jueves, 29 de diciembre de 2016

El mundo, según Lunática - capítulo 7

Harakiri 

Como el náufrago metódico que contase las olas que le bastan para morir;
y las contase, y las volviese a contar, para evitar errores,
hasta la última,
hasta aquella que tiene la estatura de un niño y le cubre la frente,
así he vivido yo con una vaga prudencia de caballo de cartón en el baño,
sabiendo que jamás me he equivocado en nada,
sino en las cosas que yo más quería. 
Autobiografía- Luis Rosales

Soplaban los vientos de cambios, tiempo de enfrentamientos se acercaban como animales salvajes asechando. La desolación del canto mortal de aquellos que fueron cayendo, no nos dejaba nada más que las ruinas de los cimientos de lo que antes fuese el más grande imperio. Están también aquellos que preparan el caos, esos que buscan el dominio de su codicia y otros que lo impulsan, pero por motivos más nobles. Sus mundos. 
-Siguen siendo drogas…
Me dije viendo la nada, la absoluta oscuridad. Esa voz en mi mente de nombre Cafeína me había explicado sobre los serafines, aquellos que mantenían un equilibrio entre lo espiritual y mundano, básicamente no hacían nada más que existir ; sobre los herejes que llegaban a este mundo, el de las deidades, y como cambiaría el balance de todo si no aceptaba ser el nuevo Oráculo. Estupideces a mi parecer, que me obligaban a aceptar algo que no deseaba. 
-Anímate, es muy divertido.  Además, somos triunfantes en la vida. 




Su voz era suave y relajante, a pesar de ser solo un alma sin cuerpo, cuando la vi por primera vez me dejo desencajado. Dentro del espejo era una completa irracionalidad.  Una mujer de cabello corto y color café, vestido floreado y pegado, grandes piernas y caderas envidiables, de tez blanca y cachetona de cara como de trasero. A primera impresión mí pene se hubiera enamorado completamente de aquel bombón. 
-Es fácil para una exescritora con cuerpo de actriz porno- Respondí. Habían pasado un par de días en los que Galia no me dirigía la palabra. Durante ese tiempo converse con Yliana, Giancarlo y Cafeína, no eran días aburrido, al menos. No era mi culpa que ella fuera una arrastrada. 
Era culpa de ella. Culpa de haberse convertido en lo que era ahora. Una arrastrada, drogadicta, desequilibrada mental, inmadura, estúpida y mil sinónimos más. 
-Tus padres fracasaron al criarte, Santos.     
“Mientras unos lloran en la soledad a sus muertos, otros revelan sus sentimientos más ocultos y se esfuerzan por torcerle el camino a aquellos que buscan la verdad”, recordé aquel fragmento del libro del mismo nombre. ´Tus padres fracasaron´ al criarte de Felipe Ribeyro Llosa, un gran escritor de mente podrida.   
-¿Eres fan de Ribeyro?
-Soy Ribeyro.
Ribeyro era tal vez el escritor peruano más conocido de su época, un hombre de 42 años que había perdido el juicio, interno del hospital psiquiátrico Larco Herrera. Mucho se dice que las drogas lo llevaron a la locura, otros que la separación de su esposa y la muerte de su hija. Una mañana intranquila salió a la calle gritando, cogió una comba y destruyo tres autos, robo ocho blusas a mujeres y se las amarró a los brazos, llegó hasta un grifo de automóviles y se bañó en gasolina. Finalmente fue detenido antes de prenderse en fuego.  
Durante su estancia en el centro psiquiátrico solía creerse la nieta de Abimael Guzmán, la elegida por el Señor de los Milagros, el cristo morado, para salvar al Perú de la corrupción.  Entre otras sandeces, gritos, mixtura de idiomas que eran más que suficiente para saber que le patinaba el coco. 
-Sí, soy Felipe Ribeyro. Cafeína para los amigos. 
Definitivamente esa chica espiritual estaba mal de la cabeza e indiscutiblemente  estaba bien rica. Y tenía pene. 
-¿Con quién hablas?- Se me erizó la piel al escucharla. Era Lunática. - ¿Hay alguien aquí? ¿Picachu?
-Nadie.- Respondí. El espejo te permitía abandonar tu cuerpo, mientras este se encontraba un estado vegetativo, Lunática ya lo había hecho antes y de seguro Yliana también debería poder.- ¿Se te paso?- Cambie el tema. Si me hablaba de seguro ya se le había quitado lo idiota. 
-¡Puaj!- Parecía que no. Era la misma berrinchuda que terminé odiando años atras.- Jaja, sigues igualito que antes. Vamos a pasear un poco.
“Y tu eres aún más inestable que antes”, me dije asintiendo. Aún estaba a oscuras y no podía distinguir si Cafeína seguía rondando por aquí. Según me comento Giancarlo los cuervos no se acercaban cuando había un serafín cerca. Este mundo, el espejo era propiedad de ellos y al llegar aquí nosotros, lo contaminábamos. Ellos eran ángeles y este su reino. 
Galia se cambió y me pidió que le digiera como se veía. Posiblemente nos encontraríamos con su novio y yo detestaría eso. Suspiré y abrí mis ojos al espejo. Cada vez podía pasar más tiempo ahí, según Giancarlo cuando fuera el próximo Oráculo los podría mantener abiertos siempre. No deseaba eso, deseaba mis verdaderos ojos. El espejo de la luna era un estado mental y espiritual pero no la realidad. 
-¿Qué tal?




-Preciosa…
No lo pensé. Simplemente floreció.
Noté un sonrojo en la sonrisa de ella. Aquella expresión me llevo a unos años atrás con ella preguntándome como se veía y respondiéndole un simple “si”, que la hacía enfurecer. Realmente era una muy idiota de mocoso. Me preguntaba qué había pasado esa noche cuando terminamos. Según me contaron las malas lenguas ella se acostó con Pietro. 
-Gracias, solo no te enamores.- Empezó a sonreír, ella aun no sabía que ya había descubierto su identidad. Pero sentía la necesidad de conocer esa nueva persona en la que se había convertido- Vamos a cenar y luego te llevaré a tu vieja escuela. 
A veces pensaba que era tarde y que reencontrarla había despertado esa sensación de regresar con ella. Sin embargo, la nueva ella, Lunática era un dolor de cabeza, uno muy agridulce en mi vida. Lo cierto e indiscutible fue que regresara a mi vida le dio un giro, como aquel entonces. Casi no pensaba en Kelly y mucho menos en mi familia. Yo seguía perdido, tragado por el mundo hace casi seis meses y ellos ni el intento de saber si vivía. Suspiré. 
Caminamos durante unos minutos, a ella le agrada que la vieran como el alma caritativa que apoyaba a un ciego que extrañamente no tropezaba y caminaba mejor que una persona sana. Me invito una alita broster y luego llegamos a la vieja escuela. No hubo nada relevante, solo unos recuerdos melancólicos. Deje de ver a los minutos, sería peligroso si nos encontrábamos drogadictos. 
Los drogadictos amateur no logran distinguir la realidad y el espejo. Posiblemente nos quieran golpear pensando que somos cuervos o nos metan punta, como suelen decirlo ellos, por algo de comer.  
-Yo le metía la mano debajo de la falda a mi ex detrás de ese árbol. 
Noté una risa contenida, no sabía si era porque no señalaba ningún árbol o porque recordaba que le metía la mano por allá. 
-La flaca debía ser bien estúpida para dejarse hacer eso en público.- “Más estúpida la que se dejaba los cachos por amor”, quise responder.- Yo también tenía un novio en la escuela. Era un idiota. 
-¿Era yo?- Consulté sin pensarlo. Yo era una persona demasiado contradictoria e impulsiva.  Deseaba continuar con su juego, pero deseaba saber que era verdad y no solo un producto de una extraña imaginación mía. 
-Ya quisieras… yo tengo buen gusto, ni muerta contigo.- Suspiró, ya era hora de regresar. Esta no era tierra santa.- Él se aburrió de mí y pues lo dejé. Se volvió un puto mujeriego y yo seguí con mi vida. 
-Yo me iba casar y mírame ahora. 
Las relaciones eran peligrosas a largo tiempo. Luego de Kelly también lo noté. El auge del amor era la ficción, las mejores historias de amor no terminaban simplemente quedaban en vivir feliz por siempre, en que la pareja lograra estar junta o simplemente el nacimiento de un bebe. Sin embargo, en la realidad esto se perdía. El tiempo era el principal enemigo de los sentimientos. 
-Tu eres un…- Me tocó el rostro, odiaba cuando me trataba como un niño.- cojudo.  Jaja. 
Fruncí el ceño. No me gustaba esta vida. Mi existencia necesitaba un nuevo sentido, luego recordé a Giancarlo, ese gordinflón me ofrecía lo que buscaba. 
-¿Qué planeas hacer conmigo?
-Ya te dije. Te cuidaré hasta que seas tú mismo, luego te regresó a Pucusana.- Sus manos se dirigieron hacia mi cabello. No era su hijo para que me traté así.- Y bueno espero que me reconozcas algún día. 
-Si yo soy completamente distinto a lo que era. ¿Qué te hace pensar que tú aun eres como te conocí?
-Porque soy una amiga que te quiere mucho y se preocupa por ti. – Me jaló del brazo.- Tú te volviste un idiota, yo una chica patética.
Y con aquella frase me fui a dormir. Yo era un idiota y ella, patética. Recordé aquello que escondía en sus cajones. Quise preguntarle si lo había usado, por qué era tan importante para ella el espejo, por qué no dejaba Grillo si ella era perfecta y el un mujeriego. Pero como casi toda mi vida callé, reprimí mis deseos y nuevamente me hice un harakiri al corazón y amputé mis sentimientos como aquella noche en la que terminé con ella y luego de sentir la libertad, lloré como un estúpido; como cuando confié en mi vida con Kelly y pues a decir verdad quien con sentido común se deseaba casar.
La historia de un cobarde, esa era mi vida. 
A la mañana siguiente todo volvió a su curso. Durante el día Lunática trabajaba y yo la pasaba junto a Yliana o Giancarlo, debes en cuando venia Cafeína, aunque esta última me confundía. Sin embargo, la rutina pronto desapareció con el pasar de los días.
-Grillo no fue de nuevo trabajar. Tampoco me contesta el teléfono. 
Yo sospechaba que de seguro se quedó dormido en alguna orgia, de esas en las que se pasaban días enteros. En el peor de los casos estaba en partes, entre varias personas que necesitaban órganos para vivir. 
-Pondré una denuncia… 
Ya era una semana que el tipo no daba señales de vida, incluso para mi había dejado de ser divertido. Galia cada día se veía más preocupada. En el hospital ya le habían mandado un par de memorándum por andar tan distraída. Quería ayudarla pero nuevamente era un inútil. 
Al día siguiente todo estalló. 
La noche anterior no había llegado a dormir, quise imaginar que su novio había reaparecido y habían pasado una noche juntos. Sin embargo, no fue tanta su suerte. Llegó aproximadamente a las tres de la madrugada y podría afirmar que no durmió bien. Extrañamente me había acostumbrado a escuchar su respiración antes de dormir.  
-Renuncie. – Su voz era fría. La desconocía una vez más.- Yo… no sé cómo decir esto pero,
-¿Lo buscaras por el espejo?- Me apresuré.- Supongo que para eso soy un estorbo. 
Deseaba apoyarla. “Tú te volviste un idiota, yo una chica patética.”, resonó en mi mente. El patético era yo. Me frustraba sentir su voz quebrarse, me atormentaba ser una carga y me odiaba por haberme sentido feliz de que ese tipo desapareciera, no porque le tuviera estima; sino, más bien porque no deseaba verla así. Como aquella noche en la que bese a Yossy frente a ella. Era un mal momento para recordar eso.
-Aun siento que esta por aquí… se le debe haber pasado la mano con las drogas…
-¿No era un querubín?- Consulté. Ella sabía que estaba con un impostor. - ¿Lo sabias? Aun así le eres tan devota… 
-¡Basta! No quiero que me critiques en este momento. – Noté el ambiente cargado. 
“Estúpidas drogas”, me dije. La marihuana me había hecho perder el juicio en aquella fiesta. Yo le había sido infiel, luego de eso ella me terminó. Abrí los ojos en el espejo, ella tenía los ojos cristalizados. Su aura se tornaba gris, la aureola que la coronaba chispeaba.
-No usaras la cocaína… Si se pierden los dos…
Una sobredosis de drogas fue lo que asesinó a Pietro. Lunática iba por el mismo camino. Comenzaba a odiar todo lo que representaba a ese mundo que ella amaba. No era seguro. Estar metido en el espejo era un suicidio a largo plazo.
-¿Revisaste mis cosas? No me jodas… -El tono de su voz era como el de antaño. Como aquellas que peleábamos por cojudeces. – Ni si quiera estando ciego haz dejado de ser un egoísta.  Mi vida no es tu problema. – Notaba que intentaba controlarse, pero incluso yo era consciente de que debían mandarme a la mierda.- Mañana empezaré a buscarlo. Le diré a una amiga que te cuide.
-¿Cómo a una mascota?
-No lo tomes así. No estaba entre mis planes que pasara esto.
Y con esa idea tuve un sueño intranquilo. Había recordado todo lo de aquella noche que terminamos. 
Perdí el conocimiento a la tercera golpeada del troncho, vi a una chica sonreírme; ahora que lo pensaba se parecía mucho a Cafeína. Ella me jaló aun lado y me preguntó que me pasaba, me dijo que Pietro intento besarla. Yo no le creí, le respondí que Pietro era mi hermano. 
Ella me cogió del cuello y me besó, no entendía que le pasaba. Regresamos a la reunión. Baile como estúpido con Yossy. Ella me volvió a jalar a una esquina a hablar, la sentía peor que a mi madre. “¿Acaso te llego al pincho?”, recordé. 
-Soy el rey de los huevones… 
-Solo un poco. – “¿Desde qué comento estaba aquí?”, me pregunté. - ¿Quieres que te lleve con el falso querubín? Su cuerpo esta botado en lugar no muy bonito, pero me temó que su conciencia deambula por el espejo. 
-¿Eso qué significa?
-Está prácticamente muerto. Dos pastillas para dormir y fumó dos porros de marihuana con cocaína. 
No tenía idea de la hora, pero a juzgar por la luz que iluminaba las sombras en mi ceguera. Tal vez las 5 a. m. o 6 a. m. No podía irme así nada más. Ignoré la voz de Cafeína que rebuscaba la habitación de Galia, ella no lo notaria. Técnicamente Ribeyro era una alma en pena travesti.   
Cerré mis quemados ojos una vez más. Quise volver a ese momento, pero en vano. Ya no recordaba más que las lágrimas en sus ojos preguntándome si me llegaba al miembro viril. En vez de eso imágenes extrañas llegaron a mi mente, deja vus de personas hablándome. Me preguntaba si Giancarlo aún estaba con vida, él podría encontrar a Grillo rápidamente. 
Al par de horas Lunática me levantó. La acompañaría durante la mañana y luego me quedaría con alguien más, por más que insistí no quiso decirme con quien. Bebí su asqueroso jugo de zanahoria y tomé las pastillas que me daba cada mañana.  Ella hablaba lo suficiente, no era como otras veces que me irritaba la paciencia, parecía solo querer terminar rápido con eso.  
Entre al espejo sin que ella lo notará. Ya había aprendido a fingir ser un ciego en ese estado. Recordé aquella vez que le toque el culo y me golpeo y con miedo noté que usaba un top y seguía en calzón. Yo que lo veía era si bien un producto de mi imaginación, la sombra, es decir la esencia, era esa. Yo imaginaba el color, la forma o el tipo, pero era seguro que usaba ropa interior. 
Detrás de ella estaba cafeína sentada en el sofá durmiendo. Me preguntaba como reaccionaria Galia si se drogaba y la veía invadiendo su casa. 
Alas horas ya se había cambiado y ya íbamos a salir. Ella se sentía mal de tratarme como mascota e iría conmigo a buscar durante el día, luego sería nuestra despedida. 
-¿Por qué no esperas a que la policía te de noticias?
-Ya espere mucho de alguien antes… y termine haciéndome un harakiri al corazón, solo para no tener más sentimientos. 
Mi mente se perdió entre errores. Aquellas palabras me dejaban paralizado espiritualmente. Ya no entendía casi nada. Si yo era parte del mundo de alguien más, lo golpearía por joderme tanto. Si, golpearía a Oráculo cuando lo viera. Dudaba de cada paso que daba, no me creía capaz de nada. 
-Oye…- Galia se mantenía callada durante el camino. No quería verla, asi que me costaba caminar. Era nuevamente un ciego.- ¡Santos!- No quería escuchar su voz.- Esta bien, si estuve ese día.- Cafeína era un dolor de culo, no podía responderle, no sabía por dónde andaba y seguía jodiendo.- ¡Ya pasaron las dos semanas! Debemos buscar a Giancarlo. Te prometo que yo te explicaré todo.- Era solo una voz. Tal vez yo había perdido el juicio en realidad.- Santos… 
No le hice caso, continuamos avanzando. 
-Espera… mierda.- Aquella voz sonaba preocupada. Era la primera vez que Galia hablaba desde esa fatídica mañana- ¡Avanza rápido!
Me jaloneo un poco. No sabía dónde estábamos. 
-Estamos pasando por una zona nada santa. En este momento los siguen unos tipos.- Deseaba callar a Cafeína.- Estúpido destino. Es tal como lo dijo ese idiota… volteen a la izquierda, por ahí encontraran ayuda.
Sentía que todos jugaban con mi vida. Yo solo deseaba quedarme en casa, en aquel pueblo pesquero donde vivía tranquilo. Apresuré mi paso. 
La ignoré. 
Sin embargo, Galia me llevó para ese lado, sus manos sudaban mucho. Su delicada y suave piel, la que lograba estremecerme con solo el contacto, estaba sudosa y grasosa. Me provocaba nauseas. 
-¡Doctor!- Esa jodida voz. – Vengan rápido. 
De pronto perdía el sentido. Mi cuerpo fallaba. Galia me levantó. Me empezaba a doler la cabeza. 
-Ya perdiste flaca. 
-¡Déjalos concha tu madre!- Grito Oráculo. Ese gordo estúpido no podía hacer nada.  
Galia me soltó y caí de rodillas. Me dolía, sentía que sangre brotaba de una de ellas, pero no distinguía cual. Cuando la sangre se pegara al pantalón seguro dolería. 
-¡No! ¡Ahora no! ¡Puta madre Giancarlo!
La voz de Cafeína era un grito de desesperación. Galia no notaba lo que pasaba. 
Mis ojos se aclararon de pronto, no había entrado al espejo. Pero vi claramente a Cafeína frente a mí extender la mano hacia aquel tipo que parecía un terrorista islámico. 




domingo, 25 de diciembre de 2016

Conejo negro - Prefacio

Prefacio


Algunos decían que eran salvajes, asquerosos indígenas que nunca han recibido educación. Otros que eran antiguos demonios incas indignados al ver en lo que convertimos su tierra. Los más reservados, que eran solo rumores; es decir, simplemente eso no existía. 
-Pa…- llamó.- ¿Sabías que Rosa Rodas fue acusada injustamente de bruja por un conde inglés?
Se encontraba leyendo una tesis de la Pontífice Universidad Católica del Perú sobre la última bruja limeña, estaba muy temida en temas de ocultismo y con los últimos acontecimientos en la capital, su investigadora interna había despertado.  
Nadie ha visto uno, pero ya existía el rumor. Rumores de altos con cuernos, bajos con alas. Paisas bien vestidos con arrugas en la cara, gringos zarrapastrosos muy guapos. Algunos incluso más exagerados decían que eran fieras nocturnas. Antiguos bromeaban con demonios incas, cuyes gigantes, o  incluso llamas mutantes. 
Se decía, que llegó el día que pagaríamos nuestros pecados, que nosotros buscamos nuestro exterminio. Que el sol los mando para purificar su tierra santa de tanta putrefacción, que sus carroñeros nos devoraran. Pero, todas eran patrañas nada más, para explicar algo que no conocemos y alabar el ego, escondido en algún lugar que realmente sabe cómo no dejar evidencias y si las deja, solo es por gusto.

23: 32, jueves 13 de Agosto.
 -Lleva tres días, desparecido el joven estudiante de derecho, que abuso de su ex pareja, a una semana de la ruptura. Juan Rincon, desapareció el mismo día en que atacó a la joven; sin embargo, sus familiares niegan que volviera a casa.  Con este joven ya son cuatro personas desaparecidas en este mes.

22:00, martes primero de Setiembre.
-¡Espeluznante! Se encontró un dedo meñique, aparentemente mordido, en las calles de  Jr. De la Unión. Las autoridades ya están con la señora, que encontró el dedo en la comisaria. Se realizaran pruebas necesarias, para determinar quién era este meñique y si guarda relación con las personas desaparecidas.

Entonces, apagó la televisión, algo extraño pasaba en Lima, la dorada se iba teñiendo de sangre. Y un macabro misterio se iba tornando más peligroso de lo que se esperaba. Las noches ya no eran seguras. Un asesino serial tal vez, uno como el de las películas, que nadie puede atrapar o seguro que sí pero, estamos en Perúsalen, la tierra que el sol ilumina y la noche contamina,  donde es más probable ganar la lotería a que se haga justicia.
-¿Y si son brujas?- Se consultó. 
-Ya duerme, Alli. Mañana tenemos mucho trabajo.
-Sí, papá.



Saana - Capítulo 21

Se mi novio 

-Esa chica te va traicionar. -Dijo Rossy, mientras le leía las cartas a Sebastián. Estaban en pleno recreo. En los últimos días habían recuperado aquella cercanía que tenían, los rumores de que volverían ya se cuchicheaban entre los alumnos.- Por lo que veo es ambiciosa, demasiado. 
-¿Y me ayudaras?-Insistió Sebastián. Demetri le había dicho que antes de terminar el año habría un ganador, ya no faltaba mucho, el doceavo mes del año había llegado. 
-Déjame pensarlo aun… Por otro lado, te gusta mucho Saana. –Continuó su predicción Rosario, se sacudió un poco la cabeza. Sus actos paganos le daban dolor de cabeza. Sebastián la ignoro con una carcajada. – Hablé con mi papá poco antes de todo esto.
-¿Sobre qué?
-Terminando el año escolar me iré a  Suecia con él.  No iré a la fiesta de promoción y posiblemente no vuelva más a Perú.- Suspiró.- Por eso me ha llegado mi religión y todo. Haré lo que quiera en este poco tiempo que me queda aquí.  –Concluyó Rossy parándose del suelo de la cafetería junto a Sebastián, pues acaba de sonar la campana y ambos estaban recuperando tiempo de su amistad. 
-Quería que fueras mi pareja de promoción… 
Sintió un punzo en el corazón. Era su amiga y la única que le había brindado apoyo en ese momento difícil de su vida, y ahora más cuando se debatía el poder de un dios. De todas maneras le dejó la invitación a la fiesta con pocas esperanzas. 
-Seré tu arlequín, Mr J. 
Aquella sonrisa quedó grabada en su mente. Era su mejor amiga y pronto se iría. “Eres raro, yo soy rara, nuestros bebes serán raros también”, recordó aquella noche en una discoteca de Jirón de la Unión. 
-Sabes que Joker solo usa a Harley. – Ese beso de aquella vez lo atormentaba. Él sentía que aún le gustaba. 
- Y no siente nada por ella. Como tú por mí. Este será mi último recuerdo aquí, que sea divertido pudin. 
El último mes del año venía acompañado de fiestas, melancolía y sentimientos fuertes para jóvenes que terminaban una etapa de su vida. Algunos como Rosario nunca se volverían a encontrar con sus viejos compañeros. En ese tiempo Jennifer, una chica del aula Preparatoria, había invitados a todos a su fiesta de 15 años, la cual se daría el próximo 10 de Noviembre, exactamente la próxima semana el día sábado. En ese lapso de tiempo Yue se había dejado de dar señales de vida. Sebastian sospechaba su muy obvia y predicha traición. 
-Rosario… Vi que lees cartas- Jugaba con sus dedos tímida- ¿Me las podrías leer?-Pidió Saana a Rossy, quien estaba en sentada en la cafetería sola, ya que ese día Sebastián había faltado.
-Por supuesto Saani. ¿Cómo va todo con Sebis?- Consultó barajeando sus naipes, no tenía dinero para cartas del tarot, y ya lo había aprendido bien tutoriales hace años, cuando se obsesionó con no ser una mormona. 
-No pasa nada con él.- Respondió asustada, ella era consiente que él la había olvidado, al menos eso creía. 
-Es un puto tsundere…- Contuvó la risa, notó la incomodidad de su amiga y quiso reír.- Puedo ver buena fortuna… muchos corazones, parece que tendrás un happy end. No morirás, pero tampoco veo si tu serás la muerte. 
Saana se mordió los labios observando espadas y corazones, una danza entre rojo y negro que embriagaba sus ojos en un vino de preocupación. 
-Ya veo…
-No eres culpable de lo que te pasa, no te sientas mal. Todo saldrá bien y serás la flamante señora Gonzales. Jiji.
-No me hace gracia. 
-Por un par de monedas te haré un conjuro de amor. Ustedes saldrán juntos la menos una vez- Empezó a formar una sonrisa zorruna en su rostro. Debía practicar su próximo papel, sería una flamante arlequín. - ¿Qué dices? 
-Bien... si me vuelvo la muerte al menos tendré recuerdos con él. 
Saana sacó las monedas del bolsillo de su falda, su amiga sonreía. 
- Deseos y Lujuria apodérense de mi vitalidad y condúzcanme al éxtasis de su piel, hagan beber el sudor de su pecho y perderme junto a él-Recitó, mientras Saana cerraba los ojos y pensaba en Sebastián.- Listo. 
-¿Cómo sabré que funciona?-Preguntó Saana.
-Jaja, pues ya eres su pareja de promoción.- Le entregó la invitación que Sebastián le había dejado hace un par de días. – Vaya, hizo efecto más rápido de lo que pensé.
-¡Qué!-Gritó Saana tan roja como un tomate. Había sido vilmente estafada. 
- ¡Jaja!
Por otro José aún estaba pensativo y alejado de sus amigos. Se sentía estresado, pronto se acabaría todo y no sabía si sobreviviría. Aun se consideraba traicionado por su hermana, no quería dar sus exámenes finales. “Solo quedamos cinco, pronto se acabara….”, se repetía en su mente una y otra vez mientras que observaba hacia fuera de las ventanas.
-Estas algo deprimido-Comentó El profesor Richard. 
-No, para nada –Respondió tranquilo. Miró una vez más hacia la ventana, pronto acabaría el recreo, como también podía acabar su vida. 
Habia juntando su ropa vieja, había decidido faltar a sus últimos días de clase y había logrado armar una especie de muñeco muy grande. Lo cocía como si fuera algo importante hasta que sonó su celular. Dejó a su Frankenstein en el suelo. 
-¿Alo?-Contestó. 
-Hola, soy Carol…
-¿A sigues viva? –Respondió Sebastián en tono sarcástico, no pensó que le alegraría tanto escucharla después de que terminaron – ¿Sigues en el hospital?
-Me dieron de alta ayer… Mi papá piensa que de nuevo me metí con pandilleros y me quitó le celular. – Suspiró con algo de tristeza. – ¿Cómo van las cosas?
-Quedamos cinco : Xena tiene dos rosarios, Alem también tiene dos, Chalo tiene tres, yo tengo dos y finalmente Luna con el suyo. 
-Que interesante…-Respondió sin intereses alguno, esa era una de las pocas en común que tenía en común con Sebastián.- Quisiera escapar de esto…sabes tengo miedo.
-Yo igual…
Inmediatamente cortó. No quería sentirse débil frente a ella, nunca más. 
Pasaron los días como si nada, transcurría la semana. Llegando al sábado de gloria, día de taller de teatro. José continuaba pensativo en transcurso del taller que sorprendentemente ensayaba arte escénico porque para la clausura tenía que presentar una obra. 
Sonó la campana y todos marcharon. José observo a Sebastián y este no le devolvió la mirada. Sentía que su amigo lo había abandonado por cuidar a Saana, deseaba contarle lo que le pasaba pero sería involucrarlo más.
Por un lado Saana seguía Sebastián, caminaron un par de cuadras hasta que Sebastián se cansa de ser acosado. Por un momento se creyó homosexual, una chica linda la seguía y él no le hacía nada, por otro Saana solo le había traido desgracias a su vida.
-¿Qué paso?-Preguntó despreocupado.- ¿Me quieres violar?
-No solo quería hablar–Respondió Saana con mucho miedo.- Lamento todo lo que te he ocasionado.
-Ja, bueno no importa.- Suspiró.- Iré a beber vino un rato. ¿Me acompañas?
Su mente se nublo, estaba sonrojada. “Una cita”, pensó y asintió sin dudarlo, a los segundos de caminar a su lado, perdida entre sus fantasías de niña enamorada reaccionó.
-¡Pero estamos con el uniforme! 
-Yo siempre traigo un polo debajo de la camisa.- “Hombre precavido vale por tres”, se dijo al ver el asombro de su acompañante.- Y tengo uno de cambio. – Buscó entre sus cosas en la mochila y sacó un polo negro.- Vamos al Megaplaza.
Ella asintió levemente emocionada. Él nunca había sido tan amable con ella, al menos no después de que ella lo dejó. Tomaron una combi hacia el centro comercial. 
A los 15 minutos llegaron.
Saana se cambió en el baño, Sebastián guardó las maletas por una moneda en un casillero del supermercado Tottus del recinto comercial. A los minutos ya habían comprado un vino de 13 soles con 50 céntimos. Buscaron un parque cerca para beber. 
Mientras tanto, José caminaba aburrido, observando a Yue salir de su casa. Había un anuncio de que se inauguraría pronto un restaurante de comida china. “Típicos chino que buscan poner un chifa en nuestro pais”, se dijo. 
José, notó que parecía raro que unas chicas vivieran en lugar como ese; sin embargo, tal vez estas podrían ser mayores de lo que aparentaban. Yue y hermana lucían de aproximadamente 16 años a 20, pero quien sabia de seguro ya iban por los 25 a 30 y gozaban de una buena salud. 
La primera en dar un sorbo fue Saana. Sebastián la observaba divertido, lucia tan inocente que era divertido. 
-Estas templando-Comentó. Se encontraban sentados bajo un árbol, se acercaba el atardecer y ambos se miraban.- ¿No bebes seguido? 
-Lo hice una vez con Marco y pues contigo el día de la discota-Respondió Saana observando su rostro muy marcado, parecía cansando y sus brazos muy anchos producto del entrenamiento que había recibido. No se había dado cuenta de lo guapo que era. Al menos no como era. – Lo siento. 
-¿Por? 
-Tú sabes por lo que paso en este momento y aun así me apoyas. Tu me gustas y creo que yo te gusto pero soy una idiota… 
-Pues ambos estamos jodidos… No tengo ninguna novia por si lo pensaste.- Se sirvió un poco más del vino y le sonrió.- Te apoyaré en todo lo que pueda…
Se había vuelto muy bueno mintiendo. Ya se sentía como ella, el vino le iba haciendo efecto. Recordó a Carol y sus mentiras, recordó que cada que iban a terminar estaba embarazada y cuando hacia la prueba con ella no lo estaba, recordó como ella manipulaba sus amistades y lo alejo de todos.
-Lo siento Sebastián, pero debo saberlo.  
De su bolsillo saco su rosario, Sebastián no tuvo tiempo de reacción. Había caído en esa trampa… “Desde cuando lo sabía”, se preguntó. No podía creer que había sido emboscado por ella. Abrió sus ojos y estaba con Saana aun bebiendo.  
-¿Eres el payaso?- Preguntó temblando.
-Si...
-Lo sabía…- Su voz empezaba quebrarse, se sentía nuevamente como un estorbo.- ¿Te gusto realmente?
-Si…
-También lo sabía.- Sonrió un poco, trataba de asimilar lo primero preguntado.- Bueno es todo lo que deseaba saber… ahora me entregaras tus talentos.
-No los he traído.
Cogió la botella y le dio un sorbo grande. Se sentía una tramposa, estaba con el chico que le gustaba hipnotizado y ya no sabía qué hacer. Le dolía imaginar que su amado era ese demonio payaso.  Se acercó a él y lo besó. Lo manipulo para que él le correspondiera. 
Los besos de Saana y Sebastián se volvían más fogosos poco a poco, pero ambos eran inconscientes de lo que hacían. Saana ya se sentía mareada. Se detuvo y lo miro, realmente sentía amor por él. No quería perderlo en ese juego.
-Háblame de ti, quiero saberlo todo.  
Él empezó a hablarle de esos chicos lo molestaban mucho, el por qué su personalidad era así. Él era víctima de bullying como ella. Se enteró de sus pasiones, miedos, todo lo que hubiera querido saber porque él se lo contará lo escucho. Se decepciono al saber que prefería chicas con un buen cuerpo y ella era una simplona. 
La tarde avanzaba y José se había acercado a la casa de las Long. Siguió a la menor por el parque Quipan, se las ingenió para acercarse a ella con la vieja táctica de la metida de hombro, no pensó que le saldría tan bien como para que ella le diera un puñete que lo dejara casi inconsciente. 
Gracias a eso se logró hablar con ella y tener una conversación fluida. José era todo un casanova era muy rápido cuando se trataba de ganarse la confianza de alguien.
-Tengo 21 años -Respondió Meilyn tapándose la boca pues estaba algo cansada. No le hacía gracia su situación. -¿Usted? Luce mayor.  
-Lo siento… te pregunto y no te digo mi edad-No sabe cómo responder, se ríe de forma estúpida. – Tengo 23, estudió Ingeniería industrial.
-Yo soy una pobre extranjera. 
-Me encantan tus ojos, son muy lindos –Comentó.- ¿No tienes dónde quedarte en la noche?
-¿Solo quieres sexo conmigo?-Preguntó Meilyn tratando de no caer el juego de José. Le excitaba sentirse deseada y más por un desconocido que había buscado hablar con ella de manera tan desesperada. –Si es así no tengo problema.- Pronuncio suavemente mientras José sellaba sus labios con un delicado beso- Conozco un hotel a unas cuadras…
Continuaron extasiados uno del otro dejándose llevar cada vez más hasta llegar. “Tiene un trasero suave”, pensó José besando sus labios a su cuello la continuaba besando mientras sus manos la acariciaban con delicadeza y descaro.
-¡Vamos!-Pidió Meilyn avergonzada, lo jaló del brazo a sus labios nuevamente. Caminaron un par de cuadras y entraron, Meilyn dejó su documento de identificación en recepción, José pago la habitación y entraron.  
Ella le sacó el polo a José y él empezó besar todo su abdomen, ella saboreo su tosca y canela piel bajando por su cuello llega su pecho, él le desabrochó con mucho cuidado el sostén y observó detenidamente sus senos, sin perder el tiempo se lanzó contra ellos. Sabían delicioso. 
Era tarde de brujas y ella se sentía mareada, eufórica y triste. Él no sabía ni si quiera lo que sucedía.  
-Creo que ya no puedo seguir… 
Guardó el rosario nuevamente, espero unos minutos que se le pasara el efecto y se haría la loca, como si nada hubiera pasado y todo siguiera su curso. Habían pasado una tarde relájala según ella. 
-Estaba bueno el vino…
-Si.- Tristemente Sebastián no era idiota, sabía lo que había pasado y tenía que deshacerse de ella. Le había jugado sucio, pero no tenía como defenderse. Solo le quedaba seguir la corriente.
-Seré tu pareja de promoción… Rossy es muy linda. Creo que es tu única amiga que es mi agradó. Aunque sea tu ex es muy linda. ¿Cómo estuvo con un bueno para nada como tú? ¿Cómo es que yo quiero estar con un bueno para nada como tú?
-¿Eres débil al alcohol, no?- Consultó suspirando. A él también el aire le estaba afectando.- Ya regresemos. 
Caminaron de regreso al centro comercial, dejaron la botella en un tacho de basura. El viento corría fuerte y no era bueno para Saana, el propio Sebastián se sentía mareado. Entraron al recinto y buscaron los casilleros donde se encontraban sus cosas, debían cambiarse y volver a casa. 
Entre la entrada del supermercado Tottus y algún banco comercial había una puerta de personal autorizado. Saana no pensaba con claridad, sentía ganas de hacer locuras. Ya era de noche y deseaba llegar lejos en esas tinieblas. 
Se sentía simplona, quería escapar con él. Observó la puerta y a Sebastián distraído. Tal vez esa sería la última vez que compartiría con él. No quería ser una niña buena, deseaba ser su chica. Deseaba meterse en problemas, quería vivir, quería su amor.  Era su cuento de terror, si iba perder su vida nuevamente deseaba vencer a los malos o por lo menos disfrutar ese día. Lo cogió del brazo y lo jalo hacia aquella puerta. 
-¡Se mi novio! Sin ti… sin ti… no quiero estar sin ti.
Empezó a llorarle, estaba eufórica.  Se inclinó hacia sus labios y lo besó. A los segundos sus lenguas batallaban como aquel día en el que fueron aquella discoteca. Le encantaban aquellos besos, nunca había dejado a nadie además de él, besarla de aquella forma. 
Tomó la mano derecha de él y la colocó en su trasero. Sabía que a él le gustaban de pompas grandes y ella no tenía. No contó que sus manos irían debajo de su falda. Se estremeció al sentir su tacto, aquellas manos toscas. 
-No tengas miedo…-Le susurró al oído, luego continuo besándole el cuello. Empezó a acariciar su cuerpo mientras rosaba su miembro con la intimidad de Saana.-No puedo parar… -Susurraba mientras sus cuerpos se acercaban más. 




Entonces, cayó su falda seguido de su polo. Se alejó tenía miedo, todo su valor se había esfumado. Él la miró y abrazó.  Se dieron un beso más y en un descuido de ella, él bajó las bragas.
-Se gentil…
Su voz se entrecortaba, parecía agitada. 
-¿Quieres parar?-Consultó. 
José continúa besando la intimidad de la asiática menor, dejando el tiempo pasar en un momento eterno un pequeño grito se siente en la habitación. No se consideraba bueno pero parecía que lo hacía bien. Su ego estaba por los cielos, era una chica mayor y su cuerpo era como el de una piedra preciosa. Único, delicioso y bello a la vista de cualquier mortal. Incluso considero que si una chica la observaba desnuda le brotaría un pene por arte de magia.
Meilyn era hermosa. 
-¿Cuál es tu nombre?-Preguntó muy agitada.- Hace mucho que no hago esto… ¡Ah! 
-Gerson…-Mintió sin detener las envestidas. Era un sueño mojado, su primera vez tirando con una desconocida. 
-¡Ah Gerson! ¡Ah! - Gritaba Meilyn extasiada de placer arañaba la cama. Tenia intenciones de volverlo loco. 
Luego de algunos minutos se cambiaron y salieron. Habia sido toda una experiencia para ellos, sobretodo él. José pregunto su nombre, no quería parecer desinteresado.
-Ohany.- Mintió. 
Él le sonrió e intercambiaron números. Era obvio que ella no le daría sus verdaderos datos a un desconocido que solo buscaba sexo casual. Caminaron unos minutos y luego José le marcó deseaba asegurarse de tener su número guardado. La llamaba continuaba en lo que el chico de lentes observo a la Long mayor acercarse. 
-¡Bueno nos vemos!
Escapó rápidamente en lo que llegaba la mayor, notó el detalle de la llamada y empezó a grabar lo que se escuchaba. Se escondió en un chifa al paso, aquellos de que se preparaban en la calle cubierto por una carpa verde y cada plato salía con caldo de gallina sin presa.  
-¿Qué te pasa pareces asustada?-Preguntó Yue. Observo hacia donde estaba José pero no lo reconoció – ¿Estas saliendo con alguien? Te ves agitada.- Le bajo un poco el polo y notó las marcas en su cuerpo.- ¿Si quiera sabes quién es?- Se notaba el fastidio de la mayor. -Bueno, ya está todo sobre la caída de Sebastián. El viernes de la próxima semana, habrá una fiesta en el salón de Recepciones ´PALACE´, estará el hay junto a Xena, todo está listo.- Explicó Yue con una sonrisa en los labios.- Pronto todo acabara. 
-Ya veo…. Bueno debemos tener cuidado ese tipo es de lo peor –Agregó Meilyn refiriéndose a Sebastián.
-Jaja, es diferente eso me atrae mucho de él –Respondió Yue dejando salir una sonrisa – Bueno, vamos a cenar algo. 
-No me digas que te estas enamorando de él –Dijo Meilyn molestándose-Ni se te ocurra ese tipo es un demente…
-Tal vez me acueste con él. Si quiera lo conozco más que con él que te acostaste. –Respondió Yue encaminándose a algún lugar donde comer con su hermana.  
“Sebastián Gonzales….si tan solo… si tan solo nos hubiéramos conocido en otras circunstancias… yo, bueno yo no tendría que matarte”, se dijo a sí misma. “Que interesante…”, pensaba José. Se preguntaba como su amigo tenia tanto jale entre chicas orientales. 
Por otro lado a Sebastián y Saana no les había ido muy bien. 
-¿Qué paso con Saana?- Consultó Rossy maquillándose. Ya se había hecho las coletas y colocado la pintura blanca.- Me encanta su estilo…
La semana siguiente de escuela, Sebastián se dio el lujo de faltar, aunque Saana extrañaba su presencia, confiaba en él sabía que la recordaba y después de ese día tenían un lazo más fuerte. Aun como terminó ese día que estaba siendo tan especial para ellos. Él la había respetado. 
-Pues, no hicimos nada. Llegó su papá y se la llevo. 
Había llegado el  tan anhelado viernes. Llego el quinceañero de Jennifer a tan solo unos minutos, unas cuantas horas para ser exactos. 
-¡No jodas! ¿Qué paso?
-Me gritó, la gritó. Todo fue porque ella estaba ebria.
Todos los invitados se alistaban mientras tanto en el local Yue y Meilyn estaban entre los ayudantes esperando el momento preciso. El PALACE tenía tres pisos, con ambientes distintos y los padres de la celebraba habían gastado lo necesario para que su hija nunca olvidara aquel día. 
-¡Que piña son ustedes, pudin!
-La luna tiene una hermosa sonrisa… –Comentó.- ¿Lista, Harley? 
- ¡Archimegahiperlista Mr. J! 

sábado, 17 de diciembre de 2016

Demonios internos - capítulo 17

Chica payaso 

Todo empezó tan rápido que me costaba asimilarlo, apenas hace unos segundos estaba con Linda, ambas ubicamos con rapidez a Antonia, efectivamente era la chica que salió con Vladimir. Esperamos a que este soló, en eso nos llegó un mensaje de texto de Lizbeth, “Salió de su habitación, parece ir a la cocina.”
Inmediatamente nos escondimos, observamos a Antonia con otra chica preparar algo de comer, no parecía que siguiera sufriendo; sin embargo, después de lo que ese tipo le hizo al a novia de Enrique, no podía  dejarme guiar por las apariencias. “Mensualmente me mandaba una parte de ella: Oreja, cabello, nariz, su pezón…”
-Akemi, aguanta la respiración –Me indicó Linda, no tuve objeción y lo hice- Si sus sentidos son como los de Vladimir, escuchara nuestra respiración. – Explicó aunque, ya le había hecho caso.
El ángel entró a la cocina, inmediatamente Antonia y la otra chica se inclinaron ante su imagen y bajaron la mirada, no le daban la cara, como si no fueran dignas de él. 
-Esta asqueroso– Comentó luego de probar su cena. –Realmente no pueden hacer nada bien.
-Lo sentimos, mi señor –Dijeron ambas mucamas al mismo tiempo. – No se repetirá.
Era cruel; sin embargo, Antonia parecía tranquila, “¿Si cometimos un error?”, me dije. No, eso no podía ser. Enrique habló con su padre y él presencio cuando Zelig mato a su hija menor delante sus hijos y los de Antonia. Linda tomó mi mano sacándome de mis pensamientos.
La otra chica salió de la cocina, era el momento Linda salió primero e inmovilizó a Antonia, era muy increíble. Le tapó la boca; mientras, juntaba sus pies, la chica cayó al suelo con ella encima.
-Tranquila, no te haremos nada…
-Estamos aquí para salvarte. –Agregué, mientras cerraba levemente la puerta de la cocina, en ese instante me llego otro mensaje. “Está tomando una ducha, tienen aproximadamente de 5 a 15 minutos.”
Pasaron unos minutos para que Antonia se tranquilizara , me pregunte qué harían Enrique y Dominic, Lizbeth nos informaba a ambos grupo , tal vez con Omar y Tamara hubiera sido más sencillo, me preguntaba que se sentiría ser libre o expulsada.
-¿Quiénes son ustedes?-Preguntó temerosa- Si el amo las ve, las matara…
-Tranquila vinimos a salvarte –Respondió Linda –No te pasara nada, lo prometo. 
-Si quieren salvarme…-Su voz se reducía –Mátenme…por favor solo así seré libre –Pidió, su mirada tenía mucha determinación y tristeza.
-¿Qué?- No podía creerlo, ¿morir?- No haremos eso, te salvaremos…
-Mi única salvación es mi muerte….-Empezó a sollozar.- Quiero acabar con esto… pero no tengo el valor suficiente para hacerlo yo misma.  
-No digas eso.- Respondió Linda – La muerte es una tipa estúpida. 
-No, no quiero saber nada más de esta vida –Empezó a desesperar, con todo lo que había pasado esta chica solo deseaba morir, en algún instante de mi vida me sentí así también, rogando que me salvaran que llegara el día. Pero, ella había sufrido aún más que yo.
-¡Date una oportunidad! –La abrasé. –No elijas morir… ¡Vivé!- Rogué, realmente me sentía demasiado mal por ella. Era tan frustrante tener una persona como ella al frente. Recordé todo lo que había pasado por un estúpido padre. 
-Akemi….-Linda también dejo salir una lagrima.- Todos pedimos ser salvados, por favor ven con nosotros. 
-Ustedes no lo entienden…- Respondió – No tengo un por qué 
Un largo silencio se sintió, una chica que había perdido todo,  su padre nunca le dio la más mínima atención, su madre murió hace mucho, fue violada incontables veces y nadie la ayudo, quedó embaraza y su padre la obligo a abortarlo y la castro, como una animal, quiso vengarse y nuevamente fue sometida por los que le arrebataron todo y estaba vez con su hermana también. Creyó ser salvada pero apenas empezaba el infierno, una vida con Zelig. Cómo podía responderle, cómo podía pedirle que vivirá si no tenía un por qué. 
-Lo sospeche, gracias por el lindo detalle. –Se limpió las lágrimas. –Pero, no quiero arruinar sus vidas también.
-¡No!- Grite, quería ayudar a esta chica pero no podía. - Ven con nosotros, no quiero que mueras, quiero darte una vida feliz, quiero que puedas olvidar todo y empezar de nuevo, por favor.
Me había vuelto una llorona, pero no me molestaba. 
-No tengo un por qué, solo soy una muñeca usable. Lo perdí todo.-Sonrió mientras se limpiaba los ojos –Me alegra que papá este bien, díganle que lo quiero. No iré con ustedes.
-Por favor –Pedí una última vez- Ven, se lo que has pasado no puedo permitirme dejarte aquí. Aunque no quieras yo te salvare como él lo hizo conmigo, yo te alzare yo te cuidare. No renuncies a vivir.
-Akemi…-Linda estaba resignada, no me rendiría.
-¿Por qué pelear contra mi destino?-Preguntó ella-Yo nunca pedí vivir lo que me tocó, yo quería ser una chica normal, quería que papá este orgulloso que mamá estuviera feliz desde arriba 
- ¡No pelearas sola! –Grite, realmente estaba afectada, incluso Linda me contuvo pero la mande a un lado – Aunque sería absurdo compararme contigo, siempre quise llamar su atención pero nada servía, siempre quise escuchar un  “hija estoy orgulloso de ti”. Pase cosas horribles que no le llegan ni a los talones a las tuyas, pero quería ser salvada por él, quiera gritarlo “Papá sálvame”, pero era una cobarde hasta ese día, ese chico me salvo me dio otra oportunidad. Me cuido y logré vivir nuevamente experimentar lo bueno de tener amigos, una nueva vida. 
-Si voy con ustedes…-Susurró débilmente Antonia, mientras  Linda me abrazó por la espalda, teníamos un lazo todos un lazo más fuerte que Vladimir nos dio, una hermandad y no me rendiría hasta que Antonia estuviera con nosotros.- No mueran… 
Sin pensarlo Linda y yo la abrazamos, nosotros recibimos una segunda oportunidad, ella merecía una también, debía poder sonreír ser feliz.
-¡Mierda!- Soltó Linda luego de revisar el celular. “Enrique y Dominic la cagaron, están peleando con las siervas de Zelig, tenemos 1 minutos para escapar”
Abrimos la puerta de la cocina, notamos en la sala cinco chicas contra Dominic y Enrique, mientras que otra observaba, tenía dificultades; sin embargo, Enrique dominada, apenas Dominic nos vio le lanzo las llaves a Linda.
-Los alcanzo luego –Dijo Enrique. –Esto es muy personal.
-Yo me quedo. –Dijo Linda tajante, fue al lado de Enrique, el escape estaba a cargo de Dominic y mío, Antonia se veía preocupada.
Salimos apenas pudimos, buscamos el auto con la vista, me preocupaban Enrique y Linda, pero ellos podrían escapar con facilidad, aparte Enrique era la llave maestra del grupo, no noté que me olvidaba de algo o tal vez de alguien.
Pensamos que el auto era fin de todo, pero este salió volante una persona estaba ahí, era alto y rubio, me maldije cuando lo reconocí, era Zelig.
-Se van tan pronto…. —Gruñó – Antonia tú me perteneces. 
Me detuve en seco y puse a Antonia detrás de mí, Dominic no lo dudó y disparó contra él. La deidad solo se burló, en un instante, estaba delante de él. Un fuerte golpe noqueó al maestro frente a mis ojos. Realmente era muy fuerte.
Solo logré oír un par de pasos sobre el césped, lo próximo que sentí fueron sus duros puños en mi estómago. “¡Maldición!”, me dije. Era peor que Diego. Fue tonto pensar que podría hacer algo. Alcé la mirada y vi sus ojos de felicidad. 
-¿Cómo te atreves a verme a los ojos? –Dijo mientras recibía una patada, fui contra uno de los árboles de su jardín.
Me dolía demasiado, por poco perdía la conciencia. 
Mordimos más de lo que podíamos masticar. 
Observé una sonrisa arrogante en su rostro. De su mano comenzaba a brotar electricidad, parecían pequeños relámpagos. Mis piernas empezaron a temblar, rezaba no orinarme frente a él. Pero, tenía mucho miedo. 
Escuché vidrios romperse, desde el segundo piso de la casa caía Lizbeth sobre Zelig. Esa chica era asombrosa no parecía tenerle ningún miedo, esta lo tomó con una llave en el cuello tratando de detenerlo, su mirada me decía corre. Raizer lanzó un grito y todo su cuerpo fue cubierto por una capa de relámpagos, sus cabellos se lanzaron por la estática, por un momento pensé que era un sayayin, luego me recriminé por pensar eso en un momento así, Lizbeth se levantó apenas, éramos las dos contra él fue; entonces, que lo escuché. 
-Vaya sí que son idiotas…
-Vlaaaadimiir…- Estaba exhausta, él se mostraba molesto era de esperarse,  nos revelamos y traicionamos su confianza. Ahora él venía a salvarnos de ese ángel con risa de demonio.
-Por fin das la cara Anderson – Dijo Zelig mientras se tronaba los puños –Hagamos esto divertido.
Suspiró, mientras se colocaba en posición de pelea – Eres consciente de lo que sucederá.
-Tus patéticos ciervos fueron el aperitivo, apenas reconocí a la mocosa me di cuenta que tu estarías aquí y los deje vivir.-Una media sonrisa se dibujó en sus labios –Nunca pensé que los mandarías a ellos en vez de venir tú.
-Te equivocas… no los mandé.
-Jajaja, eso lo hace aún mejor –Respondió con los ojos llenos de excitación, estaba aterrada nunca pensé que existirían monstros como ese.- Ellos te traicionaron.
-Me clavaron un puñal en la espalda…Incluso tu Lizbeth- Observó con desdén a la chica que alguna vez fue su hermana, ella no le dio cara. Era obvio, la habíamos cagado…
-Vladimir….- Antonia aun no lo creía, era el chico con el que salió.
-Te dije que tendrías un príncipe azul. –Respondió.
Zelig fue el primero en atacar, yo me quedé en mismo lugar observando. Antonia estaba detrás de un árbol y Lizbeth por otro lado con la mirada cabizbaja, no quería darle cara a Vladimir, su hermano, no consideramos antes de planear esto el vínculo de ella y Vladimir. Fue estúpido convencerla de ayudarnos, pero eso lo solucionaríamos después que Vladimir acabara con Zelig.
Era solo puños y patadas. Ambos eran rápido, pero ninguno hacia uso de su poder sobrenatural, aquel que los convertía en deidades para nosotros. Alguna vez escuche de mi padre o madre tal vez una tía, no lo recordaba con claridad, que los ángeles envidiaban la vida humana y la libertad demonia.  
-Es todo el poder del sucesor del Rey Balhor- Cuestionó Zelig tomando el brazo de Vladimir, lo alzo lanzándolo contra su casa, este no dudo saltar sobre y empezar a golpearlo, 
No podía creer que estaba perdiendo. Lo tomó por el cuello y destruyo una de las paredes con su cuerpo, luego lo lanzó hacia donde estaba. Vladimir se levantó con facilidad, pero un hilo de sangre baja de su frente, los ojos de Zelig se iluminaron.
-Tan bajo Anderson. ¡Jaja! –Las carcajadas del ángel eran aterradoras, pero me daba más temor saber que Vladimir sangraba, era como un humano. Él podría morir… 
-Yo no le veo lo divertido- Comentó con ironía, pensaba seguir peleando en esa situación. Lizbeth se paró a su costado, también planeaba pelear.-Ni se te ocurra, ya perdí mucha dignidad hoy.
La empujo hacia un lado, la chica cayó fuerte hacia atrás. Zelig extendió seis alas de su espalda, mientras su cuerpo se llevaba de esos resplandecientes relámpagos, una especia de arma se formaba en su mano.
-La única manera de matar a un demonio. –Dijo mientras blandía la espada blanca- Una de las siete armas santas.
Vladimir ignoró lo que dije y se apresuró atacar, esquivaba los atacas del arma con facilidad, se notaba que Zelig no la usaba a menudo. Sentía terror, Lizbeth apretaba sus puños en impotencia, Vladimir era cortado, golpeado, mientras su contrincante estaba sin ningún rasguño.
-Eso es todo lo que tienes…
La espada santa cayó incrustada en el cielo, mientras los golpes de Zelig acababan con Vladimir, sus puños emitían esos relámpagos, yo con apenas sentirlo me quemé las manos, él recibía todos los golpes, lo veía escupir sangre, pero no perdía esas ganas de pelear, quería que se detenga pero él no se quedaba en el piso. “¿Porque sigues peleando? Si te sigues levantando morirás, desaparecerás…”, me desesperé. El agotamiento me hacía pasar una mala pasada, mi pantalón mojado me hacía una mala pasada. 
Antes de quedar inconsciente, vi una pequeña sonrisa de Vladimir, estaba frente a mí no me di cuenta como pero él me decía algo, pero fui incapaz de escucharlo.
“Así que esto es la nada…los hombres nacen, crecen y mueren como una flor invernal…pero ustedes nunca morirán: Akemi, Lizbeth, Enrique, Dominic, Linda e incluso los que ya no están. Siempre los llevaré en mi corazón”, aquellas palabras retumbaban mi cabeza una y otra vez. 
Abrí los ojos. 
-Vladimir…
Linda me había levantado, se encontraba con Enrique. No recordaba bien lo que pasaba. Había escuchado su voz. Creo que todos.  
-No puede ser…- Linda se tapó los ojos, no podía créelo aun. Respiré un poco, tal vez era una mala jugada, era imposible…
Vladimir estaba recibiendo pisadas constantes de Zelig, bajo él estaba Lizbeth. Estaba sangrando, estaba derrotado solo resistiendo.
-¡Hijo de puta!- Grité y corrí contra esa mierda, debía matarlo como se atrevía como  podía. 
-¡Detente!- Una chica con un extraño traje negro estaba frente a mí, el traje era un short negro una especie de armadura de pelea, había tres más con el mismo traje.
-Zelig, miserable….-Esa voz era Jane, la demonio.- Llévenlos al auto. –Indicó a sus siervas, noté a Antonia subir al auto junto a ellas. Vladimir se levantó haciendo tambalear a Zelig –Te ves mal
-Jaja.-Río-Tienes unos minutos, apenas empieza el segundo round…
Jane llevaba un traje de sastre, la camisa fuera y la corbata aflojaba, se veía jodidamente sexy. Vladimir golpeó a Zelig en un descuido de este último, mientras las chicas se llevaban a Lizbeth. Accedí a subir junto a ella y Linda.
-Vladimir…- Dijo Jane mientras se acomodaba los lentes negros. – Fue un gusto, eras mi primo favorito. 
-Nos vemos…
Fue todo lo que dijo, el auto arranco mientras observaba a Vladimir caer, no podía creerlo, Lizbeth se abrazaba a sí misma, Enrique estaba inconsciente, Linda observaba la ventana y Antonia no decía nada. Las chicas de Jane no decían nada y la misma Jane apretaba sus puños. Recordé que eran de Ucrania, las mujeres más bellas del mundo. 
-Lizbeth… él te dejó algo. – La peliazul sacó un sobre de su bolsillo y se lo entregó, la chica asintió- Siempre he pensado que los humanos son estúpidos. 
“Maldición”, quería volver por Vladimir, quería matar a ese tipo, mi ira tanta como pudo pasar esto.  Paso una hora, tal vez dos. Estaba agotada con ganas de llorar. 
-Mierda…-Dijo Jane al notar que llegábamos un carro de bomberos estaba en la zona, una casa se incendiaba. Un incendio en una forestal como la de Chosica era peligroso.  
-Esa es…..-Linda estaba a punto de colapsar.-Es la casa de Vladimir
Lizbeth se desmayó, la casa de Vladimir se incendiaba, él había muerto y nosotros cagamos todo. Mi corazón dolía, mi mente no lo resistió y colapsé junto a mis amigos.  
Me levante  asustada, no me di cuenta de lo que sucedió, tenía en mi mente la imagen de Vladimir, estaba muriendo…
 -Por fin despiertas….
Estaba desnuda tapada con una sábana. Estaba en mi habitación, él estaba a mi lado con una leve capa de sudor. 
-Vladimir, tu no estabas…- No me importaba la situación,  Él estaba vivo, me sentí tan aliviada. –Tuve un sueño horrible.
-Gracias por todo, realmente me divertido mucho contigo-Dijo sin mirarme – Fue divertido, muy divertido realmente. 
-¿Qué dices?
- Un demonio no muere a menos que la muerta lo destruya… te esperaré. 
Recobré la conciencia, estaba en mi cama echada. Solo fue un sueño, Vladimir estaba muerto. Era real todo lo que paso ayer…pero como llegue aquí lo último que recordaba era a Vladimir decirme algo que no pude escuchar, sentía rabia al no poder saber qué fue lo último que me dijo.
Había despertado en la casa de Linda; Antonia estaba observando la calle por la ventana, Enrique estaba parado se veía tan frustrado, parecía un zombie, Lizbeth lloraba mientras abrazaba sus piernas.
-Me alegra que despiertes….-Me dijo Linda, tenía una sonrisa muy triste.
-¿Qué paso?-Pregunté.
-Se acabó…-Su voz se quebró.
No quise aceptarlo y salí corriendo hacia mi casa, estaba cansada herida a unos pasos de llegar caí, la fuerza me había abandonado, cerré mis ojos y sentí a alguien levantarme y meterme dentro. Me acomodó en mi cama y salió. No distinguía nada, sentía que la vida se escapa de las manos. 
Observé mi reloj, era medio día. Aproveché que no había nadie en casa y fui a la morada de Linda. Apenas llegué todos estaban ahí, todos estaban serios también se encontraba Jane ahí.
-Lizbeth –Dijo Jane- Yo la leeré.
Lizbeth le hizo caso y luego se sentó en el suelo en la misma pose agachada, abrazando sus piernas. Todos  escuchamos a Jane quien empezaba a leerla.




Querida Lizbeth, te dejo esto a ti porque eres la persona en que más confió, sé que no tomaron bien el caso Antonia. No te lo dije antes, pero estoy en el caso hace un tiempo, junto a Albus y Kotomi. Pero tenía que esperar que llegara Jane, después de discutirlo mucho llegamos decisión. Tendríamos que romper las reglas pero Albus ya las había roto, si lo volvía a hacer seria regresado al infierno, Jane no tenía nada que ver y Kotomi, siendo un ángel las cosas eran distintas para ella. Si sus alas se tornaban negras perdería todo. 
Sé que estás leyendo esto y ya se lo debes haber dado a alguien para que todos escuchen, realmente espero volver a escuchar tu voz. Nunca me perdone no haber podido salvar a Xiomara, tu hermana, te condene a una vida al lado de un demonio, sin ni siquiera consultarte. Lo lamento pero esos años contigo fueron inolvidables. Eres mi hermana aunque no te consideres una Anderson.
A todos, gracias por pelear al lado de un inútil como yo se convirtieron en un familia tal vez por eso nunca alcanzaron su unción. Jane se encargará de ustedes, Lizbeth todo lo que teníamos está a tu nombre espero puedas seguir adelante y no verte por aquí en un buen tiempo. Pero tendrás una vida placentera en este infierno. 
Escribo esto no para recriminarles nada. Solo les pido continúen. Enrique, Linda dejen en pasado atrás. Dominic cásate de una vez. Akemi… gracias.  
Las lágrimas de Lizbeth aumentan aún más, soltaba un leve llanto que no podía reprimir por su promesa, estaba destrozada su mirada rogaba ir junto a él. Linda escondió su mirada bajo su cabello, Enrique no dijo nada, Jane estaba seria.
-Es mi culpa. –Dijo Antonia mientras se acercaba –Solo le hago daño a los que quieren ayudarme.
No resistí mi ira y le tiré una bofetada, habíamos hecho lo imposible por ella. Vladimir murió por ella.
-Estas viva-Dije. – Aprovéchalo, ya eres libre. Deja de pensar así. –Reproché, luego me marché, di fuerte portazo. Estaba furiosa, pero mis ojos eran una cascada de odio y dolor. Tenía la esperanza que me digiera algo más que un gracias.  
Regresé a mi casa, aún era temprano. Mientras recordaba, pensaba quería acabar con este sentimiento de culpa. Nosotros nos revelamos, arruinamos todo. No quería pensar en eso, pero todo lo que vive con él, con ellos, ahora todo era tristeza. Todo se volvió tan gris.
Al entrar a casa noté esa katana en la pared, ayer perdí mi espada. La cogí inconsciente, no importaba el resto quería ir partirlo por la mitad. Apreté la empuñadura y me disponía a salir, no me importaba morir pero lo vengaría yo sola. Tal vez no entraba en razón, me dejaba llevar por los fuertes sentimientos que sentía. 
-¿A dónde crees que vas?- Escuché a mi papa detrás de mí- ¿Qué escondes? Ayer te encontré tirada en la puerta de la casa. ¿Quieres llamar la atención? Tienes 19 años compórtate como tal ya no eres una adolecente –Fue duro al hablar, me dolió, pero también me lleno de ira. –Te di libertad porque confiaba en fin; sin embargo, me has ido decepcionando poco a poco.-Se acomodó los lentes y me miró. Serio y con cierto desprecio.- Dime Akemi ¿A qué quieres llegar? ¿Qué te grite? ¿Qué te castigue?  
-No pretendas que te importo…–Respondí suavemente. Vladimir había hecho más por mí que él.  –Nunca te intereso lo que me pasara…
-Pensé serias más madura –Dijo mientras me miraba con su clásica indiferencia realmente odiaba a mi papá –Se acabó, no saldrás sin mi permiso.
-Quieres jugar a ser mi papá –Estaba molesta, demasiado. No quería decirle nada de lo que me arrepintiera pero lo odiaba. – ¡Nunca me preguntaste como me iba o si necesitaba algo! No pretendas que te importo, no eres mi papá solo eres el esposo de mi madre.
-Anda a tu habitación y deja eso en su lugar –Respondió, poco le importa lo que le había dicho. Era de esperarse él. Era el único culpable de cómo era, el culpable que conocía a Vladimir y pasara por esto.
-Te odio…
Tiré la katana a un lado y subí a mi habitación, estaba harta de esta mierda. Entre tirando al puerta pero cuando vi hacia mi cama.
-Hola. 
Su cabello dorado, su sonrisa resplandeciente y su mirada pedante. Era el ángel de la muerte.  
-¿Qué haces aquí?
-Tengo que hablar con mi buen consejero y de paso arreglar mis travesuras. –Respondió la muerte con mi espada entre sus manos, ella había estado con Zelig. Vladimir estaba en el infierno. Era tarde. – Ese bueno para nada no cambia. 
-¿Qué quieres decir?
La puerta se abrió, mi papa entraba a mi cuarto. Lo que faltaba ahora me castigarías por meter chicas a la casa…Cuando salí de mis pensamiento era tarde la muerte le lanzo mi espada a mi papá, estaba por ser atravesado.
-No era broma. –Me ignoro, luego chasqueo los dedos con una sonrisa.- Yo fui humana y salía con tu padre. 
-¡Pá!
-¿Qué pretendes?- Respondió, mi espada esta partida por la mitad, mi papá tenía la katana roja en su mano. “¿Qué está pasando?”, me pregunté. – Que horrible verte. 
-Jaja, por qué serás tan encantador al hablar. -Le hablaba con tanta familiaridad.- Espero no hayas heredado esas malcriadeces Akemi. 
-Que fastidio…- Respondió, parecía que su personalidad había cambiado. Estaba confundida. - ¿Qué mierda haces con mi hija, Carol?
-Tijeritas…
Mi papá nunca decía lisuras, pero su mirada era distinta, había partido mi espada con su katana en un instante. Ellos salían… 
-Hace ya casi 30 años… tal vez un poco más… tu padre participo conmigo en la lucha de los miserables por ser la nueva muerte. El demonio Sebastián, el payaso. 
- La ángel, la geisha Carol.- Sonrío.- Somos humanos, no te preocupes.  
Mi mente se quedó en blanco. Ambos se miraban con complicidad. Todo empezaba a tener sentido. “Chica payaso”, recordé.