domingo, 17 de julio de 2016

Saana - Capitulo 16

Arderé 

Era mediodía y el sol brillaba como reluciente miel de abeja, producto de un sueño dulce y levemente diabético, Sebastián, luego de un sueño intranquilo, aquella interface de mañana y tarde era despertado por el fatídico sonido de su teléfono. 
-¿Aló?-Saludo muy casando y con una ligera resaca de aquella noche anterior. Recordó que volvieron temprano y entro de frente a su cama. Acostumbraba tomar dos vasos de agua para amortiguar el alcohol; sin embargo, anoche lo había olvidado por completo. 
-Hola Sebastián- Respondió Carol, él recordó que no tenía anotado su número –Tengo que hablar contigo. Debemos vernos. 
-¿No puede ser otro día? Estoy algo cansando.
-Jajá, te veo a las cuatro en mi casa –Cortando la comunicación, Carol sonrió para sí misma desde su habitación. “Yo te hare muerte, mi sol”, pensó. 
“¿Que quiere ahora?”, se preguntó. “¿Ahora qué coño hago?”, medito en su cama. Entonces, se puso de pie recordando el enfrentamiento al demonio de hace un tiempo atrás. 
-Adrián- Llamó. 
 -¿Qué?- Respondió su hermano desde la cocina.
-¿Tienes la llave del almacén? Quiero reinstalar mis cosas.  
Saana apenas abría los ojos, se despertó observando a su coneja, Kitty, pararse en dos patas. “Debe tener hambre”, pensó levantándose se dirigió a la cocina. “Que loca noche, me pregunto: ¿Qué paso? lo último que recuerdo es que estaba hablando con Sebas… después lo llamare”, deposito la conejina, el alimento, en la vasija de barro y cerró la jaula.  
Regresó a su cama echándose, cuando aquella imagen llego a su mente. “Nos besamos”, recordó tocándose los labios. “Si nos besamos… ¡Ay no!, ¡Qué vergüenza! Todo lo que le dije anoche…”, sus mejillas se tornaron rosadas levantándose nuevamente como un tomate fresco.
- Le dije que me gusta-Casigrito exaltada de la metida de pata de la noche anterior. 
El día paso rápidamente como frio era reemplazado por el calor de una inexistente primavera limeña,  mientras tanto en otro lugar una pareja salía de la mano, mientras la chica cogía su teléfono y marcaba a alguien. Unos viejos conocidos, buenos amigos que deseaba contactar. 
-Aló, Sebas. Soy Crys- Dijo la chica apenas le contestaron el teléfono. Con un largo fleco que le cubría medio rostro, ojos oscuros delineados con un negro y un leve brillo labial en la boca, sonrió.  
-Limpieza – Respondió el chico con una voz lúgubre. Estaba cansado.
-¿Limpias?- Se burló. 
-Son la una de la madrugada– Agregó el chico mientras bostezaba- ¿Qué paso primilla?- Consulto. 
-Estoy con mi novio por tu casa, tal vez te visite luego –Dijo la emo de la mano de un chico más alto de ella, con camisa a cuadros y un flequillo tan largo como los agujeros de su pantalón pitillo. 
-¿Quién, Chikorita?- Pregunto Sebastián recuperando la noción. El espacio de su habitación de había reducido bastante, de los tornillos en pared y techo colgaba un polvoriento saco de arena. Habían guantes de box y canilleras en el suelo, acompañas de toneladas de suicidad y un buzo negro y viejo.
-Jaja, si mi Chikorita –Respondió la chica-Bueno te dejo más tarde te llamo cuídate, primito –Concluyo cortando.
“Bueno toca limpiar”, se dijo así mismo. Sebastián había sacado del almacén de su casa, su antiguo equipo de entrenamiento. “No me gusta que te golpeen, me duele verte pelear. Me da miedo”, recordó las palabras de su querida expareja, con la cual se reuniría en unas horas. Él había salido lesionado del hombro izquierdo, en la preparación para el torneo metropolitano de Sanda  de hace algunos años. En aquel entonces, Carol le pidió que dejara ese violento deporte y él accedió. 
Al pasar de unas horas más. Ya bañado y cambiados, Sebastián se encontró con Carol en aquel paradero de mototaxis, en la esquina de una pollería en calle Alcázar, en el distrito de Rímac. Él iba con un buzo y polo blanco en v. Ella con un jean negro y con un bivirí fucsia. 
-Tienes una cara de tragedia – Dijo la chica, mientras caminaban hacia quien sabe dónde.   
- ¿A dónde me llevas?- Pregunto “Si supieras…”, pensó. 
-Ya llegamos- Dijo Carol deteniéndose en un edificio abandonado. En pleno parque y al aire libre, era una vieja fábrica. Él ya había estado ahí. Entonces, sintió vibrar su celular. 
-Tus ilusiones funcionaran mejor. Traeremos aquí a Yue y Meylin, las derrotaremos y me quedare con su talento –Explico Carol- ¿Alguna duda?
-Ya recupere mi Benihime, no tendría por qué ayudarte- Respondió Sebastián, saco su teléfono del bolsillo y lo desbloqueo. 
-¿Realmente quieres ganar?, ¿Estás dispuesto a abandonar a tus padres y hermanos? – Cuestionó Carol sonriéndole muy coqueta, acorto la distancia entre ellos. – Hoy, Chalo estará aquí-Concluyo, alejándose nuevamente. “El idiota de Diego, es amigo del tipo que se la tiro, mientras estaba conmigo”, recordó Sebastián.  
– ¿Cómo sabes que estará aquí?-Cuestionó. 
-Lo hace de costumbre, lo estuve siguiente con el poder de talento de sombras –Explicó -Él y tu son los más peligrosos, ya que eliminaron entre los dos al demonio. 
-Es muy útil ese talento- Comento Sebastián. -¿Solo lo has usado con él?- Reviso el mensaje multimedia que tenía. Era de su psiquiatra, Demetri. 
-Lo es para espiar, pero en combate no es muy conveniente –Dijo Carol observando curiosa su teléfono también. 
-Mierda…
-Qué bueno que sigas con tu vida. 
Era comprometedor. Algo que no deseaba que nadie supiera, mucho menos su ex. Él la tenia de la cintura, ella abraza su cuello con los brazos. Se notaba claramente el intercambio de saliva entre ellos. Sebastián había olvidado por completo lo que había sucedido entre él y Saana el día anterior. 
-Ese mierda…
Entraron al edificio intentando ignorar lo sucedido, Sebastián se alistó y Carol se colocó su máscara para esperar el momento para el encuentro entre Diego y Sebastián. “¿Carol estaría de su lado?”, consideraba observándola amarrarse el cabello. 
-Me costó mucho reconocerte con ese peinado y la pintura, pero ahora que te veo bien sigues mostrando esa tierna mirada- Comento Carol observando a Sebastián ya listo.
-Yo no dejo de asombrarme –Respondió Sebastián desenvainando su Benihime.
-¿De qué?-Preguntó Carol tocándole su rostro pintando como el Joker. Acortaba poco a poco la distancia entre ellos.- ¿Recuerdas que me prometiste no dejarme de ver como alguien importante en tu vida? 
-De qué era un completo tarado. – Se apartó de ella.- Tienes suerte que entre mis tantas virtudes esta no ser rencoroso. 
-Tú fuiste el que me termino –Agregó Carol para defenderse -¿Por qué lo hiciste? Nos habíamos dado una nueva oportunidad. Estaba dispuesta a dar todo. 
-Me canse de ser idiota.- Sin mirarla, sonrió. 
-Jaja, aun eres un idiota, y uno muy dolido –Atacó Carol molesta por lo que acaba de escuchar.  La conversación se había tornado venenosa, como una pareja de gatos luego de fornicar, ella lo atacaba para herirlo y vengarse de cuanto se había lastimado por el acto.  
-Ya no engañas a mis ojos, ni mi sentido común- Sebastián observándola muy sereno. – La mierda siempre fuiste tú. 
-No te hagas el santo que no va contigo. Tú fuiste el que al final me dejo sola, no cumpliste lo que prometiste- Reprochó. 
-¿Podemos hablar de otra cosa? Ya no somos nada y me repugna tu existencia. Si estoy aquí, es por qué me eres útil. 
-Tú eras todo para mí…. Cuando empezó a pasar eso no sabía qué hacer, solo quería saber que me apoyabas- Dijo Carol cogiéndole el brazo a Sebastián.
-¿Quieres dejar de joder?
-Yo te amaba idiota y aun lo hago –Respondió Carol al observar que este se iba- ¡Espera! –Grito 
Sebastián la ignoró pensando: “¿Acaso crees que eso cambia algo?, había olvidado por que odiaba tanto a las chicas de plástico como ella”, en ese momento Diego entraba al edificio, seguido de alguien. Sebastián lo noto y subió un par de pisos. Había una cantidad considerable de personas en el exterior. Era solo tres pisos, con amplias ventanas. Cualquier incidente llamaría demasiado la atención. 
Los minutos pasaban, una chica muy oscura y acalorada tocaba la puerta de la familia Gonzales.  El hermano de mayor del chico payaso abrió y recibió con una sonrisa a quien era su prima, Crystel Mejia. De corta estatura, con un azul que la hacía aparecer un pitufo. Acompañada de una bolsa de yute y maquilla oscuro. 
-¡Hola!
-Hola ¿Cómo has estado?- Preguntó Adrián sonriendo al abrir la puerta. Inventándola a pasar. -¿Vienes sola?- Agregó. 
-Bien, ¿Cómo esta Sebastián?- Respondió entrando a la casa. – Lo llame temprano. 
-Bien, salió hace poco y ayer se fue a una fiesta. Me dijo que vendrías con tu novio. 
-Sí, pero me dijo que tenía algo que hacer.
El tiempo pasaba como la resaca tras un buen caldo de gallina en un chifa peruano, el día se pintaba en una tarde de brujas, tan naranja que le daba miedo, tan oscura que le daba intriga y tan roja como la sangre, su sangre, que caiga entre los escalones de aquel viejo edificio rimence. Jean Córdova se encontraba acorralado, cansado y sumamente preocupado. 
-Ya te cagaste Tobi.
-No puedo permitir que otro demonio nos ataque, así que te quitare el talento de los horrores- Afirmo confiado a pesar de que iba perdiendo.  
-Es estúpido, ese pensamiento heroico – Diego, tras la identidad de Chalo lo enfrentaba con gran ventaja, él era el depredador y el emo fan de Naruto era la presa.- ¿Me seguías pensando que podrías conmigo?
-Ya verás…  
Tobi, quien había sido posesionado por el demonio, Beelzebub, y se había autoapuñalado. Llevaba unas semanas siguiendo a Diego, durante la batalla contra el demonio, Jean descubrió la identidad de Chalo y comenzó a seguirlo. Deseaba acabar con todo y el principio del fin debería ser acabar con él más fuerte. 
-¿A que le temes?- Pregunto, volteando a observarlo. De forma graciosa sacaba una bolsa de papel, aquellas que daban en supermercados extranjeros, con dos orificios, se la colocó.- Disculpa, no quiero que nadie más sepa de mí. 
-A nada.
Jean tenía un puñal en las manos. “Es solo un niño”, se dijo al notar que era mucho menor que él. “¿Cómo puede ser esto?”, reflexionó observando la  forma de Diego. Ante sus ojos era una chica muy linda, de pelo largo de avellana oscuro con rayos rojos, ojos marones y profundos. Con camisa negra manga corta, con varios cortes en los brazos, con maquillaje oscuro exagerado y short azul que mostraba los cortes en las piernas. 
-Hijo de…- No completo al recibir un puño en el estómago. Los directos y cruzados de Chalo eran certeros. Le costaba creer que era un mocoso de secundaria al que enfrentaba. “No es ella”, se dijo a si mismo. 
-Sabes quién soy, Jean- Susurró Diego con una voz femenina, tal vez la que le pertenecía a aquella chica que observaba Tobi. Sus piernas flaqueaban. No podía ser cierto. Se negaba a creerlo. 
-¡Shee está muerta!
Mientras tanto, Crystel salió en búsqueda de su novio Chikorita, pues ya había pasado un buen rato de la hora acordada. Camino durante unos minutos preocupada, entonces vio a aquella enigmática mujer que solía seguirla. “¿Dónde está?”, se pregunta mientras circulaba.
-Crys, él está contra Chalo. – Habló mostrándose preocupada también. Era alta y morena, sus ojos oscuros intimidaban a cualquiera. 
-Jean está peleando contra él…- Comenzó a sudar frio, un retorcijón la ataco en la boca del estómago - Llévame con ellos a ahora mismo – Exigió la chica mientras una fuerte punzada en su corazón se agudizaba más.
Saana continuaba en su casa recordando su noche tan loca. Coloreaba en un lienzo aquella imagen que vio en sus sueños etílicos. Sonriendo observaba lo bien que le iba quedando e imaginaba a ella y su querido danzando, como observaba en campeonatos a parejas ir al ritmo de taulo. 




“Qué vergüenza, como voy a verlo el lunes… le dije que me gusta, le dije idiota y lo bese…. Pero porque tomamos, yo nunca hago esas cosas…. Dios ayúdame”, Se repetía una y otra vez mientras su coneja saltaba de costando en su cama, entre bolitas marrones como el cereal chocolate que de seguro no sabrían a chocolate precisamente. “Lo llamare”, Saana cogió su celular llamando a Sebastián. 
-¿Por qué sigues vivo?- Su voz era tan dulce como Jean recordaba. Esa expresión de tristeza lo distraía cada que intentaba defenderse. – Dijiste que lo haríamos juntos…  
-¡Cierra la boca! –Vociferaba Tobi desesperado mientras perdía el control de la pelea. “Debo calmarme, debo calmarme. Es solo un mocoso”, trataba de controlarse. 
-¿Por qué no te suicidaste conmigo?-Pregunto Diego, mientras su bello rostro femenino se llenaba de cortadas y quemaduras.- Yo creí que estaríamos juntos hasta el final. 
“Sheyla, no. No eres ella. No eres ella”, se repetía asustado. Optando por lo más cuerdo entre tanta desesperación escapó hacia las escaleras.  
-Soy yo, soy Sheyla. 
Tobi salió corriendo, pero termino aún más aterrado al observar una habitación llena de espejos que mostraban la figura de la chica quemada y cortada, pues Diego había entrado también. “Así que también estas aquí…”,descubrió Diego sonriendo 
-Estamos algo ocupados en este momento- Dijo Carol-¡Que te importa lo que haga! – La sonrisa se dibujó entre sus labios-Cuando salgamos del hotel te llamará -Aparentando placer cortó la llamada. 




En ese mismo instante, Tobi aun corría desesperado y golpeándose entre paredes cosas que no podía notar. Detrás de él, aquella enigmática chica avanzaba sonriente. 
- ¿Por qué no lo hiciste?, ¿Por qué me dejaste arder sola?- Preguntaba aquel espectro femenino, tras él cual se ocultaba Chalo.- Nosotros íbamos a inmortalizar nuestro amor juntos, lejos de este horrible mundo oscuro y gris. 
-¡Basta!–Grita Tobi desesperado.- ¿Cómo puedes hacer esto?- Interrogo. 
-Es trece de julio y arderé en las llamas, arderé famélica en la sociedad, arderé.-Declamo. Jean cayó al piso al oír aquel verso. Era ella, definitivamente era ella.  Entonces, empezó a flotar y fue lanzando contra los espejos. Se escucharon unos golpes. 
Una mano ayudo a Tobi. Era familiar, pequeña, algo gordita y suave como un panqueque. Entonces se vieron nuevamente. Ella le sonrió y él solo observaba que llevaba un anillo en la mano. Chikorita y Panqueque era el grabado. 
-¿Chikorita estas bien?- Pregunto. 
-¿Qué haces aquí?- Se puso de pie, se dio un par de palmadas – Vete… 
-No te dejare solo- Respondió Crystel.
-¿Hace cuando lo sabes?- Pregunta Jean quien era Tobi en verdad. Ambos se habían descubierto. 
-Siempre… no quiero dejar solo, nosotros juntos ganaremos este juego –Dijo Crystel abrazándolo fuertemente.
-Ten cuidado, no podremos enfrentarlo aquí es mejor ir al techo hay tendremos espacio más libre- Dijo Jean besándole la frente a su novia-  Debemos mantenernos calmados. 
La pareja corrió por la habitación rápidamente notando que Diego ya estaba detrás de ellos. Aun caminado cuervos empezaban a atacarlos tanto a ellos como a Diego pero al alcanzarlos desaparecían. Eran solo visuales producto de un payaso travieso que miraba todo desde cerca escondido, esperando que el sol se ocultara por completo y no llamaran la atención. 
-Su talento, son los horrores dime que ves y podremos defendernos mutuamente- Recomendó Crystel mientras aun corrían. “Esto es raro, no está solo. Debe tener un aliado”, consideraba. 
-No puedo, lo siento –Respondió Jean. 
-Confía en mí.
Ambos golpeaban a los cuervos que los atacaban, mientras que Diego tan solo reía como un hombre y una mujer a la vez.  
-Yo veo a un hombre mayor. Fue hace seis años –Dijo Crystel tomando la iniciativa-Yo regresaba de mis clases de Karate por la noche apenas tenia 11 años- Continuo mientras su voz se quebraba-Caminaba como de costumbre por la calle, pero empezó a llover un hombre alto moreno me ofreció su paraguas, yo acepte sin pensar lo que pasaría –Concluyo debido a que llegaron a las escaleras.
La pareja subió desesperada esperando llegar al techo pero se dieron con la sorpresa de una habitación cerrada y oscura con frases aparentemente escritas con sangre. Era demasiado cliché.
-¿Qué demonios pasa? – Grito Jean asustado
-Esta con el payaso. Apenas atardecía cuando entre- Dijo Crystel mientras ambos caminaban por la habitación.- Nos estamos enfrentado a los dos. 
-Yo veo a una chica –Dijo jean observando a Diego que ya los había alcanzando.
-Creo que es el fin del camino- Dijo el chico de horrores. – Ambos pueden salvarse. Solo quiero sus talentos. 
-Fui con ese señor pensando que me ayudaría, pero me llevo a un callejón y abuso de mí. Mis padres lo denunciaron pero a las dos semanas el juez dijo que no habían pruebas suficientes y lo dejaron en libertad…- Dijo lagrimeando-pasaron dos años. Entonces me uní a la comuna- no completo al ver que su novio se lanzaba contra Diego. 
Sus puños eran torpes, el demonio Chalo esquivaba con tranquilidad. Jean era impulsaba por el odio de lo que acaba de escuchar, en sus 24 años de vida nunca había sentido tanto odio, la imagen de esa chica que lo atormentaba desapareció y solo se imaginaba al tipejo que le hizo tanto daño a su novia.  
-Debiste suicidarte con tu novia- Dijo Diego haciendo un corte profundo en el pecho, ya cansado de los golpes.- Era buena poeta.  
Jean empezó a sangrar, pero activa el talento golpeando fuertemente a Diego. Estaba furioso. “¿Acaso lee mentes?”, se preguntó. “Puede que tenga dos talentos”
-Fortaleza, jaja- Dijo Diego después del fuerte golpe.- Esto se ponía aburrido. 
-Yo veo una chica… una ex, yo solo jugaba con ella y cuando la termine no pude evitar burlarme de ella. Ella era una poeta–Contaba Jean poniéndose de pie.- La conocí en la Universidad. Nos íbamos a suicidar juntos, pero no. 
-Te amo – Grito Crystel activando su talento para pelear ambos contra Diego.
-ella no pudo  frenarse, ese día ella murió ante mis ojos… sus padres me culparon todo me culparon y era cierto yo tuve la culpa –Continuo Jean acercándose a Diego.- Ella en uno de sus poemas escribió como se suicidaría y tal cual lo hizo. Ese poema me lo dedico meses antes. 
De pronto todo desapareció dejando ver el cielo y el techo del edificio Crytel observa confundida notando que Jean estaba intacto. 
-Dama y caballeros – Dijo Sebastián levantándose de una silla en la que estuvo sentando todo el tiempo.- Estoy de promoción, si me entregan sus talentos no le haré daño a ninguno. 
-Por fin das la cara- Respondió Diego- Debo admitir que fue una buena idea usarlos de carnada –Indico Diego sacando un arma de su saco.- ¿Tambien planeaste esto?
Sin siquiera dudarlo un poco, disparo contra Crystel. Jean en un acto heroico la tira a un costado y recibe el disparo. Sebastián se queda congelado al ver lo que sucedía. Diego lo nota y sigue disparando  mientras que jean continuaba protegiendo a su novia, Sebastián se lanzaba contra Diego, esta saca rápidamente su espada en un contra ataque. En un descuido logra golpearlo, pero Diego lo tira de una patada y le apunta con el arma. 
-Jean… -Dijo Crystel casi estupefacta de lo que había sucedido.
Entonces, Carol quien se encontraba oculta gracias a su talento tira a Crystel  del techo del edificio. Las personas en las afueras empezaban a juntarse por el sonido de los disparos. Crystel cae en un montón de cajas vacías que amortiguan su caía, sin dudarlo empieza a escapar con lágrimas en los ojos. 
-Gracias por tu ayuda- Dijo Diego mientras apuntaba Sebastián. Eres muy romántico. ¿Realmente pensabas que pelearíamos de forma tan fantasiosa?
No respondió tratando de contener la ira que sentía. De pronto Sebastián sientió que le tocan su hombro, en ese mismo instante desaparece de la vista d Diego. 
-Vámonos, ya es tarde. Perdimos- Susurró Carol al odio de Sebastián mientras se lo llevaba con su talento. Ambos permanecieron escondidos en el edificio mientras que Diego se acercaba al cuerpo sin vida de Jean. 
“Uno menos”, se dice a si mismo buscando el talento. “Arderé”, lee la portada de un pequeño libro en la camisa del emo. “Ahora es mío, realmente esa chica escribía bien” Una hora después que Diego se marcha del lugar, con cuidado debido a las personas y policía que llegaron al lugar. Sebastián sale molesto junto a Carol. “Maldición... Me lleva el demonio como pude ser tan tonto”, pensaba  frustrado el chico.
-Ten tu celular –Dijo Carol entregándole el teléfono.- Relájate, no perderemos la próxima vez. 
-¿Qué hacías con el?- Pregunto Sebastián desconfiando. 
-Lo encontré tirado, supuse que era tuyo por las fotos –Respondió Carol sonriéndole.- Esa chica es guapa. Qué bueno por ti. – Sonrió al ver las vendas rojas de sus manos. – Esas vendas…
-Las compre rojas…
-Para cuando te pregunten, respondas: Cuando las compre eran blanca. – Por un instante, él volvió a ver esa cálida sonrisa de antaño. Tan nostálgica.
Sebastián solo asiente marchándose, mientras que era observado por su prima. Con furia y lágrimas en sus  ojos famélicos de venganza. 
-Tu tuviste la culpa de lo que le paso a Jean… Sebastián tu eres el payaso – Dijo Crystel solloza y frustrada mientras su primo se iba.

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