martes, 17 de mayo de 2016

El mundo, según Lunática - Capitulo 2

Quemaduras.

Era de noche, tenía frio. El silencio período eterno, los segundos oscuros y mi vida angustia. Me gustaba dormir pero, me enloquecía la mudez. Entonces, escuche uno pasos llegar desde la entrada de la cocina. Me fingí dormido, percibía el sonido de la refrigeradora abrirse, luego escuche un bufido. En mi casa nadie encontraría nada, porque no tenía nada. Ni siquiera a mí mismo. 
Se acercó a mí, mientras dormía y me tapo con una colcha. “Ridículamente maternal”, pensé ante tal escena, sacada de novela mexicana. Me observo durante varios minutos, luego se acercó hacia mi rostro y percibí una pequeña risa. Recordé algunas horas previas, en las que me unto una crema hidratante por las quemaduras del sol, sus manos recorrían mi cuerpo como el rio Rímac, lo hacía con Lima.   
-¿Qué es lo que paso contigo?- Dijo, se levantó y apago la luz.
Nuevamente el silencio me ardía, como me ardían las quemaduras en mis ojos cada que deseaba sollozar por impotencia. Quemaba. Cada noche ardía en mí.   
Las gaviotas empezaban chillar, como todas mañanas. Me dolía la espalda, ese sillón era jodidamente incomodo pero, pese a todo había paz. Como si viera algo, aunque  fuera en vano, frote mis ojos antes de estirarme y ponerme de pie. Una noche tranquila pero, perturbadora.
“¿Vendrías a Lima conmigo?”, recordé.
Llamaradas de fuego en cielo, una noche más oscura de lo normal, una cueva cual boca amenazaba con comerme y luego escupirme, su agua se tornaba roja. Y lo más impactante es que lo veía. Con tratamiento podría volver a ver pronto. Sin embargo, nunca seguí ninguna tonta receta, más que para las pastillas contra el dolor, fueron semanas duras y con el tiempo me acostumbre.
-Buenos días.
-¿Cuánto llevas ahí?- Pregunte, ella solía levantarse temprano y cantarle a los pescadores o al sol, igual ambos la ignoraban. Ella era una orate.
-Pues unos minutos. Tienes una casa peculiar.
-¿Por? 
 -¿Dónde venden casas para ciegos?- Cuestiono con un tono sarcástico.- En las paredes hay marcas cada 10 pasos, las cosas de la mesa tienen una marca donde corresponden.
-Pues fue difícil- Mentí, era la casa fantasma de mi primo, Augusto,  utilizada solo con fines calientes y morbosos.  Y las marcas eran obra mía antes de la fatídica noche. 
-¿Te quedaste ciego al propósito, Santos?-  Ahora era un tono burlón, recordaba tener un cuchillo cerca al sofá, lo necesitaba en ese momento- ¿Por qué? Tú no eras así.
-¿No suenas muy cuerda?
-Pff- Bufo-  Te preparare el desayuno, debo ir a mi casa por ropa antes.
-Tomate tu tiempo.
“Soy enfermera”, recordé nuevamente esa fatídica noche de apenas unas horas con ella. “Este viaje es mi regalo de graduación, yo podría cuidar de ti”. No era rico, ni mucho menos alguien bien posicionado, de hecho viviría escasos meses antes de quedarme en la pobreza extrema y empezar a mendigar. 
Apenas habían pasado horas y esas escenas no desaparecían de mi mente. No le pregunté si veía lo que yo, mucho menos era consciente de lo que me proponía. “Yo puedo ayudarte un tiempo, hasta que vuelvas a ser el patán que todos conocemos y queremos”, en ese momento solo trataba de ver todo lo que podía. Pero, no la vi a ella.
Cabello decolorado en un blanco casiperfecto, a excepción porque según bajaba se matizaba hasta negro. Piel nívea ligeramente bronceada. Pero, no veía su rostro. “¿Me había vuelto un lunático también?”, más tarde esa noche la acepte como enfermera. 
De seguro ya estaba descerebrado, había aceptado una desconocida en mi casa, que si bien podía quitarme los órganos o prostituirme de fleté barato, al menos esta noche solo me robo mi cama. “Ehmm esto es incómodo, olvide mis llaves dentro. El Sr. Rollo vendrá mañana para que se las entregue.”, no era muy bien parecido y estaba seguro que no me veía nada bien, como para una insinuación a una noche de sexo intenso. Ella se iría mañana.
“Piensa lo que te dije”, fue lo último que me dijo antes de escuchar la puerta de mi habitación cerrarse.  Y la noche iba con ritmo al abuelo muerto de Bareto que sonaba en la cantina del tío Grau, entre botellas de licor y carcajadas. Era una noche que invitaba a embriagarse en su bulliciosa oscuridad, tomando masato ¡Ole lola! ¡Ole lola! ¡Y lelo le!
-Está listo.
Salí de mis pensamientos. Dirigí mis manos hacia la pared, no pensaba que ella notaria la función de las marcas, al menos no antes de que las usara. Estaba a 5 pasos del comedor, 3 a la derecha y se encontraba la silla.  Me sentía observado. “¿Cómo esa loca podía ser enfermera?”, pensé mientras cogía la silla, no usaba ese comedor desde que aun podía ver.
Mi vida estaba planificada en derrochar el dinero de mi pseudoboda en sobrevivir a punta de menús baratos, hasta que no me quedara de otra que mendigar. El tío Grau, quien me conocía desde crio, me daba mis tres comidas diarias y le pagaba semanalmente.
En mi habitación había un cajón con separaciones, donde tenía el dinero por cantidad: monedas, billetes, etc. A estas alturas Lunática ya me debería haber dejado en bancarrota pero, solo adelantaría lo inevitable.
Tomé asiento, esperando no ser cuestionado nuevamente por sus dudas sobre mi dulce y humilde morada. Podía escuchar a ella poniendo la mesa, sentí cierta nostalgia. Recordaba a mi madre dándome el desayuno antes de la escuela. Recordaba a Yossy, mi primera novia mayor, sirviéndome la cena luego de horas de sexo en aquel motel. Recordaba lo que se sentía ser atendido por alguien más.  Comencé a escucharla sorber, parecía tomar una chocolatada o un jugo, quien sabe. Soy ciego.



-Toma las pastillas antes de comer.- Interrumpió su bebida.  
-¿Cuáles pastillas?- Ella tomo mi mano abierta y las coloco, su piel era suave, extrañamente electrizante, no recordaba un tacto tan frágil, hasta cierto puntos mis conocidos tenían manos toscas e incluso ásperas. “Pajeros de mierda”, pensaba-¿Por qué?- Solo tomaba pastillas para el dolor y las deje cuando el dolor e infecciones desaparecieron.
-Son para el tratamiento. Anoche llame a mi novio y le consulte sobre ti.
-¿Tienes novio?- Eso no me lo esperaba. Para nada. - ¿Qué demonios haces metida en la casa de otro?
-No es celoso- Escuche algunas mofas, parecía no poder contener la risa- ¿Creo que te rompí el corazón?
 -No, de hecho…-Me interrumpí intrigado- ¿Qué te hace pensar que quiero volver a ver?
-¡Lo sabía!- Grito, note que estaba más cerca y algo emocionada, me recordaba a mi hermana en sus quinceañero.- ¿Por qué?
-¿Por qué, qué?- Repregunte, ahora me estaba enfadando. Ella me estaba mintiendo. Buscando que me delate. Era una chica hábil. - ¿Por qué haces esto?
-¡No me cambies el tema!- Grito nuevamente, ahora parecía molesta. Sus cambios de actitud me confundían aún más. “Jodida lunática”, me dije -¿Por qué te quemaste los ojos?
-¡Que mierda te importa!
Luego de eso regreso el silencio. Felizmente no podía verla, me repugnaba pedir disculpas. 
-Bueno.
Fue todo lo que dijo luego de que la mandara a la mierda.
Recuerdo que deseaba matarlas, las mujeres eran un error en mi vida. Ambas me recordaban mi fracaso, tanto ella como mi madre. “Fallaste con la beca al extranjero”, “Me fallaste en aquella fiesta con la rara esa”, recordaba. La beca la perdí por culpa suya y la rara hasta me caía mal. Ambas eran torpes y superficiales, absurdas e histéricas.
Era demasiado irritante, no podía sopórtala. Tome la taza a mi lado y bebí, la situación era aún más incómoda que aquella vez, cuando Kelly me rechazo y luego me buscaba como un amigo. “Nos conocemos demasiado”, argumento para una futura amistad. Entonces, regrese a la realidad casiescupiendo la porquería que acaba de tomar.
-¿Qué mierda es esto?
-Extracto de zanahoria con apio, es para vista. – Suspiro riendo- Ayer, estabas asombrado. Por un instante pensé que si podías ver.
-Lunática. -Debía tomar el toro por las astas, como decía mi madre cada que temblaba y me orinaba por tenerle que pedir un permiso para salir cuando era niño. -No estoy interesado en ver. Mucho menos en volver a Lima. De hecho lo único que me interesa es…
-¿De qué hablas?- Pregunto con un tono suave, me interrumpía, su voz parecía tan frágil como una flor. – Si tengo novio.
-No me interesa eso- De hecho si me interesaba, si tenía novio, ¿Por qué me jodia tanto?- Anoche, cuando te vi.
- ¿Tú me viste? – Su tono de voz cambio, sonaba a un malicioso zorro asechando a un conejito, esponjoso y ciego- Esto sí que se ha puesto interesante. – Podía notar que sonría, sentía una increíble maldad en ella.- Un trato. Yo te diré que fue lo que viste, pero antes tú me dirás que te paso.
- Bien.
Me arrepentiría. Lunática dejó escapar una risa.
Un grave error tal vez, no deseaba profundizar en mi pasado nuevamente. El yo de entonces y el yo de ahora eran polos opuestos de una misma moneda, inclusive por momentos pensaba que en realidad eran dos monedas distintas.  
Mis recuerdos más bellos, los llevaba siempre dentro de mi mente. Viajes de verano familiar a este hermoso balneario, parrillas por cumpleaños, reuniones familiares llenas de alcohol, fiestas escolares con chicas masturbándonos con sus traseros y un amor colegial venenosamente dulce.
El joven lleno de ilusiones, apasionado de la literatura y el arte, al que llame “él”, empezaba su vida universitaria con el pie derecho al frente y una botella de licor siempre a su lado. Sin embargo, los problemas siempre existieron, hasta el punto de convertirse en lo que llamo “yo”. 
-¿Qué fue lo más difícil?- Pregunto ella, era sagaz y calculadora.  Mis pensamientos se vieron interrumpidos por esa simple pregunta, que respondería todo en un instante. No tenía sentido negarlo.
-Quemar el otro ojo.
No podía verla, pero estaba seguro que Lunática tenía los ojos abiertos, de seguro una mano en la boca. “¿Qué clase de enfermo es él?”, de seguro estaría pensando.
Esas cicatrices nunca dejarían de quemarme.
Antonia, mi madre, con sus exigencias y celos a Galia, mi mortífera novia de aquel entonces, eran mis vitales dolores de cabeza. Un amor no correspondido por un profesora de matemáticas, que tiraba con el instructor de disciplina cada que podía en nuestra aula. Una separación familiar, por mi muy imbécil padre que no supo cómo ocultar a su amante. Una pasión perdida en alcohol, sexo y drogas. Una carrera insípida y mundana que me encadenaba. Y un dolor imperial me hizo arder hasta perder la vista.
Cuando él tenía 16 que la conoció, la víbora más nociva, Galia. Ella era fue su primera novia formal, diferente a otras cualquiera para pasar el rato. Con ella conoció el dulce veneno de la obsesión disfrazado de amor.
Lo delicioso del sexo y desconsolado de que su madre odiara a su novia.
Él era positivo. Idiota para ser exacto.
Iniciaron una carrera juntos, se aventurarían al mundo de la Literatura. En un país europeo, un literato puede vivir de lo que escribes, en un país como el Perú pues el literato se convierte en profesor de sueldo bajo y malhumorado.
Él termino con ella durante sus primeros ciclos, abrió los ojos y escapo. La vida universitaria suele ser dura. Trabajos por montones, distracciones a la vuelta de la esquina y vicios esperando como ladrones a puntos de arrebatarte todo.
Él dejo su carrera, estudio algo aburrido y bien remunerable. Tiro con quien quiso, bebió cuando deseo y se drogo hasta decir basta. Años después él empezó a ser yo. 
Durante esos años que mi vida no era muy distinta a la de un vagabundo sin necesidades fundamentales.
-Fue demasiado - Me interrumpió, no sabía que era lo que le estaba contando, solo estaba concentrado en lo que me pasaba. – Y me dices a mi loca.
-Al menos déjame terminar.- “Que mal educada”, me dije. – Y luego de dos dias internado en la posta médica. Regrese a mi casa ciego.
-¿Te dejo tu novia y escapaste de todo el mundo, además de quemarte los ojos?- Cuestiono con sarcasmo. “¿Realmente le dije todo eso?”, me preguntaba. - ¿Eres idiota?
-Me supongo que sí. –Quise reír, pero me contuve. Me daba gracia recordarme retorciéndome de dolor en el piso, echándome tanta agua al ojo, como un africano bebiéndola.
-Me recuerdas a un idiota que conocí en el colegio. – Ahora parecía molesta, yo seguía recordando con nostalgia.
-Jaja.
No pude contenerme más y solté una carcajada. Era cierto, era un completo tarado que tomó un pedazo de madera, lo encendió y lo coloco en su ojo derecho. Luego lloro, sufrió y orinándose de miedo volvió a prender la madera y se quemó el otro. Retorciéndose de dolor tropezó con las escaleras y de milagro de la Rosa de Guadalupe sobrevivió y logro salir a la calle a pedir ayuda.
-Eres un idiota.- Suspiré. No pensé que el dolor fuera divertido o tal vez la idiotez de mi vecina, vieja amiga, se me había pegado. -¿Yo  soy la lunática? ¿En serio?
-Bueno…
Entonces, la risa se convirtió en un momento vergonzoso, me sentía como ese niño que dijo un chiste tonto entre sus compañeros y se cubre para no ser apanado.
-Déjame revisarte.
Pude escuchar como movía la silla y se levantaba, la iba detener, pero no deseaba hacerlo. Sentí su dulce y gentil tacto tomar mi rostro y levantarlo. Con delicadeza y un leve: “No te preocupes”, sonrió, no lo veía pero podía estar seguro que lo hacía. Con finura movió mi rostro para verlo. Dejo sonar un pequeño “Uhmmm”
-No fue una quemadura profunda.- Luego sentí una fuerte abofeteada. Sí que me dolio - ¡Eres un completo tarado!
-¡Que te pasa! – Grite ante el golpe.- Eso fue bajo, golpear a un minusválido.
-Es la sombra de este mundo, nosotros le decimos el espejo de la luna. 
Me cambio el tema. ¡Que cobarde!
No entendía a lo que se refería. Era difícil interpretar su noto de voz, era tan cambiante como su humor. No entendía si estaba molesta o feliz, si era un tema serio o un chiste. Como el mar tan difícil de predecir, tranquila, inmensa y misteriosa como atrevida, aterradora e impredecible. 
-¿Qué cosa?
-Lo que viste anoche en el boquerón. Me viste a mí en el espejo de la luna. – Podía percibir una risilla, como si me tomara el pelo- Felicidades también esta mal de la cabeza.
-¿Te parece?- Ironice- Como todos los días, jóvenes brillantes se queman los ojos.
-Bueno, entonces ¿Lunático o solo loco?




-No. – Sonreí – Locos quieren ser todos. Tú de verdad estás demente de verdad. Por eso te empecé a llamar así.
-¿Tú no?
Podría apostar mi título profesional a que estaba haciendo un berrinche o inflando los cachetes.
-No. – Me burle un poco de ella.- A ti si te patina el coco.
-¡Hey! – Estaba seguro que iba empezar a protestar.- ¿Vamos a Lima? Déjame mostrarte todo lo que hay en el espejo. Además, creo que podrás volver a ver.
-Ni de mierda, me quedare aquí.
-¡Por qué!- Sospechaba esa reacción, a veces era predecible y otras una completa tarada. – ¡Vamos!
-No quiero que tu novio me golpee. Además, una vez que me vaya de aquí no podré volver. 
 -Pero, una vez que vayas. – Nuevamente me tomo por el rostro, no había notado que aún estaba a mi lado y yo hablándole a una silla vacía al frente. – Veras que recuperaras eso que perdiste. ¿Apostamos?
-¿Apostar?- Esto se ponía interesante. Me encantaban las apuestas, siempre ganaba.
-Si.
¡Maldita ludopatía!
- Vamos.
Entonces me di cuenta de algo. Yo amaba al mar, por eso vine aquí. En mis recuerdos siempre estaba presente. Una vez leí que no podías enamorarte de lo que nos ves, pero si de lo sientes.
Y si piel era muy suave y su carácter como el mar.

¡Ni de mierda me enamoro de esa lunática! 


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8 comentarios:

  1. Me reí demasiado cuanto sarcasmo , a veces me compadezco del ciego , si yo fuera él, hace rato la hubiera matado. Me causa intriga saber si Lunática tiene novio o no , por cierto los dibujos estuvieron super.

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  2. Fuu... esa cchica está loca de remate, que alguien traiga la camisa de fuerza :v/

    PD: Soy Deus.

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  3. La historia del prota, el sexo, el alcohol y las drogas me dejan pensar que mi vida escolar es mas tranquila que una tortuga caminando a la deriva del mar esperando dejar sus huevos

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    1. ¡Vivió como un macho y ahora es uno ciego!
      ¡Un abrazo!

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  4. TAl para cual un ex-desequilibrado mental y una lunática :v

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