Demonios internos- Capitulo 13

Deja mis orejas  

Se encontraba irritado. El líder del taller era sometido por quien aún desconocíamos. Alta, rubia, con grandes senos y una actitud de lo más perra. Se le entregaba mientras ponía sus enormes pechos de silicona y aceite de avión sobre él. Me fastidiaban tipas así, no era suficiente con la mosquita muerta de Kotomi. “Puta barata”, pensé. 
-Veamos...-Dijo, mientras su mano se abría camino entre sus senos, hasta atravesarla por completo, como aquella vez cuando me salvó. - Esto se siente importante...
Sonrió con maldad. 
-¡Hijo de puta!- Grito ella, mientras escupía mucha sangre.-Te mataré 
La bella y exuberante rubia, que parecía una estrella porno se trasformó de pronto en un moreno de 1.94 cm aproximadamente que cogía del cuello de la camisa de Vladimir. Esto si me desconcertó en un instante. “¿Qué era él?”, me pregunté. El resto no se veía sorprendido, al menos no tanto como yo. 
-Albus, tan predecible como de costumbre. 
-¡Me pudiste haberme matado!-Lloriqueó. 
-Créeme que alguien más estaría aquí si eso pasará. - Respondió Vladimir bufando, a su lado venia mi martirio. La deidad oriental venía con una blusa roja y el cabello recogido.-¿Sabías de su visita?- Consultó.
-No- Respondió antes de darle un gran abrazo al moreno- ¿Cómo has estado, Albus?
-Koto te he extrañado -Dijo el moreno cambiando de nuevo, esta vez era un niño- En fin Vladimir, ¿Quién es ella?- De pronto me señalo y empezó acercarse a mí, demasiado para mi gusto -¡Oh!- Exclamo- Es una belleza japonesa, tienes una gran voz.
-¿Perdón?- Nadie había notado mis pocos rasgos japonés, ya que me parecía más a mi papá. A comparación de Kotomi, yo era 100% peruana. 
-Vladimir, véndemela la quiero en mi harem con Linda- Dijo mientras se acercaba a mi amiga -Linda, ha pasado tanto tiempo - Se acomodaba el pelo como todo un casanova. Era un tanto gracioso.
Recordé inmediatamente una de las razones principales porque odiaba a los hombres. “Son unos imbéciles”, me dije. El galán besaba la mano de Linda y ella le sonreía con picardía como un cortejo de antaño. 
-¿Cómo Esta Cait?
Entonces, todo se tensó. 
-¿Cait?-El demonio o ángel, aun no sabía que era realmente, pero estaba claro que un humano no podía cambiar, de una rubia estrella porno a un africano, netamente petróleo.
-Por fin te dejo- Comentó Vladimir, con cierta malicia –No sé cómo soporta un mujeriego como tú.
-No soy mujeriego, simplemente soy compartido.
-¿Compartido?- Una tercera voz se escuchó, una chica de cabello largo y de color avellana, con ojos acaramelados, estaba detrás del moreno. “Realmente hermosa”, pensé -¡Ere un malvadoj!-Grito con los ojos sollozos, parecía una chica algo inocente con un dejo francés. Salió corriendo luego de unos segundos, engalanaba un vestido gris largo, el cual parecía muy incómodo para correr. 
Las burlas de Vladimir se hicieron más fuertes, mientras el moreno se volvía estaba vez un niño, quien corrió tras la chica.
Un excelente día terminaba, mi emoción no podía compararse. Era la primera vez que me sentía tan cómoda conmigo misma, como una niña después de una actuación del día la madre, por más que estaba prácticamente muda, estaba completamente feliz. Me sentí relajada aunque no cante, debía cuidar mi voz. Mientras ellos cantaban yo observaba a Lizbeth arreglarse el cabello, tenía un hermoso cabello. Era muy tierna casi siempre llevaba un par de colas caídas, que la hacían lucir menor a su edad. “Ella ha vivido más de seis años al lado de Vladimir”, recordé las palabras de Linda. 
-Lisbeth, te dedico esta canción -Dijo Enrique mientras cogía el micrófono, Vladimir observo el listado y sonrió.
La música comenzó, mientras Vladimir cogía el otro micrófono. “¿Que estaban planeando?”, Lisbeth también parecía confundida.
“Ni una sola palabras…Ni gesto ni miradas apasionadas”, se inició a dúo.  
Esa sola estrofa, fue suficiente para escuchar el mar de risas, claro menos de la muda, aunque sonrió. Era un grupo peculiar, todos teníamos algo en común, ese tipo que nos cambió la vida, me sentía a gusto en este grupo.
Luego de un par de horas de diversión, nos tocó irnos. Una mala jugada del maldito destino me esperaba.
-Olvide mi celular- “Dios que descuidada”, pensé, luego entre corriendo de nuevo al lugar.
Entre rápidamente, le pedí al encargado que me dejara entrar a la cabina donde estábamos, luego de entrar busque como loca mi celular, moriría si lo perdía, con lo tacaño de papá dudaba mucho que me compre otro.
-Parece que se te perdió algo...
Esa voz, se me estremeció el cuerpo un terrible escalofrió subía desde la punta de mis pies, hasta cada uno de mis cabellos. “¿Porque él?”, me dije. 
-Eres como un ratón asustado -Dijo mientras cerraba la puerta de la cabina.- Veo que tienes nuevos amigos. “Golpéalo”, escuche en mi mente. 
-¿Qué haces aquí?-Realmente estaba aterrada, me sentía diminuta ante su presencia, realmente era patética.- ¡Aléjate!-Grite, mientras el acortaba nuestra distancia. Lo odiaba.
“¿Por qué me perseguía?”, me consultaba internamente, mientras mi cuerpo completamente estremecido se quedaba inmóvil ante sus manos, cuales tentáculos me tocaban. Sentía asco. “¡Reaccione!”, escuché. 
-¿Ya no me recuerdas?-Estaba atrapada con ese demonio, no él era algo peor que un demonio. Por un instante me vi envuelta en sangre nuevamente, como aquella fatídica noche - Entonces, me divertiré contigo.... -Susurró en mi oído, luego de tocarlo con su asquerosa lengua-Akemi, aún me extrañas, como yo a ti. 
Quede estupefacta, mientras él se alejaba lentamente, sonrió con malicia acordando de nuevo la distancia entre nosotros. Una asquerosa lengua recorría mi boca. Sentía nauseas. No pude reaccionar, solo sentí una lagrima recorrer mi mejilla. Él me dejo ahí y se fue, habían cámaras pero nadie llego. 
Debí morir ese día. 
-Sí que demoraste-Comentó el idiota de Enrique, con una sonrisa asquerosa, se creía guapo. No era más que un patán que no pudo defender a su novia. “Patético hombre”, me dije. 
-Vi salir a Giancarlo- Siguió Vladimir - ¿Qué paso?- Preguntó. Mis ojos estaban hinchados. 
Linda se veía preocupada.
-Akemi...
Linda tenía una dura mirada hacia mí.
-¿Qué paso?- Insistió Enrique.
-¿Cómo está tu novia?- Pregunte. -Luces molesta -Comente irónica-¿También te divierte? me se mejores bromas....
-Ya es suficiente.-Vladimir me había interrumpido.- ¡Vamos!-Indico al resto, notaba el odio en la mirada de Enrique. 
Deje que se marcharan, tenía cosas más importantes que hacer, después presentaría mi renuncia a ese taller.
Esa semana fue libre en la universidad por mantenimiento, luego de los eventos ya dados. No salí de mi cuarto para nada solo me concentraba en Diego, la muerte había dicho que nos daríamos muerte mutuamente, deseaba darle algo de luche. Aunque por momento sentía remordimiento por como los trate y recordaba esos pequeños instantes que pasamos. Lo cálido que era tener verdaderos amigos. 
Sola en mi cuarto, sentía que al menos debía disculparme, pero mi orgullo me lo impedía. No podía dejarme humillar por otros. “yo no soy así y si ellos son el problema, tendría que cortarlo de raíz”, me repetía constantemente. 
Salí de mi cuarto, guardando mi arma bajo mi cama, estaba cansada de tanto entrenar. Mi padre tenía un saco de arena y esas cosas de cuando era joven, que instale en mi habitación para no tener que ir al almacén. 
Papá estaba en su consultorio, era un Psiquiatra, mientras que mamá aún estaba en la escuela donde trabajaba, era profesora de literatura. Jonatán, mi hermano menor, era el único en casa conmigo. Mamá nos dejaba la comida lista, solo la calentábamos y comíamos. Fui por el tan anhelado vaso de agua y noté a Jonatán en la puerta conversando con alguien.
Sentí una pisca de curiosidad ya que mi hermano era otro mujeriego de mierda. Apenas tenía 14 años y había tenido más relaciones que yo, que me consideraba zorra, me acerque un poco, sentía pena de pensar quien era la pobre.
-Sí, yo también la eh escuchad decir: “Vladimir, Diego son tan guapos ambos"- “¿Qué demonios?”, me pregunte acercándome más – Akemi tiene las nalgas fofas y es algo plana... La pobre se cree guapa. 
-Jaja -Escuche una risa, pero la ignore mientras cogía a esta pequeña amenaza con mis puños sobre su cabeza, comencé la tortura. 
-¡Que has dicho mierda!
- ¡Déjame! - Escuche sus gritos de dolor, que placentero. Pobre alma desventurada, cada quejido me estimulaba más- ¡Trasero de pingüino! 






-¡Te aplastaré las pocas neuronas que te quedan!-Grité con placer mientras el gritaba, una de las cosas que más adoraba era humillarlo frente a sus conquistas-¿Cómo te eh dicho que me llames?
-Déjame, hermosa hermana mayor- Respondió con desesperación, con eso quedaba demostrado que las mujeres mandamos.
-Akemi, eso fue algo cruel.
"Mierda", fue lo primero que vino a mi mente, era Linda. “¿Que hacia aquí?”, me pregunte. Hace una semana que no sabía nada de ellos y no quería saberlo tampoco.
-Hola
-Tu hermano, es divertido.-Dijo sonriendo-¿Tienes algo que hacer?-Me preguntó.
-Bueno....-No sabía cómo rechazarla, no quería ser cruel con ella, era mi amiga. Lo que dije ese día fue por mi furia, pero aproveche eso para alejarme.-La verdad es que...
- ¡Vamos!- Me dijo tomando una mano-Somos amigas ¿No?
Golpe bajo. 
Sin nada más que decir, salí junto a ella. Antes de eso le di comer al perro que diga a mi hermano. Me di un baño rápido ya que, estaba con un buzo y estaba toda sudada. Me puse un jean negro, un polo sin mangas gris con un dibujo al medio y salí. Linda llevaba un vestido morado, una casaca blanca. El cabello suelto, se le veía dulce, eso era algo extraño. Fuimos al centro comercial, cerca de mi casa. Pasamos por algunas tiendas y luego fuimos a comer. Me divertí, eso era malo.
-Bueno, ¿Cómo has estado? -Me pregunto, mientras mordía su gran hamburguesa. 
-Bien...
-Ese día, lo lamento. Debí ir contigo- Se disculpó mientras se sacaba los lentes-Tenía un mal presentimiento; sin embargo, te deje.
-Tranquila- Dije sin mirarla, no podía verla. no debía.
-Lo siento- dijo, su voz se escuchaba extraña-No quiero imaginar, lo que te hizo ese tipo. Sonara tonto, pero nunca eh tenido una amiga....Tamara, es linda pero su mundo gira alrededor de Omar y Lisbeth, bueno ella no es muy expresiva. Lo siento.
-No tienes que disculparte- Cuando la vi, note que había sollozado, por un instante me sentí identificada. Ella también era mi amiga.-Somos amigas-Tal vez una lagrima se me escapo, pero abrase a mi amiga.
Luego de explicarle todo, ella me aconsejo no caer en su juego, pero debía acabar con eso de una vez, no podía seguir en las mismas circunstancias.
-Hola, Linda – Saludo una chica, era la misma chica que estuvo ese día, con el chico que cambiaba de formas.
-Hola Cait, ella es Akemi –Me presento, mientras yo fingía una sonrisa, ella parecía un poco más inocente, llevaba un jean oscuro, una blusa crema ,que la tapaba toda y una bincha que combinaba muy bien dejando su largo cabello avellana brillara con el sol, esa chica era un bombón- Akemi, ella es Caitlyn.
-Mucho gusto, soy Caitlyn Knigthwalker – Dijo sonriente, mientras se sentaba –Exmonja, actual novia de Albus, el picaflor que fue verlos ese día. 
-¿Albus?- Estaba algo confundida- Él no es….
-El demonio Albus, amigo de Vladimir y Kotomi –Respondió Linda a mis confusiones, eso realmente no lo esperaba – Si, si puedes ser novia de Vladimir…
-¿Qué?- Ahora estaba horrorizada –Pero, ¿Eso no está prohibido? ¿Cómo paso?
-Es algo similar a la relación de Lizbeth y Vladimir –Explicó Linda – Yo la conocí hace unos años, cuando apenas me uní. En realidad está prohibido que engendren un niño. 
-Cierto, en ese entonces Vladimir solo tenía tres siervos, sin contar a su hermana –La chica del cabello avellano, comento mientras sonreía – Esa vez descubriste a Vladimir y Kotomi.
-Jaja, cierto- Respondió Linda-¿Cómo vas con Albus?
-Es muy agobiador –“¿Qué?”, me pregunté. Estaba escuchando bien,“exmonja”, recordé –A veces un poco salvaje….
-¿Qué?
- No tengas miedo Akemi –Comentó Linda mirándome con malicia- La primera vez te dolerá, después te aras adicta a él.
-¡No! ¡No! ¡Jamás!- Habían logrado ruborizarme, realmente me veía como un tomate muy rojo y grande. 
-Jaja, bueno ¿Dónde estará Albus? , se escapó de nuevo…..-Ahora lucía un poco triste. Ella Cait, se veía muy hermosa incluso cuando sus expresiones tan marcadas cambian.  
-¿Cuánto tiempo llevan?-Pensé y pregunte a la vez, sé que fui atrevida pero ella sonrió.
-Cuando lo conocí tenía 15, mi edad actual es 21- Respondió con nostalgia. Ella se desordenaba el cabello- Pues… 
Cait tenía 14 años en aquel entonces, el siguiente mes cumpliría 15. Era una monja en un convento en Inglaterra, su tierra natal. Su conducta no era la apropiada según las hermanas superiores, era una pecadora y a menudo pagaba sus pecados.
Los castigos eran lo de menos, no le importaba siempre que pudiera servirle a nuestro señor. Siempre se sentí una inútil nada le salía bien. En ese entonces no sabía que eran abusos. Los jóvenes sacerdotes a menudo la seguían, ella tenía miedo, pero lo ignoraba.
Las yagas en su cuerpo cada vez ardían mas, con el tiempo desaparecían, pero el dolor no se iba. “¿Era tan mala?”, se preguntó, considero mil veces sí debería irse al infierno de una vez. Solo traía miseria, lujuria y rencor a los demás. Era difícil pero tenía un amigo.
Un pequeño conejo que vivía en las afueras del convento. A él se encomendó, su amigo. Él la escuchaba aunque no entendiera .Todo lo miserable se iba mientras, lo tuviera .Sabia que él era un regalo del señor, que aún no le daba la espalda.
Los días se fueron como pequeños granos de tierra en un reloj de arena, su día anhelado se aproximaba apenas faltaban tres días. Se sentía feliz quería tomarlo como un inicio nuevo y no volver a pecar. Las superiores y los sacerdotes de aquel convento estaban malditos, eran fanáticos famélicos por la miseria. Ese día fue a ver a su pequeño amigo.
-¡Rabito!- Lo llamó como de costumbre, él vino como de rutina. Se sentó en pasto junto a él-El día fui muy agobiante, sé que es pecado pensar así. Pero, parece que me odiaran…-Suspiró, aunque el conejo no la entendiera era feliz cuidándolo.
Estuvo un par de horas con su amigo de grandes orejas y luego regresó al convento. Ahí un sacerdote joven se le acerco. La tomo del brazo fuertemente. 
-Otra vez sales sin permiso- Dijo mientras la observaba, de un jalón la trajo contra sí mismo. -¿Te encuentras con alguien? Eres una golfa. 
-No es lo que piensa – Se encontraba tan asustada que empezó a tartamudear. No podía reír, llorar, quejarse o dar su opinión era parte de los requisitos de aquel sequito fanático de la religión.  
-¡Calla cualquiera!- Grito, mientras se acercaba y observaba su habito-Pero, como culparte. ¡Eres una perra en celo!- No dijo nada, si respondía como lo hizo antes, seria abofeteada y azotada.
Siempre calladas y al servicio. 
Entre los castigos más comunes eran: los azotes, los golpes, el cinturón de púas, caminar descalza por fuego entre otros. Tenía mucho miedo, en más una ocasión la tocaron, ellos decían que deseaban limpiar su cuerpo, pero se escapaba y luego era castigada.
“¿Tan mala soy?”, se pregunte frustrada, mientras el sacerdote se iba, susurro en su oído: “Te descubriré”
El día de su cumpleaños llego, se levantó, pero como de costumbre aunque era un día especial para ella, prefería no decir nada. Hizo sus labores intentando evitar abusos. Cuando logró conseguir un par de horas libres, se encamine con su pequeño amigo, sin saber que era seguida.
-¡Rabito!- Llamó a si amigo, le puso ese nombre debido a que era blanco y solo tenía marrón en la parte de la cola, era muy lindo. Este vino hacia ella y sentó con él. -Hoy cumplo 15 años, sabes es difícil- Un poco triste le contó ciertas penas y desilusiones, desde pequeña quisó ser monja y servir a nuestro señor creador, pero no era buena, tenía problemas siempre. Pero, nunca tan duros como este. Cuando llegó a ese lugar todo fue distinto era golpeada y sentía que era la que hacia todo. -Lo siento, pero me siento tonta contándote y no me entiendas...
Caitlyn se levantó y regresó, en el camino se detuve mucho, varias paradas entre flora y fauna. No deseaba llegar pero cuando llegó era tarde.
-Hola ,hermana Caitlyn- Saludo el sacerdote ,temerosa respondió el saludo- Me entere que era tu cumpleaños , así que te preparamos algo con las superiores...
Entro con el sacerdote feliz, era posible que todo cambiara. Era muy ingenua. Parecía que el señor escucho sus suplicas. Entro y vio servida la cena, era carne no distingue cual pero se sentó con ellas y cenaron. Durante 15 silenciosos minutos degustaron aquel estofado. 
-Pide un deseo -Dijo una de ellas, no sabía que pedir. 
-Creo que no lo necesito -Respondió tranquila. Regresó a su habitación, sin darse cuenta alguien entro detrás de ella.- ¿Que hace aquí?-Él la había seguido.
-Vine a darte un regalo...- Respondió echando llave a la habitación -Terminare con ese celo....-Su voz era oscura.
Él la ataco, le rompió los hábitos y lamia su cuerpo. Sin ninguna nada que la cubra su pálida piel quedo expuesta. Su cuerpo era recorrido por una húmeda y nauseabunda lengua. Sus manos eran como tentáculos, los cuales recorrían su desprotegido cuerpo. En su desesperación logro darle un rodillazo en la entrepierna y escapar, con el cuerpo totalmente desnudo bajo las escaleras pidiendo socorro.  
-¿Te gusta la carne de conejo?- Grito el adolorido religioso mientras la seguía. 
Se detuve “¿Carne de conejo?”, repitió. “No puede ser...”, cayó al suelo, se sentía muerta. “Señor que hice para merecer esto. ¿Por qué estoy aquí?”, ese algo que la mantenía había muerto. 
-Esta cualquiera, entro a mi cuarto e intento seducirme -Dijo él mientras las superiores los observaban. Sintió unos cuando latigazos... un hilo de sangre recorría si frente entre sus ojos... llenos de un rio de tristeza. "¿Un deseo?", pensaba mientras era goleada "Quiero salir de aquí, por favor"
- ¡Y se supone que los malos somos nosotros!
No se dio cuenta que paso, pero si conejo estaba ahí, pero; entonces, la confusión se apodero de ella. “Estoy soñando”, se dijo al ver al pequeño de largar orejas entrar saltando. 
-Jaja, que conejo tan fiel -Se burló el sacerdote mientras cogía a Rabito de las orejas -No pude cazarte, pero al menos el otro era parecido. 
-¡Déjalo, le haces daño! –Gritó.
-Deja mis orejas...
El silencio apareció de pronto, como una visita indeseable los creyentes observaban a quien sonreía. 
-Entonces, ¿Me vas a dejar? 
Ahora se encontraba aterrada, esa voz era la de su conejo. El hombre asustado lanzo al animal lo más lejos que pudo. El animal cayó de pie y entonces era un tipo de cabellera roja escarlata y larga estaba frente a ella , llevaba un traje plomo, casi negro y unos lentes azules dejando ver unos ojos completamente carmesí.
-Vaya, vaya- Sonrió, mientras la tomaba en brazos. Ella lo observo aun perpleja. -Tenías razón, este sitio es un asco.
-Tu…-Aun estaba aterrada. Tartamudeaba incluso sus escasos monosílabos. 
- Soy tu amigo, pero odio las zanahorias-Le sonrió, mientras se acercaba a la puerta.
-¡Demonio!- Grito el sacerdote.- ¡Eres una bruja! ¡Maldita hereje! 
-Son un fastidio.-Otra voz se escuchaba, las puertas del convento se abrieron, un tipo parecido a Rabito entraba, pero su cabello era negro y más largo, su traje eran completamente negro excepto por la camisa, era blanca. Unos lentes oscuros reflejan sus ojos carmesí, junto a ellos estaba una chica con un pequeño vestido blanco-Realmente, es terrible -Dijo ella sin alejarse del otro.
-¡Demonios!- Grito el sacerdote sacando una cruz.-Son enemigos del señor.
-De hecho soy un ángel.- La chica se autoseñaló.- No merecen cargar esas cruces.- Soltó una carcajada- Son chicos muy malos. 
-¡Cierra esa boca!- Grito una de las hermanas. Cait aún se encontraba paralizada de la impresión, pero ya no sentía miedo. -¡Desaparezcan demonios!
Entonces, la mujer que vociferaba tomo un candelabro y lo tiro al suelo, luego empezó a botar espuma por la boca. El fuego empezaba a expandirse. Albus y Kotomi observaron a Vladimir.
-Jodian mucho- Respondió suspirando- Esto es trabajo de ella.- Indicó. 
Cait se desmayó de impresión y descanso sobre el pecho de Albus. 
-Lisbeth, te dije que esperas lejos.
Fue lo último que escucho. 
No podía creer aun lo que oía, realmente entendía por que Vladimir pensaba que las personas eran estúpidas, incluso siendo parte de una iglesia, como podían hacer cosas así.
-El tiempo pasó y lo empecé a ver distinto, era amable. Sin darme cuenta me enamore yo lo seguí por todo el mundo, conocí otros ángeles y otros demonios-Ella sonreía mientras lagrimeaba, debió ser difícil pasar lo que ella paso.- Debo decir que los más divertidos son ellos. Vladimir, Kotomi y mi querido Albus. 




-Te olvidas cuando reté al ángel de la muerte -Dijo una chica, luego beso a Cait, fue un poco impactante. Nunca vi a dos chicas besarse.-Un gusto Akemi, soy Albus Schwarzemberg -Dijo la chica sentándose al lado de Cait.
-Siempre te vas...- Dijo cabizbaja Cait.
-Recuerdo que cuando los conocí, pasó lo mismo -Linda parecía acostumbrada de ver a dos chicas besarse. Aun no conocía muchas cosas. 
-¿Peleaste con ella?-Pregunte ignorando lo sucedido- ¿Cómo?
- Yo pelee contra ella por mi amor hacia Cait- Contó, mientras cogía su mano-Perdí y me castigo. Me quito mis poderes y me hizo mortal. Sin embargo, podremos estar juntos siempre y cuando no tengamos un hijo. 

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