domingo, 6 de marzo de 2016

Saana - Capitulo 9.

Desconocidos.

Con cansancio y nostalgia, mientras se bañaba en sudor en cada vuelta, Sebastián recordó sus tiempos de gloria. Cuando apenas entraba a la secundaria y su madre lo obligaba a practicar deporte. Era realmente pésimo para el futbol, básquet o alguna otra disciplina que implicara una pelota. 
Sin embargo, entre practicas descubrió el kung fu , el cual con el tiempo se convertiría en su pasión, tenía el talento para Taolu, pero demasiado encantado con Sanda o Sanshou.  
Un mes que pareció eterno paso rápidamente, Sebastián se alejó un poco del mundo y sus amigos dedicándose a entrenar con Demetri, él que se autodenomino demonio, con todo lo que había presenciado el último mes, ya no temía a lo desconocido y agradeció nunca llegar a ser ateo, porque de seguro sus amigos que si lo eran. Estarían depresivos. 
José aun trataba de ubicarlo. ¿Qué pasaba con la impostora? ¿Por qué parecía ser el único en notarlo? Además, de ser acosado por esas voces, que cada vez más diferenciaba una voz femenina en ellos. 
-Ten cuidado te va jalar el Pudge.-Diego lo saco de sus pensamientos, estaba jugando Dota en un internet, cerca de la casa de Diego, en el popular pasaje de la Universidad Nacional de Ingenieria. El MOBA , era popular en San Martin de Porres.  
-Ya hice rampage con el tarado ese – Respondió –“¿Sebastián, donde mierda estas?” , recordó nuevamente a su amigo perdido, sí que era un perro malagradecido, pensó. 
-Ya ganamos el Dota- Diego se acomodó los audífonos, mientras clickeaba, “Pronto yo are, rampage con todos ellos.”, pensó el chico Nacarino mientras celebra la precoz victoria del día. 
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-Has desperdiciado un mes, en entrenamiento físico, ¿Cuándo piensas enseñarme algo de pelea?-Pregunto Sebastián muy cansado y fastidiado, durante un mes lo tenía corriendo como loco, en vez de entrenar para pelear más parecía pelear parecía entrenar para una maratón. 
-No me culpes de tu pésima condición física, empezaremos cuando estés listo-Respondió Demetri, desde su asiento en donde observaba a Sebastián correr. – Además el tercer puesto de la categoría adolecente del Torneo Metropolitano de Sanda en Lima debe saber pelear, ¿No?
-¡Maldición! -Grito Sebastián agotado- ¡Ya me retire de eso!  
-Si- Respondió algo aburrido de las quejas del chico. -¿Por qué no lo retomaste cuando terminaste? 
-Era una promesa. 
Mientras Sebastián continuaba su calentamiento que en un mes no había podido concluir, José se encontraba preocupado pues, su amigo no daba señales de vida desde  su pelea con Luis en la escuela y nadie sabía nada más de él. A un día de regresar todos a la escuela nuevamente después de un mes algo aburrido de vacaciones.  
-Este chico sí que era un desastre…. Al menos algo de resistencia habrá obtenido-Dijo a la nada el demoniaco Psiquiatra de Sebastián, apenas este se retiró de su casa.  
-Lo has hecho correr durante un mes entero, me parece poco coherente para ti…-Respondió una mujer que aparecía de la nada. Tez blanca, ojos negros, acompañados de una cabellera rubia desteñida y un cuerpo pequeño y delicado. 
-Micaela con el tiempo has perdido educación, es muy grosero entrar sin tocar- Dijo Demetri. 
-Lo tomaste muy pronto -Respondió con una sonrisa- Sebastián y Saana. Ellos son mis favoritos. 
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Al día siguiente era el primer día de clases del Reino de los Cielos, luego de las vacaciones de medio año, Sebastián no comento lo de su suspensión a sus padres sabiendo del castigo que le esperaría así que se puso el uniforme y salió pero fue a buscar Demetri para seguir con su entrenamiento. Por otro lado, en la escuela se daban los clásicos encuentros dramáticos de amigos que no se veían escasamente un mes y parecían años.   
-¡José!-Exclamo Raúl al ver a su amigo entrar a su aula. 
-Hola, ¿qué tal tus vacaciones? –Pregunto José, el chino le sonrió. 
-Bien, por fin termine One Piece y Fairy Tail- Comento orgulloso –Estoy al día en los 5 Shonen más importantes. 
-Por fin…. Yo veré Yu-gi-oh nuevamente –Respondió el chico pez acomódense en su sitio. 
-Por cierto José, Valeria me dijo que la busques apenas llegaras.
Martínez solo asintió y salió de su aula a buscar a su novia pero, antes decidió ir al baño sin darse cuenta paso por 4to A, volteando a ver queda boquiabierto. 
-¿Cuándo cambio tanto?-Pregunto a la nada siguiendo con su camino “¿Solo en un mes? Creo que me estoy volviendo loco” ,pensó mientras observaba a su amiga como una desconocida total. 
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-¿Trajiste lo que te pedí?-Pregunto Demetri- Sera rápido.   
-Sí, aquí esta- Respondió Sebastián sacando de su mochila la Benihime que compro tiempo atrás. Recordó que ese día conoció a Saana de vista y su vida tomo ese rumbo, que en el fondo lo emocionaba. Sin darse cuenta ignoraba algo muy importante. La verdad es que todo en su momento también sueñan con ser héroes. 
-Veamos de que estas hecho.
Sin la más mínima compasión, Demetri golpeo en el estómago a su paciente, seguido de una patada al pecho lo tiro al suelo. De su saco una pequeña navaja, reluciente y sumamente punzante cual colmillo de un león hambriento. Sebastián logró defenderse con su Benihime del próximo corte y ponerse de pie; sin embargo, los ataques de Demetri era rápidos y muy certeros al nivel que no podía de desenvainar la katana por protegerse. “¿Un psiquiatra por el día y de noche, Kenshin Himura? ¿Qué otros secretos esconde?”, se cuestionó internamente.  
-Deja de ver tanto anime–Le respondió como cuando lo acosaba con esa voz demoniaca en la escuela, sin detenerse en sus ataques. Sus cortes eran parecidos al de un verdadero samurái.- Te está dañando el cerebro.  
-¿Cómo es que eres tan rápido?-Pregunto Sebastián retrocediendo más y más antes tan fuertes ataques. -¿Cómo hablas en mi mente? O mejor dicho la lees. 
-La vida es un sorbo de aire Sebastián. -Dijo Demetri deteniendo su ataque. – El limite esta en ti. En dejarte hundir por una decepción o levante y hacerte más fuerte. 
-¡Esto no es una de nuestra terapias!-Reclamo Sebastián cayendo agotado. “Mierda….”, se lamentó. 
-Tu corazón es débil - Explico Demetri envainando su katana – Careces de ambiciones, de esperanzas. La Srita. Carol no te arrebato tu vida, tu la tiraste al tacho solo – Continua dándole un descanso. -Sin importar lo que suceda, no dejes ir a la persona que es importante para ti. No escojas la muerte para protegerla. No importa lo que pase, debes vivir para protegerla- Explico con una sonrisa- ¿Ella es la verdadera culpable de lo que eres? O tu no pudiste protegerla. Moriste por ella y quedo desprotegida. 
-¡Silencio! – Grito - ¡Ella me traiciono! ¡Yo confié en ella!  ¡Le di todo!
-Y ahora tú no eres nada. – Lo miro fijamente antes de retirarse- Eres como Saana, pero ella puede recuperar su vida.
Sin darse cuenta la semana término llegando nuevamente el Lunes de mierda, después de un entrenamiento y enseñanzas, Sebastián regreso nuevamente a la escuela. Se negaba aceptar esas terapias hostiles que le daba su psiquiatra mientras entrenaban.  
El día era frio, el autobús apestaba más de lo habitual. El desodorante carecía en el transporte peruano y en el verano era mejor caminar. 
-Mierda, me pase de paradero, tendré que bajar en el puente –Dijo Sebastián al notar que se pasó de paradero en el bus. Ahora debería bajar en el pasaje de la Universidad Nacional de Ingeniería.  
Bajo del buz fastidiado, empezando mal el día, se dispuso a cruzar el puente para poder llegar a sus escuela después de una semana se suspensión y un mes de vacaciones. No tenía intenciones de llegar temprano, sus planas caligráficas de castigo ya las había escrito con anterioridad el día anterior.  
-¡Permiso, por favor!- Grito una chica corriendo que se tropezaba con él, cayendo ambos al piso. Él había reconocido la voz. “Esto debe ser una broma….ha cambiado tanto…pero es ella”, pensó él,  al observar a la chica
- Ten cuidado.-Fue frio, a pesar de su asombro, él era buen actor, por no decir buen mentiroso.   
-Lo siento mucho-Dijo ella levantándose y haciendo una reverencia siguió con su camino. Enigmática, sonriente. Y una completa desconocida.  
-No tienes que disculparte siempre Saana –Se dijo a si mismo Sebastián levantándose, sonriendo siguió yendo su camino a la escuela, no estaba apurado. Él y Saana harían planas por tardanza hoy. “No pensé que volverías tan rápido pero, como sospeche no recuerdas nada. Quizá será mejor así”, pensaba, entrando a la escuela.
Pasaron un par de horas, en las que se sintió un acosador pero, le resultaba bastante divertido ver a Saana preocupada en acabar su castigo, mientras él intentaba dibujarla, ya tenía el trabajo listo y no quería entrar a clases.   
Sebastián se dirigió a su aula aburrido, como de costumbre entro observando a todos que lo miraban como preguntándose ¿Qué hay con este? Era el primer día del Tercer Bimestre para él y además, de llegar tarde se saltaba casi 3 horas de clases.  
-Hey Sebastián aquí hay asiento-Le llamo esa voz cachacienta. “Justo a quien buscaba”, pensaba Sebastián sentándose junto a él.
-Buen día Diego. 
El día en su totalidad siguió aburrido para Sebastián pero, lo ignoraba sabiendo que todos sus días serian así.
Llego el receso esta vez no busco a sus amigos de siempre tan solo se quedó con Diego y Cecilia que conversaban de música. Diego era músico , amaba la música casi tanto como su madre. Tocaba guitarra, violín, trompeta y vaginas, eso último lo había hecho merecedor del Ceciliapunch.  
Pronto llego la salida el momento que esperaba salió dispuesto a seguir a Saana, pensando que Diego le haría algo. Durante ese mes de reencontrarse con el deporte físico y psíquico. Llego a la conclusión de que Diego era ese tipo. 
Ambos eran zurdos.
Ambos tenían aprecio por la música, el tipo que los ataco iba al estilo de Marilyn Manson.
Ambos conocían al hijo de puta, que se acostó con su novia. 
Ambos le decían Gianqui. 
Entre otras cosas, que se reducían a que simplemente le caía mal.  
-Oye Sebastián, ¿Estas bien?-Pregunto José cogiéndolo del hombro.  
-Horrible niño con cara de pez, no pasa nada- Respondió Sebastián sacudiéndose la cabeza-“Si realmente supieras….” 
-Dime ¿Qué está pasando con Saana? Parece no recordar nada y mira ahí está con un tipo de la mano, ¡Explícame Sebastián! –Exigió José 
“Como es que la recuerdas…. No tengo tiempo para ti”, se sombro bastante  Sebastián, al notar que Saana se iba sale tras ella dejando solo con la palabra en la boca a su amigo Martinez, recordó que Saana le dijo que tenía un novio antes del accidente y ahora estaba con alguien de la mano yendo a casa. Esto se tornaba interesante para él; sin embargo, se decepcionaba de sí misma. “¿Cómo me volví un acosador? a cierto un loco compañero de mi aula casi me mato a mí y a mi casi novia fantasma, pero si nota que la sigo será muy extraño pero no puedo confiarme”, pensaba, mientras seguía la pareja muy amorosa que no dejaba de besarse y acariciarse, “Esto es incómodo, bah” 
Las horas parecían meses y aun que se aferraba a lo imposible, él sabia lo bien que se siente cuando sus ojos encontraban esa vieja mirada valdría la pena seguir esperando. Aunque tal vez sería muy tarde  
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-Hey Sebas, vamos a mi casa a la salida para meditar un poco –Ofrecio Diego muy aburrido en la clase de literatura “Quien diría que este tipo me caería tan bien.”, reconoció. 
Había pasado aproximadamente mes y medio del regreso a clases. En los cuales la vida escolar era tan escuálida como de rutina, clases, tareas, chismes y chacota. Semanas en las cuales Saana recuperaba su vida con su novio y familia, en las cuales Sebastián se había hecho amigo de Diego, en las que José dejo de escuchar las voces y semanas en las que la vida perdía su brillo característico desde que esa chica fue atropellada y las noches oscuras se volvieron doradas. 
-Me parece bien, estoy muy estresado- Respondió, recordando los gusto peculiares. Y como nuevamente se decepcionaba de si mismo. “Un atleta no fuma”, recordó a su viejo maestro de Sanda  y ahora conocía todo tipo de tabacos, cortesía de Diego.  “El cigarro hace más daño que el tabaco, chipi”
-Chicos, voy a participar en la noche de talentos del aniversario- Los interrumpió una muy contenta Cecilia, la joven estudiante era una chica muy guapa y Sebastián juraría que Diego le quería clavar el diente, como diría Yliana.   
-¿Participamos? –Pregunto Sebastián observando a Diego. Inconscientemente luego se dio cuenta de lo que había dicho.  
-Uhmmm no es mala idea, ya se nos ocurrirá algo –Respondió mientras la clase continua en su monotonía – Hay que decirle a los chipis.  
-¿Un baile?-Propone. – O eres muy chipi- Rio, mientras se burlaba del tamaño de su pene.  
-¿Qué es chipi?- Pregunta Cecilia.
-Las personas que tienen el miembro viril chiquito como Sebastián- El agraviado le dio un codazo- Y también están los chalones como yo que les mide más de 30.- Luego de las declaraciones del Sr. Nacarino, este recibió nuevamente un poderoso CeciliaPunch. 
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El resto del día transcurrió como cualquier otro, llegando la hora de salida. Entre un mar de alumnado que se moría por escapar de esa prisión académica, se hizo el anuncio oficial del itinerario de la semana de aniversario del Reino de Cielos. 
-Que aburrido la otra semana empieza la semana del aniversario- Comento Sebastián observando dicho itinerario.  
-Ni tanto, hay cosas entretenidas –Respondió José.  
-Y vamos a estar de vagos –Agrego Raúl. 
-Me cago en dios… ¿Habrá un concurso de cuentos? Es enserio son mariconadas chipis -Dijo Diego señalando en el itinerario –Por cierto me ocurrió algo muy gay. 
-Jaja, ya veremos cómo queda en la noche de talentos- Respondió -Si, en fin vamos – Sebastián despidiéndose de José y Raúl. 
-Estaremos en los videojuegos –Dijo José, mientras se iban “Acaso él también se olvidó de Saana, tendré que ir al hospital a observar que pasa realmente”, pensó. 
Sebastián se fue con Diego a su casa, mientras que Saana salía a esperar a su novio fuera de escuela detrás de ella estaban Karen y sus amigas, quienes aun le tenían cierto rencor a la oriental y su novio. 
Una vez dentro de la casa de Diego, los jóvenes subieron al 2do piso a un cuarto aparentemente vacío. Donde solían conversar y curiosamente donde su novia de aquel entonces se acostó con otro. 
-¿Gustas?-Pregunto Diego ofreciéndole un cigarro.  
-Esta vez no...-Respondió Sebastián sentándose en suelo. 
Conversaron muy tranquilos entre humo y colillas de cigarro hasta que Sebastián se paró observando una rara mascara en un estante. Entre tantas cosas curiosas y revistas porno. 
-Es una la mascaras del Joker-Dijo Diego al ver el interés de Sebastián.- Todos quedaron idiotas con el tipo que se murió.  
-Si no note, es de la película El Caballero de la Noche –Agrego Sebastián tomándola- Esta muy buena.   
-Si no estaba muy cara así que la compre, aunque no me gusta ahora –Respondió Diego sacándola del estante – Esa película es muy comercial y todos quieren ser el Guasón. 
-Me llama la atención.
-Es tuya llévatela.
-¿Es en serio?-Pregunto Sebastián dudoso y se la puso. 
-Si o ¿tú también quieres cartas Yu-gi-oh  como José  y Raúl? –Bromeo Diego, ya que el nuevamente había traído de moda ese juego entre los quintos. Sebastián asiente guardándola en su mochila pasa a retirarse, sale y se dirige a su casa muy tranquilo. Diego lo acompaña al paradero, uno nunca sabe cuándo los amigos de lo ajeno acosan y muy cerca al barrio más peligroso del distrito más valía prevenir que lamentar.  

“Todo es como si nunca hubiera pasado….nunca conocí a Saana, nunca me enamore... Nunca vi ese lado de Diego que intento nos, acaso solo soñé”, pensaba Sebastián caminando observa a Karen y a sus amigas “¿A quién siguen? Que están tramando esta vez” – Esas son…

-¿Son de 4to, no? – Cuestiono.- Ella es la flaca del Maldad.  
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-Amor, ¿qué estás pensando?-Pregunto el chico sonriéndole. 
-Siento que ignoro algo que era importante para mí, pero no sé qué es -Respondió Saana deprimida. “¿Qué es esta rara sensación?” 
-Ha pasado mucho pero al fin tus padres ya me han aceptado, ya nada nos separa…-Dijo el chico tratando de animarla, se acercó acortando la distancia entre sus labios- Te amo.  
-Sii, pero lamento haberlos asustado tanto todo lo que pasaron fue mi culpa –Dijo algo solloza, evito el beso, no se sentía bien. 
-Pero, gracias a Dios estas aquí y nada nos va separar, solo confía en mí – Dijo el chico abrasándola. Ella dibujo una sonrisa en sus labios. 
Continúan caminando mientras que por cosas de la vida una chica caminaba cerca de ahí observando a un grupo de chicas detrás de la pareja y detrás de ella a un chico que reconoció rápidamente. 
-¿Sebastián?- Se preguntó Carol acercándose a observar también. 
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“Y nuevamente soy un acosador… pero de Karen y sus amigas, demonios cada día me desconozco más”, pensaba Sebastián observando que de pronto se separan, Diego solo aguantaba la risa, “Encima vengo con Diego, que mierda”. – Amigo Diego, ¿Quieres hacer huevadas?- Consulto. 

-Puta chipi, no me fume a la tía María- Se sacó la mochila, sonriendo se colocó un pasamontañas que llevaba en la mochila. 
-Mierda…-“Ahora que hago si aparezco de la nada será muy sospechoso tampoco puedo crearle conflicto con su novio, Dios mío que marica me eh vuelto a mi cuando me ha importado quedar mal frente a otros”, pensaba Sebastián sacando de su mochila la máscara, “Pero si voy, ellos me reconocerán y buscaran” –Reflexiono un poco y luego -Nunca pensé que diría esto pero gracias Diego-Dijo.
-Ya chipi, esos huevones siempre me han llegado al pincho. 

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-Ya perdiste –Dijo un tipo junto a varios hombres acercándose a una pareja. 
-No tenemos nada-El chico escondió a Saana detrás de él. Ella comenzaba a dudar de su buena suerte, felizmente no había llevado su celular a escuela. 
-Ten cuidado Marco- Dijo Saana escondiéndose en él, “Esto se me hace muy familiar pero de donde”, pensaba mientras observada como se acercaban. 
Marco se lanza contra uno de los tipos, golpeándolo en la cara pero otro lo coge del cuello con una llave, el clásico cogoteo peruano, mientras que otro se acercaba a golpearlo. 
-¡Saana, Corre! –Grito Marco desesperado. De todas formas no extrañaría mucho su celular.  
Saana intenta correr pero también es atrapada y tocada por sus las asquerosas manos de esos tipos.
-Déjenla hijos de…. –Dijo Marco interrumpido al observar como Saana era rescatada. “¿Qué mierda eran ellos?”, se pregunto
-¡Quien te has creído concha de tu madre! –Grito uno de los tipos al ver a un sujeto con el mismo uniforme que Saana pero, una máscara de Joker que estaba golpeando al que cogió a Saana.
-Esa mirada…- Dijo Saana al observar sus ojos tras la máscara. 
Diego con el pasamontañas también ayudo a Marco, hace tiempo que ambos no peleaban y sentían una extraña adrenalina y eso que ambos estaban en sus casillas. 
-¿Qué me creo? –Respondió, “Soy el dueño del circo”, recordó - Tan solo un triste payaso que quiere vengarse del dueño del circo.  Inconscientemente Diego se atoro con saliva y recibió unos cuantos golpes. Eran 2 contra 5. 
Diego se recompuso algo avergonzado ante la burla de Sebastián. Los tipos comenzaron a rodearlos, entre ellos sacaron brillosas navajas. Pero pocos les importaban. 
Los delincuentes peruanos eran idiotas, sobre todo si eran de San Martin de Porras, típico intento de apuñalo. Nada como una patada a los huevos para que vayan al piso, así era como lo veía Diego tumbando a uno así. Y pisándole la entre pierna por si acaso. 
Sebastián golpeaba y pateaba, sin ninguna idea. No recordaba la última vez que peleo. Solo aquel accidente. “Ya no hagas eso, me lastima ver cómo te golpean”, recordó esas palabras y esas lágrimas de aquel entonces. Recordó el odio y al primer intento de corte, cogió ese brazo, se agacho y cual película de Karate Kid, lo levanto en peso y lo tiro al piso. Nacario lo vio y rio. 
A los minutos los otros dos se alejaron por completo. Ya que, Sebastian no dejaba al que golpeaba, su cara estaba completamente roja. Ya le había roto el labio, tal vez un diente, sus ojos estaban hinchados.
-Lo siento ya fue, por favor no me mates –Dijo el chico muy asustado, estaba demasiado adolorido, Diego detuvo a Sebastián, quien no podía controlarse la imagen de Carol y Gianqui, estaba en su mente, completamente desnudos y tirando. Una lagrima se le escapo y finalmente lo soltó.  
-¿Te orinaste? Jaja - Ríe Sebastián golpeando al tipo con una patada en la entre pierna, ya que Diego no lo soltaba el abrazo de oso. 
- Gracias….-Dijo Saana asustada viéndolo al chico irse. “Lo conozco, siento que si?” 
-Ya chipi, mucho por hoy.  
Ambos se alejaron rápidamente y guardaron su cubrecaras, pues con el uniforme del colegio, eso podía ameritar expulsión.   
-¿Son tus amigos?-Pregunto Marco abrasando a su novia.- Hoy en día hay cada loco.- Se refirió a Sebastián, estaba descontrolado golpeando al pobre pandillero.
“Porque siento estas punzadas en mi corazón, me siento aliviada pero porque me siento que él, es el chico del sueño”, pensaba Saana, ignorando a su novio. 
“Odio mucho verte pelear, siempre me asustas demasiado y me terminas haciendo llorar”, pensaba Carol siguiéndolo asombrada al ver el espectáculo que dio para salvar a Saana.- ¿Por qué esa chica es tan importante?- Se preguntó recordando que hace menos de un años, 6 meses tal vez. Él dijo que ella era el amor de su vida.  
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Al llegar a su casa Saana, entra a la sala viendo a Micaela, su antigua profesora conversar con sus padres. 
-Micaela Sensei, buenas tardes-Saludo Saana sentándose junto a ellos. 
 -Hola, ¿cómo has estado?-Pregunto Micaela sonriéndole. 
-Bien gracias a Dios, hace mucho tiempo que no la veía-Dijo Saana. 
-El tiempo es relativo, bueno debo irme deje el Dojo solo- Respondió Micaela levantándose. 
-Iré a visitarla en estos –Saana sonriente, observo que dejo una jaula -¿Es suyo el conejito?-Pregunto.
-No, es tuyo-Respondió abriendo la puerta. 
-Gracias, siempre quise uno-Respondió Saana sacando de la jaula al pequeño. 
-No lo compre yo, es un amigo tuyo que te lo regalo mientras aun dormías-Dijo Micaela guiñándole el ojo.
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