domingo, 6 de diciembre de 2015

Espejo roto

Este cuento participo y fracaso en los Juego Florales 2015-2 de la Universidad Privada del Norte, bajo el seudónimo de T Wayne. 

Se levantó dichoso esa mañana, Fabricio Ponce, había tenido una noche inolvidable. Se encontraba tendido sobre la cama de aquel motel de mala muerte, barato, completamente desnudo y con una sonrisa triunfante. Hace apenas unos segundos su bella doncella se había retirado, su esposo la aguardaba temprano en la casa de amiga, no podía demorar.
“Increíble noche la de ayer”, recordaba aquellas bellas curvas, esa piel palida con abundante y esponjoso culo nívea también, que no quería dejar de nalguear. “Toda una diosa”, sonrió mientras comenzaba a cambiarse, no había tenido tanta acción desde hace meses, aunque él sintiera que fueron años.  A los minutos de terminar de vestirse, cogió la tarjeta con el número telefónico de Ariadna, su querida.   
Entonces, su sonrisa se esfumo.
Una noche aburrida, de esas en las que aún se pregunta, “¿Cómo es que te convencieron de salir esos idiotas?”. Pudo pasar una noche tranquila leyendo poemas de Jorge Pérez o algún otro de esos poetas que le fascinaban. Pero, no. Aceptó salir con esos amigos suyos, a los cuales curiosamente no soportaba, pero muy contradictoriamente como un gato que no cae de pie, aceptó.
Dejó a Melanie, su esposa, descansando en casa. Se cambió la ropa por algo más adecuado para salir, a sus 35 lunas no deseaba verse demasiado achiquillado. No lo hacía por querer llamar atención de alguna jovencita sino, tan solo porque no quería escuchar los gritos de su viejo amigo fishman, como le decía en la universidad. Claro que al final si los escucho. El camino hacia la despidida de soltero de su amigo comenzaba.
Con una camisa negra entallada, marcando la buena figura que aun tenia, salió. La vida de casado era jodidamente aburrida, realmente no esperaba mucho de su matrimonio pero, ¡Joder! Melanie  era una buena mujer. A pesar de los años lo apoyó en cada decisión y ni que decir lo buena estaba. Pero, como dice el prototipo de cada hombre “El placer está en la variedad”, ella no supo cómo mantener ese matrimonio para él.
Durante su época de enamorados, todo podía ser tan rosa como los cerezos japoneses pero, tal como los sakura solo eran momentáneos en ciertas estaciones. Incluso, por momentos llego a sentir que lo comprendía y eso fue positivo pero, fue demasiado lejos. Sabía que en el fondo aún no se arrepentía pero simplemente no esperaba que fuera así. Esperaba algo más de emoción, no solo sexo mañanero, sexo antes de dormir o desayunos con mamadas. Faltaba algo más.
Un par de horas después de llegar a la reunión, ya eran las 2 de la mañana y esa reunión había sido un desastre, era normal preocuparse por la fidelidad pero, eran extremos casi senderistas para no invitar una stripper y pena de muerte el no comprar nada de alcohol. Terminó saliendo con José, fishman, y David nuevamente, sin rumbo conocido.
José lo había convencido de no perder la noche, no tenía ganas de volver y aceptó. Llegaron a un bulevar de discotecas de los Olivos, para darse con la sorpresa de que cual quinceañeros sus compañeros no podían hablarle a mujeres sin tartamudear. Eso lo enfureció más.
-¡Ay qué noche!- Escuchó una voz familiar, no solo él, sus compañeros también lo notan. Esa voz irritante solo podía de ser de…
-Es Natalia...- Susurró José un poco aterrado. Nada más peligroso que una exnovia engañada y nunca terminada formalmente. Ahí estaba la pelirroja con un vestido azul, bien entallado a su cuerpo y estraple. Caminaba de lado en lado, peor que un pato, completamente borracha para ser exactos. Era admirable como seguía caminando con tacos a pesar de su estado. Parecía que acababa de salir de la disco Zeven.
Junto a ella caminaban dos chicas, sin pasar desapercibida esa pequeña amenaza, la hermana menor de Natalia, Miluska, que, ya no era tan pequeña. Lucía un cuerpo ya de una adolecente, Fabricio estaba más que seguro que no deberían dejarla a entrar a estos lugares. Además, estaba otra chica de la cual no tenía la más mínima idea de quien era. También caminaba tambaleándose y estaba ligeramente sonrojada.
-¡Oh Fabricio, tiempo sin verte hip! ¿Por qué no me dijiste que tenías un gemelo?- Pregunto casi apoyándose sobre él.
-No, no son gemelos Natalia. Sería un infierno con dos de ese tipo- Habló la desconocida, llamando bastante su atención. ¿Lo conocía?
-Estas picada. Entremos rápido que el aire les afectara- Recomendó la menor, siendo la más sensata- Sigues igual de sexy como te recordaba, Ponce.-Inmediatamente a Natalia se fue contra su exnovio aterrorizado.
Fabricio observó a la enigmática con una leve sonrisa, no le importaba su matrimonio a estas alturas. En más de una ocasión quiso destruirlo pero, no lo hacía porque simplemente sentía una enorme flojera de volver a comenzar. Estaba más que seguro que esos ruidos provenientes del baño o esas veces que Melanie  llegaba muy tarde era porque andaba con otro. Otro que no la decepcionara como él. Porque al igual que su matrimonio lo decepciono. A ella también.
Falló como esposo, al igual que ella como esposa. Ambos esperaban más del otro pero no lo consiguieron, como ya todo estaba a estas alturas les daba pereza destruir todo. ¿Qué harían con su hija? Hacerla sufrir un divorcio no era una opción. Habían avanzando demasiado como para volver a empezar.
Triste pero cierto, el matrimonio era más que una farsa. Entre dos personas que en un momento de euforia aceptan estar uno con el otro el resto de sus vidas tirando y compartiendo un pseudoamor inmortal. Pero, con el tiempo comienza notar sus defectos, empiezas a odiar cada cosa que amabas del otro , las mamadas ya no eran iguales, el sexo comenzaba a ser repetitivo, su primera hija la hizo perder el trasero que él amaba. Ambos se aburrieron del otro hasta el extremo de engañarse, gritarse e incluso odiarse. Porque la falacia que del odio al amor hay un solo paso. Es realmente al revés.
Pero eso ya no era problema esta noche.
-¡Fabrizio, José entren con nosotras!- Recomendó Natalia  – Estábamos solas, será muy divertido. Tú también David.
Aceptaron sin problema, tenían el dinero suficiente para pasarla bien un par de horas más por lo menos. Entraron rápidamente, fueron por algunos tragos. La música estaba exhibamente alta, tanto que el malhumorado de Ponce se comenzaba a irritar.  
- Fabrizio, ¿Me invitas un trago?-Te pregunto la menor, haciendo a un costado un mechón de cabello rebelde con los dedos.
- Son 20 años preso.
-Ya, soy mayor de edad- Dijo orgullosa buscando en su cartera algo, saco su billetera- Esta este es mi DNI.
Genial, ahora se daba cuenta de que era realmente muy viejo. Hizo a un lado a nena, por más que tuviera un DNI, si verdadero interés era otra persona. Ella está sentada muy tímida, será que la intimida o sabe que está en su límite de alcohol. Su imagen era similar a la de una diosa de cabello noche, vestido lila, con un escote leve, nada atrevido ni vulgar y unos hermosos ojos celestes jalados. Ese toque achinado le provoca aún más.
-¿Me quiere emborrachar, señor?
-Para nada- Se sentó a su lado mientras José bailaba con Natalia  y la menor del grupo le buscaba alguna gracia a David, después que la rechazaran. - ¿Cuál es su nombre?- Preguntó, noto su vaso vacío y una botella de wiskhy al lado.
-Ariadna, ¿Usted?
-Fabrizio – Tan social como siempre, no sabía cómo expresarle su interés por llevarla a su cama, tomó la botella y se sirvió un poco.
-¿Casado?- Pregunto sagas ella, notando su anillo. Él afirmo con la cabeza y también observo uno en el dedo de ella- Casada, tengo una pequeña niña. Pronto me divorciare.
-¿Por?- Pregunto.
-Lo odio.
-¿Por?- Repitió.
-No me hace sufrir. Me tildan de rara o de enferma. – Levanto una ceja intrigado mientras la escuchaba – En un comienzo me golpeaba, me humillada y eso me excitaba.
-Me engañaba- Agrego él extrañado al sentir cierta familiaridad – Mi hija tiene los ojos de su ex.
-¿Tú lo entiendes?- Ella se sorprendió también, tomo la botella del wiskhy también- Mi esposo me engañaba y eso me encantaba, en más de una ocasión lo grabe y vi ese video una y otra vez.- Se avergonzó, se sentía una enferma.  
-El dolor es adictivo – El alcohol no lo había hecho hablar de más, pero el dolor era lo que mantenía las relaciones intactas. El dolor, la infidelidad y ese odio alimentaban el placer y el amor. Siempre lo supo pero nunca lo admitió.  
-Cuando se lo dije me tildo de loca y me dejo. – Respondió – Es un hipócrita, los hombres se excitan aún más imaginando a sus parejas tirando con otros.
-Las mujeres adoran ser tratadas como perras. – Agregó- Es como si conversara…
-Con un espejo – Concluyo ella.- La palabra perra, es algo muy feo.  
No tenía ni una pisca de ganas de dar marcha atrás, además notó como lo observaba. Ese deseo era el mismo que él sentías. Ella bebió y le volviste a servir. Comenzó a reír, mientras bebían. Ella le contaba anécdotas de su vida, él solo asentías. Era increíble encontrar a alguien que entendiera lo que sentía de imaginar a Melanie con otro. El dolor era el mejor estimulante para un matrimonio echado perder.
-¡Bailemos Fabricio!- Parecía que se pasó la mano con whiky, ella no deja de reírse, comenzó fastidiarlo. La música no tiene ni algún sentido, siempre odio la electrónica. Solo eran un grupo de ruidos vulgarmente llamados canción. Pero comenzaba a disfrutarlo.


Ya era tarde, logró notar a  Miluska, Natalia  y José ya no estaban. David solo se tomaba la cabeza, parecía haber bebido mucho. En un giro muy tosco vio los ojos cerrados de Ariadna, la chica misteriosa que conoció esa noche lo besaba y asfixiaba con un lívido que no desde su noche de boda.  
Recordó lo bella que se veía Melanie el día de su boda, recordó cuando Ricardo se fue de viaje con ella. Definitivamente su mano, no le hubiera arruinado el cuerpo a su esposa. Fue ese desgraciado pensó.
El dolor era un placer hipócrita, que solo pocos disfrutaban a conciencia. Fabricio se excitaba de imaginar a su esposa con otro o incluso con muchos al mismo tiempo. Solo sabía que esa noche se tiraría a la perra en la que se vio reflejado en un espejo. Alguien que se excitaba de la misma forma que él.
Ambos se miraron en el hotel y antes de desvestirla, ella lo golpeo con el florero y él casi arrancándole el cabello le arrebato el vestido. Fueron dichosos lastimándose mientras famélicos se entraban al sexo.
Es cuando volvió en sí mismo y leyó la nota que le dejo a la mañana siguiente. Ese espejo en el cual se había visto reflejado estaba completamente roto y lo peor había sido que se rompió él también.  
Welcome to the Sidaworld , Darling”

-Sida no se escribe así chola de mierda. 

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