Esto me da demasiado miedo… ¿Por qué ?

-Con un demonio… ¡Dame mi puta espada! 

Luego de recoger la katana, llegaron de regreso. Donde Diego explicaba que poseía dos rosarios propios. Ambos se quedaron intrigados antes de participar. 

-Otra vez tu…..-Dijo Diego bajando su espada, “Sebastián, Sebastián, Sebastián. Siempre tres pasos detrás de mí ”, pensó observando a Yue sacar su espada- ¿Luna? Tienes cierta atracción por chicas miserables no es así-Comento.

-Ella es….- Fue interrumpido por Yue quien se lanzó contra Diego. No podía perder el tiempo, la ilusión ya estaba siguiendo su curso.  

Se escucharon los estruendos de las espadas de Yue chocando entre sí. Diego las esquivaba con destreza, bailaba con barrio y  maestría en boxeo; y, casualmente daba un par de golpes. Yue lo esquiaba con facilidad por su premoniciones. 

-Es mi novia- Completo Sebastián, no interfirió ya que Yue parecía tener el control.  

- Sebastián no te metas en esto- Exigió. “¿Novia? Eres un infeliz”, pensó Saana levantándose llena de furia.- No tienes nada que hacer aquí… 

-No vez a mi novia con ese tarado que me saco la mierda a mí y a ti hace un par de meses.- La miró suave, pero con cierta dejadez que la preocupaba.- Ese tipo me debe muchas, parece más peligroso que antes. 

-¿Perdón?-Dijo un chico colocando una pistola en la espalda de Diego. Sebastián no podía creer lo que observaba era el novia de Karen. Eran todo el grupo de Imperio Grone, los pandilleros de la zona estaba presentes, acompañados de palos y su jerga tan de ellos- ¿Qué chucha pasa causa? Te pones salsa en mi barrio…

-Gracias causa…

De un codazo dejo sin aire a Maldad. Sus compañeros se fueron contra él, sin embargo con sus talentos de muerte no eran rivales. Tomo la pistola que había dejado tirado el gordo que lo había amenazado y apunto a Saana. “Mierda….”, pensaba Sebastián inmovilizado nuevamente, tenía un Déjà vu de como la bala iba lentamente contra Saana esta vez.

– ¡Muévete! -Grito este corriendo contra ella, dejando a Yue alzar su espada directo al cuello de Diego, mientras que Sebastián abrazaba a Saana, logran esquivar el disparo.

-Vete a la mierda… –Susurro Yue colocando su espada a punto de rebanar un cuello. 

-¿Ya has matado antes, no?

Ella quedo paralizada, en lo que otros disparos iban contra Sebastián y Saana, pero no llegaron a ellos. Los pandilleros empezaron a correr. Una sonrisa se dibujó en la cara de Diego, en lo que Yue caía de rodillas temblando. 

Un pequeño charco de sangre se formó en suelo. 

-¡Karen!- Gritó Saana mientras su voz se rompía entre más fuerte era el grito. Sebastián congelado del miedo. Nuevamente había perdido. 



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