El mundo, según Lunática - Capitulo 3

Pastillas felices y un redondo trasero. 

-Tienes que estar drogado. 
Mi asombro no se reducía si quiera un poco, más bien aumentaba la preocupación por mi lucidez. Me encontraba completamente consternado, sentados en el buz, con rumbo a la bulliciosa, desesperante, contaminada y poco segura Lima, la vida del Perú. El vaivén de la de horrenda carretera me mareaba y ella, Lunática, parecía divertirse mientras, aun me explicaba sobre la sombra del mundo, el espejo de la luna o como parecía ser realmente.
Estar hasta el culo en drogas. 
-¿Cómo?- “Debe estar bromeando”, pensaba. Los asientos eran cómodos, la película un tanto irritante, la vida de un niño con bigote, si era aburrido de escuchar. No quería imaginar el martirio que sería verla. Panamericana sur era como una montaña rusa, de aquellas que te hacían arrojar el desayuno de hace tres semanas. Simplemente una completa mierda.  
-Es complicado.  Pero tú eres como Grillo. – Soltaba pequeñas risas al compás de los baches. Asco de carretera, las limeñas. – Nosotros debemos volar para llegar, tú lo haces completamente sano. Eso es lo increíble.
Ese mundo que me devolvía la vista había perdido su encanto; sin embargo, no quería dejar de verlo como dijo ella: “Entrar al espejo”. Quería recuperar eso que perdí. Me preguntaba si era mi bello carisma o encantadora apariencia, hace tiempo que no me veía a mí mismo. “¿Cómo me veré?”, pensaba en lo que ella me parloteaba. Hablaba demasiado. 
Ella me explicaba sobre nuestro autolimite. Como las personas nos limitamos y no podemos llegar más lejos. Es decir, creencias que la muerte es el final, que hay un Dios todo poderoso y que los hombres no pueden volar o todos nacemos con un solo destino. Esas son cadenas para la mente humana, que se encontraba atrapada en la prisión que llamábamos vida, pero siendo consiente, era todo lo contrario a la vida. 
El espejo de la luna, era ese estado de límite que te permitía alcanzar la droga. En una persona limitada, las substancias ilícitas lo arruinan completamente, son consumidos por ella y son las lacras de la sociedad. Casos recurrentes en la capital peruana. 
Sin embargo, en una persona sin límites ese estado le permite alcanzar a ver más allá de lo evidente. Se proyectan a sí mismo a la sombra del mundo, a ese espejo de la luna. En el cual, según Lunática, es la verdadera cara del mundo. Las grandes mentes han creado mundos y nosotros hemos vivido en ellos. 
-Tal vez sea por su consumo de antinflamatorios. – Indago- O por ser un completo tarado ciego. 
-Si quieres te ayudo a quedar ciega. – Yo era un experto en el tema. – Déjame quemarte los ojos. 
-No, gracias- Bufo- Yo también soy una persona limitada. De hecho Grillo me dijo que entraba en sueños. Grillo y Equis son los únicos que entran de manera consiente mientras duermen. Según cuentas viejas leyendas hay personas que viven dentro del espejo y duermen en el mundo común.  
Parecía afectarle el tener que drogarse. Yo recordaba a verla visto aquella noche en el boquerón, más no recordaba el resto. “¿Cómo salí?, ¿Cómo entre?”, era en lo único que pensaba durante los días de mudanza. 
Los había escuchado un par de veces durante la noche hablar por celular.  Me parecía extraño que le hablara con tanta familiaridad de mí. A él no lo escuchaba, pero ella era cariñosa y de hecho era muy normal para cómo se comportaba conmigo. “También te extraño”, me parecía demasiado gracioso. 
Sabía que llevaban seis meses de relación, que él era médico y ella sería su enfermera luego de regresar de ese viaje. Asimismo, sabía que ella me conocía y posiblemente él de igual forma. Una vez  escuche que hablaban sobre el idiota amigo de la Univ. que se quemó los ojos. Sospeche que era yo. 
Supuse que ella estuvo estudiando Derecho y política social conmigo. Había muchos que habían dejado esa carrera. Entre ellas estaba mi Yossy. Sería demasiado maravilloso que sea ella. Mi primera novia mayor, ella estaba por terminar su carrera y había empezado una segunda, yo la conocí en la segunda.
Ella me enseño que la marihuana era un buen energizante y si le agregabas sexo. No necesitabas más para vivir feliz en la vida. “¿Lunática seria ella? Imposible”, pensé, pero sería demasiado bueno que lo sea. Suspire, mientras continuaba empacando algunas de mis cosas. Ese día era abrumador.  
-Siempre fuiste muy detallista.- Dijo mientras me ayudaba a guardar lo que me quedaba de dinero.- ¿Cuánto te tomo hacer esto?
-Tres días – Respondí, ella se refería a las marcas en las paredes, las cantidades de paso y cada detalle que prepare para no dar pena en mi propia casa. – En los dos primeros contabilice los pasos y marque. En el último separe las cosas en espacios determinados y los memorice. 
-¿Cuándo escribiste “Kelly vete a la mierda” en la pared de tu baño con spray?
-Apenas llegue. 
Si, era una persona rencorosa. Escuche sus carcajadas nada femeninas. “Y si era un traviste”, indague. Bueno, lo usaría vilmente hasta poder ver ese lugar, donde los sueños se hacen realidad. Además, siempre había sido atractivo para con mi propio género. Los traía locos a todas las locas.  
Sonreí de forma arrogante y ella me golpeo. 
Pasajes comprados, días contados y una nula ansia por marcharnos.  El señor Rolo, había llegado esa mañana durante ese desayuno, el cual parecía más interrogatorio, y Lunática había cancelado el arrendamiento y sacado sus cosas.  Ella estuvo preparando la comida durante esos días. Estaba asqueado de comer tanta zanahoria y otras idioteces para la vista.  En ese momento nos encontrábamos preparando todo.
-Grillo es mi novio. 
-¿Y para que quiero saber eso?- Solía deambular mucho en mis pensamientos, a veces me sentía un mudo en vez de ciego. Y otra veces decía cosas que solo debían ser pensamientos. 
-Que idiota eres- Apostaba que me sacaba la lengua, pero con lo poco femenina y aniñada que era, de seguro era un dedo medio. – Pues, te importara, porque lo conocerás cuando lleguemos a Lima. 
El vaivén de la carretera de la Panamericana Sur, me saco de esos recuerdos. Había accedido a conocer al Grillo y otros drogadictos amigos de ella. Entonces, voltee hacia la ventana. Sonreí, porque veía a través de la ventana un mar marrón, con elefantes metálicos nadando en vaivén de la marea oscura. “Esto será estar drogado”, me dije a mi mismo. Me encontraba dentro de uno también. Grande, gordo, duro y con la misma estúpida película del niño con bigote. 




-No es justo. 
-¿Qué? – Pregunte observando aun fascinado. El mar marrón se elevó al cielo, su velocidad aumento y la luz del sol lo alumbraba como ríos de onzas de oro, cada gramo de arena un pequeño sol.- Nuestro elefante parece molesto. 
-No es justo que tu tengas un viaje divertido.- Voltee a verla, nuevamente veía su cabello, cuerpo, pero no su rostro. Era una sombra. – No puedo ver los elefantes. Te odio. 
“¿Eso era un berrinche?”, me pregunte.  Sonriendo, la ignore y continúe fascinado. Hasta que sentí un golpe de ella.  La mire furioso y me saco la lengua. 
-¿Cuídame, si?- Me dijo sonriendo. Tomo su pomo de Coca-Cola y se metió una pastilla a la boca, recordaba que me comento que tenía éxtasis- No dejes que haga el ridículo, ¿Sí?- “En que palo te arrimas”, me dije viéndola aun su enigmático rostro seguía incognito. 
-¿Por qué no puedo ver tu rostro?- Pregunte. 
-Porque no sabes quién soy, todo lo que vez es lo que puedes imaginar.- Ella comenzó a ver la ventana también- Normalmente tendría un rostro cualquiera, pero como sabes que me conoces y no sabes quién soy. Me ves así. – Se le veía muy lucida para alguien que acaba de tomar una pastilla de éxtasis- ¡Ese elefante nos quiere chocar! – Retiraba lo dicho. – Creo que gomitaré.
-No jodas. 
Lo peor fue, que tenía razón. Un elefante metálico casi nos envestía. “Conductor maneje bonito”, comenzaba a escucharse en el ambiente. Me suponía que estuvieron cerca de chocarnos. “Le regalaron el brevete a este concha de su madre”, eran esas cosas las que detestaba de los limeñitos. Eran pseudomatones, los muy cultos, los que tenían clase. “Me repugnan”, curiosamente yo era uno de ellos. 
-¿Cómo te hace efecto tan rápido?- Pregunte. 
-¡Gomitaré!- Grito. Los otros pasajeros empezaron a vernos. “Esta estúpida”, me irritaba, era como andar con una niña.
-¿Cuántos años tienes?- Pregunte. 
-¡24! – Respondió tapando su boca- Demonios, no debí comer esos alfajores. Lo gomitare todo. 
-Eso ni siquiera existe- Explique. “¿Por qué tenía que drogarse aquí?”, consulte internamente, ella seguía viendo a los elefantes sin dejar de taparse la boca. – Es vomitar. 
-Yo quiero decir gomitar- Suspiro, odiaba sus cambios repentinos de humor- En este lugar los sueños se hacen realidad-  Dijo, de hecho lo había repetido antes. 
-¿A qué te refieres?
-Coleccionamos mundos- Sonrió, sacando una bolsa de plástico me miro –Mira… mejor luego – Tomo la bolsa y comenzó a arrojar dentro. Tomo algunos minutos que se recuperaba, sospechaba que así mantenía la línea con todo lo que tragaba.- Moriré, aún faltan como dos horas para llegar. 
Continúe observando por varios minutos la carretera, debía aprovechar en verla.  Dentro de poco de seguro todo sería oscuridad. Voltee a ver a Lunática, la bolsa estaba amarrada en el carnoso suelo del elefante buz, ella parecía dormir o un milagro había hecho que se callara. 
-Es bonito ver, ¿No?- Consulto, “Pensaba que dormía”, me dije volteando de nuevo.- Eras el tipo de persona que parecía que no se desmoronaría.
-Te equivocaste, todos los que creían conocerme se equivocaron. – Sonreí, era cierto. Muchos me acompañaban, pero seguía completamente solo, por más que estuvieran ahí y se preocuparan por mí, siempre tuve un vacío que nunca supe cómo llegar. Solo que lo olvidaba y eventualmente recordaba. 
Entonces, todo se volvió oscuridad.
Habían pasado un par de horas desde que llegamos al departamento de Lunática, cerca de la universidad Cayetano Herrera de medicina, mis pulmones ya se habían llenado del contaminado aire y la sensación de brisa marina había desaparecido por completo. Me había quedado dormido el resto del viaje. Al bajar del buz, ella parecía encontrarse normal, me ayudo durante el resto del camino.
-Nos quedaremos aquí temporalmente- Dijo, tirándose en algún lado, había escuchado el pequeño rebote, de seguro era su cama. – Mis padres creo que dejaran de pagarlo pronto, ya tengo un trabajo que empieza aun el otro mes. 
-¿Planeas mantenerme?- Eso no sonaba del todo mal. De hecho cuando era joven soñaba ser mantenido y leer todo el día. 
-¡No!- Casi grito, de hecho solia ser muy eufórica como callada. Una enigma de esas que te dan dolor de cabeza – Solo estarás aquí temporalmente, en lo que contacto a tu familia. 
-Sí, lo supuse. – Suspire. 
Presione mis ojos con las palmas de mi mano. Estaba cansado y no sabía un carajo. Era aterrador moverse sin ver donde, había olvidado esa sensación, era horrible. 
-Descansa un poco- La escuche prender un fosforo, sentí un extraño hormigueo en los ojos ante el sonido. Sonreí, estaba aburrido y recordó cómo me quemaba los ojos. – Al lado tuyo esta mi cama. Más tarde saldremos un rato. – Sonreí, estaba cansando- Pensándolo mejor practiquemos. – Hablo alto y fuerte. No entendía lo que sucedía con ella, por un momento pensé que descansaríamos. Y me agravada la idea– Mañana iremos con los chicos, pero antes debes entrar al espejo, pero solo en mente. 
-¿De qué hablas?
Odiaba que me hablara con tanta familiaridad. No veía absolutamente nada, pero para ella eso no parecía ser un impedimento. Mi existencia era limitada, tarde o temprano empezaría a dar pena y con suerte moriría cruzando alguna pista. 
-Me tomare una pastilla feliz. Luego me echaré sobre mi cama y me acompañaras a la calle. Pero…- Su voz dudo.- Lo que sucede es que… No sé cómo explicarlo sin parecer una loca o una drogadicta.  
-Eres ambas cosas. No le veo diferencia, bueno loca, no. Solo una lunática. – Se complicaba demasiado. 
- No digas eso. – El tono de su voz cambia de manera tan perfecta, que podía distinguir su actitud. Era extraño parecía una mujer con las emociones muy bien marcada, lo suficiente para que un ciego supiera su estado de ánimo- Soy enfermera. Si, se enteran que me drogo nunca me contrataran. Posiblemente nunca consiga trabajo. A menos que mi novio inicie una clínica y lo dudo mucho que ese miserable lo haga. 
-Quiero dejarte de enredos y decirme de una futa vez lo que me ibas a decir. 
Me importaba un carajo su vida y no parecía tener la suficiente materia gris para poder entenderlo. 
-Bueno, bueno-  Juraba que sonreía cada que me sacaba de quicio.- Cuando me drogue saldré de mi cuerpo.  Es decir, viajare mentalmente contigo.
-¿Eh? 
-Ash- Chaqueo la lengua- ¿Cuándo te quitaron la diversión? Antes hubieras aceptado sin importar lo improbable que sea. 
- ¿Eres estúpida? 
-¡Calla idiota y hazme caso! 
Podía verla nuevamente, sacándome el dedo medio, con una polera verde, legins negra, su cabello amarrado en un moño alto y completamente descalza. Había ropa por todos lados. Estaba en una habitación de paredes azul marino, juraría que a mi madre le daría un ataque de ver tanto desorden. No me sorprendería ver una familia de ratones vivir entre sus sostenes y calzones. 
-¿En qué momento te cambiaste?-  Ella había viajado con un short blanco, corsé negro y una gorra oscura también. - ¿Me pregunto si este muladar es la sombra de tu habitación o de verdad vives como un animal?
-¡No es justo!- Grito empujándome contra su cama, que estaba detrás mío. Esta se movía demasiado, cuando vi el colchón habían peces dentro lo que parecía una bolsa de agua. - ¡Pude estar desnuda tarado!
Recordé algunos días antes de llegar. Caminábamos por boquerón del diablo en Pucusana, entre pescadores y brisa marina. Ella me dejo solo por un helado, al intentar seguirla casi moría atropellado por una moto. Luego de algunos juegos crueles, donde ella se alejaba de mí, se acercó a mí nuevamente entre risas. Quise tomarla de la ropa para no perder. Sin embargo, “Encajes”, inconscientemente sonreí ante mi tacto. “Quien diría que tendría un trasero suave.”, me dijo. Ella con un tono sorprendido me dijo: “¿Cómo lo supiste?”, no parecía molesta. Sonreí creyendo que era ese tipo de chica. “No subestimes el tacto de un ciego”
Trague grueso, mi mejilla izquierda ardía. Un cómico humo aparecía detrás de su figura.  
Luego de mi respuesta tan altanera, haciendo ego de mi tacto, sentí un terrible puño sobre mi mejilla, el cual de milagro no me había volado un diente. Unas manos, las de Lunática, me tomaron del cuello del polo. “Vuelve hacer eso y te arrancare esos ojos quemados y se los daré de comer a mi hanters” 
-No me mates- Suplique.
-Tomare la pastilla feliz y saldremos a pasear. ¿Vale?- Sonrió, luego de sacármela la lengua. Ella notó que tenía miedo de que me volviera a golpear. – No me toques el trasero mientras este drogada. 
-Ni muerto te toco. 
Ella soltó unas carcajadas en lo que tomaba su pastilla, la cual literalmente tenía una carita feliz.  Pasaron unos segundos en los que se hecho en su cama. Me senté en un pequeño sillón, que estaba repleto de ropa sucia. Suspire y cerré los ojos. 
“Santos, alguien te golpeare”, recordé con una sonrisa. Mi vida antes de la Universidad era más hermosa. Me encontraba atrapado en el día a día. “¿Qué será de ella?”, me pregunte.  Hace mucho perdí conectados con mis compañeros de la escuela y los de la Universidad ni que decir.  Abrí los ojos, viendo a Lunática frente mío. Esa enigmática sombre en su rostro era atrayente. Note detrás a otra ella. Sonreí al notar que hace se refería a dar un paseo.  
-Entonces, ¿Cuándo te drogas escapas de tu cuerpo?- Consulte. -¿Por qué en buz no paso eso?
-Tome una pastilla para dormir antes de drogarme.- Me dio la mano, pensé que la atravesaría; sin embargo, su tacto era más delicado de lo que había sentido antes. Su nívea piel eran tan suave, como nubes del cielo y una briza marina, Ella me recordaba al mar. – No podemos andar drogados por las calles con nuestros cuerpos. Pero, nuestras almas pueden andar libres mientras soñamos. 
-Que maravillosa sensación- Dije sin pensar.
-Sí, esto es el Espejo de la luna. El lugar donde tus sueños se hacen realidad.
Caminaba por las calles de San Martin de Porres nuevamente, acompañado de bastón y unos lentes oscuros. Al lado de una suerte de chica astral hablando de un montón de cosas sin sentidos. Me daba mucho asombro como se veían en realidad las calles que hace mucho creí conocer. 
Ella se burlaba cada que una persona me ayudaba a cruzar la pista.  Yo no podía responderle, pues solo era ciego no loco. Nadie además de mi o alguna otra persona que tuviera un paseo entre drogas podría verla. 




-Casi todas las iglesias mormonas se ven como prisiones aquí- Comentaba mientras caminábamos, rumbo a la Av. Tupac Amaru. No tenía ni idea de los metros de distancia. Ella me iba comentando todo lo que observaba- Los bomberos son caballeros, que se montan en dragones terrestres de agua. 
-Interesante. 
Un dragón terrestre de agua avanzaba con gran velocidad por las pistas de uno de los distritos más peligrosos de a gran Lima, la diva del Perú, que frente al espejo era una niña con mucha imaginación e inocencia. “¡Que gran contraste!”, pensé.  En el dragón había 5 caballeros de roja y reluciente armadura. Se veían demasiado fantásticos. 
-Se ven como héroes. 
-Son lo que en verdad son. 
Lunática le levanto la mano al dragón y este le guiño el ojo. Ella empezó a reír, mientras yo abría la boca cual niño asombrado.  Definitivamente era más divertido que ver leones en el zoológico. 
-¿Los objetivos inanimados tienen vida aquí? 
-Si tú crees en ellos. -Me tomo del hombro antes de cruzar la pista. –  Ellos vivirán para ti. 
El collar en su cuello en forma de mariposa, empezó a volar. 
-Nada aquí tiene sentido. Que hermoso lugar. 
-Hace mucho que no veía esa mirada- Me dijo dando un par de saltos frente mío.-  Mueve más el palo o pensaran que estas fingiendo.
-Hmph- Gruñí moviéndolo más- No le digas a un ciego como usar su bastón.- Con tristeza recordé que nunca les daba una futa moneda a los ciegos que subían a limosnear a los buces. – ¿Los ciegos son capaces de venir aquí?
-No lo sé. Pero sería muy lindo que sí. 
Llegamos a la Av. Tupac Amaru. Lunática deseaba ir a Jirón de la Unión, según me comentaba era el lugar más hermoso de todo Lima. Tenía vagos y toscos recuerdos de doradas calles conglomeradas de gente.  Sin embargo, ella me decía que era mejor que aún no. Si ella despertaba yo estaría solo allá, además que no controlaba mi entrada y salida del espejo. 




-No pueden estar aquí…
-Hagamos esto rápido. 
Ambos volteamos a ver a dos chicos vestidos de negros, con trajes que parecían caros. Se  acercaron con espadas que brotaban de sus manos, tan trillado como un viejo villano de los Power Rangers. Escuche a Lunática tragar saliva. “¿Ellos la podían ver?”, me pregunte.  No sabía la situación actual, pero parecía mala, muy mala. 
-Debemos huir.- La escuche. – Son los cuervos…
Pero ya era demasiado tarde. Todo era oscuridad para mí. No la veía a ella, ni a ellos, ni nada.  Solo escuchaba una gran congestión vehicular, asquerosas bocinas por doquier que me ensordecían a no poder más. La brisa del aire contaminado por incontables tubos de escape golpeaba mi cara. 
-¿Lunática? 
Estaba solo en calles que no recordaba. Y sin poder nada. 
-¿Dónde estás Lunática? 




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