miércoles, 17 de agosto de 2016

El mundo, según Lunática - Capitulo 5

Romeo y Cenicienta 

Sonaba la guitarra, sonaba el cajón.  “Y que será de miii…”, sonaba su voz hermosa en armonía con el cajón de la hiena gorda y la guitarra del Grillo.  “Hoy que todo acabo… Si ya me acostumbree… a vivir para ti…” La noche era dorada y campante la diva era una bruja que engatusaba a nuestras almas desafortunadas a cantarle y celebrarle. Nadie más escuchaba, solo nosotros. 
Las personas caminaban de la mano al ritmo del cajón. Artistas callejeros con trompeta, violín y demás se meneaban según los acordes de la guitarra y las estrellas bailaban al ritmo de la Lunática, que torpemente intentaba dar un par de pasos de baile que resaltaban su talento innato solo para el canto. 
“La culpable soy yo… por tener corazón…por regalarte mi alma y perder la razón”, minutos antes lo había conocido, no como el astro de la guitarra; sino, más bien como el novio de Galia.  
Era domingo de noche y cada uno estaba en una habitación de motel barato durmiendo y tocando música criolla también.  Yo era el único tarado que estaba sentado en los rombos y círculos extraños de la plaza Chabuca frente al rio Rímac, el cual alzaba sus aguas según Galia cantaba.  Escuchándolos tratando de no verme como un loco frente a los que no los veían y escuchaban, que andaban huyendo de vendedores ambulantes y alguno que otro amigo de lo ajeno. 
-¡Te presento a mi novio!- Ella era la más emocionada, no estaba seguro si por el éxtasis que le hacía efecto de lunática. Yo por otro lado deseaba que la tierra me comiera. - ¡Grillo, él es el tarado que se quemó los ojos!




Se peinaba el cabello para atrás, se le veía mucho mayor que nosotros, tenía una sonrisa torcida y piel color canela pasión; no era muy alto y sus ojos eran café.  Ella me tomaba del brazo y solo sonreía. José Manuel se sorprendió al saber que Galia era la Grilla, sobre todo por él, por su novio, Grillo. 




Nos dimos la mano. Luego llegaron otros tipos con seudónimos raros: Oráculo, Siete, Derma y Alem.  Me comentaron más de sus mundos y lo hermoso que era ser un drogadicto y lo peligroso que era dejar que se supiera quien eran en realidad. Un tipo drogado en un cuarto de hotel es fácil de robar o violar, Galia tenía experiencia con lo último. Ella había logrado crear tres mundos, José Manuel solo tenía uno y el novio de Galia tenía siete mundos.
-¿Tu estas aquí en realidad?- Dijo el de la barba larga y encapuchado. Se hacía llamar Oráculo y me observaba casi perplejo.- Es muy interesante esto. Demasiado.  
En teoría todos eran escritores frustrados. Eso lo confirme luego de saber que Lunática era Galia. José Manuel y ella perdieron un año de su vida estudiando Literatura conmigo.  Luego cada uno se dio cuenta cual era la realidad peruana. Ella se convirtió en enfermera; José Manuel, en profesor de física y yo, en abogado. 
-¡No me digan más Grilla!- Noté que mi querida Galia era la sombra su novio. Era llamada Grilla porque su novio era el Grillo.-  Soy Lunática. 
Minutos después me arrepentí de llamarla así. Ellos eran personas amables, el novio de Galia estaba acompañado de un aura que simplemente me incomodaba, de hecho cada uno tenía un color distinto y olor peculiar que lo acompañaba. Extrañamente Oráculo y Grillo apestaban y poseían colores oscuros a modo de areola. No distinguía si era celos o de verdad parecía mala persona. Yliana se jactaba de habérselo comido y Galia no parecía afectada por que su amiga tirara con él.
José Manuel tenía un talento muy bueno para el canto también. Mientras ellos seguían tocando y cantando yo observaba el cielo. Mañana Galia empezaría a trabajar y yo me quedaría solo en su casa. Entonces, recordé: 
Esa mañana antes de despertar parpadee un par de veces antes de abrir los ojos, de todas maneras se vería igual. Todo negrura con sombras levemente más oscura moverse. “¿Qué hora será?”, me pregunté. Ese mueble destrozaba mi espalda, pero no quedaba de otra. Escuche una respiración grave como pequeños tosidos a modo de zumbido, era ella, se oía como si tuviera una pesadilla.  Ya iban cinco días conviviendo juntos, ella empezaría su trabajo mañana, un funesto lunes de mierda.
Me levanté del mueble y me obligue a mí mismo a entrar al espejo. Me tomó unos segundos concentrarme y finalmente podría ver durante los próximos 45 minutos. La habitación se veía tan desordenada y extravagante como siempre, muy pequeña para dos personas.  La observé descansado y sonreí. Era la primera noche que dormía con Galia en el mismo lugar sin tener al menos un beso de buenas noches.  Aunque, en realidad hace mucho que había compartido casa con ella sin saberlo. 
-¿Qué paso contigo?- Pregunté. Ella seguía dormida, su celular indicaba 5 a. m. 
Me sentía estúpido por no haberlo notado antes. Yo conocía todos sus secretos, cada centímetro de su cuerpo, sus temores y sueños; y, ahora era una completa desconocida. La deje descansar un rato más, esas pastillas para dormir eran fuertes, a pesar que ella solo tomara un octavo. 
Me senté en su sofá, la observé dormir por varios minutos.  Aquellas palabras regresaron a mi mente. “A la cojuda ya no le hace efecto la marihuana. Pronto la éxtasis será igual”, eso me había comentado Yliana de ella.  “¿Galia, tu exnovia, es la Grilla? Pucha papi ella se está jodiendo la vida”
Me levanté del sofá y busqué entre sus cajones. Deseaba confirmarlo yo mismo, Galia no podía haberse jodido la vida así. “¿Por qué me trajo a mi Lima?, ¿Cómo es que ella está más jodida que yo?”, esas preguntas retumbaban mi cabeza. Solo deseaba una foto de ella, tal vez pasada o de la escuela. Entonces, mi mente se puso en blanco. No era ni marihuana, ni éxtasis. Entre sus cajones, en el del medio; debajo de su ropa interior, tapado entre tabletas de pastillas; dentro de una bolsa plástica, de blanco color y textura polvareda. Cocaína. 
-Estas más jodida de lo que pensé.-  Me dije saliendo de mis pensamientos. Suspiré escuchándola cantar valses criollos a todo corazón. Poco a poco se empezaba a perder la magia hacia el espejo. 
-Santos tu estas aquí verdad, ¿No?- Escuché, voltee y era el tipo de la barba al estilo Bin Laden. Oráculo- No te asustes. Sabía que vendrías y tienes el aura sucia como esperaba. 
-¿Qué?- Inconscientemente me temblaron las piernas. No deseaba responderle. Ese tipo tenía toda la pinta de un rojo, además de saber cosas demás. No le había dicho mi nombre a nadie.-  ¿Qué paso Oráculo?- Atiné a preguntar.
-El nombre Oráculo no es por nada. – Empezó a sonreírme y yo literalmente empezaba a cagarme de miedo.- Moriré en dos semanas. Tienes ese tiempo de tomar mi lugar, mi nombre y salvar la pequeña luz que se le apaga a la Grilla, perdón, a Lunática. 
Y maldita sea mi suerte. Entonces, recordé su mundo, aquel que me había mostrado apenas hace menos de 24 horas: ´Romeo y Cenicienta´.
-¿No son Romeo y Julieta?
-No, Julieta es una estúpida. Cenicienta es mucho más genial…
Aquella luz enceguecedora poco a poco se anulaba. La voz de Lunática se desvanecía conforme observaba mejor.  Su mano tomó la mía y pude vernos en otro lugar completamente distinto a la diva nocturna, Jirón de la Unión se esfumó. Había un pequeño parque enrejado con un audaz niño con uniforme de escuela trepándose para entrar, a su lado con ambas mochilas una joven. 
-Romeo tiene 14 años, vive en la Molina.-  Lunática los observaba de manera maternal.- Ella es Cenicienta, tiene 15 años y vive en Ate. 




-¿Drama de clases sociales?- Consulté. Uno vivía en zona residencial y la otra un barrio de mala muerte, como diría mi madre y de seguro la suya también. 
-No, solo quería crea un mundo donde el primer amor fuera el indicado. A pesar de las adversidades.
La luz reapareció nuevamente, ella aun me tenía de la mano. Una vez más nos vimos entre el mar de gente de Jirón de la Unión. Ambos colegiales de la mano se miraban a un dragón oriental danzar para niños, que sentados en piso lo observaban encantados. 
-De niña siempre sentí que ese dragón de papel era real.- Comento, mientras aquellos chicos subían sobre el lomo escamoso y verde del inmenso dragón. Los niños se emocionaban.- Yo quiero que sean felices, son mis hijos. Son parte de mí. ¡Yo soy su diosa!
-Esto es increíble- Atiné a responder, ocultado mis verdaderos pensamientos. Ese encanto del espejo que permitía crear un universo para sumergirse a uno mismo ahí era el veneno que devoraba a Galia. Entre más ella los amaba, más se demolía. -¿Cenicienta eres tú?
-No. – Suspiro y me observó. –Yo les tengo miedo. No quiero que su mundo se arruine conmigo participando. Romeo y Cenicienta son mi sueño, Santos. Yo deseo observarlos eternamente,  viajar por mis mundos. 
Suspiré decepcionado al oírla.  Los cuervos eran los guardianes del espejo, el cual era considerado un lugar santo. Al parecer ellos protegían el poder de dios de los simples humanos; pero, a la vez solo con un estado que llevará a la mente más del cuerpo se podía acceder a él. Entonces, lo entendí.  Lunática era víctima de encanto, el que la transformaba en una drogadicta, el que la exponía a diversos peligros en el mundo real. 
-Yo amo este lugar donde solo llueve cuando yo deseo, donde ellos lloran o rieren cuando yo quiero.- Sonrió al verlos abrazarse.-  Bueno, esto es todo lo que ofrece el espejo. ¿Te gusta?
-Es llamativo. Es como escribir una novela. 
Realmente me fascinaba la idea, incluso, me sentía ansioso de probarlo yo mismo. Sin embargo, esa adicción por aquel mundo… Entre más uno se enamoraba de los encantos del espejo más destruía su vida real. Llegaría el momento en que ella abandonaría el mundo real, solo para vivir ahí. 
-Las novelas son mundos de aquí. Te dije que los más extraordinarios llegan al mundo real.  
Luego de eso me perdí. Cuando lo noté ya estaba en las calles de Jirón y no sabía la fachada del hotel barato donde estaba Galia.  José Manuel me había salvado el pellejo aquel siniestro sábado, ayer.  Ahora observándola descansar, con un sueño intranquilo y al lado de un monstruoso ciego. Notaba ciertas similitudes. 
Romeo y Cenicienta eran una pareja escolar, al igual que nosotros ambos eran su primer amor. Si bien no habían clases sociales entre nosotros, mi madre la odiaba y su madre a mi igual, de hecho era una vieja de mierda que solo buscaba molestar. Aunque, tal vez yo mismo buscaba similitudes tratando de entender cómo es que ella volvió a mi vida. 
Nosotros duramos alrededor de dos años y medio de relación.  Recuerdo bien aquella fiesta de despedida de cuarto grado para los alumnos que se marchaban de quinto. Ambos éramos de cuarto, pero diferentes secciones. Ambos antisociales que no participaban del todo; sin embargo, ella era guapa y siempre rodeada de tipos con intenciones de robarle un beso, el amor o virginidad. Yo por otro lado solo deseaba jugar Play station con mis amigos. 
Esa vez la saque a bailar el ritmo de la salsa de Ruben Blades. “Por la esquina del viejo barrio lo vi pasar… con el tumbao que tienen los guapos al caminar”, estaba sola y realmente me gustaba. La conocía de vista durante el paseo de aniversario, cruzamos palabras y le di un par de codazos cada que pasaba cerca de ella. “Como a tres cuadras de aquella esquina una mujer…”, tomé su antebrazo, ya que parecía que deseaba negarse. Sus mejillas estaban levemente ruborizadas. Vestía un pantalón rojo y una blusa blanca; cabello suelto y maquillaje recatado. Yo por otro lado estaba uniformado como solíamos vestir los chicos a esa edad.  Blue jean´s  y polo. 
En aquel entonces, su cabello era completamente negro. 
Cuatros delincuentes juveniles de quinto grado deseaban levantársela, eso comentaban las urracas de mi salón que hablaban mal de ella por envidia. Y yo también deseaba follarmela como ellos.
No pensé que me humillaría bailando. A pesar de no tener barrio y ser considerado un chico pavo, de aquellos que se orinaba antes de hablarle a una fémina, solía  tener mi suin, pero ella completamente diferente bailaba de forma espectacular. “¿En qué me metí?”, pensaba con intentos patéticos de igualarla. 
“La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida… ¡Ay dios!”, gracias al cielo y al Dj de aquella noche, lo próximo ni bien acababa el coro del difunto Pedro Barrios, fue un delicioso y deslumbrante perreo.  Evite que se fuera y se vio obligada a seguir bailando conmigo.
-Así que solo me querías puntear…- Solo reí. En realidad si quería hacerlo, si bailaba salsa así, no deseaba verla bailar reguetón con otro que no sea yo.- ¿No sales mucho de casa, no?
Ese día conseguí su número de celular, su correo electrónico y su hi5. A las dos semanas ya éramos buenos amigos  y terminando el año escolar. Con las piernas temblándome, los nervios de punta, tartamudeando de la manera más denigrante posible y con una estúpida canción romántica de fondo proveniente de mi celular lo hice. 
-¿Quieres ser mi enamorada?
-Si. 
Con el pasar de los días nuestros besos eran más intensos. Aquellas vacaciones salimos mucho. Nuestro primer mes fue espectacular, el segundo mes exploramos uno del otro y el tercer mes por fin tuvimos sexo de todas las formas posible y muy seguido. Su piel nívea y suave me tenía embrujado, con el más mínimo tacto me convertía en toda una roca. 
Al inicio del año escolar me importo un carajo mi promoción y me cambie de aula. Solo para estar cerca de ella. Yliana fue más dolida con mi elección; sin embargo, siguió siendo mi mejor amiga y confidente. Aquellas conversaciones calientes que solíamos tener en el aula antes de que dejara estar soltero, continuaron a pesar de las diferentes aulas.
-¿Le lamiste el culo?- Pregunto llena de euforia. -¿Estas bien de la cabeza? Si quieras sabes si se limpia bien…
Nuestra amistad era fuerte, pero con el tiempo se perdió. La escuela termino pronto y la estupidez se apodero de mi mente. Quería experimentar más y Galia era muy traviesa; sin embargo, deseaba probar otros lugares…  
Ambos seguimos Literatura. Era una de las cosas que teníamos en común, continuamos nuestra relación en la misma Universidad, en las mismas aulas y mismo amigos. Durante ese año conocí buenos amigos y me vi tentado muchas veces. Mi pluma literaria paseaba por las bellas hojas que formaba el lienzo de su cuerpo y anhelaban buscar otro. 
Entonces, todo empezó a cambiar, como las estaciones del año. Su cuerpo no me atraía. Su voz me fastidiaba. Detestaba su presencia. El amor se iba en una caída libre y el tiempo para el impacto se agotaba como agua en zonas de crisis.  
-¡Qué lindo su amor carajo!- Un muy delgado José Manuel, compañero nuestro de carrera siempre era como un fan nuestro.- ¡Yo quiero ser el padrino de esa boda! 
-¡Mi melocotoncito!- Lo llamaba su novia de aquel, quien después sería su esposa y luego buscara quitarle todo lo que el pobre melocotoncito consiguió. – Deberíamos casarnos los cuatro juntos. 
-Jiji, eres muy dulce- Galia gustaba de seguirle el juego. En muchas ocasiones José aprobaba los exámenes porque Galia le pasaba las respuestas. – No me molesta la idea. 
Finalmente, el impacto llego. Terminábamos el primer ciclo y habría una fiesta entre nuestros compañeros. Con mucho licor, cigarros y algo de marihuana para los que lo desearan. La bulliciosa música nos dejaba sordos, estaba molesto ese día. 
Ella bailaba salsa con nuestros amigos. Yo permanecía sentado, noté a José Manuel besándose de manera escandalosa con su novia. Me sentía prisionero, tenía cadenas invisibles. Me mataba la agonía de verla tan feliz, no toleraba su estúpido rostro y lo peor era que yo era todo un cobarde incapaz de terminarle. 
Salí a la calle al lado del drogo Pietro Palmieri, estaba irritado y él lo noto. Durante el ciclo escuche que  Palmieri deseaba tirársela y hasta este punto yo deseaba que lo haga. Fumamos durante una hora y conversamos, al rato ya estábamos volando. Acepte marihuana para tener el valor suficiente de terminar, pero todo salió mal. 
-No te soporto más. 
-Me gusta Pietro.- Era fría. No recordaba cómo llegamos a eso. 
-Mejor. Adiós. 
Durante el segundo ciclo nunca me dirigió ni la mirada, ni la palabra. Yo viví mi soltería como deseaba, en ese entonces creía que el gusto estaba en la variedad y tenerla tanto tiempo me hostigo. Ella estuvo con otro chico a las semanas, escuchaba que los encontraron tirando. Extrañamente fui feliz, me di cuenta que mi amor se volvió odio y me alegraba haberme desecho de ella. Finalmente, me cambie de carrera y nunca más supe de ella. 
-¡Oye!- Me encontraba sentado en un círculo esta vez. Completamente callado, ellos habían dejado de tocar hace varios minutos y conversaban.- ¿Estas bien? ¿Te dijeron algo Joma u Oráculo? 
-No, solo ya me ha dado sueño. 
-Si, ya veo.- Me sonrió. Su rostro era angelical como aquella noche de la fiesta en el colegio.  Suspiré y ella me tomo el rostro.- Relájate o te daré un par de golpes. 
-Ya.




-Bueno, hoy no iré a dormir a mi casa… - Sus pómulos se sonrojaron. Era demasiada información para mi gusto.- Grillo me llevara temprano al trabajo así que iré a su casa a dormir. 
-No te preocupes.
-¡Papi ven conmigo!- La hiena gorda me jalo del cuello- ¡Vamos tendremos una pijamamada! Llamaremos al Emanuel y pediremos un par para llevar.
Galia se fue de la mano de Grillo. Debía aclarar mis ideas, hoy más que nunca me sentía cansado y pensativo. Extrañaba mi pueblo pesquero, pero me preocupaba que ella se arruinara más la vida, pero quien era yo para preocuparme. Me queme los ojos por una estupidez, seguí a una desconocida por volver a ver y sentía un profundo dolor al verla como era realmente. 
-Ella es su devota… besa donde él pisa. Eso incluye a las que se tira.- Subimos a su vehículo, la famosa Cristina. La hiena gorda se veía molesta.- Eso no es amor, huevon.
-Así es su amor- Atiné a responder. Ella y él se amaban a su manera.
-Si van en ese carro a la casa de José Manuel chocarán. En el hospital la querída hiena gorda se amistara con Rosangela y Kelly te encontrara Santos.- Nuevamente el enigmático barbón se acercaba. También sabía sobre él y su exesposa. Y sabia sobre Kelly.- Así que vamos a mi casa.- Subió en la parte de atrás de carro, José Manuel asintió, él no se veía afectado por lo que sabía.
- Primero muerto antes de regresar con ella.- Encendió el motor, mi tiempo se agotó y todo era oscuro de nuevo. La pura negrura. -¡Vamos a seguirla que me llega al pincho verle la cara a mis alumnos mañana!

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