sábado, 2 de enero de 2016

Todo por mi princesa

Este cuento participo y fracaso en los Juegos Florales de la Universidad Privada del Norte 2015-2, bajo el seudónimo de Sego.

La noche vieja se había despido entre una cortina de humo y una jungla de explosiones exageradamente luminosas. Deplorables animales se recuperaban del bullicio y un padre angustiado esperaba a su princesa perdida en esa empañalada madrugada del año nuevo.
Eran aproximadamente las 2 de la madrugada, cuando el frio temor de la desesperación reemplazo al de la preocupación. De aquí para allá, con una taza de café en la mano y con un puño cerrado en la otra, casi sangrante por la presión de sus propias uñas, no dejaba  de pensar en su princesa.  Había recorrido toda la ruta habitual de regreso de su trabajo, pero, ya se estaba demorando demasiado, recordó que esa preocupación era el principal motivo por el cual se negó a que ella trabajara a su edad.
Fabiola era la hija mayor de Javier, apenas acaba de cumplir 17 años ,hace unas semanas, la flor más bella de la casa de los Yalles  y la más deseada de la gris y riesgosa Pizarro, una de las calles del rico Rímac más peligrosas.
Llevaba un mes trabajando en una peluquería cerca  su casa, prefirió apoyar a su familia en vez de estudiar pensando en sus 5 hermanos pequeños. En aquel entonces, Javier maldijo su complejo de conejo.
“¿Le habrá pasado algo?”, “¿Si la secuestraron?”, eran las preguntas que retumbaban su cabeza una y otras vez. Nuevamente decidió ir a buscarla, tomo su chompa de la silla y salió. Las calles mudas y aullantes del Rímac eran tan contradictorias como todo lo que se sabe de del mismo distrito, acompañado de algunos parques de nombres peculiares como Avión, se aventuraría una vez más a buscar a su hija. “Es un año nuevo tranquilo”, se dijo.
-¡Fabiola!- Comenzó a gritar.
Los pastrulos que suelen estar volando en los parques, comienzan a verlo pero, no le hacen nada. “Es el tío Javicho, no pasa nada”, “Es el que hizo ese culito que me quiero comer”. Lo ignoraron, el barrio se respeta y el tío Javicho le enseñaba a jugar futbol a los chibolos de joven intentando que no caigan en otras andanzas, en vano pero, gracias a él sabían pelotear bien.
-¡Fabiola!- Continuo hasta llegar a la peluquería entre quejidos y mentadas de madre.
Sin embargo; no obtuvo respuesta. ¿Dónde demonios estaba su hija? Era lo único que le preocupaba, procedió a tocar la puerta de la peluquería pero, nadie abría. Eran casi las 3 de las mañana “¿Para qué mierda le compre un celular?”, se comenzó a enfurecer de nuevo. “Una puta llamada nada más”, si tan solo hubiera avisado que se quedaría con una amiga a dormir o con su novio, el cual no tenia, pero, sería suficiente para que estuviera tranquilo.
Regreso a casa aun con el corazón en la mano. Nuevamente se preparó café y a continuar esperando, tarde o temprano llegaría.
-¿Dónde estás?- Se preguntó una vez.
La madrugada continúo su curso mientras Javier esperaba que su hija llegara. Seguramente fue la noche más larga de su vida, no recordaba tanta angustia desde que su difunta esposa corría peligro de no resistir el parto de su quinta hija.  Lo único que le quedaba de ella eran los recuerdos juntos y sus 5 bellas hijas, el karma de un buen jugador, no precisamente de futbol, no le permitió tener niños.
Pasaron dos horas más en vela, en las cuales Javier no dejaba de reventarle el celular. Fabiola ni siquiera tenía un novio, sus amigas tampoco sabían nada. “Tu bebé esta preciosa Javi”, ¿Dónde mierda estaba Fabiola? “Apaa, apapa”.

Aproximadamente a las 6, el sol ya iba iluminando las calles grises de su barrio, preparo el desayuno para sus dos hijas, debían ir al colegio. Él no trabajaría hoy.
Le tomo un buen rato dejar a las niñas con la vecina. Hoy no abriría su puesto, se había vuelto un comerciante de ropa desde que Keila había muerto, necesitaba liquidez inmediata cosa que no podría conseguir sin una carrera y título profesional. Pidió un préstamo al banco e inicio su propio negocioso, lastimosamente no siempre lograba vender lo que necesitaba para pagar las cuotas y satisfacer las necesidades de hijas al mismo tiempo.  Nuevamente pidió un préstamo para renovar mercadería y pagar algunas deudas en casa. Su suegra solía fastidiarlo de ser un mezquino, cara de cabello al fiscalizar las cosas en casa.
Poco a poco se hizo de varias deudas en distintos bancos y su negocioso apenas le alcanzaba para las necesidades básicas.
No pudo aguantar más y pensándolo peor fue hacia la comisaria a poner la denuncia. Era el mediodía y aun no parecía. No estaba en casa, no estaba en su instituto, ni su trabajo de medio tiempo. Nadie sabía nada de ella. Termino nuevamente el día y Fabiola no aparecía. Su desesperación aumentaba, hasta que el teléfono de su casa comenzó a sonar.
Lucrecia, la hermana de su difunda esposa, llamaba para avisarle  que Fabiola se encontraba en su casa y que fuera de inmediato. Javier sintió un gran alivio y como alma que lleva el diablo salió hacia la Molina, donde ella vivía.
Las próximas horas fueron las peores de su vida.
Esa noche Fabiola había salido del trabajo junto a una amiga, quien se iba a encontrar con su novio a las 9 de la noche. La acompaño hasta uno de los parques de por ahí y se quedaron, como dirían ellos, haciendo hora, las horas pasaron más rápido de lo que pensaban. Como jugando rápidamente dio la media noche.  Su amiga vivía cerca, no hubo ningún problema, para ella.
Era muy peligroso para que Fabiola regresara sola entre tanto destello y uno que otro borracho, el chico decidió acompañarla ya que, también vivía cerca. Durante unos 15 minutos toco la puerta y grito para que le abrieran pero su papá no estaba y sus hermanas eran bellas durmientes a las cuales ni un terremoto levantaría. Ni siquiera su celular tenía batería para llamar y no recordaba el número de su papá.
-¿Por qué no vienes a mi casa y te vas mañana temprano?- Sugirió la malicia disfrazada de buena fe.   
Fabiola lo dudo por un momento pero era tarde y su papá ya parecía dormido, además, era el novio de su amiga no parecía mala persona y acepto. El chico vivía a la espalda de su casa, al día siguiente temprano volvería a casa y no habría ningún problema.  
Entró a la casa de Gerson, el novio de su amiga, dejo sus cosas en la sala. Él le pidió que no hiciera mucha bulla o su madre se despertaría, fueron sigilosos hasta llegar a su habitación. Él dijo que dormiría en el sofá y que ella podría usar su cama. Ella confió y se sentó a la computadora revisar algunas cosas, de paso cargaría su celular. Gerson le llevo un vaso con agua y algunos panes, recordando que ella no había cenado.
-Veamos una película- Ella se extrañó, ya que era tarde y al día siguiente tenia clases.
Tenía sueño pero, accedió después de todo, ¿Qué podría salir mal? Noto que la película no era precisamente una decente, pero, la había agarrado en sus 5 minutos de cojuda, porque así se sintió luego de reaccionar. ¿Por qué quería ver una porno con ella?
-¡Tengo sueño!               
Quiso escapar a la situación, Gerson apagó la computadora y salió de la habitación, ella se sentó sobre la cama, espero aproximadamente 15 minutos, que para ella fueron casi horas, solo para estar segura que él ya estaba dormido. Apago la luz, se quitó el brasier y el pantalón para dormir. Finalmente apago la luz.
Durante la noche, la busco en su habitación, ella no se dio cuenta de lo que hacía pero, ya estaban juntos en la cama. Entre varios besos calurosos, Gerson comenzó a tocarla. En cuestión de segundos ya estaban desnudos en su cama y con fuego en su interior. 
Fabiola subió sobre él, Gerson la tomo de la cintura y comenzaron a moverse con fuerza, sudorosos y famélicos el uno por él otro.
-¡Fabiola! ¡Fabiola!- Escucharon unos gritos- ¡Fabiola!
-Papá.
Un balde de agua fría cayó sobre los calurosos amantes. Todo el fuego se convirtió en un frio hielo de miedo. ¿Que había hecho? , Gerson era el novio de su amiga.
Un fuerte de sentimientos de culpa se apodero de ella, cual niño asustado que era bañado en agua helada y golpeado con la correa por una madre furiosa.
-No debimos hacer esto. ¿Qué clase de amiga eres?- Reclamó Gerson, siendo el más indignado- Eres una perra.
Eso se sentía una asquerosa perra que se acostó con el novio de su amiga.
A la mañana siguiente a las 5 de la mañana salió de esa casa, no sabía qué hacer. En su frustración decidió buscar a su tía.
Frustrado y molesto se dirigió hacia la comisaria nuevamente, en el fondo sabía que podría ser en vano pero debía hacer. Lo conocía bien Gerson Ingaruca, era el hijo de uno de sus amigos de colegio, lastimosamente del mayor de la policía. Sabía que él era mucho mayor que ella, eso no había sido casualidad era una violación y el pagaría por eso.
Su  mente imaginaba en esas escenas a su hija, drogada y expuesta ante ese tipo. Llego gritando iracundo a la policía y empezó hacer su descargo. Fue en vano.
Más tarde esa noche Fabiola por fin dormía en casa, Luana y el resto de sus hermanas también descansaba nuevamente, pero, él al igual que hace dos días no podía dormir. Estaba nuevamente en la cocina. “¿Meter preso a mi hijo?”, “¿Estas huevon Javier? Lo que hayan hecho nuestros hijos es problema de ellos”
Necesitaba aire, decidió salir a caminar. Paso a paso se repetían las escenas de su princesa siendo penetrada con lágrimas en los ojos, por no poder defenderse. Algunas lágrimas que había estado aguantando durante esos dos horribles días en los que pensó que la había perdido y aumentaron al pensar todo lo que había tenido que soportar, ella tan indefensa, su pequeña princesa. Pero, no debía ser débil frente a ellas, el buscaría la forma de hacerlo pagar.
En el camino vio a los pastrulos  haciendo de las suyas. Los ignoro y continúo, ideas extrañas comenzaban a acosar su mente. Sus demonios internos le pedían vengarse, ese tipo había robado la sonrisa de su princesa.
-Ese maldito.
Camino de regreso pasando por la casa del tipo, Gerson estaba regresando a su casa de dejar a su novia y ambos se vieron.
-Buenas noches señor. – Saludo.
Javier no pudo controlarse y se lanzó contra él.
-¡Hijo de puta!
La ley no existía para un hijo de un policía, no había forma que ese tipo se saliera con la suya. Lo cogió del cuello y lo golpeo.
-¡Concha tu madre!- Empezó a patearlo en el piso- ¡No te vuelvas a meter con mi hija!
Sintió unos brazos que lo tomaron del cuello, aplicándole un cogoteo.
-El tío Javicho ya quemo muchachos.
De pronto empezaron a golpearlo, los niños a los que alguna vez les enseño a jugar pelota y lo llamaban cariñosamente así, lo pateaban mientras no podía defenderse. A su mente llegaban imágenes de sus hijas, no debido dejarse llevar. Ellas solo lo tenían a él, era todo para ellas y ellas todo para él.
-Tío Javicho, así no es – Dijo Gerson indicando que lo dejaran de golpear- Uno  quiere mejorar la raza de la familia y lo golpeas.- Javier ya no respondió, no quería que le pasara algo, no podía permitírselo. Deudas en el banco, dos niñas y una princesa indefensa que había sido atacada. No las podía dejar- ¿El gato te comió la lengua?- Gerson saco una navaja- Tu hija lo mueve bien rico.
-¡Te voy matar, mal nacido!- Grito. Él haría lo que fuera por su princesa.
Pero, en este año nuevo, no haría nada más que descansar en paz, dejando 5 niñas huérfanas.



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