El mundo, según Lunática- Prefacio.

Prefacio. 




“La mar estaba serena, serena estaba la mar.”, entre cobijas y almohada, que parecía llena de arena en vez de plumas. Comenzaba a parpadear. Sobe mis ojos e inevitablemente recibí una patada de nostalgia. 
Hoy nuevamente afirmó que el auge del amor, es la ficción. Que nuevamente me pudro en la realidad asquerosa y mundana. Que él que más da al final es él que más pierde y sobretodo que no debes confiar en nadie más que uno mismo. Que, pasado el sexo las relaciones terminan, ya no existen más lazos fuertes que no sean las cadenas, que más que bendición son un martirio, llamadas hijos. 
“La mar estaba serena, serena estaba la mar.” 
Hoy nuevamente me encuentro decepcionado, hoy nuevamente me quiero morir. Quiero desaparecer, quiero que este dolor se esfume. Quiero recuperar el hambre, el sueño, quiero recuperar el color que mi mundo perdió. 
Solo quería verla sufrir, nunca pensé que me dolería más a mi verla así. Por eso decidí no ver nunca más. Que idiota fui.   
“La mar estaba serena, serena estaba la mar.”, mis manos se vuelven puños llenos de frustración y de un profundo hoyo lleno de dolor en mi corazón.  
Hoy solo escucho las leves olas de un mar pucusañeno infestado de escandalosas gaviotas, que tienden a levantarme a las 5 de la madrugada a escuchar, acompañadas de un cantar mañanero de, tal vez una joven pescadora, no lo puedo saber. Pero, su voz no deja de irritarme una y otra vez.
“La mar estaba serena, serena estaba la mar.”, es que preferí arrancarme los ojos a volverla a ver. Ahora creo que perder el oído hubiera sido mejor que la vista.    
-Ahora viene la segunda parte, cambiando las vocales por una sola- Sabía que se burlaba de mí,  mientras, el nauseabundo sol de verano se asomaba en la playa de Pucusana, una madrugada helada y un estúpido pero, cálido canto. Que me hacía recordar, cosas que deseaba enterrar y sobretodo me recordaba lo que ya no podía ver. 
-Le mer estebe serene, serene estebe de mer.
-¿No puedes ponerte a cantar frente a la casa de alguien más?- Cuestione. 
-Li mir istibi sirini, sirini istibi li mir.
No tenía ni idea de cuál era su nombre, ni por que me jodia la paciencia con sus rarezas cada día desde que empezó el verano limeño. Solo podía estar seguro que terminado el estúpido clima tropical se largaría y recuperaría mi paz. Ella era de Lima, y yo odiaba Lima y todo lo que viniera de ella. 
-Lo mor ostobo sorono, sorono ostobo lo mor.
-¡Cierra la boca, maldita Lunática! 

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